Capítulo 11 – Parte 2:
-El hijo de puta de Charlie me quitó la puta camioneta, ¿Puedes creerlo?, le dije a Rose mientras gruñía y me encogía en su auto, intentando desaparecer. Aun no podía comprender su decisión, solamente me había llevado su celular por dos minutos y luego lo había regresado sano y a salvo, y aun así había decidido castigarme y dejarme completamente inmovilizada.
-Bella, no hables así del Jefe, contestó mi amiga riendo de lado mientras Jasper soltaba una risita silenciosa en la parte de atrás de su hermoso auto rojo de último modelo. No era para menos, sus padres tenían una de las empresas turísticas más grandes del país y sólo dos hijos… Con una familia millonaria cualquiera tendría coches como ese.
-Es injusto… Yo no quería que mi teléfono se hiciera tortilla contra el piso. Él debe comprender que no lo hice a propósito. Además pagaré uno nuevo con mis ahorros, ni siquiera tendrá que hacerlo él.
-Es tu padre y eso es lo que hacen los padres, fastidian a sus hijos por cualquier razón, agregó cambiando su mueca jocosa por una más seria, y comprendí que lo decía por todo el asunto con su hermano. A pesar de tener todo lo que una adolescente puede imaginar (y mucho más) sus padres siempre le prestaron más atención a su gemelo y descuidaron mucho de Rose… Ella no había podido superarlo aun y dudaba que alguna vez lo hiciera.
-¿Tu qué opinas, Jaz? ¿Merezco que me quiten la puta camioneta?, le dije al muchacho mientras me inclinaba por sobre el asiento del auto para observarlo. Quería esforzarme por incluirlo en nuestro grupo… Alice lo amaba con locura y merecía que la apoyáramos de la misma forma en que mis amigas me ayudarían con Edward. Si yo estaba de su lado era más sencillo conseguir que Rose hiciera las paces con el chico, o al menos, que lo dejara estar con nosotros sin hacer de su compañía una auténtica tortura.
-Yo… creo que tu camioneta no es puta, dijo tímidamente y no pude evitar sonreír con ternura. A veces lucía tan vulnerable que parecía solo un niño, hacía que te olvidaras de que ya era un hombre formado y con todas las letras. Lo lamentaba por Alice, pero yo también era mujer y debía de reconocer que el chico Hale había sacado muy buenos genes, al igual que su gruñona hermana.
-¿Lo ves? Está de mi lado, por eso amo a este sujeto, le dije a mi amiga mientras le guiñaba a Jasper y recibía una sonrisa muy sincera de su parte. Rose solo rodó los ojos y apretó más las manos sobre el volante de su auto. Sabía que poco a poco su corazón comenzaba ablandarse, y el hecho de que no me hubiese maldecido por defender a su hermano era una buena señal, una excelente señal de hecho.
-.-.-
Al llegar al aparcamiento de la escuela me di cuenta de que era la primera vez, en mucho tiempo, que sentía mi estómago dando vueltas de nerviosismo por estar en ese lugar. Parecía un día normal, nublado y lluvioso al igual que cualquier otra mañana en Forks, pero mis amigas y yo sabíamos que nada sería normal ese miércoles… En lo absoluto.
Edward regresaría al Instituto y todo el mundo se revolucionaría al respecto. No hacía falta esperar al momento de su llegada para ver sus reacciones… Ya podía imaginármelas y lo que veía en mi cabeza no era nada bueno. Debería de sacar el doble de fuerzas de mí aquel día y rogar llegar al final de la tarde sin haber sufrido un ataque de pánico o sin haberme agarrado a las piñas con alguien. Si Charlie se había molestado porque había roto mi celular no podía imaginar cómo reaccionaría si me llevaban detenida y con un ojo morado por defender a un chico con reputación de mujeriego y cabrón. Probablemente me mataría… O se mataría, no lo sabía y quería evitar saberlo.
-¿A qué hora llega el vegetal?
-Eres realmente una zorra, le dije a Rosalie sin preocuparme por lo que mis palabras pudieran hacerle. -¿Puedes dejar de ser una perra por un día?
