Capitulo 7:
Odiaba a los Cullen, a todos y cada uno de ellos. En un principio mis problemas solo habían sido con Edward, y juro que traté de que sus extraños padres me cayeran un poco mejor que él, pero en ese momento realmente tenía ganas de tomar algún tubo de oxígeno y golpearlos a todos. Bueno… Pensándolo mejor quizá no a Ed, él estaba enfermo y ya tenía demasiado con eso.
No comprendía por qué Carlisle pensaba que yo podía descubrir que sucedía con su hijo. Por supuesto que iba a ayudar a descubrir si el chico estaba sufriendo parálisis de habla o si solo estaba fingiendo, porque era un ser humano, porque tenía conciencia y retirarme de allí me daría mucho en que pensar y demasiada culpa con la cual lidiar, pero estaba comenzando a agotarme de que esos sujetos se limpiaron las manos y dejaran la salud de su hijo en manos de una adolescente que 18 años.
Suspirando y con una enorme confusión en mi cabeza, abrí la puerta de la habitación y entré al cuarto, encontrándome de inmediato con un Edward que miraba silenciosamente el techo. Sus ojos se veían rojos e hinchados, definitivamente había estado llorando y no lo culpaba, cualquiera en su situación habría caído en una depresión incurable. Al parecer él estaba luchando fuertemente contra sus sentimientos.
Sigilosamente y sin querer perturbar sus pensamientos me acerqué a la cama del chico, brindándole una sonrisa pequeña pero sincera. Me alegré de que saliera de mi tan fácilmente.
-Hola Cullen, le murmuré dejando mi bolso en el suelo, pero, para mi enorme sorpresa él ni siquiera me miro y sin emitir ni un pequeño sonido se giró hacia el otro lado, dándome la espalda.
¿Qué - demonios? Estaba encerrada allí casi en contra de mi voluntad, perdiendo tiempo valioso de mi vida solo para cerciorarme de que se encontraba medianamente bien, y él lo único que hacía era voltearse… De repente había recordado las razones por las que lo odiaba tanto. Porque siempre era así, infantil y caprichoso.
"Bella, se buena con él", me dije a mi misma, "Recuerda que está pasando por un pésimo momento".
Nuevamente suspiré y acerqué una silla que se encontraba en una esquina a un lado de su cama. Al parecer, descubrir qué había detrás de la ausencia en su habla nos llevaría mucho, pero mucho tiempo, sobre todo si mi conciencia se encontraba tan buena y sentimental aquel día.
-Mira chico, yo no quiero estar aquí. (Bueno, no precisamente. Había ido allí por propia voluntad y preocupada por él). Tus padres tienen miedo porque al parecer no puedes hablar, o no hablas, y no es que yo este preocupada también (mentira cochina) pero quiero saber qué demonios te sucede.
Nada. Su respuesta fue no hacer nada. Ni siquiera un quejido escapó de su garganta, el único movimiento que su cuerpo hacía era subir y bajar debido a su respiración. Al parecer, eso no iba a funcionar. Debía pensar en algo mejor, algo que realmente lo ayudara a hablar.
-Me gustaría que me dijeras que sucede contigo, podemos hablar de lo que quieras, tus miedos, tus dudas…
Mierda, no… Eso sonaba horrible. Brevemente recordé una conversación con una psicóloga fracasada que había sido igual de estúpida, luego de que ella intentara convencerme de que mi perrito no había muerto atropellado en la carretera, sino que había pasado a una vida mejor de una forma no dolorosa.
-Escucha, Cullen. Si no me dices que te sucede juro que buscaré tu auto y lo prenderé fuego luego de haber rajado todos sus asientos y...
Las amenazas definitivamente deberían funcionar, más aún si incluían su auto, pero en cuanto vi cómo se encogía de hombros supe que había sido muy malo hablar del Volvo. Edward no sabía si podría volver a conducir, y recordárselo en un momento como ese no había sido oportuno en lo absoluto. Tendría que comenzar a medir mis palabras al máximo y tener mucho cuidado en lo que decía, de lo contrario podía ocasionar reacciones aún más terroríficas que aquella.
