Nuevo capítulo, a ver que os parece.
-Lollyfan33: Como siempre mil gracias por tu review, la verdad es que el LuNa a mi me gusta mucho, pero el ZoNa me tira bastante, y también NamixSanji (no se que nombre recibe ese ship la verdad xd). Nami es de mis personajes favoritos de One Piece. Pronto subiré de Gantz también, y espero ver más de tus historias. ¡Un abrazo muy fuerte, y gracias por leer!
-Guest: Buf la verdad es que yo también prefiero el ZoNa, que puedo decir, pero Nami y Zoro ya tuvieron su pasado juntos, y no salió del todo bien. ¿Se darán otra oportunidad? Ya lo veremos. Muchísimas gracias por leer y espero que te siga gustando.
Este fue de mis capítulos favoritos, espero que os guste. Como siempre, un review no viene mal, que vuestra opinión y crítica es importante para mí.
Capítulo 7
-Joder joder joder-repetía Zoro, mientras apartaba a la gente de su camino. Iba corriendo a toda pastilla por el pasillo del tercer piso, con Luffy detrás.
-¡Un minuto!-le avisó Luffy.
Entraron atropelladamente en el laboratorio de química.
-¡Gané!-dijo Zoro, sentándose en su sitio, con satisfacción.
-Vaya... han llegado justo a tiempo- comentó Kizaru, aburrido.
-Jopé-se lamentó Luffy-¡has hecho trampas!
-De eso nada, no empieces-Zoro sonrió con maldad-gané...como siempre.
-¿Puedo empezar mi clase?-preguntó Kizaru con ironía.
-¡¿Atarme los pies no es hacer trampa?!-se quejó Luffy.
-¡El viernes tú me encerrarse en el cuarto!-contratacó Zoro.
-¡Fuiste tú! ¡No sabes ni abrir una puerta!-se escandalizó Luffy.
Kizaru tosió, de mala uva, y los dos se callaron.
-Tal vez quieran que les coja como voluntarios...otra vez-su tono era relajado pero amenazador-aunque por lo que se, ya van a tener suficiente...
-¿A qué te refieres?-preguntó Zoro, sorprendido.
-¿Cómo?-Kizaru le miró enfadado.
-Quiero decir...¿A qué se refiere usted?-se corrigió Zoro.
-No se...-Kizaru comenzó a escribir fórmulas químicas en la pizarra-ya lo sabrá...
Zoro se encogió de hombros. Miró hacia Nami y Robin, y descubrió que estaban pálidas.
-¿Cómo se habrán enterado?-dijo Nami, aterrada, en voz baja para que Kizaru no la pudiese escuchar.
-¿Buggy?-sugirió Robin.
-¿Crees que él se ha chivado?-Nami estaba muy asustada-como sea eso, tenemos un problema serio. Tu no sabes de lo que son capaces...
-No tienen pruebas-reflexinó Robin-la fiesta fue el domingo, y ya estamos a martes.
-No necesitan pruebas, te lo aseguro...
-Y Nami, que está tan animada, será mi ayudante de hoy-anunció Kizaru con perversa satisfacción.
-Mierda-Nami se levantó y fue hacia Kizaru, mientras todos la miraban conmocionados.
Ciertamente, Kizaru era un cerdo. Le encantaba tener asustados a los alumnos, y castigarlos. Era una versión más sutil de Akainu. Zoro los odiaba a ambos por igual.
-Hoy experimentaremos con un curioso gas... su efecto es de lo más interesante-explicó Kizaru lentamente.
Zoro y Sanji se pusieron en pie. No iban a permitir que aquel monstruo intoxicase a Nami. Pero ella les rogó con la mirada que se sentasen.
-Vas a ayudarme a elegir los componentes. Y cuidado de no tirar nada-le advirtió Kizaru aburrido-de lo contrario te podrías... quemar.
-"Presten atención: los alumnos 246, 247, 470, 320, 321, 022, 103 y 069 preséntense de inmediato en el despacho del director-la voz metálica del megáfono retumbó por todo el colegio-repito, preséntense de inmediato"
Nami miró a Zoro helada. Estaba muy claro lo que ocurría. Los habían pillado. Ingerir alcohol en el reformatorio era una falta muy muy grave.
-¿Tenemos...que ir?-preguntó Sanji con voz débil.
Kizaru sonrió con malicia.
-Claro... tienen mi permiso. Buena suerte-siguió explicando la composición del gas de la risa, sin decir nada más.
Nami, Zoro, Sanji, Luffy, Usuff, Chopper y Nico Robin salieron del laboratorio de química lentamente. Pero no fueron directos al despacho. Se pararon y comenzaron a discutir.
-¿Cómo es posible?-Sanji estaba muy nervioso-¿Quién ha soltado algo?
-¡Yo no!-lloriqueó Chopper.
-¡Yo tampoco!-se defendió Usuff, algo molesto, porque todos le miraban-¡Os lo juro!
-Ayer estábamos de resaca-razonó Robin-la vez lo hayan deducido de eso.
-¡Chopper ni siquiera bebió!-exclamó Nami.
-Bueno, pero también estaba cansado. Y ellos saben que viene con nosotros-Robin era la única que conservaba la calma.
-¿Qué hacemos? ¿Vamos?-preguntó Sanji.
-No podemos hacer otra cosa-dijo Zoro simplemente-¿Qué van a hacernos?
-El problema es ese-Usuff tembló-son capaces de todo. Nos humillarán de alguna forma.
-Publicamente-añadió Sanji.
-Venga, vamos-dijo Luffy-yo me ocuparé de Sengoku.
-¡No Luffy!-Nami estaba muy seria-esta vez no darás la cara por otros. ¡Fuimos todos! ¡Todos bebimos! Menos Chopper...
El pequeñín estaba muy asustado, y se agarraba a Usuff con fuerza.
-T-tranquilo...yo te defenderé-le calmó Usuff. Pero él estaba igual de aterrado.
El despacho de Sengoku era muy grande, y tenía un enorme ventanal que daba al exterior. Un enorme cuadro del fundador de Shinsekawa, similar al del primer piso, colgaba de una pared. En un lado de la sala, un galgo reposaba en su cesto. La mascota de Sengoku.
El director, sentado en una larga mesa de madera, estaba hablando con Akainu en voz baja, cuando los siete alumnos entraron de golpe.
-¿No saben que hay que llamar antes de entrar?-preguntó Sengoku muy enfadado.
