Bueno el verano se acaba y yo he escrito todos los capítulos que me faltaban de Reformatorio Shinsekawa, que en total son diez. Subiré uno cada semana, intentaré que sean los viernes, y espero que os guste, porque estamos en la recta final y viene lo más emocionante. Pensaba empezar a actualizar cuando volviese a mi casa en Septiembre, pero he recibido dos notificaciones de lectores que me pedían continuarlo ya, y no me gusta hacer esperar. Ya que esta historia está gustando, ¡que menos que complacer a los lectores!
Aún así recomiendo releer un capítulo o dos de antes para recuperar un poco el ritmo y volver a meterse en la historia. ¡Y espero que este también os guste!
-Carbonaraspaguetti: Que bien que te haya gustado yo estoy disfrutando también mucho con cada capítulo de tu fic (admiro mucho lo bien que escribes en inglés). Como bien has dicho se avecina tormenta, jajaja. ¡Espero que hayas tenido unas buenas vacaciones, y que sigas disfrutando con el fic!
-Lollyfan33 (actualizado): Me ha encantado tu review, todo lo que señalas en la historia me la hace ver más claro incluso a mí mismo! Zoro ha evolucionado mucho como personaje llegados a este punto, gracias en parte al positivismo de Luffy, aunque también yo creo que a la maldad de Akainu, que le hace valorar mucho más las cosas buenas que tiene. Y sí, Akainu no ha hecho más que empezar su venganza (Buggy volverá a aparecer, confirmado). me alegra un montón que te esté gustando, la parte de la playa fue también de mis favoritas, cuando se hacen fotos y cuando nadan, me gustan mucho Zoro y Sanji, aunque también me hace muchísima gracia Usuff, jajajaja. ¡Espero que te siga gustando, y mil gracias por tu review!
-Acaba de salir... ya se va... ahora-Sanji vigilaba el pasillo derecho mientras Usuff estaba pendiente del izquierdo. Apenas tenían unos minutos para hacerlo.
-Vale, ya estoy dentro. Necesito unos segundos más-Zoro se rascó por debajo del pasamontañas. Si que era jodida esa mierda. Pero así no los reconocerían si de verdad había cámaras secretas.
-No queda mucho tiempo...-Usuff se mordía las uñas presa del pánico-¡tuerce el pasillo! ¡Es tu turno Luffy!
-¡Voyyy!-Luffy se puso en mitad del pasillo con Chopper, y cogiendo el bote de ketchup lo puso perdido.
-¡Oye tú!-Magellan echó a correr detrás del chico, furioso, mientras Luffy le hacía un corte de manga y luego huía escaleras arriba-¡niñato insolente!
-Vale...-en el cuarto de megafonía Zoro ya había pinchado la música siguiendo las órdenes de Usuff. Se aseguró de borrar todas las huellas que pudiese dejar en el programa y luego salió de allí-quedan dos mins.
-¡Echo!-Sanji y Usuff se reunieron con él en el centro del pasillo-y la luz se va en tres, dos, uno...
-¡Cero!-Nami y Robin acababan de cortar la corriente del piso inferior. Durante unos segundos todo se quedó a oscuras. Luego la luz volvió. Si había algún espía o cámara grabando, no podría saber el paradero de los tres encapuchados desconocidos. En el intervalo de oscuridad habían desaparecido, y ya estaban en el comedor con su ropa normal, fuera de toda sospecha.
Entre tanto Luffy había sido atrapado y severamente golpeado por Magellan. Lo soportó con valentía porque era parte del plan.
-¡Y no me vuelvas a enfadar ¿entendido?!-le amenazó el agresivo conserje.
Magellan había venido el domingo a sustituir a Buggy. Si el payaso era un recluso de prisión, Magellan había trabajado como vigilante en prisión, y tenía diez veces peor humor que Buggy, además de ser mucho más malo. Akainu se había ocupado de su selección personalmente.
Magellan debía de creerse que los chicos iban a temblar de miedo y que no se atrevían ni a respirar. Llevaba una fusta para "corregir" a los insolentes, y sus puños eran del tamaño de la cabeza de Chopper. Eustass Kidd se había llevado un brutal derechazo que lo había derribado por escupirle en los zapatos.
Lo que Magellan no se esperaba era el recibimiento especialmente caluroso por parte de los "Piratas del Sombrero de Paja", que el domingo se habían reunido en el cuarto de Luffy y Zoro y habían hecho un juramento. "Seré el rey del reformatorio-les había dicho Luffy-¡y la tiranía habrá terminado!"
-¡SÍIIIIIIII!-exclamaron al unísono Nami, Usuff, Sanji, Chopper, Robin y Franky.
-Verás...-Zoro se frotó las manos, deseoso de comenzar con el sabotaje.
Era martes. En teoría deberían estar comiendo pero habían conseguido escurrirse para llevar a cabo la primera parte del plan: la obertura de la gran guerra. Viejos contra jóvenes, alumnos contra profesores. ¡Y nadie quedaría en pie!
Con los pasamontañas y jerseys negros que Nami había conseguido guardados en sus mochilas los ocho chicos fingían tranquilidad mientras comían. Ese día cuidaban Jinbei y Hancok.
Luffy fue el último en sentarse, echándose hielo en los lugares donde le había golpeado Magellan.
-Nunca pensé que echaría tanto de menos a Buggy-observó Sanji mientras ayudaba a aliviar el dolor a Luffy-pero este es el primero de nuestra lista.
-Sssshh...-le acalló Usuff. Sus planes debían de ser llevados con la máxima discreción.
En el comedor de profesores nadie hablaba. Sengoku y Aokiji masticaban silenciosamente mirando con resentimiento a Akainu y Kizaru, que destacan en la mesa como los dos grandes triunfadores de aquella puja de poder.
De repente empezó.
-"ÑIEEEEEEE... CRAAAAAK... SWIIIIIIIING..."
-¿Pero qué demonios...?-Sengoku se levantó sorprendido-¿qué pasa?
-Es el megáfono...-Akainu miró al techo receloso-se ha estropeado...
Pero no lo estaba: una voz clara y diáfana resonó en todo Shinsekawa, hasta el último rincón. Todos se miraban sin poder creerlo.
-Joder-Trafalgar Law no pudo contener una risa.
-¡...mierda, coño, polla, chocho, puta! ¡Joder, hostia, carajo, zorra, cojones!
La voz gritó todas y cada una de esas palabras vocalizándolas y paladeándolas para que quedasen bien claras. Luego hizo una breve pausa.
-Parad esto-le dijo Sengoku a los otros. Akainu y Kizaru echaron a correr hacia la sala de sonido.
-"Me apetecía decirlo-siguió la voz-y me apetecía decirle a todos los profesores de esta cárcel... ¡Qué os follen! ¡Qué os den por el culo, no vamos a haceros caso! ¡Somos jóvenes, y tenemos cosas mejores que hacer que estar aquí aguantando vuestra mierda! ¡Así que a partir de ahora... VA A SER ASÍ!"
-¡SÍIIIIIIIII!-mucha gente en el comedor se levantó y empezó a aplaudir. Hancok y Jinbei se miraron sin saber que hacer. No podían mandarlos callar ahora.
-¡ABAJO SHINSEKAWA! ¡ABAJO SHINSEKAWA!-gritó el megáfono, y todos lo corearon.
-¡ABAJO!-gritó Law soltando una carcajada.
-¡ABAJO!-Franky lanzó su bandeja al aire manchando a los de al lado con su comida.
-Abajo-Kalifa miró a donde estaban Luffy y sus amigos y sonrió.
