CAPÍTULO 1:
Me había sucedido muchas veces eso de desear algo con todas mis fuerzas y que, de repente, alguien se cruzara en mi camino y frustrara todos mis planes. No me alcanzaban los dedos de la mano para contar cuantas veces esa situación se había repetido en mi vida ya que había sido algo más que habitual a lo largo de mis años. Pero esa vez, esa maldita vez… Todo era diferente.
Antes en mi vida, cuando me había tocado atravesar por otros infiernos momentáneos había encontrado una solución o, al menos, una aparente resolución de mis problemas para salir del pozo de forma relativamente sencilla. Sin embargo, teniendo en cuenta la gravedad de lo que había cometido y lo desastroso que sería regresar a mi rutina diaria, no encontraba una posible escapatoria a mis demonios más que el suicidio… Y todo se había ido a la mierda por culpa de quien sabe qué.
-Demonios, ¿te encuentras bien?, murmuró lo que parecía ser un muchacho a mi lado, cuya voz temblaba con tintes de nerviosismo o miedo. No había abierto mis ojos aun, no quería hacerlo por lo que no sabía quién era aquel destructor de una planificación que me había llevado meses pensar… Había subido hasta esa estúpida cumbre con el propósito de no regresar nunca más a ningún lado y quería soñar algunos minutos más, pensar que realmente había muerto y me encontraba en otra parte del mundo, en otra dimensión.
-Respóndeme, ¿estás bien?
-Es obvio que no, le contesté de forma ruda dejando que todo mi enojo se filtrara en esa breve frase. Nadie que toma la decisión de suicidarse está bien, desde luego que la pregunta no tenía lugar en ese momento. Me habría levantado y habría empujado a esa persona por la cornisa del edificio de no ser por mi falta de fuerza en ese momento y las terribles ganas de llorar que sentía en mi interior. Una persona con el alma rajada sangra, sangra en forma de lágrimas porque hasta la sangre ha abandonado su cuerpo, toda esperanza se ha ido.
-¿Qué intentabas hacer? ¿Estás loca? ¡No debiste haber intentado eso!
Suspirando me volteé y me senté en el suelo, al igual que minutos antes lo había hecho. No sabía cuánto tiempo había pasado desde que me había acercado al borde del edificio y había regresado a estar tan cerca del cemento; mi conciencia me decía que sólo segundos pero mi corazón pesaba como si hubiese estado durmiendo una eternidad.
Pues eso tenía algo de verdad… Desde que James me había roto el corazón yo no había vuelto a ser la misma, había muerto allí. Ahora no era más que un envase de carne que deambulaba sola por la vida, porque era lo que el destino me había mandado como castigo por caer tan fácilmente ante la tentación.
-Eres un idiota… Un completo idiota, no quería ser salvada. Si estaba aquí arriba era porque así quería estar, y tú eres un maldito entrometido.
Abrí mis ojos. La luz del sol era tenue, casi inexistente y el frio se acentuaba con el pasar de los segundos. Nunca antes había odiado tanto el clima de Forks.
-¿Y además tu qué sabes si estoy loca? ¿acaso me conoces? Oh claro, de seguro me conoces. Pero el hecho de que me hayas visto en un video no te da el derecho de conocerme y juzgarme por las decisiones que he tomado, le dije con la voz temblando por las terribles ganas de llorar que tenía. Estaba destinada a ser infeliz por toda la eternidad.
Parpadeé un par de veces, froté mis ojos con manos temblorosas y me volteé para encontrarme cara a cara con la persona que sin conocer se había convertido en el peor de mis enemigos. Se podía decir que le odiaba de muerte, después de todo, él había frustrado la mía.
