Bueno, actualizo otro capítulo de los que escribí en verano, aunque me preocupa porque me voy quedando sin episodios y debería escribir más, pero mi fic de Gantz es lo que más tiempo de escritura me ocupa. Como siempre espero que os guste y una buena review, que para mí son lo mejor que me podéis regalar (si me queréis comprar un coche también lo acepto).
-Lollyfan33: Sí, uno de los misterios de esta historia es el secreto de Luffy y el Reformatorio Shinsekawa. Me alegra muchísimo que te haya gustado y que disfrutes con mis historias, intento que sean lo más entretenidas posibles, y es un auténtico placer leer comentarios de gente que las aprecia. Si no fue tu mejor momento espero que ahora te vaya mejor y ¡mucha energía positiva de mi parte!
-Guest: Pues aquí está el siguiente capítulo, me alegra que te estén gustando, y también que te guste como escribo, eso es un gran cumplido para mí. Un abrazo y espero que este también lo disfrutes.
Bueno, habíamos dejado a Zoro en una situación muy comprometida después de su pelea con Law y el entender que efectivamente, está enamorado de Robin.
Capítulo 8
-No hace ni un día que abandonó usted mi despacho ¡y ya está aquí de vuelta!-se indignó Sengoku.
-Dígame que cojones quiere y déjeme en paz-respondió Zoro desagradable.
No podía creerlo. A penas se acababa de levantar, el megáfono había anunciado su número y el de otro alumno para que acudieran de inmediato a ver al director. Zoro podía imaginar la razón, y sus sospechas se confirmaron al ver a Law en la puerta del despacho, con cara de pocos amigos. La pregunta era sin embargo ¿Cómo se habían enterado?
-Una pelea en el baño. Inaceptable. Una falta gravísima-continuó Sengoku.
-Aquí todo es una falta gravísima-replicó Zoro con desdén.
-¿QUIERE CALLARSE?-rugió Akainu, que estaba de nuevo al lado del director. Zoro le sostuvo la mirada, pero no se atrevió a contestar.
-Fue una pelea sin importancia-dijo Law, hablando por primera vez-apenas llegamos a pegarnos...
-Se dieron ustedes puñetazos y patadas, 028-le cortó Sengoku-ya se lo he dicho muchas veces. A mi no se me ocultan las cosas.
Law arqueó una ceja con incredulidad, pero no dijo nada. Zoro seguía perplejo. Alguien debería habérselo dicho al director. Pero a parte de él y Law, en el baño solo había estado Robin. Robin...
Recordó las sospechas de Nami y Usuff sobre ella. De repente, no le parecían tan infundadas.
-El castigo, caballeros, será severo-Akainu dijo aquella frase con un placer indescriptible. Zoro sabía que estaba deseando vengarse de él por el asunto del alcohol. Pero Sengoku le sorprendió.
-Yo impondré el castigo esta vez-dijo con tranquilidad-hace mucho que no pongo uno.
-¡Pero...!-protestó Akainu. Sengoku le hizo callar con un gesto.
-Acérquense para recibir su castigo-les ordenó Sengoku. Los dos chicos se miraron un instante, sorprendidos, y después volvieron a mirar al director-en serio, vengan aquí ahora.
Se acercaron hasta su mesa con cautela. ¿Qué se propondría aquel viejo? ¿Qué nueva tortura tendría preparada?
¡Clak! Las esposas se cerraron.
-¿Qué mierda...?-Zoro miró a Sengoku con terror. El sonrió satisfecho.
Los había encadenado el uno al otro con unas esposas. El brazo izquierdo de Zoro estaba ahora enganchado con fuerza al derecho de Law. El chico moreno miraba al director pasmado.
-¡Está de broma!-exclamó. Akainu hizo un ruidito de burla.
-No 028. No es ninguna broma. Usted y 246 van a convivir juntos las veinticuatro horas del día, hasta el jueves de la semana que viene.
-¡¿Una semana?!-saltó Zoro.
-Sí. Una semana. Seguro que se llevan mucho mejor al acabar-terminó Sengoku.
Zoro en aquel momento solo quería saltar sobre él y matarlo. No pedía nada más.
Law trató de hablar, bastante descolocado.
-Señor...esto es absurdo-dijo intentando estar sereno.
-No. No lo es. Y no voy a discutirlo con usted-terció Sengoku impasible.
-Es que...-insistió Law-piénselo... ¿Cómo vamos a dormir? ¿A dar clase? ¡Ni siquiera estamos en la misma aula!
-Eso debieron haberlo pensado antes de iniciar la pelea-replicó Sengoku-tendrán que buscar ustedes una solución. Les quitaré las esposas el jueves que viene. Antes no.
Los dos chicos miraron al director con aversión. Pero no dijeron nada más. Sengoku dio por terminada la visita, y Akainu les acompañó a la salida.
