Capítulo 2

Al principio, no pareció haber respuesta, y Zoro tuvo el salvaje impulso de echar a correr y alejarse lo máximo posible de aquel lugar.

Pero unos segundos después, alguien le observó por la mirilla y comenzó a descorrer los cerrojos. Zoro se percató de que había cámaras en la entrada, y en algunas de las ventanas de los pisos superiores.

La puerta se abrió, y un hombre de aspecto sucio y greñoso se encontró cara a cara con Zoro.

Tenia el pelo teñido de azul, recogido en una coleta, y la nariz de color rojizo. Iba mal afeitado, y llevaba un uniforme con su nombre escrito.

-"Buggy"-leyó Zoro en voz baja.

El emitió un gruñido de desdén.

-¿Nombre?-le espetó.

-Zoro. Roronoa Zoro-respondió él, algo descolocado.

Buggy lo buscó en un cuaderno con la marca del colegio: una mano sujetando con fuerza una regla. Cuando por fin lo encontró, le pidió su documentación.

-Me estoy mojando-dijo Zoro enfadado, mientras Buggy revisaba su carnet de identidad.

-Me importa un bledo-respondió con desprecio. Después de revisar con una lentitud exasperante que todo estuviese en regla, le hizo entrar.

Buggy le llevó hasta su despacho, un cuartucho lúgubre con olor a tabaco, donde había una mesa de trabajo llena de objetos requisados. Zoro vio entre otras cosas móviles, revistas con contenido nada apto para menores y también varias navajas, algunas manchadas con sangre.

-Eres el 246-dijo Buggy, sacando de una cotrosa máquina un papelito marcado con el número y dándoselo-tienes que guardar esto, por si te lo piden.

-¿Y si lo pierdo?-preguntó Zoro, algo desafiante.

-Te partiré las narices-respondió Buggy, sin alterarse.

Zoro le iba a responder algo a Buggy acerca de su narizota, pero pensó que era muy pronto para meterse en líos.

-Lárgate ya-dijo, mientras apartaba los objetos requisados de su mesa.

-¿Y mi habitación? -insistió Zoro.

-Busca en la entrada-gruñó Buggy, mientras abría una de las revistas no aptas.

Zoro prefirió no insistir, y salió de allí asqueado. Si ese era el conserje, no quería ni imaginar al resto del personal. ¿Cómo se le había ocurrido a su padre mandarlo allí? Ni siquiera se debía de haber molestado en enterarse de como era el sitio.

Pero lo primero era lo primero: la habitación.

En el vestíbulo de la entrada, al lado del "despacho" de Buggy, había un panel con los números de los alumnos y su habitación correspondiente. Zoro buscó la suya.

-246... 246...-repetía mientras buscaba entre todos los números.

Se dio cuenta de que unas chicas le miraban y reían discretamente. Llevaban ropa muy ligera, y una de ellas tenía el pelo teñido de rosa. No eran especialmente guapas, pero no tenían un mal cuerpo.

Zoro notó cierto calor en su interior. Hacia casi un mes que no había mantenido relaciones sexuales con ninguna chica. Y eso para un chico en plena ebullición como él era mucho tiempo.

Lanzó una de sus miradas fulgurantes a las dos jóvenes, y ellas miraron hacia otro lado, avergonzadas. Parecían las tipicas niñitas sumisas. Sin duda podían ser buenas presas...

-¡HOLA A TODOS!-una voz estridente sacó a Zoro de sus torvos pensamientos.

Se giró para encontrarse con un joven larguilucho, un poco más bajo que él, de pelo negro y alborotado, que llevaba un viejo sombrero de paja en la cabeza. Debajo de su ojo izquierdo tenia una curiosa cicatriz. Su rostro era agradable, y a Zoro le pareció divertido (y eso el taciturno Zoro podia decirlo de pocas cosas).

Pero entonces volvió a gritar:

-¡ME LLAMO LUFFY! ¡VOY A SER EL REY DEL REFORMATORIO!

