Capítulo 5:
-Hola Cullen, murmuré silenciosamente mientras caminaba hacia la cama de Edward. Él seguía bastante tranquilo debido a los calmantes, pero aun así podía notar que el lado izquierdo de su cuerpo estaba mucho más tenso de lo normal. Mi estómago comenzó a cerrarse.
Mi móvil seguía sonando como loco y por un minuto pensé en sacarlo y apagarlo de una buena vez, pero en cuanto estaba por hacerlo Edward volvió a hablarme, con esa voz grave tan típica de él pero sonando algo rasposa al mismo tiempo.
-¿Qué… haces aquí?, dijo tosiendo un poco mientras fijaba sus despampanantes ojos verdes en mí una vez más. De seguro se debía a que no había pasado mucho tiempo desde que le habían sacado el tubo de la respiración. Cuando tenía tan sólo 10 años mi abuela había sufrido un accidente en el auto y habían tenido que intubarla. Al despertar de su estado de inconciencia intentó quitarse los caños con tanta fuerza que terminó desgarrándose la garganta, perdiendo su tono de voz dulce y cambiándolo por uno grave y seco. Esperaba que las consecuencias para Edward no fueran así de drásticas… Porque realmente me gustaba mucho su voz.
-Soy voluntaria en el Hospital, ¿No te lo ha dicho tu padre? Emmett lo sabía, le contesté intentando cubrir el hecho de que estaba allí por él, y no para socorrer a Dimitri en la sala de emergencias. El pobre debería de haber quedado sordo luego de lidiar con la muchacha y el rasguño.
-No te… sientas importante. No hablamos… de ti, contestó y no pude evitar que una sonrisa se formara en mis labios. ¡Maldito mentiroso! Carlisle lo había dejado al descubierto y él estaba mintiéndome, pensando que yo no sabía de eso. Tenía muchas ganas de molestarlo con aquel tema pero preferí dejarlo salirse con la suya en esa ocasión, luego tendríamos tiempo para que aclarara el hecho de sus conversaciones acerca de mí. –Estás… sonriendo. ¿Vas a… matarme?
-Lo lamento, no hace falta que lo haga. Tu solo puedes con ello.
Edward intentó sonreírme de nuevo y pude notar la misma parálisis que me había sorprendido minutos atrás. El pensar en que debería de darle esa espantosa noticia en breves segundos comenzaba a hacerme sudar. Realmente estaba aterrada.
-Hablando de… eso… ¿Que hago aquí´?
-Reitero… ¿No te lo dijo tu padre?
-Quiso hacerlo pero me hice el dormido. No quiero… escuchar nada de él… Ni de mi madre, respondió cambiando su agradable mueca por una mucho más seria, más sombría. Vaya… Las cosas entre ellos de veras estaban muy mal, peor de lo que pensaba. Había sido buena idea entonces aceptar el pedido de los Cullen de ser yo quien hablara con su hijo. Al menos estaba oyendo lo que tenía para decirle, eso era algo positivo.
-Edward… Por favor mantente relajado cuando te diga esto. No se manejar esas estúpidas máquinas y si mueres no podré darte electroshocks… Aunque desearía electrocutarte ahora mismo.
Él volvió a sonreír e intentó asentir con la cabeza, logrando apenas un movimiento errático. ¿No había notado que había una parte de su cuerpo que no podía mover? Al parecer no, pero al menos me sentía mejor al haber podido llevarle de nuevo a la alegría luego de que lo de su padre lo pusiera de malas. Suspiré y cerré los ojos por un segundo. Quería decirle todo rápido y de un tirón, como si arrancara una curita de mi pierna… Hace que duela más pero menos tiempo. Sin embargo él merecía enterarse de una forma menos violenta por lo que me incliné por el lado tranquilo de las cosas. Debería pedirle a Charlie que me diera algunos de sus antidepresivos luego de esa tarde.
-Estábamos en Biología y comenzó a dolerte la cabeza. Te dije que fueras a la enfermería, ¿Recuerdas eso?