-Perdonenos-dijo Nami, con una falsa sonrisa-¡Es que no queríamos hacerle esperar!
Sengoku arqueó una ceja. Zoro no estaba seguro de que los trucos de Nami funcionasen con él.
-Siéntense-indicó unas sillitas que estaban al fondo del despacho-¡Pero no ahí! ¡Traigan las sillas hasta aquí!
Nami soltó una risita incómoda mientras el director tamborileaba los dedos, impaciente.
-Muy bien ¿podemos empezar?-preguntó Zoro con mala cara.
Akainu se adelantó.
-Están castigados-dijo, sonriendo.
-Qué sorpresa-ironizó Zoro. Akainu le miró furioso, pero él no se dejó intimidar.
-¿Cuál es la razón?-preguntó Nami con inocencia.
-Eso... no la sabemos-pretendió mentir Usuff, pero estaba tan nervioso que su voz se quebró.
-La saben de sobra-Akainu hizo crujir sus nudillos una vez más-han infringido gravemente las normas del centro. Su castigo será ejemplar.
-¿Nos van a quemar el brazo?-preguntó Zoro con sarcasmo.
-¡SILENCIO!-Akainu avanzó hacia él, amenazante-no se atreva a contestarme...
-Es suficiente Sakazuki-le interrumpió Sengoku. Akainu bufó-ahora seguiré yo. Han cometido ustedes una falta de primera clase. El castigo debe ser severo. Muy severo.
Todos mantenian la vista hacia el suelo, excepto Zoro, que fulminaba con la vista al director, Sanji, que no quitaba los ojos de Akainu y Luffy, que permanecía impasible, con la mirada perdida.
-¿Me van a negar ustedes, que el domingo 9 de julio hicieron una fiesta en la habitación 39, desde las diez hasta las cuatro e ingirieron bebidas alcohólicas y otras sustancias?
Nadie dijo nada. Pero todos pensaban lo mismo. O bien Sengoku tenía poderes divinos, o alguien se lo había soltado.
-¿No contestan?-tronó Akainu.
Zoro se levantó. Era bastante alto, tanto como Sengoku, y trató de imponerle algo.
-Solo bebimos alcohol. No tomamos ninguna droga. Y Chopper y Luffy ni siquiera bebieron.
Todos le miraron sorprendidos. Chopper con gratitud, Sanji con curiosidad y Nami con nerviosismo. La única mirada que Zoro no pudo descifrar fue la de Robin. No apartaba la vista de él, atraída por una especie de magnetismo.
-Sé de sobra quien bebió y quien no-dijo Sengoku con arrogancia-yo controlo este colegio, y todo lo que ocurre en él.
Zoro estuvo a punto de preguntarle si sabía que cuatro días atrás había hecho el amor con una alumna más pequeña en el cuarto de las escobas, pero le pareció que sería pasarse de la ralla.
-No esperaba esto de ti, Nico Robin-el comentario de Sengoku sacó a Zoro de sus pensamientos-creía que eras una persona más responsable. Una buena influencia para tus compañeros.
Robin le miró impasible. No parecía orgullosa, pero tampoco avergonzada.
-Como sé que te viste forzada por ellos, te perdonaré el castigo que se les va a imponer-concluyó Sengoku.
Todos le miraron a cuadros. La expresión "tener enchufe" se quedaba corta con aquella decisión. Les hubiera gustado protestar, pero Robin era su amiga, y era una suerte para ella que se librara.
Pero Robin les sorprendió.
-Usted lo ha dicho. Debo ser una persona responsable. Compartiré su castigo, como es justo-dijo, moviendo la cabeza con elegancia.
Sengoku estaba asombrado.
-No creo que sea necesario...-empezó.
-De otra forma no podría perdonarmelo-dijo Robin. Su forma de hablar, tranquila, elevada, impresionó a Zoro. Y por lo visto también a Sengoku.
-La chica tiene razón, Sengoku-dijo Akainu, que sonreía complacido. Luego, miró a Luffy y a Nami con clara adversión-su castigo tendrá lugar mañana al mediodía, antes de comer. Yo mismo... me encargaré de elegirlo.
Todos le miraron consternados.
Justo entonces entró Franky atropelladamente.
-¡Director! ¡Señor!-gritó, nervioso-¡Todo fue culpa mía! ¡Yo les convencí! ¡Castígueme solo a mí!
-¡Se llama antes de entrar!-dijo Sengoku, enfadado-¡Ya sabía yo que nos olvidamos de uno!
-069, usted y los demás están castigados mañana, antes de comer-informó Akainu, secamente.
-¿Podemos irnos ya?-preguntó Zoro ceñudo.
-Cuide sus modales-le avisó Sengoku-si, pueden marcharse.
Se levantaron de los asientos y fueron hacia la puerta. Justo antes de salir, Luffy se detuvo.
-¿Cómo?-preguntó, muy serio.
Sengoku le miró perplejo.
-¿Cómo Qué, Monkey D.?-le preguntó extrañado.
-¿Cómo se enteró?-dijo Luffy. Akainu resopló, indignado.
-Como siempre 247; indisciplinado, grosero, imbécil...
-No tengo por qué explicarte nada muchacho. Ya te lo dije: hace falta orden para que el mundo funcione.
Luffy quiso replicar, pero Akainu se puso delante y les obligó a salir a toda prisa. Se le veía de muy buen humor.
-Mañana, antes de la comida-les recordó-será un buen castigo.
-Eso no lo dudo-dijo Sanji en voz baja.
-Vale. ¿Quién se ha chivado?-preguntó Nami.
-¡Yo no!-dijo Chopper, asustado.
-¡Yo no!-se defendió Usuff.
-¡Yo tampoco!-dijo Sanji.
-¿Qué sentido tiene que nos chivaramos para que nos castigasen?-preguntó Zoro-es obvio que fue alguien de fuera.
Estaban terminando de comer. Robin y Franky ya habían acabado, y se habían ido, sin decir gran cosa.
-Buggy-Nami señaló al conserje, que justo pasaba por allí-nunca debimos haber confiado en él.
-¡Ni hablar! ¡Bugo no ha sido! ¡Él jamás haría algo así!-le defendió Luffy. No había hablado mucho desde que habían salido, y se le notaba enfadado.
-¿Cómo que no Luffy? ¡De sobra sabes de lo que es capaz! ¡Es un cobarde y un mentiroso!-Nami también estaba echando chispas.