-¡Te quieres callar de una maldita vez!-rugió Buggy, que iba detrás de él, furioso-¡Todos los años lo mismo!

-Shi shi shi-rió el chico llamado Luffy-perdón, Bugo.

-¡Ya te he dicho que no me llames así!-chilló Buggy.

Las chicas rieron tontamente y Luffy se volvió hacia ellas, encantado de tener un público.

-¡Hola chicas!-saludó alegremente.

-¡Qué bajes la voz, puñeta!-insistió Buggy.

-Hola Luffy-le saludo la del pelo rosa-¿qué tal el año?

-Psche, ya ves-sonrió el muchacho-¡Estoy aquí otra vez! ¡A la tercera va la vencida!

Rieron otra vez.

Zoro arqueó una ceja, extrañado.

-¿No es la primera vez que vienes aquí?-preguntó. Al oír su ronca voz, las chicas volvieron a reír, encantadas.

Luffy se volvió hacia él, con una cálida sonrisa en su rostro.

-¡Hola! ¡Soy Luffy!-le saludó.

-Eso ya lo has dicho-dijo Zoro. La jovialidad de aquel chico resultaba extraña. Y desde luego contrastaba con aquel deprimente lugar.

-¿Quieres ser mi amigo?-preguntó Luffy, ofreciéndole la mano.

Aquello si que no se lo esperaba.

Contempló el rostro de Luffy y su gran sonrisa.

-Oye, no quiero parecer borde, pero yo... no he venido a hacer amigos-dijo Zoro. Lo había estado reflexionando durante todo el viaje. Le convenía estar solo. Pero algo en su interior parecía querer llevarle la contraria. ¿Qué importaba decirle a aquel rarillo que era su amigo?

Luffy, por su parte, parecía muy sorprendido.

-¿Por qué no?-preguntó, extrañado.

Zoro se sintió bastante incómodo. Las dos chicas y hasta Buggy le miraban.

-Pues...porque no-respondió. Vaya día más incomodo llevaba - esto es un reformatorio... ¿no?

-Si-dijo Luffy, llanamente-¿Y qué?

-Pues...-Zoro estaba ya un poco molesto-¡Pues que estamos aquí castigados!

-¿Y qué? -reiteró Luffy.

-Pues...¡pues que no me parece un lugar para hacerse amigos!-estaba siendo ridículo.

-¿Por qué?-preguntó Luffy, cada vez más extrañado.

Zoro exhaló un profundo suspiro.

-¿Sabes? Da lo mismo-cedió finalmente.

-¿Entonces eres mi amigo?-preguntó Luffy, sonriendo de nuevo.

Zoro no sabia si reír o enfadarse. Normalmente, cuando era desagradable la gente le dejaba en paz. Pero algo le decía que con aquel tipo eso no iba a funcionar.

-¿Cómo te llamas?-siguió Luffy-¡Yo soy Monkey D. Luffy! Eso ya lo he dicho, shi shi shi... ¿Qué número eres? ¡Yo soy el 247!

-¿El 247?-se alarmó Zoro- Entonces...

Presa del pánico se giró hacia el tablón de habitaciones, para encontrarse con que, efectivamente, su número y el de Luffy iban juntos. Aquel chico era su compañero de habitación.

-¿Eres el 246? ¡Total! ¡Colegas de cuarto!-Luffy no pudo reprimir sus ansias amistosas, y corrió a "establecer contacto" con su nuevo compañero.

-¡Para! ¡Joder!-Luffy se le había agarrado, y mientras le abrazaba efusivamente, le rascaba el cabello.

-¡Guau, un pendiente! ¡Mola un huevo tío! -dijo, tirando de la oreja de Zoro.

Buggy reía con malicia, mientras las chicas les observaban encantadas.

-Te lo vas a pasar bomba chaval-se burló el conserje-¡avisame cuando quieras suicidarte!

-¡Bueno, vale ya!-Zoro se zafó de Luffy, que se quedó mirándole emocionado-lo mejor es que vayamos al cuarto. ¿Sabes llegar?

