Sé que dije que subiría los viernes pero he tenido mucho lío esta semana de regreso, así que aquí esta un poco más tarde pero igual de bueno:D

-Guest: Me alegro mucho de que te haya gustado, sí que era bastante fuerte la verdad jajajaja. ¡Espero que este también te guste, un abrazo!

-Lollyfan33 (actualizado): ¡Jajajaja, me alegro mucho de que te haya gustado! La revolución fue un maremoto de emociones, con los chicos enfurecidos y decididos a acabar con la tiranía de Shinsekawa, pero la venganza de Akainu los ha sometido totalmente. Muchas veces pasa que unos pocos dan la cara y el resto no se atreven a unirse a ellos por miedo... y al final la pobre Nami ha acabado pagando el pato. Me ha gustado mucho lo que dices de la charla entre Zoro y Aokiji, como señalas intento meter mucha información de los personajes de una forma amena, que encaje con la historia como pasa con el perfil psicológico de Luffy. En fin, un gustazo como siempre recibir tus reviews y saber que has disfrutado con la historia, sé que lo que viene a continuación te va a seguir gustando porque el nivel de tensión va subiendo hasta el clímax, como ocurre en Gantz.


-¿La tienes?

-Si...

-¿Sigue dormido?

-Pues claro.

-Vale, una, dos...

Todos entraron en el cuarto donde Zoro todavía roncaba a pierna suelta. Luffy se había puesto el despertador para estar alerta cuando viniesen a verlos. Al ser domingo y ante la tajante prohibición de poder ir a Logetown, no les quedaba más remedio que celebrarlo allí.

Zoro nunca hablaba con nadie de su cumpleaños. Era una fecha que no consideraba especial y celebrarlo le tocaba un poco las narices, aunque no sabía del todo bien por qué. Sin embargo no había podido ocultarle a Luffy que aquel día ocho cumplía los dieciocho, y pasaba por tanto la mayoría de edad. Zoro tenía muchas ganas de llegar a ese momento. Aunque económicamente seguía dependiendo de su padre, ya era legalmente adulto, y pronto podría marcharse de casa y dejar todo lo que odiaba atrás.

Sin embargo Zoro esperaba en el fondo que su padre por lo menos lo llamara para felicitarle...

El caso era que aún roncaba disfrutando del único día en el que podía hacerlo, cuando uno a uno sus amigos se fueron metiendo en el cuarto. Además de Luffy, Nami, Robin, Sanji, Usuff y Chopper se habían apuntado Franky, Law, Brook, Bartolomé, Viola y Kalifa que se había enterado en el último momento y se había incluído porque sí.

-Mmmmmmn...-Zoro sonrió en sueños abrazado a su almohadita mientras su cama sin saberlo estaba rodeada por todos sus amigos de Shinsekawa.

-Vaya pijama más horrible... ¿nadie le va a regalar uno?-susurró Kalifa.

-Tíos alguien tiene que grabar, esto va a ser un gran momento-dijo Law que llevaba solo una camiseta y calzoncillos, y estaba aún medio sobado.

-¡Ssssh! ¡A callá! ¡Qué lo van a despertá si no...!-les advirtió Viola.

-Vale ya está lista-Sanji encedió la última. Dieciocho eran muchas velas-preparados, listos...

-¡Cuuuuumpleaños feliz, cumpleaños feliz!-cantaron todos. Zoro se incorporó pegando un bote de la sorpresa, y por unos segundos los miró atónitos, sin entender lo que estaba pasando. A la primera que miró fue a Robin, que le guiñó un ojo, tranquilizadora. Luego a Sanji, que sujetando la tarta exhibía una gran sonrisa.

-¡Te deseeeeamos toooodos cumpleaaaaños feeeeliz!-cantaron desentonadamente. Brook hizo un agudo metallero para hacer la canción más épica.

-¡SÚPER CUMPLEAÑOS ZORO! ¡Ya entras en el club de los de la mayoría de edad!-exclamó Franky emocionado.

-¡Felicidades tío!-Luffy le rascó el pelo a Zoro y le dio un besazo, desconcertándolo aún más.

-Muchas felicidades Zoro-dijo Nami sonriéndole timidamente.

-Marimo sopla, y que cumplas muchos más-dijo Sanji acercándole las velas.

-¡Y nosotros que lo veamos!-exclamó tontamente Kalifa, y ella y Viola se echaron a reír.

Zoro miró la titilante luz de las velas y luego al montón de caras sonrientes que estaban detrás de ellas. La verdad era que nunca había empezado tan bien un día. Ni un año vaya.

-¡Pide un deseo!-le animó Chopper.

Zoro cerró su ojo sano y sopló. Luego los miró y sonrió con sinceridad.

-Muchas gracias.

Mientras degustaban la tarta de chocolate y nata (poniendo el cuarto de los chicos perdido de migas) algunos de los invitados llevaron a Zoro sus regalos.