-Te conozco, claro…
Frente a mi había un muchacho, sólo eso. No parecía ser más grande que yo, de seguro teníamos la misma edad pero definitivamente su cuerpo le sacaba algunos centímetros al mío puesto que sentado y todo parecía ser altísimo. Su cabello brillaba con reflejos cobres frente a los últimos rayos de luz del día, como si el sol intentara guardar su color en ellos hasta la mañana siguiente y sus ojos eran verdes, muy verdes pero no de ese color tan común en todos, sino de un verde opaco y oscuro, como si fueran esmeraldas incrustadas en su cara. Aun así y con su piel tan blanca como la nieve no me parecía atractivo en absoluto. Quizá de haberlo conocido algunos años antes habría caído enamorada a sus pies como una mosca que huele algo dulce en las cercanías, pero ahora no… No era una chica de gustos refinados, sin embargo y a pesar de todos los malos ratos que mis deseos me habían traído, los prefería de ojos castaños y cabello largo atado en una coleta. Suspiré nuevamente pero esa vez fue por cansancio… Estaba segura de que ese chico se aprovecharía de mi desgracia y me pediría que le hiciera algún que otro favor con tal de guardar el secreto de que la loca de Forks había cometido otra locura. Por supuesto que antes de eso prefería tirarme por el edificio, anteriormente había demostrado que no le temía a ese gran salto.
-Pero no por eso que dices, no he visto ningún video, continuó hablando ante mi indiferencia.
Algo en mi se paralizó, no sentí un click, su respuesta no me provocó asco como lo había imaginado. Esas palabras no eran las que esperaba, había calculado que para ese entonces ya estaría huyendo de un posible extorsionador pero la situación había cambiado, los papeles no eran los mismo que en mi cabeza y no sabía cómo actuar frente a eso.
-¿Qué?... Pero… No entiendo, ¿de dónde me conoces?
Él sonrió… Su boca se curvó peligrosamente y sus ojos se cerraron dejando ver unas largas pestañas que terminaban de adornar su esculpido rostro. Antes había visto sonrisas como esas, pero nunca tan sinceras y agradables. Hacía mucho tiempo nadie me sonreía así… ¿Debía culparme por sentirme especial por un segundo?
-Eres la hija de los Swan. Ellos son grandes amigos de mi familia, recuerdo haberte visto en la fiesta de navidad que mis padres organizaron, en aquel entonces eras mucho más pequeña y parecías ser feliz.
Movilicé mis pensamientos e intenté recordar ese evento que él mencionaba pero mis neuronas estaban atrofiadas por el tabaco y no querían reaccionar. No podía darme cuenta de quién era él… No importaba, lo dejaría para más tarde.
-Era… Era su hija, ya no más.
-Oh por Dios, ¿murieron?, gimió abriendo sus ojos exageradamente mientras cubría su boca con ambas manos. Parecía a punto de llorar. –Ahora entiendo porque querías suicidarte, agregó con vos temblorosa mientras yo lo observaba estupefacta. Tenía ganas de golpearlo, todo eso era tan absurdo.
-No… No murieron, le contesté intentando tranquilizarlo a pesar de lo extraña que me sentía en ese momento. Vaya, que muchacho tan raro… -Bueno, en realidad si murieron para mi, ¿pero acaso eso importa? Lo que importa es que debes hacerme un favor muy grande y no tienes otra opción que aceptar.
-¿Y qué me harás si no acepto?, contestó retándome mientras subía sus cejas en una mueca de desafío. Al parecer el chico tenía ganas de jugar…
No sabía que era más extraño, si estar hablando con un desconocido en la cima de un edificio mientras hacían cinco grados bajo cero en la ciudad o si estar hablando con ese extraño luego de que me salvara de querer suicidarme como si eso no hubiera pasado, como si fuéramos dos amigos platicando una tarde de verano…Parecía un sueño alocado, de esos que te dan luego de que juegas un rato con estupefacientes.
-Puedo empujarte por el borde y juro que tú no vivirás para contarlo.
-No creo que puedas, ni siquiera pudiste arrojarte tu por allí y planeas empujarme a mí que soy el doble de grande que tu…
Debía de admitir que aunque doliera tenía razón. No tenía fuerzas ni siquiera para levantar mi trasero del cemento, menos las tendría para lidiar con aquel hombre.
Levanté mis ojos para observarlo y suspiré de nuevo… Quizá no era más que un loco intentando ganarse mi confianza para secuestrarme, quizá era otro chico que buscaba burlarse de mí como James lo había hecho, o quizá solo era un chico… Una persona común y corriente que honestamente tenía ganas de ayudarme. Quería creer que era de esa clase, quería hacerlo, de veras… Pero cuando tu confianza es traicionada tantas veces y por tantas personas, volver a confiar no es algo que salga de ti naturalmente. Es como si perdieras la habilidad de hacerlo.
-Sin embargo me gustaría que me dijeras cual es ese favor, quizá podamos llegar a un trato que nos convenga a los dos.