Luffy miró el cartel, interesado.

-Habitación 39... ¡Seguro que sí!

Agarró a Zoro y echó a correr por el vestíbulo hacia los oscuros pasillos.

-T-te quieres esperar...-jadeó Zoro, mientras él le arrastraba.

Pasaron al lado de un cartel con un cuadro de un hombre de aspecto severo, escrita en él una advertencia bien clara:

"El orden y la disciplina

son las bases del progreso.

Alumno de Shinsekawa

¡Obedece! ¡No faltes jamás al orden!

Solo así conseguirás mejorar y llegar a ser alguien un día.

De lo contrario, actuarás en contra de tu provecho

Y las consecuencias serán tu fin"

-Nunca lo he entendido muy bien-dijo Luffy, echándole una rápida ojeada al hombre severo.

-Quiere decir que si les desobedeces te joden-resumió Zoro.

Luffy lanzó una risotada. Pero a Zoro no le hacía ninguna gracia. Aquello parecía más una prisión de máxima seguridad que un "colegio de recuperación" como le habían dicho en un principio. Había amenazas en las paredes, y gente nada recomendable, como Buggy.

Siguió corriendo detrás de Luffy, hasta que se dio cuenta de que habían pasado por el mismo cartel de advertencia tres veces.

-Esto...¡Luffy! ¡Espera!-llamó.

Él seguía corriendo y dando botes.

-¡Para! ¡Espera, joder!-bramó Zoro, que al instante bajó la voz, dándose cuenta de que lo había gritado.

-¿Qué?-preguntó Luffy, con amabilidad.

-¿Sabes a donde vamos?-preguntó Zoro.

Luffy lanzó una risita nerviosa.

-Estooo...bueno, ya sabes, a veces uno se desorienta un poco...

Luffy trató de excusarse.

-Pero...-se sorprendió Zoro- ¿no era que habías venido antes ya?

-Sí, ya lo creo ¡Dos veces!

-Entonces... ¿no te acuerdas...?

Luffy bajó la cabeza algo cortado.

-Soy pésimo para orientarme-dijo apenado-la gente suele enfadarse conmigo por eso.

Para sorpresa del chico del sombrero de paja, Zoro sonrió.

-No creas, yo me oriento aún peor. ¡He tardado tres vueltas en darme cuenta de que no sabias lo que hacías!

Luffy se quedó sorprendido, y luego soltó una risotada.

-¡Bueno, entonces podemos perdernos juntos! ¡Es una suerte haberte encontrado!

Zoro sonrió. Definitivamente, Luffy le caía bien. No había visto a nadie con mejor humor en su vida.

Siguieron avanzando, pero esta vez más despacio.

-Bueno, ¿y como te llamas?-preguntó Luffy.

Zoro se dio cuenta de que aún no le había dicho su nombre.

-Roronoa Zoro. Soy de Dojo.

-¡Qué guay! ¡Yo de Foosha!-Luffy le sonrió-¡Me caes bien, Roronoa Zoro!

Zoro río. Hacia tiempo que no reía.

-Eres la primera persona a la que le caigo bien desde hace mucho-comentó.

Siguieron conversando un rato. Zoro era más reservado, pero Luffy no tenia problema. De hecho, parecía ser incombustible. Al cabo de diez minutos, Zoro sabia que le gustaba el boxeo, los piratas, comer carne, los videojuegos, cantar (aunque lo hacia bastante mal) y que admiraba mucho a su hermano mayor Ace y a un tal Shanks, que le había regalado aquel sombrero cuando era niño.

-Y... ¿como te hiciste eso?-preguntó Luffy, que por primera vez parecía un poco inseguro en el tema.

A Zoro no le gustaba nada hablar de su cicatriz, pero siendo un tipo tan majo como Luffy, pudo hacer una excepción.

-Tuve una pelea-dijo secamente-el tipo que la empezó estará ahora recuperándose en el hospital, pero yo perdí el ojo.

