Hola a todos! Acá estoy de nuevo para traerles el primer capítulo de esta nueva historia que escribí hace poco, jeje. Es bastante largo y en general el fic no empieza de esta forma, pero era esencial para que comprendieran un par de cosas. Antes de publicarlo, quiero agradecerle mucho a todas las personas que dejaron sus reviews en mi historia, para mi es algo muy lindo conectarme a internet y encontrarme con sus mensajes. Bueno, espero que les guste. Un beso a todos

DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a la Saga Crepúsculo de Stephenie Meyer, solo la trama es mía.


Capítulo 1:

El pequeño celular de Isabella comenzó a sacudirse con violencia sobre su antigua mesita de noche, despertándola casi de inmediato gracias al espantoso sonido que este producía temblando en contacto con la madera del mueble. Cuidando estrictamente cada uno de los movimientos que realizaba para tomarlo, ella lo levantó entre sus finas y delicadas manos y lo silenció velozmente, buscando no realizar demasiado escándalo en aquel momento.

Suspiró mientras observaba la hora que el insignificante móvil marcaba en su arañada pantalla, y a pesar de saber más que bien en qué momento del día se encontraba, no pudo evitar sentirse realmente agobiada al observar los pequeños números brillando cegadoramente sobre un fondo de color negro. Las 4:00 A.M., hora de levantarse.

Bella bufó realmente agotada y mientras apretaba con fuerza el aparato en su puño, hundió su rostro en la almohada, rogando con fuerza y desesperación cinco minutos más para continuar durmiendo… Aún era temprano, algunos segundos más de sueño no interferirían con su planeada rutina habitual desde que había cumplido trece años. Después de todo, darse ese merecido gusto de vez en cuando debería ser una opción válida para ella.

Pero su inteligente subconsciente le recordó con bastante dolor cual era la razón que existía en su vida que la obligaba a levantarse a tan tempranas horas del día, consiguiendo que ella desechara rápidamente la dulce idea de descansar por un par de minutos más y decidiera comenzar su día… Ya había perdido demasiado tiempo, y solamente había estado pensando en algo totalmente imposible, causándose más daño del que ya siempre le infringían los demás a ella.

Aún era de noche fuera de su cuarto cuando Bella finalmente se levantó bufando molesta y triste de la cama, dirigiéndose en puntas de pies al armario empotrado en la pared donde guardaba su escasa ropa, y lentamente abrió sus puertas rogando a las bisagras de metal oxidado que no chillaran en extremo. Debía evitar producir algún sonido molesto si quería salir realmente ilesa al menos durante aquella mañana. Luego tendría tiempo para pensar en que hacer durante la tarde y la noche. Sigilosamente tomó el conjunto de ropa que había escogido algún par de horas antes atrás y revisó que fuera lo suficientemente abrigado como para no convertirse en una paleta helada durante todo el día. El clima en Forks era realmente duro, más aun si tus ropas apenas servían para cubrirte lo necesario. Asintió para sí misma al notar entre sus manos una camiseta fina de algodón, un suéter de lana color caramelo, unos jeans algo desgastados, medias de lana y unas botas un poco más altas que sus tobillos como elección para ese día. Confiaba en que ese viejo par de prendas le mantendrían algo abrigada y le permitirían resistir hasta la noche.

Luego de eso, caminó suavemente en dirección al baño de su cuarto, asegurándose de revisar que la puerta de entrada estuviese correctamente cerrada, solo por seguridad.

Bella sabía más que bien que eso no lograría detener a su maldito demonio personal, en realidad, nada conseguiría hacerlo si él buscaba dañarla permaneciendo en su habitual estado de ebriedad, pero el estar completamente encerrada le brindaba algo de tranquilidad, solo por el momento, solo hasta que saliera de ducharse.

Trabó la débil puerta de su baño con un viejo pasador, se quito rápidamente su ropa buscando huir de sus propias sombras y corrió hasta la pequeña ducha, evitando detenerse frente al espejo de su pared y rogando fuertemente que de esa forma su cuerpo lastimado, repleto de moretones y cicatrices no se reflejara en el. Eso solo serviría para aumentar la angustia reinante dentro de su alma aun más.