-Lo compré en Logetown hace tiempo, porque sabía que luego se me pasaría-le dijo Nami dándole el suyo.

-No tenías por qué-dijo Zoro. Nami agachó la cabeza algo cortada pero entonces él se levantó y la dio un fuerte abrazo-gracias Nami...

Se miraron. Se conocían tan bien que era imposible que se ocultaran sus sentimientos el uno al otro.

Nami asintió y se hizo a un lado mientras Zoro desenvolvía su paquete: era un uniforme de espadachín, con unos pantalones negros muy flexibles y un elegante chaleco verde con motivos japoneses ancestrales. Zoro lo observó maravillado.

-Es... yo...-agradecer era otra cosa que tampoco se le daba muy bien. Sobre todo cuando era de verdad.

-Olvídalo. Para cuando vayas por ahí a a cargarte gente-dijo Nami.

-Mi regalo es un libro-informó Chopper dándole a Zoro un compendio sobre como mantener mejor la forma física-como ya no podíamos ir a Logetown se lo compré a Jinbei.

-¡Gracias!-Zoro abrazó a Chopper que apunto estuvo de ponerse a llorar de emoción.

-Mi regalo me lo quitó Akainu. Decía que era peligroso. Luché con él pero no pude salvarlo-mintió descaradamente Usuff, que al ser avisado con tan poco tiempo no había sido capaz de conseguir nada-pero era precioso...

-Se agradece igualmente Usuff-rió Zoro dándole una palmada en la espalda.

-Yo te he conseguido farlopa-dijo Law sacando una bolsita negra. Nami y Robin lo miraron escandalizadas-es broma... son hiervas aromáticas del sueño. Matan el estrés... de verdad eh. No me miréis así...

-Yo lo analizaré para asegurarme-intervino Chopper quitándole la bolsa a Law con profesionalidad, y todos rieron.

-Sanji que sepa que te ha regalado la tarta-informó Viola cogiendo por las mejillas a su novio que se sonrojó un poco-etuvo aye toda la tarde hasiéndola para ti. ¡Ha sio su mejó reseta!

-¿En serio?-Zoro miró a Sanji que estaba muy rojo e intentaba desviar la mirada-pues ha sido un gran regalo. De verdad, muchas gracias. Es la mejor que he comido nunca.

-Calla y aprovecha-dijo el rubio, complacido por el cumplido-no habrá más.

-Ya sabía yo-rió Zoro.

Charlaron animadamente mientras los que tenían regalos se los seguían acercando a Zoro. Robin le había comprado también ropa y una novela, la continuación del "Valiente espadachín" que Zoro se había sacado de la biblioteca y ella ya había visto antes en su cuarto. Y Franky en su línea de siempre le había comprado un tanga.

-¡Puede parecer excéntrico pero a Robin se le caerá la baba cuando vea tus nalgotes resaltados con esto!-exclamó el chico estirando la goma del tanga. Robin se dio una palmada en el rostro mientras Zoro se atragantaba con la tarta por la risa.

Desde un lado Nami iba haciendo fotos sin que nadie se diera cuenta. Las mejores fotografías son las naturales, cuando nadie está posando.

-Luego me las mandas...-susurró Law a su lado. Ella le miró sorprendida, y luego asintió forzando una sonrisa. Law la miró con preocupación.

-Oye... quería hablar de eso contigo... no quiero que estés enfadada conmigo... sé que soy una mierda. Debería haberte defendido-dijo Law agachado la cabeza. Nami le miró con dureza. Aún le dolían los golpes, pero más aún le dolía el hecho de que tantos compañeros en el Reformatorio le hubiesen dado la espalda. Si todos hubiesen unido sus fuerzas de nuevo se podría haber evitado el castigo. Pero tenían demasiado miedo de la policía y de Akainu...

-No estoy enfadada Law...-le dijo Nami cruzada de brazos. Él asintió lentamente-es solo que... desde que te conozco solo te he visto meterte en líos innecesarios... y ser incapaz de ayudar a otros de salir de los suyos... esperaba que eso cambiase... verte renunciar a ese egoísmo... Algún día

-Yo no puedo cambiar lo que soy Nami-se excusó él. Era raro que hablasen tan normal cuando hacía menos de un mes también ellos habían mantenido tórridas relaciones sexuales. Pero ambos estaban ya acostumbrados a eso. Sin embargo Nami era capaz de verlo totalmente desnudo allí mismo, pese a su ropa.

-Todos podemos cambiar lo que somos. Por eso hemos evolucionado-replicó ella con frialdad-te haría menos daño del que crees.

Law se acercó a ella y le puso un dedo en los labios. La última vez había empezado de un modo parecido. Pero ahora Nami estaba enamorada de Luffy, y no iba a caer así. El moreno la sonrió con tristeza mientras retiraba el dedo y la dejaba temblando.