-¡Él estaba en deuda conmigo! ¡Y nos ayudó a preparar la fiesta!-siguió Luffy, terco-¡Estoy seguro que no lo haría!
-¡Nos ayudó solo para que pudieran castigarnos!-exclamó Nami-¡Para así volver a ser el pelota de Akainu!
-Eso sí tiene sentido-concedió Zoro.
-No, no lo tiene-dijo Luffy, muy serio-si eso así fuera, Sengoku nos lo habría dicho. Estoy seguro.
-¿Por qué iba a decírnoslo?-preguntó Nami, extrañada.
-Me han castigado muchas veces, y siempre dicen la causa... a menos que sea algo muy especial. Un secreto-dijo Luffy, muy despacio-no es Bugo. Estoy seguro.
Nami le lanzó una mirada de incredulidad, y luego se volvió a Zoro, negando con la cabeza.
-¿Qué me decís de... ella?-preguntó Usuff, algo inseguro.
-¿De quién? ¿De Robin?-preguntó Nami.
Zoro levantó la vista, alerta. Notó como al haber mencionado a Robin, una agresividad inexplicable había surgido en su interior. ¿Cómo podía Usuff acusarla?
-Es posible-Nami removió su yogur, distraída-Sengoku le ofreció quitarle el castigo.
-¡Pero ella no quiso! ¡Lo aceptó!-defendió Zoro.
-Podría ser una fachada-replicó Nami, impasible.
-Sí-apoyó Usuff-se reconocer una mentira cuando...
-¡Ella está de nuestro lado! ¿Cómo podéis acusarla?-se enfureció Zoro, dando un golpe.
-Tranqui, loco-le frenó Sanji-sabemos que te mola y tal, pero solo estamos especulando.
Zoro quiso responder, pero no le salieron palabras. Sanji le había calado.
-Yo tampoco creo que sea ella-dijo Sanji, con calma-sería una idiotez. Y no es de ese tipo de personas.
-Llevo aquí el tiempo suficiente como para saber que no hay que fiarse de nadie-dijo Nami, con frialdad.
Zoro la miró con resentimiento. Ella no había cambiado. Seguía siendo desconfiada, falsa, tramposa... Robin era su amiga. ¡Siempre estaban juntas! ¿Cómo podía desconfiar así de ella?
-No me malinterpretéis-dijo Nami, como si hubiese adivinado el pensamiento de Zoro-¡Yo creo que fue Buggy! Pero en realidad, da lo mismo. El castigo será de todas formas.
-Incluso para Chopper-señaló Usuff, y el pobre niño asintió triste. Sin embargo, se le veía algo optimista, por estar tan integrado en el grupo que hasta les castigaban juntos.
Terminaron de comer, y se fueron hacia sus dormitorios, sin ni siquiera despedirse.
Toda la alegría que les había acompañado los últimos días se había esfumado como el humo. Era como si la amistad que los acababa de unir se hubiera roto en mil pedazos.
-¡Zoro!-le llamó Nami, desde atrás.
Él se lo pensó un poco antes de volverse.
-¿Qué quieres ahora?-preguntó, groseramente.
-Piensas que soy una cerda, ¿verdad?-le preguntó disgustada.
-Sí, algo así-Zoro la observó. Aquel rostro le perdía. Pero desde hacía días que ya no le rondaba por la cabeza. Otro le había reemplazado.
-Lo siento mucho, de verdad-se sinceró Nami. Zoro no recordaba que se hubiera disculpado así nunca-es que... la fiesta fue idea mía. Quería alegrar a Luffy... y... tú ya me avisaste de lo que podía ocurrir.
-No pasa nada-Zoro la acarició, con ternura. La tentación de lanzarse sobre ella, besarla y desnudarla era menor que otras veces. Pero seguía estando, claro.
Nami también se encontraba ante una tentación parecida. Recorriendo el cuerpo de Zoro con la mirada, pasando de su musculoso torso a su atractivo rostro, trató de contenerse.
-Creo que aún no nos hemos acostumbrado a esto-dijo Nami lentamente.
Zoro asintió. No había nadie más en el pasillo. Y el cuarto de las escobas no estaba muy lejos. Quizás era el momento de empezar de cero. Volver a intentarlo. Pero sabía que no funcionaría. Y además estaba ella...
-Robin... ¿te gusta, verdad?-preguntó Nami con cierta timidez. Temía oír la respuesta.
Él no se esperaba aquello, y al igual que cuando Sanji se lo había dicho en la mesa, no pudo contestar.
-Lo se desde hace días. No pasa nada... es mejor así-Nami se acercó a él, despacio, hasta que estuvieron casi pegados el uno al otro-yo también he sufrido.
Olía a mandarinas. Era un olor atrayente. A Zoro le volvía loco. No podrían resistir mucho más.
-N-no... Nami... no-intentó decir Zoro.
Recordó una noche, a las orillas del lago, cuando ambos se bañaron juntos en sus frías aguas, y después se tumbaron en la hierba, el uno encima del otro, desnudos, empapados. Zoro recordaba como la amaba, con que pasión. Era incluso violento a veces, salvaje. La tumbaba en el suelo, la abría de piernas y entraba en ella con fuerza, deleitándose con sus gemidos y besándola por todas partes. A veces se besaban ante la puesta de sol. Y querían que durase para siempre. Pero no podía seguir siendo más.
Sus labios habían estado cerca. Pero se alejaron.
Se contemplaron unos instantes, y después Nami habló, en voz muy baja, pues le costaba mucho dejar aquello.
-Tengo que volver... a mi cuarto-le besó en la frente, y por un momento la cosa estuvo a punto de derivar en algo más, pero lograron contenerse.
Nami le dio una última caricia y se alejó. Zoro la siguió con la mirada, pero de repente, tuvo que decir algo. Y no supo la razón. Y no supo por qué fue precisamente eso.
-Luffy te gusta.
Nami dio un respingo. Se volvió hacia él, y le miró. No podía ocultarle nada, lo sabia bien. Así que simplemente salió corriendo. No pudo hacer otra cosa.
Zoro la vio alejarse pensativo. Creía haberla dejado atrás, y que Robin era ahora su sustituta, pero ahora estaba confuso. El hecho de que Nami fuera detrás de Luffy le hacía sentir celos de su amigo, y reforzaba su amor hacia ella. Y Robin... ¿era simplemente una sustituta?
