Capítulo 4:
Cuando era muy pequeña y mis padres aún estaban juntos nos habían llevado a Rose y a mí al Zoológico de Seattle, para que pudiéramos ver animales que jamás nos cruzaríamos en Forks. Recuerdo que de un momento a otro me separé de Charlie mientras perseguía una mariposa y me perdí entre el tumulto de gente que se arremolinaba alrededor de la jaula de los leones. Por una milésima de segundo me había sentido totalmente angustiada, como si fuera a morir, con mucho miedo… No sabía en donde estaban mis padres, a mi alrededor todos eran extraños y mi mamá solía decirme que jamás confiara en alguien que no conociera porque podía hacerme daño. Lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos mientras daba vueltas por todas partes buscando a mis padres o a mi amiga, pero era en vano, apenas si medía un metro de altura mientras que los demás parecían gigantes a mi lado. Entonces, de entre medio de todas las personas, dos brazos muy familiares habían aparecido y me habían recogido, acunándome contra su pecho. Charlie me sonreía intentando tranquilizarme mientras mi madre consolaba a mi amiga quien también se había asustado ante la posibilidad de no verme nunca más. La sensación de alivio que me había invadido en ese momento había sido tan inmensa que pensé que jamás volvería a sentirla recorriendo mi cuerpo.
Y nunca había vuelto a vivirla… Hasta ese momento.
Edward me miraba con sus brillantes ojos fijamente mientras yo aún me encontraba apoyada contra la puerta. Era como si todo a mi alrededor se hubiera detenido, inclusive el tiempo, lo único en lo que podía pensar era en que él había despertado al fin, y en parte quería pensar que había sido gracias a mí. Me sentía totalmente aliviada, como si hubiese quitado de mis hombros el peso de mil elefantes… Él estaría bien, y por ende yo también.
Sentí como si alguien me empujara por detrás y volteé para ver de qué se trataba. Había estado tan encerrada en mis propios pensamientos que había olvidado que me encontraba sobre la puerta, y Carlisle estaba empujándola intentando entrar por ella. Me giré con lentitud sin quitar mi mirada de la de Edward y al abrir la puerta me topé de frente con una sonriente mujer, una dama muy hermosa con el mismo tono esmeralda de los ojos de Cullen. Detrás de ella el doctor me observaba confundido.
-Hola Isabella… Wow, que grande estás. Hacía mucho no te veía, dijo ella mientras caía en la cuenta de que se trataba de su madre. La última vez que la había visto había sido hacía años en una cena de beneficencia del pueblo, para ese entonces mis padres todavía vivían juntos. Así de mucho era el tiempo que había pasado. -Cariño… ¿Te sientes bien?, preguntó reaccionando ante mi extraña actitud. Intenté hablarle, quería decirles que Edward estaba despierto (o al menos lo había estado minutos atrás) pero mi garganta estaba sellada. Por ella no entraba ni salía nada, ni siquiera oxígeno. Como pude y sumergida aun en mi trance me moví de la puerta dejando que la señora Cullen entrara a la habitación seguida por su esposo, quien lucía algo más preocupado que antes.
Lo que le siguió a ese momento fue una completa y total locura. Un remolino de gritos, doctores y enfermeros que me enloquecieron por completo entraron al lugar a la velocidad de la luz. Edward había despertado y continuaba mirándome aun cuando me encontraba a mayor distancia de él que antes. Su madre estaba a su lado llorando como si la vida se le fuera en ello mientras acariciaba su mano y Carlisle y otro par de enfermeros recorrían la habitación revisando todos los aparatos y monitores con mucha precaución.
-Dios mío… Edward cariño… ¿Puedes oírme? Amor mío, estaba tan preocupada, sollozaba su madre intentando sonreír en medio de tanto drama. Yo sentía que el aire me faltaba… Había algo en él, algo en sus ojos que no terminaba de convencerme de su bienestar por completo. Su mirada era brillante e impactante, pero parecía muerta, sin vida. Intenté tomar aire por mi nariz pero no pude hacerlo, comencé a desesperarme porque de verdad no podía respirar, pero nadie parecía notarlo debido a que estaban ocupados con Edward. Me sentía mareada, sin fuerzas y la penetrante mirada esmeralda no ayudaba en nada a tranquilizarme. De repente todo se puso negro y lo último que sentí fue como mi cabeza chocaba contra el frio suelo antes de que todo quedara en silencio y mi mundo se volviera negro.