-¡JODER!-la comida de Franky había manchado a los de al lado suyo, que en respuesta cogieron su puré y se lo lanzaron a la ropa. En unos instantes la mayor guerra de comida de la historia del colegio había empezado. Sanji se ocultaba detrás de una mesa para no mancharse su camisa favorita, mientras Luffy lanzaba trozos de pescado a Zoro y a Law. Incluso Eustass y sus chicos participaron en la refriega lanzando vasos y cubiertos. Jinbei intentó pararlos pero acabó cubierto de puré, y Hancok, acobardada, prefirió esconderse en las cocinas.
-¿Ahora entiendes por qué sugerí cocinarles abono?-le dijo Zeff mientras la acogía en su refugio.
-"Vamos a animar esto... ¡Con un poco de rock!-exclamó la voz del megáfono. La música estaba tan alta que ensordeció los gritos de batalla en el comedor.
"There I was completely wasted, out of work and down
All inside it's so frustrating as I drift from town to town
Feel as though nobody cares if I live or die
So I might as well begin to put some action in my life!
Breaking the law, breaking the law
Breaking the law, breaking the law!
Breaking the law, breaking the law!
Breaking the law, breaking the law!"
La comida volaba casi a cámara lenta por el comedor y algunos alumnos empezaron a salir por el colegio tirando paneles y golpeando las ventanas enardecidos. La música los soliviantaba, los inducía a aquella imparable rebelión.
-¡APAGA ESTO! ¡AHORA!-le gritaba Akainu a Kizaru, presa de una ira incontrolable.
-¡Ya voy, ya voy! ¡Un momento!-el administrador al contrario que su colega no perdió los nervios. El sistema había sido bloqueado para que no pudieran desconectarlo pero desenchufando unos cables Kizaru consiguió apagarlo.
Se escuchaba el bullicio de afuera, cada vez más fuerte. Magellan ya corría a detener a los enardecidos estudiantes fusta en mano, pero se le echaron encima, y pese a su brutalidad fue incapaz de reducirlos. Un salvaje alumno de primero le quitó la fusta y le dió con ella en el trasero, haciéndolo rugir como un león.
-Mierda. ¿No puede ocuparse de ellos, joder?-Akainu se asomó por la puerta de la sala de sonido para ver como una marea de alumnos enardecidos llevaban el tablón de anuncios hacia los pisos superiores para tirarlo.
-Sí salimos ahora nos linchan-siseó Kizaru. No parecía tener miedo, pero sin duda estaba también rabioso.
-Tienes razón... pero no podemos quedarnos aquí para siempre-Akainu apretó los dientes-¿tienes el teléfono?
-¿Y si esperamos a que se calmen?-sugirió Kizaru.
En ese momento Galdino pasó corriendo por el pasillo chillando perseguido por cuatro críos de primero que armados con pinturas y brochas pretendían "hacer arte" con él.
-No se van a calmar-dijo Akainu, impasible-el teléfono.
Kizaru le pasó su móvil a Akainu y el subdirector marcó un número mientras murmuraba palabras entre dientes.
-Madre mía... ¿quién crees que ha sido...?-preguntó Kizaru asomándose de nuevo por una rendija de la puerta. Un chaval giró la cabeza y estuvo a punto de verlo, pero Kizaru volvió a esconderse rápidamente.
-Pronto lo descubriremos-gruñó Akainu mientras esperaba impaciente a que le contestasen la llamada.
En los pasillos reinaba el caos. Zoro se había subido a Chopper a hombros y corría seguido de Bartolomé, Viola y Law.
-¡Akainu!-gritaba el peliverde enardecido-¡¿Dónde está Akainu?!
-¡Qué de la cara ahora si se atreve el muy rajao!-apostilló Viola que había cogido un cuchillo de la cocina y estaba totalmente despeinada.
-Se os está llendo demasiado-se rió Law, que aunque los seguía no participaba en la batalla.
-¿Tu crees?-le preguntó Zoro, no pudiendo evitar sonreír. Realmente estaba pasando. Iban a reducir aquel maldito sitio a cenizas. ¡Era el fin de Shinsekawa!
-¡Debe de haber más abajo! ¡En la sala de profesores!-Sanji lideraba una segunda avanzadilla con Nami, Franky, Eustass y Perona entre otros. Corriendo como una jauría descendieron hasta la primera planta donde estaba el hinvernadero de Sengoku y la sala de profesores, y dando tremendos golpes echaron las puertas a bajo.
-¡Ahí!-gritó Sanji señalando a Mihawk. Pero todos se detuvieron en el acto, el rubio el primero.
-Muy buena iniciativa la vuestra, a mí me parece estupendo-comentó Mihawk mientras sacaba brillo a su larga katana con aburrimiento. La hoja cortaba casi con mirarla.
-Estooo... gracias profe... nosotros nos vamos ya-se excusó Sanji echándose el cabello hacia un lado y haciéndose el loco.
-Ya ya. Mejor me parece-dijo Mihawk sin levantar la cabeza de lo que estaba haciendo, y la avanzadilla se retiró con el rabo entre las piernas.
-Sengoku se ha bloqueado en su estudio con Aokiji creo-les dijo Usuff que venía seguido de Tanaka, Kalifa y Carrot-no vamos a poder pillarlo.
-Si al menos le tuviéramos podríamos haberlo usado de rehén-lamentó Law.
-¿De rehén?-Zoro le miró con sorpresa.
-Para los maderos-aclaró Law. Zoro arqueó una ceja, aún sin terminar de pillarlo-venga ya Zoro. No esperaríais montar todo esto y que Akainu no pidiera refuerzos.
-Aún tardarán...-dijo Franky esperanzado. Law rió levemente señalando a la ventana.
-No lo creo...
Varios autos de policía subían por la carretera hacia Shinsekawa. Del primero de ellos descendió el capitán Smoker, con cara de pocos amigos.
-Lo que pasa en este reformatorio es de traca-dijo el policía cruzando los brazos, mientras sus hombres entraban en el edificio.
-Le ruego que no fume en mi despacho-pidió Sengoku con calma.
-Corte. Me he recorrido diez kilómetros en menos de cinco minutos para salvarle a usted el culo-replicó Smoker desdeñoso- es lo que sigo siempre, no se puede confiar en los funcionarios...
-Qué exagerado-rió Kizaru, con quien al igual que siempre parecía que no iba la cosa.
-No hace ni dos días que me fui de aquí y ahora pasa esto-Smoker miró a Akainu y esbozó una sonrisa burlona-¿no los tenías controlados?
El subdirector temblaba de rabia, y su piel estaba teñida de un peligroso color rojizo que como siempre no auguraba nada bueno. Sengoku y Aokiji lo miraban con desprecio.
-El subdirector se ha tomado muchas licencias ultimamente-diji Sengoku con frialdad-lo único que ha conseguido es demostrar que no está capacitado para llevar este reformatorio.
-A mi modo de ver usted tampoco lo está. Ninguno de ustedes-replicó Smoker con chulería-aquí hace falta disciplina.
-Inculcamos una seria disciplina-rebatió Sengoku mirando a Smoker con desdén-le rogaría que no me dijera como tengo que trabajar.
-Le repito que yo...
-Tengo que recordarle además que no está usted hablando con un soplón de taberna, señor Smoker-le cortó severamente Sengoku. El capitán iba a replicarle pero pareció que se lo pensó mejor.
-Si no tienen nada más que decirme, nos marchamos-dijo mirando a sus compañeros del cuerpo-pero yo les diría que...
-Con el debido respeto señor director-intervino Magellan. El nuevo conserje tenía un ojo morado y varias heridas que sangraba, además de faltarle dos dientes. Estaba, por lo menos, tan furioso como Akainu-opino que lo que necesitamos para mantenerlos a raya son solamente un par de empleados más. No se si me entiende...
Hubo un silencio.
Todos los presentes en el despacho de Sengoku se miraron, circunspectos. Akainu entrecerró sus negros ojos mientras Kizaru se reajustaba sus gafas de cristal tintado, y Aokiji exhibía un gesto de preocupación.
