Siento mucho las horas sé que dije que sería los viernes pero acabo de llegar a casa jeje. ¡Espero que os guste mucho, disfrutadlo un montón! Este es uno de los capítulos más intensos de todos, me muero por leer vuestras reviews.
-LiliGI27: Jajajajaja ¿podrán salvar a Ace? ¡Ya lo veremos! Y tenías razón con lo de Sanji. ¡Muchísimas gracias por leer, un beso muy fuerte, espero que este también te guste!
-Guest 1Ax: Jajajaja pobre Sanji ¡muchas gracias por comentar, espero que este te guste también!
-Ya estamos todos-Zoro cerró la puerta de la habitación 39 tras de sí. Si sabías que ellos estaban allí reunidos o no eso ya no importaba: lo único importante ahora era saber cómo se iban a organizar. Porque la situación había llegado a punto crítico. Y ahora, cada minuto contaba.
Estaban todos: Zoro, Nami, Robin, Law, Sanji, Usuff, Chopper y Franky, esperando las órdenes de su capitán, Luffy, e intentando conservar la calma.
-Esto no puede salir bien...-musitó Franky con angustia.
¿Cómo hemos llegado a esta situación? Remontémonos solo a media hora antes, en el despacho de Akainu. La luz filtrada a través de la cristalera roja iluminaba en la infernal estancia al violento y siniestro subdirector que escribía un correo secreto. La venta estaba casi terminada... solo quedaban unos pequeños detalles por precisar, como la hora de entrega del objeto...
-¡Sakazuki!-Sengoku entró como una tromba en el despacho de su subordinado, seguido por Aokiji y Kizaru y colorado por la rabia.
-Se llama antes de entrar-gruñó Akainu mientras apagaba su ordenador rápidamente.
-¿Cómo te atreves?-Sengoku lo fulminó con la mirada. Detrás suyo sus acompañantes también parecían alterados. El que menos Kizaru, que como siempre conservaba una escalofriante sonrisa burlona en su aburrido rostro.
-Ya le dije al director que no querrías verle, pero al parecer es un asunto muy urgente-dijo Kizaru sentándose en la silla frente a la mesa de Akainu que solía ocupar cuando iba a verle. Sengoku en cambio permaneció de pie, con los puños apretados.
-Vamos a ver... ¿y a qué debo el honor de tu visita?-le preguntó Akainu a Sengoku asesinandolo con la mirada. El director negó con la cabeza, indignado.
-El caso de Portgas D. Ace va a ser reabierto... al parecer alguien lo ha refutado-dijo Sengoku con voz temblorosa.
-Sí... han aparecido nuevas pruebas según me han dicho...-comentó Akainu distraídamente. Sengoku se le habría tirado encima en ese momento, pero como el hombre de orden que era consiguió contenerse.
-Pruebas que has fabricado tú mismo...-siseó-pruebas que harán que el director del Reformatorio quede en mal lugar... ya me costó salir bien parado del anterior juicio, y ahora vuelves a meterme en ello ¿quieres jugar duro, verdad? Hablemos claro...
-¿Claro?-Akainu estaba disfrutando enormemente de la furia explosiva de Sengoku. Aquel viejo payaso no le daba ningún miedo-escúchame, Sengoku... este Reformatorio necesita una dirección en condiciones... que no eres tú, eso está claro...
-¿Cómo te...?
-Si me atrevo-le cortó Akainu con dureza-tú estabas preparando un recurso para echarme apelando al Ministerio de Educación. Bien, yo me he adelantado. La Justicia caerá sobre Portgas D. Ace, y tú tendrás que responder por las pruebas que te acusan de negligencia...
-No... no...-Sengoku no encontraba las palabras adecuadas para expresar su superlativa furia-si te crees que esto es tan fácil... si te crees que has ganado.
-Lo he hecho-le cortó nuevamente Akainu llendo a su lado. Ahora el director parecía muy pequeñito, y el subdirector en cambio gigante. Cuanto tiempo llevaba Akainu esperando ese momento. Todo el control de Shinsekawa iba a ser suyo... y también mucho más...
-Si las pruebas son consideradas positivamente Ace morirá-dijo Aokiji con voz queda. Era el único en aquella sala a quien realmente le importaba algo el destino del muchacho-¿no te importa haber falsificado imágenes y testimonios solo para echar a Sengoku? ¿Te da igual la vida de ese chico, mientras tú consigas lo que quieras?
