Capítulo 8:
Estaba enfadada… Bueno, en realidad decir eso era poco, estaba completamente furiosa. Odiaba a Edward más que antes, odiaba su maldito ACV y me odiaba a mí misma por haber pensado que la inexistente relación entre nosotros podía mejorar, por haber confiado en que él no era tan malo como siempre había imaginado. Las personas como Cullen nunca cambian, son una mierda durante toda su vida y había tenido que aprenderlo a la fuerza para comprenderlo.
Sin embargo, aunque me gustaría echarle a él la culpa de todos mis problemas, también estaba de mal humor por otra, o mejor dicho, otras cosas. Y es que ese día había comenzado de la peor manera posible, siendo la llamada de Reneé un mal augurio de lo que tendría que soportar durante aquella jornada.
No había querido contestar el teléfono por muchas razones, primero que nada porque no tenía ganas de hablar con nadie, en segundo lugar porque había estado llorando toda la noche y mi voz estaba débil y en tercer puesto, porque no estaba de buen humor como para lidiar con mi ausente madre. Pero en el fondo sabía que si no atendía el móvil seguiría llamando hasta que le contestara o hasta que se quedara sin batería, lo que sucediera en primer lugar. Y además, en raras ocasiones ella se acordaba de mi existencia, asique de seguro algo muy importante había sucedido.
Sin muchas ganas y lamentando mi estúpida decisión le dí al botón de contestar.
-¿Hola?
-Hola Bella, cariño, ¿Cómo estás?
-Bien… mamá… Emmm…. ¿Y tu?, pregunté a sabiendas de que esas palabras desencadenarían su vómito verbal y comenzaría a largar tantas palabras que mis oídos comenzarían a zumbar de escuchar tantos chillidos.
-Mal, este lugar se pone cada vez peor. Detesto que haga tanto calor y además Phill está todo el día trabajando y me aburro mucho estando aquí tan sola.
-Podrías regresar a Forks, dije sin pensar demasiado en eso, pero rogando que no aceptara la propuesta porque eso significaría tener que volver a tenerla en casa y soportar su pésimo humor y las constantes peleas con Charlie de nuevo.
-Olvídalo cariño, nunca volvería allí. Ese lugar es demasiado frio y pequeño, me volvería loca en dos minutos.
¿Había dicho ya que aquella mañana ESTABA ENOJADA? Bueno, el hecho de que mi mamá llamara solamente ara quejarse, que no le gustara nada y que fuera tan indecisa me rompía la cabeza de tal forma que me nacían unas ganas impresionantes de enviarla a la mierda… Pero debido a que estaba enfadada, también me puse irritable y eso fue todo….
-Bueno, llámale al presidente Trump para que construya un estado con tus malditas especificaciones, porque no puedes vivir en un lugar en donde no haga frio ni calor, que no sea grande pero tampoco pequeño y, por sobre todas las cosas, con gente que tenga el humor suficiente como para soportar tu carácter de mierda, le grité en modo de respuesta mientras colgaba mi móvil y gritaba contra mi almohada.
Reneé había sido buena madre y buena esposa hasta donde había aguantado… Sin embargo, de un día hacia otro había dejado a mi padre a cargo de una niña de apenas 8 años mientras ella huía de Forks argumentando que quería conocer otros lugares y que las cosas entre ellos no podrían funcionar nunca más. Un mes después de eso ella había formalizado su relación con Phill, y entonces el poco amor que aún le tenía había desaparecido casi por completo. No quería pensar en que ella hubiese engañado a Charlie con ese hombre, ni en nada parecido, pero era muy posible por lo que prefería evitarla a toda costa para demostrarle lo herida que estaba y lo poco que me importaba su estúpida vida.
Unos segundos después de haber cortado la llamada con mi madre sentí unos pequeños golpecitos en la puerta y suspiré mientras me daba en la frente con la mano. Había olvidado que mi casa era pequeña y todo se escuchaba de punta a punta, desde un pequeño susurro hasta los gritos que le había dado a mi madre hacía unos minutos. Demonios, se vendría el sermón del jefe Swan.
-Adelante.
-Buen día Bella… ¿Estás bien? Escuché gritos, dijo mientras restregaba sus ojos con una mano. De seguro había estado durmiendo cuando yo había hecho todo el escándalo. Debería de tener más cuidado con eso, él no se enfadaría conmigo por despertarlo pero debía dejarlo dormir. Era una persona muy desconsiderada.
-Si… Era mamá, quejándose como de costumbre.
-Ahhh… Bien, dijo rascando su bigote distraídamente. El tema de mi madre siempre le ablandaría el corazón aunque los años hubieran pasado. Nunca superaría escuchar su nombre. -¿Y cómo está ella?
-Supongo que bien, realmente no me importa. Y tampoco debería de importarte a ti.
-Bella… Aunque nos hayamos divorciado ella es tu madre y siempre va a serlo. Al igual que es mi esposa y…
-No, ella no es tu esposa, se divorció a escondidas y nos dejó tirados aquí mientras se iba con otro sujeto, le contesté algo molesta por su percepción sobre ella. Charlie era demasiado buen, no merecía vivir para siempre con el recuerdo de aquella mujer que había amado y que tanto daño le había hecho.