Luffy observó la cicatriz en vertical q partía el ojo de Zoro con atención.

-Si te sirve de consuelo, mejora tu imagen de malote incomprendido.

-¿Malote incomprendido?-se picó Zoro-¿que hay de la tuya?

Luffy pasó un dedo por la cicatriz de su mejilla, mientras reía.

-Me clavé un cuchillo de pequeño para impresionar a Shanks y su pandilla. ¡Mereció la pena!

Zoro volvió a reír.

-Eres imbécil.

-Sí, eso mismo dijo Shanks-corroboró Luffy alegremente.

Tras un cuarto de hora de más payasadas y líos, los dos chicos seguían perdidos, y Zoro empezaba a estar un poco cansado. Se había despertado muy temprano para llegar a aquel pestilente lugar, y empezaba a tener ganas de echarse un rato.

-Normalmente suele haber un profesor patrullando por cada piso-explicó Luffy-suelo pedirles que me lleven al sitio que busco. Como hoy es el día de llegada ¡Aún no hay nadie! Y no podemos decírselo a Buggy porque tiene que vigilar la puerta.

Zoro suspiró ¿Qué harían ahora?

-Ya me podría haber tocado alguien con un mínimo sentido de la orientación-se lamentó.

-Oye, que tú tampoco tienes ni idea-se lamentó Luffy abatido.

Justo cuando pasaban por cuarta vez por el cuadro con la advertencia, se encontraron con una chica que arrastraba una pesada maleta por el pasillo.

-¡Koala!-exclamó Luffy, la mar de contento-¡Este año también!

La chica se volvió sorprendida, y sonrió con dulzura. Estaba sudando mientras tiraba de aquel maletón.

-¡Hola Luffy!-le saludó amistosamente-este año tampoco me he librado. Mis padres estan muy enfadados conmigo.

-¿Sigues siendo una súper espía?-inquirió Luffy.

Ella asintió, complacida. Zoro se dio cuenta de que Luffy era una persona quizás demasiado sincera, pero también muy galante.

-Llevo mi "material" en la maleta-explicó Koala adoptando un tono confidencial-soborné a Buggy para que me lo dejase pasar.

Abriendo un poco la cremallera, dejó ver unos prismáticos y un audífono. Luffy aplaudió emocionado.

-¡Podremos espiar a Akainu en la ducha, y averiguar si canta!-exclamó, encantado.

-Veremos que se puede hacer-rio Koala-y dime Luffy ¿te has perdido otra vez?

Luffy asintió con vehemencia.

-Bueno, puedo indicarte si me dices que habitación es-se ofreció Koala.

Trazó un mapa con indicaciones para llegar hasta su cuarto, y luego se alejó tirando de su maletón.

-¿Quieres que te ayudemos?-se ofreció Zoro, hablando por primera vez.

-Muchas gracias, pero no hace falta-respondió ella desde lejos, haciendo un esfuerzo para moverse.

-Es muy cabezota-explicó Luffy, y comenzó a guiarse por las instrucciones de Koala.

Zoro tuvo que reconocer que su compañero era más brillante orientándose que él. Siguiendo el mapa, pudieron encontrar su habitación al fin.

-Habitación 39-leyó Zoro-¡Por fin!

Entraron metiendo el ticket con su número que les había dado Buggy, y se encontraron con una pequeña estancia, donde había dos camas, un armario y una mesa de estudio con una lámpara rota.

-Qué acogedor-ironizó Zoro. Pero tampoco le importaba demasiado. Ya había imaginado algo así.

-¡Me pido la de la izquierda!-exclamó Luffy emocionado, saltando sobre la cama.

-¡Espera!-gritó Zoro.

¡CRASH!

La cama reventó. Luffy se quedo en el suelo, pasmado.

-Oh...vaya

Zoro rompió a reír. Aquel chaval era demasiado.

-Shi shi shi-Luffy rio con él-¿ves que es mejor hacer amigos?