-No, susurró quedamente mientras su mirada se perdía en la blanca pared detrás de mí. De seguro su memoria a corto plazo estaba afectada, había leído que los ACV también ocasionan esos problemas. Lo observé nuevamente y cuando volvió a mirarme decidí continuar con mi relato.
-Te desmayaste en medio del pasillo. La enfermera logró socorrerte y los de emergencias te trajeron aquí. Tuvieron que operarte Edward… Sufriste un ACV.
Al principio él entrecerró sus ojos y me miró fijamente, intentando descubrir si lo que decía era verdad o estaba mintiendo. Levantó su mano derecha y la dirigió hacia su cabeza, directo hacia su vendaje, y cuando notó que lo que decía era cierto un brillo de angustia inundó sus hermosos ojos esmeraldas. Lucía casi tan aterrado como su padre el día en que todo había sucedido. Tenía muchas ganas de abrazarlo, de verdad quería acercarme a él y consolarlo pero decidí guardar mi compostura. Hasta el momento no me había quebrado y eso era buena señal de fortaleza.
-¿Qué… pasó? ¿Estoy… bien?
Suspiré una vez más, por alguna extraña razón aquel día mis pulmones no tenían ganas de funcionar con normalidad.
-Si… Ahora lo estás… No tienes tantas secuelas como esperaban los doctores…
-Pero…, dijo él mirándome fijamente, esperando a que dijera algo más. Lo observé mientras presionaba mis labios intentando absorber las lágrimas que estaban formándose en mis ojos. Bajé la vista y tragué lo más fuerte que pude mientras cruzaba mis manos. En ese momento Edward intentó estirar una de las suyas para aliviar la presión de las mías pero su brazo no se movió ni un milímetro. Bajó su cabeza para observar su cuerpo y volvió a mirarme, como si estuviera pidiéndome explicaciones. –Es extraño… Aun no se… Me va el efecto de… La anestesia.
-Edward, susurré tomando su mano en las mías. Él abrió sus ojos aún más grandes y me miró mientras comenzaba a respirar erráticamente… Sabía que él no estaba sintiendo eso, no sentía mi toque. Detrás de él unos de los monitores comenzó a emitir un pitido ensordecedor, su corazón latía demasiado rápido. Tenía que apresurarme porque en cuanto Carlisle entrara para estabilizarlo iba a tener que irme de allí y no quería que me sacaran antes de que él lo supiera. "Se valiente, mierda", me grité internamente y simplemente… lo dije.
-Tu lado izquierdo está paralizado y no saben si volverá a la normalidad.
Entonces simplemente sucedió… Edward era un chico muy inteligente, quizá demasiado para su edad. No le tomó más de un par de segundos comprender lo que eso significaba. Su mano se resbaló de entre las mías, sus ojos se cerraron con fuerza y su cuerpo comenzó a sacudirse hacia todos lados, como si alguien estuviera dándole corriente. Quise correr para llamar a Carlisle mientras las lágrimas comenzaban a desbordarse de mis ojos pero eso no fue necesario ya que él entro corriendo mucho antes de que yo pudiera alcanzar la puerta.
-Demonios, es una convulsión, dijo mientras Esme se colocaba a su lado y unos enfermeros lo sujetaban a la camilla. Mi cabeza daba vueltas… Mi estómago se revolvía descontroladamente. Salí corriendo de allí a la mayor velocidad que mis piernas me lo permitieron y apenas si conseguí llegar al escusado antes de que todo lo que tenía dentro saliera hacia afuera. Me había esperado gritos, llanto, inclusive insultos por su parte. Jamás creí que estuviera tan vulnerable como para sufrir otro colapso. Me recosté en la pared del baño y comencé a llorar mientras abrazaba mis piernas.
Lloré porque la vida era injusta, lloré por no haber sido lo suficientemente fuerte como para haberme quedado a su lado y lloré por él, porque estaba sufriendo y nadie podía hacer nada para aliviarlo.
Lloré porque compartía su dolor, no de la misma forma pero también lo sentía.