Y nuevamente suspiré… Mi día no podía ir peor. Primero había sucedido el interrogatorio con Charlie, luego la pelea entre Rose y Alice, después lo del comportamiento extraño con el padre de Edward y ahora eso. Lo único que podría mejorarlo habría sido escuchar a Cullen hablar, para al menos sacarme una preocupación de encima.
Y de repente, hablando de preocupaciones, recordé un detalle que había olvidado por completo: el trabajo de literatura. Mierda, quería morir… Definitivamente nada bueno sucedería en esa semana. Debido a la incomodidad que me había producido hablar con mi padre, había guardado todos mis libros en la mochila y había salido de allí rápidamente, olvidando por completo que tenía que escoger un texto lo más pronto que me fuera posible, de lo contrario recibiría una enorme F en mi boletín de calificaciones.
Ignorando a Edward (quien también me ignoraba) me giré hacia el suelo y tomé mi bolsa entre las manos. Estaba segura de que no le sucedía nada malo, de seguro no quería hablar porque estaba aun procesando la noticia de que no podría volver a caminar con normalidad y cuando uno recibe noticias con semejante impacto lo único que desea es estar solo. Quizá si me concentraba en mi trabajo se me ocurriera alguna forma de hacerlo hablar.
"Dile que lo amas", sugirió mi conciencia y casi grito ante semejante idea. Mi estómago se revolvió y comencé a sudar. Por favor, estaba desesperada por saber si él decía la verdad o no, pero tampoco era necesario ir hasta el extremo de mentirle como si fuera un chiquilllo. Apenas si nos hablábamos antes de que pasara lo del ACV, era obvio que yo no lo amaba y él sabría que estaba engañándolo. ¿Por qué mi mente había hecho semejante sugerencia? Ni siquiera quería pensarlo, mi estúpida conciencia se había ganado un lugar en mi lista negra.
Intentando cambiar de tema, abrí mi mochila y comencé a revolver entre los distintos libros que allí tenía, buscando alguno que me llamara la atención lo suficiente como para merecer formar parte de mi investigación.
Y entonces lo vi… Allí estaba, brillando como si fuera mi salvación en medio de tanto infierno. Señoras y señores: El Diario de Noah.
No era un buen libro, en realidad estaba segura que de hacer mi trabajo con ese texto la profesora me expulsaría de su clase y de la escuela si le era posible. Pero si era una buena elección para aquel momento, sobre todo porque había algo de historia entre Edward y yo con respecto a esa novela.
*FLASH BACK*
-No esperaba esto de ti, Swan, dijo Edward mientras se acomodaba a mi lado en el escritorio, señalando con un dedo el libro que sostenía entre mis manos. Alice me lo había recomendado luego de que hubiera pasado tres días enteros llorando al terminar de leerlo, y su reacción me había intrigado hasta el punto en que había deseado saber el porqué de tanta emoción. Por supuesto que desde la primea página que había leído, había estado tan pegada a la maldita novela que apenas si prestaba atención a clases.
-¿A qué te refieres?, le contesté algo molesta mientras cerraba el libro. Odiaba hablar con Cullen, rara vez lo hacía a menos que la conversación fuera sobre la asignatura, pero en ese momento su comentario me había causado algo de curiosidad.
-Todas las mujeres del mundo están leyendo ese estúpido libro, no entiendo el por qué. Ese tal Noah ni siquiera es tan bueno.
-Tu piensas eso porque, en primer lugar, eres un sexópata sin sentimientos, en segundo, porque jamás serías igual de genial que este sujeto y en tercero, porque no lo has leído. Eso se llama tener envidia.
-¿De un personaje de un libro? Olvídalo, yo tengo mujeres reales detrás de mí. Además, nunca leería esa porquería, ni te dejaría que me lo leyeras tampoco.