-Tienen mucha suerte-les dijo en voz baja-si llego a ser yo el que se ocupa del castigo, no se habrían librado tan fácilmente.
-¿Fácilmente?-repitió Zoro con sarcasmo. Akainu le dio un fuerte empujón, y se acercó a él hasta quedar a escasos centímetros de distancia.
-No he acabado contigo aún, niñato. Vas a pagar lo que hiciste, te lo aseguro-le susurró con violencia. Zoro aguantó su mirada abrasadora. Aquel capullo conseguía intimidarle, pese a todo-tú y el sombrero de paja os vais a acordar de mí.
Tras unos segundos de violento silencio en los que los dos se fulminaron, Akainu se alejó, dando grandes zancadas. Zoro notó como sus puños temblaban. Estaba de muy mal humor.
-Wou. Eso sí que ha sido tenso-comentó Law divertido. Zoro se había olvidado por unos instantes de él. Pero claro, su presencia cambiaba las cosas drásticamente. Estaban unidos. ¡Unidos durante una maldita semana!
-Tenemos que encontrar una forma de romper estas puñeteras esposas-dijo Zoro, secamente.
-No creo que eso sea fácil. Ni inteligente. Podrían empeorar nuestro castigo-respondió Law, mirándole curioso-eres un tío muy raro.
A Zoro Law no le parecía un gilipollas, como Eustass. De hecho, hasta el día anterior, le había caído bien. Pero tenía muy claro que tras la pelea en el baño las cosas iban a ser tensas.
-Si te gustaba, podrías haberlo dicho-dijo Law de repente-la habría dejado en paz. Eso es legal.
Zoro le miró perplejo.
-¿Qué?-preguntó sorprendido.
-Lo nuestro no iba en serio-aclaró Law-solo fue un lío... para un rato.
-Ya... claro. Yo... -quería disculparse, pero no le salieron las palabras. Law pareció comprender, porque asintió sonriendo, y ya no hablaron más del tema.
-Si vamos a estar toda la semana pegados, mejor será que vayamos llevándonos bien-dijo Law, mientras empezaba a andar por el pasillo.
-Tenemos que soltarnos. No puede obligarnos a esto-insistió Zoro, tozudo.
-Ya te lo he dicho. Llevo aquí cuatro años. Lo mejor es no llevarles la contraria-Law suspiró, mientras Zoro le miraba asombrado ¿Cuatro años? Eso era mucho tiempo-¿Cómo se habrá enterado? Antes no solía pisparse de nada-siguió él, intrigado.
Las peores sospechas rodearon a Zoro de nuevo. ¿Debía compartirlas con aquel tío?
-Ella...-empezó.
-¿Robin?-le interrumpió Law, sorprendido-¿Crees que se lo habrá soltado? ¿Qué motivos tendría?-aunque parecía negarlo, también había una sombra de duda en los ojos del chico.
-No lo sé. Pero la otra vez que nos castigaron también estaba allí-Zoro miró a Law, desafiante. Era un buen tipo, pero convivir con él durante toda una semana iba a ser duro. Aunque por otra parte, si ya lo había hecho con Luffy, no podría ser tan difícil-¿Qué vamos a hacer?
Law se encogió de hombros. Todo aquel asunto parecía aburrirle mucho.
-Tendremos que turnarnos para las clases-dijo finalmente-para que sea más justo.
-Por mi podemos ir solo a las tuyas. No me importa-replicó Zoro. Law le miró con curiosidad.
-Pero tenemos exámenes dentro de nada. ¿No te vendría mejor...?
-Los voy a suspender de todas formas-le cortó Zoro. No tenía ninguna gana de seguir hablando con él pero tampoco había más remedio. Lo que más fastidiaba al chico era pensar en cómo iban a tener que dormir y asearse.
Law sonrió, para sorpresa de Zoro. El moreno era un chico muy atractivo, y si bien Zoro tenía pinta de "chico malo" él superaba con creces esa descripción. A Zoro le recordó en cierto modo a un niño travieso, pero también había un toque de tristeza en sus ojos. Sin duda era extraño.
-Yo también estaba como tú al llegar-dijo Law.
-Sí, eso me lo han dicho ya un par de veces-replicó el espadachín, ceñudo-no se a qué os referís exactamente.
-Los demás ni idea, pero yo quiero decir en la actitud. Piensas que no tienes porque estar aquí, y quieres mandarlo todo a tomar por culo. Tienes toda la razón, pero... así no consigues nada.
Zoro arqueó una ceja con incredulidad. ¿Pretendía sermonearle también como lo habían hecho Luffy y Nami? "Me tienen hasta la polla con tanto consejito"-pensó el chico, mosqueado. Las cosas no podían ir peor.
