Disclaimer: Nada me pertenece.

Este fic participa en el tópico "Duelos entre Potterhead" del foro "Hogwarts a través de los años" en respuesta a un desafío de Nochedeinvierno13-Friki.

El desafío consistía en desarrollar cómo Draco llegó a Twitter en la historia «Nunca sigas en Twitter a tu padre», publicada en mi perfil dentro del recopilatorio «Desde lo alto de la Torre de Astronomía». Me vine un poco arriba y también cuento un poco qué pasa después del final de la historia original.

NOTA: Recordad que, por la razón que sea, FF no recoge en su editor las arroba.


—Aquí entras en mi perfil, ¿ves?

Draco asintió, recolocándose las gafas sobre el puente de la nariz. No era tan difícil como había pensado en un primer momento. Una vez entendías para qué servía cada botón y entendías la mecánica general, era sencillo manejarse con los dedos.

—Y ahora puedes darle al botón «Seguir» —continuó Scorpius, señalándoselo.

—De acuerdo. Hecho.

—Y si quieres ver qué es lo que publico nada más lo haga, puedes pulsar en esa campanita y configurarlo.

Draco le miró por encima de las gafas, mortalmente serio. Scorpius bajó la mirada durante un breve segundo que lo delató. Draco se rio mentalmente, manteniendo la compostura. No dudaba que Scorpius estaba siendo tan solícito porque era la condición para obtener ese trasto muggle del demonio que querían todos los jóvenes magos y brujas ahora.

Tampoco ponía en duda que Scorpius se había creado esa cuenta única y exclusivamente para que él pudiese seguirle y tenerle localizado. Le decepcionaría mucho que no fuese lo suficientemente Slytherin como para no tener creada una cuenta con un nombre diferente a la que su padre no tuviese acceso. Haciéndose la firme promesa de descubrirla, Draco pulsó la campanita y la configuró para recibir los avisos correspondientes.

—La gracia de Twitter, eso sí, es que sigas a más gente. Así, cuantas más personas haya escribiendo en tu timeline, más información tendrás.

Draco asintió otra vez, retrocediendo en la pantalla. Twitter automáticamente le ofreció sugerencias de personas a las que seguir.

—¿Por qué me sugiere a Albus? —preguntó intrigado.

—La aplicación te busca sugerencias en función de las personas a las que sigues, los temas que retuiteas y lees.

—¿Retuiteas?

Scorpius cogió aire y, armándose de paciencia, le explicó los botones que había debajo de los tuits y su utilidad.


Su teléfono vibró con dos tonos cortos, retumbando sobre la mesa del despacho. Draco levantó la vista del documento que estaba firmando y lo cogió.

« alsly ha cocinado para mí. I'm in love» — Scorpsly.

Suspiró de orgullo al ver la colección de corazones de colores dispuestos en el orden del arcoíris que seguían a las palabras de su hijo. A través de sus retuits y de los de Albus, había descubierto lo que esos colores significaban para los muggles y, a pesar de su reticencia a enarbolar ideologías, esta era sin duda una por la cual apostaría.

Resistió la tentación de pulsar el botón de retuitear, no quería avergonzar a Scorpius, aunque el bizcocho de chocolate que había cocinado Albus se veía delicioso. A cambio, le dio al botón Me Gusta, ya que sabía que esa interacción haría que el mensaje no apareciese en su timeline.

Iba a apartar el teléfono cuando el contador de retuits creció súbitamente en el tuit de Scorp. Intrigado, pulsó para ver quiénes eran.

—Los hermanos del joven Potter. Seguramente estén los cuatro juntos en casa de su padre. Scorpius dijo algo de que este fin de semana les tocaba con él —constató.

Scorpius estaba pasando la tarde en casa de los Potter, algo cada vez más frecuente. Albus también acudía a Malfoy Manor, pero Draco tenía el firme convencimiento de que su hijo era el primer Malfoy que no adoraba la mansión y dudaba que si Albus y él formalizaban su relación acabasen viviendo en la casa familiar.

El contador subió una vez más. hjpotter80.

