Acabo de llegar a casa porque he estado todo el día fuera y lo primero que he hecho es tirarme corriendo al ordenador antes de que sean las 00! En fin, aquí os dejo el siguiente capítulo, espero que os guste mucho, aclara una de las partes más importantes de la trama.
-LiliGI7: Me alegra de que te rieses y de que te haya gustado, siempre me alegra muchísimo leer tu review. ¡Ya era hora de que Luffy y Nami avanzasen algo! En fin, un abrazo muy fuerte, ¡espero que este también te guste, ya me contarás!
-Ahora señores les traigo a la flor del desierto, una joya candente para que disfruten en sus oscuros rincones y sientan el calor y la juventud que ella les puede provocar... ¡Reciban con un fuerte aplauso a la reina del terciopelo negro, Nico Olvia!
-Espero que sea algo mejor que la guarra de antes. Vaya gorda asquerosa-gruñó Hody. Crocodile rió.
Sentados en una mesa a parte la banda de Hody Jones, un grupo de macarras y asesinos de la peor especie, y el siempre elegante y siniestro Crocodile jugaban a las cartas con aburrimiento, contemplando los números de striptease y sopesando a las bailarinas. Al final de la noche Hody y sus chicos irían a buscarla y se pillarían a las que más les gustasen. Era una forma divertida (y menos amarga) de pasar el rato entre delito y delito. Crocodile por su parte estaba allí para hablar de negocios. Aún no tenía la cicatriz que le cruzaba el rostro, en cambio sí poseía dos manos en perfecto estado, con menos anillos de los que se pondría más adelante.
-Necesitaremos cuatro hombres para vigilar la entrada del banco...-susurró Crocodile mientras echaba el tabaco de su cigarrillo en un cenicero-y luego vosotros...
-Espera un segundo ¿quieres?-le cortó Hody groseramente-no quiero perderme a esta... ya la recuerdo. Es buena.
-Joder...-Crocodile puso los ojos en blanco volviéndose hacia el escenario. Allí salía ella: de piel morena y pelo plateado, iba envuelta en un abrigo de terciopelo negro y llevaba unas cintas del mismo color en las manos. Mientras la música sonaba se abrió el abrigo revelando que llevaba solo un tanga también negro. Los clientes del club silbaron entusiasmados, ávidos de ella... de poder ver que secretos ocultaba.
Crocodile la miró un segundo solo al principio, pero al segundo después se quedó contemplándola en mayor profundidad. Era efectivamente una mujer atractiva: alta, escultural y de rostro muy hermoso. Pero había algo más en ella que le llamaba la atención. No era como las demás strippers. Sus ojos emitían un brillo especial, eran inteligentes y... y puros. Crocodile sabía reconocer la pureza. Era un rasgo en las personas que le fascinaba, ya que carecía obviamente de él.
"I look up to the little bird
That glides across the sky
He sings the clearest melody
It makes me want to cry
It makes me want to sit right down
And cry, cry, cry, yeah"
Paseándose por el escenario Nico Olvia se fue bajando el abrigo lentamente dejando sus hombros morenos y sus grandes pechos al descubierto. La gente aplaudió, y cuando se acercaba a ellos la daban pequeños fajos de billetes, los cuales se encajaba en el pequeño tanga. El cuerpo de Nico Olvia era muy musculoso, tenía unos muslos muy marcados y unos brazos de gruesos bíceps. La mujer sacudió su cabello albino mientras movía las piernas al ritmo de la música y se envolvía con las cintas negras. Luego se abrió de piernas en el suelo y mirando hacia la mesa de Crocodile agitó su cuello rítmicamente haciendo una espiral.
-Es muy buena-dijo Hody que se había metido la mano dentro del pantalón sin reparo alguno.
-¿C... cuánto os suele pedir...?-preguntó Crocodile con la boca seca. El atraco al banco se le había olvidado completamente. Ahora solo existía esa mujer, bailando como una diabla que lo consumía en las llamas.
-¿Esta? Nada. Porque no acepta nuestro dinero... no es una prostituta, o eso dicen sus compañeras. Será que no lo necesita tanto...
-Ya...-Crocodile apagó su cigarro con una mirada turbulenta. Nico Olvia entretanto giraba iluminada por los focos dejando que los de las primeras filas pudiesen admirar mejor que nunca sus pechos, sin tocar eso sí.
"But mamma, I feel so low
Mamma, where do I go?
Mamma, what do I know?
Mamma, we reap what we sow
They always said that you knew best
But this little bird's fallen out of that nest now
I've got a feeling that it might have been blessed
So I've just got to put these wings to test"
Los vestuarios de las strippers eran en este local una estrecha sala llena de sus ropas y atrezzo en el que las diez empleadas del club se cambiaban como podían.
-Hoy te han aplaudido a la que más Olvia... como siempre-dijeron las otras strippers felicitando a su amiga. Ella sólo sonrió como muestra de gratitud. Se cambiaba muy rápido, y salía del club lo más deprisa que podía.
-¿Por qué no pruebas a quedarte?-sugirió una de las bailarinas mientras se ajustaba un chaleco negro y un collar de pinchos-Hody y sus chicos pagan bien... solo serían unas horas, y ganarías más dinero...
-No te enteras de que tiene una hija, tonta-reprendió otra de las strippers a la primera-¡Olvia no tiene tiempo para eso, tiene que atenderla!
-Perdona...
Olvia guardó sus cintas negras y el abrigo de terciopelo en un bolsón y luego se volvió hacia las strippers.
-Os agradezco vuestro interés pero no puedo quedarme... nos vemos mañana chicas-dijo educadamente y luego salió de allí rápidamente.
-Mira que es rara-comentó la stripper que era más parlanchina.
Nico Olvia fue hacia su coche que estaba en un aparcamiento cercano cuando una figura surgió de las sombras detrás suyo. Ella ya se esperaba algo así: a veces algún cliente borracho intentaba abordarla a la salida, pero solía zafarse de él rápido. Este sin embargo no era un borracho...
-Es un buen número-dijo una voz fría y arrastrada. Olvia se volvió para ver al joven que había cenado esa noche con Hody y su banda. Era atractivo, cierto, pero no le interesaba en absoluto. A Nico Olvia los hombres le habían dejado de interesar hacía muchos años.
Abrió la puerta del coche cuando Crocodile se puso al lado suyo y sacó un fajo de billetes.
-¿Perdón?-preguntó Nico Olvia mirándolos extrañada.
-Son cinco mil berries. Mucho más de lo que te pagan esos mendigos-explicó Crocodile encogiendose de hombros.
-No soy una prostituta-le explicó Nico Olvia abriendo la puerta del coche de nuevo.
Crocodile la siguió con la mirada mientras entraba. Cada vez le gustaba más.
-Pero no me negarás que te vendría bien-le dijo, insistente-y además... seguro que no te costaría tanto como te costaría con ellos...
La guiñó un ojo, lascivo. Ella bajó la ventanilla con frialdad mientras arrancaba.
-Me costaría aún más-dijo antes de arrancar y desaparecer en la noche. Crocodile la vio hacerlo. Y sintió que por una vez su descafeinado corazón volvía a latir como en sus años mozos. ¡Cuantísimo tiempo sin sentir algo de verdad por una mujer! Era casi como revivir después de largo tiempo durmiendo...
Nico Olvia aparcó al lado de su casa, un pequeño piso en el centro de la ciudad. Subió las escaleras en silencio (el ascensor estaba estropeado) dejó sus cosas en silencio y fue a acostarse para poder dormir tres horas o así, cuando se encontró con su hija en el pasillo, mirándola con los ojos muy abiertos, con curiosidad.
-Hola Robin...-dijo Olvia con dulzura mientras iba hacia su hija y le daba un beso en la frente.
-Me he despertado pronto...-dijo ella. Olvia distinguió como tenía en su mano "Corazón de tinta", el libro que le había comprado el día anterior. Por lo que parecía ya se lo estaba acabando.
-No te preocupes Robin...-ella fue hacia su cuarto y se tumbó en la cama-pero tienes que leer con más luz...
Robin asintió e hizo ademán de marcharse, pero su madre la llamó. Apenas la veía en todo el día, y aunque perdiese el poco sueño que se podía permitir para eso estaba dispuesta a sacrificarlo. Quería a su hija muchísimo. Y odiaba la precaria situación en la que se encontraban.
-¿Me cuentas más de Egipto?-le preguntó Robin a su madre, acurrucándose a su lado. Ella sonrió.
-Pues claro...-dijo mientras acariciaba el negro cabello azabache a su hija-el otro día hablamos de las Pirámides... ¿pero a que no sabes que Abu Simbel fue construído por Ramses II? Fue un faraón con mucho poder, y también era bastante vanidoso...
Le relató toda la vida de Ramses hasta que se hizo la hora de irse al colegio. Robin hizo un ruidito de disgusto. En el colegio no tenía amigos, y los otros niños no la trataban demasiado bien. Creían que era un bicho raro porque hablaba distinto a ellos y le gustaban cosas más "frikis".