-Me haría mucho más del que crees tú-dijo, y luego se marchó de la habitación.

Nami se quedó pensando las palabras de Law hasta que Kalifa la sacó de su ensimismamiento llevándola consigo para hacerse unas fotos.

-¡Zoro! ¡Ahora nos toca nuestros regalos!-exclamó Luffy, que iba de la mano de Bartolomé. El delicado chico estaba rojo como un tomate, y temblaba mucho. Zoro suponía que seguía enamorado de él. Sin embargo el chico despertaba en Zoro una gran ternura y cariño. Por no olvidar el orgullo secreto de pensar que le había salvado la vida al evitar que se suicidara.

-¡Nosotros hemos hecho unos dibujos!

Luffy enseñó con orgullo el suyo: era un cómic en el que él y Zoro hacían cosas juntos.

-¿Cuando hemos ido de pesca?-Zoro observó las viñetas incapaz de contener la risa. La verdad es que le encantaba.

-Ya iremos ya.

El estilo de dibujo era horrendo pero Zoro distinguía a Luffy por el sombrero deforme que llevaba en la cabeza, y a sí mismo por el manchurrón verde que representaba su pelo. En uno de los bocadillos con los que los personajes interactuaban Zoro decía "voy a ser el mejor espadero del mundo" y Luffy decía "yo seré el rey de los piratas".

-No sé. Como manga no le veo futuro-comentó Sanji ojeando el comic burlón-pero como ejemplo del cubismo no está mal.

-Más de tu tarta Sanji por fa-le pidió Luffy hambriento.

-¡Pero si ya te has tragado cuatro trozos!-saltó el rubio-¿No vas a dejar nada para los demás, so gocho?

-No-eructó Luffy.

-El mío es un dibujo de un samurai-dijo Bartolomé atropelladamente-sé que está mal pero más o menos lo he sacado...

-Pues sí, no está muy bien-murmuró Usuff, que era un gran dibujante.

-Al menos él le ha hecho algo-le respondió Chopper con desdén. Usuff se puso colorado mientras el niñito sonreía con satisfacción.

Zoro miró el dibujo. Usuff podía decir que no estaba muy bien y realmente aunque la anatomía y composición eran correctas era una ilustración bastante sosa. Pero a él le gustó. A fin de cuentas Bartolomé lo había hecho con todo su cariño para él. Y eso lo valoró mucho más.

-Es muy bonito...-dijo Zoro mirando a Bartolomé con sincera gratitud-lo voy a poner en la pared...

-Gra... gracias-masculló el chico, sonrosado y con lágrimas asomándole al rostro también por la emoción. Zoro dejó el dibujo de Bartolomé en su mesilla y luego miró a todos sus amigos sonriendo radiante. Quería decirles algo, algo bonito, algo sincero, aunque le costase tanto revelar sus sentimientos.

-Yo... eh... gracias... no me gusta mi cumpleaños... pero este ha sido el mejor de todos.

-Claro-dijo Sanji, abrazado a Luffy y Usuff-¡porque estamos nosotros!

-¡Síiiiiiii!-exclamó el resto riendo, y entre bromas y canciones pasaron la mañana en el cuarto de los chicos festejando el cumpleaños.

A mediodía la habitación de fue despejando: Viola fue a darse una ducha (se despidió de Sanji dándole un escandaloso beso que Nami observó con repugnancia) y Franky, Bartolomé y Chopper bajaron a comer. Brook también iba a marcharse, pero antes le pidió a Zoro que lo acompañara a la sala de música, donde habían estado ensayando para el concurso de bandas durante el último mes. El grupo funcionaba mejor de lo que Zoro se habría esperado, y es que gracias al ánimo que les infundía Brook ponían en ello todo su empeño día tras día. Incluso Luffy había llegado a adquirir un cierto oído musical, mínimo pero suficiente.

-No creerías que el viejo Brook no tenía un regalo para tí ¿eh?-rió el esquelético profesor mientras abría un armario. En él había una vieja guitarra eléctrica, la única de ellas que Zoro no había usado en un ensayo nunca.

-¿Qué...?-preguntó el chico con sorpresa.

-Firmada por Mark Knopfler-dijo Brook enseñándole la tapa del instrumento, donde estaba la firma-una vez en mi vida tuve el tremendo honor de conocerle, en un festival de rock. Eran los 90.

-No... no puedo aceptarlo-dijo Zoro, impresionado, mientras Brook se la ofrecía-Brook, es tuya... es muy valiosa...

-Tonterías Zoro, la guardaba para un buen alumno. Verás, cuando empecé a dar clase hace diez años tenía un montón de chicos y chicas a los que les apasionaba la historia del rock. Que escuchaban su música, y la vivían... vivir el rock es vivir de un modo diferente... es sentir algo más... saber de donde vienes.