-.-.-
Pasaron algunos minutos más antes que me calmara lo suficiente como para poder respirar sin agitarme demasiado. Decidí tomar mi celular y observar quién me había estado llamando para distraerme un poco. Suspiré cuando vi las 20 llamadas perdidas que Rose había dejado en el móvil y me sentí muy mal por ella. Debía de hablarle, no servía de nada evadir a mis amigas, mucho menos si ellas se preocupaban por mí. Sin pensarlo demasiado marqué su número y esperé.
-Hola, ¿Rose?, dije en cuanto sentí que la llamada había sido atendida. Del otro lado, una voz echa un furia me contestó gritando, dejándome sorda casi al instante.
-¿EN DONDE DEMONIOS ESTÁS, ISABELLA MARIE SWAN?
-Disculpa… Estaba ocupada…No pude atender el móvil.
-¿OCUPADA? ¿DESDE CUANDO ESTÁS OCUPADAS PARA TUS AMIGAS? Alice está que camina por las paredes y todo porque la señorita está ocupada para nosotras.
-Lo lamento… De verdad, linda. Es solo que estoy en el Hospital y…
-Ese estúpido Hospital. Estás todo el día metida allí… Bella, ni siquiera te pagan por ello. ¿Por qué vas tanto?
-Es de eso de lo que quiero hablarte.
-Alice dijo que de seguro nos estabas ocultando algo, estuviste muy rara estos días. Anda cariño, ¿Qué sucede contigo?
-Yo…
-¿ESTÁS SALIENDO CON UN DOCTOR?, gritó de repente cortando absolutamente lo que tenía para decirle.
-Mierda Rose, no… Es… Por otra cosa.
-Pues ¡Vamos! Dilo de una puta vez.
-He estado visitando a… a… Edward.
Un silencio se produjo en la conversación y estaba segura de que ella debería estar intentando recordar quien era el sujeto. Nunca lo llamábamos por ese nombre asique dudaba que supiera muy bien quien era.
-¿Cullen? ¿El dolor de culos Cullen?
-Pues… Sip.
-¿Y qué mierda hace ese chico en el Hospital?
-Rose… Escucha con atención, lo que tengo para decirte es muy serio. Y deja de llamarlo así… Me hace sentir mal.
-Tú le pusiste ese apodo, no me culpes. Anda… ¿Qué hay con él?
No sabía si los padres de Edward querrían compartir su estado con los directivos de la escuela y mucho menos con los alumnos, pero Forks era un pueblo muy pequeño y las noticias volaban como trenes balas, quizá hasta un poco más rápido. Además, confiaba ciegamente en mis amigas y sabía que ellas jamás develarían un secreto de alguna de nosotras, aunque estuvieran amenazadas de muerte.
-Sufrió un ACV. Tiene la mitad del cuerpo dormido y no saben si podrá volver a caminar luego de eso… Por favor no le digas nada a nadie.
-Oh por Dios… Bella… ¿Por qué no nos dijiste nada antes? Todos en la escuela piensan que no ha ido a clases porque se fue de vacaciones por allí… Además… Dios mío Bella, Emmett… Él no me dijo nada.
-Dudo que lo sepa, sus padres no lo han hecho público aún.
-Bella… Sabes que puedes contar con nosotras para lo que sea, ¿Verdad? ¿Tu cómo estás?
Suspiré… Esa era una buena pregunta. ¿Yo como me encontraba? ¿Estaba triste, angustiada… adolorida? ¿Qué me sucedía a mí? No lo sabía, tenía una mezcla de emociones en el cuerpo muy difícil de descifrar.
-Estoy bien, y gracias por el apoyo. Sé que son eternas*, las amo chicas.
-Nosotras a ti cariño. Por siempre.
-.-.-
La noche había caído en las afueras y el cielo de Forks ya era un manto completamente de color azabache. El frío comenzaba a calarme duro en los huesos y sabía que era hora de regresar a casa, además al otro día había escuela. Pero en realidad no tenía ganas de irme de allí. Sentía que aunque me fuera una parte de mi alma se quedaría en la habitación número 19, puesto que allí había sido donde mi corazón se había roto en dos partes.
