II

Aziraphale sonrió con nostalgia mientras observaba los libros del estante, tal vez debería deshacerse de ellos. De cualquier manera, ninguno de sus bandos los molestaría ahora. Tal vez podría usarlos para asustar a algún cliente o venderlos. Solo los tenía porque ayudaban a cubrir el aroma de Crowley ante los otros ángeles.

"Todavía recordaba la vez que habían ido Michael y Gabriel a su librería para darle una misión. Ambos habían inspeccionado todo el lugar.

―Algo huele mal ―dijo Michael tapándose la nariz con su mano.

―Me temo que son algunos libros ―invento el rubio―. Los humanos suelen buscar libros "malos", así que los he rastreado y los mantengo bajo llave para evitar que los encuentren. Aunque no impide que apesten todo el lugar.

―Muy loable labor ―lo felicito Gabriel―, pero procura no entretenerte mucho en ello, tienes cosas más importantes que hacer...

Por supuesto, esa misma noche se lo contó a Crowley.

―Vaya que son sensibles ―exclamó olisqueando el aire, bebiendo un trago de vino― ¿Quieres que deje de venir un tiempo?

―No es necesario, querido ―se apresuró a responder el ángel―. Creo que creyeron mi mentira.

― ¿Mentira? ―dijo el demonio suspicaz.

―Bueno ―titubeo el rubio― Sabes que tengo debilidad por los tomos raros, pero comprenderás que no los tengo a la vista...

―Tal vez pudieras conseguir algo más mundano ―propuso― Lo suficiente malo, pero sin ser un grimorio.

―Esa es una buena idea.

―Toma ―chasqueó los dedos, apareciendo unos libros― Jeffrey Archer, eso funcionara.

El ángel hizo una mueca de desagrado.

― ¿Podrías colocarlo en el estante, querido?"

Escucho el sonido de la campanilla de la puerta, sacándolo de sus ensoñaciones. Se dirigió a ver quién era. Su sonrisa se borró al ver a Gabriel y Sandalphon entrar a su tienda.

―Parece que sigues conservando los mismos malos gustos ―dijo el Arcángel frunciendo la nariz―. Este lugar apesta.

―Me temo que los libros de Jeffrey Archer han aumentado y son extremadamente populares ―logro decir a duras penas.

―No tienes que fingir, Sunshine ―respondió Gabriel con una sonrisa forzada―. Sabemos que es por tu novio el demonio

―No es cierto ―tartamudeo el rubio sonrojado.

―En fin, en realidad no me importa lo que hagas ahora. Solo he venido por asuntos oficiales ―declaró el más alto entregándole un fajo de papeles―. Solo firma esto y estarás oficialmente separado de tu cargo.

Sin saber muy bien que hacer, Aziraphale firmo los papeles.

―De acuerdo ―anuncio recogiendo los papeles― De forma oficial ya no tienes nada que ver con el cielo. Podrás conservar tus poderes, no dice nada sobre la espada ― medito hojeando los documentos―, pero supongo que puedes conservarla ―continuo para alivio del rubio―. Diría que es un placer, pero...

―Esa serpiente me gruño― gritó Sandalphon llamando su atención hacia unos de los estantes.

―Solo es una serpiente de felpa― dijo Gabriel bajándola del estante y analizándola por unos instantes ―, supongo que fue tu imaginación.

El ángel miro la serpiente sonrojándose.

―Es un regalo ―mintió―, de los humanos, sus costumbres y eso.

Una vez que los ángeles se fueron, agarro la serpiente de peluche a toda prisa y se dirigió a la parte de atrás. No recordaba haberla visto antes, lo más probable es que fuese una de las bromas de Crowley. La observo con detenimiento, era idéntica a la forma que el demonio adoptaba cuando se convertía en serpiente. Sin poderlo evitar, la enrollo en su cuello, aspirando el aroma del demonio.

Al menos eso lo hacía sentir un poco mejor.