-Bueno, nunca he dicho que fuéramos amigos-dijo Zoro, volviendo a adoptar su expresión habitual.

Luffy trataba de arreglar los tablones rotos de la cama, pero el comentario le hizo detenerse.

-Yo creía que si-dijo, con gravedad.

Zoro sintió que estaba actuando como un idiota, pero realmente, estaba siendo sincero. Hacia tiempo que había dejado de creer en la amistad. Y no le gustaba andarse con falsedades con la gente.

-Mira...eres un tío simpático, pero yo no busco amigos. Prefiero... estar solo.

Luffy se levantó, y se acercó a Zoro. Le iluminaban los rayos del sol, que empezaban a asomar por detrás de las tormenta.

-Nadie debe estar solo, y menos en un lugar como este. Todos necesitamos amigos. ¡Yo el primero!

Se observaron largo rato. Luffy extendió su mano.

-¿Amigos, Roronoa Zoro?-preguntó. Fue la primera vez que Zoro le vio ponerse serio de verdad.

Zoro observó la mano de Luffy unos instantes. Y aquella vez no dudó.

-Muy bien, como quieras.

Estrecharon la mano, mirándose fijamente, y Zoro pensó que no hacia falta decir nada más.

Luffy sonrió de nuevo.

-¡Pues entonces los amigos tienen que ayudarse para arreglar la cama!-exclamó alegremente.

-¡Oh, venga ya!-río Zoro.

Entre los dos consiguieron arreglar más o menos la cama de Luffy haciendo una chapucilla con los tablones rotos. Después, abrieron sus equipajes y sacaron sus cosas.

Luffy colgó su sombrero del armario, y sacó varios juguetes y la maqueta de un barco. Según explicó, era su nave pirata. Tenia poca ropa, y toda estaba bastante vieja. También colgó en su pared varios garabatos espantosos, hechos por el mismo, que para él era de gran belleza. Debajo de la cama metió una caja de cartón, cuyo contenido no dejó ver a Zoro.

En cuanto a Roronoa, colgó un enorme póster de un espadachín ninja, colocó su ropa de cualquier forma y sacó unos CDs de rock que dejó sobre la mesa.

-¡CD!-Luffy cogió uno, como si se tratase de un tesoro legendario-¡Cuantos siglos sin ver uno!

-Espero que no los rompas-le advirtió Zoro. Un instante después tuvo que guardarlos cuando a Luffy se le escurrieron de las manos.

Estuvieron un rato hablando, de sus gustos, problemas, ideales...

Al parecer, Luffy quería vivir una gran aventura, grabar su nombre en la historia. A Zoro le impresionó su convencimiento a la hora de hablar del tema.

-No se que haré, ni como ni cuando, pero el mundo entero sabrá mi nombre ¡Y será para bien!-dijo el chico de pelo revuelto.

Zoro asintió. El convencimiento de Luffy era impresionante.

-A mi también me gustaría ser recordado-reflexionó en voz alta.

-¿Tú que quieres hacer Zoro?-preguntó Luffy, tan directo como siempre.

Zoro ya se esperaba aquello, pero no estaba seguro de querer compartirlo con Luffy. "Bueno-pensó para sí mismo-ahora somos amigos, como él dijo" .

-Quiero ser espadachín. El mejor del mundo-dijo, simplemente.

Luffy observó el poster del ninja que Zoro había colgado.

-Eso mola-dijo simplemente.

Zoro giró la cabeza hacia la pared. No le gustaba hablar de sus sueños. Cuando le habló de ellos a sus padres, no le habían entendido, y habían pensado que era una ridiculez. Al final, había conseguido que su padre le pagase unas clases de esgrima, pero cuando había cateado en el instituto, le impidió seguir acudiendo a ellas.

-Seguro que lo consigues-Luffy le sacó de sus pensamientos.

Zoro se volvió hacia él de nuevo.

-Eso ya se lo he oído a mucha gente. Y ninguno lo pensaba de verdad-respondió, con amargura.

