Capítulo 3:
Charlie, mi padre, solía tomar los turnos nocturnos en la Comisaría de Forks. Él era el jefe de todo el departamento de policías y solía decirme que las noches eran más tranquilas en ese pueblo que el día, por eso le gustaba más ir a esa hora. Antes había estado de acuerdo con él en todo sentido, no éramos exactamente muy unidos y amaba tener la casa para mi sola, para ahogarme en libros y litros y litros de café. No me malinterpreten, realmente adoraba a Charlie, pero él no era una muy buena compañía para una adolescente de 17 años. Sin embargo, aquella noche habría dado lo que fuera para que él hubiese estado en casa. Así al menos habría tenido un motivo para intentar ocultar mis lágrimas. Sola, sin nadie quien me viera y me hiciera preguntas sobre mi estado, no podía controlar mi llanto.
El saber de lo que le había sucedido a Edward me había afectado más de lo que habría esperado. No había podido entrar a verlo puesto que se encontraba internado en terapia intensiva y solo podía recibir visitas de su familia, pero Carlisle había intentado tranquilizarme diciéndome que pronto se recuperaría lo suficiente como para ser trasladado a sala común, y entonces yo podría hablar con él.
Podría disculparme, decirle que sentía mucho mi comportamiento, que no había querido lastimarlo, que en realidad lo odiaba pero porque no habíamos tenido el tiempo suficiente para conocernos. "Ya habrá tiempo" me había respondido a mí misma intentando calmar mi ansiedad, sabiendo que la recuperación de esos ataques era bastante extensa. Mi voluntariado jamás me había parecido tan interesante… No me molestaría ni siquiera en ocultarlo: realmente quería ver a Edward.
En ese momento me encontraba recostada en el sofá de mi sala intentando hacer la tarea que la profesora Steele no había encomendado, pero mis sentimientos y la vista borrosa a causa de las lágrimas no ayudaban en nada con eso. Quería tener un minuto de paz, aunque fuera un momento sin pensar en él pero me era imposible… Estaba envenenada de Edward, el ocupada todos mis pensamientos. Luego de un par de minutos arrojé los libros que se encontraban en mi regazo hacia el suelo y suspiré… No había forma en que pudiera pensar en algo que no fuera él.
De repente mi teléfono vibró con un pitido, anunciando la entrada de un mensaje. No le presté demasiada atención puesto que nadie importante me escribiría esa hora… Quizá era mi madre pero en aquel momento no tenía fuerzas para habla con ella. Amaba a Reneé pero a veces era demasiado egoísta, y en lugar de llamar para saber cómo me encontraba simplemente se encargaba de vaciar y vaciar quejas acerca de su nueva vida en Florida y hablar de su nuevo esposo, Phil, al cual no le tenía ni una pizca de aprecio.
El móvil comenzó a sonar con "Panic Station" de Muse, el tono predeterminado para las llamadas de Alice (Con justa razón por supuesto, ya que esa chica estaba demente. La canción le hacía juego). Con todo el tema de Edward me había olvidado de que mis amigas habían salido de compras… De seguro la pequeña duende querría contarme acerca de las nuevas prendas que se había comprado. No tenía ganas de hablar con nadie en aquel momento, pero Alice era mejor compañía que mamá y deseaba charlar sobre algo que no fuera Cullen por un momento.
-Bella… ¿En dónde mierda te habías metido?
-Hola Al… Yo… Estaba durmiendo, dije cubriendo el parlante del celular mientras sorbía mi nariz. Ella solía ser muy perceptiva y no quería que notara que había estado llorando. En caso de hacerlo, me tendría horas y horas hablando acerca de lo que me angustiaba y la llamada se extendería hasta a medianoche. Ya lo había dicho, tortura medieval.
-¿A esta hora? Es muy temprano. ¿Qué sucede?
-No me siento muy bien, creo que cogí algo de gripa del Hospital. Probablemente mañana no vaya al Instituto, le respondí excusándome por mi extraño comportamiento.
