Capítulo 13: (¡Al fin!)

Si alguien me hubiera dicho meses atrás que mi vida daría un giro de 360 grados no le habría creído en lo absoluto. Yo era Bella, la chica aburrida y sin nada especial cuyas únicas expectativas para su futuro eran terminar la escuela en orden y tratar de huir de aquel pueblecillo muerto. Esa era yo… Era, porque después de lo que había sucedido con Edward nada había vuelto a ser lo mismo para mí.

Aun no podía olvidar la sensación que me había invadido cuando había visto a Cullen desmayado en el suelo, mucho menos alejar el dolor que me había provocado saber que quedaría paralizado por tiempo indeterminado. La partida de mi madre había sido un momento espantoso en mi vida y con total honestidad creí que nada volvería a provocarme tanto sufrimiento, hasta que vi como la vida del chico que alguna vez había odiado comenzaba a descarrilarse yendo hacia un pozo de completa destrucción. No podía explicarlo, no encontraba las palabras… Lo que le había sucedido me dolía como si fuera yo la que estaba pasando por eso.

Quizá se debía a que sentía por él algo más que simple compañerismo… Y no, no me refería a amor, sino a una conexión especial. Era como si nuestros cuerpos estuvieran atados el uno al otro, unidos por algo más que fuerte que estúpidas mariposas en el estómago. Y me lamentaba el haber tardado tantos años en darme cuenta de aquello, tanto que para cuando lo había descubierto ya era muy tarde para arrepentirme de mi comportamiento y Edward ya había sido dañado quien sabe por qué estúpida razón.

-Hoy iremos a comprarte un teléfono, susurró Cullen a mi lado mientras terminábamos de copiar lo que el profesor había escrito en la pizarra. Si había algo que me daba esperanzas en todo ese infierno, algo que aún mantenía la sonrisa en mi rostro a pesar de todo lo sucedido, era ver como Edward luchaba por recuperarse… Logrando grandes cosas con ello.

Aún estaba en la silla de ruedas, había estado yendo a rehabilitación pero al parecer las sesiones no habían hecho que su estado mejorara. En algún momento él había mencionado que la terapia tardaría un par de meses antes de mostrar algún resultado y yo esperaba ese momento con grandes ansias, pero todavía no habíamos tenido la oportunidad de verlo poniéndose de pie y dando un par de pasos. Sin embargo, y a pesar de que su estado motriz no había cambiado, el espíritu de Edward era el que había comenzado a brillar nuevamente… Se había adaptado muy bien a la escuela, a pesar de que sólo tomaba la mitad de las clases que antes cursaba. Aún no había recuperado su conexión con el resto del alumnado y todos seguían mirándolo extraño, inclusive sus amigos, pero él no decaía y había decidido centrarse más en su vida y en su recuperación que en lo que pensaran los demás.

Lo único que aún no había podido hablar con él había sido el tema del deporte, sobre todo porque sabía que eso le dolía de una forma inexplicable. Pero él era fuerte, mucho más de lo que yo creía, y sabía en el fondo de mi corazón que superaría cualquier adversidad y lograría sobreponerse a todos los obstáculos de su camino. Porque Edward era así, él jamás se daría por vencido y lo admiraba horrores por ello.

-Deja de molestarme o le pediré al profesor que te asigne otro tutor. Algo que debería haber hecho desde hace mucho tiempo, le dije intentando sonar molesta debido a sus constantes interrupciones pero él simplemente rio en silencio. En realidad detestaba que Edward quisiera comprarme cosas siempre, aun batallábamos a la hora del almuerzo puesto que él siempre quería pagar mi comida… Decía que de esa forma me recompensaba por todo lo que hacía por él y por mi compañía. Si tan sólo supiera que estar a su lado era el placer más grande que me había regalado la vida, y que lo haría encantada siempre que él me permitiera quedarme.

-Anda, sabes que no puedes estar sin mí, respondió volteándose para continuar con sus cosas mientras yo suspiraba confundida. Pues sí, esa era la verdad, me costaba alejarme de él… No lo amaba, estaba segura de ello, jamás volvería a amar a alguien sobre todo porque sabía que las personas podían herir y destruir vidas con ello pero me costaba estar sin él, y cuando no estábamos juntos era en lo único que pensaba.

-Pues claro, es muy difícil vivir sin una constante molestia que no te deja hacer los deberes tranquila, le respondí intentando convencerlo de que no era tan indispensable en mi vida, aunque más que a él a la que buscaba persuadir era a mí misma.

-Estoy demasiado aburrido en casa y necesito alguien con quien hablar. Mis padres no me dejan en paz y tengo que simular que estoy durmiendo todo el día para que dejen de hablarme.