-Deberías intentar tomártelo... con más calma-continuó Law. Desde luego a él calma no le faltaba. Su boca se arqueaba en una irónica sonrisa mientras sus ojos, ojerosos y hundidos, parpadeaban con pesadez. A Law no parecía importarle nada un carajo, ni el Reformatorio, ni Akainu, ni siquiera el hecho de estar esposado a Zoro. El joven Roronoa estaba dispuesto a admitir que le envidiaba.
-Espero que no estés intentando venderme tu mierda-Zoro se dejó caer en uno de los bancos del patio, y observó el campo de fútbol, ahora vacío porque todos estaban en clase.
-Si no la quieres no-replicó Law sonriendo con calidez-tienes pinta de alcoholico, no de drogata.
-Fumarme un porro de vez en cuando es una cosa, pero lo que tu vendes es distinto-aclaró Zoro.
-Sí bueno, mejor dejamos el tema-Law miró a un lado y a otro nervioso-aún no sabemos como nos han pillado.
-Y no quiero arriesgarme. Me parece que Sengoku se guarda algo.
Zoro suspiró.
-Le partiría la cara a ese capullo...
-Creo que todos-Law se sentó al lado de Zoro finalmente, y le observó unos momentos, como estudiándolo. Zoro se revolvió algo incómodo. Toda aquella mariconada le estaba poniendo de muy mal humor-yo tengo un cuarto para mi solo-le dijo-creo que sería mejor que durmieramos allí.
Zoro lo reflexionó unos instantes. Tenía lógica, porque traer a una tercera persona a su cuarto iba a ser muy incómodo. Ya iban a tener suficientes complicaciones como para que además Luffy estuviese de por medio.
-Vale-asintió con una seca cabezada-pero nada de hacer el gilipollas...
-No soy un violador aunque tenga pinta-Law soltó una carcajada-no me irían los tíos ni aunque lo intentara. Eso sería si durmieses con Eustass. A él si que le gusta darle al otro bando.
Zoro le miró sorprendido. ¿Eustass, el matón del Reformatorio? ¿El pelirrojo cabrón que tantos problemas les habían dado?
-¿Es... gay?-preguntó Zoro mirando de refilón a Law. Él asintió, visiblemente satisfecho de haberse ganado su atención.
-Hace dos años nos tocó en el mismo cuarto. Al principio guay, yo sudaba de él aún cuando me provocaba, pero luego resultó que lo que quería era llamar mi atención... no fue agradable cuando le pillé con mi ropa... me hizo jurar que no se lo diría a nadie.
-¿Por eso te odia tanto?-preguntó Zoro. Law asintió de nuevo-¿y por qué me lo cuentas a mi?
-Bueno-Law se removió en el banco, sonriendo-ya te he dicho que mejor será que nos vayamos llevando bien. Y además tú le plantaste cara. Me hizo gracia.
Zoro no pudo evitar sonreír. Estuvieron un rato en silencio, mirando el patio y los árboles. En teoría deberían regresar a las clases, pero ninguno de los dos tenía ganas. De repente, el móvil de Zoro vibró.
-"Nami bruja"-leyó Law del móvil de su nuevo e inseparable compañero.
-¿Si?-Zoro escuchó la acelerada respiración de Nami a través de su móvil. En teoría no debería llevarlo encima, pero con los pantalones anchos Akainu y Sengoku no lo habían visto.
-¿Qué ha pasado?-preguntó la chica, impaciente-¿Qué te han hecho?
Zoro le lanzó a Law una elocuente mirada. El moreno rió en voz baja.
-Tranquila, estoy bien. Solo me han... bueno me han... me han esposado.
Como suponía, el grito no se hizo esperar.
-¿QUÉ?-chilló Nami. Por detrás de ella se escucharon las voces de Luffy y Sanji, acercándose.
-¡Chsst, no grites, joder! Estoy bien, ese cabrón de Sengoku me ha esposado a Law.
-¿A Law?-Nami parpadeó varias veces, incrédula-¿A Trafalgar Law?
-Sí, mierda-Zoro miró a Law, que estaba partido de risa-está aquí conmigo ahora mismo.
-¡Hola Nami!-saludó el moreno.
Nami no contestó. Estaba en el pasillo del segundo piso, acababan de terminar su clase con Jinbei, y sabiendo por Luffy que a Zoro lo habían llamado al despacho del director había decido llamarlo. Pero ahora estaba muy preocupada.
-Zoro, qué ha pasado-preguntó Nami con voz trémula. Él entendió que no estaba para bromas.
-Ayer tuvimos una pelea... en el baño de los tíos... Sengoku se enteró y nos obliga a estar esposados una semana entera.
-¿A que es original?-bromeó Law.
