Aquí os dejo el siguiente capítulo. Espero que os guste mucho, yo disfruto un montón escribiéndolo. Para los que leáis Gantz ya estoy acabando el siguiente episodio, pero es muy largo y quiero escribirlo bien, por eso me está llevando más tiempo.

-Lollyfan33: Pobre Sanji, siempre en la friendzone, jajajaja. Pero bueno ya veremos como va evolucionando, ya que él está enamorado de Nami pese a todo. La verdad es que el entrenamiento de Zoro es una de mis partes favoritas de escribir. Zoro es posiblemente mi personaje favorito de One Piece, tanto por diseño como por personalidad. Me alegra mucho que te gustara, espero que disfrutes también con este (y pronto con el de Gantz si no muero en el intento de acabarlo). ¡Un abrazo enorme y mucho ánimo!

-Monnie's: Todo se resolverá con el tiempo, pero de momento no puedo decir nada. ¿Cómo crees tú que se enteran? Akainu es de mis personajes favoritos de escribir, porque es como un profe, pero trastornado. ¡Muchas gracias por leer, y espero que este capítulo también te guste!

-Rosaliequart: Yo no puedo decir nada de momento, pero si fuese Ussop sería muy gracioso la verdad. Mil gracias por leer y espero que disfrutes también con este capítulo.


Capítulo 13

El viernes de la segunda semana de julio era la primera revisión. Fue por eso que los profesores andaban bastante nerviosos, sobre todo porque Akainu y Sengoku presionaban mucho para dar una imagen óptima del colegio. Los castigos se centuplicaron, también los problemas, y mientras los alumnos andaban hasta arriba de deberes, Buggy corría por los pasillos desesperado limpiando por todas partes, con el fin de dar la mejor imagen posible a los padres y tutores.

Zoro apenas se enteró de esto: compaginar las toneladas de deberes que Akainu, Hancok y Kizaru les ponían con sus durísimas sesiones de entrenamiento le tenían todo el tiempo ocupado. Pasaba horas y horas encerrado en el gimnasio, haciendo flexiones y abdominales, levantamiento de pesas y carreras de resistencia, además de escuchar los sermones de Mihawk sobre la espada. Como no se había leído ni la mitad de los libros a tiempo, su maestro le había castigado con unos ejercicios fortísimos durante el fin de semana, que le habían dejado exausto. Pero Zoro no se había rendido. Ni iba a hacerlo. Con cada gota de sudor, con cada músculo que tensaba, cada vez que se le quedaba la boca seca y jadeaba, desesperado por el aplastante esfuerzo, notaba que se estaba haciendo más fuerte, y que Mihawk lo sabia. Y eso le gustaba.

De todo el grupo Zoro solamente veía a Luffy, con el que charlaba por la noche antes de caer rendido. Al resto les veía en clase, pero apenas tenía tiempo de hablar con ellos. Zoro guardaba un sitio especial para Robin, con la que quería hablar a solas, pero o algo le obligaba a él a posponerlo o ella estaba también ocupada o rodeada del resto. Zoro quería estar con ella, quería decirle lo que sentía, pero el momento nunca llegaba. Y cada vez ella, como los demás, parecían más lejanos.

-"Esta es mi oportunidad de convertirme en un maestro de primer nivel-pensó Zoro mientras empezaba la quinta serie de flexiones-no puedo perder el tiempo con ellos..." A fin de cuentas, no había ido allí para hacer amigos. Y sin embargo... ¿por qué se sentía tan solo? Hasta echaba de menos sus rencillas constantes con Sanji, quien ahora le parecía un recuerdo muy lejano.

En cuanto a los demás, Nami seguía practicando los consejos de Aokiji, que empezaban a darle más resultados. Luffy volvía a hablar con ella, y una noche que los demás se fueron yendo por sus ocupaciones y ellos dos se vieron solos, el sombrero de paja se sinceró con ella.

-Nami... cuando estoy contigo... no sé, me siento... diferente. Especial. Siento que soy la persona que quiero ser-Luffy la miró sin atreverse a decir nada. Nami se agarró los brazos, insegura.

-Yo... no debería haberme comportado así... es como si no te conociera-dijo riendo con amargura. Luego se mordió el labio-es que... bueno...

-Lo entiendo-dijo Luffy alzando una mano. Nami le miró intranquila. Luffy no solía entender muy bien las cosas...-tú... tú también me gustas.

Hubo un largo silencio. Estaban al lado de uno de los ventanales del pasillo, que Buggy se había dejado abierto para limpiar. La luz de la luna llena bañaba el pasillo y les daba a ambos un brillo fantasmal, como dos almas pérdidas. Una de las pocas cosas bonitas que había en Shinsekawa era que por la noche se podían ver muy bien las estrellas. Nami había enseñado a Luffy y a Ace el primer año cuales eran las constelaciones.