Akainu se acercó a Aokiji con una turbulenta sonrisa. Lo primero que tenía en mente el futuro director era obviamente despedir a su compañero psicólogo. Shinsekawa ya no necesitaría más de ese servicio en adelante.
-No es sólo Sengoku, ¿sabes? Esto es por venganza-susurró Akainu a Aokiji en la cara. Él lo entendió al instante.
-Luffy...-susurró. Así que era eso. Una venganza por todos los desafíos del chico del sombrero de paja. La muerte de su hermano, ejecutado por un crimen que no había cometido... y la coronación de Akainu como rey.
-No lo permitirán...-musitó Aokiji, impactado por el grado de maldad al que Akainu había sido capaz de llegar. Sabía que su compañero estaba loco... pero no esperaba que tanto.
-¿Quién no me lo va a permitir?-Akainu acercó tanto su rostro al de Aokiji que sus narices se rozaron. El psicólogo no le desvió la mirada. No le tenía miedo, pese a todo-dime, Aokiji... ¿quién va a impedirlo?
Aokiji negó con la cabeza y luego salió de allí. Sengoku al darse cuenta de que su único aliado se marchaba decidió imitarlo.
-Esto no ha terminado, Sakazuki-le advirtió-tú te marcharás de mi colegio...
Akainu no respondió. Sólo le vio alejarse con el rostro ensombrecido mientras se frotaba las manos. Que gran día tenían por delante. En tres días llegarían los padres y se llevarían a los niños. Muchas cosas cambiarían en Shinsekawa para el año siguiente...
-No hay que vender la piel del jabalí antes de haberlo cazado-le advirtió Kizaru, perspicaz como siempre-el chico aún no está muerto y el sombrero de paja ha estado investigando... sabe lo del pasadizo... y seguramente más cosas...
-¿Crees que habló con Buggy en Logetown?-preguntó Akainu, preocupado.
-Sí.
-Bien...-el subdirector se incorporó mientras se frotaba la nariz-vamos a buscarle.
Entretanto en su habitación Luffy había organizado a Zoro para que todos estuviesen preparados. Tras recibir la llamada de su hermano la tarde anterior contándole lleno de angustia el terrible destino que le podía deparar a Ace, Luffy había sufrido un ataque de ansiedad, que por suerte Zoro, Sanji y Law habían detenido. Después, ellos tres les habían explicado a los demás amigos de confianza la situación, y ahora todos estaban reunidos para determinar un plan. Les quedaban solo tres días en Shinsekawa... si iban a actuar debía ser ahora... porque no habría más oportunidades para demostrar la inocencia de Ace en el caso del incendio que provocó la muerte de un empleado y de Boney.
-Esto es lo que tenemos...-repasó Zoro con decisión-Ace está en la cárcel y si ese juzgado revisa su pena pueden llegar a condenarle...
-En menos incluso de una semana-añadio Law, sombrío.
-¿Es posible?-preguntó Usuff, consternado.
-Sí, si las pruebas son dadas por buenas se puede aplicar la sentencia original que Akainu reclamaba...-dijo Nami en un susurro.
-Y las pruebas acusan a Ace de provocar el incendio a propósito para... para matar a Boney-dijo Law. Todos se miraron, muy tensos. Luffy estaba en silencio, observando sus pies mientras escuchaba. Conociéndole como le conocían todos sabían que era tan sólo la calma que precede a la tormenta.
-Aún hay esperanza. Todavía podemos luchar-dijo Zoro con decisión, dando un golpe en la pared para intentar levantar los ánimos-Robin, tú tenías algo.
Todos miraron a la chica disimuladamente. Desde que se habían enterado de su historia con Crocodile eran muy cariñosos con ella y la trataban con especial dulzura.
Robin se tomó su tiempo antes de hablar.
-Akainu y Kizaru estuvieron en el ejército... por lo que sabemos en una misión en Irak...-dijo con voz queda.
-Protegiendo a las aldeas de los ataques de los terroristas islámicos-recordó Nami con un deje de impaciencia-sí, sí...
-Allí debieron de encontrar la piedra-dedujo Robin-y traerla de vuelta a casa en secreto.
