Capítulo 12: (Nota y adelantos de la historia al pie del documento).
Muchas habían sido las ocasiones en las que había tenido que visitar la Jefatura Policial a lo largo de mi vida, inclusive podría decir que había estado allí más que cualquier delincuente del pueblo. Los primeros meses después de que mi madre nos abandonara Charlie se encontraba aterrorizado de que algo malo pudiera sucederme estando sola en casa y me había obligado a pasar gran parte del tiempo con él en su trabajo… Había sido luego de mi ruptura con Jacob cuando había caído en la cuenta de que era más madura de lo que imaginaba y me había dado algo más de libertad.
Pero bueno, nunca pensé que fuera a regresar y menos bajo la condición de detenida. Las esposas eran muy frías y pesaban como la mismísima mierda, lo que provocó en más de una ocasión que las muñecas me dolieran. ¿Todavía se seguía utilizando ese método de tortura medieval? Creía que la sociedad había evolucionado, esas cosas eran tan viejas y estaban tan oxidadas que estaba segura se abrirían al más mínimo esfuerzo por mi parte. No merecía llevarlas puestas y tampoco debía de encontrarme allí… Todo era un estúpido error.
-Si no fueras mi hija ya estarías dentro de una de esas celdas con olor a orines y ratas corriendo por el suelo, dijo Charlie mientras caminaba de un lado a otro frente a mí, golpeándose la frente con la mano como si estuviera preguntándose: ¿Qué hice mal?
-¿Tengo prioridades por ser la hija del jefe Swan? Porque si es así pido que me quiten estas porquerías de los brazos, le contesté enseñándole el deplorable estado de mis muñecas y mis nudillos. Claro que las heridas de los puños no se debían a él, pero valía la pena hacer uso de ellas si eso conseguía que me sacaran de allí más rápido de lo normal.
-No tienes prioridades, si no estás dentro del calabozo es porque Tanya decidió no presentar cargos en tu contra y retirarse del lugar como si nada hubiera sucedido.
-Más le valía que lo hiciera, sino se la vería conmigo de nuevo. Además, me clavó una puta lima de uñas en la pierna… ¿Entiendes eso? E LA PIERNA…. Es ella la que debería estar con esposas, yo sólo actué en defensa de un discapacitado.
-LE ARRANCASTE EL CABELLO Y LE HICISTE CORTES EN LA CARA CON TUS GOLPES, POR DIOS, gritó Charlie algo sacado de quicio mientras se detenía frente a mí, intentando provocarme temor. Lo lamentaba mucho por él pero era imposible sentirme intimidada por un hombre que medía menos que yo… Además mi padre era una completa ternura, a veces me daban ganas de tomarlo del rostro y apretarle las mejillas.
-Lo importante es que defendí a Edward, y ni a ella ni a su estúpida amiguita le quedarán ganas de seguir haciendo bromas de mal gusto.
Aun no comprendía lo que había sucedido aquella mañana… Era como si un demonio se hubiera apoderado de mi cuerpo y me hubiese manejado a su conveniencia. Los insultos en contra de Edward me habían caído muy mal pero jamás pensé que pudieran irritarme hasta el punto de lanzare a los golpes con alguien Yo no era así, nunca sería capaz de matar ni siquiera a una pobre mosca… ¿Qué pasaba conmigo? Realmente no lo sabía, pero desde que Cullen había entrado en mi vida todo se había dado vuelta alocadamente. Yo era un completo desastre y todo se había convertido en caos, debía de hacer algo para intentar recuperar mi ritmo anterior… Y para averiguar qué demonios me pasaba con Edward.
-Bella, comenzó a habar mi padre mientras se sentaba a mi lado en el banquillo de los acusados. Pocas veces lo había visto así de enfadado y me sentía muy mal por ser la causa de sus problemas, pero a la vez estaba completamente orgullosa de mi valentía y de lo que había hecho. -Entiendo que lo de Edward te haya dolido un poco. Nos sacudió a todos en este pueblo y hay gente que simplemente no puede ver más allá de su propia nariz, pero nadie en este mundo tiene el poder para castigar a las personas a su gusto y debes entenderlo. Cullen es un chico fuerte, y no necesita de ninguna jovencita que lo defienda. ¿Comprendes?