-Mamá, ¿algún día iremos a Egipto?-le preguntó Robin a Olvia.
Ella la acarició el pelo mientras lo pensaba.
-Ese era el plan... pero hasta que el museo no reabra no podrán contratarme... y tendremos que conformarnos con esto...-dijo. La sentó encima suyo-¿tienes muchas ganas de ir?
-Me encantaría-reconoció Robin sonriendo-quiero ver Abu Simbel y las pirámides y los cocodrilos... y el desierto. Pero sobre todo quiero que vayas tú... para que puedas descubrir más tesoros... y demostrarles a todos lo que sabes.
Nico Olvia sonrió mientras intentaba que su hija no viera la tristeza en su rostro. Siete años estudiando arqueología y lenguas antiguas la habían dado un prestigioso puesto en un buen museo, al menos hasta que este había sido vendido por sus directores a otra compañía que lo había cerrado y subastado sus piezas. Después de esto Olvia había ido de museo en museo trabajando, el sueldo era cada vez más bajo y las condiciones peores. Y luego estaba esa deuda... se había endeudado mucho, tiempo atrás.
-A mí me gustaría vivir en un bosque celta mamá-le contó Robin a Olvia mientras seguían hablando de lugares del mundo-con una casa entre los árboles y un bosque cerca...
-A mi también-reconoció ella-podríamos ir al pueblo de vez en cuando, si hubiese uno cerca. Y así estaríamos bien...
-Sí...-Robin y Olvia contemplaron el techo disfrutando del calor que la una a la otra se daban. Finalmente su madre se levantó y fue a buscar la mochila de Robin.
-Mientras tanto lo mejor que podemos hacer es trabajar y sacar lo mejor de nosotras mismas-le dijo con convencimiento-¡vamos! Hoy te llevo yo.
Estaba agotada, pero ver la sonrisa de oreja a oreja de su hija al saber que podían pasar un rato más junta le sentó mejor que cualquier descanso.
Después del colegio Robin iba en autobús hasta el Museo de Historia Naval donde ahora estaba trabajando su madre. Gracias a un máster Nico Olvia sabía mucho sobre navíos y grandes embarcaciones de los siglos XVI, XVII y XVIII, y podía hacer de guía a los visitantes. No era un trabajo entretenido pero el sueldo era lo más aceptable que había podido conseguir. La mayoría de puestos de doctorados y de estudio más importantes eran para hombres ancianos y catedráticos en alguna cosa.
Mientras Robin correteaba mirando las maquetas de los galeones distinguió a un hombre que se acercaba a su madre. Destacaba sobre el resto porque era muy alto y atractivo. Además fumaba aunque había un cartel de prohibido, pero eso no parecía importarle.
-¿Qué haces aquí?-le susurró Nico Olvia a Crocodile mientras lo apartaba del resto del grupo- márchate.
-¿Y el por favor?-replicó él groseramente. Luego fue un poco más amable-escuchame, venga. Sólo quiero hablar. ¿Puedo invitarte a un café?
-No-replicó Olvia, cortante. Crocodile se encogió de hombros.
-Pues entonces sigue con el tour. He pagado mi entrada.
Olvia suspiró mientras miraba a los otros clientes que estaban enfadados. No podría hacer la visita guiada si aquel tío formaba parte de ella. Así que decidió ceder.
-Un café después. Por favor ahora lárgate.
Crocodile asintió y salió de allí mientras tiraba el cigarrillo al sueño. El vigilante le llamó la atención pero él lo ignoró completamente. Robin sentía curiosidad por saber quien era ese tío que había hablado con su madre, así que le siguió hasta la entrada del museo, donde Crocodile se apoyó en una pared y miró los coches pasar con aburrimiento.
-No sabía que tuviese hijos-dijo, sorprendiendo a Robin.
-Solo yo, así que no es molestia-dijo la niña educadamente-pero si lo que pretendes es conquistarla no vas bien. No le gustan los arrogantes.
-¿Me consideras arrogante?-preguntó Crocodile sonriendo. Ella sólo asintió.
-Además mamá ya no está interesada en los hombres... quiero decir, no busca el amor. De ningún tipo.
-Cuando aparecen los niños todo se estropea-dijo Crocodile con maldad. Robin no se dió por aludida, sosteniéndole la mirada-escucha: te doy cinco pavos si me dices cual es su flor favorita.
-¿Podrían ser diez?-preguntó Robin. A Crocodile le hizo mucha gracia.
-He machacado el cráneo a gente por menos que eso ¿sabes?-le dijo.
Ella sin embargo no parecía muy intimidada.
-Necesito diez berries para comprarme la continuación del libro que me estoy leyendo-le explicó.
-Oh, vaya...-Crocodile la miró asombrado. Así que una niña lectora. Bueno, a él también le gustaba leer de pequeño. Ahora en cambio le aburría mortalmente, como casi todo lo que no fuera el dinero.
Sacó su cartera y le soltó un billete de diez.
-Y la flor favorita de mamá son los claveles-dijo Robin antes de irse corriendo a la librería más cercana.
-Claveles eh...-Crocodile sonrió mientras seguía a la niña con la mirada. Le había caído bien...
-Mira, ya te dije que no voy a acostarme contigo... ni a ninguna otra cosa. Así que no sé qué más buscas-dijo Olvia mientras daba un sorbo a su infusión de hiervas. En frente suyo Crocodile bebió de su café, sonriendo. Estaban en un restaurante bastante elegante, que ella normalmente no se podría permitir.
-Digamos que solo una conversación amistosas entre dos noctámbulos-bromeó Crocodile-¿te parece eso mal?
Olvia arqueó una ceja, dando a entender que no se lo tragaba.
-Está bien, está bien-cedió Crocodile-las cartas sobre la mesa. Me gustas. Me gustas y quiero acostarme contigo. Y follarte. No te voy a mentir. Nada me gustaría más que eso. Pero no me gustas solo por tu físico...
-Ya-dijo ella irónica.
-No, en serio-replicó él enfadado-mira, Olvia... si quisiera solo tu cuerpo, ya lo habría conseguido. Habría mandado secuestrar a tu hija o algo así y yo...
No había sido una buena idea decir eso: Olvia se levantó de golpe, enfadada, y se dispuso a irse. Crocodile la vió marcharse y no pudo hacer nada para impedirlo.
Sin embargo esa noche mientras Robin hacía los deberes muy concentrada y Olvia estaba en el baño ensayando en secreto sus pasos de baile, la puerta de la casa sonó. Robin fue a abrir y se encontró a Crocodile con unos claveles en la mano.
-No está de muy buen humor-le avisó la niña.
-Tranqui, sé manejarme-dijo él secamente-bonitas zapatillas.
Eran de conejitos. En ese momento Olvia apareció en el salón y al verle se puso lívida.
-Robin, vete a tu cuarto por favor-pidió mientras asesinaba con la mirada al mafioso.
-Pero...
-Por favor-insistió Olvia. La niña obedeció mientras Crocodile seguía plantado en la puerta, y tendía sus flores a Olvia.
-No va a servir de nada que te diga que te marches-dijo ella suspirando. Crocodile negó.
-Pasea conmigo... y si no te gusta, te puedes ir. Como hoy.
-Claro que puedo-dijo ella indignada.
-¿Te cojo el abrigo?-sugirió Crocodile-el ascensor está estropeado...
El paseo fue más agradable que el café: charlaron de cosas sin importancia como sus gustos favoritos en colores, películas y música. Tenían más en común de lo que pensaban. Pero los dos tenían los años suficientes como para saber que no era tan fácil.
-Me lo estoy pasando bien, lo admito-dijo Olvia mientras miraba a las verdes montañas de la ciudad envuelta en el grueso abrigo de Crocodile.
-¿Pero?-dijo él, adivinando lo que venía ahora.
-Pues qué yo ya no tengo edad para pasármelo bien-replicó ella con cansancio-tengo una hija a la que sacar adelante y una hipoteca para pagar... además de un trabajo...
-Dos en realidad, y uno de ellos es muy divertido-bromeó él. Olvia negó con la cabeza, indignada-pero hay algo más... yo sé que lo hay.
-¿A qué te refieres?-preguntó la madre de Robin con extrañeza. Crocodile se encogió de hombros.
-Con el sueldo del museo saldríais adelante. No tienes ninguna necesidad de bailar por las noches a no ser que... que tengas que pagar algo más...-mientras lo decía veía que ella agachaba la mirada con vergüenza-una deuda... tú misma lo has dicho, no eres prostituta. Nunca aceptarías algo tan denigrante si no fuese porque no te queda más remedio...
Olvia le dio la espalda mientras intentaba serenarse. Crocodile la dejó su tiempo.
-Tienes razón-admitió finalmente. Se la notaba muy angustiada-sí que tengo una deuda...
-¿Sí?
-Mi novio... bueno, fue hace ya once años... él ya no está... era como tú, ¿sabes? Un chico muy malo. Con su cigarro y su pendiente... y su insistencia.