-Después dejaron el Ejército para desviar sospechas y se instalaron en este Reformatorio-Zoro paseaba por la habitación, nervioso. Estaba en llamas. La urgencia de la acción y la indignación contra Akainu le sacudía como energía eléctrica.
-En algún momento Boney debió de descubrirlo... y por ello la mataron-dijo Nami, angustiada. Law agachó la cabeza con dolor-y culparon a Ace. Al que van a silenciar para siempre.
-Eso es todo lo que sabemos-completó Robin-pero no podemos probarlo. Al menos hasta ahora...
-Me parece muy arriesgado...-le dijo Zoro a su novia cruzando los brazos. Ella asintió.
-No os seguimos-intervino Sanji que al igual que Zoro estaba de pie dando vueltas por la habitación.
-Robin podría tener una pista... de Crocodile-dijo Zoro. Ella asintió-pero no es seguro...
Por primera vez Luffy levantó la cabeza y miró a su amiga, esperanzado. ¿Una posible prueba? ¿Qué podían haber encontrado?
-Él dice que tiene un testigo... de lo que ocurrió en Irak... al parecer él habría visto llevarse la piedra a Akainu-explicó Robin.
-Joder...-Law la miró con los ojos muy abiertos mientras se levantaba también.
-Pero entonces... entonces podemos pillarlo...-dijo Sanji levantando mucho las manos-¿no os dais cuenta? Lo podemos demostrar... ¡Podemos salvarle!
-No tan rápido-Usuff no estaba tan convencido-el robo de esa piedra no tiene nada que ver con Ace... Akainu se escurrirá y nadie podrá probarlo.
-Está el pasadizo...-recordó Sanji.
-Eso tampoco prueba nada-zanjó Zoro-Usuff tiene razón; necesitamos la piedra. Si no, no servirá de nada.
-El problema-dijo Robin mirando a Luffy preocupada-es que Crocodile me ha dicho que solo tendrá ese testimonio hoy... si queremos tenerlo... debemos ir a Logetown... quiere que yo vaya.
-Es una trampa-dijo Zoro secamente-no puedes ir.
-No hay más remedio-dijo Robin con angustia-necesitamos ese testigo... es lo único con lo que contamos...
-Pero Robin...-Nami al igual que Zoro no se fiaba un pelo-a lo mejor el testigo ni siquiera es real... a lo mejor todo es una farsa... y él solo quiere que vayas...
-Ya lo he pensado-dijo Robin, impaciente-¿pero acaso importa? No nos queda otra opción que ir allí. Si existe, puede darnos una pista... y si conseguimos que testifique, o al menos un video en el que aparezca testificando, eso cambiará las cosas en el juicio... Akainu ha presentado pruebas nuevas... pues nosotros también podemos.
-Robin, no puedes ir con él. Te llevará. Es una trampa, está claro-insistió Zoro desesperado. Crocodile ya sabría que seguían juntos, solo estaba jugando con su mente.
-¿Y qué quieres que haga?-Robin le miró con los labios temblando. Él nunca la había visto así de asuatada-¿sentarme a esperar a que gane Akainu? Si existe esa posibilidad... tengo que intentarlo... es mi responsabilidad.
Zoro miró a Luffy. Luffy miró a Law, que se encogió de hombros.
-Sí hay un testigo... lo mejor que podemos hacer es intentarlo-dijo Law finalmente.
-Yo no estoy nada convencida-agregó Nami, poniéndose del lado de Zoro.
-¿Existe la opción de que vayamos con ella? Así él no podrá hacerla daño-razonó Sanji intentando encontrar una solución intermedia.
-¿Crees que no podrá?-le preguntó Zoro sarcástico. Sanji rió.
-Tú lleva tu katana que yo llevo mis patadas... y a ver quien se atreve a acercarnos...
-Aunque me protegierais estaríais en peligro-reconoció Robin-yo no puedo permitir eso... iré yo sola.
-¡Ni hablar, iremos contigo!-dijo Nami cogiéndola de la mano-por ahí si que yo no paso.
-Eeeeeh, perdonad, pero se nos está olvidando un importante dato-dijo Usuff con delicadeza-¿como se supone que vamos a llegar a Logetown...? Porque está a kilómetros de aquí... y no podemos escaparnos...
-¿No podemos?-preguntó Zoro, embravecido.