-Yo si.

Zoro arqueó las cejas, escéptico. Luffy le ponía un poco nervioso ¿Era de verdad tan sincero, o un actor excelente? Nunca había conocido a nadie que fuera más simpático, y eso le extrañaba un poco.

-Oye...¿tu por qué estás aquí? -preguntó.

-Aaaaah-Luffy rio-¡le pegué a mi profesor!

Zoro se sobresaltó.

-¿De verdad?

-Ya lo creo-Luffy hablaba de ello como de la cosa más normal-sabia que iba a venir aquí de todas formas, así que me dio lo mismo. Ese profesor me odiaba, y además ¡rompió mi sombrero!

Zoro echó un vistazo al sombrero de paja, colgado en la pared.

-¿Le pegaste... por el sombrero?-se asombró.

-Es mi tesoro. Me lo regaló Shanks-él hombre al que admiraba Luffy-¿no tienes tú un tesoro?

-Mi espada, supongo. Pero mi padre no me permitió llevármela. Cree que mataré a alguien, o algo así-recordó Zoro-pegar a un profesor...joder. Imagino que te expulsarían.

-¡Qué va! Mi abuelo es el director de mi colegio. Me pegó una paliza y con eso la cosa quedó olvidada. Pero me volvió a mandar aquí ¡Ya es mi tercer año!

Zoro no sabia si le aterrorizaba más lo que Luffy contaba o la manera que tenia de contarlo.

-A mi padre le dijeron que un verano aquí te dejaba nuevecito-dijo Zoro.

-Pffff, que va. La gente no cambia de un día para otro, y menos gente como nosotros-Luffy se agitó el colchón-aquí te castigan, y son severos, pero no te hacen cambiar. Sólo sentir mal por lo que eres.

Zoro asintió. Empezó a adormilarse.

-El mejor espadachín del mundo. Suena muy bien-comentó Luffy.

-Je, díselo a mi padre. No opina igual-se lamentó Zoro, mientras se acurrucaba.

-Yo seré el rey de los piratas ¡y tú el mejor espadachín! ¡Equipo invencible!-Luffy pegó otro bote, y la cama crujió amenazadoramente.

-El rey de los piratas...-repitió Zoro, divertido.

Luffy siguió hablando un rato en voz alta, pero Zoro dejó de escucharle y al rato se quedó dormido.

-¡¿Cómo se te pudo ocurrir?!

-¡Yo que sé, joder! ¡A tí tampoco te ha importado cogerlas!

-¿Me las dejáis ver?

Zoro se despertó, malhumorado. Varias voces resonaban en la habitación, y le habían despertado.

-Estará buscándonos, y seguro que ahora vendrá aquí-dijo una voz, aguda y nerviosa.

-Qué va, que va-cortó otra más grave, que arrastraba un poco las palabras-ademas, no sabe que Luffy está aquí.

-¡Lo mirará en el tablón!-chilló la voz aguda.

-¡Dejadmelas ver!-insistió una tercera voz, que Zoro identificó como la de su nuevo amigo.

Se giró y observó la escena: en la cama de Luffy estaban sentados él y otros dos chicos. Uno, el de la voz aguda, era de piel morena, pelo negro y rizado, y tenía una gran nariz, y el otro, de vozas grave, tenia el cabello largo y rubio, um poco de perilla, y vestía ropa muy elegante. Los tres tiraban de una prenda de vestir, que Zoro no tardó en identificar como unas bragas.

-¡Jope, si venís a escondernos aquí, lo mínimo es que me las dejéis ver!-se quejó Luffy.

-¡Sí tú no tienes ningún interés!-le reprendió el rubio, mientras las alejaba de su alcance-siempre he dicho que eras asexual.

Luffy no entendió la palabra, pero la interpretó como un insulto.

-Deberíamos devolverselas-propuso el narizudo-como nos coja ya sabéis lo que nos espera.

-¡Ni hablar!-se opuso el rubio-¡con lo que nos ha costado robarlas!