-Te gusto-repitió Nami. Una oleada de alivio la invadió haciéndola sentir renovada, fresca. No se tiró encima suyo porque sabía que se asustaría.

-Pero no sé qué hacer... esto no ha terminado... y yo aún tengo que acabar lo que juré-dijo, mirándola con miedo-si estamos juntos puede pasarnos algo... lo... ¿lo entiendes?

Nami le miró con tristeza. Quería contener las lágrimas, pero no podía.

-Luffy...-susurró-llevamos aquí tres años. No hay nada que pueda servir, él lo hizo desaparecer todo. ¿Cuánto más vas a seguir con esto?

-Voy a ser el rey del reformatorio-dijo Luffy, muy serio-te prometo que este año todo habrá terminado. Te lo juro.

Nami tembló.

-¿Y... entonces?-preguntó con voz suave.

-Entonces... no lo sé.

Se miraron largo rato. Nami podría haberse perdido en los ojos de Luffy durante años. Él sonreía, con tristeza, pero sonreía.

-Nami...-su voz sonaba muy ronca.

-¿Sí?-la chica miró hacia la luna, y luego se las vio otra vez con el chico. ¿Cómo podía todo lo de fuera, la luna y las estrellas, no ser nada comparado con él?

-No se hacer esto...-Luffy se fue acercando a sus labios lentamente. Nami apenas podía creerlo. Cerró los ojos y sintió la respiración de Luffy pegada a la suya...

-¿DISFRUTANDO?-los dos pegaron el bote de sus vidas cuando Akainu apareció detrás de ellos. Nami palideció, mientras el rostro de Luffy pasaba del susto a la furia-¡A vuestros cuartos inmediatamente! ¡Mañana os quedáis castigados en mi despacho!

Hizo un gesto imperial para que ellos se movieran, pero Luffy se quedó plantado. Apretaba los puños, y miraba a Akainu con un odio visceral.

El profesor se dio cuenta de esto, y miró a Luffy enfadado.

-Ya está en su cuarto, Monkey D...-le avisó en tono amenazador. Pero Luffy negó con la cabeza.

-No la toques...-le avisó a Akainu. Le temblaba la voz, y sus ojos se le salían de las órbitas-no la toques, ni se te ocurra hacerla daño...

-¿Cómo te atreves?-Akainu contrajo su rostro en una mueca-vete ahora mismo a tu cuarto...

-¡NO TE ACERQUES A ELLA! ¡NI SE TE OCURRA HACERLA DAÑO! ¡TE MATARÉ!-los gritos de Luffy hicieron que algunos alumnos de segundo y tercero se asomaran, entre ellos Chopper, que se tapó la boca con las manos.

Akainu estaba muy furioso, pero al ver a tantos alumnos (con los móviles en la mano) se contuvo. Entonces vio el fuego en la mirada de Luffy. El fuego ya lo había visto antes...

-Estás castigado-dijo finalmente-no grites más y vete a la cama.

Luffy contrajo su rostro en una mueca de rabia, pero Nami le tranquilizó, asustada.

-Vámonos Luffy-le pidió, suplicante-por favor Luffy ven conmigo.

Al final el chico la siguió, pasando por delante de todos los alumnos curiosos.

-Qué valiente...-murmuró Bartolomé, alucinado, pero Luffy le ignoró.

-A sus cuartos-gruñó Akainu, y todos se apresuraron a obedecer, aterrorizados.

El subdirector vio a Luffy subir las escaleras agarrado a la chica.

-Tú te vas a enterar...-murmuró.


-¡Está quedando horrendo Dios mío!-exclamó Galdino horrorizado-eres un insulto al arte, Luffy.

-Soy yo pegando a una serpiente de mar-dijo el chico señalando la amorfidad de su dibujo. Galdino negó con la cabeza, irritado. El mural del hall que debían ver los padres no era la capilla sixtina precisamente.

-Te falta perspectiva Luffy-observó Usuff con tono profesional.

-No empecéis con palabras raras, que se que lo hacéis para que yo quede mal-fingió indignarse él.

-¿Sabéis donde anda Zoro?-preguntó Nami-No le he visto en toda la mañana.

-¿Zoro? Ni me acuerdo de ese-comentó Sanji, tan ácido como siempre.

-Pues bien que le insultas para llamar su atención cada vez que le ves-le reprochó Nami. Sanji se hundió, furioso.

-Está entrenando, como siempre-Luffy se había puesto perdida la camiseta y los vaqueros.

-Pues ya le vale-se quejó Nami-yo no me pierdo clases para entrenar en voley.

-Ni yo en fútbol-apostilló Sanji.