-Me siento alagado-bromeó Crocodile, irónico. Olvia no rió.
-Yo le quería muchísimo... me hacía sentir... bueno. Él creía que triunfaría en la vida... tenía grandes planes, como yo... nos casaríamos y viajaríamos por todo el mundo cuando él ganase mucho dinero. Y así decidió abrir su propio negocio... pidiéndole dinero a la mafia...
Crocodile hizo un ruidito de incomodidad. Abrir un negocio así nunca es una buena idea. Como extorsionador y criminal que era sabía que la regla de oro es exprimir al deudor hasta que no le quede nada más que la vida.
-...Don Crieg no es una persona que se ande con bromas. Cuando el negocio se hundió a las pocas semanas mi novio le pidió que le cancelase la deuda... que ilusos fuímos. Creíamos que podíamos ser felices, claro... éramos jóvenes.
-¿Qué fue de él?-preguntó Crocodile, aunque ya se lo imaginaba.
Olvia seguía de espaldas a él, y su voz sonó muy grave.
-Se suicidó. Ni siquiera sabía que yo estaba embarazada de Robin. No pude decírselo. Se quitó la vida... y Crieg buscó a la siguiente persona en su línea que tenía que pagar la deuda...
Olvia miró a Crocodile con los ojos ensombrecidos. No podía llorar. Hacía tiempo que había perdido esa capacidad. No creía que fuese capaz de hacerlo nunca más, pasara lo que pasase.
-Llevo diez años arrastrando esa deuda. Y como poco me quedan otros diez. Pero me merece la pena. Porque Robin será feliz. Está creciendo y es una niña inteligentísima, y buena. Sé que a ella le irá mejor que a mí. Sé que encontrará a un buen chico... y nunca tendrá estos problemas.
-Seguramente-Crocodile no lo creía, porque él sabía que la vida de un modo u otro termina por jodernos a todos por igual, pero no iba a quitarle la única ilusión que Olvia aún tenía. Escucharle contar todo eso solo le había hecho sentirse aún más atraído por ella. Era un ángel caído del cielo. Un pequeño pajarito que aún intentaba volver a volar.
-Puedo ayudarte Olvia... puedo hacer que cancelen esa deuda... si confías en mí...-dijo Crocodile tendiéndola su mano.
-Sabía que lo dirías pero no puedo aceptarlo-le cortó ella con seriedad-Sé lo que quieres. Y no puedo. Nunca podría.
-¿Nunca podrías enamorarte de mí?-preguntó Crocodile acercando su rostro al de ella. Olvia tembló.
-Nunca podría volver a enamorarme... la última vez que pasó, casi acaba conmigo.
Pero Crocodile acercó sus labios a ella sin previo aviso y la besó. Para su sorpresa Olvia no se lo impidió, aunque luego sí se apartó de él y le miró disgustada.
-Voy a volver a casa...-dijo, fingiendo no haber sentido nada-tengo función esta noche...
Crocodile convenció a Olvia de que él mismo la llevaría al club. El mafioso tenía un plan: esa misma noche hablaría con su viejo amigo Crieg y conseguiría que este condonara la deuda de Olvia. Sólo tenía que hacer una llamada y la vida de aquella mujer cambiaría para siempre.
-"Seguirá sin querer follar contigo-pensó el mafioso, molesto-pero... merecerá la pena". Al menos se estaba divirtiendo más que con el plan de atracar el banco. Sonriendo al verla entrar en su Volvo Crocodile arrancó poniendo la radio mientras Olvia acariciaba su abrigo negro intentando distraerse. Se había despedido de Robin y la había acostado para que se durmiese. La pequeña estaba acostumbrada.
-¿Ella lo sabe?-preguntó Crocodile mientras sacaba una mano por la ventanilla y echaba su cigarro.
-No, claro que no-dijo Olvia-cree que tengo un turno de trabajo por las noches. Y lo seguirá pensando.
-Bien...
Lo que ninguno de los dos sospechaba es que la niña se había metido en el maletero del coche; Robin no se sentía tranquila dejando a su madre sola con aquel siniestro personaje, y tan curiosa como siempre los siguió valientemente hasta colarse en el maletero de Crocodile. Cuando el coche arrancó Robin dio un tumbo dentro. La sorprendió mucho encontrarse un rifle allí, que de hecho estuvo a punto de disparar por accidente. Asustada, se encogió lo mejor que pudo y esperó a que el coche parase.
Al llegar a la entrada del Striptease Club Crocodile le abrió la puerta a Olvia y la acompañó.
En la puerta de los vestuarios él la abordó nuevamente y comenzó a besarla apasionado. Olvia esta vez le devolvió los besos, acariciando el lacio cabello del criminal y permitiéndole rozar su lengua con la suya.
-No hace falta que lo hagas...-le susurró Crocodile. Olvia respiró pesadamente. Le gustaba el olor de la colonia de su nuevo amante. Podía acostumbrarse...-no hace falta que lo hagas esta noche... puedo arreglarlo. Puedo terminar con esto...
Olvia negó lentamente. No sabía a dónde la depararía su relación con Crocodile, pero no podía confiar en él aún, apenas le conocía y el tiempo la había enseñado a no creer en las palabras bonitas. Le gustaría más volver al coche con él y dejar que la pasión los consumiese, pero de momento lo mejor era ceñirse al plan original: había una barra esperándola para bailar.
-Lo siento... necesito tiempo... y si falto esta noche me echarán-le susurró, apartándole un largo mechón negro de la cara-te veré en el escenario...
Crocodile se quedó en el pasillo paralizado por su embrujo mientras Olvia cerraba la puerta. Un poco más allá se escuchaba al público y la música del número que iba antes que ella.
-Qué está pasando...-Robin espiaba a Crocodile y a su madre besándose en aquel pasillo. Intentó entrar en el vestuario con ella pero no pudo porque el pestillo estaba echado, así que decidió ir a dónde Crocodile se había dirigido. Cruzando un pasillo se encontró con un montón de mesas llenas de gente jugando y bebiendo. No tardó en divisar a Crocodile sentado en una de ellas, esta vez sin Hody y su escoria.
-"¿Qué lugar es este?"-pensó Robin preocupada. No era un museo desde luego, ni nada parecido. La niña observó a un tío que lloraba en silencio al fondo mientras se vaciaba una cerveza. Una vez había leído sobre una taberna pirata donde los bucaneros iban a gastarse el botín. Esto era lo más parecido. Pero entonces su madre...
-¡Un fuerte aplauso para nuestra joya del desierto, la incomparable reina del terciopelo negro... Niiiiiico Olvia!-exclamó el presentador mientras la alegre cancioncilla volvía a sonar. Robin levantó la mirada y lo que vio la hizo enmudecer.
"But mamma, I feel so low
Mamma, where do I go?
Mamma, what do I know?
Mamma, we reap what we sow
They always said that you knew best
But this little bird's fallen out of that nest now
I've got a feeling that it might have been blessed
So I've just got to put these wings to test"
Era su madre efectivamente. Tras quitarse el abrigo negro que siempre escondía de la vista de ella Olvia empezó a bailar por el escenario mostrándole sus pechos al público. Echó la cabeza hacia atrás y nuevamente su cabello plateado la siguió como una estela. El público no podía dejar de mirarla, hipnotizados por su deslumbrante belleza. Y Robin tampoco podía. La pequeña no sabía qué sentir en ese momento. En su interior había una enorme confusión, pero notaba como que... su corazón se había roto un poquito.
Olvia se descolgó por la barra que estaba en el centro del escenario enganchando sus largas y musculosas piernas en ella y subiendo y bajando por ella mientras el público la colgaba billetes del tanga, encantados.
La canción llegaba a su punto culminante, y había que dejarla en lo más alto. Poco a poco el tanga fue bajando por las piernas de Olvia mientras los espectadores se ponían en pie y babeaban, deseosos de ver más. Poco a poco iba dejando ver el único punto que había estado tapado hasta ahora... Todos deseaban verlo.
Robin no fue capaz de seguir mirando. Salió de su escondite y echó a correr hacia la salida, sin darse cuenta de que Crocodile había reparado en ella.
-Ssigh...-Robin sollozó mientras corría por el pasillo hacia el coche. Las manos que se estiraban hacia los senos de sus madres y los ojos que la devoraban llameantes no se irían de su memoria jamás. Al igual que la expresión sexual y excitada de su madre. ¿Aquello era a lo que se dedicaba todas esas noches en las que volvía agotada? ¿Por qué?
Robin rompió a llorar descontroladamente mientras negaba con la cabeza. ¿Sería por su culpa? Sabía que a Olvia le costaba cada vez más mantenerlas a las dos, quizás se trataba de eso... pero aún así... había otras opciones... seguramente podría haber aceptado otro trabajo aunque la pagasen menos... como camarera o asistenta... cualquier cosa menos eso...
-Toma...-Crocodile la sobresaltó, ofreciéndole un pañuelo. Ella se incorporó y le miró asustada-¿Qué te pasa?