-.-.-
-Bella…
Sentía como si una voz me llamara de lejos, pero me sentía demasiado débil como para responder. Intenté abrir mis ojos pero todo fue en vano, mi cuerpo se encontraba totalmente muerto.
-Vamos pequeña, despierta…
Nuevamente intenté despertarme y en esa ocasión conseguí despegar uno de mis parpados, el cual tuve que cerrar casi inmediatamente debido a la fuerte luz blanca que invadía el lugar. Comencé a recordar lo que había sucedido minutos antes y caí en la cuenta de que me había desmayado. Edward se había despertado, y eso había sido suficiente para someterme a un shock inmanejable.
-Hola hija, pronunció una voz anciana y masculina que se encontraba a mi lado. Charlie acariciaba mi mano con dulzura mientras me observaba con la preocupación inundando sus ojos… No es que fuera precisamente viejo pero su voz siempre me había sonado así, como demasiado cansada desde que mi madre se había ido de nuestra casa. -¿Te sientes mejor?
-Si… ¿Qué haces aquí?, pregunté sin comprender demasiado la razón de su presencia. A menos que hubiese algún ladrón internado, no tenía ningún motivo para estar en el Hospital.
-El doctor Cullen me llamó. Me dijo que te habías descompensado… No estaba lejos asique no era una molestia para mi venir.
Lo observé y le sonreí dulcemente… De seguro no se encontraba cerca de allí y había dejado todo lo que estaba haciendo con tal de ir a verme, nada más que jamás lo admitiría. Charlie era el tipo hombre que quiere parecer fuerte por fuera, pero que es realmente noble por dentro, y aunque nos costara mantener una relación normal de padre e hija prefería estar a su lado mucho más que convivir con mi madre. Lo quería y demasiado.
-Gracias por venir, no hacía falta.
De repente la puerta de la habitación de Edward se abrió frente a nosotros y de ella emergió Carlisle luciendo terriblemente mal. Mi estómago se cerró en un nudo, tenía la misma mirada que aquel día cuando me había dicho que su hijo había sufrido un ACV. Estaba observándome, pero era como si su mirada estuviera en otro lado, como si sus pensamientos fueran en otra dirección. Tragué en seco, sabía que algo malo había pasado.
-Isabela, ¿Puedo hablar contigo?
Me volteé como para pedirle permiso a Charlie antes de retirarme y él asintió levemente.
-De cualquier forma, yo ya debía irme. Nos vemos luego… Gracias doctor Cullen por avisarme, musitó antes de levantarse mientras Carlisle lo despedía con la mano. Y entonces el silencio se apoderó de mí una vez más… No sabía que decir, presentía que algo malo había sucedido, pero… ¿Qué dice alguien en un momento como ese? No lo sabía, no sabía qué hacer.
-Isabella, ¿Puedo llamarte Bella?
-Por favor, le dije mientras se sentaba a mi lado. En mi bolsillo mi teléfono vibraba enloquecido, de seguro era alguna de mis amigas.
-Bella… Sé que eres cercana a mi hijo, de otro modo no veo porque la preocupación y las molestias que te has tomado para estar con él, dijo sonriendo mientras yo lo observaba estupefacta. ¿Cómo le dices a un esperanzado hombre que en realidad odias a su hijo y que de no ser por el accidente y porque sentías pena por el chico ni siquiera estarías allí? Eso sonaba demasiado extraño, lo mejor sería seguirle la corriente. -Por eso necesito pedir tu ayuda.
-¿Para qué?
Carlisle suspiró. Mi garganta comenzó a secarse mientras sentía que el aire se me escapaba de nuevo. Allí venía lo malo.
-Para darle a Edward las malas noticias.
-¿A qué… A qué se refiere?
-Estuviste bastante tiempo inconsciente, debo decirlo, y mientras tú te encontrabas en ese estado le hicimos a él todas las pruebas necesarias para saber que tanto había dañado la afección.