-Había olvidado tu voluntariado, ¿Qué tal todo? ¿Pudiste ver a Cullen?
La herida que había estado intentando cerrar se abrió en cuanto ella pronunció su nombre y el incontrolable llanto comenzó a fluir una vez más. Era demasiado por hoy, mi mente estaba saturada y necesitaba un descanso. Sin molestarme en despedirme colgué la llamada y apagué el celular, cubriéndome por completo con a manta que tenía a mi lado. Si Charlie quería hablar conmigo iría a verme a casa, fuera de eso no me importaba si alguien intentaba llamarme. Le diría a Alice que me había quedado sin batería y eso sería todo.
Solo quería dormir, dormir y olvidar por un momento todo lo que había hecho, lo que había sucedido y lo que había visto, quería dormir hasta que todo se pasara y pudiera sonreír de nuevo.
-.-.-.-
El día viernes efectivamente no fui a clases. Le había dicho a Charlie que me sentía realmente mal y él lo había creído. Al principio me había sorprendido que me dejara salirme con la mía sin hacer mucho esfuerzo pero la realidad era que tenía un aspecto horrible por haber dormido poco y eso había ayudado a simular mi farsa.
El fin de semana había recuperado fuerzas suficientes como para intentar hacer mis tareas atrasadas. Por suerte mis amigas no me habían reprendido demasiado por no contestar el móvil y lo agradecía demasiado, no tenía ganas de lidiar con su posesivo carácter por el momento. Fue el día lunes cuando todo volvió a ser un infierno.
Había esperado encontrarme con un panorama muy distinto al que realmente observé. Esperaba que todos en el Instituto estuvieran de la misma forma que el día que Edward sufrió el ataque, silenciosos y sin muchos ánimos. Sin embargo, había sido todo lo contrario.
Todos actuaban de la misma forma que siempre, como si nada malo hubiera sucedido. Parecía ser un día normal de escuela, inclusive su grupo de amigos andaba a las risas paseando por todas partes, solo que en ese entonces eran tres nada más… Faltaba el cuarto.
Una mezcla de impotencia y enojo se apoderó de mi cuerpo. ¿Cómo era posible que lo de Edward les fuera indiferente a todos? ¿Acaso nadie era capaz de dejar de mirarse un poco en el espejo y preocuparse por los demás? Me sentía asqueada, y profundamente decepcionada.
Al salir de la clase de Literatura me dirigí hacia mi casillero dispuesta a guardar mis cosas. El almuerzo había sido un desastre… Lo único que Alice y Rose habían hecho era hablar acerca de las increíbles ofertas que habían encontrado y de lo mucho que habían comprado, mientras que yo solo asentía y sonreía como un títere, un muñeco que solo quiere huir de allí. En cuanto la campana había sonado había escapado del lugar corriendo, sin soportar a mis amigas, sin soportarme ni siquiera a mí.
Me encontraba guardando libros y vaciando mi mochila cuando de repente sentí a alguien detenerse detrás de mí. Me volteé sin muchas ganas de hablar con quien fuera el que estaba allí, pero jamás me imaginé que la persona que estaba a mi lado fuera… ese muchacho. Abrí un poco los ojos y observé extrañada como Emmett intentaba darme una sonrisa amistosa, aunque con su enorme tamaño y musculosos brazos era algo complicado de hacer.
-Hola Isabella, ¿Cómo estás?
-Hola… Supongo que bien. ¿Qué necesitas?
-Yo… Quería…, dijo tartamudeando mientras miraba hacia ambos lados del pasillo. Parecía realmente avergonzado y hablaba casi en susurros. –Me enteré de que eres voluntaria en el Hospital, y quería saber si sabes algo de Edward. Le llamé al teléfono pero no me respondió.
Emmett y Edward eran mejores amigos. Los mejores de los mejores, todo el mundo lo sabía. Pero en mi interior comencé a pensar y a preguntarme… ¿QUÉ CLASE DE AMIGO SE CONFORMA CON SOLO LLAMAR CUANDO SABE QUE CAISTE DURO AL SUELO Y QUE NO HAS DADO SEÑALES DE VIDA EN DÍAS? Definitivamente Cullen necesitaba nuevas amistades, y Emmett una lección de vida.