-Por eso también les he llamado-dijo finalmente el subdirector rompiendo el silencio-ya estamos tramitando la orden. Pero serán como poco unos diez.
-¿Sin consultármelo?-saltó Sengoku, enfurecido.
-Díez de mis chicos...-Smoker lo reflexionó unos instantes-no. Ni hablar. Eso es mucho.
-El ministerio es quien...-empezó Akainu.
-Me desayuno las órdenes del ministerio y las cago a la cena-replicó Smoker-no voy a renunciar a diez de mis hombres, tenemos que controlar el crimen en Logetown. Te daré a cinco de mis hombres, no más, y ya son suficientes. Sin armas, claro está. Si eres tan bueno como dices sabrás manejarlos.
-Sabré...-Akainu agitó con violencia las aletas de su nariz mientras miraba a Smoker con odio.
-Así que así va a ser-susurró Aokiji, consternado-Shinsekawa va a pasar a ser definitivamente una cárcel...
-¿Ya iba siendo hora no?-se mofó Kizaru.
-Para terminar con esto yo empezaría buscando a los conspiradores-comentó Smoker mientras echaba su acabado cigarrillo en la papelera del despacho. El galgo de Sengoku dormitaba cerca, indiferente.
-No va a ser necesario-repuso Akainu frotándose las manos-esta vez no.
La policía obligó a los alumnos del Reformatorio a reunirse una vez más en el comedor. Akainu estaba allí, al frente de todos ellos, acompañado de Kizaru, Magellan y el capitán Smoker.
-¿Qué quieren ahora...?-susurró Zoro preocupado.
-Ya te lo dije... ahora es su venganza-respondió Law en voz baja-baja la cabeza, que no te vean. Que no te vean...
-Tranquilos-Luffy le daba la mano a Chopper y Nami, que apoyaba su melena anaranjada en el hombro de él.
-Zoro... por favor, no hagas nada-le susurró Robin con voz cálida en el oído. El espadachín se volvió y la sonrió con confianza.
-Sabes que no voy a poder...-dijo.
Kizaru pulsó uno de los audífonos y en toda la estancia resonó un fuerte chillido que hizo que todo el mundo se callara. Zoro se acordó del día de las botellas de vodka que les habían obligado a beber. Parecía haber pasado tanto tiempo. Pero ahora no podrían salir de allí como la otra vez: para empezar, la policía les había quitado los teléfonos a todos antes de reunirlos. Hasta a la mayoría de profesores.
Shinsekawa entero estaba allí reunido a excepción de Sengoku, que al parecer había reusado bajar. Pero el resto si habían acudido, incluída Hancok y Galdino, que después de la revolución habían tenido que pasar por la enfermería de Kureha.
Akainu se adelantó y miró a sus alumnos con arrogancia y algo que Zoro interpretó como satisfacción (lo cual no era nada bueno). Luego cerró los ojos un momento, y después señaló hacia la multitud.
-Ella-dijo simplemente.
Se hizo un silencio mortal. Todo el mundo se giró hacia la señalada. Esta vez no hubo gritos ni expresiones de sorpresa. Sólo un silencio mortal. Zoro palideció.
El dedo de Akainu señalaba a Nami. La pelirroja le miró como hipnotizada, casi incapaz de creerlo. Tardó en asimilarlo más que el resto.
-No...-susurró Sanji.
-Nami...-Usuff miró a su amiga con horror.
-Qué...-la idea ya estaba llegando a la cabeza de ella. Oh oh... estaba en un buen lío.
-No... ¡No!-gritó Sanji desesperado-¡NO! ¡DEJADLA AHORA MISMO! ¡NO!
Tres policías avanzaron hacia Nami, cuando Luffy se interpuso.
-Por encima de mí-dijo con voz seca.
-Vale...-Smoker chasqueó los dedos y los guardias comenzaron a vapulear a Luffy con sus porras.
-¡LUFFY NO!-Sanji corrió a ayudar a su amigo y le metió una patada a un policía en la entrepierna, haciéndole aullar de dolor. En respuesta uno de sus compañeros le pegó un brutal puñetazo a Sanji, derribándolo y reventándole las narices. Zoro se unió de inmediato a la pelea, y resistió más que sus dos amigos, pero se detuvo al ver que Akainu sujetaba a Nami con sus grandes y peludas manazas.
-Llevas muchos años aquí ¿no? Y siempre consigues escaquearte-le dijo el subdirector a la chica en el oído-pues hoy es el día.
Su aliento era muy fuerte. Nami quiso evitar olerlo, porque le repugnaba.
-Déjela-intervino Robin a la que los policías dudaron en agarrar-ella estaba conmigo en el comedor. No ha hecho nada.
-Pero cariño... si estáis todos en esto-rió Kizaru apoyado a un lado de la pared.
-Vuelva a su sitio, 321-dijo Akainu con voz de ultratumba-usted también recibirá su castigo.
-¡No!-Robin habló con voz calmada pero muy fuerte. Todos la miraban impresionados-¿qué pruebas tiene?
Akainu avanzó hacia ella con una perversa sonrisa, y alzó una mano. Por un momento Zoro se temió que fuera a golpearla, aunque por suerte no lo hizo. Sin embargo la grito con la fuerza de diez soldados.
-¡NO NECESITO NINGUNA PRUEBA! ¡NINGUNA! ¿NO LO ENTIENDEN? ¡AQUÍ MANDAMOS NOSOTROS, NO USTEDES! ¿UNA REVOLUCIÓN? ¡HÁGANLO AHORA! ¡ATRÉVANSE!
Robin aguantó que Akainu la gritase en la cara con total indiferencia, aunque Zoro veía la rabia por debajo de la educada tranquilidad de su novia.
-Déjela en paz...-susurró Robin de nuevo. Akainu abrió un poco la boca con sorpresa, y luego apretando los puños la dio la espalda, volviendo hacia Nami.
-Queda decretada la ley marcial-dijo Akainu con voz imperativa-el castigo por insubordinación es la flagelación.
-¿La qué?-Franky había entendido otra palabra.
-Listo señor-Magellan le mostró a Akainu la vara que traía para el castigo. Era flexible pero aún así muy dura. Nami se puso blanca como el papel al verlo. Zoro y Sanji también.
-Nami...-Zoro miró a su amiga horrorizado. No iban a hacerle daño. No se atreverían.
-¡NO!-Usuff y Chopper trataron también de intervenir, pero los policías los golpearon con fiereza y los dejaron inconscientes. Zoro y Sanji forcejeaban para liberarse sin demasiado éxito.
-No puedes hacer eso Akainu. Es ilegal-era Aokiji esta vez quien intervenía a favor de su alumna. Akainu lo miró con desdén.
-Ya lo hemos hecho otras veces. La ley establece que en los reformatorios se deben aplicar las penas en funcionamiento al sistema. El sistema permite este tipo de castigos...
-En las cárceles-le recordó Aokiji-no a menores que no han cometido delitos.
-Ya te lo he dicho, en Shinsekawa ha sido decretada la ley marcial-contestó Akainu impasible-lo que significa... lo que significa que es hora de un buen castigo.
-¡NO!-los gritos de Sanji, Zoro y Robin eran cada vez más fuertes mientras Magellan avanzaba hacia Nami con la vara listo para castigar. La chica temblaba de miedo. Intentaba mantener la compostura, pero apenas era capaz. Notaba el dolor antes incluso de tenerlo... y le iba a doler muchísimo.
Nami vio a Law entre la multitud, que estaba también pálido y asustado. Levantando una mano le vocalizó en silencio "tranquila". Pero no podía estarlo. ¡¿Qué podía hacer?!
A quien Nami buscaba con su mirada era a Luffy. Y Luffy...
