Disclaimer: Todos los derechos de los personajes a quien correspondan, yo sólo he jugado un ratito con ellos porque soy un romántico perdido.
Gracias a Nea Poulain e Hitzuji por leerlo en primer lugar y hablarme tan bien de él como para decidirme a publicarlo a pesar de que no era la intención inicial. Y por meterme en el fandom. Han despertado un monstruo.
Imagen de Daiana Sandoval.
Manos de héroe
Las piernas me tiemblan mientras doy los últimos pasos que me separan del edificio en ruinas. Me apoyo un segundo antes de dejarme caer contra el muro destrozado, jadeando. Con la espalda apoyada contra la pared puedo estirar las piernas en un intento de relajar los gemelos, que me duelen de la tensión a la que les he sometido con el último Full Cow. Espero no haberme lastimado ningún ligamento, aunque hace bastante que eso no ocurre. Sin fuerzas para mucho más, echo la cabeza hacia atrás hasta que mi nuca choca con el tacto rugoso del enfoscado de la pared. Cierro los ojos y empiezo a frotar los músculos de mis muslos débilmente.
—¡Deku!
Abro los ojos. Kacchan está frente a mí. Ha perdido uno de sus guanteletes, destrozado en la batalla. Su mirada es oscura y no parpadea. No sé si es un efecto de su máscara unida a las manchas de tizne de sus mejillas o que me odia por haber dado ese último golpe cuando el villano le ha aplastado contra el suelo.
—¡Kacchan! ¿Están todos bien?
—No debiste ayudarme, idiota. Lo tenía todo bajo control.
Claro. Siempre lo tienes todo bajo control, Kacchan. No sé qué contestarle a eso. Cómo explicarle que no puedo evitarlo. Simplemente, si está a mi alcance, tengo que hacer algo. Decido ahorrarme las fuerzas y vuelvo a cerrar los ojos. En el ruido que reina a mi alrededor, de héroes organizando el rescate y la evacuación de los civiles, la policía arrestando al villano y gente gritando órdenes, no consigo escuchar si sigue ahí o se ha marchado.
—Están bien. La policía ya se ha hecho cargo.
No necesito abrir los ojos para identificar la voz de Todoroki. Ha peleado bien. Siempre lo hace. Da confianza estar con él en estas situaciones. Kacchan es más voluble, aunque se acomoda a nosotros fácilmente. Uraraka es capaz de seguir nuestra estrategia y adaptarse a ella sin casi pensar. Iida es tan rígido que sus acciones son predecibles y es sencillo envolverle en nuestros movimientos.
Sin embargo, pelear al lado de Todoroki se siente fluido. Es como si nos complementásemos mutuamente y leyésemos los movimientos del otro antes de que los haga. Se siente sorprendentemente bien, como un quasar en el caos del universo, marcando el eje alrededor del cual moverme.
—Vuelves a murmurar.
Me callo súbitamente, avergonzado. Levanto la vista. Está frente a mí con las manos en los bolsillos, mirándome con interés, con la cabeza ligeramente ladeada.
—Farfullas tan alto, que creo que podrían oírte incluso desde ahí fuera.
—Lo… Lo siento.
Trago saliva, nervioso. Nunca me doy cuenta de cuándo hago eso. Todoroki se encoge de hombros.
—No importa. —Su voz es tranquila y monocorde.
Mira por encima del hombro a la zona donde los bomberos están apagando uno de sus fuegos. Vuelve a mirarme a mí y entonces me pregunto por primera ver por qué está aquí, conmigo. No solemos pasar juntos demasiado tiempo, aunque últimamente es algo más frecuente. Desde que vivimos en los dormitorios de la U. A. nos hacemos compañía de vez en cuando. Su silencio es agradable, me permite pensar y analizar mis estrategias. Además, siempre tiene una buena aportación que hacer si le preguntas.
—El movimiento que hiciste con el hielo hacia la derecha fue brillante, Todoroki-kun
—Tú también lo hiciste muy bien, Midoriya. ¿Cómo están tus piernas?
—Bien, gracias.
Me doy cuenta que mi sonrisa se ha ensanchado al oír la pregunta de Todoroki. Bueno… All Might decía que siempre había que tener una sonrisa en la cara. Vuelvo a notar el cansancio y el agarrotamiento en los músculos, olvidados durante nuestra breve conversación.
Todoroki se acerca más y, despacio, se sienta a mi lado, hombro con hombro. Cohibido, bajo la vista a mis piernas, concentrándome en masajearlas, evitando la mirada. Su lado izquierdo se siente cálido al contacto con mi costado derecho. Siento la tentación de apoyar mi cabeza en su hombro, pero no me atrevo a hacerlo y me sonrojo sólo de pensarlo.
—Estas cicatrices son muy feas —dice Todoroki extendiendo su brazo y cogiendo mi mano entre las suyas. No llevo guante, lo he perdido durante la batalla.
—¡Todoroki-kun! —exclamo, con una sensación extraña en el estómago.
—¿Son las que te hiciste cuando combatiste contra mí en el Festival, verdad? —Mis mejillas arden de calor cuando lleva mi mano a su regazo y empieza a repasar las viejas heridas con la yema de su dedo—. Lo siento mucho.
—No… no tiene importancia, Todoroki-kun —contesto, llevándome la otra mano a la nuca, azorado y sin saber muy bien qué hacer con ella.
La sensación es muy agradable y despierta cosquilleos en todo mi cuerpo, no solo en la mano. Estoy empezando a notar que me pongo nervioso y respiro profundamente, intentando calmarme.
—¿No te gusta? —El tono de voz de Todoroki está lleno de dudas. Ha dejado de acariciar mis cicatrices y me mira de reojo, a través de su flequillo—. Puedo parar si lo deseas.
—¡No! —La respuesta sale de mi boca antes de que mi cerebro la procese. La verdad es que se siente muy bien—. Me gusta. Mucho. De verdad —añado para quitar todos los rastros de dudas de su mirada.
Todoroki masajea la palma de mi mano, acariciándola con mimo después. Sigue los ligamentos de mis dedos, flexionando estos con curiosidad. Repasa el contorno de los dedos, y aprieta las yemas. Me siento como si fuese un examen muy minucioso y a la vez algo íntimo que no deseo interrumpir. Es una sensación muy excitante y he empezado a respirar agitadamente a pesar de mis intentos de mantener el control.
Una media sonrisa aparece en el rostro de Todoroki, que, ahora que lo observo más detenidamente, se ha sonrojado también. Miro un momento a nuestro alrededor, pero estamos virtualmente solos. Hay mucha gente, pero todos están tan ocupados que nos ignoran. Kacchan tampoco está a la vista. Vuelvo a mirar a Todoroki. Con un gesto de decisión, se lleva mi mano hacia su rostro.
—Todoroki-kun, ¿qué...? —Me interrumpo cuando Todoroki deposita un beso suave, sutil y volátil, sobre la palma de mi mano. Me callo porque eso se ha sentido realmente bien. Mi cara debe estar de un color rojo intenso, pero no me importa, solo quiero que vuelva a hacerlo—. Todoroki-kun… —suplico antes de darme cuenta de lo que estoy haciendo.
La sonrisa de Todoroki se hace más ancha y segura. Vuelve a besar la palma de mi mano. Después, besa mis cicatrices, siguiéndolas en un camino marcado por sus labios. Besa cada una de las yemas de mis dedos. Cuando vuelve a bajar la mano a su regazo, estoy jadeando y mirándole con sorpresa. No sé qué decir, pero parece que él sí.
—Tienes unas manos preciosas, Izuku. Manos de héroe.