"Antes era todo más fácil-pensó Zoro-no debería comerme el coco." Pero...¿podía dejar de hacerlo?
La noche del martes al miércoles fue espantosa. De los ocho castigados, solo Franky concilió el sueño, y fue porque tomaba pastillas para el insomnio. El resto a penas consiguieron dormir.
Ni Nami ni Robin hablaron mucho aquella noche. Nami estaba igual que Zoro, con un montón de cosas en la cabeza, y con Luffy y el espadachín atormentandola todo el rato. Por su parte Robin no quiso decir que le ocurría. Salió al baño para hablar por teléfono dos veces, pero no le comentó nada a Nami. Fue un rato muy violento para ambas, que creían ser amigas.
Chopper pasó la noche vomitando por los nervios del castigo, y Usuff le estuvo cuidando. Habían congeniado mucho.
De igual manera, Sanji estaba desvelado, y después de estar "leyendo" unas revista adulta que guardaba en su cajón, llena de voluptosas jovencitas sin ropa, se fue al cuarto de Luffy y Zoro, que estaban oyendo música y hablando, y se quedó con ellos. Apenas durmieron tres horas.
La mañana del miércoles fue lenta y tediosa. Todos estaban a la espera de su castigo. La clase de historia de Jimbei, que solía entretenerlos mucho, se hizo eterna, y hasta Robin, la alumna estrella, estaba distraída.
Jimbei, que parecía saber algo acerca del castigo, no les dijo nada, y les permitió estar ausentes. En cuanto a Hancok, en su hora de lengua, se comportó también de forma distinta a lo habitual, dando a Luffy muchos más mimos que de costumbre (llegó incluso a meterle la mano por dentro de la camisa y acariciarle el pecho) y siendo desagradable hasta el extremo con el resto. Al parecer, les culpaba de que su "amorcito" hubiese sido castigado. En parte era cierto.
Por fin, en la hora antes de la comida, sonó el tan esperado aviso. Pero no como Luffy, Zoro y los otros esperaban:
-"Alumnos del Colegio Shinsekawa, diríjanse al salón de actos de inmediato."
Todos se miraron sorprendidos. Usuff tembló.
-Lo que me temía-le dijo Sanji a Zoro-un castigo público. Nos humillarán ante todo el colegio.
-¿Qué?-se asombró Zoro.
Nami asintió.
-El año pasado a un chico le dieron diez azotes con una vara delante de todos, como escarmiento-explicó Nami.
-¿Y nadie hizo nada?-Zoro estaba a cuadros.
-¿Qué íbamos a hacer?-dijo Sanji con amargura.
El salón de actos era el lugar donde se celebraban los acontecimientos más importantes del reformatorio. Tenia un gran escenario, donde a veces se realizaban conciertos de los alumnos de música u obras de teatro.
Akainu se encontraba en lo alto del escenario, acompañado de Kizaru y Aokiji. Los tres exhibían un semblante serio, aunque los ojos de Sakazuki brillaban de sádico placer.
Los alumnos se fueron sentando en las butacas del salón, y el barullo cesó cuando Akainu apretó un botón e hizo sonar un ruido insoportable, que les reventó los tímpanos.
-Muy bien-dijo Akainu, cuando todo el mundo se hubo callado-escuchenme con atención. Hoy nos hemos reunido para enseñarles una valiosa lección.
Zoro quería parecer furioso, pero el miedo empezaba a crecer en su interior. ¿Le azotarían delante de todos? Si lo intentaban, les partiría la cara, eso lo tenía claro. Pero la profunda voz de Akainu le hacía sentir miserable, e indefenso.
-Unos alumnos de entre ustedes, decidieron hacer una fiesta la noche del domingo. Tal vez para celebrar que uno de ellos es idiota y está castigado sin salir del colegio nunca más-siguió Akainu. Las miradas de todos se volvieron a Luffy. Él les sonrió con simpatía, pero también se le notaba nervioso-lejos de infringir solo la norma que establece que a partir de las diez cada alumno debe estar en su cuarto, estos indeseables llevaron alcohol para animar su fiesta ¡ALCOHOL!-gritó, y todos dieron un respingo-¡AÚN SABIENDO QUE ESTÁ PROHIBIDO! ¡AÚN SABIENDO QUE ES NOCIVO! ¡DESOBEDECIERON, FALTARON AL ORDEN, Y POR CONSIGUIENTE, A MÍ! ¿CUÁNDO APRENDERÁN A OBEDECER Y SEGUIR LAS NORMAS, TODOS USTEDES? ¿ES ACASO TAN DIFÍCIL? ¡SOLO SABEN METERSE EN PROBLEMAS, Y LUEGO LLORAR, ESPERANDO QUE ALGÚN ADULTO LES ATIENDA!
Todos los jóvenes estaban aterrados. La voz de Akainu sonaba atronadora, tan fuerte que las paredes temblaron y los cristales amenazaron con reventar.
Zoro vio como chicas y chicos de su edad, mayores y menores, miraban con odio, miedo y resentimiento a aquel hombre. Un hombre que solo sabia gritarles, castigarles y recordarles lo penosos que eran.
Desde un lado, algunos profesores como Jimbei, Hancok y Galdino escuchaban también. Todos parecían compungidos.
Cuando Akainu volvió a hablar, lo hizo en un tono mucho más suave, pero que resultó aún más amenazador.
-Suban aquí los alumnos culpables.
Los primeros en moverse fueron Luffy y Zoro. Después se levantaron Franky, Robin y Sanji. Usuff y Chopper subieron los últimos, y temblaban tanto que el pobre Chopper se cayó al suelo.
-¡Solo es un niño!-gritó Rebecca, una alumna fiera y contestona. Muchos la apoyaron, y empezaron a oírse murmullos e insultos.
-¡SILEEEEENCIO!-aquel grito de Akainu fue peor que cualquier otro. Zoro creyó que iba a ensordecer.
Todos enmudecieron.
-Si alguien quiere unirse a su castigo-ofreció Akainu con calma.
Nadie se movió.
-Muy bien. Entonces, vamos al grano. Es hora de educar-Akainu los colocó en fila. Desde el escenario, se podían ver las caras de todos los demás alumnos, que estaban pálidos. Zoro distinguió a Eustass, el matón, al moreno Trafalgar Law, a Kalifa, Koala y a la chica del pelo rosa que ahora le miraba con lástima. Desde el fondo de la sala, Brook les saludó con nerviosismo. Quizás pensaba hacer algo para ayudarles. Akainu hizo una seña-traigalo, Buggy.