-¡YIAAAAAAAAAAAAH!-el chico del sombrero de paja había conseguido liberarse del agarre de los policías y corría hacia Akainu, cuando Magellan lo detuvo con un placaje. Luffy se reincorporó furioso y le dio un fuerte puñetazo a Magellan, e intentó pasar por encima de él para llegar hasta Nami. Sin embargo los policías de Smoker ya lo habían atrapado de nuevo.
-Este chico tiene agallas-reconoció el capitán Smoker impresionado.
-Demasiadas-Akainu avanzó hacia Luffy frotándose las manos-Monkey D... ¿es que no puedes vivir sin ser el centro de todos los problemas?
El rostro de Luffy llameaba de rabia. Su cabello estaba totalmente revuelto y sus ojos enrojecidos fulminaron a Akainu de un modo que hasta el subdirector se preocupó un poco.
-¡HIJO DE PUTA!-gritó Luffy fuera de sí. Su voz sonó tan desgarrada que a Zoro le conmovió las entrañas-¡TE ODIO!
Akainu asintió lentamente, y luego, volviéndose a Magellan, señaló a Nami. Ella ya no prestaba atención a la vara, si no a Luffy. También estaba conmovida.
-Luffy... déjalo...-susurró con voz dulce, esforzándose por sonreír-no pasa nada...
-Nami...-Luffy la miró con los ojos llorosos.
-Todo saldrá bien...-susurró Nami, pero su voz se apagó en las últimas sílabas.
-¿ES QUE NO VAIS A HACER NADA?-Zoro miró al resto de sus compañeros, furioso-¡VAMOS! ¿VAIS A PERMITIRLO? ¡JODER!
-Cualquier que intente intervenir... compartirá su castigo-avisó Akainu. Todos los alumnos se miraron entre ellos y agacharon la cabeza. Zoro miró a Kalifa, que lloraba en silencio, y luego a Law, que parecía muy concentrado en los cordones de sus zapatos. Zoro no podía creerlo. ¿Ninguno haría nada? ¿Es que nadie iba a ayudarlos? Akainu miró a Zoro con una sonrisa de satisfacción espeluznante. "¿Lo ves?-parecía decirle-al final tengo yo razón. No valéis para nada".
-¡NO LO HAGAS! ¡TE MATARÉ!-le gritó Zoro a Akainu, pero uno de los guardias le dio un golpe en el estómago que le hizo doblarse.
-¡AYUDADNOS!-le gritó Sanji a sus compañeros. Bartolomé sorprendió a todos echando a correr en ayuda de Nami, pero tampoco tardaron nada en doblegarlo.
-Serán diez azotes-sentenció Akainu con calma.
-¡FUE IDEA MÍA!-gritó Luffy desesperado-¡CASTÍGAME A MÍ! ¡FUE IDEA MÍA! ¡YO PUSE LA MÚSICA! ¡DAME VEINTE AZOTES! ¡DAME LOS QUE QUIERAS!
-Qué pillín-se mofó Kizaru.
-Se perfectamente quienes sois los culpables. Pero para que no volváis a hacerlo... esto os servirá de ejemplo.
-No...-los profesores también estaban consternados. Jinbei y Brook miraban a Aokiji esperando que él hiciera algo para detener aquella crueldad, pero el psicólogo parecía haberse quedado sin ideas. Zoro estaba indignado ¿de verdad ellos tampoco harían nada? No podía creer el miedo que Akainu provocaba en todos ellos.
-Pero me siento compasivo. Voy a darte una opción-dijo Akainu y entonces le quitó la vara a Magellan que lo miró sonriendo con vileza. Ahí llegaba la sorpresa del castigo.
-No...-Luffy miró la vara con horror. Ni en sus peores pesadillas podría haber imaginado una situación así. Zoro también había dejado de resistirse, y estaba ahora petrificado-no, por favor...
-Es hora de demostrar quienes somos Monkey D. La número 230 sufrirá el castigo ya sea a manos de Magellan o a las tuyas propias ¡Es hora de elegir!
-¡NO!-chilló Hancok entre la multitud, consternada. ¿Cómo podía hacer algo así?
Luffy miró a Nami horrorizado. Ella sólo lloraba. Luego volvió a mirar a Akainu que seguía con aquella sonrisa de reptil en su rostro.
-¿No? Bueno...-Akainu le devolvió la vara a Magellan que avanzando hacia Nami se dispuso a latigarla con violencia-diez azotes...
-¡NO!-gritó Luffy. Akainu detuvo a Magellan y luego se volvió hacia Luffy, sonriendo. Cogió la vara y se la ofreció, amablemente.
-Luffy...-Zoro miró a su amigo con espanto. Aquello no podía estar pasando.
Pero sí estaba pasando. Luffy avanzó hacia Nami con las piernas temblorosas atentamente seguido por la mirada de todos los presentes. El capitán Smoker parecía impresionado.
-Nami... te quiero-susurró Luffy con unos gruesos lagrimones recorriéndole el rostro.
Ella no contestó. Se abrazaba los hombros y mantenía los ojos fuertemente cerrados. No quería verlo. Magellan le había levantado la camisa para que se pudiera ver bien su espalda.
-Qué sean buenos-avisó Akainu-o habrá que repetirlos...
¡CHAS! Luffy la golpeó una vez con fuerza. Nami apretó los dientes y consiguió reprimir un alarido de dolor. ¡CHAS! Otra vez. Ahora sí Nami gritó. La espalda le quemaba, el dolor la traspasó el cuerpo. Pero aún quedaban ocho latigazos. ¡CHAS! Otra vez. ¡CHAS! ¡CHAS! De nuevo.
-Aaaaaaaaaah...-Nami se derrumbó en el suelo, notando como la carne le empezaba a sangrar y la espalda se contraía en aquel dolor insoportable. Y aún quedaban otros cinco. Luffy la miró con aquella mirada inexpresiva que siempre tenía. No parecía decidirse.
" Hazlo ya...-pensó Zoro, cuya angustia apenas le dejaba respirar-acaba ya con esto". A su lado Sanji lloraba en silencio.
-¡AAAAAAAAAAAH!-Nami no podía soportar ni un golpe más. Apenas estaba ya consciente.
¡CHAS! ¡CHAS! ¡CHAS!
-"Nami te quiero..."
Un silencio absoluto reinaba en Shinsekawa. Nadie había en los pasillos, ni en las aulas.
Todos habían sido encerrados en sus habitaciones por el nuevo comando de policías que ahora obedecían las órdenes de Akainu. Si, definitivamente las cosas se habían estropeado totalmente. Todo por aquella estúpida revolución. Pero aquello todavía no había terminado.
-Nos... ¿lo dejamos?-le preguntó Zoro a Luffy. El chico estaba de espaldas a él, mirando la pared de su cama rota. No había hablado desde lo ocurrido en el salón de actos. Zoro estaba muy preocupado por él.
-No...-la voz de Luffy sonó muy ronca, pero a Zoro le alivió escucharle al fin. Y sobre todo escuchar que no se rendirián. Habían aceptado empezar la guerra. Sabían que ellos contraatacarían con algo así, aunque no lo esperaban tan duro. Pero no había hecho nada más que empezar.
Zoro miró su póster de espadachín distraído. En realidad le gustaba estar allí. Aunque odiase admitirlo, Shinsekawa se había convertido para él en un hogar, no por sus lujos ni sus profesores obviamente, pero por sus amigos. Donde esté tu corazón estará tu morada. Y aunque le costase creerlo, aquel estaba siendo el mejor verano de su vida. Sobre todo por Robin, y también por Luffy, su mejor amigo, y el resto de amigos tan raros como geniales que había hecho.
-"Ojalá pudiésemos echar a Akainu-pensó Zoro para sí, sombrío-todo sería más fácil... mucho más fácil..."
Entonces le llegó un mensaje al móvil. No quería verlo, pero por inercia simplemente encendió la pantalla. Era un número desconocido. "Estoy en vuestra puerta, preparaos para salir"-decía el mensaje.