-¿Alguien sabe conducir el autobús?-Sanji miró a Franky esperanzado. Este se encogió de hombros.
-Seguramente. Pero sería difícil robarlo... y nos detendrían antes de llegar. Recordad que Akainu le chupa la polla al comisario de Logetown...
-Smoker...-Zoro arrugó la frente, enfadado.
-La mejor posibilidad que tenemos de llegar entonces... es andando-dijo Usuff-por la carretera vieja...
-Llegaríamos por la tarde...-musitó Sanji-si no nos pillan antes.
Pero Nami estaba de acuerdo con Usuff. Si querían escaparse a Logetown la mejor opción era sin duda a pie por los bosques de la montaña. La policía no les buscaría allí si Akainu daba el aviso, pues no sabrían por dónde empezar. Ella sabía guiarse hasta la costa... La mejor forma de ir era sin duda así, esparcidos y ocultos, como los insectos.
-Escaparnos a Logetown con la que nos puede caer... estaríamos jodidos... para siempre-dijo Law. Nami le miró fijamente.
-No es necesario que vayamos todos...-le dijo con un tono duro.
-Quiero acompañaros-dijo Law apretando los puños valientemente-no dejaré que Ace muera.
Hubo un tenso silencio. Zoro entrecruzó una mirada con Nami, preocupado por Robin. No quería que le pasase nada. Ese puto cocodrilo...
Finalmente Luffy se levantó. Se puso su sombrero de paja, y los miró de uno en uno con seriedad. Su tripulación; sus nakamas. Era la hora de la verdad.
-¿A qué estamos esperando?-preguntó el chico, decidido-¡vamos!
Zoro y Law bajaron las escaleras hacia el pabellón de deportes esquivando a los guardias. Encontraron una de las cámaras espías de Koala, y sin pensárselo dos veces el peliverde la cogió y la estampó contra la pared, reventándola.
-¡Así se hace!-le animó Law, soltando una carcajada-vamos...
El armario de las espadas estaba cerrado con llave pero Law había aprendido un par de truquitos de Nami en el tiempo que estuvieron juntos... ¿cómo era? Dos hacia un lado, una hacia el otro... ¡Hecho! La puerta se abrió dejando ver a Ryuma, la katana de Zoro, colgando de la pared. Brillaba con una luz especial, parecía estar esperándolo para que él la cogiera y enfundara nuevamente, listo para derramar del enemigo la sangre.
-Jajaja, das miedo...-comentó Law mientras Zoro cogía la espada y la acercaba a su rostro, cerrando los ojos con solmenidad.
-Sí-él sonrió, salvaje. Ahora se iban a enterar...
Entretanto el resto de chicos corrían por el Reformatorio, listos para partir. Nami había llenado una mochila con botellas de agua y algo de comida que Sanji robó de la cocina de Zeff. Irían ella, el rubio, Luffy, Zoro y Robin. Los demás se quedarían en el colegio cubriéndolos e informándolos de lo que iba pasando a través del móvil.
-Vigilaré a Akainu-le dijo Usuff a Luffy con decisión-no te preocupes Luffy. ¡Tú solo salva a Ace!
-Sí...-Luffy miró por una de las ventanas al patio. Allí había varios policías vigilando a los alumnos. No sería complicado evitarlos. Pero había algo que no le encajaba. No podía ser tan fácil... no podía salir tan bien...
Luffy no veía las cosas como los demás chicos. Sería por sus muchos problemas de concentración, o por su forma optimista de ver la vida. Pero él pensaba cosas que los demás no pensaban. Y veía cosas que los demás no veían... y allí vio algo que los demás no habrían podido ver, ni hubiesen podido predecir.
-Usuff...-Luffy asintió lentamente mientras el plan cobraba forma en su mente.
-¿Qué pasa?-le preguntó su amigo mirándole preocupado. Admiraba tanto como temía esa expresión en el rostro de Luffy.
-Necesito que hagas algo más... a parte de vigilar a Akainu.
Unos minutos más tarde se reunieron listos para marchar. A Nami le sorprendió encontrarse con Law. Al parecer él estaba dispuesto a seguir hasta el final, aunque se jugase sus notas y su futuro.
-Entonces...¿nos vamos?-preguntó la chica mientras miraba al moreno de soslayo.