El conserje entró arrastrando un carrito con al menos veinte botellas de whisky. Se escucharon varios gritos contenidos.
Akainu cogió una de las botellas, y la destapó.
-Tienen una graduación muy alta en alcohol. Como a ustedes les gusta. Tienen toda la hora para bebérselas todas. Son veinticuatro. A ocho que son ustedes, ya pueden sacar las cuentas-le pasó la botella a Luffy, con una sonrisa horrible.
-¿Y si no queremos beber?-preguntó Luffy, impasible.
Akainu se acercó a Chopper, y posó sus enormes manos sobre los hombros del niño.
-Entonces nos ensañaremos con él-dijo, apretándole. Desde atrás, Kizaru enseñó una vara de hierro. No tenían opción.
-¡No es justo! ¡Chopper ni siquiera bebió!-gritó Nami. Estaba fuera de sí. Miraba a Akainu con asco y miedo, como si fuera un loco peligroso. Verdaderamente lo era.
-Empiecen ya-ordenó Akainu, y se apartó, para que todos los alumnos pudieran ver bien el espectáculo.
-Cuando antes comencéis, antes terminaréis-apostilló Kizaru con sorna-eso es lo positivo.
Se miraron entre ellos. Nami miró a Zoro preocupada, y también Sanji. Zoro miró a Luffy.
-No te va a sentar nada bien-le dijo.
Luffy se encogió de hombros.
-Tres botellas cada uno, tripulación-dijo, con autoridad-¡Hay que intentarlo!
Se escuchó un suspiro de amor de Hancok desde el fondo de la sala.
Zoro echó un vistazo a Robin. Ella estaba tranquila, como siempre, pero le daba la mano a Chopper, y Zoro vio que le temblaba el pulso.
-¿Y si están envenenadas?-aventuró Usuff, que miraba su botella con pavor.
-A la mierda-dijo Zoro, y bebió un trago.
Verdaderamente, era el whisky más ardiente que había probado en su vida. Era muy, muy fuerte. Zoro tragó con decisión, y volvió a llevarse la botella a los labios. Podría soportarlo. ¿Pero ellos?
Nada más beber el primer trago, Luffy comenzó a vomitar, como en la fiesta.
-¡Nada de ayuda!-Akainu apartó a Nami con violencia, que había ido corriendo a socorrerle.
Pese a estar aún vomitando, Luffy cerró los ojos y bebió otro trago. Lo hacía por Chopper. Y por todos los demás. El pago por aquella fiesta tan divertida que habían tenido.
Con miedo y curiosidad, el público siguió atentamente la prueba: Sanji, Usuff y Nami aguantaron bien al principio, pero al empezar la segunda botella ya estaban muy idos. Chopper apenas bebió dos tragos y ya daba vueltas y vueltas, mareado. Luffy vomitaba como un loco por el suelo, pero seguía bebiendo. Robin, Franky y Zoro aguantaban bastante bien, pero a la tercera botella ya no podían más. La bebida era fortísima, y les quemaba las entrañas.
-¡Nami-swaaan!-dijo Sanji dando vueltas-¡Bailemos sí! ¡Por nuestro amor!
-Nah nah nah...yeah baby...tell me more...-Nami se balanceaba intentando bailar, moviéndose con torpeza y roja como un tomate. Le dio un ataque de risa y se abrazó a Sanji, y ambos empezaron un vals por el escenario, estando a punto de caerse dos veces.
-Bufff...vaya pedo-dijo Usuff, que se había sentado en el suelo, y se vaciaba el contenido de una botella por los pantalones-¡Me he hecho pis!
Luffy seguía vomitando, y lloraba del dolor, pero con las escasas fuerzas que tenía, se echó otro trago.
-Esto es de locos-dijo Zoro a Franky, pero descubrió con horror que el chico se había desmayado.
-No podremos aguantar mucho más-le dijo Robin a Zoro-y entonces usarán la vara.
Zoro observó el panorama, desolado. Nami se había puesto en medio del escenario, borracha como una cuba, y bailaba meneando el trasero provocativa. Se resbaló con el vómito de Luffy, pero Sanji la agarró a tiempo.
Aquello era increíble. No podía creerlo. Era una tortura. Y no podrían hacer nada...
O tal vez sí. Mareado, Zoro miró al público. Todos les miraban. Eran muchos alumnos. Una idea empezó a surgir en su mente... una idea muy arriesgada.
Se volvió hacia Robin, que daba tumbos. Sus miradas se traspasaron. Y supo que ella sabía lo que pensaba. Y se decidió a hacerlo.
Se adelantó hasta el extremo del escenario. Notó que Akainu y Kizaru le seguían con la mirada. Debía darse prisa. Bebió un trago, empapándose la ropa, tiró la botella y empezó a gritar.
-¡ESCUCHAD! ¡ESCUCHAD, JODER!-todos le miraron asombrados-¡ESTO QUE NOS ESTÁN HACIENDO ES ILEGAL! ¡TENÉIS QUE GRABARLO! ¡HACED FOTOS DEPRISA! ¡SUBIDLAS A LA RED!
-¡SILENCIO! ¿CÓMO SE ATREVE A...?-bramó Akainu.
-¡DAROS PRISA! ¿QUERÉIS JODERLES O NO?-rugió Zoro. Kizaru le agarró del brazo, y entonces él se volvió y le pegó un puñetazo haciéndole saltar las gafas y tirándole al suelo.
Aquello fue el detonante para la locura total. Los alumnos sacaron el móvil y empezaron a grabar y a hacer fotos.
-¡NO! ¡BASTA! ¡BASTA!-Akainu se tapó cegado por los flashes-¡DÉJENLO! ¡BASTA!
-¡ASÍ! ¡SÍ!-exclamó Zoro. Akainu avanzó hacia él y le dio tal golpe que le tiró del escenario. Zoro cayó al suelo con estrépito.
Luffy seguía vomitando. Robin había cogido a Franky e intentaba reanimarle. Usuff, Nami y Sanji bailaban la danza rusa.
-¡DETENGANSE! ¡YO LO ORDENO!-Akainu trató de detener aquello, pero fue tarde.
-¿Q-que pasa?-preguntó Luffy, llorando del dolor.