-¿Cómo ha podido enterarse?-preguntó Nami. Luffy y Sanji querían enterarse de lo que estaban hablando, pero ella los apartó y se fue a las escaleras-¿os vio alguien?
Zoro miró a Law, que se encogió de hombros.
-No-contestó finalmente-no, no había nadie.
-Tiene que estar espiándonos-Nami se sentó en las escaleras, dándole vueltas-cámaras secretas o algo así.
-Gran hermano bro-comentó Law.
Zoro lo reflexionó unos instantes. No quería hacerlo, y menos con Law escuchando, pero necesitaba hacerlo. Tenía que echar sus sospechas fuera, y era en Nami en quien más confiaba, pese a todo.
-Robin nos vio-dijo finalmente. Se dio cuenta de que los ojos de Law estaban clavados en él, y quiso imaginarse la cara que debía de estar poniendo su ex novia.
Nami levantó la mirada, y vio a Robin hablando con Jinbei.
Le estaba preguntando algo acerca del último tema que habían dado, los nacionalismos y la formación de los países de Italia y Alemania.
-Robin...-la pelirroja repitió el nombre mientras observaba a su amiga, incapaz de creerlo. Ella no le había dicho nada...-espera un momento...
Ella había visto el contacto de Law en el móvil de Robin el día anterior, y también recordaba haberlos visto hablar en Logetown. Si unía eso a que a Zoro le gustaba...
-¿Te pegaste con Law por ella?-Zoro tuvo que admitir que el sagaz instinto de Nami seguía tan activo como siempre. Miró a Law esperando apoyo, pero el moreno se bajó la gorra en negativa. Él ahí no tenía nada que decir.
-Estoo...no. Bueno, sí-Zoro agachó la cabeza, avergonzado. Podía decir en su defensa que eso también lo había hecho por ella, pero no era un argumento que estuviese dispuesto a utilizar.
Nami se tomó su tiempo antes de contestar.
-Sabes que es ella quien se ha chivado-la frase fue más una sentencia. Zoro ya se la esperaba.
-Nami...-él quería defender a Robin. A fin de cuentas le gustaba, y sabía que ya se había instalado, de forma definitiva y fatal, en su corazón. Sin embargo en el fondo estaba de acuerdo con Nami-¿por qué iba a hacerlo...? No tiene sentido...
-No lo tiene-repitió Law, que parecía reflexionarlo también en voz alta.
-No se por qué ni como Zoro, pero llevo aquí el suficiente tiempo como para darme cuenta-la voz de Nami sonó muy decidida-le ofrecieron saltarse el último castigo, y ahora a ella tampoco le han dicho nada...
-Que sepamos-la interrumpió Law.
-Nami...-Zoro intentó buscar las palabras, pero como siempre, no salían. Maldita sea, era siempre tan jodidamente complicado.
Hubo unos segundos de silencio en la que los tres conferenciantes reflexionaron. Finalmente fue Nami (a quien la ira estaba brotando como en un volcán) la que habló de nuevo.
-Te tengo que dejar ¿vas a venir a clase luego?-preguntó en un tono etéreo, neutro.
-No creo-dijo Zoro, echando un vistazo a su mano fuertemente esposada a la de Law.
-Entonces ya te llamaré-dijo Nami, y colgó. Zoro exhaló un profundo suspiro, y luego miró a Law, que continuaba sonriendo muy divertido.
-Es... tan complicada-dijo, echando la cabeza hacia atrás.
-Es puro fuego ¿Por qué lo dejasteis?-preguntó Law-ella me dijo que habíais salido...-aclaró ante la inquisitiva mirada de Zoro- yo nunca...
-Fue raro-le cortó él-Ella... bueno, lo jodimos los dos-Zoro bajó la mirada al suelo, donde había chicles y papelujos pisados. Wapol, el hombre de la limpieza, no se estaba empleando muy a fondo que dijéramos.
-Pues ahora la va a liar con Robin-dijo Law mirando a Zoro con aprensión-y tú estás en medio.
-¡No te jode, y tú también!-el chico rió ante la expresión sorprendida de Law. Apagó la pantalla del móvil.
-¿Por qué la guardas como "Nami bruja"?-Law recordó el nombre que había salido en la llamada, con una sonrisa en los labios.
-Porque lo es. Ella guarda a sus contactos según el dinero que le deben-explicó Zoro, negando con la cabeza. Al ver que Law no entendía, lo aclaró-por ejemplo, creo que a mí me tiene como "Zoro el que me debe treinta berries". Luffy es "Luffy el que me debe doscientos berries", y así.
-Pues yo no le debo nada-replicó el moreno.
-Entonces te tendrá como "Law el que todavía no me debe pero me deberá"-dijo Zoro, y Law se echó a reír de nuevo. Zoro le miró animado. Después de todo, parecía que la semana no iría tan mal. Law parecía un tío muy majo.