*FIN FLASH BACK*
Genial, eso era sencillamente asombroso. Si Edward era fiel a su palabra tanto como yo creía me detendría en cuanto comenzará a leer.
-Oye Edward, ya que no quieres hablar… No te molestará que lea un poco, ¿Verdad? Te gustará, lo juro.
Y entonces comencé, empecé a leer desde la primera aparición de Noah y juro que vi como Cullen se removía en su cama con incomodidad. Lo sabía, era una verdadera genio… Él no aguantaría más de dos minutos antes de detenerme.
Pero entonces, además de eso pequeño movimiento, él no hizo más nada, y mi corazón sintió decepción una vez más. Tenía que hurgar más en su cerebro si quería enfadarlo de veras. Y otra cosa que él había dicho odiar era que las mujeres idolatraran a Noah, asique tendría que probar con eso. Situaciones desesperadas requieren de medidas aún más desesperadas.
-Oh, Jesús… Noah es tan perfecto… Juro que si tuviera un hombre así en mi vida jamás lo dejaría ir.
Lentamente Edward se volteó, y se acomodó de espaldas a la cama con su mirada apuntando hacia el techo una vez más. Tomé eso como una señal positiva en lo que estaba haciendo y continué actuando como si la vida se me fuera en ello. Si todo salía bien luego de aquella tarde debería ganar un Oscar al menos.
-Es hermoso, trabajador, humilde y lo mejor de todo, ama con locura a su chica A cualquier mujer le encantaría estar con él y sin embargo sigue eligiendo a su Allie a pesar de todo. ¿En dónde están los hombres como él? De seguro están hacinados en una isla, porque yo no conozco ninguno qu…
-Noah es un idiota.
Y entonces sucedió… Cuando ya no me quedaban más opciones debajo de la manga, cuando comenzaba a perder la esperanza en Edward, cuando pensaba que nada podía ir peor él habló… Me habló y sonreí, sonreí porque se sentía bien, porque escuchar su voz me hacía feliz y me daba fuerzas para creer que todo saldría bien, y que cuando menos quisiera verlo Cullen por fin saldría de allí.
-Mierda, pronunció un segundo después y volvió a su posición anterior, dándome la espalda. No me importaba en lo absoluto si él decidía ignorarme nuevamente… Había descubierto su pequeña farsa, y el hecho de haberlo escuchado lo había dejado al descubierto… Gracias Nicholas Sparks.
-Edward…, le dije suavemente mientras guardaba el libro en mi mochila. Luego tendría tiempo de hacer la tarea, por el momento solo me importaba hacerlo sentir mejor, y descubrir la razón por la que había decidido no volver a hablar hasta hacía algunos segundos atrás.
Era extraño, porque hasta ese momento había estado furiosa con él… Pero solo había bastado oírlo una vez, o mejor dicho dos veces, para enviar todo al demonio y centrarme en Edward. ¿Qué demonios estaba pasando conmigo? Me daba asco.
-Vete.
-Habla conmigo, por favor…
-No quiero hacerlo, tú y los sujetos que están afuera pueden irse a la mismísima mierda.
Demonios, aquellas palabras habían dolido bastante. No comprendía el porqué de su enojo hacia mí, es decir, yo no había hecho más que preocuparme por él.
"Quizá se deba a que tu le dijiste que iba a ser un inválido toda su ida", me respondió mi estúpida voz interior y tuve que asentir ante aquello. Tenía razón, uno odia el mensaje y al mensajero, Edward me odiaría por siempre por haberle dado aquella horrible noticia. Pero algo peor sucedía, aun mas complicado que enviarme a ese lugar no tan agradable, y tenía que ver con sus padres.
