Capítulo 2:
Los libros eran el amor mi vida, y por consiguiente, la clase de Literatura mi favorita. Siempre fui de las personas que prefieren quedarse en casa a leer acompañada de un buen café antes que ir a alguna discoteca a bailar, sobre todo con el clima de Forks que era permanentemente invernal. Sin embargo, aquella mañana no encontré manera posible de concentrarme en lo que la profesora Steele explicaba ni por un pequeño segundo. Mi cabeza estaba ocupada trabajando en otras cosas, o mejor dicho, personas.
Luego de lo que había sucedido con Edward en el pasillo, el profesor Banner nos había obligado a entrar al salón de clases nuevamente y desde allí en adelante no se había vuelto a tocar el tema en ningún otro sitio, a pesar de que con el cambio de horas pude notar un silencio reinante en toda la escuela. Cullen era el alma del Instituto de Forks y su ausencia se hacía notar con creces.
-Me gustaría que para la clase de la semana próxima escojan un libro que les haya gustado mucho y realicen una exposición sobre él, para que sus compañeros también puedan conocerlo.
La propuesta de la profesora había hecho que mi corazón saltara de emoción dentro de mi pecho, Tenía un millón de títulos entre los cuales escoger y eso me mantendría ocupada lo suficiente como para no pensar en lo de Edward, pero a pesar de que lo intenté no pude sacarme de la mente la imagen de su cuerpo tendido en el piso.
¿Qué le había sucedido? ¿Estaría bien? ¿Tendría que haberle dicho al profesor que le dolía la cabeza? ¿Sabrían ya sus padres? Por supuesto que debían de estar enterados, el padre de Cullen era el mejor doctor que teníamos en el pueblo y el Hospital de Forks era el único de la región, asique no había posibilidad de que le hubiesen trasladado a otra parte. Sin embargo, y a pesar de que no lo comprendía muy bien, me sentía totalmente preocupada.
El sonido de la campana de fin de clases me salvó de morir consumida por mis propios pensamientos y totalmente conmocionada me dirigí a la puerta de salida, deteniéndome solamente para saludar a la profesora.
-¿Te encuentras bien, Isabella? Te noté muy distante en esta clase, y eso es extraño.
-Estoy bien, algo cansada, respondí secamente intentando escapar de ese lugar lo más pronto que me fuera posible. No iba a compartir mis preocupaciones con nadie, odiaba a Edward Cullen y lo que le había sucedido no cambiaba en nada la situación. De seguro el muy marica lo había hecho a propósito con tal de saltarse algunas clases.
Enojada conmigo misma por prestarle tanta atención al chico me dirigí a mi casillero, al mismo tiempo en que Alice y Rose llegaban casi corriendo hacia donde yo estaba, agitadas a más no poder.
-¿TE ENTERASTE DE LO QUE LE SUCEDIÓ A CULLEN?, gritaron las dos al mismo tiempo mientras me observaban con sus ojos totalmente abiertos. Me asusté un poco por ellas, parecía que se les iban a escapar del cuerpo.
-Sí, algo oí, dije haciéndome la desinteresada mientras por dentro mi corazón se aceleraba con miedo. Recordar el momento no ayudaba en nada a mantener mi odio en alto. No quería admitirlo, pero hasta sentía algo de pena por él.
-Dicen que cayó convulsionando al suelo mientras le caía espuma por la boca, ¿PUEDES CREERLO?, agregó Rose mientras abría aún más sus ojos si eso era posible.
-Además, dicen que cuando las enfermeras lo estaban atendiendo comenzó gritar y a retorcerse como loco. Agradezco a Dios no haber estado cerca en ese momento.
-¿De qué hablan?, pregunté muy confundida. El Instituto de Forks era el lugar perfecto para que se crearan rumores, pero nunca pensé que la gente tendría tanta imaginación. –Solo se desmayó, no estaba siendo víctima de posesión demoniaca.
-Como sea, ha de haber sido terrorífico verlo allí vomitando sangre, agregó Alice provocando que se me escapara una pequeña carcajada. ¿Cómo era posible que creyeran en esas cosas? Ni siquiera yo creería en ellas, y eso que era la persona más crédula de todo el Universo. –En fin, ¿Vamos de compras esta tarde?