Siguieron discutiendo acerca de que hacer con las bragas y evitar a su dueña.

-¡Ey Zoro!-saludó Luffy-¡ya te despertaste!

Los otros dos chicos pararon de pelear y le miraron. Zoro no era una persona tímida, pero le cortó un poco que le observaran nada más despertarse.

-¿Nunca habéis visto unas bragas?-preguntó Zoro con su mala uva habitual.

El chico moreno no contestó, algo avergonzado, pero el rubio, que las sujetaba triunfante, le miró con desdén.

-¿Y tú nunca has visto una camisa o unos pantalones?-preguntó con malicia.

Zoro no comprendió. Se miró, y de repente se dio cuenta de que estaba en calzoncillos.

-¡L-luffy!-exclamó sorprendido-¿Y mi ropa?

Él chico del sombrero de paja puso su sonrisa habitual.

-Ejejejej-Zoro arqueó una ceja-eso es un poco culpa mía-se disculpó-¡ella me pidió ropa para tapar una ratonera, y no se me ocurrió otra cosa!

-¿Qué chorrada es esa?-se extrañó Zoro mientras los otros dos chicos reian-¿Quien es "ella"? ¿Y quienes son este par de imbéciles?

Los aludidos, al oírse nombrados tan finamente, dejaron de reír y le miraron furiosos. Luffy no se enteró, de tan agitado que estaba.

-¡Ni os he presentado!-dijo contento- ¡Zoro, este es Usuff!-dijo señalando al chico narizotas.

-Hola...Zoro-saludó él educadamente.

-¡Y este tan guapete es Sanji!-siguió Luffy, señalando al rubio vestido de traje.

-Qué pasa-respondió él, secamente.

Zoro saludó con una cabezada a los dos, y luego volvió a Luffy.

-¿Quién tiene mi ropa?-insistió, enfadado.

-Pues...-Luffy iba a decirlo, cuando la puerta se abrió de golpe, y entro como un torbellino una fiera de pelo rojo.

Más bien una chica de pelo rojo, pero en aquel momento, a Zoro le pareció un tigre furioso. Lo peor es que la conocía de sobra.

-¿VOSOTROS SOIS IMBÉCILES O QUE COJONES OS PASA?-rugió la chica, golpeando a Usuff con violencia. Este se apartó de ella, presa del pánico.

La chica avanzó hacia Sanji, y le lanzó una mirada fulminante.

-Esto...Nami-swan...cielito... ¡que sorpresa!-se intentó excusar Sanji.

Nami le dio un tortazo, y le quitó sus bragas.

-¡Eres un maldito pervertido! ¡Este año no te pienso pasar ni una, te lo advierto! ¡Y me debes cinco berries!

-¡Es verdad!-se lamentó Sanji-¡Perdóname, princesa!

Iba a besarle la mano, pero ella la levantó y él se alejó, cauteloso.

Luffy contemplaba la escena sonriendo desde su cama. Aquello parecía divertirle de lo lindo. Cuando Nami se giró hacia él, no dio signos de miedo, al contrario que Sanji y Usuff.

-¡Y tú...!-dijo Nami, enfadada-¡Vaya mierda de ropa que has pillado! ¡No la voy a poder vender ni por tres berries!

-¿No era para los ratones?-preguntó Luffy, asombrado.

-Siempre picas con lo mismo-le reprendió Usuff-¡Es obvio que quiere venderla, para sacarse pasta!

Nami le metió un codazo, y él cayó al suelo.

-Eh Nami, se saluda-dijo Zoro desde su cama.

Ella se volvió, sorprendida, y por un momento palideció. Luego, pareció volver a su actitud dominante de siempre.

-Zoro...¿Qué hacés tú aquí? ¿Y que te ha pasado...en el ojo?-se sorprendió.

Zoro se maldijo a si mismo. ¿Cómo podía tener tan mala suerte? Atrapado en aquel tugurio con aquellos desconocidos tan raros y su ex-novia.