-¿Qué tiene que entrenar? No se puede tener más músculos-comentó Usuff rascándose la cabeza con el pico de su brocha. Sanji le miró mosqueado. Le molestaba que insinuasen que Zoro estuviera "más bueno" que él.

-Es lo que le ha dicho Mihawk-les explicó Luffy-para convertirse en el mejor espadachín. Tiene que darlo todo.

Robin escuchaba todo aquello mientras terminaba de decorar su parte del mural, con símbolos egipcios y celtas. Agachó la cabeza, dolida. Zoro tenía otras cosas que hacer que no eran ella. Cosas mucho más importantes que un simple lío de verano. A fin de cuentas, no aspiraban a más...

-Me parece que solo os estáis acordando de lo bueno porque no está-insistía Sanji despectivo-él ni siquiera quería ir con nosotros.

-Eso no es verdad-le reprendió Luffy, pasándole a Sanji un pincel verde por la cara-no seas mierdas tío.

-¿De qué vas?-Sanji se limpió la cara, furioso-es un polo de Doflamingo.

-Pfffff...-se burló Usuff, y le cayó un pegote de pintura azul de Sanji.

Luffy, Sanji y Usuff se enzarzaron en una pelea de pintura que Nami intentó detener dándoles una colleja a cada uno. La pelirroja sin embargo vio que Robin se había quedado a un lado, pensativa. Parecía triste. Y ella sabía por qué.

-"Me va a tocar ser la ex enrollada-pensó Nami rascándose el cabello-hay que joderse".


En la sala de profesores, Hancok, jugaba a las cartas con Jinbei y Aokiji, mientras Buggy y Brook intentaban arreglar una estantería que se había volcado.

-Luego deberías pasarte por mi cuarto, se me ha estropeado el baño-le dijo Brook al conserje, sonriendo con sus viejos y gastados dientes-hay un chorizo de hace diez días ¡Yohohohoho!

-Traigo noticias freeescas-canturreó Galdino mientras entraba en la sala y se preparaba un café.

-Estas manchado de pintura. Vulgar-le espetó Hancok.

-¿Van a concedernos el aumento?-preguntó Jinbei interesado.

-No-gruño Galdino-he dicho frescas, no buenas. Es ese chico, Zoro. Al parecer lo está entrenando Mihawk.

-Como a todos los demás-replicó Aokiji con sarcasmo.

-A él en especial. Le entrena más de cinco horas al día-concretó Galdino sentándose con el resto-me parece muy extraño.

-Zoro ya sabía de espadas cuando llegó aquí-explicó Buggy-le oí hablar con los otros y al parecer era muy bueno.

-¿Creéis que vino aquí por eso? ¿Por qué sabía que vendría ese hombre?-preguntó Galdino, ajustándose sus gafas.

-Imposible-rebatió Aokiji convencido-la decisión de contratar a Mihawk fue estrictamente confidencial. Sólo lo supieron Sengoku y Akainu hasta que la semana pasada nos lo comunicaron a Kizaru y a mí.

-Kizaru ya lo sabría entonces...-murmuró Buggy. Estaba claro que el principal aliado de Akainu estaba al tanto de las mismas cosas que él.

-Además ¿por qué iba a saberlo?-chilló Hancok con estridencia-ese chico no es nadie.

-Ni sus padres son personas influyentes ni tampoco tienen una relación íntima con Sengoku-agregó Aokiji-el hecho de que hallan coincidido es una mera casualidad.

-Muy afortunada para él-razonó Jinbei-Va aprender del mejor.

-Jo, ya no va a haber quien se le acerque-dijo Buggy dejando la estantería-con la mala hostia que tiene si encima sabe rebanar cuellos...

-Eh, Zoro es un buen chico, y además tiene sexa pil-bromeó Brook derramando el café de Galdino al darle una palmada.

-¿Ese? Por favor-se indignó Hancok-nada que ver con otro...s.

-¿Cómo creeis que afectará eso a su relación con el grupo?-preguntó Jinbei, cotilla.

-Sí... con Nami-recordó Buggy.

-Es Robin-le recordó Aokiji-Nami está por Luffy estoy seguro.

El psicólogo había sido lo suficientemente discreto como para no contarles lo que había visto.

-Pues esa cerda ya puede irse olvidando-Hancok volvía a estar furiosa. Empezaba a tocarle mucho las narices el hecho de que se asociase tanto a Luffy con aquella mujerzuela harapienta-Luffy no es para ella.

-Boa por favor. Son alumnos-la recordó Aokiji.

-¿Nos jugamos algo a ver quien acaba con quien? ¡Sería divertido!-propuso Brook animado.

-Si no se entera Akainu...-cedió Jinbei echando otro rey a la mesa.

-¿Y qué nos jugamos?-preguntó Buggy-porque yo estoy sin blanca.

-Yo no pienso poner mi dinero-dijo Galdino con asco.