-Seguro… Yo me apunto, respondió casi instantáneamente Rose. -¿Y tú, Bella?
Odiaba ir de compras. Además de gastar un dineral en cosas innecesarias, salir con las chicas era perder un día entero mirando vidrieras y esperando a que ambas se probaran todo lo que estuviese disponible en la tienda. Una autentica tortura medieval pero en el siglo XXI. Habitualmente ponía escusas para no tener que acompañarlas, la mitad del tiempo me creían y la otra mitad me arrastraban con ellas de cualquier forma. Sin embargo, esa vez no tenía una excusa… Simplemente no podía.
-Lo lamento, tengo voluntariado ahora.
-No te entiendo… ¿Qué puede haber de divertido en cambiar vendajes y limpiar mocos?
-Rose, no se trata de eso, se trata de ayudar a los enfermeros que son muy pocos y no dan a basto. Además recibo buenos créditos por ello, y las Universidades se fijan m…
Y entonces una lamparita se prendió sobre mi cabeza mientras todo se esclarecía frente a mis ojos. Esa tarde iba a ir de voluntaria al Hospital, Edward podría estar en ese lugar. Sumé dos más dos y el resultado fue "no-me-pierdo-este-voluntariado-por-nada-del-puto-mundo". No era como si quisiera verlo a él, simplemente quería saber si estaba bien para poder limpiar un poco mi conciencia.
-Como días… lo lamento Bells, otro día será. ¿Te veremos mañana?
-Por supuesto, no me perdería el almuerzo por nada del mundo.
-.-.-
Me había dirigido al Hospital lo más rápido que me había sido posible en cuanto había podido escapar de las chicas. Ellas habían insistido un poco más para que fuera a su tarde de amigas pero me había negado rotundamente, tenía cosas más importantes por hacer.
Mi vieja camioneta rugía quejándose mientras intentaba levantar su velocidad por encima de los 80 Km. por hora y sabía que muy probablemente estaba forzando su motor hasta el punto en el que iba a estallar y me iba a dejar varada en el medio del bosque debajo de la lluvia, pero era por una buena causa. Además, había estado ahorrando dinero para comprar un auto nuevo y ya estaba muy cerca de alcanzar mi meta. Romper la camioneta no sonaba tan catastrófico después de pensar en eso.
Algo que no había pasado por alto al salir del estacionamiento había sido que el auto de Edward aún estaba allí. No era fácil confundirlo con el de otro alumno, el Volvo plateado y brillante era tan hermoso y llamativo como él, igual que su dueño. Claro que el auto no era tan insoportable y no tenía ego, eso era la gran diferencia entre ambos.
El hecho de que el carro aun estuviera allí era una muy mala señal… Cullen adoraba esa cosa, sería capaz de asesinar gente si alguien se atreviera simplemente a respirar sobre su pintura, y el 90% del tiempo que estábamos en la escuela se la pasaba hablando de lo mucho que le gustaba ese auto. Por nada del mundo dejaría que el pobre se quedara bajo la lluvia, mojándose indefenso y siendo una presa perfecta para los pocos delincuentes que habitaban en la zona.
Debía de averiguar que estaba sucediendo, y debía de hacerlo rápido.
Casi había saltado del vehículo en cuanto lo había aparcado fuera del Hospital Estatal de Forks y me había dirigido corriendo hacia la sala de recepción, a firmar mi planilla y prepararme para averiguar el paradero del mariscal de la escuela. Por supuesto que con tanto Edward en mi cabeza olvidé que era una muchacha extremadamente torpe y caí de rodillas al suelo en cuanto la puerta del edificio se había abierto, quedada tendida como saco de patatas frente a todo el mundo.
Intenté levantarme con la ausente dignidad que aun poseía y juro que escuche a un par de personas reírse pero intente ignorarlos, luego podría darles un sermón acerca de la solidaridad y el respeto.
-Bella, el hecho de que estemos en el Hospital no significa que debas lastimarte cada vez que entras aquí, dijo la enfermera Harper mientras me entregaba mi planilla de asistencia. Le saque la legua intentando no prestarle atención y firme todo con velocidad, sin fijarme mucho en mi letra.