-Ttú... tú lo sabías-dijo Robin, enfureciéndose conforme pronunciaba las palabras-tú sabías esto... por eso te acercas a ella...
Para su sorpresa, Crocodile asintió sin ningún reparo.
-Claro. La conocí aquí. Llevo siguiéndola desde entonces...
Robin negó con vehemencia. Eran demasiadas cosas para asimilar... no podía soportarlo, simplemente no podía.
-Todo esto es culpa tuya...-se atrevió a decir señalando a Crocodile.
-Claro que no-dijo él, inexpresivo-es su elección.
-No... no puedo... quiero irme a casa-dijo Robin llevándose las manos a la cara y tirándose de la piel. Aquellas luces, aquellas personas, el asfixiante olor a tabaco... La verdad es que odiaba ese lugar con todas sus fuerzas.
-Está bien te llevaré pero solo si aceptas mi trato-dijo Crocodile mientras abría la puerta del coche y la invitaba a pasar. Robin no se movió.
-¿Cuál es?-preguntó con voz débil.
-Qué no le cuentes nada de esto a ella. No has estado aquí, no lo has visto. ¿Me has entendido?
-Ella es mi madre-dijo Robin mirándole agresivamente y apretando los dientes furiosa.
-Y esa es mi condición-replicó Crocodile sin inmutarse-míralo de esta forma, ella ha aceptado esto porque no tenía otra salida, bastante hace sacándoos a las dos adelante. Quieres ayudarla, ¿no?
Robin tragó saliva. Sí. Pues claro que quería.
-No creo que achacándole cargos de conciencia lo vayas a conseguir-dijo Crocodile cruzándose de brazos-¿te gusta leer, no? Esto es lo que se llama un capítulo negro. No se debe volver a leer.
Robin asintió lentamente. Entonces para su sorpresa Crocodile la acarició el cabello y esbozó algo que se parecía a una sonrisa.
-No te preocupes. No tendrá que hacerlo más. Yo voy a ocuparme de eso... ¿entiendes?-dijo. Ella asintió, aunque no lo entendía.
Finalmente se metió en el coche y él la dejó en la cama, exactamente como lo había hecho su madre. Olvia nunca llegó a enterarse de esto... pero Robin nunca volvió a ser igual con su madre, no pudo hacerlo. Y ella sintió como el cariño de su hija se desvanecía rápidamente.
Así pasó un año, y las cosas fueron cambiando rápidamente para madre e hija: aunque Olvia no quería Crocodile obligó a Don Crieg a eliminar la deuda que tenía con él, y ahí terminaron los stripteases y la vida nocturna. Gracias a la influencia de Crocodile Olvia consiguió un buen puesto en un museo como transcritora, y quizás pronto podría viajar incluso a Egipto. Entretanto, y aunque odiase admitirlo, su relación con Crocodile había ido mejorando. No eran oficialmente pareja, pero se veían cada vez más y pasaban juntos muchas noches de pasión. Robin solía salir al tejado de la casa cuando los escuchaba empezar a gemir en su cuarto, y se leía uno de los muchos libros que le regalaba Crocodile. Aunque era cierto que seguía dolida con su madre y con era muy distante, cada vez le caía mejor. Ella sabía que había un corazón, en el fondo, latiendo en alguna parte...
-Sé que no te gusta que esté con él y lo entiendo... no es una persona fácil-le admitió una tarde su madre mientras preparaban la cena juntas-pero me ha ayudado mucho... y realmente me gusta. Es difícil admitir que tu madre esté en una relación...
-No me molesta eso-replicó Robin un poco tensa.
-¿Entonces qué es?-preguntó Olvia, sin poder disimular su desesperación. Quería recuperar a su hija.
-Nada... déjalo-Robin salió de allí sin dejarle tiempo a su madre para insistirla.
Más tarde la niña estaba en su cuarto. Robin intentaba concentrarse en la lectura, pero esta ligeramente molesta. Sabía que estaba haciéndola daño. Pero simplemente no podía cambiar.
Casi había pasado un año desde aquella fatal vez en que la había visto en el club, pero aún no podía perdonárselo. Y además no podía hablarlo con ella. Con o sin promesa a Cocodile no hubiera podido.
Sin saber por qué Robin rompió a llorar de repente. Tuvo que dejar la gruesa novela que estaba leyendo a un lado para no empaparla mientras unos gruesos lagrimones le caían por las mejillas hasta perderse en el suelo. Había explotado, eso era todo. Tanto tiempo guardándolo en su interior habían terminado por salir por sí solo.
-Robin... ¡oh, no!-Olvia había ido al cuarto por qué quería hablar con ella, y al verla tirada en el suelo llorando se inclinó consternada y la abrazó con fuerza-no, no Robin... mi niña... tranquila... estoy aquí... te quiero mucho... perdóname... perdóname si te he hecho algo malo... estoy contigo...
Robin se dejó abrazar por su madre y correspondió al abrazo estrechándola contra ella con fuerza.
-Mamá, te quiero...-pudo decir finalmente. Olvia sonrió mientras los ojos también se le anhegaban en lágrimas.
-Y yo, cielo... y yo a tí.
Desde el pasillo Crocodile las observó abrazarlas, sigiloso. El criminal hubiese soportado cien torturas antes de admitirlo, pero se había encariñado con las dos... hasta considerarlas incluso su familia. Era increíble, pero cierto. Hasta el punto de que empezaba a plantearse que sería de ellos tres en el futuro.
-Podría retirarme-le dijo una noche a Olvia mientras se bañaban juntos-si Barbablanca cae antes del final de año tendría suficiente dinero para mandarte a tí y a Robin fuera del país... y luego podría marcharme yo... despues de arreglar unas cosas...
-Cuando algo suena tan bien... nunca lo es-le avisó Olvia. Su pelo plateado le cubría los pechos como a una sirena mientras sus piernas rozaban las de Crocodile enfrente suyo.
-No soy conformista nena, y lo sabes-dijo Crocodile poniéndole una mano en el pecho y acariciándolo. Dios, ella era tan exhuberante-hay que saber jugar nuestras cartas...
-Eso ya lo he escuchado antes-le advirtió Olvia, sombría. Crocodile asintió. Sabía lo que ella se temía-prométemelo Crocodile... promete que nunca le pasará nada malo... a ella.
Crocodile se tomó su tiempo antes de responder, pero finalmente lo hizo:
-Lo juro-dijo con firmeza. Olvia asintió, más tranquila.
-Ven aquí-le dijo mientras se acercaba a él y lo envolvía con su cuerpo desnudo en un húmedo abrazo. Crocodile depositó besos en sus morenos pechos mientras Olvia gimoteaba excitada al contacto.
Era un martes tranquilo en el centro de la ciudad cuando en medio del ajetreo habitual un disparo hizo que todo el mundo se quedase callado y los ruidos se detuvieran.
¡BANG! ¡BANG! Otros dos tiros; por el fondo de la calle se veía venir a tres siluetas corriendo a toda pastilla. Las que iban más atrás eran un par de tipos enormes armados hasta los dientes que llevaban en las manos las armas causantes de los disparos. El tercero, corriendo delante suyo, era Crocodile. Iba maltrecho y cojeaba un poco, pero aún así corría como nunca en su vida. Su rostro sangraba copiosamente, al igual que su brazo izquierdo, que llevaba envuelto en un muñón porque ya no tenía mano.
-Joder... mierda...-jadeó Crocodile mientras empujaba a varias señoras para poder seguir adelante.
Entretanto en su nuevo piso, mucho más espacioso y cómodo, Olvia terminaba de hacer su cama y se tumbaba en el sofá para disfrutar de una buena lectura antes de tener que ir a por Robin. Los martes libraba, así que era el mejor momento para tumbarse a descansar.
Ding Dong. Ella no esperaba visitas así que cuando fue a abrir la puerta estaba bastante extrañada. Se habrían equivocado.
-¿Sí?
-¿Nico Olvia?-dijo una estridente voz desde fuera. Ella caviló un segundo.
-Sí, soy yo.
-Soy de la policía... Tiene que abrirme-dijo el desconocido enseñando su placa. Olvia caviló. No sabía quien era ese tipo...-se lo repito, tiene que abrirme...
Olvia miró hacia los lados. ¿Qué quería...? Le... le daba miedo. No sabía qué hacer.
Recordó que Crocodile tenía un revólver guardado en la cómoda de la habitación. Pero eso era una locura, de ninguna manera pensaba utilizarlo.
-¿Me abre?-fuera el agente empezaba a impacientarse. Olvia finalmente abrió la puerta, aunque no le dejó entrar.
-Disculpe, pero no esperaba hoy visitas-dijo-me tranquilizaría bastante si pudiese ver su placa...
-¿Mi...? Joder...-el agente sacó su placa plateada y casi se la estampó en las narices. No tenía un rostro agradable: sus cabellos eran largos y tenía varias cicatrices que le deformaban su poco agraciada cara. En la placa Olvia leyó "Spandam".