-Lamentables...-les espetó Hancok, estirada como un pabo real.

-¿Turnos de vigilancia?-sugirió Aokiji-me vendría quitarme los míos.

-Yo tengo todos-se quejó Buggy.

-Así puedes poner más sin perder-razonó Aokiji.

-Por mí bien-accedió Jinbei.

-Es ridículo-se quejó Galdino, pero al final accedió también.

-Luffy no acabará con esa fulana de ningún modo-dijo Hancok arrogante-me apuesto ocho turnos.

-Madre mía-protestó Galdino-pues yo dos a que ella acaba volviendo con Zoro.

-Sí yo también-dijo Buggy-diez turnos.

-Yo voy con cuatro por Robin y Zoro-se atrevió Jinbei.

-Yo diez con Luffy y Nami-dijo Aokiji, y Hancok le fulminó con la mirada.

Faltaba Brook. Todos le miraron expectantes.

-Yo pongo cinco en Zoro y Sanji ¡Yohohoho! Y Luffy se lleva a la pelirroja-dijo el esquelético profesor riendo.

-Estás loco-le dijo Hancok.

Pero el pacto quedó hecho.

-Y sobre el nuevo-dijo Buggy, marujo-¿no os parece extraño que...?

Mihawk abrió la puerta de sopetón y entró a servirse una infusión. Todos los profesores enmudecieron y se concentraron en el juego de cartas, menos Hancok. No le quitó el ojo de encima al campeón espadachín el rato que estuvo allí.


-Ciento veintisiete... veintiocho... nueve...-Zoro jadeaba mientras subía y baja al ritmo de las flexiones. Terminó y se pasó una toalla por el cuerpo mientras bebía una tónica refrescante. Sí, aquellos entrenamientos le dejaban el cuerpo machacado, pero también como nuevo. Además se sentía mucho mejor. Mejor que en mucho tiempo. Aunque quizás no tanto tiempo...

-¡Zoro!-Nami se asomó por la entrada del gimnasio, y a él no le dio tiempo de irse. "Joder"-pensó. Lo último que necesitaba ahora era una charla con Nami. Nami siempre le dejaba confuso.

-¿Qué pasa qué quieres?-preguntó Zoro dejando las pesas a un lado y sacando la ropa limpia de su bolsa.

-¿Qué te pasa a tí?-rebatió Nami-llevas días faltando a clase mazo. Me tienes preocupada.

El sudor le chorreaba por el cuerpo, colorado y muy musculoso, mientras él se tiraba un poco de agua por encima. Nami estaba muy enamorada de Luffy, pero Zoro era Zoro y ella no era de piedra. Se giró para no caer en viejos problemas.

-Tengo que entrenar-dijo Zoro encogiéndose de hombros-dentro de unas semanas es ese torneo...

-Antes no te importaba tanto. Es ese Mihawk-observó Nami-¿qué te ha dicho?

-¿Qué te importa?-rebatió Zoro, cansado-sabes que es importante para mí y ya está.

-¿Y los exámenes? ¡Las notas!-insistió Nami furiosa. Zoro la miró incrédulo.

-Aquí hay algo más que eso-dijo acercándose a ella. Él tampoco era de piedra y se estaba poniendo duro pero estaba tan cansado que ni podía pensar en tirársela en aquel momento-¿Qué es?

-Para Zoro-le dijo Nami retrocediendo un poco. Zoro no lo hizo. Quería hacerla hablar, oír por una vez que la echaba de menos-para... Está bien joder, tú ganas. Yo también noto tu falta... quiero que vuelvas-Zoro sonrió complacido-y bueno, Robin... creo que ella... ella quiere hablar contigo... y aún no habéis podido hacerlo.

La sonrisa en los labios de Zoro desapareció. Robin. De repente fue como si saliese a flote del mar en el que había estado sumergido todos aquellos días. Él la quería era cierto pero... aquello era más importante.

-Nami...-Zoro la miró con miedo, mientras ella tragaba saliva-Nami, Mihawk es el mejor espadachín del mundo. Es una leyenda viva... y está aquí. No podía haber pedido algo mejor... El mejor espadachín del mundo...

-Ya ya...-Nami asintió varias veces, mirando hacia otro lado.

-No puedo desperdiciar una oportunidad así-Zoro la miró suplicante. No sabía por qué, estaba siendo totalmente sincero con ella-sería... sería gilipollas.

Nami asintió de nuevo otra vez. Luego le miró con tristeza. Hubo un largo silencio, en que sólo se escuchó la respiración cada vez más acompasada de Zoro.

-Yo una vez tuve una oportunidad...-dijo Nami finalmente, mordiéndose el labio-y la eché a perder.

-Ahora tienes otra-la recordó Zoro-Luffy me lo ha contado.