-Supongo… Es sólo que dijo cosas horribles y no pude soportarlo. De veras lo lamento, me habría gustado haber tenido más tiempo para reaccionar en lugar de saltarle encima al instante, le dije con toda la sinceridad del mundo mientras sentía como mis mejillas se enrojecían con rapidez. Nunca es sencillo pedir disculpas, mucho menos a alguien a quien has dañado y al que quieres tanto. Podíamos tener nuestros piojos pero Charlie era mi padre y lo amaba con todo mi corazón.
-No me pidas disculpas, lo hecho hecho está. Ahora quiero que vayas al Hospital y te hagas atender eso de la pierna, llamé al doctor Cullen y le pedí que te espere en la sala de emergencias ya que yo no puedo acompañarte. Llévate mi patrulla si lo deseas.
-No es necesario papá, puedo tomar el bus, le contesté sonriendo mientras dentro de mi pensaba en mi pobre, pobre y secuestrada camioneta. Si antes Charlie se había negado a que la utilizara menos accedería a devolvérmela luego de eso. Sentía ganas de llorar por ello, pero sabía que el castigo era correcto y lo merecía, me había comportado como una loca y tenía que pagar por ello.
-.-.-
Al llegar al Hospital hice todo lo posible por evadir al pare de Edward. Aun me sentía algo disgustada por su infantil actitud y lo que menos quería era que me diera un sermón sobre cómo ayudar a su hijo mientras me cosía la pierna. Eso sería muy desconsiderado y me obligaría a repartir mi segunda ronda de piñas en ese día, algo que, desde luego, me llevaría a la horca. Tendría que guardar los puños por algún tiempo.
Con la pierna coja y sangrando me dirigí lentamente a la sala de emergencias en busca de la única persona que sentía podía ayudarme en ese lugar… Le debía un par de favores, pero era demasiado bueno como para cobrármelos, mucho menos en un momento como ese. Dimitri era un gran doctor, algo distraído la mayoría del tiempo, pero bueno al fin y al cabo. Quizá sin sonriera más en lugar de estar todo el día con cara de pocos amigos sería mucho más guapo.
-¿Qué ha pasado contigo? No vienes un día al Hospital y cuando regresas lo haces sangrando, ¿Volviste a caerte en la entrada?, me dijo en cuanto entré a la sala de Urgencias con las mejillas ardiendo y muchas ganas de llorar. Tenía las manos peladas y ardían demasiado como para seguir haciéndome la fuerte.
-¿No lo sabes aun? Estoy segura de que Tanya ya pasó por aquí, le contesté mientras me acomodaba en la camilla que él me había señalado. Lo bueno de la golpiza era que Edward había pasado a un segundo plano y yo de seguro me había convertido en la comidilla del pueblo. Prefería que hablaran de mi antes de que siguieran burlándose de Cullen. Yo podría hacerle frente y superarlo, con el tiempo todo volvería a la normalidad mientras que para Edward nada sería como antes lo había sido. Ese día había hecho muchas obras de bien, merecía como mínimo que los dioses me enviaran un teléfono móvil de regalo.
-Ah, claro… La chica con el pelón en la cabeza. Estaba más preocupada porque curara su cabeza para colocarse extensiones más que por los golpes en su estómago. Por lo que pude entenderle entre sollozos te desea el infierno y algo más, deberías cuidarte de ella.
-Mejor que ella se cuide de mí, no tengo las manos en condiciones de golpearla pero tengo dos piernas y se cómo usarlas, le dije mientras intentaba ignorar el punzante dolor que me producía el alcohol sobre la piel rota de mis nudillos.
-No dudo de tus habilidades, respondió sonriendo y me di cuenta de que era una de las primeras veces que lo había visto hacerlo. Me sorprendía que no se mostrara así más seguido ya que realmente lucía muy bien con esa mueca. -A propósito, te envié mensajes al móvil, pero no me respondiste. ¿Regresarás? Han venido muchas personas a ofrecerse como voluntarios, pero el doctor Cullen quiso mantener el lugar para tí hasta saber si volverías aquí.
-Bueno… No tengo celular de momento, se accidentó, le contesté riendo mientras recordaba lo sucedido con el estúpido black-mierda. -Y dudo que vuelva en algún tiempo, estoy muy desorganizada y necesito arreglar algunos asuntos antes de dedicarme de nuevo a esto.