-¿Qué es lo que quiere?-le preguntó Olvia sin más rodeos.
-Ejem, si pudiéramos sentarnos...-dijo Spandam señalando los sofás. Ella accedió. Después, el policía pareció darle vueltas a algo más-y si pudiera traerme usted algo... verá, llevo despierto desde las seis de la mañana...
Olvia le miró con incredulidad pero finalmente se levantó y volvió con un plato de galletas. Spandam dejó que ella comiese una primero (la que él mismo eligió para darle) y luego se fue zampando las otras. Olvia tuvo que soportar como aquel repugnante ser le llenaba el sofá de migas sin ninguna consideración.
-¿Es usted Nico Olvia, hija de Nico Babel y licenciada en arqueología y lenguas antiguas?-preguntó Spandam mientras terminaba de engullir las galletas. Olvia asintió-¿es usted madre de una niña, Robin, y trabaja actualmente en el Museo de Historia de la ciudad?-Olvia volvió a asentir-muy bien, estupendo. Bueno señora, pues usted está detenida...
Olvia se quedó paralizada, como si no asimilara lo que acababa de escuchar. Pero en el fondo fue como si ya lo estuviera esperando. Era casi liberador.
-¿De qué se me acusa?-le preguntó a Spandam. Era como hablar en un sueño...
Crocodile había llegado a un cruce y entonces divisó en un aparcamiento cercano a una mujer que estaba metiendo las bolsas de la compra en el coche.
-Estupendo...-echó a correr hacia ella y cuando la alcanzó la quitó las llaves y empujó para meterse en el coche.
-¡Oye, para!-la mujer no se mostró intimidada (sería porque él se estaba desangrando) y trató de detenerle, cuando un disparo de los perseguidores de Crocodile la dio en el costado e hizo que se desplomara.
-¡Tío, apunta bien, joder!-le gritó uno de los matones al otro.
Crocodile cerró la puerta del audi y arrancó metiéndose en la carretera rápidamente. Los otros dos no pudieron alcanzarle.
-¡Mierda!-gritó uno de ellos, dándole una patada a la mujer moribunda-¡Si no le cojemos Barbablanca nos mata!
Mientras conducía Crocodile sacó del bolso de la mujer su móvil y rápidamente marcó el número del señor 1, su secuaz de confianza.
-¿Estás ahí?-preguntó, jadeando.
-Todo ha salido mal jefe. Barbablanca ha matado a Hody, y nos matará a nosotros si nos coge-le respondió la inexpresiva voz del señor 1.
-Dejamos la ciudad, llévate solo lo imprescindible-dijo Crocodile con voz ronca-pero antes necesito que pases por el colegio... hay que recoger a una niña...
En el piso de Olvia Spandam seguía plantado frente a ella, comiéndose hasta la última migaja del plato de galletas.
-Mi departamento te ha estado investigando. Al parecer tu relación con Crocodile no es la primera, ya se te vincula antes con Don Crieg...
-Con él mi relación fue muy distinta-dijo Olvia, muy tensa.
-Ya, ya... déjame adivinar. Una bailarina de striptease, una zorra subnormal que se cree muy listilla y se putea al jefe mafioso de turno para salir de los apuros. Conozco a la chusma como tú. Me apuesto a que ellos te compraron también la carrera, ¿no?
Olvia no respondió a esa insolencia. Ya se la esperaba. Era como si ya supiera todo aquello. Había sido feliz por demasiado tiempo. Y ahora tocaba seguir...
-¿Qué van a hacer conmigo?-preguntó Olvia finalmente. Spandam sonrió con sadismo.
-Tienes que venir a comisaría. No tienes derecho a ninguna llamada, al menos hasta que mis jefes hablen contigo. Tienes que contarnos todo lo que sepas de Crocodile, y de Barbablanca.
-No se nada...
-Mentirosa.
Spandam se levantó y fue hacia ella, amenazador. Al parecer creía que por ser más alto y más fuente Olvia se achantaría, pero eso no era así. La mujer se mantuvo inalterable.
-Y temo decirte que mi departamento ya ha considerado imposible que mantengas la custodia de tu hija-añadió, disfrutando con la expresión de horror que se dibujó en el rostro de ella-la hija de una stripper y un mafioso necesita padres que la cuiden, no semejante entorno familiar...
-Su padre no era un mafioso...-susurró Olvia consternada.
-¿Ah no? ¿Y quién era?-preguntó Spandam, agarrándola del brazo-necesito respuestas.
-Era un buen hombre... por favor, Robin no tiene nada que ver...-pidió Olvia, dejando por una vez su faceta fría y seria para sonar desesperada. A Spandam eso le gustó. Era una persona malvada.
-Ya hemos tramitado una orden. Ella pasará a disposición del Estado que decidirá quién va a adoptarla...-explicó-tal vez pueda recuperarla con el tiempo... si colabora.
Pero ella sabía que él mentía.
Olvia titubeó un segundo. Había que pensar en algo... y rápido.
-Respuestas... está bien pero... Tal vez podríamos arreglarlo... de otra forma-sugirió. Spandam tembló un poco. No podía negar que ella le ponía mucho. Pero él era ante todo un profesional.
-Si te crees que eres la primera puta que intenta ligar conmigo para salvar el cuello crees mal-dijo, zarandeándola-ahora nos vamos.
-No hablaba de sexo... si no te interesa, tal vez si lo haga el ddinero de Crocodile...-susurró Olvia, soportando el fuerte apretón al que él la estaba sometiendo.
-¿El dinero de...? ¿Qué?-Spandam la miró con incredulidad-la mafia mete su dinero en el banco, mentirosa. Tenemos sus cuentas vigiladas.
-Él no confía en nadie-dijo Olvia, y eso era cierto. Crocodile tenía un par de millones de berries en metálico escondidos como liquidez por si habia problemas, pero estaban escondidos en otro lugar. Spandam sin embargo eso no lo sabía.
-Él tiene su dinero... ¿aquí?-preguntó el policía babeando. Si lo llevaba al cuartel le ascendían seguro. Y se podía quedar una parte ya de paso. Era un profesional, más o menos...
-Está en nuestro cuarto-explicó Olvia, señalando con la cabeza la entrada a su habitación-dentro del colchón...
-Llévame...-ordenó Spandam-y ya que estamos puede que... puede que si acepte más cosas... ya que estamos... mal no te va a venir...
Olvia asintió y él sonrió. Iba a ganarse un ascenso y a echar un polvazo con aquella impresionante mujer. No empezaba mal la mañana. La verdad es que era muy poco profesional.
Entraron en la habitación y se les escuchó hablar unos segundos. Luego sonó un ruido, algo parecido a un disparo aunque amortizado por un cojín que se colocó delante del cañón de la pistola. Pasaron unos minutos y finalmente Nico Olvia salió de la habitación a toda prisa envuelta en su abrigo y con una maleta hecha.
Robin salía del colegio pensando en la historia que se estaba leyendo y deseosa de llegar a casa para continuar, cuando tres de sus compañeros de clase pasaron cerca suyo y la tiraron del pelo. Estaba acostumbrada, en el colegio la mayoría de niños la trataban cada vez más mal. En ese momento paró enfrente suyo un coche que conocía. En él estaba subido Crocodile y un señor negro muy alto, que ella creía su chófer.
-Sube-le ordenó Crocodile. La niña caviló. Su madre le había dicho que no se fuera con nadie más que con ella. Pero Crocodile era de confianza. Así que terminó por obedecer.
-¿A dónde vamos?-preguntó Robin mientras observaba a Crocodile asombrada. No tenía buen aspecto: se había vendado parte del rostro ensangrentado y estaba más pálido que nunca. Con el abrigo se tapaba la parte de la mano que le faltaba.
-Nos vamos de la ciudad-explicó el mafioso con voz débil. Robin se incorporó al instante, asustada-no te preocupes por ella, ya ha salido también con su coche. Nos reuniremos cuando hayamos recorrido un par de kilómetros...
Robin miró por la ventana viendo los edificios que tan bien conocía pasar a toda velocidad. Pero... Su casa, sus cosas... ¿dónde quedaban sus libros? Ahora tenía miedo.
No fueron un par de kilómetros: el señor 1 condujo durante toooodo el día y tooooda la noche sin hacer ni una parada. Dejaron atrás la ciudad y las montañas para adentrarse en una explanada cada vez más seca y después en el desierto. Robin contemplaba el paisaje mientras escribía los capítulos de su propia novela en su mente, y finalmente se quedó dormida, acurrucada en el asiento de al lado a Crocodile. El criminal la observó dormitar suavemente, y la acarició el cabello con su mano sana. Más que furioso estaba desolado: él tenía grandes planes para cuando hubiese matado a Barbablanca... pero una vez más el viejo y astuto mafioso se le había adelantado descubriendo su felonía y le había torturado. Crocodile se vengaría de Barbablanca por aquello, y por tantas otras cosas que le había hecho pasar desde que tenía memoria...