Nami sonrió. Menudo bocas era. Pero sabía que tenía que ir al grano. No quería perder a Zoro, ahora que había vuelto a estar con él lo sabía, pero también sabía que no podían estar juntos.

-Robin te quiere Zoro. Y es maravillosa. No creo que haya otra como ella-agachó la cabeza, muerta de vergüenza-parece echa para tí.

Zoro bufó mientras se giraba y se llevaba las manos a la cabeza. No podía dejar aquello, no sabía que hacer.

-Yo te echo de menos... y me gustaría que volvieras a pasar tiempo con nosotros-admitió Nami-pero más allá de eso. Sé que debes estar con ella. Es una oportunidad que no puedes perder.

No sabía que más decir, así que se dispuso a irse. Zoro la vio alejarse con la cabeza gacha.

-"Joder"-se dejó caer en el suelo del polideportivo, exhausto, y se llevó las manos a la cara. Por primera vez en mucho tiempo sintió algo que le sorprendió a sí mismo. Tenía ganas de llorar. Naturalmente no lo hizo.

Estaba enamorado de Robin. Le gustaba su olor, muy fuerte y exótico, su cuerpo estilizado, casi siempre en un delicioso envoltorio negro, su pelo azabache largo y sedoso que se moría por tocar, y aquel angelical rostro con sus finos labios que se moría por besar.

Pero ya conocía aquella sensación. Y sabía que con dos o tres veces gimiendo en su cama se le pasaría. ¿O no? Las espadas habían sido su pasión desde niño. Él quería ser un samurai, al principio sus padres se lo tomaban a risa, hasta que empezó a destacar en las clases de esgrima. Cuando estaba con la espada Zoro sentía que el tiempo no pasaba, y a la vez iba más rápido. Sólo existían él y su arma; el entrenamiento, el enemigo, las técnicas de combate. Había nacido para eso. Sabía que lo había hecho. Nico Robin era solo un vache en el largo sendero de su vida como espadachín. Y ahora se le presentaba una oportunidad única. No podía desprenderse de ella ni por un segundo.

-"Podría intentar hacer huecos de vez en cuando-pensó Zoro. Pero tenía que aprobar el curso, y no tenía ni un segundo que gastar. No, Robin estaba definitivamente fuera de sus posibilidades-¡ni de coña!"-se dijo a si mismo furioso. Él la quería ¿no?... ¡Él la quería!

Perdido una vez más por los pasillos de Shinsekawa Zoro maldijo su indecisión y los problemas que estaba teniendo. ¿Por qué todo acababa siempre siendo tan complicado? Joder, era imposible que...

-Aaaaaaah...-temblaba como un flan, pero no se iba hacia atrás-noooo...

Zoro tardó unos segundos en entender lo que estaba pasando. De algún modo había acabado en la tercera planta, creía que se había comido dos pisos al subir. Y aquel chico estaba en la pared del edificio, se le podía ver desde la ventana. O hacía algo pronto o se espachurraría contra el suelo.

-¡Joder!-Zoro se asomó por el ventanal, que estaba abierto de par en par y se vio las caras con el crio, que apenas podía mirar al suelo-¡Corre, dame la mano!

Le conocía, era aquel chico, Bartolomé, que le había ayudado una vez a encontrar el baño, el día en que se había encontrado a Law y a Robin. Sanji y Usuff habían comentado un día que era muy pesado porque al parecer admiraba al grupo de Luffy.

Bartolomé tenía los ojos llorosos y su pelo, teñido de un verde chillón, ondeaba al viento que también sacudía el piercing de su nariz.

-¡No mires abajo, vamos!-insistió Zoro-¡dame la mano y yo tiraré de tí!

Pero Bartolomé negó con la cabeza, y no se movió ni un pelo, pegado al saliente del edificio.

-No... no quiero... voy a saltar-dijo con un hilo de voz.

-¿QUÉ?-Zoro estaba tuerto pero el ojo sano se le quedó como un plato. ¿A saltar?-¿Qué cojones dices?

A bajo Sanji y los otros chicos que jugaban al fútbol habían empezado a dar vueltas por el patio con los uniformes del equipo.

-Sengoku me pidió que echara un vistazo-le decía Akainu a Mihawk, sonriendo perversamente-para asegurarnos de que no se sale más del guión...

-Yo ya les dije que no sigo sus pautas-replicó Mihawk, tan cortante como siempre.

-Estooo... profe-Sanji se acercó a ellos, inseguro.

-¿CÓMO TE ATREVES A INTERRUMPIRME?-le gritó Akainu con violencia.

-Es que.. mire allí-Sanji señaló al tercer piso del edificio donde Bartolomé andaba tambaleándose y Zoro se asomaba por la ventana.

-Vaya vaya...-Mihawk observó a su alumno, gratamente sorprendido.

