Hola chicas! Aprovecho ahora que tengo un tiempo libre para actualizarles. Ojalá les guste el capítulo y millones de gracias por sus reviews. Un beso enrome a todas! Disfrútenlo :)


Capítulo 2:

Forks era un pueblo muy tranquilo en las tardes… Bueno, generalmente siempre lo era.

Caminar a casa después de clases era una de mis rutinas favoritas, puesto que todos los habitantes del lugar dormían a esa hora y tenía toda la extensión de la olvidada ciudad solo para mí.

Algunas veces, cuando Rose no iba a la peluquería o a comprar ropa con su madre, solíamos salir a trotar por todo el bosque. Era realmente una de mis actividades favoritas…

Me recordaba a cuando Edward y yo éramos pequeños y solíamos hacer eso a cada minuto del día.

Cuando Rosalie estaba ocupada con algo estúpido pero que al parecer era mucho más importante que pasar tiempo conmigo, iba a buscar a Edward a su enorme mansión en mi destartalada camioneta y casi siempre nos quedábamos en el garaje de su casa, escuchando música y comiendo helado. Eso era lo bueno de tener un amigo como él... Siempre disponible, siempre dispuesto, siempre feliz…

Y sin embargo había muchas cosas que no conseguían alejar las dudas de mi cabeza.

Una de ellas era el que la princesa de hielo me dejara estar tanto tiempo con su novio sin sentir ni siquiera una pizca de celos. Ella sabía que yo amaba a Edward con locura y que él siempre terminaba consintiéndome a mí en lugar de cumplir con sus caprichos, y sin embargo jamás decía nada… Solo un "adiós" o un "diviértanse por mi".

De cualquier forma era mejor no pensar en ello. Todo sucedía por una razón y no quería descubrir cual era.

Las calles del pueblo estaban totalmente desiertas mientras que la brisa fresca azotaba los desnudos árboles. Esa tarde ni Rose ni Edward podían salir conmigo puesto que irían a una de sus habituales citas semanales por lo que careciendo de otros amigos había decidido visitar mi lugar favorito en el mundo: La biblioteca.

Usualmente conducía un par de tiempo hasta Port Ángeles puesto que ahí había más variedad de libros, pero ese día me sentía desecha y lo que menos quería hacer era tener mucho tiempo para pensar.

Había visto a mi amiga y su novio besándose en los pasillos del colegio, una situación demasiado asquerosa ya que ella tenía la camisa abierta y Edward estaba bastante despeinado. Por desgracia había tenido que ser yo la primera en descubrirlos y decirles que se detuvieran. Mi mueca de horror debió haber sido tan grande que ellos de inmediato se separaron y despidiéndose con la mano se habían alejado cada uno por un sentido diferente.

-Debes de dejar de meterte en los lugares donde no te llaman, me grito la rubia despampanante bastante enfurecida pero yo simplemente la ignore.

Todo era su culpa por andar apretándose con Cullen en un lugar público y muy concurrido.

-.-.-

Me sentía un poco culpable al no encontrar nada apto para leer en ese lugar.

No porque mis gustos de lectura fueran limitados, sino porque ya me había leído todos los ejemplares del edificio.

-¿Habrá alguna posibilidad de que haya llegado otro cargamento de libros?, pregunté tímidamente a la chica que atendía en recepción, quien me observaba sonriendo abiertamente. Su cabello estaba rebelde y apuntaba hacia todos lados, y sus ojos de color azul frio y brillante me provocaban algo de terror. Se asemejaba demasiado a los duendes de las leyendas que había consumido alrededor de mi vida.

-Lo lamento, Srta. Swan. Forks es un lugar olvidado al costado de la carretera, rara vez el gobierno nos envía libros nuevos.

-Es una total pena, le respondí lamentándome de mi mala suerte. –Quizá si pusiéramos carteles en los otros negocios la gente podría donarnos ejemplares, pero dudo que lo hagan…

-Es muy triste, sobre todo para las personas como usted y yo que disfrutamos tanto de la lectura, no?, agrego la alegre muchacha mientras tomaba algún par de libros para acomodarlos en sus respectivos estantes.

-Puedes llamarme Bella… Mi nombre es Isabella pero mis amigos me dicen así.

-Yo soy Alice y muchas gracias por considerarme parte de tus amigos. Debes saber que una chica de 17 años sumada a un trabajo aburrido no es algo que atraiga demasiadas amistades, pero es lindo compartir una charla con alguien que tiene gustos similares a los míos.

Siempre había visto a Alice trabajando ahí, desde la primera vez que había pisado ese lugar y era triste pensar en que alguien no la quisiera solo por ser bibliotecaria. A mí me parecía bastante agradable, inclusive podría llegar a reconocer que me gustaría considerarla una amistad.

-No debes hacerles caso, los adolescentes son todos así.

-A ti por lo menos no te arrojan cosas cuando sales del colegio, susurró tristemente para no molestar al resto de lectores. Salió de su escritorio y comenzó a caminar hacia las repisas de libros indicándome con una seña que la acompañara. –Eres amiga de Hale, lo sé. La he visto contigo. Ella es popular por lo que dudo que alguna vez alguien te haga alguna broma pesada.

-Si… Pues… bueno, ella es… buena chica, dije algo avergonzada de mis palabras. Internamente sabía que quería enviar mis creencias al demonio y lanzarle insultos como el demonio manda, pero simplemente no podía hacerlo. Después de todo, era casi mi hermana.