El móvil de Zoro volvió a sonar.
-Ahora es Luffy-observó él, echando otro profundo suspiro antes de cogerlo.
Lo más curioso es que desde que llevaba no más de una semana en Shinsekawa, ya le habían llamado más veces que en todo el resto del año para interesarse por él.
-¡Robin, espera!-Nami corrió hacia su amiga, obligándola a detenerse en mitad de las escaleras. La alcanzó, jadeando, y la miró con una falsa sonrisa. Estaba furiosa, pero era lo suficientemente cínica como para disimularlo.
-¿Estás bien?-preguntó la morena, mirándola extrañada-¿Qué pasa?
-Oh... nada, nada-Nami se preguntó si debía sacar a colación el tema tan pronto-es que no quería volver sola al cuarto... me he retrasado...
Robin no mudó ni un ápice su expresión de calma, aunque Nami estaba segura de que sospechaba.
-Yo voy a ir a la biblioteca... pero si quieres te puedo acompañar hasta el cuarto...
-¿A la biblioteca?-Nami casi ni recordaba que había una. Y eso que llevaba tres años "veraneando" en aquel antro. Recordaba haber estado en ella alguna vez-vale, si, yo te acompaño.
Se pusieron rumbo a la biblioteca, en silencio. Pensamientos de recelo fluían por el cerebro de Nami, que apenas miraba a Robin de reojo. ¿Cómo abordar el asunto? Al final decidió ir directa al grano. No tenía paciencia para más.
-Es que me he quedado hablando... con Zoro... porque ya sabes... lo del castigo...-miro hacia las luces del techo como quien no quiere la cosa. Robin se giró hacia ella con curiosidad.
-¿Qué castigo?-preguntó, sorprendida.
-¿No te has enterado? Pensé que él te lo habría dicho a tí primero... le han castigado por pelearse con Law... van a estar esposados una semana.
-¿Por qué iba a decírmelo a mi primero?-preguntó Robin. Ella también tenía el cinismo suficiente como para no darse por aludida.
-Bueno últimamente habla más contigo... ¿no? Y creo que Law también...
Robin alzó las cejas, incrédula.
-¿Nami, intentas decirme algo?-preguntó con voz calmada.
-No, no, que va, es sólo que no me ha querido contar lo que había pasado... pensé que tal vez tú sabrías algo más.
-Pues lo siento, no se nada-Robin seguía impasible, aunque apretó un poco más el paso.
-Es raro, ayer tú también estuviste mucho rato fuera...-observó Nami. Robin se paró en mitad del pasillo, y la enfrentó, muy seria.
-¿Esto es por Zoro? Te aseguro que entre él y yo no hay nada-dijo, cruzando los brazos.
Nami no pudo aguantarlo más. Robin podía ser más alta e imponente, pero a cabreos a ella no la ganaba ni Akainu.
-Mira, a mi me da igual a quien te folles, sinceramente. El problema es otro. Y creo que ya lo sabes.
Robin la miró perpleja. Pero Nami sabía que la entendía perfectamente.
-No tengo por qué darte explicaciones de nada-contestó la morena finalmente.
-Está claro que no-Nami negó con la cabeza-aunque a Sengoku si parece que le has dado unas cuantas. Y no te hagas la loca conmigo porque me entiendes de sobra. No eres la única que sabe mentir en este sitio.
-¿Los demás pensáis lo mismo o esto es solo cosa tuya?-preguntó Robin, que ahora echaba chispas por los ojos.
-Lo que los demás piensen da lo mismo ahora, pero sí, también lo piensan. No puedo creer que nos hayas hecho esto. ¡Y sin ningún motivo!
Robin iba a decir algo pero se contuvo. Miró a Nami con enfado y desdén y después se dispuso a marcharse.
-¿Por qué tenías que decírselo? Al menos me lo podrías haber dicho a mí-Nami no quería que se fuera. No había acabado con ella. Pero tampoco podía impedírselo-creíamos que eras nuestra amiga... yo lo creía.
Robin se giró una última vez y le lanzó una mirada glaciar.
-Sí... yo también-dijo, y después se alejó de allí con paso rápido. Nami soltó un taco y se sentó en el suelo, de mal humor. Ahora que el cabreo empezaba a bajarle, se daba cuenta de que había sobreactuado con ella. Pero los indicios que apuntaban a su culpabilidad eran demasiado evidentes. Se lo decía su instinto.
Cogió aire y luego se removió su corta cabellera rojiza. Tenía que serenarse.
-¿Ocurre algo Nami?-preguntó una voz. Era Jinbei, el profesor de Historia. Nami siempre había tenido una buena relación con él, sobre todo desde el año anterior...