-Sólo pido que no le cuentes esto a nadie, por favor… Que tu no hayas visto mi video no significa que otros no lo hayan hecho y esto solo aumentará su morbo con respecto a mí. Sé que no sabes de qué te hablo, pero fue algo terrible. Me hicieron una cosa muy fea, me utilizaron. Un maldito idiota se aprovechó de mí y lo registró todo con cámaras. No necesitas saber más que eso.
-No debes dar tantas cosas por sentado, respondió levantándose del suelo mientras caminaba para acercarse al borde del edificio. Era más alto de lo que imaginaba y su figura lo mostraba como alguien muy imponente, muy fuerte. –Dije que no había visto tu video, no que no lo conociera.
Juro que en ese momento, en ese preciso instante mis latidos cesaron y el aire escapó de mis pulmones. No sabía qué hacer, no sabía cómo actuar… Tenía la esperanza, la creencia de que con él podía ser diferente, que podía confiar aunque apenas acaba de conocerlo y todo se había ido al demonio. La historia volvía a repetirse, el destino no dejaba de castigarme y ya no me quedaban más lágrimas para llorar.
Quería morir, no soportaba más todo eso.
-¿Qué quieres… de mi? ¿Por qué me salvaste? ¿Qué haces aquí?, le dije entre susurros mientras sentía como mi garganta se cerraba en un fuerte nudo. Intenté levantarme pero mis rodillas cedieron y caí con fuerza al suelo. Él solo volteo y sonrió. Sentí que mi sentencia estaba dictada.
-No te diré qué hago aquí o como llegue hasta este lugar, solo te diré que creo en ti. Conozco a James, se de lo que es capaz y es por eso que me inclino por tu palabra. No tengas miedo…
-Wow, dije mientras el corazón me regresaba al cuerpo. Me sentía liviana, como si me hubiese quitado un enorme peso de encima. Después de todo él era un buen chico, no debía confiar plenamente en su palabra pero me sentía segura a su lado, creía que lo que decía era verdad. –Eres uno en un millón… Y no es una estimación, de un millón de personas que me ha juzgado tú eres el único que no lo ha hecho.
-Tú también eres una en un millón… Millones de personas mueren por año en el mundo a causa de suicidios y tú te salvaste de formar parte de ese grupo.
No pude evitar reír un poco frente a sus palabras. Era una persona muy extraña y compleja, no cualquiera encuentra alegría en medio de tanto dolor.
-Guardaré tu secreto, desde luego pero a cambio de algo.
-Dime, le respondí mientras me levantaba del suelo para caminar a su lado. La vista de Forks seguía igual de hermosa que minutos antes, solo que ahora la única luz que se percibía era la de los edificios de la ciudad.
-Algún día debes contarme que te llevó a hacer eso.
Su petición me molesto un poco… ¿Por qué quería saberlo? No era algo que yo quisiera andar contando por allí, para nada. Y menos a gente que acababa de conocer.
-¿Por qué piensas que te lo contaría?
-Porque sino divulgaré tu secreto.
Mierda, me tenía en la palma de su mano. En mi interior presentía que él no sería capaz de hacer eso, no parecía ser de esa clase de personas que perjudican a alguien por su propio beneficio, pero tampoco podía arriesgarme. No estaba en condiciones de hacerlo. Mi vida ya de por si era demasiado compleja…
-De acuerdo, algún día lo haré pero no esta noche.
-¿Eso significa que quieres volver a verme?, dijo riendo mientras volteaba para observarme. Sus ojos brillaban a la luz de la luna. Yo también reí y negué con la cabeza restándole importancia al asunto. Sin embargo él tenía razón… Aunque apenas lo hubiese conocido, aunque fuese bastante extraño y hubiese frustrado mi intento de libertad, a pesar de todo eso tenía ganas de verlo nuevamente.
¡Buenas noches a todos! Espero que estén muy bien… Aquí lestraigo el primer capítulo de esta nueva historia, ojalá les guste leerlo tanto como me gustó a mí escribirlo. Estos primeros momentos van a ser muy difíciles pero pronto podrán saber más de la vida de nuestra valiente Bella. Si les gusta por favor dejen su comentario, ustedes no saben cuánto me ayuda eso a seguir con la historia. Nos leeremos pronto, gracias a todos.