Otra cosa que aún no mejoraba era la relación entre Edward y sus padres. Y no lo juzgaba en lo absoluto, yo todavía tenía cierto resentimiento con Carlisle por el poco tacto que había con su hijo y con las lesiones que le había dejado el accidente.

-La vida sin el celular me sienta muy bien, Edward. Estoy tranquila y sin admiradores que me persigan constantemente tengo mucho tiempo para hacer mis cosas, respondí mientras observaba mis uñas, restándole importancia al asunto. Edward sonrió de medio lado, luciendo tan encantador como siempre. –Pero supongo que puedo hacer una excepción por el idiota de Cullen y regresar a mi ajetreada vida de popularidad y brillo, agregué con ironía.

-No necesitas ser popular para brillar, tú eres especial por ti misma y nadie se compara a ti. Muchas "populares" darían sus extensiones de cabello por tener al menos una pizca de la magia que transmites cuando miras a alguien, susurró poniéndose serio mientras me observaba con sus adorables ojos esmeralda. –Nunca lo olvides, susurró volviendo a sonreír levemente mientras se volteaba de nuevo a continuar con lo suyo, dejándome allí congelada sin saber qué demonios responderle.

Toda mi vida había admirado desde lejos la vida de los famosos de Forks, el estilo que llevaban todos esos adolescentes que al igual que Edward tenían de todo a montones y se llevaban el mundo por delante, y en menos de un segundo Edward me había demostrado que nada de eso era importante y que mi idea acerca de su posición era completamente errada. La que tenía magia allí no era yo, era Cullen… Sólo él tenía el poder de hacer que me replanteara todas mis creencias hasta el momento, inclusive las que tenían que ver con mis sentimientos hacia él.

-.-.-

La hora del almuerzo había vuelto a ser mi momento favorito del día. Edward se había integrado muy bien a nuestro grupo y mis amigas lo adoraban. Jasper y Alice habían avanzado bastante en su relación y el hermano de mi mejor amiga estaba cada vez mejor con respecto a su salud, sus cambios de humor ya no eran tan insoportables y su nueva amistad con Edward había conseguido que se abriera más a nosotros y hablara con mayor frecuencia. La única que no se encontraba del todo bien era Rose, y todo se debía a Emmett. Luego de que todo el mundo, inclusive él y sus amigos, se enteraran de lo que le había sucedido a Cullen se había sentido tan avergonzado por su falta de amistad que se había alejado completamente de nuestro grupo en lugar de pedir disculpas, ignorando a Rosalie en el proceso. Ella intentaba no demostrarlo pero ese comportamiento le había destrozado en dos puesto que ella veía a Emmett como su héroe, su caballero andante y con su indiferencia hacia Edward había demostrado que era todo lo contrario. Rose lo adoraba pero sabía diferenciar entre los buenos actos y los malos, por eso no se había enojado con Edward por ser la razón del alejamiento de Emmett, sino que lo comprendía en absoluto.

-Escuchen todos, falta muy poco para mi cumpleaños y tenemos que comenzar a hacer planes, dijo repentinamente Alice mientras yo tomaba asiento en nuestra mesa y Edward acomodaba su silla de ruedas a mi lado. Ella se veía especialmente sonriente ese día mientras que Rose no podía dejar de bufar. La expresión de molestia en su rostro me provocó una sonora carcajada.

-Vienes diciendo lo mismo desde la semana después de tu último cumpleaños. Demonios Alice, aún faltan dos meses y estás molestando con eso desde hace un año.

-Discúlpame por mi entusiasmo, señorita "Mis papis me pagan un viaje a un lugar imposible en todos mis cumpleaños y me voy del país sin hacer un festejo con mis amigas", yo no tengo tu misma suerte y necesito comenzar a ahorrar con tiempo, sobre todo este año que cumplo mis dieciocho primaveras.

-¿De veras? Por tu inmadurez habría jurado que sólo cumplías ocho años, agregó la perra Hale mientras Alice le sacaba la lengua burlándose de ella. El tema era que para cada cumpleaños, los padres de Rosalie gastaban una millonada para enviarla de viaje a cualquier lugar que ella quisiera y eso era algo que a Alice le molestaba mucho, no porque se fuera o tuviera más dinero que nosotras, sino porque nunca podía hacer fiestas para su cumpleaños… Y rose tenía una mansión ideal para hacer grandes fiestas.

-El tema es que tengo un problema enorme, de vida o muerte, y necesito de su ayuda.

-Anda, dinos cuales son los colores de los vestidos por los cuales no te decides, le dije guiñándole un ojo mientras Rose reía. Ambas conocíamos a Alice desde hacía años y sabíamos que para ella una catástrofe significaba ver a alguien con el mismo pantalón que tenía puesto o romperse una uña.