-Bella, no hables así de ella ni me contestes a mi. Soy tu padre y al igual que ella merezco respeto, dijo con un tono de voz duro y poco común en él. Sus ojos se veían apagados y dentro de mi corazón sabía que se debía al recuerda de ella, no al sueño que tenía.
-Ella no te respetó, ni a ti ni a mi, no voy a tratarla de una buena forma si ella solo llama para hablar de la especial vida que lleva junto al hombre que te suplantó a ti.
No era bueno estar enojada, mucho menos furiosa, porque cometía el error de lastimar a las personas que quería y que no lo merecían, como era el caso de Charlie. Él simplemente se había dado la vuelta y había salido de mi cuarto sin decir ninguna otra palabra, pero eso no era necesario porque sabía que había sido malvada y que lo había hecho sentir mal.
Con el corazón destrozado tomé la almohada y la aplasté contra mi rostro, haciendo fuerza para no llorar. Me detestaba por haber sido tan fría y no haber tenido consideración con mi padre, me odiaba por haber sido tan mala… y todo era por culpa del estúpido Edward Cullen.
-.-.-
Si la mañana en mi casa había sido realmente mala, la tarde en la escuela estaba a punto de ser peor… Mucho peor.
Por empezar, las clases habían estado más que aburridas y había tenido que soportar el constante murmullo de personas que, repentinamente, habían recordado que teníamos un compañero llamado Edward Cullen y que hacía algo de una semana que no asistía al Instituto. Me había sorprendido que les hubiese tomado tanto tiempo notar su ausencia, y me molestaba enormemente que fueran tan hipócritas de querer estar con él cuando estaba sano y era popular y olvidarlo cuando, evidentemente, algo malo le había sucedido.
Mis niveles de furia contenida estaban altísimos, y estaban a punto de dispararse. Pero al parecer, yo no era la única con un especial enojo esa mañana, puesto que a juzgar por la cara de pocos amigos de Rosalie, ella también estaba batallando con su mal humor aquel día en el almuerzo.
-¿Qué pasa contigo?, le pregunté mientras me sentaba a su lado en la mesa, dejando mi bandeja con comida frente a mi. Alice todavía no llegaba.
-Nada. ¿Debería pasar algo?
-Díselo a tu cara entonces.
-Es mi cara, no puedo volver a nacer y cambiarla.
Vaya, si que estaba enojada. Inclusive parecía más furiosa que yo. Y cuando Rose se irritaba por algo era mejor mantener la guardia alta con ella, o atenerse a las consecuencias de molestarla. Buscando preservar mi salud por el mayor tiempo que pudiera, decidí ignorarla y concentrarme en mi comida. Pero entonces Alice apareció… acompañada por Jasper, y la mesa comenzó a ponerse interesante de nuevo.
-Hola Bella, chilló ella sonriendo mientras a su lado el tímido muchacho movía una mano a modo de saludo. Rose se encontraba mirándola fijamente como esperando a que le dijera algo, pero la pequeña duende pasó de ella olímpicamente y se sentó como si la rubia no estuviera allí.
-¿No piensas saludarme?, le dijo ella desafiándola con sus hermosos ojos claros mientras Alice tomaba su móvil y comenzaba a jugar a algún juego estúpido de celular tal como la viborita, o el tetris. Jasper lucía incomodo, realmente incómodo. -Veo que me has cambiado por otro Hale.
-Oye, Rose…, intenté calmarla tomando su brazo, pero ella me quitó la mano de encima e irguió su espalda en la silla. Oh, demonios no… La víbora iba a atacar.
-Gracias hermanito por haber provocado que una amistad de años se rompiera. ¿Ves lo que digo? Siempre arruinas todo, no sirves para otra cosa más que para dañar todo lo que tocas… Y no te juzgo por estar enfermo, pero a veces eres tan idiota que no te fijas en el daño que estás haciendo.
Bueno, eso había dolido. Me había dolido a mi y eso que yo ni siquiera era Jasper. El tema de su enfermedad era algo delicado y no para tomar a la ligera. El hecho de que Rosalie hubiera sido la que había atacado con ello me revolvía el estómago, porque si yo tuviera hermanos jamás los trataría de esa forma, bajo ninguna cuestión. Ellos eran familia, por sus venas corría la misma sangre y a pesar de eso se odiaban como si fueran los peores enemigos.
De repente, Jasper empujó su bandeja de la mesa y se levantó con fuerza, mientras caminaba alejándose de allí. Alice levanto la mirada de su celular y la clavó en Rose, quien sonreía triunfal.
-"Eres tan idiota que no te fijas en el daño que estás haciendo". ¿Realmente lo dijiste por Jasper o te proyectaste a ti misma en esas palabras?, y una vez dicho eso se levantó y salió corriendo detrás del muchacho que se alejaba a gran velocidad.