-Bueno… En ese caso, siempre habrá un lugar aquí para ti. No eres doctora, pero tienes talento, dijo vendando mis manos… Y en ese momento me pareció que aquello había sido un cumplido. La situación de por si era muy extraña, y el hecho de que él estuviera coqueteando conmigo no mejoraba las cosas en nada. Dimitri era guapo, lo admitía, pero no podía pensar en él más que como un compañero de trabajo.
Pasaron algunos minutos más hasta que finalmente terminó de arreglar mis nudillos. No podría mover muy bien las manos en los próximos días, pero al menos el dolor y la sangre habían desaparecido. Él observó mi pierna con curiosidad y luego rio un poco, señalando el trozo de lima de uñas que aún seguía clavado en mi carne.
-Nunca peles con gatos, te clavaran las uñas, me dijo burlándose de Tanya mientras retiraba el objeto en cuestión con unas pinzas. Su comentario me hizo algo de gracia y tuve que reír por ello.
-Me habría servido que lo dijeras algunas horas antes.
-He terminado con mi trabajo, la herida es pequeña asique no requiere de puntadas No hace falta que te explique el tema de las curaciones porque ya lo sabes, después de todo lo has hecho muchas veces, me dijo mientras yo me levantaba de la camilla y me disponía a irme. Pronuncié un silencioso "Gracias por todo" y lo saludé con la mano sufriendo por el dolor punzante que aún se había apoderado de mis muslos, pero en cuanto estaba volteándome Dimitri me llamó y me obligó a volverme a mi lugar.
-Ten, para cuando tengas un teléfono de nuevo. No importa lo que pase, si necesitas un doctor o un amigo con quien hablar, llámame, pronunció sonriendo mientras me extendía una tarjeta con su número de teléfono anotado en ella y su nombre escrito a un lado.
Me quedé un poco impactada por ello… Le agradecí nuevamente y me retiré con rapidez, caminando lo más veloz que me daba la pierna lastimada sin caerme. No sabía cómo reaccionar frente a esa situación, no me veía saliendo con Dimitri en una cita, mucho menos llamándolo para contarle algo. Lo veía como un jefe y era difícil sacarlo de esa posición. ¿Acaso él sentía atracción por mí? No comprendía porque lo haría en caso de ser así, jamás había sobrepasado la línea de chistes y bromas con él, y de repente se me lanzaba y me decía, en simples palabras, "estaré siempre que me necesites". Eso me confundía demasiado, todo en mi cabeza era confuso y quería culpar a la anestesia por ello a pesar de saber que no era así.
Todo me daba vueltas y eso no era bueno, sobre todo porque no necesitaba más problemas en mi vida de momento.
Y hablando de problemas, supe que las cosas irían aun peor cuando me di cuenta de que el auto del doctor Cullen no estaba simplemente estacionado en su lugar, sino que también tenía a un compañero a su lado, a un compañero con dos piernas que me observaba fijamente con dos enormes ojos verdes.
-¿Qué haces aquí?, pregunté sorprendida de ver a Edward en el estacionamiento del Hospital en lugar de cursando en la escuela. También me preguntaba cómo había llegado allí, si su padre o había llevado o si había pedido un taxi, dudaba mucho que hubiese hecho el viaje desde la escuela hasta el Hospital en silla de ruedas… De cualquier forma, no se lo preguntaría, eso sería muy descortés de mi parte.
-Me dijeron que había una psicópata golpeando putas y quería verla con mis propios ojos, me dijo riendo de medio lado como ya era habitual en él mientras se acercaba a donde yo estaba, moviendo su silla con lentitud.
-Me temo que aquí no la encontrarás, vino por unos minutos, pero ya fue y dudo que regrese alguna vez.
-Que pena, te veías divertida golpeando a Tanya y jalándole el cabello. Jamás imaginé que fueras capaz de hacer algo así, agregó mirándome con seriedad, como si realmente le hubiese asustado mi repentino ataque de golpes. Lo comprendía, el hecho de que mi mente se hubiera bloqueado en ese momento también me asustaba a mí.
-Yo tampoco lo imaginé… Si no fuera por los puños y la pierna sangrante habría pensado que todo era invento de ustedes.