-Mmm… Pues no, no lo he visto allí, dije sonriendo. Me sentía como el mismísimo diablo ocultando lo que le había sucedido a Cullen, pero nadie que no se interesara realmente por él merecía saber de su estado.
-Es muy extraño que se ausente tanto, él nunca falta a las prácticas de deporte. Supongo que debe tener gripe.
-Si… Gripe.
-Bueno, de cualquier forma gracias. ¡Eres buena chica!, dijo palmeando mi hombro mientras se retiraba del lugar. En mi interior intentaba contener las ganas que tenía de patearle el trasero.
"Y tu un auténtico idiota".
-.-.-
Esa misma tarde, cuando puse un pie en el Hospital me di cuenta de que algo había cambiado. No sabía que era, no podía describir la sensación, pero me sentía mucho más emocionada que antes, con más ánimos.
Firme mi planilla con rapidez y me dirigí a urgencias rogando que por favor no hubiera nadie allí como la semana anterior, de esa forma podría excusarme e ir en busca de noticias de Edward. Pero para mí horrible mala suerte, dos autos habían colisionado de frente y los pasajeros estaban regados por la sala de urgencias, siendo atendidos por los escasos enfermeros que allí había.
-Menos mal que llegas, Swan, dijo Dimitri algo acelerado mientras corría hacia una de las camillas a vendar a una joven adolescente que gritaba como loca porque tenía un rasguño en la cara. Demonios, la lastimadura era tan pequeña que ni siquiera le dejaría una cicatriz peo ella creía que era el fin del mundo. –Necesitamos ayuda aquí.
Sin muchas ganas suspiré y comencé a asistir en lo que más podía a los doctores. Llevaba meses trabajando allí y ya había aprendido las nociones básicas de medicina, al menos las suficientes como para colocar bien un vendaje. Me sentía orgullosa de mi misma puesto que tener esos conocimientos me había ayudado a curar los resultados de mi constante torpeza.
Había estado allí nada más unos minutos cuando de repente la puerta del lugar se abrió, y por ella se asomó el doctor Cullen. Mi corazón se aceleró de inmediato y una botella de alcohol resbalo de mis manos, dándome justo en mi pie. Maldije en silencio mientras le sonreía a Dimitri, quien me observaba algo enfadado por mi descuido. Ver a Carlisle me había movilizado los sentimientos.
-Isabella, que bueno que estás aquí, ven conmigo por favor.
Sin pensarlo más de dos segundos deje todo lo que estaba haciendo y salí de allí casi volando, mientras escuchaba que me llamaban por detrás. Lo lamentaba mucho por el joven doctor practicante y por haberlo dejado solo con adolescentes histéricos, luego le compraría una Coca Cola en compensación.
-¿Qué sucede?, pregunté en cuanto alcancé al doctor, quien se dirigía determinado hacia el área de internaciones. Parecía algo más relajado que la semana anterior, y eso era señal de buenas noticias.
-Edward está en sala común. Se recuperó lo suficiente y lo pasaron esta mañana, te noté muy preocupada por él y quería que lo vieras, en algún rato la anestesia se irá y él despertará. Será bueno que se encuentre con algún rostro amigable luego de todo lo que sucedió.
Mi corazón, cuyos trozos se encontraban unidos con pegamento barato, dio un brinco dentro de mi pecho y se recuperó de inmediato. Cullen evolucionaba y esa era la mejor noticia que había recibido en días. Sabía que todo iba a estar bien, lo supe desde que había entrado a aquel lugar esa mañana.
Quería preguntarle al doctor si ya sabían que había sucedido, si él se recuperaría por completo, porque había estado investigando y había casos de personas que jamás terminaban de curarse, pero no quería sonar demasiado entrometida. Ya era mucho que me dejaran verlo a pesar de ser su… su… su nada.