-No, nada profe-dijo ella, forzando una sonrisa. Se dio cuenta de que estaba siendo un poco grosera, pero aún así se levantó y se marchó lo más deprisa que pudo.
No quería hablar de aquello con nadie.
Al anochecer Zoro y Law intentaron conseguir un colchón más para el cuarto, pero Buggy se negó a dárselo por órdenes de Akainu, que había dejado claro a todo el personal que al chico tuerto, la menor ayuda posible. De todas formas dormir en dos camas hubiera sido más complicado.
Al menos si consiguieron un par de mantas más y otra almohada del cuarto de unas tontas alumnas de primero, que les insinuaron que pasasen la noche con ellas. Por suerte la cama de Law era ancha, y tendrían espacio para no tener que rozarse el uno con el otro.
-Esto va a ser una mierda-comentó Zoro mientras sometía las mantas de la cama-y casi es lo más fácil.
-¿Cómo se supone que vamos a cagar?-Law rebuscaba entre sus cosas, teniendo su mano derecha enganchada a la de Zoro-o bueno, a...
-Déjalo-Zoro terminó con la cama y se sentó en el borde. Había sido un día muy largo. Estar tanto tiempo con Law sin poder separarse ni un segundo era incómodo, al final había tenido que ir a sus clases para al menos tener una excusa para no hablarse. Eustass les había estado vacilando, pero Law supo calmar a Zoro para que no se metiese en problemas.
-¿No te molesta, no?-Después de quitarse la sudadera y la camisa (del modo más fácil que le permitieron las esposas) Law había sacado de debajo de su ropa una cachimba y cannabis para "fliparse un rato".
-No-Zoro observó los muchos tatuajes del moreno cuerpo de Law. Verdaderamente era un tío extraño.
-¿Quieres?-Law le ofreció la boquilla a Zoro después de echar una buena calada. Él se encogió de hombros. No le iba nada el rollo drogata. Alcohol vale, y a espuertas, pero al hachís y esas mierdas les tenía mucho asco. Puede que los muchos años de advertencias de su padre hubiesen influído en ello.
-No te molestes...-Zoro rechazó la cachimba de Law y se puso a mirar su móvil intentando estar cómodo. Le había tenido que explicar a Luffy por qué no iba a dormir con él, y le había costado un buen rato convencerlo para que no se fuera con ellos. Luffy estaba empeñado en pasar la noche con sus amigos, pero Zoro no quería más problemas.
Echó una ojeada al grupo que tenía con los chicos. Había bastantes mensajes.
Watxap
~Usuff: ey zoro que te ha pasado?
~Usuff: sanji me ha pedido que te lo pregunte
~Sanji: Eso es una puta mentira
~Sanji: Marimo no te lo creas
~Sanji: A mi me la suda sinceramente
~Usuff: AJAJAJAJAJAJA
~Usuff: no soy el unico que miente por aqui...
~Sanji: Donde estas Usuff?
~Usuff: u guess
~Chopper: search?ie=UTF-8&client=ms-android-samsung&source=android-browser&q=hospital+de+logetown
~Chopper: perdon me e equivocado de grupo
~Luffy: A Zoro le han castigado a casarse con Law durante una semana
Zoro rió con el comentario de Luffy, aunque luego se quedó un rato pensando si lo decía de coña o realmente había entendido eso. A su lado Law tenía los ojos enrojecidos, y estaba rodeado por una nube de vapor dulzón.
-Son buena gente-comentó el moreno con voz ronca-tienes mucha suerte.
-¿Tú crees?-Zoro sonrió con cierta tristeza. Era verdad. Se sentía muy a gusto con ellos, pese a no ser lo que se podía llamar unos colegas "normales". Eran raros, neuróticos y en el caso de Sanji, insoportables. Pero joder, le iba a costar olvidarlos.
Zoro empezó a ver sus fotos de Nami, y decidió borrar algunas. Luego vio algunos videos de lucha con katanas y ojeó sus contactos. Su padre no le había llamado, claro. Tampoco Kuina, su hermana pequeña, lo cual si le extrañó. A ella le había partido el corazón verle marchar. Él ahora lamentaba no haberla echo más caso.
Law empezó a roncar al cabo de un rato, y Zoro se quedó mirando al techo, reflexionando. La habitación apestaba a maría, no entendía como Law no temía que pudieran pillarlo. Había muchas incógnitas sobre aquel tío que le gustaría despejar.
Pensó en escribir a Robin, pero vio que llevaba desde el mediodía sin estar en línea, y además no sabia que iba a decirle. Aún tenía en sus labios el sabor de aquel beso
-¿No quieres saber como te he encontrado Nami-swann?-Sanji le ofreció a Nami una rosa inclinándose ante ella con galantería.