Zoro asintió lentamente, mientras observaba el demacrado rostro de su profesor. Hay pocas veces en la vida en las que sentimos que unas palabras pueden cambiárnosla por su significado. Esta era una de ellas.

-Con los años cada vez a menos gente parece interesarle. El rock se muere... lo que queda de él parecen reliquias, algo de viejos, cuando siempre fue lo contrario. Por eso cuando te conocí...cuando vi todos esos discos en tu cuarto... bueno, sentí que aún había esperanza. Y que el rock no se muere. Volverá a nacer...-posó sus manos en los hombros de Zoro mientras le depositaba también la guitarra en las suyas-así que acepta esto... creo que te lo has ganado.

Zoro miró la firma del guitarrista y vocal de los Dire Straits, pensativo. Luego volvió a mirar a Brook, solemne.

-Acepto-accedió, y Brook asintió emocionado-pero con una condición...

-¿Cuál?-preguntó el profesor extrañado. Zoro sonrió.

-Qué me la firmes tú también-dijo, extendiendosela. Brook pareció tardar unos segundos en entenderlo, pero luego la cogió y miró a Zoro con respeto.

-Eres todo un RocknRolla... que lo sepas-le dijo inclinando su cabeza de negros rizos.

-Ja ja ja, gracias.


Zoro regresó a su habitación empuñando triunfal la guitarra de Brook cuando se encontró con que solo quedaban cuatro personas allí: Nami, Robin, Sanji y Usuff. En realidad cinco, contando a Luffy que entró con él pues acababa de volver del baño tras digestar toda la ingente cantidad tarta que se había comido.

-¿A que te ha gustado tu fiesta Zoro? ¡Dieciocho, dieciocho!-canturreó Luffy, animado.

-Ssssh, Luffy no grites o vendrá Magellan-le avisó Nami. Brook había conseguido deshacerse del conserje para que no los molestara en toda la mañana, pero ahora volvía a hacer su ronda y podía pillarles-entra, rápido.

-Perdona Nami-dijo Luffy abrazándola con fuerza. Ella se sonrojó al notar el cuerpo del chico pegado al suyo. Luffy estaba muy mimoso últimamente, y parecía haber aprendido un poco sobre como dar placer a una mujer. Nami se moría de ganas de tenerlo al fin entre sus muslos en la cama, pero aún no habían encontrado el momento, con todo lo sucedido en las últimas semanas.

-Les estábamos contando lo que averiguamos el otro día-le dijo Robin a Zoro. Él no necesitó que le diese más pistas para entenderlo.

-Creo que eso nos da una ligera ventaja, ¿no?-dijo el peliverde con una sonrisa.

-Ya habéis tardado en contárnoslo marimo-le recriminó Sanji-a saber la de veces que nos han espiado... a saber lo que tienen...

-De tí deben ser cosas muy patéticas-se burló Zoro a mala idea-pajeándote en el baño mientras lloras y cosas así...

Mientras Sanji se abalanzaba sobre Zoro y ambos forcejeaban sobre la cama de este, Robin terminó de relatar lo sucedido: hacía unos días ella, Luffy y Zoro habían conseguido descubrir cómo eran capaces Akainu y el resto de enterarse de lo ocurrido en Shinsekawa. Y por qué les había sido tan sencillo espiarlos, pero aún así no se habían enterado de todo.

-Zoro y yo acabábamos de salir de mi cuarto-narraba Robin-estuvimos... haciendo los deberes... y por el pasillo nos encontramos a Luffy. Así que los tres fuimos paseando hacia el comedor, cuando escuchamos unas voces discutiendo. Vimos a Akainu que salía de un despacho con muy mala cara. Parecía muy enfadado, por suerte no nos vio.

-Así que decidimos entrar a ver que pasaba (fue idea del subnormal este)-continuó Zoro-y nos encontramos con la persona con la que Akainu había estado hablando...

-Era Koala-completó Robin.

-¿Pero... por qué?-Sanji se ajustó el cuello de la camisa mientras escuchaba perplejo el relato-¿por qué ella? No lo entiendo...

-¿Te acuerdas de que Koala se ganó un buen castigo el año pasado por pinchar el teléfono de Hancok?-recordó Nami-los padres de Koala son informáticos y a ella siempre le gustó la tecnología...

-Y el espionaje-apostilló Zoro. A Sanji le brillaron los ojos al entender al fin.

-Este año se había traído una cámara espía ¡yo ya la había visto el primer día de curso!-saltó Luffy, que estaba tan hiperactivo como siempre. Zoro asintió. Él también recordaba su primer encuentro con Koala a la llegada de Shinsekawa, cuando la chica les había ayudado a orientarse porque se habían perdido.