-Sí-dijo Law subiéndose la capucha de su sudadera-sé por dónde nos podemos largar... seguidme.
Bajaron las escaleras hacia el patio y desde allí Law les señaló los jardines exteriores. Más allá había un punto donde el muro era más bajo, y se podía escalar la verja metálica. Los seis fugitivos se miraron entre sí, preocupados.
-Es la única manera que se me ocurre-les dijo Law-pero tenemos que evitarlos...
Tres policías de Smoker vigilaban a unos chavales del tercer curso que estaban jugando al fútbol en el campo. Si querían salir al jardín necesitaban que ellos bajasen la guardia.
-¿Cómo nos los quitamos de encima?-susurró Nami.
-Habrá que pensar una distracción-razonó Zoro.
-¿Si? Joder, eso es fácil-Sanji se alejó del grupo y fue hacia unos niños de primero que estaban jugando al balón prisionero en corro. Al llegar a su lado gritó muy alto-¡Socorro! ¡Es Gekko Moriah! ¡Ha asesinado a Akainu!
-¡IIIIIIIIIIIIH!-la histeria colectiva al ser mencionado el nombre de Moriah enseguida cundió entre los niños. Algunos solo deseaban alguna excusa para montar bronca pero el caso es que mientras gritaban y corrían por todas partes los policías corrieron a calmarlos, preocupados de que pudiese degenerar en algo peor, y así Luffy y sus amigos pudieron deslizarse rápidamente por detrás de las gradas.
Una vez las dejaron atrás recorrieron el ancho jardín del Reformatorio hacia el muro de piedra que lo protegía. Tal y como había previsto Law esa zona era un poco más baja y tenía salientes que permitían escalarlo. Law fue el primero en trepar, seguido de Luffy y Sanji.
-Si nos ven ahora nos cogen-les advirtió el moreno-¡tenemos que ir rápido!
Zoro ayudó a Nami a tomar impulso para escalar, y luego subieron él y Robin. Una vez en lo alto del muro pudieron contemplar el Reformatorio y el patio. Nadie los veía. Los profesores y guardianes estaban todos concentrados en el interior del colegio y habían dejado los jardines descuidados.
-Si nos vamos ahora ya no habrá vuelta atrás...-susurró Nami mirando al Reformatorio y luego a sus amigos con miedo. Ellos también parecían un poco preocupados. Fue Sanji sin embargo quien dio el primer paso.
-A la mierda-dijo el rubio con decisión, y aferrándose a las afiladas varillas de la alambrada la escaló para escapar por fin. Envalentonados por su amigo, los demás lo imitaron.
-Aaaaaah...-Nami observó como las manos se le cortaban con el metal de la verja mientras hacía fuerza para escalarla. Había concertinas puestas, como en las prisiones, intentando evitar que se escaparan. Nami vio como a su lado la cuchilla de una de estas concertinas se clavaba de lleno en la palma de la mano de Robin, pero su amiga cerró los ojos con fuerza e ignorando el dolor continuó escalando hasta saltar al otro lado. La pelirroja se había quedado la última, y al llegar a lo alto de la verja se dio cuenta de que le iba a costar mucho bajar.
-Mme... me voy a caer...-dijo Nami preocupada. Podía romperse la espalda desde aquella altura. Ahora sí sentía miedo.
-¡Tranquila, salta!-dijo Zoro que ya estaba al otro lado con el resto.
-¿Seguro?-Nami tembló, a punto de perder el equilibrio.
-¡Haznos caso, salta!-insistió Zoro con tono tranquilizador. Nami saltó y entre Zoro y Luffy la cogieron antes de estrellarse, con sorprendente suavidad, depositandola después en el suelo como una figura de porcelana.
-Te llevo esto-dijo Sanji secamente mientras le cogía la mochila a Nami con las provisiones.
-¿Estás bien?-le preguntó Luffy a su novia. Ella asintió, colorada.
-Ssí... perdonad, he sido una inútil...
-No digas eso-dijo Zoro ayudándola a incorporarse.
-Tío... estamos fuera...-Law miró la verja del Reformatorio. Extraño ¿no? Pero era así de verdad. Estaban fuera, y eran libres... era casi como si Akainu, Mihawk, y los demás profesores y alumnos no existieran. En ese momento al estar fuera otra vez Zoro respiró fuertemente el aire puro del campo y no pudo evitar sonreír.