Minutos después nos detuvimos frente a una puerta blanca y sonriendo el doctor la abrió para mí. Habitación número 19, al igual que su remera de Fútbol Americano. Reí un poco por la pequeña coincidencia y luego me adentré en el cuarto en silencio, temiendo perturbarlo.
Todo era blanco, todo lucía blanco e inmaculado, salvo por el pequeño cuerpo que se encontraba en el medio del lugar. Edward estaba conectado a un millón de cables y aparatos que lo rodeaban, parecía estar dormido pero su rostro se veía muy cansado, agotado. Alrededor de su cabeza había un enorme vendaje que cubría la cirugía que le habían hecho días antes, y pequeños mechones de su cabello cobrizo escapaban por él, rebeldes al igual que siempre.
No pude evitarlo y una lágrima resbaló por mi mejilla haciéndome suspirar. Sabía que todo iría bien pero no podía evitar tener miedo por su estado… Jamás lo había visto así de derrotado y eso me destruía por dentro. De pasar de ser todo risas y coqueteo a estar así todo a causa de esa estúpida afección… Me costaba creer que fuera posible.
-Si quieres puedes quedarte aquí por un par de minutos, yo iré a buscar algunos papeles que debo firmar, dijo el doctor con ojos agotados. Le sonreí en respuesta y él simplemente se alejó… De seguro le costaba más que a cualquiera estar allí y sin embargo se mantenía firme y fuerte por él, por su hijo. Y yo creía que era la más afectada en esa historia, realmente era egoísta.
Me giré y observé a Edward por algunos minutos más. Había leído en alguna parte que a pesar de estar inconscientes las personas son capaces de oír cuando uno les habla. Quizá escuchar otra voz que no fuera de doctores ni enfermeras le haría sentir mejor.
¿Pero qué podía decirle? Nunca habíamos cruzado más de diez palabras al día… No me sentía cómoda para tratarle como si fuéramos amigos de toda la vida. Suspiré… Quizá debía irme. No tenía nada que hacer en ese lugar por el momento.
-Hola, dije mientras tocaba su mano con la punta de mi dedo. Realmente estaba congelado, su piel estaba tan fría que me causaba malestar. Tomé su mano con la mía intentando darle calor pero era en vano, su cuerpo debía de estar frio para que no le subiera la temperatura, y ni siquiera yo sería capaz de brindarle calor suficiente. –Y… Adiós, le dije al mismo tiempo mientras me volteaba para irme.
Me habría gustado hacer algo más por él, habría deseado quedarme y decirle que estaba asustada, que quería que volviera al colegio, que intentaría ser su amiga. Pero no era el momento… Debería haberlo dicho antes, cuando él podía oírme.
Derrotada giré el picaporte de la puerta para salir de allí y de repente algo muy extraño sucedió… Me sentía observada. Tenía esa sensación en mi espalda que lo invade a uno cuando alguien le mira fijamente. Pero no había nadie en esa habitación que pudiera estar mirándome, salvo yo y…
Con mucha lentitud me volteé sabiendo que probablemente todo era producto de mi imaginación. No quería ilusionarme y luego salir de ese lugar más lastimada de lo que ya estaba… Pero entonces sucedió.
Edward me estaba mirando… Tenía los ojos entrecerrados pero definitivamente me estaba observando.
Nunca antes había amado tanto el color verde esmeralda como en ese momento.
Buenas tardes a todos, ¿Cómo están hoy? Aquí les traigo el tercer capítulo de esta historia. EDWARD DESPERTÓ, y lo mejor de todo, BELLA ESTUVO ALLÍ. ¿Qué pasará en el próximo capítulo? Lo único que puedo adelantarles es que vamos a llorar un poco bastante cuando lo leamos, y la fortaleza de ambos será clave para superar lo que viene. ¿Están listos? En cuanto lleguemos a los 16 reviews subo nuevo capítulo. Mil besos a todas las chicas que han comentado la historia y que han agregado a favoritos, las adoro. Saludos, y nos leemos pronto.