—¿Ese idiota también tiene twitter? —preguntó en voz alta.

Su dedo había pulsado sobre el perfil antes de pensarlo conscientemente. Su cuenta era reciente. Una foto genérica. Una frase vacía. Un puñado de tuits intrascendentes sobre cosas cotidianas sin apenas interacciones. En aras de expandir sus inversiones en empresas muggles, Draco había explorado lo suficiente la red social como para saber que sin interacciones no eras nadie.

—Hasta una marmota tiene una vida más interesante que tú, Potter —había murmurado sarcástico antes de pulsar el botón de Seguir y activar la campana de avisos.


No sabía en qué momento había comenzado a dar Me Gusta a los tuits de Potter. Se había sorprendido al ver la cantidad de avisos que le llegaban, Potter parecía querer contar absolutamente todo lo que hacía en su tiempo libre. La mayoría eran tuits cortos y concisos, informando de dónde estaba, qué estaba comiendo o que tal había ido su día.

Poco a poco, Potter había ido cogiendo práctica a la red social y su contenido se hizo más interesante. Empezó a poner tuits que hablaban más de quién era Potter que de lo que hacía. Se enteró de que, los lunes, practicaba el #Lunessincarne y compartía el plato que almorzaba, totalmente vegetariano. Los viernes, compartía un #chimpún semanal, que consistía en una frase incisiva humorística sobre algo relevante que le hubiese gustado. Si iba al cine, recopilaba su opinión en un hilo que tenía fijado en su timeline, bajo el hashtag #Elcineestávivo. Incluso subía fotos del maldito perro que tenían.

No se atrevía a retuitearlo, por supuesto. Eso haría que Potter descubriese que lo observaba activamente. Ahora sabía que cuando le siguió, debió llegarle una notificación, pero al no haber realizado ninguna interacción, Draco se sentía a salvo.

Pronto, Draco se descubrió comprando un televisor y un reproductor de DVD. Se peleó con él hasta que consiguió hechizarlo para que funcionase sin electricidad. Se acercó a una tienda muggle y buscó algunos de los títulos que Potter mencionaba en sus tuits.

Ordenó a los elfos que no cocinasen carne los lunes. Cuando le enseñó una de las recetas en su smartphone, la pequeña Binkey casi se desmaya. Sus padres no notaron nada, pero Scorpius le miró con sospecha a la cuarta o quinta semana. Draco bajó la mirada para no delatarse.

Empezó a esperar con impaciencia el chimpún semanal, preguntándose qué cosa loca le habría ocurrido esa semana.

En su fuero interno, se sentía como si estuviese espiando a Potter. Se justifica diciendo que su hijo pasaba mucho tiempo en casa de ese hombre, con el que, en persona, apenas cruzaba cuatro palabras corteses si coincidían por la amistad de sus hijos. Además, cuanto más mayores se hacían estos, menos frecuentes eran dichos encuentros.

Lo que no iba a admitir nunca es que Potter le parecía verdaderamente interesante. Había aprendido a apreciar hasta sus tuits más insulsos y solía interrumpir lo que estuviese haciendo cuando oía llegar una nueva notificación al teléfono que indicaba un nuevo tuit de Potter, ofreciéndole una pequeña ventana a la que él sabía que no estaba invitado.


«Disfrutando de uno de los grandes placeres del verano en HeladeríaFortesque con mis maravillosos hijos jajames, alsly y Lily.» — hjpotter80

Draco sonrió. Potter no tenía los mismos remilgos que él a la hora de avergonzar a sus hijos a través de la red social. Había aprendido a disfrutar mucho de esos tuits cuando oyó a Albus quejarse a Scorpius de lo latoso que era que tu padre te siguiera en redes y de lo inteligente que había sido este al crearse una cuenta secreta que su familia no conocía.

Le dio al botón de Me Gusta y apartó el teléfono, como de costumbre, volviendo al trabajo e intentando no pensar en lo apetitoso que se veía ese helado y las ganas que tenía de estar allí ahora mismo.