-¿Cuáles fueron los resultados?
Sabía que nada estaba bien, de lo contrario no había razón para que el doctor estuviese pidiéndome ayuda. En parte quería que dijera de una vez todo lo que tenía para decir, pero por otro lado quería cubrir mis oídos y salir corriendo de allí, alejarme de Edward y volver a mi antigua vida, a cuando era feliz y no tenía mayores preocupaciones que la escuela.
-Edward puede hablar, puede ver y tiene sensibilidad, esta consiente…
-Pero…
Carlisle dio un profundo suspiro y juro que pude ver como sus ojos se llenaban de lágrimas.
-Tiene la mitad del cuerpo paralizado.
Me costó algo de tiempo procesar lo que él había dicho… Era muy bueno saber que no había perdido las principales funciones vitales y que todo estaba bajo control, pero lo del cuerpo me sonaba mal… Solo un segundo después comprendí que tan malo era eso, y en cuanto caí en la cuenta sentí como si un enorme balde de agua fría me cayera sobre la cabeza.
-Pero… Edward… El futbol…
-No podrá volver a jugar, ni siquiera podrá caminar del todo bien. Y Bella, por Dios… Todos sabemos que el deporte era la vida de mi hijo, era lo único que tenía… No sabemos, no sabemos cómo hacer, como decirle, como va a reaccionar cuando lo sepa.
Mi corazón comenzó a latir muy rápido, más de lo que alguna vez hubiese latido. Mis pulmones se cerraban… Él jamás volvería a hacer lo que más amaba, para lo que era bueno… Todo negro, de nuevo todo negro… Edward no volvería a ser un adolescente normal, nunca volvería a ser el de antes…
Mis rodillas golpearon contra el frio suelo mientras sentía lágrimas y más lágrimas caer por mis mejillas, mojándolo todo, abriendo mi corazón en dos, partiéndolo a la mitad sin temor. Quería correr, quería gritar, quería golpearlo todo. Tomé mis cabellos con ambas manos y los jalé intentando mitigar el dolor que sentía.
No hacía falta que fuera amiga de Edward para sentirme afectada por eso. Era como si yo jamás pudiera volver a leer, como si perdiera lo que más feliz me hace en mi vida… ¿Cómo superas eso? ¿Cómo vuelves a tener esperanzas y metas? Edward solo tenía 18 años, toda una vida de triunfos y perfección por delante, y todo se había ido al demonio de un día para el otro sin siquiera buscarlo.
-Yo… Yo no puedo… Duele… No podré decirle…
-No te lo pediríamos si no fuera necesario. No tiene otros amigos y además no había estado teniendo una buena relación con nosotros… Últimamente lo veía muy cansado e intenté que dejara de jugar algunos partidos hasta que recuperara fuerzas, pero él se negó y nos acusó de querer manejar su vida. Si se entera lo que pasó de nuestras bocas va a reaccionar mal, no podré controlar eso.
-Pero… Es que él y yo…
¿Cómo decirle a su padre que nuestra relación era aún peor de lo que imaginaba en un momento como ese? No podía, tenía sentimientos y no quería herirlos. Sin embargo, tampoco era mi obligación lidiar con eso, él tenía sus propios amigos y una fila de mujeres con las cuales había dormido detrás de su espalda, podrían llamar a cualquiera de ellas para que se hiciera cargo de eso.
Pero él les había hablado de mí, les había dicho a sus padres sobre mí y sobre lo agradecido que estaba. No había hablado sobre sus amigos ni sobre sus conquistas y eso significaba algo… Era especial para él, de alguna forma y si tuviera que recibir una noticia como esa me gustaría que me lo dijera alguien a quien aprecio en lugar de una persona que dice ser mi amiga y en los peores momentos huye.