Amaba a mi amiga, lo hacía con locura pero a veces su mal humor era extremadamente insoportable, y alguien debía de decirle que parara antes de que fuera demasiado lejos. Quizá no era su hermano el que debía de ir al psicólogo, probablemente a ella también le haría bien una visita.
-Vale… Algo de humor para liberar la tensión, dijo levantando las manos a modo de disculpa mientras Jasper la observaba aterrorizado. No era bueno bromear sobre problemas mentales, mucho menos con alguien que estaba saliendo de ellos parado a unos centímetros de ti. Si el día comenzaba con un enfrentamiento Hale Vs. Hale todo se iría al demonio y probablemente todos terminaríamos detenidos en la comisaría. Debía mantenerme tranquila, guardar la calma…. (Y los puños también).
No sabía que esperar… No había podido hablar con Edward debido a mi teléfono muerto y no sabía ni siquiera como haría él para llegar allí. Comenzaría ese día con las rehabilitaciones y hasta que no estuviera algo avanzado con eso no podría caminar sin la silla de ruedas y, por supuesto, tampoco podría conducir. Sin embargo, dudaba que fuera a pedirle a Carlisle que lo llevara y tampoco pensaba que le pidiera ayuda a sus amigos – ex amigos – falsos amigos. Si yo los odiaba no quería ni imaginarme que sentía él respecto a ellos en ese momento.
-Hablando de eso, y aprovechando que estamos solas… ¿Por qué haces esto por él? Realmente… Es decir, nadie ayuda a su enemigo de un día para otro sin una buena razón para hacerlo.
Mi pregunta era exactamente la misma… ¿Por qué estaba haciendo eso por Cullen? Es decir… Yo lo odiaba, o-dia-ba, con todo mi corazón. Sabía que no era por lástima porque su situación no me parecía un justificante para sentir pena por él, tampoco lo hacía porque conocía a sus padres… Es más, odiaba a los Cullen luego de todo lo que había sucedido en el Hospital. Entonces… ¿Por qué quería ayudarlo? ¿Por qué estaba dispuesta a arruinar mi escasa vida social solo por él?
-No lo sé… Supongo que nunca fuimos enemigos. Si lo pienso a fondo él jamás me hizo nada, fui yo la que se mantuvo al margen desde un primer momento. Quizá estoy arrepentida de todo el mal que le he causado y quiero reivindicarme, o tal vez solo lo hago porque conozco la sensación de estar completamente sola en la vida sin nadie que te apoye, le contesté a Rose mientras la imagen de Reneé ocupaba toda mi mente. Siempre había tenido gente a mí alrededor… Amigas, familiares, a mi padre, personas que me amaban y que siempre estaban para mi… Pero nadie podría cubrir el lugar que mi madre había dejado vacío en mi vida, nadie podría darme el amor que ella nuca me había entregado y tendría que lidiar con eso por el resto de mi vida, cargando la cruz de haber tenido una madre que nunca me quiso por siempre.
Mi amiga abrió la boca para decir algo más a respecto, pero justo y como si volando hubiese venido, Alice apareció frente a nosotros con una enorme sonrisa y un vestido de todos colores puesto. Parecía como si un payado hubiera vomitado en toda su ropa.
-Vaya, vaya… ¿En dónde están el sol y la lluvia? Porque el arcoíris ya llegó, dije sin poder aguantarme la broma mientras Jasper y Rose reían a mis espaldas y Alice me sacaba la lengua molesta por mi comentario. Debía de reconocer que mi amiga tenía un estilo increíble y un gran buen gusto por la ropa, pero al parecer esos saberes le habían fallado ese día. Parecía como si hubiese tomado lo primero que hubiese encontrado en su armario y se lo hubiera colocado.
-Hoy es un día especial… Debía de venir alegre, vamos a necesitar muchas buenas vibras, me dijo ella cruzándose de brazos tiritando debido a lo poco abrigado de su vestuario. La pequeña duendecilla tenía razón, ese día necesitaríamos la ayuda de todas las fuerzas del Universo si queríamos salir adelante con Edward.