-¡SÍ! ¡CHUPAOS ESO, MAMONES!-gritó Zoro desde el suelo, dolorido.
-¡NO! ¡NOOOO!-Akainu bajó, le quitó el móvil a una niña de la primera fila y lo reventó. Pero no sirvió de gran cosa. Ya era muy tarde.
A la mañana siguiente, Youtup estaba lleno de vídeos con miles de visitas. Desde "Profesores capullos" y "Alumnos torturados en un reformatorio" a "Fiesta en Shinsekawa!", "Ayudarnos por favor" y "Abajo los profesores". "Tío bueno se moja la camiseta" y "Tía buena baila borracha" eran los vídeos más vistos.
-¿Cómo se os ha podido ocurrir semejante estupidez? ¿En qué demonios pensabais?-gritó Sengoku. Estaba regañando a Akainu y Kizaru en su despacho. Los dos estaban rojos de furia.
-Yo era el encargado de elegir el castigo. Yo elijo el castigo-dijo Akainu lentamente.
-¡Cállate!-Sengoku echaba chispas-¡Debería echarte de aquí por esto! ¡Expulsarte y demandarte! ¡Te das cuenta en el puñetero lio en el que nos has metido!
-Ya hemos empleado castigos como este en otras ocasiones-le recordó Kizaru-tú...estabas al tanto de eso ¿verdad?
-¿Me estás amenazando?-Sengoku le miró iracundo.
-Solo refrescandote la memoria-Kizaru estaba más tranquilo que Akainu, pero también estaba furioso. El puñetazo en la cara que le había dado Zoro le tenía muy mosqueado-los castigos ejemplares son una parte esencial del reformatorio.
-¡Estamos metidos en un buen lío!-repitió Sengoku-¡Vais a tener que echaros atrás por esto!
-¡Ni hablar!-Akainu dio un golpe en la mesa del director-¡Los castigaremos a todos!
Sengoku negó con la cabeza.
-He recibido ya cientos de letras de queja. Un inspector del ministerio vendrá muy pronto y...
-¡El ministerio respalda nuestro método!-exclamó Akainu-¡No nos harán nada por esto!
-¡Pero los padres sí!-Sengoku estaba muy nervioso-¡Y si la prensa viene y entrevista a los chicos, no nos dejarán en paz! ¡Imagino los titulares: "Profesores sádicos en un centro de tortura", "Esta es la nueva ley"! ¡Cerrarán el colegio! ¡No debemos permitirlo!
-Tienes ya una solución ¿verdad?-preguntó Kizaru con cinismo.
Sengoku asintió.
-Podéis pasar-dijo en voz alta.
Entraron en el despacho los ocho alumnos castigados. Todos venían furiosos, pero exhibían una gran sonrisa de satisfacción en sus rostros.
-¿Qué quiere? ¿Castigarnos otra vez?-preguntó Sanji con sorna.
-¿Cómo te atreves?-Sengoku se puso en pie, y avanzó hacia ellos. No era tan alto como Akainu y Kizaru, pero era muy musculoso pese a su vejez.
-¿Por qué nos ha llamado, señor?-preguntó Robin, más prudente.
Sengoku respiró profundamente.
-Tal vez quieren disculparse-sugirió Sanji con maldad-para que la poli no los detenga por abusos a menores. Se les ha acabado el chollo ¿eh?
Los tres profesores miraron al rubio con sorpresa y odio.
-¿Sabes, niño? No tengo miedo a la policía. Ni a nada que podáis decir de mí. El gobierno me respalda. Tengo contactos ¿entiendes?-Sengoku volvió a sentarse, y acarició a su galgo-si crees que me voy a poner a llorar y a pedir perdón, estás equivocado. Vuestro castigo fue un tanto exagerado...
-¿Un tanto?-saltó Zoro, a cuadros.
-...pero debisteis haber obedecido. Sin obediencia, no vamos a ninguna parte-siguió Sengoku.
-¿Q-quiere decir que debimos habernos bebido todo aquel alcohol? ¿Por obediencia? ¡Está tan loco como ellos!-exclamó Nami.
-No eres quien para replicarme-dijo Sengoku con calma. El galgo rugió amenazador. Era un perro muy grande.
-No, desde luego. Ni para razonar con usted. Vámonos-le dijo Zoro a los demás-esta loco.
-¡Silencio!-Sengoku volvió a levantarse, furioso, y avanzó hacia Zoro-mucho cuidado joven. No olvide que está hablando con un superior.
-Esto no es el ejército-se le encaró Zoro-¡Ni la cárcel!
-Déjeme a mi, director-Akainu se adelantó, dispuesto a golpear a Zoro.
-No, no ¡NO!-gritó Sengoku-¡BASTA YA!
Todos se quedaron en silencio. Sólo el perro hacia ruido, al rascarse.
-Escúchenme. No nos conviene hacer de esto una tragedia...-dijo Sengoku más calmado.
-¿No?-dijo Zoro con incredulidad.
-...por lo que nos interesa su... colaboración-los ocho chicos le miraron con desprecio. Tras una breve pausa, decidió seguir-les recuerdo que estaban castigados sin salir nunca más. Resultado de su vandálica fiesta. Propongo levantarles ese castigo a cambio de que ustedes no levanten testimonio en contra del colegio.
-Qué estupidez-esta vez fue Sanji quien habló-aunque nosotros no habláramos, hay al menos cien testigos más. Sin contar con los videos de Youtup.
Sengoku sonrió.
-Mis contactos ya están borrando esos videos. Dentro de nada habrán desaparecido de la red todas las evidencias de lo ocurrido. Sólo quedará su palabra. Y de eso va nuestro acuerdo.
Los chicos le miraron, entre aterrados y fascinados. Aquel hombre era un corrupto y un estafador. Iba a ocultar información, y en vez de denunciar a sus dos empleados, iba a encubrirles, sobornando a unos niños.
-No cuente conmigo-dijo Zoro, mirándole con asco. Se dispuso a marcharse.
-Espera Zoro-dijo Luffy despacio-estamos de acuerdo.
Él se volvió, sorprendido.
-Me alegra que sea usted más razonable, Monkey D. -dijo Sengoku.
Luffy asintió.
-No diremos nada... si nos levantas el castigo-repitió.
-Es justo-aprobó Sengoku.
-No... ¡No lo es!-intervino Nami-¿Luffy, estás loco? ¡No vamos a colaborar con él! ¿Te das cuenta de lo que está haciendo?