Finalmente llegaron a un motel en mitad de los acantilados del cañón que habían recorrido. Crocodile bajó llevando a Robin en brazos, y delicadamente la depositó en una cama. Olvia ya estaba allí, y corrió a ver a su hija.
-Ssssh, no la despiertes ahora... tenemos que hablar-dijo Crocodile echándole una calada a su cigarro. Olvia le miró enfadada. Todo aquello era por su culpa.
Más tarde, discutían, alejados del motel en un pequeño bosquecito de cactus.
-Si te quieres quedar más tranquila hazlo. Todo es culpa mía. Yo te metí en esto-dijo Crocodile con sarcasmo.
-Mírate...-Olvia señaló sus terribles heridas-lo tenías todo... solo tenías que dejarlo atrás... ¿de verdad era necesario...?
-Sí lo era. Es mi vida. Yo conocía los riesgos...
-¡También para nosotras!
-Eso ya es cosa tuya. Yo te dí la posibilidad de rechazarme... te lo dije desde el principio, pero tú...-se acercó a ella, aspirando su aroma a canela. Era como un bálsamo en aquellos momentos-tú no pudiste resistirte, Olvia... y por eso estamos aquí. Somos dos adultos responsables, los dos decidimos jugar a este juego... y los dos hemos perdido...
-Estoy harta de perder...-susurró Olvia dándose la vuelta. La luna estaba en cuarto creciente y era la única luz en medio de aquel desierto-llevo toda mi vida perdiendo... ese ha sido mi error: creer que por una vez las cosas iban a mejorar... creer que de verdad mi vida podía ser diferente a cómo había sido hasta ahora. Y por culpa de eso, solo ha empeorado. Nada es diferente.
-Eso no es cierto Olvia. ¿No lo ves? Todo es ahora muy diferente. La tienes a ella... y me tienes a mí... me tendrás siempre...
Olvia miró a Crocodile cuyo negro cabello ondeaba al viento. Estaba lleno de moratones y cortes pero aún así mantenía intacto su atractivo.
-Por qué te enamoraste de mí-preguntó Olvia súbitamente. Crocodile tembló un poco al oírlo, no lo esperaba.
-Yo no... nunca te he dicho que me haya enamorado...-la recordó mientras se miraban fijamente-enamorarse es una palabra estúpida. Yo no creo en eso...
Olvia avanzó hacia él y le miró sonriendo con tristeza.
-Yo también me he enamorado-confesó, y le besó. El cálido viento del cañón los abrazó mientras ellos unían sus labios bajo la luz de la luna en un último y apasionado beso.
-Llevaré a Robin a Rukia, allí estaremos seguros-dijo Crocodile mientras abrazaba a Olvia-pero tú qué piensas hacer mientras tanto...
Ella señaló la moto. Acababa de comprarla en un concesionario en el pueblo más cercano.
-Lo sabes de sobra. A estas alturas la policía debe estar ya buscándome-dijo con voz leve-no quiero ser peso muerto.
-Puedo protegerte-dijo Crocodile, pero ella negó.
-Mientras esté con vosotros corres peligro. Soy un arma que pueden usar contra tí si consiguen detenerme.
-Yo os ocultaré-insistió Crocodile. Ella empezó a andar hacia la moto y él la siguió, preocupado. No sabía en qué iba a derivar todo aquello.
-He matado a un policía, Crocodile. Mientras siga en el país no voy a estar a salvo-tragó saliva mientras intentaba seguir tranquila-Le quité la vida porque no podía soportar pensar que fuese a alejarme de Robin... quería hacerla daño... y ahora aún así me debo alejar de ella, quiera o no...
-No tiene por qué ser así-Crocodile la tomó con la mano que aún tenía sana y pegó su cabeza a la suya-buscaremos la forma de probar tu inocencia... yo confesaré si es necesario.
Ella negó con la cabeza. No podía seguir reteniéndole. Debía alejarse de Robin cuanto antes para garantizar su seguridad. Y sabía que la única oportunidad que tenía de poder mantenerla segura ahora era Crocodile.
-Ten cuidado...-dijo él mientras Olvia entraba un momento en el motel y se acercaba a la cama de Robin. La niña estaba dormida, se había quedado así después de que ella la hubiese estado contando una historia de Egipto una vez más, como solía hacerle hacía un año. Olvia no quiso tocarla ni besarla por miedo a despertarla. No se atrevía a despedirse de ella. Sabía que dolería demasiado.
Mientras contemplaba a su Robin dormir plácidamente Nico Olvia sintió como las lágrimas volvían a brotarle al fin después de tantos años. Ella que pensaba que nunca podría volver a llorar, y ahora sin embargo. Lloró y lloró silenciosamente mirando impotente a su hija. Ella sería una gran mujer, de eso estaba segura.
-Siento haberte metido en esto-dijo Crocodile cuando salieron del motel nuevamente.
-Tú me ayudaste con mi deuda. En esto me he metido yo sola...-dijo Olvia colocándose el casco-te volveré a ver... te lo prometo...
Acarició el mutilado rostro de Crocodile una vez más y después subió en la moto. Pisando fuerte el pedal arrancó y levantando una gran polvareda se metió nuevamente en la carretera, directa hacia la frontera que significaría por fin su libertad...
-Hasta pronto...-susurró Crocodile mientras la veía empequeñecer en la oscuridad. A él sí que no le salieron las lágrimas. Su corazón hacía mucho tiempo que había perdido la capacidad de llorar.
-Esa fue la última vez que él o yo vimos a mi madre...-terminó de relatar Robin. Sentado a su lado, Zoro la escuchaba compungido. Era una historia tan estremecedora como emotiva. Ahora entendía muchas cosas sobre Robin... y podía sentir también su sufrimiento.
Robin miró a Zoro asustada. Llegaba el momento de la prueba... lo que siempre se había temido...
-Ven...-dijo el chico, abrazándola-te quiero... te quiero mucho...
Ella tuvo un escalofrío mientras pegaba la cabeza al hombro del chico y una lágrima resbalaba por su mejilla. Zoro notó que lloraba y la miró preocupado.
-Ssiempre había temido que te marcharas... que al descubrirlo te alejases de mí...-confesó Robin finalmente.
-¿Por qué iba a hacerlo?-preguntó él acongojado.
-Tú ya le conoces... snif... él se ha convertido en un mmonstruo... si nos vuelve a ver juntos...
-Él no me da miedo-dijo Zoro, aunque la verdad no le gustaba nada la idea de verse de nuevo con el garfio de Crocodile atascado en la tráquea-pero... ¿todos estos años has vivido con él?
Robin asintió. Habían pasado ya casi cinco años desde aquel día. Y ni ella ni Crocodile habían tenido una sola noticia sobre su madre.
-Él cuidó de mí-le explicó-me llevó a un colegio dónde sabía que yo estaría feliz y me dio una casa enorme llena de libros... Durante un tiempo fui feliz. Mi madre lo había predicho todo correctamente: sin ella la policía no tenía nada contra Crocodile (no podían relacionarlos sin una confesión de ella) y al no haber posibles cargos contra él pudo ocuparse de mí sin problemas consiguiendo mi custodia...
-O sea que eres legalmente su hija... hasta que cumplas los dieciocho años...-dedujo Zoro.
-Cumplo en septiembre-agregó Robin-pdro eso da igual, él no me dejará marcharme.
Zoro iba a decir algo pero se calló. Contempló sus zapatos embarrados mientras reflexionaba sobre el asunto. Sólo sonaba el agua de la fuente, pues en vez de volver a sus habitaciones tras regresar de Okama se habían ido a hablar al jardín del hotel.
-Crocodile me dio todo lo que quería... y mientras tanto su fanilia criminal fue creciendo hasta que Barbanlanca tuvo que dejar de enfrentarse a él y acceder a una colaboración. Ahora vuelven a ser asociados, aunque me temo que esté planeando intentar matarle de nuevo...
Entendió por la expresión abatida de Robin que Crocodile pese a sus defectos era una persona importante para ella. A fin de cuentas era lo más cercano a un padre que ella había tenido. Y la única persona que todavía cuidaba de ella.
-Él es una persona complicada... estoy segura de que alguna vez fue feliz, y eso le destruyó más que nada al dejar de serlo... no lo sé. Pero desde que mi madre se fue se ha ido convirtiendo en un monstruo. Yo... le he visto organizar cosas horribles... pero a veces consigo calmarle... esclarecer un poco esas sombras.
Zoro asintió escuchando en silencio. El hombre que él había conocido esa noche desde luego no tenía corazón, y era altamente peligroso. Sólo pensar que su Robin llevaba cinco años conviviendo con él le ponía enfermo.
-Entonces... ¿Qué hacemos?-dijo finalmente. Robin le miró sorprendida. Le daba miedo lo que pudiera pasar. Por encima de todo seguía dándole miedo perderle.
-Te dije el día del ferrie que me daba miedo enamorarme a mí también... era porque no quería ponerte en peligro-confesó Robin. Zoro asintió.