Zoro miró hacia la puerta de la habitación y distinguió unos pies por la rejilla. ¿Quién cojones...?
~Zoro: quien eres?
~607349720: quereis ver a nami?
Zoro vaciló unos segundos. Luego se acercó a Luffy y le enseñó los mensajes sin decir una palabra. El chico abrió mucho los ojos, sin mudar su oscura expresión.
-Sí...-susurró.
Fueron hasta la puerta y Zoro respondió al mensaje. Entonces sonó un pitido y la puerta se abrió. El misterioso mensajero les esperaba al otro lado.
-¿Cómo...?-Zoro miró a Brook con sorpresa.
-Ya os lo explicaré-susurró el profesor, mirando a los lados con preocupación-¡Vamos!
Los guió hasta la habitación 320 donde Nami y Robin descansaban. Tuvieron que evitar que un guardia los pillase cerca de las escaleras, pero por suerte los tres eran bastante sigilosos. Zoro se acordó del día en el que habían ido a robar la katana de Ryuma.
-Un par de profes me han ayudado a desbloquear vuestros cerrojos y colarme hoy-les explicó Brook en voz baja-me la estoy jugando mucho pero... bueno, es que obviamente estoy con vosotros.
-¡Gracias!-Zoro le dio unas palmadas de ánimo al viejo rockero y luego entró en la habitación seguido de Luffy.
Nami estaba tirada en su cama, sollozando, y Robin sentada a su lado la daba la mano. Ella no llevaba puesta camisa ni sujetador, y las heridas de los golpes se veían perfectamente en la espalda, relucientes por la crema que le había echado Robin.
-Ven conmigo-le dijo Robin a Zoro al verlo, y salieron al pasillo.
-Eeeeh... yo os espero en la esquina, avisadme cuando estéis-dijo Brook saliendo también del cuarto, dejando a Luffy y a Nami solos.
En el pasillo Robin se echó encima de Zoro y empezaron a besarse desesperadamente. Ella revolvió el corto cabello del muchacho mientras él pasaba sus manos por su espalda y piernas necesitado de ella. La amaba tanto. Pero tenía miedo.
-Y si la próxima eres tú...-susurró Zoro con voz ronca separándose de ella. Robin lo besó de nuevo, pero Zoro la alejó, insistente-¿y si te hacen daño también?
-No tengo miedo...-Robin besó a Zoro en el cuello y masajeó sus fueres pectorales. El chico sabía tan bien... quería tenerlo a su lado todo el tiempo posible-no tengo miedo si estoy contigo...
-Robin-Zoro la miró con gravedad-no quiero que eso pase. No podría perdonármelo. No voy a poder perdonarme lo de hoy.
-Pero no es culpa tuya-replicó Robin. Sus ojos claros brillaban en la oscuridad del pasillo como dos azuladas estrellas.
A Zoro lo tenían embelesado. Podría pasarse mirándola todo el día. Y más. Pero ahora el tiempo corría en su contra. Podían meterse en un buen lío si los pillaban.
-¿Cómo está...?-susurró el chico en el oído de Robin.
-Ya le duele menos... pero hubo un rato en que no se podía mover. Necesita estar con Luffy-le respondió ella mientras con la barbilla apoyada en su hombro le acariciaba distraídamente los músculos por debajo de la ropa. Zoro asintió.
Robin miró por la ventana del pasillo, pensativa.
-Es mejor que ahora estén solos. Sé que ella quería verle... ha sido muy duro...
-Se lo haremos pagar...-respondió Zoro con decisión.
-Tenemos que tener cuidado Zoro... Akainu es un monstruo... Luffy quiere descubrir que es lo que esconde y creo que eso es muy peligroso...
Zoro meditó esas palabras en silencio. Sí, ya había escuchado la historia de Ace, el hermano de Luffy, y se había propuesto ayudar a su amigo. Sabía que eso podía significar la clave para por fin vencer a Akainu... o también su propia perdición. Como fuera si deseaba seguir en aquel reformatorio, y entendía por qué Luffy tambien lo hacía, era para conseguir resolver el misterio.
-Esta mañana Luffy se coló en el despacho de Akainu aprovechando la movida-le dijo a Robin. Ella abrió mucho los ojos, con sorpresa-era una parte del plan que solo conocíamos él y yo.
-Pero eso... es muy peligroso...-respondió ella preocupada-ellos se pueden enterar... y entonces...
-No, no lo harán-dijo Zoro sonriendo satisfecho-porque hemos descubierto como lo hacen, ¿recuerdas?. Ahora les tenemos.
Robin tragó saliva, perpleja.
-Y se lo vamos a hacer pagar-terminó Zoro. La miró fijamente. El calor que desprendía la chica le derretía.
Las manos de Zoro se deslizaron hacia el redondo trasero de Robin y se metieron sin disimulo bajo sus bragas negras.
-Oye... no lo vamos a tener tan fácil más... al menos hasta el fin de semana... ¿querrías...?
-Lo estaba esperando-respondió Robin y sin poder aguantarlo más devoró los labios de su novio, que se la cargó en brazos pegado a su boca y la fue llevando por el pasillo mientras la pasión hacía cada vez más urgente el regreso a su cuarto.
-¡Esperad leñe!-exclamó Brook al verlos alejarse-¡Que os tengo que abrir yo!
En el cuarto de las chicas Luffy miraba a Nami con impotencia. Ella mantenía los ojos cerrados y se agarraba a sí misma con fuerza. La mirada de Luffy se paró en sus grandes y carnosas tetas, que se comprimían con la presión de los brazos.
-Nami...-Luffy se mordió el labio, consternado. Ella dejó de respirar pesadamente, y quedó en vilo. El chico no sabía que decir. Estaba devastado. El acto de azotar a su chica había sido la acción más horrible que había hecho en su vida.
-Nami, yo... no... no había otra opción...-Luffy comenzó a llorar mientras le ardían las mejillas y sus piernas temblaban. Esperaba que ella le odiase. Le hubiera gustado que le gritara como siempre hacía, que le echase una terrible bronca y le pegara y le amenazara para que no volviera a hacerlo nunca más.
Pero ver a Nami conteniendo el dolor, llorando en silencio casi como si quisiera desaparecer, era mil veces peor que cualquier cosa que hubiera podido decirle. Ojalá hubiese sido él quien hubiese sufrido el castigo. Pero de haber sido Magellan quien se lo hubiese aplicado a Nami, sin duda el dolor hubiera sido mucho mayor.
-Lo siento... no podía... no puedo seguir poniendo tu vida en peligro...-sollozó Luffy arrodillándose al lado de Nami. Ella seguía con los ojos fuertemente cerrados y la piel de la cara roja de dolor. Luffy agachó la cabeza y lloró a su lado, destrozado. Nunca podría olvidar aquel día. Junto al encarcelamiento de Ace, había sido el peor de su vida, que ya era decir.
Entonces, mientras Luffy lloraba, Nami abrió los ojos y lo miró con curiosidad. Nunca le había visto llorar. La curiosidad se convirtió rápidamente en compasión. El chico hipaba y temblaba a la vez que las lágrimas, ardientes, le caían por el rostro.
Nami estiró un brazo hacia él y le acarició la cara. El chico levantó la cabeza sorprendido y la miró. Ella sonreía. Había dolor y tristeza tras esa sonrisa, pero también esperanza y un gran amor. A Luffy le recordó a su madre.
-Luffy...
-Nami perdóna...me... sniff... perdona... yo... todo es culpa mía... todo es mi culpaa...
Se derrumbó al lado de la chica y besó la mano repetidamente, con desesperación. Nami le observó hacerlo en silencio. Luffy empapó la mano de Nami con sus lágrimas mientras la daba besos en cada dedo y repetía en voz baja "perdóname... perdóname... perdón..."