Wow… Eso había sido un descubrimiento. Nunca imaginé que la pequeña tuviera tanto carácter como para enfrenar a la gran rubia. Me giré hacia un lado para intentar hablar con mi amiga y así ver si por lo menos conseguía calmarla, pero lo único que pude ver fue su cabellera rubia agitándose mientras ella se alejaba por el camino contrario a donde el resto se había ido.
Y luego de esa pelea, de haber presenciado ese corto pero intenso enfrentamiento, me había quedado sola… Sola con mis pensamientos en mi hora favorita del dia, que de a poco comenzaba a perder ese puesto.
Cuando había despertado con la llamada de Reneé había sentido que ese sería un pésimo día, pero nunca me habría imaginado que iba a ser tan malo. Nada podría empeorarlo…
Y entonces sucedió.
Mi móvil comenzó a vibrar y lo saqué de mi bolsillo distraídamente, mientras veía que era un mensaje de un número desconocido.
"Lo lamento, fui un idiota"
Eso fue realmente extraño por dos motivos: primer y principal, muchas personas habían sido idiotas conmigo ese día, y en segundo lugar, nadie tenía mi número telefónico más que mis amigas, mi padre y Reneé. ¿Quién podría ser?
"Quién eres?"
"Soy Edward"
Puta mierda, casi se me cae el teléfono de las manos cuando lei el nombre en la pantalla. ¿Edward? ¿Cómo demonios había conseguido mi número de teléfono? Peor aún… ¿Por qué me estaba escribiendo? No era como si fuera a disculparlo solo porque pidiera perdón en un puto mensaje.
"Quien te dio mi número?"
"Eso no importa. Quiero disculparme contigo. Ya me dieron de alta".
Es noticia me provocó algunas emociones encontradas. Por un lado estaba feliz de que ya hubiera salido del Hospital, eso significaba que estaba un poco mejor que antes y que pronto podría regresar a la escuela. Pero por otro lado no me interesaba en lo más mínimo, estaba dolida y nada quitaría eso.
"Bien por ti"
"Quiero hablar contigo"
"Yo no"
"Ven a mi casa, déjame explicarte todo"
¿Ir a su casa? ¿A SU CASA? Estaba loco si pensaba que iba a ir a su mansión que se encontraba en el agujero del mundo solo a hablar con él (Forks era tan pequeño que todos sabían a donde vivían todos, puesto que la gente era poca y las casas aún mas escasas).
"Ni muerta"
"Por favor. Hare lo que quieras"
¿Qué CARAJOS ESTBA PASANDO? Edward había dejado muy en claro que yo no era más que un insignificante guijarro en su vida. Solo eso, ¿Y ahora estaba dispuesto a hacer lo que quisiera con tal de ir a su casa?
¿Pero qué tan dispuesta estaba yo de ir a su casa? Sabía que si cedía ante sus pedidos las cosas no volverían a ser iguales…. O podría salir de allí siendo la mejor amiga de Edward o saldría odiándolo aún mas, y ya no cumpliría mi promesa de ayudarlo a salir adelante. Además, era una mujer fuerte, me había dicho a mi misma que jamás perdonaría las palabras de Edward y tomar la decisión de ir a verlo sería traicionarme a mi misma.
Pero ya me había traicionado hacía mucho tiempo, cuando había tomado la decisión de ir a verlo al Hospital luego de su desmayo. No podía cumplir ni las promesas que me hacía a mi misma, menos iba a cumplir las que le había hecho a los demás. Lo mejor era no ir, no aceptar verlo nunca mas…
Y sin embargo mi corazón había dado un brinco al leer sobre su invitación. Me había prometido alejarme de él pero también debía ser fiel a mi misma y a mis sentimientos.
¿Qué hacer?
-.-.-
Al escuchar la campana de fin de clases había tomado todas mis cosas con velocidad y me había dirigido a mi vieja camioneta rápidamente, con los mensajes de Edward dándome vuelta en la cabeza. ¿Qué quería hacer? ¿Qué decisión debía tomar? No lo sabía, solo tenía 18 años y un corazón demasiado idiota como para poder lidiar con él.
Tenía dos opciones, ir al voluntariado en el Hospital o ir a la casa de Edward para resolver todas mis dudas y aclarar las cosas de una puta vez. ¿Hacia dónde ir? Encendí el ruidoso motor y puse en marcha el vehículo, sorprendiéndome cuando mis manos me dirigieron hacia el lado contrario al Hospital, justo hacia donde el bosque se encontraba.
Maldición, la suerte estaba echada.
Hola a todos, ¿Qué tal están hoy? Aquí les traigo este nuevo capítulo. Edward pidió perdón y Bella aceptó a ir a su casa. ¿Qué pasará allí? ¿De qué hablaran? ¿Nuestra Isabella le preguntará acerca de lo que ha hablado con sus padres? ¿Él le dirá por qué odia tanto a los Cullen? Pronto lo sabremos, cuando la historia llegue a los 65 reviews actualizo. Gracias a todos los que se toman la molestia de dejarme un comentario y hacerme saber cómo se sienten con respecto a la historia. Los amo, nos leemos pronto… Saludos!