No habían tenido demasiada relación con ella durante el trimestre salvo saludarse de vez en cuando y poco más, pero haciendo memoria ahora Zoro si podía darse cuenta de que Koala había empezado siendo una chica alegre y pícara, para ir apagándose poco a poco, hasta las últimas semanas en que se la veía pálida, alicaída y distante. Al verla aquel día en el despacho lo había entendido:

-Snif... sob...-Koala lloraba desconsolada, tenía una marca rojiza en la mejilla y parecía destrozada. Sus enormes gafas redondas estaban en el suelo, pero ella no se molestó en recogerlas.

-¿Koala?-Luffy la miró sorprendido entrando en la estancia-¡Koala! ¿Estás bien?

-¡Oh!-Luffy corrió a abrazar a su amiga y luego miró su rostro con preocupación.

-¿Akainu te ha pegado?-preguntó, compasivo. Luego su rostro se endureció-hay que darle una lección...

-Nno no Luffy... no me pasa nada... estoy bien... estoy bien...-susurró ella sonándose los mocos-es que me he caído.

Luffy miró a Zoro que arqueó una ceja con incredulidad. Mentiras peores que esa habían oído pocas. Entretanto Robin había descubierto algo que la había llamado la atención: sobre la mesa del despacho de Akainu había un pequeño dispositivo... parecía una cámara... y tenía una turbina que la permitía elevarse hasta el techo y adherirse a él...

-Vaya...-Robin miró la cámara con curiosidad, era tan pequeña que le cabía en la palma de la mano. Se diría que era casi invisible...

-¡NO!-gritó Koala al ver a Robin con su dispositivo. La chica se volvió con sorpresa, y entonces cuando sus ojos se encontraron con los de Koala Robin vio al fin la verdad en ellos. Era el mayor poder que tenía la chica: ver la verdad en los demás.

-Pero... ¿por qué?-le preguntó Robin a Koala con voz queda. Zoro y Luffy se miraron sin comprender todavía la verdad.

-Yo... yo...-titubeó la chica asustada-¡yo no quería! ¡De verdad, yo no quería! Pero Akainu me descubrió y me obligó a hacerlo. ¡Akainu me obligó!-comenzó a llorar de nuevo.

-Joder...-Zoro la miró pasmado. Ahora él si lo entendía.

-¿Pero qué pasa?-preguntó Luffy muy rayado, incapaz de comprender aquel drama-tus gafas están aquí Koala no te preocupes...

-Tú... tú...-Zoro miraba a Koala sintiendo la rabia hervir en su interior: la jugadita del botellón, las dos semanas esposado a Trafalgar Law, toda aquella incertidumbre sobre cómo Sengoku y Akainu eran capaces de verlo todo-¿tú nos has hecho esto...?

Quería golpear algo por la rabia, pero viendo el congestionado rostro de la chica entendió que ella no había tenido elección.

-Akainu y Sengoku me obligaron. Me dijeron que si no, suspendería todos los exámenes aunque estudiara, y no podría volver a mi colegio este año. Lo necesitaba... tenía que hacerlo...-sollozó la chica intentando explicarse.

-Podrías haberte negado... habernoslo dicho-replicó Robin con dureza.

-¡Oh!-Luffy acababa por fin de pillarlo. Miró a Koala con la boca abierta-¡Oh!

-No podía avisaros, Akainu me amenazó. Me ha tenido más controlada que nunca... En vez de ir a Logetown me tenía aquí, supervisando el funcionamiento de las cámaras...

-¿"Las"?-repitió Zoro preocupado-¿cuántas hay?

-Yo solo tenía dos pero ellos me han hecho comprar dos más... con mi propio dinero-Koala se llevó las manos a la cara sollozando otra vez-el reformatorio tiene prohibido espiar a sus alumnos así que ellos no podían conseguir esas cámaras, pero yo sí... y si yo os espiaba en su nombre ellos técnicamente quedaban fuera...

-Pero eso no ha sido así-replicó Zoro, indignado con aquella injusticia-ellos te han obligado...

Koala tragó saliva. Luego empezó nuevamente a llorar.

-¡No puedo demostrarlo!-chilló-y si Akainu se entera de que os lo he dicho... si él...

-¿Si él qué?-preguntó Zoro con voz ronca. Estaba harto del puto Akainu, solo quería poder partirle la cara a aquel hijo de puta. Pero no entendía por qué Koala había sido capaz de rebajarse hasta el extremo de obedecerlo así, y de traicionar a sus compañeros de un modo tan cruel.

-Nno me odiéis por favor yo estaba asustada-dijo Koala frotándose los ojos-además pude protegeros varias veces evitando que Akainu os viera.

-¿En serio?-dijo Zoro, sorprendido.

-Cclaro... las primeras veces me era imposible porque Akainu estaba todo el rato encima vigilando las grabaciones... como pasó con vuestra fiesta... pero más adelante logré ocultarle algunas grabaciones, y confundirle para que no os viera. Como cuando ibas a visitar a Robin... o esa vez que os escapasteis tú y Luffy de noche...

-¿Cómo funcionan las cámaras?-preguntó Robin, aún sujetando una de ellas en su mano.

