Capítulo 14:

Extrañaba demasiado mi antiguo teléfono. Era una mujer de gustos clásicos y muy anticuada, jamás conseguiría adaptarme a las nuevas tecnologías. A pesar de que Edward había continuado insistiendo el resto de la tarde en la escuela con comprarme un móvil nuevo yo me había negado rotundamente… No quería ser su amiga por lo que su posición económica pudiera brindarme, y necesitaba demostrárselo. Además, Charlie me había quitado mi destartalada camioneta luego del incidente con el cabello y el rostro de Tanya, por lo que no había necesidad de seguir ahorrando para comprarme un auto nuevo. No puedes cambiar algo que no tienes (o que tu padre te ha quitado).

En conclusión, había tomado un bus hacia Port Ángeles y le había pedido al vendedor que me diera el teléfono más económico que tuviera, no importaba si era nuevo o usado. Diez minutos después había salido con un teléfono aceptable pero demasiado complicado para mis conocimientos celularescos y caminaba alegremente con él hacia la parada de autobuses.

Algunos segundos después y luego de un sinfín de fallidos intentos había conseguido abrir la aplicación de los mensajes y el primero había ido dirigido a Alice, rogándole por favor me ayudará con la nueva adquisición. A diferencia de mi humilde persona, la pequeña duendecilla era una luz con la informática.

El segundo mensaje había ido dirigido a Dimitri, enviándole mi nuevo número. Él siempre había sido bueno conmigo y muy atento durante mi estadía en el Hospital por lo que sentía que al menos merecía le enviara un mensaje con mi contacto. No tenía esperanza de que respondiera puesto que había pasado bastante tiempo desde mi última visita a la sala de emergencias, pero al menos no cargaría con la culpa de haberlo ignorado.

El tercer mensaje iba a ir dirigido a mi madre, pero en cuanto había escrito la primera letra del texto me había arrepentido de inmediato. Nuestra relación había quedado en pésimas condiciones desde la última discusión y con el correr del tiempo me había demostrado que ella había tomado la decisión de alejarse de mi por completo. En su lugar le envié un mensaje a Charlie diciéndole que ya estaba nuevamente comunicada y agradeciéndole por su paciencia conmigo y con mi pésimo carácter.

Fue recién después de todo eso que me decidí hablar con Edward. Quería tener tiempo de hablar con él, y habiéndome quitado el peso de mis amigos y mi familia de encima ya estaba lista para dedicarle toda mi atención.

"Hola Cullen, este es mi nuevo número. Gracias por tu insistencia, tuve que comprarme un móvil que no entiendo y que me costó un ojo de la cara".

Un par de segundos después el aparato chilló haciendo un sonido muy molesto y consiguiendo que todos en el transporte giraran a verme asustados por el pitido. Me castigué a mí misma por no haberlo puesto en modo silencioso y luego de sonreírle a todos pidiendo disculpas volteé para ver quién demonios me había contestado.

"Que pena que hayas tenido que pagar de esa manera, tenías unos ojos hermosos".

Algunas veces, cuando él me enviaba mensajes como esos, me sentía como una niña de 15 años siendo cortejada por su compañera de escuela. Edward era un seductor por naturaleza, estaba segura de que ni siquiera lo intentaba… Era natural en él actuar así, y el problema era que yo no estaba acostumbrada a ese nivel de confianza. Lentamente comenzaba a comprender porqué todas las mujeres de Forks había caído rendidas a sus pies en su momento… Era imposible estar cerca de él y no sentir tus hormonas alborotándose.

"Aun me quedaba uno y falleció al leer tu descarado intento de coqueteo. Siéntete culpable"

"No estaba coqueteando contigo, un hombre hace eso cuando quiere tener a una mujer en la palma de su mano y yo ya te tengo justo donde quiero"

Vaya vaya, el chico se sentía mucho más ganador de lo que era. No sabía si reír de los nervios o encerrarme en mi propia vergüenza después de leer eso. Edward tenía más que asumido que yo estaba perdida por él y eso no era cierto… Aun. Tenía que dejárselo en claro, pero en cuanto estaba por responderle otro mensaje entró a la casilla anulando lo que antes había escrito.