Jasper caminó unos pasos y se colocó frente a mi amiga entregándole su abrigo, como todo un caballero medieval. A veces me parecía que sus actitudes eran un poco anticuadas pero vamos… ¿Quién no ama un chico detallista? Alice enrojeció hasta superar el tono "tomate maduro" y sonrió pestañeando con sus enormes ojos entrecerrados, haciendo que el muchacho también se sonrojara. Miré a Rose a mi lado y ella me hizo una seña con su dedo, como si quisiera vomitar. No pude evitar reír ante su reacción… Ninguna de nosotras dos se había enamorado de alguien realmente, y ver esas escenas tan empalagosas a veces resultaba algo molesto, pero me sentía feliz por Alice. Ella era una gran chica y merecía a un buen hombre a su lado, que la protegiera y la hiciera feliz.
Entonces, mientras reíamos en silencio por la romántica escena de película, un auto negro cruzó frente a mis ojos y no pude evitar sentir que lo conocía de alguna parte. Estaba absolutamente segura de que lo había visto antes, y no me costó mucho llegar a la conclusión de que se trataba del coche de Carlisle. Siempre destacaba del resto de carros estacionados en el Hospital, y era imposible no pasar por su lado y detenerte a observarlo. Todos los Cullen tenían una estúpida obsesión por lo autos costosos, brillantes y extravagantes.
Mi corazón comenzó a latir con fuerza… Sentí unas terribles ganas de salir corriendo y abalanzarme sobre el auto, sacar a Edward, cargarlo a mis espaldas y salir huyendo de allí… Pero en un momento racional que se cruzó por mi cerebro decidí esperar en mi lugar y dejarle a Cullen algo de espacio. Él no era un niño ni yo su madre. No iba a sobreprotegerlo, solo correría a ayudarlo si en verdad se metía en problemas.
Carlisle salió por el lado del conductor y se dirigió al baúl del auto, para sacar de allí la silla de ruedas de Edward. Por un momento sentí la necesidad de ocultarme detrás de mis amigas para evitar que me viera pero luego deseché la idea. Estaba en la escuela, no era como si fuera a pedirme que le diera una mala noticia a su hijo en su lugar. ¿Qué clase de padre haría eso, no?
Comencé a respirar profundamente intentando calmar mi respiración. Nos encontrábamos lejos del auto pero a una distancia considerable, lo suficientemente cerca como para que Edward nos viera y pudiera venir por sus propios medios hasta nuestro grupo. Sabía que era mejor así, era su decisión… Si él quería regresar con sus antiguos amigos yo lo aceptaría, pero siempre tendría mis brazos abiertos en nuestro grupo con un lugar en nuestra mesa de almuerzo esperando por él.
-Saquen las cámaras, dijo Rose en un susurro y supe de inmediato a que se refería. Todos los alumnos se habían detenido en sus lugares mirando el auto de los Cullen, casi como si supieran que algo épico iba a suceder. Cerré mis ojos y me rogué a mí misma sacar la fuerza suficiente como para soportar ese momento sin arrancarle la cabeza a nadie.
En cuanto Edward bajó del auto, ayudado por su padre por supuesto, un enorme silencio se apoderó del lugar. Parecía como si alguien hubiese detenido el tiempo y todo estuviese frenado, todos quietos, todos mudos… Demonios, eso no era bueno. Todos lo observaban y yo lo único que quería era gritarles y decirles que lo dejaran en paz de una maldita vez.
Alice contuvo la respiración a mi lado pero en cuanto giré para observarla me sonrió de una forma tranquilizadora. Sabía que para ellas también era impactante verlo en esa situación, pero tenían los sentimientos suficientes como para ponerse en el lugar del chico y tatar de facilitarle las cosas, en lugar de hacérselo mas complicado.
