Capítulo 3:
Cuando Bella despertó horas más tarde de todo lo sucedido, sentía que su cabeza iba a explotar. Un dolor insoportable se había formado en su nuca y no era capaz ni siquiera de abrir los ojos por más de dos minutos sin que aquella molestia le obligara a cerrarlos nuevamente. ¿Qué había sucedido? No podía recordar muy claramente los últimos sucesos de su vida… Imágenes muy extrañas y borrosas se agolpaban en sus pensamientos intentando esclarecer sus dudas, pero intentar recordar hacía que el dolor aumentara por lo que luego de algún momento decidió rendirse y dejar que su cerebro descansara.
Hasta donde sabía, un extraño se había presentado frente a ella y le había hecho una propuesta que más parecía una fantasía de adolescente que cualquier otra cosa. Ella había aceptado, impulsada por años de descuido y maltrato y hasta allí llegaba, eso era todo lo que tenía. De seguro se habría golpeado la cabeza contra algo, porque de otra forma no había razón posible para explicar su jaqueca.
Debajo de ella la superficie era muy blanda y mullida, y por lo que había podido percibir todo a su alrededor estaba sumido en la más profunda oscuridad, en el peor de los silencios. No sabía bien en donde se encontraba, pero seguro debía de ser en alguna habitación, en algún lugar que ella no recordaba. Estiró sus manos para tocar la cama en la que estaba recostada y suspiró de placer al sentir la suavidad de las mantas que la cubrían… En el burdel se había acostumbrado a dormir sobre un colchón, sin nada más para cubrirse que sus propios abrigos y chaquetas. En el invierno había sido mucho peor porque la única ventana de su "cuarto" tenía los cristales rotos, y como estaba muy alta y fuera de su alcance, tenía que soportar que todo el frio se colara por allí sin poder hacer nada.
En ese lugar, en cambio, se sentía muy a gusto. Estaba algo fresco pero era muy agradable y no podía evitar dejar de suspirar al sentirse tan cómoda. No le importaba si estaba en el cielo o en el infierno, lo único que sabía era que aquello se sentía demasiado bien.
De repente una luz se encendió a un lado de su rostro, lo que hizo que Bella pegara un salto y se alejara lo más que le era posible de la mesa de noche. ¿Qué demonios? ¿No estaba sola? Estaba aterrorizada y ese sentimiento no hacía más que joderle la cabeza.
-Al fin despertaste, comenzaba a preocuparme por ti, murmuró una voz proveniente de algún lugar de la sala, mientras sentía como alguien dejaba algo a su lado. -Bebe eso, ayudará con el dolor.
Con un esfuerzo superior, Bella logró abrir sus ojos sin sentir la necesidad de cerrarlos a cada segundo y paseó su vista por alrededor, intentando orientarse. Definitivamente se encontraba en un cuarto, uno muy amplio y limpio por cierto. Estaba recostada en una cama enorme, muy distinta de las que antes había tenido y a su lado, sobre una manta de piel, se encontraba una bandeja con un vaso de agua y una píldora. No se preguntó que era ni para que servía, simplemente la tomó entre sus dedos y la colocó en sus labios, tomándola en menos de un segundo. Podía ser veneno o una potente aspirina, realmente no importaba, siempre y cuando ayudara a aplacar su molestia. Luego de eso, dejó el vaso a un lado sobre la cama y enfocó su vista al sujeto que estaba al lado de ella, sentada en un sofá junto a su cama.
Era el mismo hombre que había ido a buscarla al prostíbulo, el que la había sacado de allí. Lucía igual de guapo que como lo recordaba, igual de impresionante y atractivo, pero ya no vestía un esmoquin como la última vez que lo había visto… Tenía puesta solamente una camisa blanca arremangada hasta los codos, lo que le permitía a Bella una privilegiada vista de sus bien trabajados brazos. Oh cielos, aquel hombre era un pecado.
-De veras lamento lo del golpe, créeme que ya me encargué de que el sujeto que lo hizo pague por ello, agregó retirando la bandeja de al lado de Bella. Volvió a recostar su cabeza sobre la almohada y se froto la frente. Al menos sabía que no era ella quien se había caído, sino que por el contrario le habían propiciado una paliza. Sabía que salir del burdel no sería nada sencillo, lo que no esperaba era que ella se llevara la peor parte. Después de todo, el muchacho lucía muy bien, sin cortes ni rasguños.