Tomé un libro que Alice me pidió colocara en su lugar y lo abrí en la mitad de las hojas, dispuesta a leer un poco. Ya había rendido esa lectura en el colegio una vez pero había sido hacía años y casi no recordaba los detalles importantes.

-Sí, pero… Su novio no me gusta demasiado, sabes? Me provoca… Malos presentimientos, solo eso.

Corté un par de segundos mi concentración y le dirigí a Alice una mirada de incredulidad.

¿Edward? ¿Él le provocaba malos sentimientos? ¿Cómo podía hacerlo si era la personas más hermosa, dulce y celestial de todo el mundo?

-¿A qué te refieres? Edward es un chico asombroso.

-Edward, dices? Oh no… Este… Esque… La actitud de este chico me molesta… Vienen muchas veces aquí y se esconden detrás de las mesas de trabajo. ¿A qué se refería con "este chico"? No comprendía muy bien esa expresión. –Ya sabes lo que hacen, no hace falta que te cuente relatos hot a esta hora del día.

Mi corazón se paralizó por un microsegundo. Sabía que eso debía ser normal en la relación que ellos llevaban puesto que había visto algo similar esa mañana en el colegio pero no hacía falta que la pequeña muchacha me recordara la desgracia en la que habitualmente vivía.

Y sin embargo mi lado morboso y detestable hizo acto de prescencia y me obligo a preguntarle cosas que en la vida había pensado…

-¿Qué… que es lo que hacen… aquí?, murmuré mientras mis mejillas se teñían de un espantoso color carmín. Alice lo notó de inmediato y comenzó a sonreír casi al instante. Me gustaba su forma de ser, era reconfortante.

-Si tienes tiempo espera 15 minutos. A esa hora siempre me visitan.

-.-.-

El tiempo había pasado y Al y yo estábamos ocultas detrás del mostrador. Ella sellaba unas cuantas tarjetas de los socios y yo continuaba releyendo el ejemplar que ella inconscientemente me había dado. El tiempo se pasaba muy lento y yo casi me estaba desesperando pero sabía que valdría la pena.

De esa forma, quizá al ver el amor que Edward y Rosalie se profesaban mi estúpido enamoramiento se alejara de mi misma y pudiera dejar de sentirme culpable por estar atraída hacia el novio de mi amiga, la señorita perfección.

-Será mejor que te apures con ese libro, en cualquier momento van a entrar y se lo espantoso que es cuando alguien te interrumpe a medio ejemplar leído.

Le sonreí con simpatía y me esforcé en apurar mi lectura. De repente, una frase algo tonta pero muy lógica llamo mi atención y me obligo a releerla un par de veces.

"Una persona real no es perfecta… Una persona perfecta no es real", leí al pie de la página de mi libro de lectura. Un suspiro escapó de entre mis labios… Vaya si había aprendido ese concepto, lo había hecho de la peor forma inimaginable en el Universo.

De repente, Alice comenzó a inquietarse y golpeándome con poca suavidad en la rodilla me hizo notar que la pareja de tortolitos ya había llegado a su nido de amor.

Pero entonces, algo demasiado extraño sucedió.

Mi celular comenzó a vibrar en mi bolsillo, anunciando que un texto me había llegado. Mientras mi nueva amiga atendía a la pálida reina de la moda tomé con discreción el aparato y sin delatarme leí el mensaje que tanto me había sorprendido.

"Dile a Rose que la amo, de acuerdo?. E.C."

Auch! Eso me dolió demasiado. ¿Por qué yo tenía que estar llevando recados de la pareja romántica numero uno del país? Tecleando con algo de furia ardiendo en mis venas le respondí a mi amigo.

"¿Por qué debería de decírselo yo? Tú la tienes más cerca. B.S."

Era el colmo de la ironía. Él en una cita con mi mejor amiga pidiéndome que le diga que la amaba. Era absurdo! Definitivamente la acetona del colorante de cabellos de Rose le había fundido el cerebro a mi chico.

-Solo quiero un libro, el que sea, dijo la voz típica de una Rose muy enojada mientras se escuchaba como se besaba con un chico. Dios eso era asqueroso! Los sonidos que ambos producían me provocaban nauseas incontrolables. Solo quería morir! Edward era un caballero, porque besaba a su novia en público de tal forma!

Y entonces un nuevo mensaje me azoto al mismo tiempo en que sentía el sonido de los tacones de Rosalie alejándose por el último pasillo de la sala.

"Ella está contigo genia… Me dijo que irían de compras. Está contigo, cierto? E.C."

De repente todo el mundo comenzó a desmoronarse a mí alrededor. ¿Cómo que Rose estaba conmigo? Ella había dicho que iría a una cita con Ed… Algo no estaba bien. La había oído con él a mis espaldas hacia un par de segundos… Pero no había escuchado el ruido de su móvil al enviarle el mensaje… ¿Qué demonios estaba pasando?

Sin darle explicaciones a la bibliotecaria me levante hecha un nudo de confusión y trote con suavidad hasta el fondo del pasillo. Debía averiguar qué era lo que ese par de idiotas se había propuesto. ¿Acaso se burlaban de mí?

Pues no… No lo hacía… Aunque si había alguien burlándose ahí.

Rose… Rosalie se estaba burlando de Edward.

Mi libro se cayó de mis manos haciendo un ruido sordo en el suelo al ver a mi mejor amiga trepada al enorme cuerpo de Emmet, besándolo como si la vida se le fuera en ello sin sentir ni la más mínima culpa.

DE-MO-NIOS!