-Cállate Bella, esta vez es muy serio lo que sucede, dijo golpeándome la cabeza mientras me observaba preocupada. Me sentía mal por molestarla constantemente pero Al era el blanco perfecto para cualquier broma. –No encuentro un lugar adecuado donde festejármelo. Luego de la última fiesta de cumpleaños que hice mis padres me prohibieron volver a usar mi casa para ello.

-Ni lo menciones, aun no me recupero de la imagen de Bella vomitando en la alfombra persa de tus padres y de Tanya metiéndose mano con James frente al cofre con las cenizas de tu abuela. Que en paz descanse la pobre señora Alice, susurró Rosalie juntando sus manos como si estuviera rezando. Edward no pudo evitar soltar una carcajada mientras yo sentía que mis mejillas ardían de la vergüenza. Jamás había bebido alcohol hasta esa noche, y luego de la borrachera que agarré en ese momento me había jurado jamás volver a tomar ni un sorbo de vodka por el resto de mi vida.

-¿Cómo es posible que te acuerdes de todo eso si te pasaste la mitad de la fiesta con la mejilla pegada al inodoro? Salvo por los treinta segundos que duraste bailando arriba de la mesa de la sala de estar antes de que Lauren te empujara y aterrizaras sobre el piano del abuelo de Alice.

Rosalie me miró arrojando dagas con sus ojos mientras Jasper cubría su boca con ambas manos. Estaba segura de que se había sorprendido por esos chimentos tanto como yo cuando la había visto en aquella fiesta.

-Dejen de sacar los trapitos del sol que debemos solucionar esto, y para tu información Rosalie el apellido de mi abuela no es "Alice", respondió ella molesta haciendo referencia al comentario anterior de mi amiga.

-Lo lamento Alice, por eso y porque no puedo prestar mi casa. Saben que mis padres son dos viejos amargados y jamás me permitirían invitar a doscientos primates que no harían más que toquetear sus valiosas estatuas y pisotear su preciado piso de mármol italiano.

-Bien, ya tenemos dos casas descartadas. Bella… Eres mi única opción.

-No creo que sea una buena idea, sobre todo teniendo en cuenta que habrá menores bebiendo alcohol y tengo un jefe de policías viviendo conmigo. Comenzaríamos el festejo en casa y lo terminaríamos bailando el caño en la celda de la penitenciaría.

-Aunque me gustaría ver eso, no deseo que Charlie asesiné a la única persona en este mundo que aun tolera mis falta de inteligencia en Biología. Asique para que todo sea pacífico propongo que la fiesta se realice en mi casa… Es grande, está alejada de la ciudad y por ende de los policías aguafiestas y además no me molesta ni me preocupa en lo más mínimo lo que mis padres puedan decir al respecto.

Alice chilló de emoción mientras se levantaba de su asiento y corría para abrazar a Edward y repartir besos por todo su rostro. A pesar de que el comentario sobre hacer un baile de caño con Edward observándome me había dejado con la guardia demasiado baja, estaba feliz por saber que él se sentía tan a gusto con nosotros que era capaz de poner su enorme mansión en manos de una peligrosa duendecilla sin ningún problema.

-Oye Alice, detente o Jasper va a comenzar a lanzar humo por sus oídos, le dije mientras intentaba despegar a mi amiga del inmóvil cuerpo de Edward. Frente a mí, Jas sonrió y suspiró, mirándome fijamente.

-Me parece que el celoso aquí no soy yo, sino otra "Bella" muchacha, agregó él y juro que por un momento unas ganas enormes de abalanzarme contra su figura se apoderaron de mí, pero no para abrazarlo sino para quebrarle el cuello.

No estaba celosa por Edward, uno no puede sentir celos de alguien por el que no sientes nada en lo absoluto.

Pero quizá si sentía algo poderoso por Cullen, y probablemente también estaba celosa. Mi mente era un caos y no podía dejar de hacerme preguntas.

Si alguien me hubiera dicho meses antes que estaría replanteándome mis sentimientos hacia Edward Cullen me habría reído en su cara, sobre todo porque pensaba que no lo quería y que no sentía nada amoroso con respecto a él. Pero en ese momento estaba llena de dudas, e intentaba adivinar desde hacía cuanto tiempo me sentía así y si había sido tan estúpida de confundir mi odio hacia él con algo mucho, mucho mejor que eso.


Hola a todos, sé que están enfadados conmigo y los entiendo, ha pasado mucho tiempo desde la última vez que actualicé pero sufrí un accidente horroroso y hasta ahora no había podido ponerme en contacto con ustedes. No es momento para dar explicaciones, solo quería decirles que no había estado por aquí porque estaba recuperándome y ahora que estoy mejor pienso retomar la historia nuevamente. Agradezco su apoyo y espero sus comentarios, ojalá les guste el capítulo. Nos leemos pronto.