-¿Qué pasó?, preguntó media adormilada mientras se cubría los ojos con su brazo. Fue entonces en ese momento en que se dio cuenta de que tenía algo clavado en él, debido a que el tirón que sintió cuando lo movió le recorrió hasta la punta de los pies, haciéndola gemir. Se observó asustada y descubrió que tenía un catéter conectado a su mano, por el cual fluía un líquido transparente. -Que mierda… ¿Qué es esto?
-No te lo quites, es suero, le respondió él levantándose de su asiento y acomodándose muy cerca de su cuerpo, lo que hizo que Bella se pusiera aún más ansiosa. -Mientras dormías hice que un doctor te revisara para que se asegurara de que no tenías nada malo y dijo que estabas deshidratada. Luego, cuando te recuperes te hará una serie de estudios… Ya sabes…
-Para asegurarte de que no tenga virus o algo así, ¿No? Tranquilo, nunca he estado con nadie, lanzó de repente sintiéndose algo molesta por el hecho de que él pensaba que era una cualquiera que podía tener quien sabía cuántas enfermedades, y un segundo después sintió como el calor se agolpaba en sus mejillas debido a la terrible vergüenza que la había invadido. ¿Había sido ella quien había dicho eso? Santo Dios, seguro era por culpa de los medicamentos.
Levantó su mirada y observó al hombre para ver cuál era su reacción. Su estómago se tranquilizó un poco cuando vio que él estaba sonriendo, como si su comentario le hubiese hecho gracia.
-No lo dudo, pero no me refiero a esa clase de virus. Has vivido por años en condiciones deplorables, podrías tener muchas más enfermedades que herpes y gonorrea.
Cielos, estaba muy avergonzada. Ella no era así, Bella solía ser muy educada siempre y jamás se refería a situaciones sexuales puesto que era una completa inexperta en el tema y no le gustaba hablar de eso. De seguro sus mejillas debían parecer tomates. Intentó calmarse y cambiar de tema para evitar que su conciencia se siguiera asesinando con esos pensamientos.
-¿Puedes decirme que sucedió?
Él la contempló fijamente por algunos minutos y luego suspiró. Parecía más incómodo que ella con la situación, algo que le parecía sumamente extraño teniendo en cuenta que ella era la de los comentarios acertados.
-Nada de lo que debas preocuparte. Todo salió bien, tus amigas fueron liberadas y mis muchachos se encargaron de Carmen, puedes dormir tranquila.
Bella suspiró relajándose, ese era un problema menos del cual ocuparse. Sabía que algo muy extraño rodeaba todo el asunto, partiendo desde el momento en el que la golpearon para que se desmayara hasta el nerviosismo del hombre al contárselo, pero bueno… Podía vivir con saber nada más que eso. Luego, con el tiempo quizá, podría enterarse de lo que realmente había sucedido.
-¿Te sientes mejor? Hay muchas cosas de las que debemos hablar.
Y ella lo sabía, había muchas cosas que quería preguntarle a ese sujeto que le resultaba tan extraño y misterioso al mismo tiempo. Es decir, solo habían hablado por diez minutos antes de que él le dijera que ya no había tiempo para seguir platicando y que debían irse. No tenía mucha idea acerca de cómo continuaría su vida a partir de ese momento y esa inseguridad le provocaba nauseas. Bella nunca salía de su zona de confort, jamás, y en esas últimas horas había cambiado radicalmente su antigua vida por otra más brillante y prometedora. Ese cambio le revolvía el estómago.
-Hay muchas cosas que necesito saber.
-¿Qué preguntas tienes?, dijo él mientras regresaba a sentarse en el sofá en el que antes se había encontrado. Parecía casi tan agotado como Bella, y aunque sabía que se había quitado un enorme problema de encima no podía evitar sentir sobre su espalda el peso de una muerte, de un acto absolutamente irresponsable y que había dejado cabos sueltos por doquier. Él no era así, nunca haría esas cosas con tanta naturalidad, no comprendía que estaba pasando y el no tener el control de las situaciones lo ponía demasiado nervioso. La única forma que había encontrado de relajarse un poco había sido sentarse a observar como Isabella dormía.
-¿Cómo te llamas?
Edward la observó extrañado, mientras en los ojos color chocolate de ella bailaba la curiosidad. Demonios, él había olvidado decirle su nombre… ¿Cómo podía haber pasado por alto un detalle tan básico como aquel? No lo sabía, pero se sentía un estúpido al haberlo hecho.