-¿Pero qué...?-Akainu abrió la boca como un besugo-qué...

-No hay suficiente altura como para que te mates-mintió Zoro echando una ojeada al suelo. Sí la había. Se abriría la cabeza.

-Sí la hay. Es una oportunidad demasiado buena como para desaprovecharla-Bartolomé cerró los ojos y Zoro pudo ver unos gruesos lagrimones cayendo de ellos.

-"¿Dónde coño hay un profesor cuando se le necesita?-pensó el peliverde, angustiado. Tenía que hacer algo ya. Parecía dispuesto a tirarse-hay que ganar tiempo..."

-¿Por qué quieres tirarte?-preguntó Zoro. Las piernas le temblaban del cansancio, y notaba como sudaba de nuevo.

-Lo sabes de sobra-Bartolomé emitió un sollozo.

-No, de verdad. Dímelo-pidió Zoro, desesperado-así podré decírselo al resto.

-Al resto les importa una mmierda-tartamudéo Bartolomé dejando que las lágrimas le resbalaran por las mejillas-¡sois unos ccabrones! ¡Todos pasáis de mí!-Zoro le miró sorprendido. Recordaba haber hablado con él una vez en su vida-estoy harto de esta puta mmierda... así que se acabó.

-Se va a enterar-Akainu hizo ademán de ir hacia la entrada, pero Mihawk se lo impidió.

-Si sube usted ahora, él saltará seguro-le dijo con tono muy serio-ahora todo depende de Zoro.

-¿Cree que voy a dejarle hacer sus experimentos con el chico?-Akainu miró a Mihawk furioso y luego se zafó de él.

-¿Prefieres cargar tú con la responsabilidad de lo que ocurra?-la última frase del espadachín hizo que Akainu se lo pensase mejor. No entró en el Reformatorio.

-Vosotros-ordenó a Sanji y sus compañeros-buscad una lona.

Ellos se apresuraron a obedecer.

-No lo entiendo...-Zoro estaba muy nervioso. Debía de encontrar las palabras adecuadas para salvarlo. Y ya sabía que él con las palabras no era muy bueno-¿Qué te hemos hecho...? ¿Qué te he hecho yo? No puedo haberte hecho tanto daño...

-¿No?-chilló Bartolomé, estaba histérico-Hablé contigo aquel día, en los baños... ¿te has vuelto a preocupar por mí? ¿Has vuelto a saludarme? Ni siquiera sabes mi nombre...

-Eeem...-eso era cierto. Zoro miró hacia los lados asustado-no, pero no es personal. No recuerdo el nombre de la mayoría de la gente... y tú tampoco me has saludado.

-¡Me daba vergüenza hablarte!-chilló Bartolomé fuera de sí-¡Me daba vergüenza, porque me gustas, tú y el sombrero de paja! Pero esso ya no impoporta... ya no.

-¡ESPERA!-a Zoro le dio un vuelco al corazón al ver que el chico casi se soltaba. A bajo veía a los chicos del fútbol moviéndose. Preparaban algo, pero necesitaban un poco más de tiempo-oye, joder, lo siento mucho pero yo no soy maric... no soy gay, ¿vale? ¡Y ni siquiera lo sabía!

Zoro no había visto un ser tan lamentable en su vida, y sin embargo sentía mucha compasión por él. Un tío tan llorón y estúpido como aquel, además homosexual, le habría desagradado en circunstancias normales, pero ahora solo deseaba una cosa, y es que el joven Bartolomé estuviera en el pasillo con él, a salvo.

-Qué vergüenza... nunca ppensé que llegaría a decírtelo...-las mejillas de Bartolomé estaban rojas-ahora ya da igual...

-Claro que no-insistió Zoro, pero Bartolomé estaba harto. Harto de no tener amigos en su curso, y que ni siquiera Chopper hablase con él en su cuarto porque lo consideraba extraño, harto de los gritos de Akainu, los comentarios despectivos de Galdino que le hundían en su extraescolar de teatro, y harto de ver a Luffy y Zoro tan lejos de él, y sentir que jamás podría pertenecer a su grupo. La vida de Bartolomé ya era horrible antes de llegar a aquel sitio, y aquello era ya la gota que colmaba el vaso-por favor, bájate. Te prometo que podemos hablarlo. Lo siento-dijo Zoro, asustándose de su propia sinceridad. Bartolomé negó con la cabeza.

-Me castigarán. Me harán más daño. Quiero que se acabe-dijo. Sus piernas temblaban. Faltaba poco para que diera el paso.

-Tío por favor bájate aquí. Nadie te hará daño-insistió Zoro-yo... no les dejaré que lo hagan. Podemos arreglarlo-con ese tono de calma Bartolomé le miró algo más tranquilo, y por un momento pareció entrar en razón.