Años antes, en los inicio de su tortura, Bella seguramente habría preferido observarse en aquel cristal con el fin de evaluar la gravedad de sus lastimaduras, pero con el tiempo había conseguido distinguir qué clase de dolor se sentía cuando los daños eran profundos y que otra molestia invadía su cuerpo cuando los golpes eran superficiales, cosa que le había permitido pasar por alto la punzada de tristeza que atacaba a su corazón al notar las marcas que él le había infringido en su cuerpo. Era como si luego de sufrir tantos horrores, su mente hubiese conseguido desarrollar un sexto sentido protector.

Isabella giró la llave del grifo y dejó que el agua tibia y relajante fluyera por todo su cuerpo, borrando la mayoría de sus tensiones y alejando el frio casi polar de aquella mañana fuera de ella. La época navideña traía consigo un clima poco favorable que se hacía menos soportable en aquel olvidado pueblo en el que ella había vivido durante toda su vida.

Estiró delicadamente su mano y tomó una esponja de la repisa, dispuesta a limpiar un poco de sus heridas, solamente parara que no volvieran a infectarse.

Una vez, hacía años, Bella había olvidado desinfectar sus golpes después de su habitual golpiza, pequeño error que le había valido una visita al Hospital y el peor de sus castigos luego de eso… Esa "pequeña lección" (como él solía llamarlo) le había dejado una brecha en su inocente alma que le recordaría que nunca más en la vida debía pasar por alto un detalle tan importante como ese, al menos no si no quería resultar mucho más golpeada de lo que antes ya estaba.

Después de lavar con esmero su cabello, tomo una toalla y se envolvió rápidamente en ella, para luego secarse y vestirse con rapidez, buscando escapar del devastador frio. Una chimenea con leños ardiendo no le vendría nada más como regalo de Santa Claus.

Calzándose sus botas de terciopelo abrió la puerta con lentitud y caminó hasta su cama para sentarse ahí después. Suspiró aliviada... Eso era lo bueno de tener un baño privado en el otro lado de su casa. El sonido de la ducha no llegaba a oírse ni siquiera desde el pasillo que pasaba frente a su cuarto.

Suavemente tomo un cepillo de blandas cerdas y con cuidado desenredó su enmarañado cabello para luego dejarlo caer libremente sobre sus hombros, buscando cubrir algunos de los viejos rasguños de su cuellos. Casi sin moverse de su lugar, abrió uno de los cajones de su mesa de noche y con su mano agarró un pequeño espejo para observar su decaído rostro… La palidez de su piel había aumentado, de eso estaba segura y también lo habían hecho sus espantosas ojeras moradas por su habitual alta de sueño.

Rodó sus ojos algo frustrada y después tomo un poco de maquillaje que había conseguido gratis en el supermercado del pueblo. Así era como ella se ocultaba a sí misma, como ella ocultaba su dolor… Con corrector de ojeras gratuito y delineador de ojos negro. No podía evitar sentirse insegura si no llevaba algo de eso en su rostro… Para ella, ir por la calle en estado natural se asemejaba a caminar desnuda por toda la ciudad. Nunca, ni en sus peores pesadillas, podría hacerlo.

Bella caminó hasta su destartalado escritorio en donde su vieja mochila descansaba y la tomó con rapidez. Echó un vistazo al enorme ventanal de su habitación y sonrió al observar como lentamente el cielo comenzaba a aclararse en el horizonte. Aun tenía tiempo.

Con mucho cuidado ordenó lo mejor que pudo su habitación y luego de quitarle la llave a la puerta de su cuarto la abrió silenciosamente, saliendo hacia el pasillo en puntas de pies. Al pasar por la habitación de su tan temido maltratador un escalofrío le recorrió toda su espina dorsal.

Isabella observo lentamente hacia el interior de aquel lugar con el fin de buscarlo entre las sombras pero la total oscuridad del cuarto le brindó la tranquilidad que ella necesitaba en ese momento. De seguro, luego de su habitual sesión de beber y beber desaforadamente, él se habría acostado a dormir. Con una sonrisa algo dudosa en su rostro, ella bajó con velocidad los peldaños de la escalera de dos en dos sin producir ningún sonido, como si la suerte estuviese de su lado.