-Luffy...-Nami habló con voz ahogada mientras levantaba la cabeza del muchacho y le hacía mirarla. Sus ojos parecían más apagados, pero un destello al verse reflejado en ellos le hizo entender a Luffy que ella no abandonaría. ¡Era Nami, a fin de cuentas!
-Te quiero muchísimo Luffy... abrázame...-susurró Nami. El chico se incorporó lentamente y pasando sus brazos en torno al delgado y frágil cuerpo de ella la estrechó. Nami empezó a llorar también sin poder contenerse más, y acarició la nuca del chico mientras susurraba en su oído-te quiero muchísimo... te amo... Luffy...
Se quedaron así mucho tiempo, juntos disfrutando de su calor y su intimidad. Cerraron los ojos lentamente y fueron hundiéndose en la cama, mientras Nami cantaba en voz muy baja una canción.
-¿Te gustaba no? Era la que te gustaba...-le susurró. Luffy asintió lentamente mientras colocaba varios cojines bajo el cuello de Nami y la arropaba con esmero.
Close you eyes, gimme your hand, darling
Do you feel my heart beeting, do you understand?
Nami siguió cantando con voz suave a la vez que Luffy la daba la vuelta y besaba en la espalda, en cada uno de los moratones que le había hecho con aquella maldita vara.
-Nunca podré perdonarmelo...-dijo mientras pasaba sus dedos suavemente por las caderas de Nami provocando en ella un escalofrío.
-Puedes arreglarlo... solo sigue haciendo eso...-respondió Nami cerrando los ojos con placer. En cualquier otro momento Luffy besándola su espalda desnuda con su miembro tan cerca de su trasero la habría puesto cachonda, pero en aquel momento sentía otra cosa, algo que iba más allá del deseo sexual o el placer físico. Sintió como si solo estuvieran ellos dos en medio de la nada. Y como si todo fueran él y ella, juntos, dos cuerpos fundidos en el amor.
Nami dejó que Luffy siguiera con su masaje. El chico resultó ser mucho más delicado de lo que ella se esperaba, y poco a poco el dolor le fue remitiendo hasta notar que el sueño la embargaba. Cuando Nami dejo de cantar "Eternal Flame" Luffy se dio cuenta de que se había dormido, y lentamente fue acurrucadose hasta quedarse dormido a su lado. Daba igual que ahora se durmiesen, se verían en sus sueños.
En la habitación 246 Robin se encontraba encima de Zoro tratando de no gemir demasiado alto mientras la cama de él traqueteaba amenazando con romperse. El chico llevaba un ritmo frenético mientras acariciaba los morenos muslos de la chica, que cabalgándolo ejercía más presión sobre él consiguiendo darse todavía más placer.
-Aaaaah... aaaaaaaaaah...-Robin echó la cabeza hacia atrás extasiada mientras Zoro daba estocadas cada vez más fueres y gruñía con aspereza debajo suyo. La chica puso una mano en la garganta del espadachín y le apretó. Zoro le cogió esa mismo mano y se la llevó a la boca, mordiéndola.
-Joder Robin... ooooooh...-Zoro apenas podía contener su eyaculación por más tiempo. Sólo quería que ella llegase también a un punto donde perdiese totalmente el control. Desesperado por conseguirlo la movió tumbándola en la cama. Ahora era él quien estaba encima. Entonces apretó los pechos de Robin frotando el pulgar contra sus pezones y fue de nuevo, poniendo todas sus fuerzas, clavando en ella el pene a la vez que contraría el sudoroso trasero.
-¡Zoro! ¡Aaaaaaaaaaah!-Robin le besó en la oreja de los tres pendientes mientras él la mordía en el cuello y la sujetaba por las muñecas y entonces sabiendo que no iba a poder más alcanzó el clímax.
-¡OH! ¡OOOH!
Zoro terminó de correrse aún dentro de ella, mientras Robin tenía que morder la sábana para no chillar. Él se había puesto un preservativo así que no había ningún riesgo, pero al quitárselo después de salir de Robin ella cogió el pene y se lo masajeó con avidez.
-Eres increíble...-susurró Robin mientras seguía palpando el miembro del chico, aún empapado en semen-te... te quiero... tengo muchísima suerte de haberte conocido... y de que tu me quieras.
Zoro la miró con sorpresa. Era la primera vez que la oía hablar así de claro sobre sus sentimientos. Viendo su propio reflejo en los ojos de Robin tuvo una revelación. La afortunada no era ella...
-Solo soy lo que tú me haces ser...-dijo con ternura, mientras le apartaba las manos de su pene y se las hacía poner en el pecho-y si ahora soy tan increíble... eso solo por tí. Por favor nunca te alejes de mí.
Robin pasó una de sus largas y delgadas piernas por encima del bajo vientre de Zoro, y luego apoyó su cabeza en su pecho, haciéndole cosquillas con su largo cabello negro.
-No iba a hacerlo-dijo. Y después de besarse un rato más también ellos se quedaron dormidos.
Nami tardó unos días en recuperarse completamente del terrible castigo de Akainu. Luffy sabía que psicologicamente ni él ni ella iban a reponerse nunca, pues no podrían olvidarlo jamas. Pero el amor los había sanado, y seguiría haciéndolo.
Con los atentos cuidados de Luffy y por supuesto de Sanji que no se separaba de ella ni un segundo (para disgusto de Viola) Nami se recuperó rápidamente. Pero era hora de atar cabos, y de hacerle a Akainu pagar su horrible crímen contra ella, y contra el resto del reformatorio. El temible subdirector se había vuelto más tirano que nunca, y había recortado incluso el recreo a no más de diez minutos. Así que para los chicos era cada vez más difícil verse entre horas debido a las exigencias del subdirector.
Lo único que Akainu no tocó fueron los horarios de entrenamientos. Al parecer tuvo una tensa discusión con Mihawk que amenazó con despedirse si se tocaban sus clases. Sengoku puso el grito en el cielo (a fin de cuentas Mihawk había sido muy difícil de contratar) y Akainu tuvo que ceder. Se empezaba a decir por los pasillos que Mihawk era el único capaz de plantarle cara a Akainu y eso cabreada mucho al subdirector, que al enterarse de estos rumores espiando a un corrillo de alumnos los castigó cinco días sin dudarlo.
Naturalmente Luffy y sus amigos mujiwaras estaban también castigados para el resto del trimestre sin salir a Logetown. Bastante suerte tuvieron de que no les prohibiesen la salida final que tendría lugar para celebrar la gran competición entre todos los centros educativos de la zona.
Por si fuera poco con eso estaban en el punto de mira de Akainu y sus vasallos, lo que especialmente los metía en problemas con el temible Magellan, que quería vengarse después de que hubiesen hecho la revuelta.
-Vale. ¿Sugerencias? Porque me tienen hasta los cojones-dijo Sanji cuando todos los miembros de la banda del Sombrero de Paja se consiguieron reunir por fin en un recreo del viernes. A Sanji acababa de agarrarlo Magellan y le había cortado el mechón que le tapaba la cara como castigo por andar haciendo bromas sobre su nombre.
-Podemos atrapar a Magellan y atarlo a una silla, luego lo llevamos hasta el río...-empezó Usuff que odiaba al nuevo celador más que nadie desde que le había espachurrado las narices contra una pared por mentirle.
-Deberíamos ser realistas-le cortó Nami bostezando-yo pensaba más en envenenarles la comida.
-Ah, mucho mejor-rió Robin.
-No es una mala idea, solo necesito librarme de Zeff-repuso Sanji animado-¿les echamos chile picante en la sopa?
-¿Atrapamos a Kizaru y lo descuartizamos para servírselo en filetes?-sugirió Usuff más desquiciado que nunca.