Luffy ni siquiera la miró. Tenía la vista fija en Sengoku. El director lo notaba, y estaba ciertamente incómodo.
-Lo haremos. Pero debe prometer que no habrá más castigos así-dijo Luffy con firmeza.
Sengoku arqueó una ceja, escéptico. Tamborileó un poco los dedos sobre la mesa y finalmente dio una seca cabezada.
-No habrá más castigos públicos-cedió.
-Humillaciones-le corrigió Sanji.
Pero Nami y Zoro no estaban de acuerdo.
-¿Vas a permitir que se salgan con la suya?-Zoro trató de razonar con Luffy inútilmente-¡Ellos te hicieron beber el alcohol! ¡Amenazaron con pegar a Chopper!
-¡Luffy, en serio!-Nami le miró suplicante.
Pero el chico no les respondió.
-Solo una cosa más-le dijo a Sengoku, muy serio-¿Cómo lo supo?
El director, que parecía más relajado, se puso tenso de nuevo.
-¿Saber... el qué?-preguntó con falsa inocencia.
-¿Cómo lo supo?-repitió Luffy, inalterable.
Akainu intervino.
-Eso no está en el acuerdo ¿verdad? Largáos de aquí antes de que sea yo el que cambie de opinión-les espetó.
Sanji iba a contestarle, pero Luffy le frenó. Se levantó, y se dispuso a marcharse.
-Hasta otra-le dijo al director.
-Espero que no, Monkey D.-respondió Sengoku, con fiereza.
Los chicos salieron de la sala, y cerraron la puerta. Nami solo tardó unos segundos en explotar.
-¡¿A tí que te pasa?!-le preguntó a Luffy enfadada-¡Tú eres el primero que dice que hay que ir contra ellos!
-¿Por qué has cedido Luffy? ¡Es un chantajista!-dijo Zoro.
-Y un hijoputa-añadió Sanji.
-Deberíamos llamar a la policía. Ahora que todo el mundo ha visto los videos, es el momento de quejarnos ¡Cerrarán el reformatorio, los mandarán a la cárcel y todo estará arreglado!-razonó Usuff.
-¿Tu crees?-Luffy miró a su amigo con incredulidad-¿Todo arreglado? Tu mismo hablaste de esa ley. Nos mandarían a otro reformatorio. Vete tu a saber si peor. ¡Y seguro que ya no estaríamos juntos!
Todos parecieron comprender el punto de vista de Luffy. Pero no a todos les convenció.
-¿Es solo por eso? ¿Por estar juntos? ¡Vas a dejar que se salgan con la suya por eso!-le recriminó Nami.
-¡Tú y yo estamos juntos siempre! ¡Pero los demás no! ¡Además, yo aún tengo algo que hacer aquí!-exclamó Luffy, testarudo.
Nami se detuvo al escuchar aquello último. Zoro no lo entendió. ¿A qué se refería con "hacer algo"?
-Está bien-cedió Nami-aceptaremos su pacto...
-¿En serio?-se sorprendió Sanji. Nami le dió un pisotón.
-...siempre y cuando no nos intenten volver a putear-terminó Zoro.
Todos estuvieron conformes. La tensión que tenían acumulada desde el martes desapareció rápidamente, y volvieron a ser los buenos amigos que eran siempre.
-Lo mejor es que podremos volver a la ciudad-dijo Luffy muy contento-¡Al final nos cae playa! ¡Shishishi!
-Ya veremos. Seguro que se las ingenian para castigarnos otra vez-replicó Zoro.
-¡Pero podemos amenazarles con chivarnos de lo del alcohol!-dijo Usuff, astutamente.
-No vamos a usar el pretexto del alcohol para chantajearles. Sengoku no funciona así-dijo Nami.
-Lo mejor es dar ese asunto por zanjado-agregó Sanji.
-Y empezar de cero-terminó Zoro. Estaba mucho más optimista de lo habitual. Habérsela jugado así a Akainu le había puesto de muy buen humor. Y por primera vez en mucho tiempo se sentía unido a un grupo. Un grupo, quizás no muy normal, pero en el que se sentía muy a gusto.
Quiso hablar con Robin, pero ella se marchó enseguida, diciendo que tenía que ir al baño.
-No deberías dejarla escapar-dijo Sanji-a ella le gustas.
Zoro volvió a ponerse colorado. Notó que todos le miraban.
-¿Por qué no decírselo?-le animó Luffy.
-¡Eso chaval! ¡Lánzate a por ella!-le aconsejó Franky.
Nami no dijo nada, pero sonrió a Zoro con complicidad.
Él estaba confuso ¿Le gustaba Robin? ¿de verdad era tan obvio? ¿desde cuándo le costaba tanto hablar con una chica? Si una le ponía, se la tiraba y punto. Pero Robin...era como Nami. O aún más difícil. Su cabello largo y negro... sus ojos grandes y azules... su piel suave y morena.
-Creo... que voy a... dar una vuelta-mintió.
-¡Espera!-le llamó Nami. Pero esta vez él no se detuvo-se perderá seguro-dijo ella, vencida. Y se fue a su habitación, a pensar en Luffy y en lo que le había dicho.
Zoro caminó por los pasillos, intentando encontrar su cuarto. Pero por supuesto, se perdió. Su sentido de la orientación era verdaderamente nulo.
Comenzó a deambular por el pasillo, sin muchas ganas. Se encontraba de excelente humor y de repente aquello le había descolocado. Pensó en Robin. Pero Nami se colaba en sus pensamientos. Pensó en Nami. Pero Robin no salía de su cabeza.
"Joder-pensó, con fastidio-¿por qué es todo tan difícil? Encima me estoy meando."
No hubo manera de que encontrase el baño. Empezaba a estar bastante cabreado, cuando un ruido detrás de él lo sacó de su ensimismamiento. Se giró, esperando que no se tratase de la chica de pelo rosa de la otra vez.
La persona con la que se encontró también tenía el pelo teñido. De verde. Era un chico un año menor al menos.
Y tenía un piercing en la nariz. A Zoro ya le sonaba haberle visto en otras ocasiones. Pero nunca se había fijado demasiado en él. Aún así, se alegraba de verle. Era la única posibilidad que tenía de encontrar el maldito baño.
-Perdona...chico-le llamó Zoro.
El chaval, que le había estado mirando fijamente, se sonrojó y dió un brinco, encantado. Con la pinta de chungo que tenía, Zoro se esperaba todo menos eso.