—A lo mejor debería avisar a Scorp e ir para allá —valoró en voz alta, pensando en lo sencillo que podría ser organizar un encuentro fortuito. Seguro que Scorpius y Albus no se quejarían: con tal de estar juntos, pondrían de su parte—. No. Sería demasiado obsesivo.

Un par de golpes mecánicos en la puerta anunciaron la entrada de su hijo, que traía el teléfono en la mano. Entró en el despacho sin levantar la vista y se dejó caer en una de las butacas, enfrente de él.

—¿Y bien? —preguntó levantando una ceja, inquisitivo ante el inusual maleducado comportamiento de Scorpius.

—Papá… —Scorpius levantó la cabeza con cara de desconcierto—. Albus me está diciendo que stalkeas a su padre.

—Perdona, ¿qué hago qué?

—Que le sigues por las redes, leyendo todo lo que hace y dando likes a sus tuits.

—¿Cómo lo sabes? —Draco frunció el ceño. Un pequeño malestar empezó a crecer en su estómago.

—Porque Albus dice que su padre se está preguntando quién es el tío con una manzana verde de perfil que le da Me Gusta a todo lo que pone en twitter.

—Espera. ¿Potter puede ver que yo le doy Me Gusta?

—¡Todos podemos verlo! —Scorpius resopló ante su cara de incredulidad—. Te dije que no salía en la timeline y que tendrías que buscar en la otra pestaña, pero la persona a la que le das Me Gusta le llega una notificación y puede ver que lo has hecho salvo que tengas tu cuenta candada.

Draco empezó a entrar en pánico. No tenía su nombre puesto en la cuenta, pero no sería difícil deducir quién era.

—¿Qué le has dicho a Albus?

—¿Qué le voy a decir, papá? —Scorpius parecía mirarle como si se cuestionase quién era el adulto y quién el adolescente en esa relación—. Que eres tú, obviamente.


Draco miraba fijamente su teléfono. La petición de mensaje directo de Potter brillaba delante de él, esperando a que la aceptase o rechazase.

Scorpius le había tranquilizado informándole que Albus había dicho que su padre se lo había tomado con más sorpresa que desagrado, pero era consciente que él llevaba varios meses conociendo al otro hombre a través de sus tuits, mientras que Potter no sabía nada de él.

—Merlín, he quedado como un espía acosador —gimió desesperado.

Paseó el dedo por la pantalla, sin llegar a rozarla, nervioso. Posó el teléfono en la mesa y tamborileó sobre el tablero de madera. Su hijo le había mirado profundamente antes de salir del despacho. Antes de salir, le había aconsejado que hablase directamente con Potter si era lo que deseaba hacer.

Un par de días después había llegado aquella solicitud de mensaje directo, en privado. Potter había seguido tuiteando, pero Draco se había limitado a deslizar el dedo por la pantalla sobre las notificaciones sin prestarlas atención. No hubiese soportado saberse el protagonista de su chimpún semanal.

Suspiró. Con un toque suave, aceptó la solicitud.

«Me has abandonado dos días».

—Me has abandonado dos días. Será idiota… —susurró Draco, incrédulo. Indignado, cogió el teléfono y empezó a teclear.

«Tengo más cosas que hacer que estar pendiente de ti en twitter, ¿sabes?».

Soltó el teléfono con un gesto de satisfacción. Un pitido le indicó que la respuesta había sido inmediata.

«No lo parecía hace dos días. He visto boggarts transformarse más despacio que tus Me Gusta».

—Touché. —Draco se quedó mirando la pantalla de nuevo, sin saber muy bien cómo continuar la conversación. Quería continuar hablando con él ahora que había empezado.

«Malfoy, ¿por qué no nos tomamos un helado en Fortesque?»

«¿Por qué?», preguntó para ganar tiempo.

«Porque es obvio que te caigo bien. Y tú a mí no me caes mal. Es absurdo andar tonteando por twitter pudiendo vernos como los dos adultos que somos».

—Tonteando —Draco tragó saliva, repitiendo la palabra de nuevo—: Tonteando…