Agradeció eternamente no haber resbalado y de esa forma caído violentamente al piso. Su torpeza era algo superior y lo que menos necesitaba en aquel momento era producir algún sonido estridente. Hasta ese momento todo le había salido excelente.

Se tomó un par de minutos para dirigirse a la cocina ya que necesitaba beber algo antes de irse…. Su garganta le raspaba. Estiró su brazo hasta la alacena sobre su cabeza y tomó un vaso para colocarlo debajo del grifo, pero entonces un extraño gruñido detrás de su espalda la desconcentró totalmente, logrando que el recipiente resbalara trágicamente de sus manos y se estrellara contra el fondo del lavabo de acero inoxidable, desasiéndose en millones de pequeños pedacitos.

-Isabellaaaa… Torpe y buena para nada… Qué haces aquí todavía?, murmuró su padre arrastrando las palabras en completo estado de ebriedad mientras caminaba torpemente desde la sala de estar hasta el umbral de la cocina.

Bella comenzó a desesperarse y se golpeó internamente al notar lo que había pasado por alto. Charlie no había estado en su cuarto, de seguro se habría quedado durmiendo en el sofá de la sala, cosa que ella nunca imaginó.

-Pap… Jefe Swan… Yo ya… ya me retiraba, murmuró Bella evaluando sus escasas posibilidades de huir. Sabía que de no irse todo terminaría muy mal para ella. Charlie comenzó a caminar hacia su hija sosteniéndose de las paredes pero sin soltar la botella de vino barato media vacía que llevaba en su mano.

-Creí haberte dicho... Que no quería verte... Por aquí en las mañanas… Muchacha inservible e insolente!, agregó él finalmente lanzando el envase de vidrio contra la pared, movimiento que exaltó a Bella totalmente.

Ella debía huir y tenía que hacerlo rápido.

Sin dudarlo demasiado, Isabella echó a correr hacia la puerta de entrada de su casa mientras su padre intentaba ir tras ella sin conseguir alcanzarla realmente. Corrió y corrió lo más veloz que sus piernas le permitieron ir, pero un error de cálculo logró que ella tropezara con la mesa enana de la entrada, cosa que la llevó a caer contra el suelo, golpeando su mano dolorosamente en el piso.

-Ven aquí, "princesa". Mereces que te dé una lección por tu retraso, gritó su padre mientras ella se levantaba para continuar corriendo.

Ni siquiera se molestó en voltear a cerrar la puerta, salió huyendo en dirección al bosque, siguiendo el camino que ella misma había trazado luego de años de huir hacia el mismo sitio.

No se permitió darse tiempo para llorar, ya había derramado demasiadas lágrimas en el pasado a causa de su padre. No volvería a perder el tiempo de esa forma nunca más.

Sin disminuir la velocidad de su paso, visualizó su vieja camioneta color naranja oculta entre los frondosos árboles y se apresuró hacia ella. La había comprado hacía un año atrás gracias a su paga en el trabajo, pero no podía llevarla a casa porque el ruido del motor enloquecía a Charlie. Era justo por eso que siempre la dejaba oculta en el bosque.

Abrió la puerta y se introdujo en ella rápidamente, encendiéndola de inmediato y conduciendo hacia la salida del bosque, rumo al instituto. Aun era de noche y apenas se podía percibir algo de luz sobre su cabeza.

Suspiró y cerró sus ojos un momento. Pues sí, esa era su vida día a día. El sufrimiento era un tatuaje sobre su piel y la fortaleza su escudo más grande… Ese era el castigo que debía pagar por el enorme error que sin querer había cometido años atrás…


Bueno, aquí está el capítulo n° 1. Ya lo sé, de seguro les parece muy doloroso todo lo que le sucede a Bella pero ella luego tendrá su recompensa. Este es el único capítulo que subiré narrado en tercera persona, los demás van a ser POV Edward y POV Bella, nada más que sentí que primero debían leerlo para comprender un poco todo esto que marca tanto a Bella. Ojalá les guste, espero sus reviews!