"Isabella, que gusto tener noticias tuyas. Pensaba que te habías olvidado de tus viejos amigos… ¿Qué es de tu vida? Podrías venir a visitarnos de vez en cuando, extraño tu compañía a la hora de limpiar mocos", había escrito Dimitri colocando caritas felices al final del texto. Estaba segura de que en lugar de "visitarnos" habría deseado escribir "visitarme" pero era demasiado tímido como para lanzarse de esa manera. Todo lo contrario de Edward, que tenía más que asumido que yo era suya.

"Yo también extraño esa compañía. Pronto iré, lo prometo", le había respondido riendo por el mensaje.

Dimitri era un hombre guapo, quizá demasiado mayor para mi gusto, pero era esa clase de sujetos por el que uno voltea a mirar más de una vez. En su momento me había parecido alguien deslumbrante y trabajar a su lado había sido un deleite para mis ojos, luego con el tiempo fui acostumbrándome a él y dejando de lado la impresión que en el principio me había causado. Además, tenía un carácter pésimo y eso había contribuido a que dejara de sentirme deslumbrada por él.

Mientras mi cabeza temblaba apoyada sobre la ventana del autobús un extraño pensamiento llegó a mi cabeza y me hizo suspirar por ello… Dimitri era todo lo contrario a Edward. Físicamente tenía un par de años más que él, y esa madurez que Cullen no poseía lo hacía ver atractivo sin ser necesariamente un niño. Además tenía unos preciosos ojos celestes que servían a veces para tranquilizar a los pacientes, y su cabello era casi blanco, como la nieve que cubría el paisaje de Forks casi todo el tiempo.

Edward, sin embargo, tenía esa chispa de magia… Ese "algo" que nadie podía describir claramente y que hacía que todo el mundo cayera a sus pies. A pesar de ser sólo un chico ya podía llevarse a todo el mundo por delante y eso lo hacía digno de admiración. Sin contar también con su enorme fuerza de voluntad que, en ese momento, era una de las cosas que más me enorgullecía de él.

Mi cabeza era un caos, y todo se debía a hombres. Charlie tenía mucha razón al decirme que todo es más fácil antes de comenzar a fijarme en los chicos. Me arrepentía de no haberle hecho caso.

De repente el teléfono vibró y observé la pantalla distraídamente, sonriendo mientras leía el nombre de mi mejor amiga brillando en la reluciente pantalla del móvil.

"Felisidades x la nueba adquisision. Ya le embiaste un mensaje a Eddy?", se leía en el mensaje que había hecho sangrar mis ojos por la cantidad de espantosos errores ortográficos. Sabía que Idioma no era la clase favorita de Alice en la escuela y que escribir correctamente no era su fuerte pero jamás me imaginé que su situación fuera tan deplorable. Una de las desventajas de tener un móvil que puede enviar SMS y de ser runa maniática de la ortografía es tener que leer los horrores que escribe la gente.

De repente otro mensaje entró al móvil y apreté desprolijamente sobre la pantalla táctil, sin comprender muy bien cómo manejar el estúpido teléfono.

"Mierda Alice… Para tu cumpleaños voy a regalarte un maldito diccionario. Y con respecto a tu anterior pregunta, ¿Por qué debería de haberle enviado un mensaje a Edward?", escribí presionando el botón para enviarlo casi al instante. Luego cerré esa pestaña dispuesta a leer el mensaje que había llegado, el cual estaba segura era de Edward.

"Discúlpame si te ofendió mi anterior mensaje, sólo estaba bromeando contigo."

"Descuida, esa clase de mensajes molestan a una chica cuando está interesada por alguien y yo por ti no siento absolutamente nada", tecleé a la velocidad de la luz y se lo envié mientras dos enormes cuernos salían por mi cabeza. Me sentía como el mismísimo diablo jugando con su pequeña presa.