-El suelo está endemoniadamente resbaloso, deberían secarlo, dije en mi defensa dirigiéndome hacia la sala de emergencias, en donde habitualmente requerían de mis servicios. Si tenía suerte, Edward aun estaría allí siendo revisado por los doctores.
Sin embargo, mi decepción fue enorme al notar que en el salón no había nade más que Dimitri, un doctor practicante que parecía muy interesado en algo que se encontraba al otro lado de una ventana.
-Hola Dimitri, ¿Qué sucedió aquí?, pregunté algo extrañada de que no hubiera ningún paciente. Forks no era un pueblo grande pero el frio, los accidentes provocados por las calles mojadas y demás afecciones hacían que el Hospital siempre estuviera muy concurrido. Aquella vez era la excepción.
-Bella, ¿Qué tal?, dijo sin quitar la vista de lo que lo tenía tan concentrado. –Hoy no hay mucho movimiento, al menos no de este lado del edificio.
-¿A qué te refieres?
-Los pacientes están internados y estables, no creo que los doctores necesite tu ayuda en esa área. Probablemente deberías ir a casa hoy, no hay nada más que hacer. Mi corazón realmente comenzó a llorar cuando él dijo eso. Tenía altas esperanzas de poder salir de allí con algo de información acerca de Edward y debía retirarme sin nada. Algo positivo podía ser el hecho de que si no se encontraba en emergencias de seguro ya había sido dado de alta. Eso era bueno, pero tenía un pésimo presentimiento en mi interior, como si algo estuviera realmente mal. –Aunque… No, olvídalo.
-¿Qué sucede? Anda, dime.
-Puede que el doctor Cullen necesite tu ayuda. Su hijo entró a cirugía más temprano y se llevó a casi la mitad del personal al quirófano, al parecer la cuestión era grave.
Pensé que jamás me iba a sentir más impactada como en el momento en que había visto a Edward desmayado en el suelo… Demonios, sí que estaba equivocada. No podía moverme, mis pies estaban como clavados en aquel lugar y sentía que si movía algún músculo todo se iría al demonio y lloraría como loca hasta que mis pulmones se quedaran sin aire.
Edward… Quirófano… Grave. Esas palabras no estaban bien juntas, no sonaban bien y nunca lo harían. Odiaba al muchacho con todo mi corazón pero era un ser humano, y tenía sentimientos. No pude evitar sentirme mareada cuando caí en la cuenta de que aquello no era simplemente un desmayo, sino algo aun peor.
Dimitri me observó extrañado por mi comportamiento, inclusive dejo de lado la estúpida mierda que tanto lo había entretenido antes para observarme, pero me retire de allí antes de que tuviera tiempo para hablar. Corrí a través de los pasillos lo más rápido que mis piernas me lo permitieron y rogando a Dios que no me dejara tropezar en ese momento. Nunca un viaje hasta el otro lado del Hospital me había parecido tan largo como aquella tarde.
"Al parecer la cuestión era grave".
Demonios… Me sentía morir.
Al llegar hasta el área restringida donde se realizaban las intervenciones quirúrgicas me detuve frente a la puerta, puesto que yo no podía entrar allí. Simplemente era una voluntaria, no estaba capacitada para ejercer el lugar de una enfermera. Y allí me quedé, parada frente a la puerta de dos pestañas que se mantenía firmemente cerrada y que me impedía continuar. Había sido estúpido pensar que podría haber visto a Edward aun si este estaba siendo operado, desde luego que había fallado al tener esa idea. No sabía que hacer, tenía que hablar con alguien para que me dejaran verlo, ¿Pero con quién? Estaba devastada.
-Isabella…
Una suave voz me llamó por detrás y me voltee instantáneamente sabiendo quien era. Carlisle y Edward tenían el mismo tono de voz, un sonido que podía ser varonil y suave al mismo tiempo. Un sonido que antes me hubiera parecido molesto e irritante y que ahora era lo único que quería escuchar.