A pesar de todo, de la película de terror que estábamos viviendo en ese momento y de mis estupefactos compañeros, no pude evitar notar que Edward lucía radiante esa mañana. Estaba vestido con botas negras, un jean demasiado ajustado como para ser saludable y una camisa a cuadros. Sencillamente perfecto, casualmente elegante… En su cabeza llevaba un gorro de lana de última moda, y de inmediato me di cuenta de que no lo llevaba para complementar su vestuario… Estaba ocultando la cicatriz de su cabeza, la horrible y enorme marca que el accidente había dejado en él. Suspiré y traté de que mis ojos no se llenaran de lágrimas… Si él era fuerte yo debía de serlo el doble.
Me giré en mi lugar y clavé la mirada en el grupo de deportistas atiborrado en la puerta de Instituto, compuesto por los amigos de Edward. Todos lo miraban de forma despectiva, como si sintieran asco… Salvo Mike y Emmett, que observaban con la boca abierta sin poder creer lo que estaban viendo. Newton curvó su boca en una mueca de sorpresa y dos segundos después se giró para seguir hablando con el resto de los muchachos, ignorando olímpicamente a Edward. Me golpeé internamente al darme cuenta de que todo había salido tal cual lo había esperado, ellos se habían desligado de él con tanta facilidad que nadie creería que llevaban años de estar juntos. El resto del alumnado observaba la escena sin comprender nada, y Alice y Rose se encontraban a mis espaldas discutiendo algo sobre una fiesta de cumpleaños.
El impacto había sido tal que sentí ganas de llorar sin parar por la situación. ¿Cómo podía existir gente tan indiferente? ¿Personas tan malvadas y sin corazón? Edward no merecía eso, y me culpaba a mí misma por haber formado parte del grupo que en algún momento le había negado atención a Cullen. Quizá por eso estaba ayudándolo, porque quería reivindicarme.
Carlisle me miró por un segundo y me sonrió amablemente mientras ayudaba a Edward a sentarse en la silla de ruedas. Hasta ese momento él no había volteado para ver a nadie, ni siquiera a su padre, y dentro de mi pecho conservaba la esperanza de que se mantuviera así, con la cabeza baja… De esa forma no tendría que toparse con sus falsos amigos huyendo de él y el resto de miradas que lo observaban como si fuera un chico raro.
-Esto es épico, hemos visto la caída de un líder. En tan solo un día Edward pasó de estar en la cúspide de la escala de popularidad a encontrarse bajo tierra, inclusive está por debajo de nosotros, dijo Rose mientras retocaba su labial con prolijidad. Comprendía que estuviera molesta al respecto, durante meses me había dedicado a hablar mal del muchacho y mis amigas eran conscientes de que lo odiaba con pasión… No sería fácil hacerlas cambiar de parecer en tan poco tiempo.
-Rosalie… Recuerda que ahora nos cae bien, no debemos hablar de él de esa forma, le contestó Alice y casi reí por su comentario. Era sorprendente como la pequeña acataba órdenes sin protestar, uno le decía que debía de hacer y ella obedecía mejor que u soldado de guerra.
De repente Edward levantó sus ojos y el aire escapó de mis pulmones cuando noté que me estaba mirando fijamente a mí, y que sonreía por haberme visto. Quizá una bendición había caído del cielo o el destino había conspirado a mi favor, tal vez él era aún más inteligente de lo que creía, fuera lo que fuera había evadido al resto de personas con total naturalidad y se había concentrado en mí, en mi grupo, en los que seríamos sus nuevos amigos.
Carlisle le dijo algo pero Edward lo ignoró y comenzó a manejar su silla hasta donde nos encontrábamos nosotros, sonriendo torcidamente como tanto me gustaba. Había una frase que decía "sacar belleza de este caos es virtud", y definitivamente esa sonrisa era el ejemplo más claro de todos. Si Edward podía lucir tan alegre y atractivo a pesar de todo lo que le había sucedido era porque realmente brillaba como persona.
-Hola chicos…, dijo él en cuanto se acercó a nosotros y pude notar en el tono de su voz algo de inseguridad. De seguro la sonrisa y su posición altiva eran máscaras para ocultar cómo en verdad se sentía, no lo sabía, pero tampoco quería que se sintiera más incómodo de lo que de seguro ya estaba, por lo que sonreí y lo saludé con la mano.
-Hola Cullen.