Pero solo fue un segundo, porque la situación no estaba para risas.
-Seguiremos la carretera hasta el bosque de Haiku-dijo Zoro mirando en su móvil la ruta-y después el camino que lleva a la ciudad...
-Marimo, será mejor que lo lea otro de nosotros porque en lo que es orientarse te veo mal-dijo Sanji abriendo la ruta con su teléfono-mira, por aquí...
Se pusieron en marcha. Tanto Luffy como Law lanzaron una última mirada al Reformatorio. Eran los que más tiempo llevaban llendo, y para ambos había sido, irónicamente, como una segunda casa. Ahora... ¿volverían alguna vez a verlo?
Desde las ventanas del Reformatorio vigilando discretamente Usuff, Franky y Chopper les habían espiado viéndolos marchar.
-¿Lo conseguirán?-preguntó Chopper muy angustiado. Ojalá pudiera él hacer algo más.
-Claro que sí. Luffy es el mejor-dijo Franky. Pero no parecía muy convencido. Usuff tampoco lo estaba. Y aún más inquieto se encontraba por la misión que Luffy le había encomendado. Dándose la vuelta corrió a su cuarto. Necesitaba el ordenador, tenía que ponerse a ello cuanto antes.
Unos pisos más arriba alguien más había visto la fuga. Como él siempre decía, nada pasaba por alto a sus ojos en su colegio. Sengoku asintió lentamente mientras veía a Monkey D. Luffy escapar. Hasta ahora él nunca había hecho nada por proteger a Ace ni se había interesado por su inocencia, pero las cosas cambiaban sabiendo que se jugaba su puesto.
Si Luffy vencía, sería la salvación de Shinsekawa, y la caída de Akainu.
-Buena suerte, Monkey D.-susurró Sengoku mientras cerraba las cortinas y regresaba a su despacho...
Cubiertos de moratones y heridas sangrantes los seis fugitivos del Reformatorio Shinsekawa recorrían la carretera en completo silencio. Cada uno estaba sumido en sus propios y turbulentos pensamientos. Law parecía especialmente preocupado. Caminaba al lado de Sanji, Zoro y Robin, mientras que Luffy y Nami se habían adelantado e iban dados de la mano, hablando en susurros. Ella le estaba diciendo que estaba preocupada por lo que pudiera pasar, pero Luffy la tranquilizó.
-Tengo un plan Nami... por una vez creo que sí-dijo Luffy con confianza-solo tengo que esperar... Shanks estará orgulloso...
-Seguramente-reconoció Nami acariciandole el negro cabello al chico. Luego le besó en el corte que él se había hecho escalando en el cuello-todo saldrá bien...
-Lo que me gustaría entender es la verdad...-reconoció Luffy con voz queda-por qué tuvo que ser Boney... por qué tuvo que acabar así...
-A veces no hay un por qué... las cosas suceden así porque sí-respondió Nami apoyando su cabeza en el hombro.
-Te quiero...-Luffy la besó en la frente con fuerza-y eso sí sé porque es.
Desde atrás Sanji emitió un ruido ahogado mientras desviaba la mirada para no verlos. Zoro se dio cuenta pero no dijo nada. No se metería con su amigo por ello. Pero empezaba a entender por fin lo que realmente había ocurrido entre Sanji y Viola...
-Va a llover...-comentó Law preocupado, señalando al cielo.
-Será lo que nos faltaba-siseó Sanji, sarcástico.
-Lloverá mañana-les dijo Nami desde delante-hoy aún aguanta.
-Tienes muy buen ojo para el clima-observó Law.
-¡Pues claro!-rió ella, divertida-Pregúntale a Robin...
-Haced caso a la navegante. Nunca se equivoca-agregó su amiga y las dos se miraron con complicidad.
Sin embargo los ánimos andaban bastante decaídos. Cuando dejaron de seguir la carretera de la montaña para continuar la marcha por el arcén de la autopista general, los seis adolescentes se mostraban malhumorados y decaídos. Llevaban ya dos horas andando, les dolían los pies y apenas habían comido.
-Tomad...-Sanji sacó de la mochila los improvisados bocadillos. Luffy y Zoro zamparon con avidez-no seais tan ansiosos, que hasta que lleguemos no hay nada.