Me gustaba estar con Edward, me gustaba su sonrisa torcida y me sentía bien a su lado, también reconocía que era extremadamente hermoso y que mi corazón se aceleraba cada vez que lo veía, algo especial sucedía entre nosotros… Pero no era amor. Quizá me gustaba, quizá lo quería pero eso no era suficiente y debía de mantener ese pensamiento en claro. Querer no es lo mismo que amar, el segundo requiere de mucho más de uno mismo y yo no estaba dispuesta a entregar mi corazón a Edward, al menos no hasta asegurarme de que no era como siempre había pensado y que se había alejado de sus andanzas.

"Bla bla bla, tus palaras dicen una cosa y tus sonrosadas mejillas cuando me miras dicen otra".

Puto presumido, él pensaba que tenía a todas las chicas lamiendo el suelo por el que caminaba. Eso ayudaba más aun a alejar de mi los pensamientos acerca de sentir algo más fuerte por él.

"No te agas, Bela. Te mueres x Kullen y no piences negarl nota a quilometros".

Demonios, debería de hablar seriamente con Alice. Quizá lo mejor que podía hacer por ella era pagarle un par de clases con alguna profesora particular que le enseñara a escribir bien, o también podía golpearla con un bastón hasta que su cerebro despertara y se pusiera manos a la obra.

"No siento nada por Edward. Es un mujeriego, su condición no quita que cuando se recupere vuelva a ser el mismo Don Juan de siempre y yo no quiero eso para mí ni para nadie decente. Merezco algo mejor que eso", tecleé y presioné sobre el botón de enviar. Luego bloqueé la pantalla y cerré mis ojos suspirando. En un mundo paralelo yo lo amaba, y él también me amaba a mi. Pero era algo que no sucedió nunca y jamas pasaría… Las Bellas no andan con los Edwards, ellos solo se fijan en ellas cuando quieren algo y luego corren a ocultarse entre las piernas de las Tanyas.

-.-.-

Necesitaba adoptar un perro. Todas las noches cuando llegaba a casa me percataba de lo horrible que se sentía estar solo, y aunque antes había adorado tener esa libertad y tranquilidad, en ese momento deseaba lo contrario. Forks no era un pueblo peligroso, jamás entraría alguien por la ventana a asaltarme por lo que no tenía temor de estar sola todas las noches, pero necesitaba alguien que estuviera a mi lado, que me diera el calor que tanto me hacía falta.

En mi portátil había muchos mensajes de Reneé, mails que eliminé sin siquiera haberlos leído. No odiaba a mi madre, pero mis sentimientos hacia ella no eran buenos. Prefería mantener todo así, ajo la ley el hielo, por su bien y por el mío. Otro de los mensajes en mi bandeja de entrada era un correo de Alice que contenía imágenes de las invitaciones de cumpleaños entre las cuales no se decidía. Había algunas espantosamente coloridas y otras que pegaban mucho con ella, llenas de brillo y muy originales. Tomé mi teléfono y aprovechando que tenía cámara de fotos le saqué una captura a la que más me gustaba para enviársela y hacer mi aporte a su mega-gigante fiesta. Pero entonces, al mirar la pantalla, me percaté de que tenía un mensaje de ella y otro de Dimitri, que decía me esperaba en el Hospital cuando quisiera. Edward no había dado señales de vida, de seguro estaría durmiendo.

"El cilencio otorga, kerida Bela. Lee el imail q t mandé y alludame a escojer una targueta. Vesos".

Ese sí que era un mensaje extraño… No por la enorme cantidad de palabras mal escritas, sino porque ella decía que mi silencio le había dado la razón. ¿Qué había pasado? Estaba segura de que le había respondido el mensaje anterior. ¿Acaso me habría quedado dormida en el bus antes de enviárselo? Sintiéndome muy confundida revisé la casilla de mensajes enviados para ver qué demonios había pasado… Y entonces… Juro por Charlie que mi corazón se detuvo por un segundo.

Le había enviado a Edward el mensaje que era para Alice. El mensaje en el que lo trataba de mujeriego insensible…

Oh mierda… ¿Qué demonios había hecho?

-.-.-.-

Media hora después y luciendo aún más pálida de lo que normalmente era, me encontraba subida a un taxi viajando hacia la casa de Cullen, al otro lado de la ciudad.