-Hola cabronazo, dijo Rose sin observarlo y un segundo después hizo un gesto con sus manos, como diciendo "ups", intentando parecer inocente con respecto al comentario que había dicho. Muchas veces había sentido ganas de arrancarle el cabello de a mechones, pero nunca tanto como en esa ocasión. Es que ella simplemente no sabía cuando cerrar el maldito pico.
-Hola Hale, no podía esperar menos de ti. ¿Te aprovechas de un lisiado?, le contestó sonriendo con dureza mientras la observaba directamente a los ojos y por un segundo juro haber visto las mejillas de mi amiga arder. ¿Rosalie sonrojada? Demonios, eso jamás había sucedido… Ella había intentado avergonzarlo y la broma se le había dado vuelta. Un punto para Cullen, ninguno para nosotras.
-Hola Edward, que bueno que ya estés mejor. Bella nos dijo que regresarías y todos nos alegramos mucho por ello, dijo la pequeña duendecilla mientras le sonreía enormemente. Parecía como si estuviese dando pequeños saltitos en su lugar… ¿Cómo podía caber tanta emoción dentro de un cuerpecito tan compacto?
-Habla por ti, por lo que veo los demás no están muy contentos con mi visita, dijo abriendo sus ojos mientras se giraba para observar al resto de los estudiantes, quienes aún lo observaban sin entender nada de lo que había pasado. Alice apretó sus labios en una mueca de dolor mientras lágrimas se agolpaban en sus ojos y yo simplemente comencé a hiperventilar. ¿Les había dicho ya que la muy pendeja era extremadamente sensible? Lloraba por todo… ¿Veía Titánic? Lloraba. ¿Moría una mosca? Más llanto. Si Edward la veía en ese estado podría sentirse ofendido, debía de hacer algo con urgencia para evitarlo.
-¿Conoces a Jasper?, dije riendo despacio mientras intentaba sonreír de la mejor manera en que me fue posible. Cambiar de tema no era algo que me gustara en las discusiones, pero en esa ocasión era más que necesario.
-Claro… ¿Cómo estás?
-Genial, ¿Y tú? Te ves bien, dijo Jaz y juro que, en esa ocasión, todos nos volteamos para observarlo con bocas abiertas. ¿JASPER HABÍA HABLADO SIN TRABARSE? ¿HABÍA DICHO MÁS DE UNA FRASE SIN QUEDARSE CALLADO Y SALIR CORRIENDO? Mierda, si hasta había sonreído…
Ese día era una locura, una absoluta y maldita locura.
Sin embargo, las cosas estaban a punto de ponerse más extrañas… Noté eso de inmediato cuando a lo lejos pude ver a Jessica Stanley y a su amiga Tanya caminando directamente hacia nosotros, con aires de suficiencia y sus senos de silicona botando por doquier. Nada bueno podría salir de eso, sobre todo porque ambas habían salido con Edward, ambas habían dormido con Edward y a ambas las había dejado Edward. ¿Quieren más coincidencias? Ambas eran unas perras, y siempre habían buscado la forma de vengarse de Cullen, ocasión que estaba presentándoseles en ese preciso momento. Quise tomar la silla de Edward y salir corriendo por allí con él, escapando de Forks y subiendo y bajando por las montañas, pero en cuanto reaccioné ya era muy tarde y las muy zorras estaban encima nuestro.
-Hola Cullen… Vaya… Te ves… Horrible, dijo la asquerosa rubia teñida mientras su amiguita reía festejando una broma que ni siquiera había sido graciosa. A mis espaldas Rosalie bufó asqueada. –Tu padre le dijo al mío que te había dado un ACV, que pena por ti.
-Hola Tanya, tú te ves igual de zorra que siempre, ¿Cómo haces para mantenerte así, además de acostarte con mis amigos?
Auch… Golpe muy bajo. De seguro esa respuesta había roto con todos los esquemas que ellas habían planeado para burlarse de él. Edward dos, zorras menos cero.
-Al menos ellos pueden moverse y no están confinados a una silla de ruedas.