-Bella… Estaba muy preocupado por ti, dijo bajando su mirada hacia le piso. Aproveché ese momento para sentarme a su lado sobre el borde de la acerca… Me dolía la pierna y no soportaba estar mucho tiempo pasada. ¿Sería malo de mi parte pedirle que me prestara su silla un rato? -Yo… Me siento culpable por eso.
Y cuando dijo eso me di cuenta de que sus ojos brillaban como nunca antes, de que el corto cabello que escapaba de su gorro de lana tenía el color más hermoso del mundo y de que su sonrisa provocaba mariposas en mi estómago. Me di cuenta de que Edward movilizaba algo dentro de mi, y eso no podía ser bueno.
-No deberías, no lo hice por ti, contesté mientras dibujaba círculos en el suelo con una ramita cortada. Sabía que lo había hecho por él y sólo porque sus insultos me habían ofendido a mí por igual, pero no quería que Edward pensara que sentía algo por él y que por eso lo había defendido. Yo tampoco quería pensar en eso, estaba segura de que no sentía nada y que sólo estaba a su lado porque quería ayudarlo. Si me mantenía con esa idea en la cabeza todo iría bien, y necesitaba dejárselo muy en claro a él también. -Tanya merecía que alguien le marcara los puntos. No puede ir por el mundo insultando a quien le plazca y escupiendo veneno con su boca.
Edward me observó por algunos minutos y luego bajó la mirada sonriendo. De seguro el saber que yo no sentía nada especial por él lo había tranquilizado, ya que no era ni remotamente posible que él sintiera algo por mí ni en un millón de años. No éramos amigos, ni compañeros ni nada… Éramos dos personas que compartían un mismo sentimiento: el de luchar para salir adelante.
Me sentía bien a su lado y apreciaba el hecho de que nuestra relación estuviera mejor. Agradecía que hubiera aceptado mi ayuda y que se uniera a nuestro grupo. También estaba muy feliz por su recuperación y porque las cosas entre nosotros ya no fueran tan tensas, pero no debía dejar que lo nuestro fuera más lejos en caso de que él sintiera algo por mí. Por alguna extraña razón el tener a Edward en mi vida hacía que todo se saliera de control, que las emociones pegaran más fuerte y aparecieran a flor de piel, que todos los momentos fueran el doble de intensos de lo normal y eso no me gustaba en lo absoluto. No estaba dispuesta a cambiar mi vida tranquila y ejemplar por el desfachatado estilo que Edward había mantenido desde antes de su accidente, y si no pensaba con la cabeza en frio todo podría salir peor de lo que ya estaba.
La situación era que quería a Edward, no sabía hasta qué punto, pero no era bueno estar con él o pensar en nosotros de esa forma. Lo mejor sería mantener nuestra relación al margen y seguir tal cual veníamos, como compañeros. Aunque sintiera que me estaba traicionando a mí misma debía de controlar eso y hacer un paso al costado frente a lo que estaba sintiendo.
Edward enloquecía mis sentimientos, y la combinación de eso más la confusión que ya tenía en mi cabeza no era saludable, al menos no para una Bella que había construido un muro en torno a su corazón y no estaba dispuesta a derribarlo.
Buenas noches lectores, ¿Cómo están? Hoy me sentía especialmente bien como para escribir y me hice un tiempito para poder actualizar. Hablemos de la historia: Bella comenzó a darse cuenta de que siente algo por Edward y de inmediato decidió negarse a ello. Dimitri se nos lanzó y demostró querer algo más que una relación profesional con nuestra chica y Edward que no puede alejarse de ella. UNA LOCURA. Pero bueno, así de retorcida es nuestra chica y su cabeza dura la llevará a cometer más de un error. El próximo capítulo va a estar orientado en algunos meses después de este suceso, y se vienen los capítulos buenos… Ustedes me entiendes, se viene lo que quieren leer, asique estén más atentos que nunca que el tiempo pone a cada uno en su lugar y a nuestra Bella más que a cualquier otro.
Llegamos a los 120 reviews y actualizo. Me tomo dos segundos más para agradecer como siempre a los lectores incondicionales que siempre comentan y me dan su apoyo, ¿Qué haría sin ustedes? Los amo y les agradezco de corazón Esta historia sigue por ustedes… Saludos, nos leemos pronto.