-Joder...-gruñó Zoro atragantándose con el pan.
Robin y Luffy eran los que mejor humor mantenían. Ella se mantenía serena y observaba el verde paisaje curiosa mientras caminaba del brazo de Zoro, quien además la había vendado la herida de la mano con un trozo de su camiseta. En cuanto a Luffy silbaba distraído una alegre cancioncilla, la misma que tenía en su tono de llamada. La conversación y los besos de Nami habían conseguido ponerlo de mejor humor. Seguía teniendo miedo por Ace, mucho. Pero como su mismo hermano mayor ya le había dicho una vez, tener miedo no sirve de nada. En cambio mantenerse constante sí.
Luffy canturreó la canción de la batalla de bandas que Brook había escrito para ellos. Los chicos le miraron extrañados. Sabían lo que intentaba pero no iba a conseguirlo.
Pero le estaban subestimado. Luffy se colgó de la espalda de Zoro y siguió cantando la canción hasta que su mejor amigo le siguió, y Robin también. Enseguida se les unieron Nami, Law y finalmente Sanji que era junto a Zoro quien en un principio la había cantado durante el concierto en el estadio.
Finalmente todos cantaron "School of Rock" a la vez dando palmas y haciendo solos mientras los coches pasaban cerca suyo y los miraban extrañados. Los negros nubarrones que bordeaban las montañas fueron quedando atrás mientras bajaban a la costa, y también su mal humor fue desterrado.
Zoro vio como Robin los miraba a los cinco enternecida. Sabía lo que ella sentía, porque él lo sentía igual. Se sentía feliz de tener unos amigos así. Los ojos azules de la chica brillaron de emoción mientras cantaban y Zoro supo que ese momento nunca podría olvidarlo.
-¡Estamos llegando y no son ni la tres!-exclamó Zoro animado-tal vez tengamos algo de suerte...
-Siempre dije que eras un trébol de cuatro hojas-se cachondeó Sanji frotándole el pelo-nos traes suerte.
-Que sí, que es porque tengo el pelo verde lo hemos pillado-se burló Zoro rascándole también el rubio cabello a Sanji-no te ha quedado muy bien esta última eh...
Mientras Law reía a carcajadas ante la pelea de los dos "machos", Luffy se puso la mano en la frente y oteó el horizonte. El mar y los desgastados edificios de Logetown ya estaban a la vista...
-Hemos llegado-dijo el chico mirando a Nami con angustia-el testigo nos espera...
-Pues no le hagamos esperar-le apremió ella, y siguieron andando.
Zoro abrazó por detrás a Robin y la besó en la mejilla. Ella suspiró. Sabía lo que él iba a pedirle.
-No quiero que vayas a verle... quiero que te quedes al margen-le pidió el chico con voz ronca mientras la apretaba contra su cuerpo. Robin le puso una mano en la mejilla mientras se giraba para verle mejor y besarlo
-Solo va a ayudarnos si yo doy la cara-le dijo, intentando calmarlee-tranquilo, yo razonaré con él... puede ser razonable...
-No lo creo-la cortó su novio. Robin sonrió con tristeza.
-No tenemos elección Zoro. Si queremos ayudar... y salvarle... tenemos que exponernos a esto...-le dijo con calidez.
-Pero...-Zoro tembló un poco con solo pensarlo-¿y si te pasa algo? ¿o me pasa a mí? No quiero... no quiero perderte.
-Y no lo harás-Robin le besó en los labios y luego se separó, sonriéndole-¿no lo entiendes? Nos queremos... nada puede separarnos.
Zoro no lo entendía, pero no quiso preocuparla más. Siguieron el camino hasta entrar en Logetown. Allí hacía más calor y enseguida empezaron a sudar. Law se tiró por encima el botellín de agua mientras se quitaba su sudadera y se la anudaba en la cintura.
-Qué calor hostia...-farfulló el moreno mientras se echaba el cabello empapado hacia atrás.
-Ya ves...-Sanji vaciló-¿ahora por dónde vamos?
Todos miraron a Robin a la espera de una respuesta. Ella miró su teléfono antes de contestar.
-Bar Sham... no está lejos de aquí-les indicó la calle que debían seguir. El grupo la siguió en silencio. De repente Nami ahogó un grito y los hizo seguirla hasta meterse en un callejón.