Ni siquiera lo había pensado demasiado… Luego de despertarme del desmayo que había sufrido por la impresión y diez minutos después de constantes vómitos en el baño, había decidido que aclarar las cosas de frente con Edward era lo mejor que podía hacer en ese momento. No interesaba si gastaba lo poco que me quedaba de dinero en aquel estúpido taxi, tampoco quería pensar en el regaño que me daría Charlie cuando supiera que me había escapado de la casa a media noche, simplemente quería hablar con Edward y disculparme por mi actitud.

El problema no era lo de las mujeres, lo que más me disgustaba era que me había metido con su estado de salud y eso era algo muy indigno para cualquiera, incluida yo. Los seres humanos morimos por las palabras, o al menos sufrimos desmayos y vómitos incontrolables a causa de ellas. Edward iba a odiarme, estaba segura de que en ese momento estaba pinchando alfileres en un muñeco vudú con mi nombre (lo juro, sentía punzadas en mi panza) y no lo juzgaba, pero si iba a lanzarme embrujos prefería explicarle las razones por las que había dicho eso antes de morir por culpa de la magia negra.

Él tendría que valorar el esfuerzo que estaba haciendo, estaba cien por ciento segura de que ninguna chica, antes que yo, había tomado un taxi a media noche por él, sobre todo porque todas las mujeres con las que había salido tenían tremendos autos. Pero bueno… La actitud era lo que importaba ene se momento.

Al bajar del taxi y luego de que una enorme puntada atacara mi hígado al pagarle al taxista, me encaminé hacia la entrada de la mansión Cullen. El frío que recorría la ciudad aquella noche era terriblemente doloroso y de apuro yo ni siquiera había agarrado un abrigo. Esperaba que Edward me atendiera y accediera a hablar conmigo, de lo contrario moriría congelada y Charlie debería ir a reconocer a un cubito de hielo para saber si era yo o un mamut.

Con manos temblorosas, más por los nervios que por el frío, me acerqué al timbre y presioné sobre él. Me sentía totalmente estúpida esa noche, pero sabía que había tomado la decisión correcta. No quería a Edward como novio, pero si como amigo, era un chico estupendo y no quería perderlo por una estúpida confusión. Necesitaba que él lo supiera.

De repente la puerta se abrió y por detrás de ella pareció un curioso Edward, vistiendo un abrigado suéter y un gorro de lana adorable. Lucía muy guapo y calentito. Unas enormes ganas de lanzarme hacia él y abrazarlo se apoderaron de mí, sobre todo porque el suéter era de lana y yo tenía el trasero congelado.

-Emm… Hola… Buenas Noches.

-Hola Bella… ¿Qué haces aquí?

¿Él no sabía qué hacía allí? Demonios… ¿Y SI NI SIQUIERA HABÍA LEÍDO EL MENSAJE? ¡PUTA MADRE! HABÍA GASTADO $150 DOLARES EN TAXI PARA NADA.

-Quería saber… que tal estabas.

-Yo estoy bien… Siendo el mismo mujeriego que siempre, agregó con una torcida sonrisa que no hizo más que pegarme otro puñetazo en el abdomen.

-Edward por favor… Tienes que dejar que te explique, entiende que cometí un error. Necesito que hablemos.

Nunca antes me había sentido tan avergonzada, nunca antes le había rogado a alguien me perdonara con tanta desesperación. Mi corazón dolía cada vez que estaba con él, y no sabía que tanto daño podría ocasionarme eso en un futuro.

-Adelante… Mis padres no están. Si quieres que hablemos podemos hacerlo tranquilos.

-.-.-.-

-No sabía que tuvieras tan mal concepto de mí, Bella. Sé que me odias desde siempre, a pesar de mis constantes intentos por acercarme a ti, pero nunca imaginé que llegarás tan lejos, dijo él mientras se inclinaba para acomodar unos leños que chirriaban en la chimenea. Su rostro se encontraba tranquilo, relajado pero el tono de su voz a diferente, como si estuviera dolido.