-Yo creo que tenemos que ser más sutiles... nos jugamos mucho en nuestro próximo ataque-razonó Zoro frotándose la barbilla.
-Fíjate marimo sabes decir "sutiles" debes de creerte to culto-se cachondeó Sanji. Zoro le lanzó uno de los bolis con los que estaba escribiendo.
-Pero... ¿y las cámaras? Si nos ven nos matarán-les recordó Chopper atemorizado. Robin miró con sorpresa a Zoro.
-¿Ellos todavía no lo saben?-preguntó sorprendida.
-¿Saber qué?-inquirió Sanji extrañado. Zoro le dedicó una sonrisa burlona al darse cuenta de que poseía una información que Sanji ignoraba. El rubio se le encaró, furioso-¿Qué tenemos que saber marimo?
-No sé si estáis preparados...-rió Zoro y Sanji se puso rojo de rabia.
-No empecéis otra vez que me ponéis enferma-pidió Nami. Últimamente no necesitaba gritar ni amenazar, "gracias" al castigo de Akainu. Hasta Zoro era mucho más considerado con ella.
-Perdona-se disculpó el peliverde agachando la cabeza ante su ex novia.
-Te perdono-respondió Sanji con magnificencia.
-¡No te lo decía a tí! ¡Gilipollas!
-"Alumnos de la clase 4B, diríjanse a la tercera planta al departamento de psicología"-anunció la apática megafonía.
-Mierda-protestó Sanji-es la puta evaluación. Aokiji ya nos lo avisó.
-¿Tenemos que ir todos?-preguntó Zoro de mala gana.
-Sí-respondió Luffy-Hoy le toca a nuestra clase.
Así que se dirigieron al tercer piso donde la mayoría de sus compañeros ya estaban esperando a que les tocase su turno. Carrot y Kalifa ofrecieron a Nami y a Robin sitio junto a ellas. Eran mucho más amables (especialmente con Nami) después de lo ocurrido con Akainu. Los demás se sentaron cerca de la ventana, y mientras Zoro y Sanji continuaban discutiendo Luffy se dedicó a mirar por ella, pensativo.
-Sé algo que te interesará saber Luffy-le dijo Usuff acercándose a él confidente. Luffy alzó las cejas mostrando sorpresa, aunque se le veía con poco interés.
-¿El qué?
-Es Buggy...-Usuff miró a los lados como siempre hacía cuando se traía un cotilleo gordo entre manos-está en la ciudad... al parecer tiene que esperar a su vista, que será en unas semanas, y luego lo devolverán a la cárcel. Se lo escuché contar a Jinbei ayer cuando me mandaron limpiar la primera planta.
-¿En serio?-ahora sí que Luffy manifestaba un mayor interés. Así que su querido amigo Bugo seguía en Logetown... pero ellos no podían ir a verle, porque estaban castigados sin ir allí.
-Sé que fuiste al despacho de Akainu... -continuó Usuff mirándole suspicaz-pero Buggy lo ha limpiado cientos de veces... si hay alguien que puede saber algo...
Luffy tragó saliva. Eso era cierto. Un sentimiento muy fuerte comenzó a brotar de su interior mientras pensaba en las opciones que tenían. Un sentimiento de esperanza.
-¿Monkey D.? Pasa anda-llamó Aokiji. Luffy se levantó y fue muy resuelto hacia el despacho del psicólogo.
La evaluación psicológica era breve, Aokiji solo explicaba una serie de resultados y tests que les había hecho a principio de curso y les daba un par de reglas para los exámenes finales que ya se acercaban. Con Nami, Usuff y Kalifa apenas tardó cinco minutos. Con Luffy en cambio estuvo media hora, y también con Robin. Roronoa Zoro era por apellido de los últimos de la lista, así que se quedó con Vinsmoke Sanji y Tony Tony Chopper esperando su turno.
-¿Qué creéis que dirá de mí?-preguntó Chopper preocupado.
-Qué eres un palizas-respondió Sanji que chupaba un mondadientes para matar el mono del cigarrillo.
-Qué te preocupas demasiado-dijo Zoro.
-Pensaba que dirías cosas buenas-musitó Chopper abatido. Sanji arqueó una ceja y miró a Zoro algo aturullado.
-No, queremos decir que... eres muy responsable-dijo sonriéndole con calidez. Pero Chopper no parecía muy convencido.
-Yo creo que... eres el chaval más inteligente que conozco. Y también el más valiente-dijo Zoro con sinceridad. Los ojos de Chopper se abrieron mucho al oírlo, y una gran sonrisa estiró su cara mientras miraba a Zoro con gratitud.
-Caray marimo...-Sanji asintió impresionado-no está nada mal...
-Y tú creo que simplemente eres muy subnormal-le dijo el peliverde, divertido.
-¡Venga ya! ¡Con lo bien que lo estabas haciendo!-se rió Sanji.
Pasaron un rato más charlando sobre el reformatorio y sus vidas fuera de él. Zoro era cada día más consciente de que la vida de Sanji fuera de Shinsekawa era la más acomodada, pero también posiblemente la más difícil del grupo. Estaba bajo mucha presión por su familia y amigos, y era tremendamente infeliz.
-Zoro, te toca-le llamó Aokiji cuando terminó con Carrot, con la que también había estado más tiempo de lo normal.
-Por fin...-le susurró Zoro a sus dos amigos. Chopper y Sanji eran los últimos y se quedaron mirando vídeos de cocina en el móvil del rubio.
-Bueno, disculpa por la espera pero ya sabes como va esto-le dijo Aokiji al entrar.
-Nada-Zoro forzó una sonrisa y se dirigió a su asiento, cuando a Aokiji le sonó el móvil.
-Ay, perdona-se excusó el profesor, cansado. Luego cogió el teléfono-¿sí? ¿Es urgente? Un momento... perdona Zoro ahora mismo vuelvo ¿vale?
Aokiji no escuchó el suspiro de frustración de Zoro. El chico se repantingó en la silla que había en frente de la mesa del psicólogo y echó una ojeada a la estancia. Típico despacho de psicólogo. Muy anónimo. Muy zen.
Sacó el móvil para escribirle algo a Robin cuando cayó en la cuenta de algo. A lo mejor Aokiji podía darles alguna pista. Él no era amigo de Akainu pero sin duda debía estar en el ajo. Todos los profesores estaban en el mismo barco, como diría Luffy.
Con la agilidad de una pantera Zoro se movió hasta la mesa y empezó a rebuscar papeles abriendo cajones y armarios. Todo era papeleo administrativo y fichas de alumnos sin demasiado interés. También había de profesores. Buscó la de Akainu pero no la encontró. En cambio estaban la de Galdino, Hancok y Jinbei, que eran bastante interesantes y sorprendentes.
Zoro iba a sentarse a leerlas cuando tiró otro taco de hojas. Distinguió la foto de Luffy en una de ellas. Su amigo sonreía como siempre y llevaba su inseparable sombrero de paja.
Zoro no pudo evitar leer las primeras líneas mientras recogía los papeles.
"Monkey D. Luffy, diecisiete años. Trastorno por déficit de atención e hiperactividad. Dislexia leve. Fuera."
Zoro miró la foto de Luffy perplejo. ¿Trastorno de atención e hiperactividad? ¿Dislexia? ¿Cómo no lo había pensado antes? Era obvio que Luffy era un fuera de la norma, pero eso se debía también al problema que padecía. Zoro entendía ahora por qué a Luffy le costaba tanto concentrarse en más clases, y por qué confundía palabras. Y aún así él se esforzaba muchísimo por aprender y superarse. El peliverde tragó saliva mientras dejaba la hoja en su sitio. Luffy podía tener muchos problemas tanto internos como con los demás, pero jamás en la vida le había escuchado quejarse de ellos. Y fue la primera vez que Zoro pensó que quizás él también podía superar los suyos. Que si las cosas le iban bien o mal no dependía tanto de los demás, si no de él mismo.