-Lo perdí-dijo, como si le diera lo mismo-en una pelea... ¿no te enteraste?

Nami le lanzó una de sus miradas penetrantes y profundas. Zoro había pasado horas observando aquellos ojos. Ella era capaz de mentir sin problemas, era una maestra en eso, pero él era el único que había sido capaz de detectar sus embustes con sólo mirarla.

-Algo oí-dijo Nami al fin.

-¿Os conocéis?-preguntó Sanji, receloso.

Nami sonrió apurada.

-Bueno, un poco, je je...

-Salimos juntos-dijo Zoro, simplemente.

Nami tragó saliva, y Sanji miró a Zoro con una mezcla de odio, envidia y admiración. Se había quedado mudo.

-Pero lo dejamos-terminó Nami, mirándole tensa.

Zoro notó que empezaba a enfadarse. Por supuesto, no esperaba que Nami les contase la verdad a ellos, pero le fastidiaba un poco haberse encontrado así con ella, y más la actitud de molestia que había adoptado con él.

Se dio cuenta de que llevaba su ropa arrugada.

-Me gustaría recuperar mi ropa-dijo Zoro, y Nami se sonrojó.

-Sí, toma. No se como se te ha ocurrido quitársela así, enfermo-le reprendió a Luffy. Él se encogió de hombros.

Zoro se puso la camisa y los pantalones todo lo rápido que pudo. No era muy agradable estar en calzoncillos delante de Nami, y aunque la chica hacia como que no se había dado cuenta, aún había una gran tensión entre ellos. En otros tiempos, habían estado desnudos, besándose, el uno pegado al otro...

Con solo pensarlo, Zoro se agitó.

-...Y entonces me dijeron que volvería otra vez-concluyó su relato Sanji.

Se habían sentado todos al lado de la cama de Luffy, y charlaban animadamente.

-¿Y tú, Usuff?-preguntó Luffy al chico moreno-¿Cómo es que has vuelto?

-¡Es una historia larga y emocionante!-comenzó Usuff, emocionado.

-Por mentir-le cortó Sanji, que había encendido un cigarro-como el año pasado.

-¡Quieres apagar eso, memo!-le reprendió Nami, deshaciendo torpemente la nube de humo-¡Cómo nos pillen!

-¿Cómo lo has colado?-preguntó Zoro, sorprendido.

-El conserje es un idiota. No es difícil sobornarle-explicó Sanji, dando una profunda calada. Parecía encantado de resultar tan interesante.

Ellos parecían muy animados, y Zoro se dio cuenta de que no pintaba mucho allí. No podía echarlos, porque también era el cuarto de Luffy, y no quería parecer huraño.

-Voy a dar una vuelta-dijo, simplemente.

-¿Tú solo?-se asombró Nami, que conocía bien su nulo sentido de la orientación.

-¡No te pierdas Zoro!-se despidió Luffy.

El chico caminó por los pasillos solo, y abatido. Se estaba comportando como un bicho raro por alejarse de los demás. Aquellos chavales eran simpáticos, y parecían buenos amigos, pero él pasaba de todo eso. Hacia tiempo que había dejado de tener amigos. Quedaba con gente, salía con chicas unos cuantos días... pero no eran amigos.

Y luego estaba Nami. Le había costado tanto olvidarla. Sus ojos, grandes y expresivos, color miel, su cabello rojizo, su atrayente olor a mandarina...

Pensándolo bien, ella había tenido la culpa: ella le había destrozado el corazón, y había jugado con él. La pelea, las malas notas... todo giraba entorno a Nami.

"Vaya-pensó Zoro, sonriendo tristemente-si alguien me escuchase, pensaría que soy una nenaza". Y era cierto. Aquel Zoro romántico podría fácilmente destruir a la imagen del Zoro malote que tenían todos...


Pronto subiré la continuación ¿os gustó? En Shinsekawa las cosas no son lo que parecen... y a ver que pasa con Zoro y Nami.