Quería regresar a preguntar por el estado de Edward, inclusive quería despedirme de él si eso fuera posible, pero no me sentía bien, no tenía la fuerza necesaria para hacerlo. Quizá lo mejor era salir de allí lo más pronto que pudiera y regresar al otro día, más calmada y descansada.
Sin embargo se me había olvidado un pequeño pero importante detalle. Mi mochila con mis útiles, llaves y libros se había quedado dentro de la habitación de Edward, puesto que al salir de emergencias la había llevado conmigo y la había dejado allí.
-Puta mierda, grité enfadada mientras me dirigía a duras penas al área de internaciones una vez más. Quizá podría escabullirme sin que nadie (incluido Edward) me viera y entonces así saldrá ilesa de todo eso. Pero para mí muy pésima mala suerte Esme se encontraba en el banquillo de afuera del cuarto… Con mi bolso entre sus manos. Oh mi Dios, el mundo entero me amaba.
-Hola…, murmuré tímidamente intentando no perturbar a la señora Cullen. Su cabeza apuntaba hacia el suelo y tenía sus ojos muy cerrados. Al oír mi voz me observó de inmediato mientras la intensidad de sus orbes esmeraldas me hacía un hueco en el pecho. Carajo, tenía sus ojos. Al parecer ella notó mi incomodidad y me sonrió dulcemente, intentando aplacar un poco el efecto de su mirada.
-Hola cariño. Vienes por esto, ¿Verdad?
-Si… Yo… Lo lamento, no debí irme así, le dije mientras recogía mi mochila de entre sus manos. Ella era todo perfección y elegancia, la belleza hecha ser humano y andante, pero a pesar de eso pude notar un dejo de tristeza en su rostro. Había estado llorando.
-Descuida… Está un poco mejor.
-¿Qué sucedió´? Juro que intenté ser lo más suave posible, intenté excusarme sintiéndome terriblemente culpable. Nuevo record, dos veces en un mes.
-No fue tu culpa… Su cerebro está muy débil y quizá fue mucho para él. Debimos haber esperado, me dijo intentando calmarme pero aunque fuera muy buena conmigo esas palabras no conseguirían dejarme tranquila del todo. –De cualquier forma, queremos agradecerte… Fue mejor que lo oyera viniendo de ti y no de nosotros. Él.. Nos odia, murmuró de nuevo mientras comenzaba a llorar una vez más y no pude evitar abrazarla. Estaba pasando por un momento horrible y estaba sola, puesto que Carlisle debía de estar cuidando a Edward. Además él era hijo único… Ella debería de estar aterrorizada de perderlo.
Sin embargo, hubo algo que me extrañó mucho en esa situación.
Según el doctor Cullen, Edward se había enfadado con ellos debido a que habían intentado prohibirle que siguiera jugando… Pero ni siquiera se lo habían prohibido del todo. Él no era un mal chico y su reacción parecía exagerada ante ese pequeño pedido… Algo más había pasado allí, algo que ni sus padres ni él habían querido decirme y debía de averiguarlo.
No era el momento, pero sabía que en cuanto tuviera ocasión debería de sentarme a hablar con Edward… Y tendríamos que aclarar más de un asunto.
Buenas tardes a todos, aquí les traigo el capítulo número 5 de nuestra historia. Edward ya sabe lo que sucedió y no reaccionó para nada bien, las amigas de Bella también están enteradas y ahora nuestra chica descubrió algo oscuro acerca de la relación entre Cullen y sus padres. ¿Qué será? Quiero agradecerles infinitamente a todas las que se toman molestias de comentar mi historia, realmente las adoro. Cuando lleguemos a los 30 reviews subo nuevo capítulo. Vamos que podemos! Ayudemos a que esta historia llegue a más gente. Saludos, nos leemos pronto.
*Que una persona sea eterna es una expresión, aquí en Argentina, que significa que puedes contar con ella para lo que sea, en momentos buenos y malos.