-Tienen una hélice que las permite volar-explicó Koala-Por la noche es cuando las muevo más haciendo rondas por los pasillos y baños...

-Y así nos grabaste el día de la pelea con Law-recordó Zoro. Koala asintió lentamente, colorada.

-Fue Akainu ese día quien controlaba la cámara. Él es quien ha estado más emocionado con la operación. Y Sengoku también. Gracias a eso ha podido espiar a los alumnos y profesores y saber todo lo que pasa...

-¿A los profesores también?-exclamó Robin-¿en serio?

Koala asintió y cerró los ojos un momento. Entre los profesores había grabado cosas que deseaba borrar de su mente. Mucho peores que entre cualquiera de los alumnos. Antes ella era una apasionada del espionaje, de descubrir qué hacía el resto en su privacidad. Ahora lo odiaba...

-Los profesores se enteraron hace tiempo de que algo raro pasaba, y han ido con más cuidado-explicó Koala con voz tenue-pero aún así ahora... ellos lo controlan todo. Saben casi todo lo que hacéis... tenéis que ir con cuidado...

Zoro miró a Robin, que jugueteaba con la cámara espía entre sus dedos. Él seguía furioso, tanto que hasta le costaba respirar por el cabreo, pero Robin en cambio brillaba como nunca, y una traviesa sonrisa poco usual en ella se dibujó lentamente en su suave rostro. Zoro la conocía lo suficiente como para saber que a su chica se le había ocurrido algo brillante.

-Esto lo cambia todo...-dijo Robin volviéndose lentamente hacia Luffy y Koala. Levantó la cámara y la señaló, intentando encontrar las palabras para expresarse. Verdaderamente no cabía en sí de gozo-¡Esto chicos... lo cambia... todo!

-¿Cómo?-preguntó Koala, que continuaba hundida en el pupitre mirándolos con los ojos enrojecidos por el llanto.

-Sí, eso-apostilló Luffy-porque yo no entiendo del todo...

-Era su última defensa contra nosotros-saltó Robin repentinamente. Zoro no podía dejar de mirarla y sorprenderse de su alegría. Qué chica más increíble-¡Era lo único con lo que podían amenazarnos! ¡Qué sabían lo que hacíamos, sin que nosotros supiéramos cómo lo sabían! ¡El ojo invisible!

-Es cierto...-Luffy también empezaba a pillar la lógica de Robin. El todopoderoso Sengoku que lo veía todo ya no lo era tanto...-y ahora...

-¿Od dais cuenta de la suerte que hemos tenido? ¡Ahora lo sabemos todo! ¡Es genial!-Robin fue hacia Zoro con la cámara, totalmente emocionada-con esto ahora...

Sin previo aviso Zoro la besó. La forma en que sus ojos azules brillaban mientras ella trataba de pensar un plan le gustaba demasiado. Verla así de feliz le hacía aún más feliz a él.

-Un momento...-razonó Luffy-pero si ellos se enteran de que lo sabemos... a Koala...

La chica más pequeña se encogió asustada. Sólo de pensar en lo que podía hacerle Akainu la hacía temblar. Pero por otra parte ya había tenido el valor suficiente como para contarlo. Y Koala conocía a Luffy, sabía que él la protegería. Tenía que unirse al bando de los del Sombrero de Paja, irremediablemente... porque además ya no podía soportar por más tiempo seguir con aquel odioso trabajo. Akainu tendría que buscarse otra alumna a la que extorsionar...

-De verdad que no quería haceros daño-dijo Koala, con voz ahogada-pero tenía mucho miedo... y estaba sola.

Robin avanzó hacia ella con rostro inexpresivo. Koala se temió por un momento que la fuese a reprender, pero la chica morena la sorprendió dándole un fuerte abrazo. Nunca habían interactuado hasta ahora... pero Robin entendía a Koala, y sabía lo que necesitaba en ese momento.

-Koala tu nos encubriste a Zoro y a mí y por eso te estoy agradecida. Todo esto es culpa de Akainu, y no tuya-dijo Robin mientras Koala sollozaba en su pecho y ella le acariciaba el cabello. Zoro estaba impresionado por la humanidad que Robin estaba demostrando. A él le costaría más olvidar lo que había hecho Koala, pero pese a todo también sentía lástima por ella.

-Y ahora que nos lo has contado-continuó Robin-las cosas van a cambiar...

-Y efectivamente, han cambiado-dijo Luffy, concluyendo el relato del descubrimiento de las cámaras. Usuff, Nami y Sanji se miraron, circunspectos.

-Pues cuando agarre a esa cría le voy a decir un par de cosas, la verdad-dijo Usuff, cruzándose de brazos.

-Solo es una cría-terció Sanji, más comprensivo-pero habrá borrado todo lo nuestro... ¿verdad?

-Aún no-le respondió Zoro muy serio-si no, Akainu sospecharía. Pero lo hará...