-¿No será de las de Sengoku?-preguntó ella, cogiéndola recelosa. Sanji desvió la mirada incómodo. Sengoku tenía un pequeño hivernadero en el subsuelo del Reformatorio, y cultivaba muchas plantas.
-No creo que se pispe, he sido casi invisible-dijo el rubio echándose su larga cabellera hacia atrás con descaro.
-"Casi"-recalcó Nami. Pero no soltó la flor-¿y por qué sabías que iba a estar aquí?
Sanji se sentó a su lado y se apoyó en la barra. Se le veía cansado.
-Porque es aquí a dónde sueles venir cuando estás cabreada.
Nami soltó una leve risita.
-Siempre estoy cabreada-dijo, mirándole burlona.
-No Nami, eso no es cierto-Sanji la miró a sus grandes ojos color miel. Luego su mirada fue bajando hasta el escote de su blusa, y como siempre su cuerpo empezó a revolucionarse. Nami lo notó y exhaló un profundo suspiro.
-¿No podemos estar a solas sin que te pongas cachondo? Ya hemos hablado de esto.
-Lo siento, yo...-Sanji se recolocó como pudo-ya sabes lo que siento por tí...
-Sanji por favor ahora es lo último que necesito-Nami se apartó un poco de él, y continuó observando el sol del atardecer. Estaban sobre las gradas del patio exterior. Era uno de los lugares preferidos de ella. Sobrepasaba los muros y la alambrada, y dejaba entrever las montañas. A Nami le hubiese gustado que también se viera el mar.
Sanji tenía ganas de fumarse un cigarrillo, pero sabía que era muy arriesgado. Ya lo era no estar en sus cuartos después del toque de queda.
-Aquí fue nuestro primer beso- recordó el rubio, entrecerrando los ojos-el mejor de mi vida..
Ella volvió a suspirar. Pero a él no pareció importarle.
-Me hubiera gustado que hubiese sido mucho más, pero ya sabes que sigo esperándolo.
Nami cedió al fin a sus provocaciones.
-Ya te lo dije. Nunca funcionaría. Prefiero esto-claro que lo prefería.
-Nami...-Sanji susurró en su oreja, empleando el tono más seductor del que fue capaz. Se había echado su nueva y atrayente colonia, y hasta se había afeitado su perilla un poco-Nami, a veces es difícil...
Sabía que ejercía cierto influjo sobre ella, aunque no fuese tanto como el que ella tenía sobre él. Nami cerró los ojos, sin querer admitir que se estaba conteniendo.
-Sanji, por favor... ahora necesito un amigo-pidió, temblando-es Zoro... y Robin...
Sanji vio las lágrimas asomar a su rostro, y decidió que era mejor dejarlo. Tendría que intentarlo en otro momento.
"Bueno, toca escuchar...maldito marimo ladrón"-pensó el chico mientras se recolocaba su ropa-¿qué pasa con el cabeza algas ese? ¿Es porque le gusta Robin?
-Tsk-Nami rió mientras las lágrimas empezaban a resbalarle por sus carnosas mejillas-ojalá fuera eso. Ella le contó todo a Akainu y Sengoku...
-¿Qué?-Sanji arqueó una ceja, incrédulo. ¿Su Robin les había delatado? No podía ser cierto-¿Qué pruebas tienes?
Nami le miró furiosa.
-Oh, joder, dejad de defenderla de una vez, ella estuvo en la fiesta cuando nos pillaron, y también estuvo ayer cuando Zoro se peleó con Law. ¿Cómo se enteró si no Sengoku de todo?
-A lo mejor pudo decírselo alguien más-se aventuró Sanji.
-¡Estaban solos! ¡Y nosotros también! ¡Ya lo oíste, le ofrecieron saltarse el castigo! ¡Y tampoco la han castigado esta vez, pese a que ella también se estaba saltando las normas! Es obvio que fue ella, por favor, no entiendo como os puede tener tan cegados.
-El amor ciega-dijo Sanji encogiéndose de hombros.
-Eres un gilipollas-Nami se cruzó de brazos, ceñuda, y permaneció en silencio.
Sanji se lo pensó un rato antes de volver a hablar.
-Yo creo Nami que en el fondo es lo que quieres creer. Porque te molesta que pueda quitarte a Zoro.
-¡Zoro y yo lo dejamos!-saltó ella- ¡Y yo no pienso eso! ¡Era mi amiga, para mí es importante!
-Vale vale, solo hago elucubraciones-se excusó Sanji-leí a un psicólogo que decía que en un ambiente lleno de hombres una sola mujer es buena, pero más complican las cosas-Nami le lanzó una mirada de incredulidad-¡en serio que lo leí! Era Shrender, o Sender o algo así.
-Cómo va un hombre a determinar el comportamiento de una mujer-replicó Nami, desdeñosa.