-Lo entiendo...
Ella agachó la cabeza con vergüenza.
-Hace dos años hubo un chico... él no me gustaba especialmente, pero estaba enamorado de mí y siempre intentaba pasar tiempo conmigo. A los dos nos gustaba leer y la historia y... bueno...-prefirió no entrar en detalles-al final yo accedí, y durante unas semanas estuvimos juntos... entonces él decidió que era el momento de tomárselo en serio... y se presentó en casa ante Crocodile con un ramo, explicándole quién era y lo que quería de mí...
Zoro se imaginaba la escena perfectamente. Pero sabía que aunque quisiera no se podría imaginar lo que vendría después.
-Crocodile le invitó a cenar y allí le estuvo preguntando sobre él, sobre nosotros... yo ya le veía venir... pero no sospechaba lo que sería capaz de hacerle. Esa noche cuando el chico se marchó, envió al seño un grupo de matones que le dieron una paliza se lo llevaron en un maletero y lo tiraron al mar. No sé cómo él pudo sobrevivir... pero no quiso saber de mí nunca más. La única vez que quise acercarme a él para disculparme se fue huyendo. Así ha sido desde entonces... con todos los demás...
-Pero tú no los amabas...-Zoro la conocía demasiado bien como para entenderla. Robin se había dejado llevar por Law a principio de curso, pero porque no se lo tomaba en serio. Era solo un chico malo con el que jugar.
-Salía con chicos malos... yo no tenía amigas en la clase pero me llevaba bien con ellos, y a ellos les gustaba yo... a mí no me importaban demasiado. Sólo quería sentir que alguien me quería, y ellos... bueno...
Zoro asintió. Ella quería disculparse pero él no iba a permitirlo. Antes de conocerse los dos tenían todo el derecho del mundo a haberse relacionado con quien hubieran querido.
-Cada vez que Crocodile me descubría con un chico nuevo se enfadaba más. Y los castigaba... Al cuarto de ellos yo le pedí que se detuviera...
-¿Y lo hizo?-preguntó Zoro. Debía de haberlo hecho, porque él había tenido bastante suerte comparado con el primer pretendiente.
Robin asintió lentamente mientras cerraba los ojos. Le... le daba pánico recordar aquello...
Una noche estaba hablando por el móvil con su novio de aquel entonces, Pell, cuando el chico se había callado de repente. Antes de que la llamada se cortase, Robin habría jurado distinguir la voz de Crocodile a lo lejos. Mierda. Había pasado de nuevo...
-Creía haber advertido a los niñatos de tu banda de que no os quería volver cerca de ella-le decía Crocodile a Pell mientras le hundía su garfio en el pecho. El chico lanzó un fuente grito-eres un morocho asqueroso y entrometido y me has tocado los cojones por última vez.
-¡Por favor! ¡No lo entiendes! ¡Nos queremos! ¡Déjala en paz!
Crocodile sonrió mientras sujetaba la cabeza de Pell y luego la sacudía contra el suelo, haciéndole sangrar por la nariz fuertemente.
-Lo entiendo perfectamente-dijo mientras se limpiaba el garfio con un pañuelo que le ofrecía el señor 2-¿qué te parece si jugamos tú y yo a un juego?
Pell tembló un poco.
-¿Qué clase de juego?-se atrevió a preguntar. Crocodile sonrió mientras el señor 2 le acercaba una bolsa de golf.
-Verás... estaba yo tan contento jugando al golf cuando me comunicaron que mi hija y tú estabais tan felices fornicando en mi casa... Bajo mi techo...-dijo con voz grave. Pell le miró desafiante. Al igual que Zoro, aquel valiente chico no temía desafiar a Crocodile. Grave error.
-Cómo el jefe no pudo terminar la partida, podemos acabarla ahora contigo-añadió el señor 2 con una tonta risita. Crocodile asintió.
-No sería una mala idea, ¿a que no?-dijo mientras sacaba un palo.
-¿Quieres... que juegue contra tí?-se atrevió a preguntar Pell, aún tumbado en el suelo con la rodilla del señor 1 oprimiéndole el cuello. Crocodile negó con la cabeza.
-Tú tienes que ayudarme... serás el hoyo...
-No... nno, espera-intentó decir, pero fue tarde: entre el señor 1 y el 2 le sujetaron mientras Crocodile apuntaba a él con el palo de golf, y dándole un tremendo tiro a su bola la lanzó directa a la boca del chico. A Pell se le saltaron varios dientes, y cayó al suelo mientras babeaba sangre, aturdido.
-Pero que feo, así Robin no va a poder quererte-dijo Crocodile con saña, y entonces le hundió el palo en los dientes que aún le quedaban, rompiéndoselos también-oyo en un 1... je... hala, venga... devolvedlo a su casa, o lo que sea...
Sus subordinados se lo llevaron a rastras a un coche donde lo cargaron y condujeron hasta un descampado, dejándome tirado en medio de la carretera. Ya encontraría él sólito el camino de vuelta, si era tan listillo.
Crocodile por su parte se subió en su Mercedes y condujo hasta su mansión de la montaña, malhumorado. Estaba harto de que Robin anduviera por ahí con aquellos chicos. La cambiaría de colegio otra vez si era necesario...
Mientras se desnudaba y se sumergía en su piscina cubierta Crocodile examinó su maltratado cuerpo rodeado de burbujas y reflexionó sobre sus acciones. ¿Por qué no podía soportar verla en brazos de otros? Ella era la hija de Olvia... y era prácticamente su hija... o más bien no... Robin había crecido muy rápido, y cada vez se parecía más a su madre, tenía su misma mirada, de pureza y valentía, tenía su misma inteligencia. Y él sabía que esas eran cualidades a las que no se podía resistir. Le atraían, le ofrecían una pequeña chispa por la que le alegraba vivir... pero Crocodile sabía que no podía hacerle eso a ella. Sabía que Robin no le aceptaría, y no quería perderla. Debía renunciar a ello y esperar... Tal vez Olvia volviera algún día...
Pero Olvia no daba señales de vida, y Crocodile al igual que la pequeña Robin empezaba a desesperar.
Nadó unos largos en las cristalinas aguas y luego salió secándose enseguida. Como estaba solo en el agua iba desnudo, pero se envolvió con la toalla cuando se dirigió a su habitación por si se encontraba con la chica o con el personal de servicio.
Crocodile entró en su habitación y se cambió. Puso música de jazz, que le relajaba, mientras envolvía su cuerpo aún húmedo en un albornoz y luego bajaba a cenar. Cenaría en su gran mesa de caoba los más deliciosos manjares... solo. Porque al final después de tantos engaños, traiciones y matanzas era así como estaba.
Tal vez podía llamar a una prostituta o dos o tres, o a alguna de sus amiguitas del casino, pero no estaba de humor... era otro tipo de deseo el que le recorría. Crocodile vació la botella de vino en unos minutos manchándose su caro albornoz y luego se dirigió al salón para recostarse en el sofá.
-¿Dónde está Pell?-preguntó una voz detrás suyo. Crocodile gruñó. Así que Robin había salido de su habitación.
-No se de qué me estás hablando...-negó como le era habitual.
-Crocodile...-dijo Robin mirándole asustada-sé que fuiste a buscar a Pell antes... por favor, dime que está bien.
-Ggggn, está bien-dijo Crocodile.
-Dime la verdad.
El mafioso soltó una injuria. Las luces del salón estaban apagadas así que se veía más bien poco, pero el alto y esbelto cuerpo de Robin destacaba en las sombras. Que bien olía la chica... era jóven, y muy bella.
-Quién te crees que eres para hablarme así-dijo Crocodile finalmente-a muchos les he mandado al fondo del mar con unos zapatos de cemento por menos.
-¿Quién te crees que eres tú?-Robin le sorprendió al hablarle en un tono muy agudo. Estaba muy enfadada-¿para decidir qué hacer con mi vida? ¿Para decidir que hacer con la vida de los demás? Para tí nadie vale nada...
Crocodile la miró con aburrimiento. Estaba tan borracho que apenas distinguía su cara. Pero Robin no podía soportarlo por más tiempo.
-Quiero irme de aquí... Por favor, deja que lo haga. Nunca te delataré, ni te costaré más dinero. No sabrás nada de mí-dijo. Se dio la vuelta pero Crocodile la cogió de la mano y la obligó a mirarle.
-Robin, Robin... ¿Es que ya no me quieres...?-preguntó con voz ronca. La chica quiso dejarle de mirar pero Crocodile giró su cara obligándola a hacerlo.
-Sí te quiero...-admitió finalmente la morena-pero nno podemos seguir así...