"Eres grande, y las personas grandes tienen responsabilidades. A veces tienen que hacer sacrificios, aunque algo no les guste, solo por hacer el bien en lugar de hacer lo que queramos", me había dicho Charlie en una ocasión en la que tuve que usar mis ahorros para reparar mi camioneta luego de haber llevado por delante un poste de luz. Él había dicho que si yo lo había roto debía pagarlo, aunque ese dinero fuera para mi auto nuevo, y que era hora de que me hiciera cargo de mis asuntos, que tuviera ciertas responsabilidades. En el pasado me había parecido muy egoísta de su parte, sin embargo, en ese momento me parecía casi una profecía, un momento de sabiduría de mi torpe padre.
No iba a gustarme decirle, no iba a hacerme bien y probablemente terminaría más dañada de lo que ya estaba, pero tenía que hacerlo… Porque de alguna forma sentía que él me había elegido para ser esa persona con la que cuentas en los momentos más tristes, me había elegido para ser la amiga que no tenía y debía hacerme cargo de eso, aunque no me gustara.
-Por favor, susurró el doctor en cuanto levanté la vista del suelo, observándome como si fuera la última opción que tenía en el mundo.
-De.. De acuerdo, le dije limpiándome las lágrimas. Suspire e intenté relajarme, debía de ser fuerte si iba a someterme a semejante cuestión y Edward tendría que verme lo menos afectada que me fuera posible. Necesitaría que fuéramos fuertes para sostenerlo si volvía a derrumbarse.
El doctor volvió a entrar a la habitación y minutos después salió acompañado de la señora Cullen, quien en cuanto me vio corrió a abrazarme, dejándome completamente estupefacta.
-Gracias corazón, dijo mientras sentía como comenzaba a sollozar. Edward debería haberles hablado muy ben de mi si me trataban con semejante confianza.
Al principio pensé que los señores Cullen estaban siendo muy malos al no querer lidiar con esa noticia, pero luego comprendí que era lo mejor. Querían minimizar el impacto, y recurrirían a cualquiera con tal de lograrlo. Eso demostraba cuanto lo amaban, eran capaces de hacerse a un lado en la vida de su hijo con tal de no hacerlo sentir peor.
Me separé de ella lentamente y le sonreí con amabilidad. Sabía que si realizaba algún movimiento en falso todo se iría al demonio y saldría de allí tan rápido que ni siquiera podrían verme. Debía ser madura, debía comportarme como adulta y mantener la compostura. Sin demorarme ni un minuto más abrí la puerta y la cerré detrás de mí, sabiendo que si me quedaba fuera por algunos minutos más comenzaría a dudar de la decisión que había tomado.
-Swan…, murmuró una débil voz en mi espalda y suspiré. Me sentí un poco mejor cuando me di cuenta de que aún no estaba llorando. Mi fuerza de voluntad era realmente enorme.
En cuanto volteé me encontré con un Edward algo adormilado observándome desde su cama. Me sonreía de lado debido a que su rostro estaba paralizado y sin embargo me pareció la sonrisa más adorable que había visto en mucho tiempo. Él me sonreía a pesar de estar internado, a pesar de estar sufriendo un dolor más espantoso de lo que podía imaginarme, a pesar de lo mal que siempre lo había tratado y de la pésima compañera que siempre había sido.
¿Cómo negarme a ayudarlo cuando él me daba fuerzas a pesar de estar en su peor momento? No sabía que sucedería luego de que supiera lo que le había sucedido, luego de que saliera de allí, pero me prometí a mi misma que estaría a su lado todo el tiempo que pudiera, remediando mis errores del pasado y ayudándolo a salir adelante.
Bueno, ¿Qué tal están? Debo confesarles que me siento algo afectada después de haber escrito este capítulo. Mi abuela sufrió un ACV cuando yo era muy pequeña y recordar todas esas pequeñas cosas me hace derramar una que otra lágrima, pero bueno, lo prometido es deuda y dado que llegamos a los 16 comentarios aquí está su recompensa. Quiero agradecer a todos los que se toman la molestia de dejar un mensajito porque de verdad no saben cuánto me ayuda. Esta historia es muy importante para mí y le estoy poniendo todos mis sentimientos para que quede hermosa. Son sus palabras las que me inspiran y alientan a seguir escribiendo, los amo con todo mi corazón. Muchas gracias por leer, 22 reviews y subo el capítulo número 5. Nos vemos pronto, saludos a todos.