-¡ENTRE EN EL EDIFICIO AHORA MISMO!-el grito de Akainu desde a bajo hizo que Bartolomé cerrara los ojos y se pusiera de nuevo a llorar.

-¡Cállate joder! ¡Vete!-le grito Zoro a Akainu desde la ventana. Estaba tan cerca de conseguirlo.

-¿QUÉ ESTÁ PASANDO AQUÍ?-Sengoku venía del pueblo, y acababa de bajarse de su flagrante coche negro, seguido de Kizaru y Aokiji.

-Mierda...-Aokiji señaló al punto donde estaban Zoro y Bartolomé.

-¡Ya tenemos la lona!-informó Sanji mientras él y sus compañeros extendían un plástico debajo de donde estaba Bartolomé.

"Eso de poco va a servir"-pensó Zoro angustiado. Si caía el impacto sería demasiado fuerte como para que aquella lona tan edeble lo resistiera.

-Ven conmigo... pasa de ellos, verás que es mejor-dijo Zoro extendiendo de nuevo su mano a Bartolomé.

-No es mejor...-sollozó él-¿Cómo sabes que es mejor?

Zoro se quedó sin palabras. ¿Cómo lo sabía? No era mejor. La vida tenía una forma muy curiosa de hacerte creer que puedes mejorar, para luego volver a hundirte en el barro.

"¿Qué cojones...?-pensó Zoro, furioso-eso no es cierto".

-¿Por qué no entrenas conmigo?-las palabras salieron casi solas de su boca. Bartolomé le miró perplejo.

-¿Qué?

-Que entrenes conmigo-repitió Zoro-te gustaría. Puedo enseñarte mucho...

Los ojos de Bartolomé estaban fuera de sus órbitas. Roronoa Zoro, su muy admirado Roronoa Zoro le estaba ofreciendo ser su maestro. Casi no creía lo que estaba escuchando.

-Yo nno...-Bartolomé sonrió un poco, pero luego pareció darse cuenta de algo-nno, no puedo... he tomado una dedecisión, no intentes hacerme cambiar...

-¡De verdad que es mejor!-insistió Zoro-puedes cambiar lo que te joda...-vio que Law bajaba las escaleras escuchando rap distraído-¡Eh Law! ¡Law! Ven, ayúdame...

Law tardó unos segundos en entender que pasaba. Luego se balanceó un poco, asustado al ver al chico en la ventana.

-Joder tío... no lo hagas, no renta-dijo el moreno asomándose también.

-A Law y a mí tampoco nos gusta este sitio... ni siquiera nos llevábamos bien... pero ahora somos colegas...-dijo Zoro forzando una sonrisa para calmar a Bartolomé.

-¿De que están hablando?-preguntó Akainu furioso, abajo.

-Aokiji suba a por el chico-ordenó Sengoku mirando a los niños muy serio. El psicólogo se apresuró a obedecer-y vosotros buscad otra cosa, esa lona no sirve.

-Mierda...-Sanji y los demás salieron corriendo.

-Se acabó-dijo Bartolomé cerrando los ojos-vvoy a saltar. Gragracias de todos modos.

Zoro miró a Law desesperado, pero el moreno no parecía tener una idea mejor. Tenían que hacerlo algo y ya.

Entonces empezó a cantar.

-You... you're such a big star to me.. you're everything I wanna be... -Zoro miró a Law en busca de apoyo. El moreno estaba entre la incredulidad y la risa.

-But you're stuck in a hole... and I want you to get out... I don't know what there is to see, but I know it's time for you to leave...-le siguió Law. Zoro miró a Bartolomé y le dedicó una cálida sonrisa.

- So come on, so come on, get it on don't know what you're waiting for, your time is coming, don't be late-cantaron los dos. Bartolomé parpadeó perplejo- So come on, see the light on your face, let it shine just let it shinee... let it shine!

Zoro dio una palmada y Law le siguió animado. La situación era tan surrealista que Bartolomé no pudo evitar reír. Poco a poco mientras seguían cantando se fue deslizando hacia la ventana, y le extendió la mano a Zoro.

-¡UAAAAAAH!-en el último momento Bartolomé resbaló pero Zoro le cogió a tiempo y tiró de él hacia arriba, metiéndolo dentro del edificio. Estaba a salvo.

-¡VAMOS!-Akainu echó a correr hacia el interior del Reformatorio seguido de Sengoku, Kizaru y un montón de alumnos curiosos.

-Bien hecho marimo-Sanji sonrió hacia la ventana donde aún se veía a Zoro y a Law-bien hecho...

-Snifff... Soy un imbécil... buaaaaah-Bartolomé se encogió como un bebé en el suelo, llorando desesperado.

-Tranquilo-Law y Zoro se inclinaron al lado suyo y le dieron unas palmadas de ánimo-todo irá bien...