-¿Me puedes ayudar... a encontrar el baño?-pidió Zoro, algo extrañado.
-¡Oh... s-si! ¡C-claro!-el chico se acercó a él, con los ojos abiertos como platos-para m-mi... es un honor.
Zoro no sabia si se burlaba de él o realmente era así. El chico le hizo señas para que le siguiese, y le llevó por un oscuro corredor hasta el aseo.
-Muchas gracias-le dijo Zoro, tratando de ser educado.
-De nada... ¡de nada! Yo... os admiro mucho-dijo, sonrojado.
-¿Qué?-Zoro no le comprendió.
-A tí... y a Luffy Sombrero de Paja. Sois... muy valientes-dijo, temblando. Realmente estaba muy nervioso. Parecía un fan que acababa de conocer a su mayor ídolo.
-Vaya... gracias...-Zoro estaba sin palabras. Empezaba a ser algo habitual en él. Hizo ademán de marcharse.
-Os enfentasteis a Akainu-el chico no parecía dispuesto a dejar la conversación tan fácilmente.
-Sí... bueno-lo que le faltaba era soportar a un niño chiflado.
Le miró unos instantes. Él ni pestañeaba.
-Me llamo Bartolomé...tu cicatriz mola-añadió. Estaba a punto de llorar de emoción.
-Encantado... Bartolomé...gracias-Zoro no estaba dispuesto a perder más el tiempo. Se metió en los baños, escuchando al chico suspirar de emoción.
-"Aquí hay gente muy rara. Y creía que yo estaba mal"-pensó mientras buscaba un retrete. Era una sala muy grande, con una larga hilera de duchas al fondo.
Zoro echó una meada, se lavó las manos y el rostro y se miró en el espejo. Su rostro denotaba angustia ¿Por qué debía estar así? Verdaderamente, tener las tensiones de la adolescencia era una mierda. Zoro siempre había sido dado a deprimirse, sobretodo tras la marcha de su madre. Pero aquellos últimos meses, sobretodo tras perder a Nami, se había hundido en una auténtica depresión. Ya no le importaba nada. Ni siquiera su sueño.
Un ruido al fondo de las duchas llamó su atención. Con su ultra-fina capacidad de percepción, Zoro supo que había alguien más. Pero ese alguien no parecía haberse percatado de su presencia.
No supo por qué, pero la curiosidad le llevó a acercarse a las duchas. Avanzó despacio, con cautela. Estaba seguro de que allí había alguien más. Un presentimiento le atenazaba. Y entonces los vio.
Trafalgar Law y Nico Robin se besaban apasionadamente apoyados en la pared de la ducha, comiéndose las bocas y apretándose fuertemente el uno contra el otro. Zoro pudo ver que la mano de Law se deslizaba descaradamente hasta el trasero de Robin, y se lo apretaba con fuerza. Sabía muy bien que aquello acabaría en mucho más...
Y en el instante en que vio aquello, cuando sintió que su sangre empezaba a hervir de rabia, cuando avanzó hacia ellos decidido, supo que no tenía ninguna duda: Robin le gustaba. Le gustaba mucho. Ella no era una simple sustituta de Nami. Era algo totalmente distinto.
Agarró a Law del brazo, y cuando este se giró, sorprendido, le dio un puñetazo en la mandíbula. El chico moreno calló al suelo con fuerza.
Zoro avanzó hacia Robin. Ella estaba paralizada, y le miraba con algo parecido al miedo. Eso le hizo sentirse fuerte. Y le impulsó a hacerlo.
La besó. Le dió el beso que debería haberle dado en la fiesta de Luffy, solo que con más fuerza y pasión. Sus labios acariciaron los de Robin, y los apretaron casi con violencia. Tenía un sabor distinto a cualquier otro que hubiera probado. Para su sorpresa, ella no se lo impidió.
Law en cambio, se levantó del suelo y le devolvió el puñetazo. Zoro no había imaginado que fuese tan fuerte. Notó como la sangre brotaba de su boca, tibia.
-¡No!-exclamó Robin, alarmada.
Zoro agarró a Law de su camisa y le estampó contra la pared, pero él le dio un codazo en el estómago y le golpeó otra vez.
Calleron al suelo y rodaron golpeándose con furia. Zoro agarró a Law por la mandíbula y se dispuso a darle otro puñetazo.
-¡Basta! ¡Basta!-exclamó Robin. Law se detuvo, pero Zoro no. Le dio otra patada, se levantó y miró a la chica con rabia. Ella no parecía enfadada, pero su rostro se había ensombrecido-vete, por favor-pidió, lentamente.
Zoro vaciló unos segundos. Quiso decirle algo a Robin. Quizás que acababa de descubrir que la quería mucho más de lo que él pensaba, o que sentía haberla puesto en esa situación. Quizás quería preguntarle por qué se había liado con Law, por qué se lo había ocultado. Pero no dijo nada. Simplemente resopló y se marchó de allí.
Tardó un rato en llegar a su cuarto, como siempre, pero cuando lo consiguió, se metió en la cama y puso su cabeza contra la almohada. No quería saber nada de nadie. Su oscuridad habitual y el pesimismo que le acompañaban desde hacía tiempo le volvieron a rodear. Le había pasado lo mismo que con Nami. Él no era el típico chico rompecorazones que aparentaba ser. Era mucho más sensible. Aunque jamás lo diría. Y sufrir por amor era lo que más odiaba en el mundo. Robin lo había atrapado en una ilusión... y de nuevo había venido el desengaño.
Sin embargo, una misteriosa luz iluminó su corazón por un instante, y sintió una extraña sensación de optimismo, como si Luffy le hubiera poseído; Recordó el beso. Robin no se lo había impedido. Y había sido increíble.
Después de lo del castigo de alcohol y aquello, la semana había sido una de las más intensas de su vida, sin duda.
Bueno, este ha sido bastante más intensito ¿verdad? Me encanta la parte en que les obligan a beber, Akainu es un gran personaje en esta historia, un profesor violento y trastornado. ¿Qué pasará entre Zoro y Robin? Y con Law, claro.
Muchas gracias por leer y dejadme un review con vuestras impresiones. Seguramente suba el siguiente la semana que viene. ¿Se os ocurren formas de dar a conocer más este fic? Es que no uso otras webs ni redes sociales como autor, así que tengo poca idea.