El doctor Cullen se veía realmente mal. Él solía ser todas sonrisas y buenos modales cada día en el que me había tocado trabajar allí. En aquel momento estaba notablemente agotado y su rosto tenía una mueca espantosa que se debatía entre el dolor y la tristeza.
-¿Cómo está Edward?, pregunté sin más mientras todo el aire abandonaba mis pulmones. No era como si fuera a fingir delante del hombre… Mentirme a mí misma estaba muy mal y yo sabía muy bien que si estaba allí era porque estaba preocupada por la salud del chico, aunque lo odiara.
-Él… Él está estable, acaba de salir de cirugía, dijo conteniendo un temblor en su voz. Hasta ese momento no me había percatado en que el doctor aun llevaba su bata de cirugías y su barbijo colgando a un lado de la cara.
-¿Qué le sucedió? Él solo dijo que le dolía la cabeza, le dije que fuera a la enfermera pero a los segundos lo encontramos desplomado en el p….
-Tuvo un ACV.
-¿Qué?, pregunté temblando, no porque no supiera lo que eso era, sino porque simplemente no podía creerlo.
-No sé qué sucedió, pero un coágulo en su cabeza explotó y se produjo una hemorragia. Pudimos controlarla pero tuvimos que operar…
-¿Esta bien? ¿Se pondrá bien?, dije con mi voz temblando a más no poder. Si no estuviera recargada contra la pared estaba segura de que me habría caído de nuevo al suelo. Era más de lo que podía procesar… Yo… Yo tontamente había pensado que él lo había a fingido, que él había estado bromeando y sin embargo… Edward había estado a punto de morir. Jamás me había odiado tanto, nunca, como lo hacía en ese momento. Había sido tan malvada con él, lo había tratado tan mal. Quería llorar, era lo único que quería hacer.
-No sabremos qué tan grandes son los daños hasta que despierte. El ataque puede haber perjudicado su habla, sus movimientos musculares o peor… Solo resta esperar.
Para aquel entonces ya ni siquiera me esforzaba por retener mis lágrimas. Más allá de que lo odiara y me cayera demasiado mal, Edward no era un mal muchacho y no merecía eso. Nadie lo merecía, pero él menos que los demás. Una cálida sensación se apoderó de mi hombro, lo que me obligó a abrir los ojos para encontrarme con la mano del doctor consolándome, mientras me sonreía de la mejor manera en que podía hacerlo.
-Tranquila, Bella.
-No… Es mi culpa, yo lo escuche cuando le dolía la cabeza. Debería haber dicho algo, no tendría que haberlo dejado marchar solo, quizá yo… si yo solo…
-No te culpes, nadie podía saber que iba a suceder. Lo bueno fue que lo trajeron rápido y pudimos hacer algo por Edward. Todo estará bien, además él te aprecia mucho. Jamás te culparía.
-¿A qué… a que se refiere?
-Siempre habla de lo buena que eres y de cómo lo has ayudado a levantar las notas en la clase de Biología. De seguro se pondrá muy feliz cuando se entere de que estuviste aquí preguntando por él.
Era oficial, mi corazón estaba totalmente quebrado. Lo único que yo hacía era escupir veneno a la hora de hablar de Edward, pensando que él jamás me tendría en cuenta por ser la estúpida rata de laboratorio y ahí me encontraba ahora, escuchando las flores que él lanzaba al hablar de mí. Me sentía como el demonio, solo había una cosa que quería hacer y lamentablemente no podía.
Volver el tiempo atrás no era una opción para la ciega, estúpida e idiota Isabella Swan.
Buenas buenas lectores, Cómo están el día de hoy? Aquí traigo el segundo capítulo de esta historia que de a poco va tomando forma. Edward sufrió un Accidente Cerebro Vascular y Bella descubrió que no es tan invisible ante sus ojos como pensaba. ¿Qué sucederá en el próximo capítulo? Lo veremos cuando lleguemos a los 10 reviews, asique a comentar! Y quiero hacer un agradecimiento enorme a torposoplo12, Ximena, Nella, Yolo y Caro Swan por sus comentarios en el capítulo anterior. Muchas gracias chicas por el apoyo, este capítulo va para ustedes. Saludos, nos leemos pronto.