-Edward… Quiero ser honesta contigo. Eres mi amigo ahora y no quiero que haya secretos entre nosotros, le dije intentando convencerme a mí misma de aquello y luego de suspirar continué hablando. Mientras más rápidos acara lo malo que tenía dentro de mí, más pronto terminaría todo ese infierno. -Sabes la reputación que tienes en la escuela, sé que lo sabes porque muchas veces te has regodeado de tener a todas las chicas a tus pies y también lo hiciste conmigo. Creo que eso fue lo que me molesto, que pensaste que yo sería una más del montón y estaría babeando detrás de mí como perro faldero. Yo no soy así Edward, tienes que entenderlo.

-Jamás te encasillaría como al resto de nuestras compañeras. Ellas están vacías, no tienen nada n su interior, ni siquiera corazón. Tu eres distinta, lo sé y por eso siempre intenté acerarme a ti a pesar de que nunca me prestaras atención.

-No quería que me hicieras daño, pensé que mantener cierta distancia contigo era la mejor solución… Y no sé hasta qué punto eso podría funcionar. He sido una estúpida.

-También lo he sido yo por los mensajes que te he enviado. Es que… Cuando estoy cerca de ti no sé qué hacer, quiero tenerte cerca… Quiero que confíes en mí, pensé que molestándote conseguiría que bajaras un poco la guardia. Suspiró profundamente y luego de un par de segundos me miró fijamente, clavándome esos hermosos ojos verdes que tantos sentimientos movilizaban en mí.

-Bella tienes que entender que no estoy orgulloso de mi comportamiento. Sé que en el pasado fui un idiota, un mujeriego estúpido como tú lo has dicho, pero créeme que nada de eso es cierto. No voy a negarte que, si dormí con Tanya, no me siento cómodo hablando de esto, pero necesito ser sincero contigo y que tu sepas quien soy. No entiendo por qué lo hice, ella ni siquiera me parece atractiva… Me dejé llevar por eso de "Un chico virgen a los 16 es digno de burlas" y me metí con la primera que se me cruzó. Y ni siquiera así fui capaz de tratarla mal, siempre me comporté como un caballero porque creo que en parte lo soy. Bella… No creas todo lo que dicen, puedo ser un idiota, pero jamás lo sería contigo. No sabes cuánto te quiero y admiro, y lo agradecido que estoy por lo que haces conmigo. Date una oportunidad de quererme como yo lo hago y te juro que no te arrepentirás, puedo ser un hombre encantado cuando me lo propongo, dijo inclinándose para tomar mi mano mientras me sonreía. Comprendía lo que quería decir… Edward me pedía que me diera una oportunidad de conocerlo como el hombre que era y no como el resto decía. No sabía que tan lejos me llevaría eso, pero estaba dispuesta a intentarlo. Por él, por lo mucho que me quería… Pero también por mí, y para intentar aclarar los sentimientos que tenía por él.

- ¿Podemos empezar de nuevo? Sin encasillamientos, sin nada. Por favor…, le rogué con lágrimas en los ojos mientras me inclinaba para abrazarlo. Él había cambiado, eso era notable y ahora era mi turno de cambiar, de tratar de mejorar como persona. Lo haría, necesitaba hacerlo.

Y a pesar de la emoción que sentía en ese momento y que nos invadía a ambos no pude evitar sentir como Edward me rodeaba con fuerza… Y con ambos brazos, inclusive con que le antes había tenido dormido.


Buenas noches mis amados lectores, aquí está el nuevo capítulo (a pesar de que tengo un brazo medio adolorido todavía). Bella cometió uno que otro error y se permitió abrir su corazón a Edward… ¿Qué sucederá de ahora en más? Y como adelanto les cuento que en un par de capítulos nos sumergiremos en la fiesta de cumpleaños de Alice que terminará convirtiéndose en una AUTENTIA LOCURA. No se lo pierdan y déjenme saber en los comentarios que piensan acerca de esto. Su apoyo es muy importante para mí, sobre todo en momentos tan difíciles como los que estoy pasando ahora. Los amo y agradezco su paciencia. Muchas gracias por todo, los adoro con todo mi corazón.