-Ya estoy...-Zoro tuvo el tiempo justo de sentarse cuando Aokiji entraba por la puerta. El psicólogo fue hacia su asiento y lo miró con satisfacción-perdóname Zoro, no pueden estar sin mí.
-Ya. No pasa nada-dijo él cortante-¿bueno, yo...?
-Tus ficheros, vamos a ver...-Aokiji sacó un par de hojas de un archivador que Zoro no había mirado y releyó partes en voz alta.
-"Problemas de conducta... actitud agresiva... falta de estudio..." mmmnnn... bueno Zoro creo que tú eres un caso bastante sencillo.
Zoro no pudo evitar su sorpresa al oírlo. Era la primera vez que le decían que era un caso sencillo. Y ya había pasado por dos psicólogos en su instituto. Y desde luego él no pensaba que fuera un caso sencillo.
-Te sorprenderá lo que te digo. Bueno, lo normal en un adolescente es creer que sus problemas son lo peor, y que nadie más puede entenderlo. Pero resulta que somos todos seres humanos, y no somos tan diferentes como creemos.
-Con las cosas que hemos hablado hasta ahora no creo que sepas mucho de mis problemas... no lo digo a mal-aclaró Zoro. Aokiji lo miraba desde su asiento con sumo interés, sonriendo mucho como si fuera que estuviese observando en él algo muy interesante.
-Bueno pero soy súper psicólogo y os he ido echando un ojo. Además tú no pasas desapercibido, no sólo porque eres muy guapo, también tienes una personalidad fascinante. No me pongas esa cara, no me siento atraído por tí, y aunque así fuera siempre puedes rechazarme.
-¿Qué has observado...?-le preguntó Zoro que realmente tenía interés por saberlo. Aokiji era una persona muy inteligente. Un desastre total, pero muy inteligente.
-Cuando llegaste odiabas este sitio (no te culpo). Tu pesperctiva era la misma con la que llevabas todo el año: pasar de estudiar, pasar de tí mismo y meterte en líos con un par de amigos chungos de la talla de Eustass. Me imagino que intentarías hablar con él al principio...
-Más o menos-recordó Zoro.
-Pero no contabas con Luffy. Él te hizo ver las cosas de un modo que nunca habías visto, y te incluyó en un grupo de amigos, variopintos pero geniales, al que tú jamás habrías formado parte en tu sano juicio.
Zoro asintió. Todo eso era verdad. Ahora que Aokiji se lo resumía así era totalmente como había sucedido.
-... y ya me contó Nami que habías salido juntos, lo que me lleva a entender cual era el verdadero motivo por el que te portaste tan mal este invierno. Pero has sido capaz no sólo de pasar página con otra chica maravillosa como es Robin. Además has sido capaz de perdonar a Nami. Y de seguir a su lado. Eso Zoro, no lo hace cualquiera.
Zoro agachó la cabeza un poco cortado. Dicho así sonaba espectacular pero la verdad es que no era para tanto. Él había deseado que Nami regresara con él durante mucho tiempo. Pero eso ya quedaba atrás. Sabía que aún la quería. Pero por suerte ahora podía dejarla ir sin que le doliera tanto.
-Tu problema es Zoro que tienes un corazón que no te cabe en el pecho y actúas del modo contrario. Pero has demostrado ser generoso, valiente, honesto y desinteresado. Has ayudado a más gente de la que crees en este colegio ( empezando por Bartolomé a quien salvaste la vida y siguiendo con la propia Nami, Viví y Trafalgar Law).
-No creo que haya ayudado mucho a Law...
-Pues él me ha dicho que sí-terció Aokiji-pero no le digas que te lo he contado. Y creo que a Sanji también le ha venido bien tener alguien que le plante cara. Sí Zoro, eres una persona muy valiosa, y brillas ya solo por lo que ayudas a los demás, además de por tí mismo.
Zoro miraba al suelo muerto de vergüenza ante las palabras de Aokiji. Entre eso y la declaración de Robin en su cama el otro día la verdad es que iba bien servido de cumplidos. Se sentía muy bien. No quería admitirlo, pero era así.
-Vaya repaso te estoy dando... Y mejor no te leo lo que me ha escrito Mihawk sobre tí porque entonces explotas ya de la vergüenza. Nunca había leído un informe así sobre nadie. Vamos ni en el homenaje que le hicieron a Michael cuando murió...
Zoro sonrió mientras la imagen de su sensei aparecía en su memoria. Nunca en su vida pensó que llegaría a establecer una conexión tan fuerte con el legendario Dracule Mihawk. Y ahí estaban, como dos iguales.
-Solo queda una cosa y es la menos importante: que te lo curres un poco y apruebes todos los exámenes finales ¿qué te parece? Sé que ni la Física ni las Mates son tu fuerte pero Historia y Lengua cuestan menos y puedes sacar buena nota.
-En realidad creo que se me da todo mal-admitió Zoro. La única diferencia: Historia y Lengua eran un pelín más faciles y no una marea de números sin sentido. Pero era un fracaso en todas, excepto en deportes.
-Se te puede dar todo mal... pero creo que te has enfrentado a retos mucho más difíciles en este verano-le dijo Aokiji guiñándole un ojo. Zoro asintió lentamente.
-Sí.
-Muy bien. Entonces tú y yo nos despedimos hasta la próxima-dijo Aokiji estirando las manos satisfecho-¿te parece bien?
-Claro.
Zoro estrechó la mano de Aokiji y luego se dirigió a la puerta de salida con una satisfacción interior inmensa. El psicólogo lo llamó una vez más.
-Dime una cosa... ¿no ha sido un buen verano?-le preguntó divertido.
Zoro caviló unos segundos mientras una sonrisa le cruzaba el rostro.
-El mejor-admitió.
Zoro se quedó a esperar con Sanji mientras entraba Chopper. Al final le tocó el turno al rubio y entonces Zoro se llevó al niño hasta su cuarto, y luego subió al suyo. Mientras deambulaba por los pasillos (ya conseguía no perderse, por fin) pensó en lo que había hablado con Aokiji, y que realmente tenía razón. ¿Iba a dejar que le vencieran un par de putos exámenes de mierda? No. ¿Desaprovecharía la enorme suerte que tenía en comparación a muchos otros? No.
Luffy tenía un montón de problemas y dificultades, y ya había hecho su planificación de estudio con Nami, decidido totalmente a aprobar. Zoro haría lo mismo.
"No soy una persona compleja..." -pensó el chico. En realidad sí lo era. Pero los problemas, cuando se enfrenta uno a ellos, son en realidad sencillos. Tenía un montón de amigos con los que se sentía muy a gusto, y seguiría a Luffy hasta el fin del mundo. Tenía a Nami de nuevo de su lado, y a Robin que era la mujer de su vida. E iba a ser un campeón de la espada con ayuda del mejor. Él era el dueño de su vida. Él elegía su destino.
Así que sí, aquel había sido el mejor verano de su vida. Ojalá pudiera disfrutar de lo que aún quedaba de él.
¿Os gustó? Espero que sí, y me encantaría leer vuestros reviews con vuestra opinión sobre la historia (ya sea para bien o para mal, a mí me interesa mucho). La escena de la tortura de Nami está inspirada en "El Cofre del Hombre Muerto" (de Piratas del Caribe, que amo). La verdad es que Akainu cada capítulo que pasa es más y más odioso ¿no os parece?
¿Cuál es vuestra pareja favorita? ¿Creéis que durarán? ¿Y qué más secretos esconde Shinsekawa? Sinceramente espero que os haya gustado, os mando un abrazo enorme desde la distancia y espero que estéis bien. ¡Hay que mantenerse positivos, es lo más importante!
La semana que viene un capítulo bastante divertido. ¡Hasta entonces, nos leemos!