-Tienes razón... nno podemos...-dijo Crocodile, y entonces se inclinó para besarla. Robin abrió mucho los ojos en una mezcla de sorpresa y horror cuando notó los labios de Crocodile en los suyos, para luego descendee a su cuyo y a su hombro. El criminal la besó por todo el brazo y el escote mientras la acariciaba de forma impúdica. Robin estaba paralizada. No sabía qué hacer. No iba a poder luchar con él, sabía que no podía oponer resistencia... y además tenía curiosidad... Una vez más esa maldita curiosidad... De ver que estaba dispuesto a hacer... a dónde era capaz él de llegar...
-Mmmmn...-Crocodile tocó los pechos de la chica por encima de su tela y luego con el garfio empezó a rajarla para dejarlos al descubierto. A la vez con su mano sana buscaba su intimidad bajo sus bragas. Cuando Robin notó los dedos de Crocodile acariciarla el pubis tuvo un escalofrío. Ya sabía a dónde iba a llegar él. La cuestión era si quería pararle o no... Por una parte se sentía mal, pero por otra le gustaba cada vez más. Crocodile era tan maduro, tan... dominante... tenía tanto poder sobre ella que la volvía loca.
-Joder... ooooh...-él estaba empezando a excitarse más. Se abrió el albornoz dejando al descubierto su ancho pecho y lo pegó al cuerpo de ella. Robin ahogó un gemido de excitación-cómo te pareces... a tu madre...
Fue esa última frase de Crocodile lo que la detuvo por fin. ¿Qué estaba haciendo? Ella había leído sobre el amor en los libros, sabía lo que se sentía. Y no era eso. Estaba harta de tocar, de besar chicos... y de no sentir nada realmente. Ella no estaba enamorada de Crocodile... y de ninguna forma se dejaría arrastrar por él como Olvia lo había hecho.
-Nno...-dijo ella. Crocodile seguía besándola mientras con el garfio tocaba la punta de sus pezones-Nno...
-¿Qué?-preguntó él, mirándola con sorpresa.
-No puedo, nno... no lo hagas-dijo la chica cerrando las piernas. El rostro de Crocodile se contrajo por el enfado.
-Si que puedes-dijo, y entonces le abrió las piernas con brutalidad.
-Nno, por favor-repitió la chica, cerrando los ojos con miedo. Crocodile se quedó quieto al escucharla de nuevo. Por fin parecía volver a la realidad. Él sabía que tampoco debía hacerlo... al menos aún le quedaba ese remanso de conciencia... ¿ganaría ella o su malvado y egoísta deseo de salirse con la suya siempre?
Por una vez fue capaz de frenar. Crocodile se levantó y apartándose de Robin escupió a un lado, mientras recogía su bata. La miró enfadado pero no supo qué decir... ahora lamentaba haber perdido el control.
-Deja que me vaya... Por favor...-pidió Robin, incorporándose y tapándose el cuerpo lo mejor que pudo-yo te... te quiero... pero no puedo más...
Crocodile no se volvió al escuchar esto. Ella aún notaba su sabor en los labios, y la calidez de su cuerpo. Nunca la podría olvidar... y el morboso pensamiento de cómo habría llegado a ser sentirse el uno al otro no la dejó dormir en mucho tiempo.
-No quiero volverte a ver con esa escoria-dijo el mafioso con voz ronca-no vuelvas a salir a mis espaldas.
Y diciendo esto se marchó. Robin le vio alejarse mientras respiraba entrecortadamente.
Sentía ganas de echarse a llorar pero no fue capaz. Se encerró en su cuarto y pasó toda la noche tirada en el suelo en silencio, pensando.
Nunca podría escapar de él. Su vida dependía completamente de Crocodile. Pero realmente tampoco tenía ningún otro lugar a dónde ir. Ni nadie más a quien quisiera realmente. Sólo a su madre, y ella por lo que parecía no se molestaba en dar señales de vida, si es que vivía.
Devorada por la angustia Robin comprendió al fin que su destino era permanecer al lado de la única persona que la quería, y que antes o después no podría resistirse y terminaría por obligarla a acostarse juntos. Pero hay cosas peores ¿no es cierto? Podía estar muerta... y siempre es mejor estar viva que eso... siempre...
Unos días más tarde Crocodile informó a Robin mientras comían de que ese verano iría a Shinsekawa, ya que él tenía que ocuparse de sus negocios en el oeste y se ausentaría por varias semanas. La chica ni protestó ni opuso resistencia.
-Te advierto que estarás vigilada-dijo Crocodile mientras masticaba su filete-así que no pongas a más gente en peligro... ¿me has entendido?
-Sí-respondió ella con voz inexpresiva, y no se dijo nada más. Llegado junio Crocodile se despidió de ella y la entregó una carta para Sengoku. En ella le prometía una cuantiosa suma de dinero si ella recibía un tratamiento favorable. De ahí que el director la ofreciera más favores como por ejemplo saltarse el castigo la vez que se emborracharon.
-Cuídate, princesa de los libros-dijo Crocodile mientras ella subía al coche del señor 1 que la llevaría a Shinsekawa-te llamaré esta noche.
Robin asintió y le sonrió. Le vendrían bien esos meses fuera, aunque fuese en un lugar como ese. Crocodile ya la había mandado a internados y campamentos cada vez que tenía líos, aunque siempre con vigilancia. Así que estaba acostumbrada. Y le emocionaba mucho pensar qué se encontraría en Shinsekawa.
-Adiós...
Y así la niña y el gángster, supervivientes de una trágica historia de desamor, dinero y violencia, se separaron confusos y preocupados, sin saber cuál era el futuro que el destino les tenía pensado dar.
Robin terminó de relatar su historia cruzada de brazos mientras Zoro, totalmente desolado, la escuchaba hacerlo. Finalmente le miró e intentó sonreír pero se vió incapaz de hacerlo.
-Esta historia no puede tener un final feliz Zoro-dijo Robin, y aquellas palabras fueron las más duras de todas-ha estado mal desde que empezó, y no puede ir a mejor... hay cosas que no podemos cambiar...
-Nno, claro que no, eso no es verdad-dijo él enfadado, y ella le miró con sorpresa. ¿Qué quería decir?-podemos hacerlo mejor, podemos cambiarlo...
-Zoro, no quiero que te hundas conmigo, terminaremos por ahogarnos...
-Aprenderemos a nadar-replicó Zoro mientras se ponía de rodillas en frente suyo-¿no lo entiendes Robin? Lo demás ya no me importa... no... no quiero vivir si no es contigo. Pero podemos cambiar eso... nos iremos juntos... huiremos...
-Zoro, no podemos hacer eso...-dijo Robin, aunque en su interior su corazón gritaba "¡Sí! ¡Hazlo!".
-Claro que podemos. Somos jóvenes. Conseguiremos lo que queramos-dijo Zoro con convencimiento-hay tiempo y... mientras esté contigo... Robin, te amo.
Ella seguía negando. Eran demasiados contras, demasiados miedos.
-Si él te encuentra te matará-dijo, desesperada-sabe que te quiero de verdad, sabe que está vez es diferente... si ha actuado así es porque quiere que yo misma te deje, para protegerte. Quiere que yo corte contigo... porque te amo.
Zoro la miró fijamente, y Robin sintió que se derretía.
-¿Qué prefieres? ¿Dejarlo y vivir alejados para siempre... o hacerlo, aunque en el intento muramos?
Robin despegó los labios negando con la cabeza. Él no dejaba de mirarla fijamente. Estaba vibrando por la emoción. Todo un nuevo futuro se abría ante ellos. Decidieran lo que decidiesen, su vida estaba a pinto de cambiar...
-Sí quiero... quiero irme contigo-confesó la chica. Zoro asintió mientras soltaba una carcajada-quiero intentarlo...
-Tenemos que ayudar a Luffy a desenmascarar a Akainu-recordó Zoro mientras la abrazaba fuertemente-pero en cuanto lo hagamos nos marcharemos de aquí. Puedo encontrar un trabajo, o dos... y conseguiremos esa casa en el bosque... y podremos estar juntos... es lo que más quiero.
Robin le miraba emocionada mientras las lágrimas recorrían su rostro. Había pasado tanto tiempo sola... Había sufrido tanto en silencio sin tener a alguien que la escuchara. Ahora tenía al chico más bueno del mundo a su lado, y lucharía por ella, y la querría todos los días de su vida. Recostándose en la hierva del parque Zoro y Robin cerraron los ojos y se abrazaron mientras en su mente imaginaban como sería esa vida. Eran muy afortunados de tenerse el uno al otro.
Y en el cielo, dos estrellas se acercaron y brillaron juntas, porque eran las estrellas de sus vidas, que por fin se habían encontrado y ahora brillarían siempre en pareja, esperando poder guiarles por las muchas adversidades que aún les quedaban por vencer...
¿Os gustó? Este es uno de mis capítulos favoritos ya que Crocodile es mi villano preferido de One Piece y me moría de ganas por sacarlo. Su historia de amor con Olvia tiene luces y sombras, al igual que su relación con Robin. ¿Qué ocurrirá al final? Podrá Robin tener su final feliz con Zoro, o Crocodile se interpondrá... quedan exactamente cinco capítulos para terminar. ¡No podéis perdéroslo!