-Ya tenéis un plan, ¿verdad? Si no, no nos lo estaríais contando-dedujo Nami. Zoro, Robin y Luffy se miraron y asintieron casi a la vez, los tres sonriendo.

-Pues claro que sí-dijo Luffy con fiereza, y Sanji notó como la adrenalina le subía por la emoción. Era el momento... de la venganza...


Luffy y Sanji entraron a hurtadillas en la cocina de Zeff. El chef estaba distraído limpiando las mesas del comedor con Paty, el pinche, y había dejado su santuario culinario desprotegido. Para Zeff, al igual que para Sanji la cocina era un lugar sagrado. Era por eso que el rubio se entendía tan bien con el cocinero del Reformatorio aunque a veces se llevasen mal, y era por eso que Sanji resultaría una pieza clave en la siguiente operación.

-¿Seguro que no pueden pillarnos?-le susurró Sanji a Luffy mientras sacaba de uno de los armarios la harina y los huevos. Si los grababan ahora las cámaras espía estaban muertos.

-Tranqui tronco-dijo Luffy-Koala controla.

En el despacho de Akainu, el belicoso subdirector estaba sentado en su silla de trabajo, similar a un trono, mientras clasificaba unos archivos en su ordenador, y en una mesa enfrente suyo, como hacía todas las tardes, se encontraba Koala, supervisando el movimiento de las cámaras.

-Qué hagan una ruta por el comedor-le ordenó Akainu a Koala, sin levantar la vista de su pantalla, a la que estaba casi pegado. La luz rojiza de la cristalera le daba un aspecto casi demoníaco.

-Sí...-Koala movió las cámaras en dirección contraria a la ordenada por Akainu. Ya se encargaría ella de alterar las grabaciones después, con el programa que le había enseñado Usuff.

-Vale... lo tenemos todo-dijo Sanji cogiendo el dispensador de nata montada-vamos, ¡vamos, vamos!

-Uju...-Luffy probó un poco del arroz con leche que estaba cocinando Zeff para la cena de los profesores, y luego salió pitando detrás de Sanji, pues justo en ese momento el viejo cocinero y Paty regresaron a la cocina. Zef creyó notar que le faltaba algo en la estancia, pero iba apurado con la cena y Paty no dejaba de darle el rollo, así que no pudo pensarlo por más tiempo.


En la habitación 247 Sanji y Luffy subieron cargados de deliciosos ingredientes y entraron. Zoro, Nami, Robin y Usuff ya les estaban esperando.

-¿Todo bien?-le preguntó Zoro a Sanji mientras cerraba la puerta discretamente.

-Ssí...-respondió Sanji, distraído. Magellan no les había pillado de poco. Pero por suerte lo habían logrado.

-Muy bien-Nami se frotó las manos mientras Usuff se arremangaba y Sanji colocaba en el suelo del cuarto un cuenco y la batidora que habían robado.

-Va a ser asqueroso-dijo el rubio mientras se arremangaba él también-no quiero ni imaginarlo...

-Ni yo-añadió Robin, que era a la que más escrúpulos le daba el plan.

-Nada de echarse atrás tíos, eh-dijo Luffy cogiendo a Robin de la mano y guiñándola un ojo. Luego se dirigió a Nami-¿voy yendo al baño?

-Sí, vale...-dijo la pelirroja poniendo una mueca de repugnancia-pero sé discreto anda.

-Shishishishi...-Luffy se frotó las manos antes de salir al pasillo en busca del baño.

-Cada uno ayuda a su manera-dijo Zoro suspirando-bueno... vamos a ello...

Tres horas más tarde, estaba terminado.


Aquella misma noche, en la sala de profesores, Akainu y Kizaru entraron por la noche a ver si quedaba alguien allí. Como siempre la encontraron vacía. Todos los demás profesores les rehuían, porque les odiaban tanto como sus propios alumnos. Akainu respiró hondo, satisfecho con lo que había conseguido. A las nueve de la noche todo Shinsekawa estaba callado como una tumba, ya que a las seis y media (nuevo horario) se ponía a todo el mundo en pie. Sí, Shinsekawa era suyo. Era solo cuestión de tiempo quitar a Sengoku de en medio, y controlar por fin el Reformatorio. Todo saldría bien... esta vez.

-Akainu...-le llamó Kizaru, sacando al grandullón de sus oscuros pensamientos. Kizaru señalaba una tarta de chocolate y crema que se encontraba encima de la mesa, con una tarjeta al lado-¿y esto?

-¿Qué...?-Akainu se acercó hasta la tarta y cogió la tarjetita entrecerrando sus ojos grises para poder leerla. La letra era de un alumno, sin duda.

"Para el mejor profesor del Shinse, gracias por haberme ayudado a aprobar"-rezaba. Akainu arrugó la nota y la lanzó a la papelera sin la menor consideración.