Se había referido a ellos como "los sujetos" en lugar de padres, y eso no hacía mas que agregar dudas a mi cuestionamiento. ¿Qué sucedía entre ellos? Debía de averiguarlo lo antes posible. Peo sería horrible saltarle a Edward con esa pregunta en un momento tan doloroso para él como aquel. Debía de ser sensible y hablarle con el corazón, o al menos con el cerebro, con lo que fuera…
-Mira Cullen, lo lamento. Juro que odié tener que decirte eso, yo no quería pero tus padres pensaban que sería mejor que lo escucharas viniendo de mi. ¿Sabes que? En realidad, no lo lamento, porque sé que te dije las cosas con el mayor cuidado posible, haciendo un enorme esfuerzo por no derrumbarme, y dudo que alguien, cualquier otro, se hubiera esforzado de esta manera por causarte el menor daño posible.
Abrir el corazón era mala idea, sobre todo viniendo de una semana en donde el pobre había sufrido demasiado. El hablar con Edward y recordar todo lo que me había apenado en esos días me estaba provocando unas incontrolables ganas de llorar.
-Entiendo que estés enojado conmigo, pero no me merezco tus insultos ni que me ignores. He estado viniendo todos estos putos días a ver cómo te encontrabas, cuando ni siquiera los sujetos a los que llamas mejores amigos se han preocupado por ti. Deje de lado mi voluntariado para dedicarme de lleno a tu salud, y te odio… Juro que te odio pero te ayudaré a salir de esto, juntos podremos hacerlo.
-¿Por qué harías algo por mí? Tu misma lo dijiste, me detestas y no te intereso en lo más mínimo. Siempre lo has dejado muy en claro.
-No, por supuesto que no me interesabas, pero odio verte así. Quizá odio más todo esto que a ti mismo. No eres mal chico y no mereces lo que te pasó, pero nosotros simplemente no podremos llevarnos bien nunca. Somos distintos, buscamos cosas diferentes y nuestras personalidades chocan como asteroides.
-Por supuesto que nunca seremos compatibles… Yo soy yo y tú eres una puta santurrona con un enorme cargo de conciencia Es solo por eso que vienes a verme.
Purgar el alma me estaba doliendo demasiado, y Cullen ni siquiera valía la pena. Me había equivocado con respecto a él, de seguro sus padres habían inventado todo lo de que él les había hablado de mi para sacarse la tarea de dar la mala noticia de encima. Me odiaba, me odiaba por haber creído que él era diferente. En realidad, era tal y como me lo imaginé siempre: pedante y soberbio.
-Vengo aquí con la clara intención de ayudarte, de hacer que puedas salir adelante y sigues tratándome como basura. Es justo por esto que siempre mantuve la distancia entre nosotros, porque eres… eres como el fuego. Tu luz y tu brillo atraen a las personas, pero… Cuando se acercan demasiado terminas quemándolos… Y arruinándolo todo.
Y tomando mis cosas de allí me fui, salí de esa habitación lo más rápido que me había sido posible, antes de que Edward pudiera ver mis lágrimas. Nunca debería haberme sentido interesada por su estado, había gastado días de mi vida en él, sentimientos y fuerzas en hacerlo sentir mejor, y el solo me había tratado como a una cualquiera. Lo sentía mucho por Cullen, pero daba lo nuestro (fuera lo que fuera que teníamos… Amistad, compañerismo, lo que fuera) por terminado. Si él quería arruinarse la vida uniéndose en una enorme depresión sería su culpa, yo no quería tener nada más que ver con él.
Y me juré a mi misma, en ese mismo momento, que a partir de entonces el nombre de Edward Cullen estaría vetado de mi vida… Y eso jamás cambiaría, por nada del mundo.
Vaya vaya… Nuestra Bella sacó las garras y se defendió de un malvado y cruel Edward. Ella ha dicho que jamás va a volver a pensar en él, pero… ¿Realmente podrá? ¿Qué sucederá en el próximo capítulo cuando ella… ella… chan chan chan! No puedo decirles más que eso, solo comentarles que ella cometerá una locura que cambiará las cosas para siempre. Quería agradecer a cada personita que dejó su comentario, quiero que sepan que los leo todos y los tengo muy en cuenta. Los amo, gracias por el apoyo. 50 reviews y va el nuevo capítulo… Nos leemos pronto.