-Bartolomé-Aokiji acababa de llegar a su lado. Se agachó a donde estaba el chico y lo cogió en brazos-ven conmigo.

Mientras Bartolomé sollozaba en los brazos de Aokiji llegaron Sengoku y Akainu. El director respiraba con dificultad. Miró a Law y a Zoro, que le devolvieron la mirada, ariscos.

-Esto... ha sido una imprudencia-farfulló Akainu. Sengoku le hizo callar alzando una mano.

-¿Cómo es que estaba la ventana abierta?-preguntó el director con seriedad. Zoro no dijo nada y Law se encogió de hombros. El director los miró un rato, sin decir nada. Detrás de él, Sanji y una veintena de alumnos más observaban la escena expectantes-os habéis comportado muy bien los dos. Verdaderamente os estoy muy agradecido.

-No le extrañe que lo haya intentado-dijo Zoro mirándole con desdén. Akainu chistó, ofendido, pero Sengoku lo dejó pasar.

-Qué no se diga que no soy un director justo. Vuestro castigo queda levantado. El fin de semana podréis bajar al pueblo-dijo Sengoku, magnánimo.

Zoro y Law se miraron sin poder contener una sonrisa de felicidad plena.

-Podéis volver a vuestros cuartos-terminó Sengoku.

-Espera-dijo Zoro. El director se dio la vuelta y le miró altivo-espere... los exámenes... tiene que dejar a Law hacerlos...

-¿"Tengo"?-repitió Sengoku, fulminándole con la mirada. Zoro se la sostuvo, desafiante-no, no tengo por qué. Una falta no borra otra. Esto era una simple recompensa.

-Cabrón-dijo Zoro. Sengoku alzó las cejas, indignado.

-¿Cómo dices?-preguntó, furioso.

-¿No entiendes por qué ha intentado tirarse? Lo que me extraña es que nadie más haya intentado hacerlo-dijo Zoro, agresivo.

-Tú...-Sengoku ahora sí parecía muy furioso. Pero Sanji se coló entre medias y agarró a Zoro del brazo.

-Ejejeje Zoro-dijo sonriendo falsamente-me tenías que enseñar lo de la espada esta...

Zoro quería plantarle cara a Sengoku, decirle un par de cosas, pero se quedó tan atónito con lo que le había dicho Sanji que se dejó llevar sin resistencia. Al rato estaban en otro pasillo, ya solos.

-Es que eres tonto marimo ¿quieres que te castigue más?-le reprochó Sanji dándole una colleja.

-No te metas en esto-le dijo Zoro furioso. Pero al ver la mirada de preocupación de Sanji se lo pensó un poco-gracias...

-Has salvado a ese chico, marimo. Mis respetos-Sanji le miró con seriedad, y Zoro no pudo reprimir una risa.

-Gracias cejas raras.

-Me parece que la cosa no ha acabado-dijo Law, que venía detrás de ellos-he oído a Akainu. Buggy se la va a cargar.

Zoro cayó en la cuenta. La ventana estaba abierta porque el conserje se la había dejado al limpiar.

-No sería justo-dijo el peliverde-en todo caso la culpa...

Pero dándole una vuelta no supo de quien era exactamente. Porque Bartolomé se la había echado a él también.

-¿Qué te dijo el crio?-preguntó Sanji curioso-entendí muy poco.

-Nada-dijo Zoro, protegiendo el secreto de Bartolomé-tiene problemas.

Hablaron un rato más y luego se dispusieron a marcharse. Zoro se iba a ir con Sanji, cuando Law le retuvo un momento.

-Gracias por lo de Sengoku-le dijo sonriendo-eres un hermano.

Zoro sonrió mientras se daban un abrazo. Cuando luego bajó las escaleras con Sanji se le veía muy satisfecho.

-Ya decía yo que os gustaba estar enganchaditos-dijo el rubio malicioso.

-No te pongas celosa-bromeó Zoro-tú tampoco me caes tan mal.

Nadie pudo apagar el optimismo con el que se acostó esa noche. Y el problema de Robin ya no le pareció tan grave.

-"Mañana hablaré con ella"-se dijo para sí, antes de caer rendido.

En su cuarto, Bartolomé no pudo evitar sonreír también.


¿Os gustó? Un capítulo bastante sorprendente. Bartolomé siempre ha estado ahí al margen, admirando a Luffy y Zoro aunque ellos pasasen de él. Pero puede que ahora Zoro aprenda que debe ver más allá.

Mi parte favorita es siempre el corro de profesores cotillas, sobre todo Hancok, que están verdaderamente trastornados.

Bueno, espero que os haya gustado mucho y hayáis pasado un buen rato. Tanto si es así como si no, dejadme un review con vuestras opiniones, que siempre me pueden aportar mucho.