Mierda… La cosa ya no era graciosa. Estaban metiéndose con la enfermedad de Edward y eso no estaba bien, era terreno peligroso y poco conocido, debíamos de andar con cuidado por allí.
-No decías lo mismo cuando estabas en mi cama.
-Puta madre, se escapó de mi garganta y juro que quise elevar mis manos para cubrirme el rostro, de no ser porque quedaría muy obvio que ese comentario me había afectado más que al resto. –Sí que hace frio, ¿No?, dije sobándome los brazos mientras intentaba justificar mi reacción. Edward tres, Bella Knockout (expresión utilizada en boxeo).
-Me acosté contigo porque quería saber si los rumores eran ciertos, los dichos de que eras un semental y definitivamente no superaste mis expectativas.
¿Semental? Madre mía, no sabía si reír o llorar. ¿Tanya había comparado a Edward con caballos? De seguro lo había sacado de una película pornográfica.
-Tanya, no quiero pelear contigo ni faltarte el respeto porque eres mujer, no una dama pero eres hembra, ¿Me comprendes? Y no quiero agredirte. Tú eres pasado y yo solo miro hacia el futuro.
-Tú no tienes futuro. Eres un lisiado que perdió cualquier oportunidad de triunfar en el deporte. Estas condenado a permanecer en esa silla por el resto de tu puta vida, mientras tus amigos ocupan el lugar que la Universidad te había asignado en su equipo. Fracasado, idiota y miserable.
El tiempo a mí alrededor se detuvo casi de inmediato… Era como si todos se hubieran congelado menos yo. Ni siquiera me molesté en esperar la reacción de Edward ante esas palabras, tampoco esperé a observar la sonrisa triunfal que de seguro se apoderaría de la cara de Tanya Denalí. Simplemente cerré los ojos y me deje llevar…
Estuve en esa misma situación como por dos segundos, o quizá fueran horas, la cuestión es que de repente muchos gritos comenzaron a taladrarme los oídos, y los chillidos de una chica me aniquilaron la cabeza. Me obligué a abrir los ojos para entender que había sucedido, y la imagen que me encontré no era lo que esperaba… En lo absoluto.
Tanya estaba tirada en el piso, llorando y retorciéndose mientras la nariz le sangraba como si una cañería se hubiese reventado. Sus manos estaban lastimadas y su rostro rasguñado, además de que acariciaba su cabeza rápidamente intentando aliviar alguna clase de molestia. Levanté la vista y observé a Rosalie quien me miraba sonriendo orgullosa por algo. A su lado, Alice me observaba con la boca abierta y los ojos estupefactos, mientras que Jasper intentaba sonreírme a pesar de la mueca de terror que se había instalado en su rostro. Ni hablar de la cara de Edward, era todo un poema.
¿Qué les pasaba a todos? ¿Por qué me miraban así? Y entonces, dos segundos después, un dolor punzante me obligo a mirar hacia mi pierna, haciéndome caer en la cuenta de lo que había sucedido.
Yo, Bella, estaba de rodillas sobre el suelo. Mi pierna lanzando sangre con una lima de uñas clavada en ella… En un puño, mis nudillos ensangrentados dolían como la mismísima mierda, y en la otra mano, un manojo de cabellos rubios se retorcía en mis dedos…
Un segundo… ¿Cabellos rubios? ¿Sangre?
-Puta madre, dije mientras me daba cuenta de la situación. Había golpeado a Tanya, nos habíamos agarrado a las piñas y la chica había quedado tendida en el suelo. Pobre Charlie… En cuanto me viera iba a matarme.
"Que gran día", me gritó mi conciencia y yo solo pude suspirar al respecto Estaba acabada… Literalmente.
Buenas buenas, vaya capítulo el de hoy. Edward volvió a la escuela, Tanya quiso pasarse de lista con él y Bella le dio unos buenos golpes. ¿Qué hará Charlie cuando vea a su hija presa? ¿Qué hará Edward cuando pueda hablar con Isabella? Todo en el próximo capítulo, mis amados lectores. Los amo y espero que disfruten de esta actualización. Nos leemos pronto, saludos a todos.