-Mi nombre es Edward Cullen, las empresas de las que soy dueño llevan el apellido de mi padre y el de mi madre, puesto que su casamiento fue lo que dio lugar al surgimiento de esta cadena hotelera.
Bella sonrió levemente al escuchar su respuesta y suspiró… Debió imaginarlo desde un principio; el nombre del sujeto era igual de atractivo que él. Todo lo contrario a ella, puesto que amaba el nombre Isabella pero detestaba su físico con devoción.
-¿Cuántos años tienes?, preguntó ella sintiéndose mucho más aliviada. Minutos antes estaba segura de que le habría dolido siquiera producir un sonido… Luego de la píldora, el dolor había comenzado a desaparecer lentamente hasta casi ser inexistente. Se agradeció a si misma el haber confiado en Edward y haber tomado la pastilla sin dudarlo.
-Tengo treinta, casi treinta y uno para ser exactos. ¿Y tú?
-Solo tengo diecinueve, respondió algo avergonzada al notar que no era más que una niña acostada al lado de un hombre hecho y derecho, con todas las letras que esa frase poseía. Él abrió los ojos con sorpresa al escuchar su respuesta, pero no dijo más nada luego de eso. -¿En dónde estoy?
-Estás en mi casa y este a partir de ahora será tu cuarto. Podrás decorarlo a gusto, solo dime que quieres y yo te lo daré.
Bella no pudo evitar sentirse algo extrañada por esa respuesta. ¿Su cuarto? ¿Acaso no dormiría con él? No era como si quisiera hacerlo, pero tampoco le molestaría compartir cama con ese sujeto que la protegía como si la conociera de toda una vida. Suponía que cuando Edward habló de fingir una relación lo hizo muy seriamente, y ella no era nadie ni tenía derecho de quejarse por ello. Simplemente asintió y bajó la vista, rogando que por favor sus mejillas no estuviera lo suficientemente encendidas como para que él lo notara.
-¿Qué debo hacer a partir de ahora?
-Mientras estés aquí eres libre de hacer lo que quieras, puedes andar por toda la casa pero debo advertirte que te encontraras con muchos hombres. Ellos son mis custodios y ahora también serán los tuyos. Puedes salir si necesitas algo solo con dos condiciones: que yo te dé el permiso y que salgas con ellos.
-¿Por qué? No es como si fuera a huir de aquí, es solo que a veces uno necesita algo llamado "privacidad".
-No lo harás porque lo digo yo, y tu obedeces mis órdenes, respondió él con un tono mucho más duro que el que había estado utilizando antes. Bella notó de inmediato que sus palabras le habían molestado, puesto que hasta su rostro demostraba una seriedad atemorizante. "Vaya carácter" pensó… Al menos no tendría que lidiar con él todo el tiempo. -Ahora debes levantarte e ir a comer algo, llamaré al doctor para que te quite el suero y luego de que te alimentes te harán los estudios que antes te mencioné. Por ahora solo eso necesitas saber.
Sin decir ni una sola palabra más Edward se levantó del sofá y se encaminó a lo que parecía la puerta de salida del cuarto, moviéndose como si fuera un hombre modelando en una pasarela. Bella estaba segura de que, si él no hubiese abierto la boca, podría haber convivido con su persona sin el más pequeño de los problemas. Su carácter arruinaba todo lo hermoso que tenía por fuera.
Antes de girar la perrilla para irse de la habitación, volteó y observó a Bella de arriba hacia abajo una vez más. Ella lo contempló fijamente mientras él ponía una media sonrisa en su boca, que nada tenía de divertida.
-Bienvenida a casa, cariño, murmuró riendo como si aquello le pareciera lo más gracioso del mundo mientras ella fruncía su seño. Debería de juntar muchas fuerzas para soportar a ese hombre sin volverse loca en el intento.
Hola a todos, antes que nada quería desearles una hermosa nochebuena, espero que disfruten junto a sus seres queridos y que lo pasen muy bien. No pensaba subir este capítulo hasta el día lunes, pero dado que lo terminé antes y que hoy es Navidad decidí dejarlo por aquí como obsequio. Por favor, si les está gustando la historia les pido me regalen un review... Ese sería mi mejor regalo navideño. Me despido de ustedes por hoy, nos leemos pronto.