-Bueno, igual que se estudia a los monos-se defendió Sanji-ejem, vale, sí, lo podría haber expresado mejor. Lo que quiero decir es que a lo mejor te molesta que ahora ella esté también aquí.
-Al principio me alegré-susurró Nami con voz entrecortada-porque nos llevábamos muy bien y era una chica... como yo...
"Y vaya chica"-pensó Sanji, babeando internamente
-...pero luego... cuando veo como él la mira... sé lo que siente por ella ¿sabes?... está tan lejos...-se secó las lágrimas con el pañuelo que Sanji le ofrecía.
-Pero él ya no te gusta... ¿no?-preguntó Sanji esperanzado-le dejaste por eso...
-Él me dejó a mí-admitió Nami-nunca lo ha dicho porque me respeta demasiado. Es tan... bueno.
"Una oportunidad por favor... ¿es tanto pedir?"-se desesperaba Sanji para sus adentros.
-Entonces... ¿entonces quieres volver con él?-preguntó Sanji, temiéndose lo que pudiese oír.
Nami tragó saliva. Sólo hacía unos días que ella y Zoro se las habían visto en un pasillo en una situación muy tensa. En aquel momento él también lo había intentado, y ella me había dicho que no... ¿por qué ahora lo lamentaba? Mierda, todo aquello era un lío.
-No sé... lo que quiero-dijo finalmente. Sanji le acarició el cabello mientras ella se apoyaba en su cabeza y descansaba así.
-El marimo está tomando nuevas direcciones Nami-dijo Sanji finalmente mientras continuaba masajeándola-lo mejor es que tú hagas lo mismo. Si no funciona pues ya veremos. Pero si terminó terminó.
-Sabes que me gusta Luffy...-susurró ella mirando las ventanas del reformatorio, la mayoría ya con las persianas bajadas. Había vigilancia por si los alumnos intentaban escapar por ellas, o suicidarse.
Sanji suspiró al escucharlo. Sí, Nami también se lo había contado durante el transcurso del año anterior. Sanji se había convertido en su mejor amigo desde que se conocieron el verano pasado.
-Luffy... es Luffy-dijo finalmente. ¿De verdad no podía quererle a él? Solo faltaba que le gustase Chopper.
-Por eso le quiero-replicó Nami. Sanji se dio por vencido.
-Pues aprovecha estos días. Si Zoro está con Law seguro que él duerme solo... puedes ir a verle.
-Eso no es mala idea...-Nami sonrió levemente al imaginarse a solas con el chico del sombrero de paja... -¿y que hay de Robin?
-Dale un voto de confianza-propuso Sanji-tú misma lo has dicho, te llevabas bien con ella. Por algo será. Sueles tener buen ojo...-"menos para los chicos", pensó.
Nami lo pensó un poco antes de asentir. Luego se incorporó. Ya era de noche, y empezaba a hacer frío.
-Gracias por esto Sanji... de verdad-dijo la pelirroja mirándole con calidez.
-Nada princesa. Tú lo vales-él le hizo una galante reverencia antes de ayudarla a bajar los escalones de las gradas. En el último Nami le detuvo y le plantó un beso en los labios. Sanji aprovechó lo máximo que pudo para tocarle el trasero y los pechos y meterle la lengua hasta el fondo, porque sabía que al acabar no le dejaría más. Era como una especie de regla no hablada.
Después se fue cada uno a su cuarto. Cuando Sanji entró en el suyo, donde Usuff se encontraba hablando por el móvil, se dejó caer en la cama y sonrió relamiéndose los labios.
-Alguien ha ligado hoy-observó Usuff, burlón.
-Cállate-le cortó su amigo, ahora sí encendiéndose un cigarrillo-no lo estropées.
Nami regresó a su cuarto donde Robin ya estaba acostada. Sabía que no estaba dormida, pero no le dijo nada. Ya pensaría que le decía. Se sentía mal, aunque seguía sin fiarse.
Tras meditarlo un rato decidió ir al cuarto de Luffy, por ver que pasaba. Sabía que no debía, pero aún así algo le impulsó hacerlo. Quería ver al chico... volver a olvidarse de todo mirándolo...
Sin embargo dio igual, porque Luffy no estaba allí. Después de esperarlo un rato ella se dio por vencida y regresó a su cuarto, intentando no imaginar qué era lo que él podía estar haciendo.
No son tan extensos como los de Gantz, pero es que si no yo moriría. ¿Os gustó? Espero que sí, dejadme un review con vuestras impresiones. ¿Con qué personaje os identificáis más? ¿Por qué lo dejarían Zoro y Nami? Hay muchos interrogantes, ciertamente, ya se irán resolviendo, poco a poco. Yo personalmente mi favorito es Sanji, por muchos motivos.
¡Muchas gracias por leer, y pronto nos vemos!