-¿Para quién crees que será?-preguntó Kizaru, cotilla, mientras miraba la tarta con ojos golositos.

-Pues para Galdino no creo, porque todos sus alumnos están suspendiendo su estúpida asignatira-respondió Akainu, tan desagradable como siempre.

-No puede ser para Hancok...-razonó Kizaru mientras acercaba su narizota al pastel-si no pondría "profesora"...

-Puede que no... la verdad es que me da igual-dijo Akainu paseando su mirada por toda la sala. Algo no le terminaba se cuadrar...

-¿Crees que se dará cuenta...?-Kizaru posó un dedo en la tarta sin la más mínima consideración y tomó de la crema. Estaba muy rica. Kizaru era un cínico amargo y totalmente insustancial, pero si había algo que apreciaba en esta vida eran los dulces. Incapaz de resistir la tentación, siguió escarbando con sus largas uñas en el pastel como la rata que era. Akainu le observó hacerlo durante un rato, abstraído, hasta que la gula se apoderó también de él mismo.

-¿Qué más da si se dan cuenta?-dijo Akainu cogiendo un cuchillo de la mesa del café y acercándose a partir la tarta-no deberían haberlo dejado aquí por la noche... va contra las normas...

-Sí, efo...-masculló Kizaru arrancando un pedazo de tarta y metiéndoselo en la boca de una-va contra... alguna norma...

Akainu cortó un pedazo y comió también. Le supo extraña. Era un sabor fuerte, raro... pero no estaba mala. Incapaz de contenerse, siguió comiendo. Más aún que lo delicioso de la tarta, lo que más llenaba a Akainu era pensar el que podía estar arrebatándole la ilusión al alumno que la había hecho, y al maestro al que iba dirigida.

-El chocolate es bueno...-reconoció Akainu mientras cortaba otro pedazo. Observó mosqueado como Kizaru zampaba a toda prisa, manchándose la boca y la barbilla del chocolate. Como siempre su codicioso compañero no quería dejarle nada a los demás.

Entonces mientras se tragaba el segundo pedazo también de un bocado Akainu reparó en otra cosa. Era otra tarjetita, que sobresalía del núcleo de la tarta, ahora abierta. Aquello le dejó helado.

Las peores sospechas fluyeron a su mente en tan sólo un momento. Akainu de pronto no se sintió tan contento. ¿Y si lo habían envenenado? ¿O peor...?

Peor, sin dudarlo un momento.

A Akainu se le cayó la tarjeta de las manos al leerlo. Kizaru notó algo raro y dejó de comer. Al leer él también la tarjeta siguió a su colega corriendo al baño, donde comenzaron a devolver todo lo que se habían zampado.

La nota quedó en el suelo, con la maliciosa letra escrita en ella. Era en verso.

"Como en Criadas y Señoras,
la película, me refiero,
vuestros alumnos os regalan
¡Un zurullo pastelero!"


Los gritos de rabia de Akainu resonaron por todo Shinsekawa, y en cada una de sus habitaciones los miembros de la banda del Sombrero de Paja rieron con satisfacción, sabiendo que su bien trazado plan había dado sus frutos. En esos momentos Koala además debía de haber alterado ya las grabaciones para absolverlos de toda sospecha.

Zoro chocó su puño con el de Luffy, que ya se estaba amodorrando en su cama para dormir.

-Misión cumplida tío-dijo Luffy con la voz amortiguada por la almohada sobre la que mantenía la cabeza puesta-buen trabajo...

-No, si tu nos diste la materia prima-recordó Zoro, intentando no visualizar la bolsa de plástico en la que Luffy les había entregado recién salido del baño "su chocolate"-ya verás mañana... van a cantar de alegría.

-El mejor ha sido Usuff, con lo de la tarjetita dentro-dijo Luffy sonriente. Zoro asintió mientras miraba al techo con una profunda satisfacción en su interior.

-El mejor cumpleaños de todos, definitivamente-dijo el peliverde, y Luffy soltó una sonora carcajada.


El final es mi parte preferida de este capítulo, un poco guarrete pero me parece que Akainu y Kizaru se lo tenían merecido. También me ha hecho gracia que este capítulo de cumpleaños de Zoro coincida precisamente, por que el mío es mañana :D

¿Os gustó? Por fin se resuelve el misterio de cómo se enteraban de todo los profes. Creo recordar que fue Lollyfan quién ya había tenido la teoría de que se trataba de Koala ¡Muy bien visto! Como siempre tienes mucho ojo y una gran atención a los detalles. Pero ahora que los alumnos lo saben, empieza la verdadera guerra en el Reformatorio. No os perdáis el siguiente porque es bastante divertido.

Como siempre si me dejáis un review por fa con lo que más os haya gustado del cap, vuestra opinión, teorías y sugerencias, etc. Me encantan y me parecen muy interesantes. ¡Nos leemos la semana que viene, hasta entonces mucho ánimo!