-¿Qué pasa?-preguntó Zoro, alarmado.
-Mira...-Nami señaló a un coche patrulla que en ese momento pasaba a su lado. En él dos policías circulaban aburridos.
-Los maderos...-murmuró Law encogiéndose al lado de Zoro.
-¿Qué es lo que pasa? No saben que nos hemos ido...-dijo Luffy extrañado.
-Claro que sí-replicó Nami-Akainu puede haberse enterado ya de que no estamos y haber atado cabos. Recuerda que la última vez también llamó a Smoker, Luffy.
-Ya me acuerdo, pero Usuff está vigilando a Akainu. Si ve algo sosopechoso nos escribirá, se lo dije yo-rebatió Luffy testarudo, enseñándole a Nami en su móvil el chat de Usuff. De momento sólo había un mensaje de su amigo en el que ponía "todo tranquilo", así que podían confiarse... Nami no estaba muy convencida pero prefirió no discutir. Eran las tres y el tiempo apremiaba.
-¿Hasta que hora dijo que estaría en Logetown ese capullo?-le preguntó Sanji a Robin resoplando. Él al igual que Luffy estaba indignado con la historia de Robin y quería ajustarle las cuentas a su siniestro padre adoptivo.
-Dijo que comería aquí... aún no habrá terminado...-con la mano vendada Robin se secó el sudor de la frente. Su largo cabello negro lo había recogido en una coleta intentando sofocar algo aquel calor.
Entonces divisó el bar. Y allí estaba él sentado, como si nada, tomándose unas gambas en las mesas de la terraza mientras leía el periódico con su habitual gesto aburrido. ¿Cómo podía permanecer allí impasible, como si nada? Robin sabía que Crocodile se había vuelto cada vez más desconfiado y paranoico con sus enemigos, y no le sorprendió divisar pronto al señor 1 en otra mesa, oculto tras unas gafas de sol y una gruesa peluca.
-Yo no veo al "testigo"-dijo Zoro echando mano a su katana. Robin tragó saliva.
-Tenemos que tener cuidado...-dijo la chica preocupada-trama algo...
Era tarde para los avisos porque Luffy había echado a andar hacia Crocodile con cara de malas pulgas y los puños apretados. El mafioso le vio acercarse sin poder camuflar su sorpresa y le miró con interés, dejando a un lado las gambas mientras se encendía otro de sus cigarros habanos.
-¡Luffy, no!-Zoro corrió hacia él enfadado y preocupado. No se hacía idea de lo que era capaz aquel bastardo descorazonado.
-¡Eh tú, Cocodrilo!-le gritó el chico, desafiante. Los demás clientes de las mesas se giraron sorprendidos mientras el aludido levantaba una ceja, escéptico. Aquel debía ser el otro amiguete de Robin, un payaso retrasado que al parecer tenía a su hermano en la cárcel...
-¿Qué quieres?-le dijo Crocodile a Luffy mientras echaba una calada de su cigarro y rasgaba la superficie de la mesa con su garfio.
-¡Qué dejes de fumar!-le gritó Luffy. Crocodile abrió mucho los ojos, al igual que el señor 1-¡y que dejes a Robin en paz! ¡Es mi amiga, y tú un gilipollas!
-Caray...-el señor 2, escondido detrás de una columna, dejó escapar un silbido asombrado.
-Luffy, tío...-Zoro no pudo evitar reír ante el descaro de su amigo. Pero Luffy no iba en broma. Fulminaba con su mirada a Crocodile y parecía dispuesto a tirarse encima suyo.
-No puede evitarlo, siempre tiene que dar la nota-Sanji estaba igualmente asombrado. Por su parte Nami miraba a Crocodile con espanto, y Robin con preocupación. Se habían metiendo en la boca del lobo... pero ya era demasiado tarde.
-¿Algo más, chico?-le preguntó Crocodile a Luffy mientras cruzaba las piernas y se echaba hacia atrás su larga melena negra, vanidoso.
-¡Sí!-Luffy miró a sus amigos y luego de nuevo al gángster-vas a ayudarnos, ¿no? Dinos dónde está el testigo para ayudar a mi hermano...
-Y yo que sé dónde coño está ese testigo, si yo lo único que quería era que me la trajerais-replicó Crocodile tan seco como siempre-no hay testigo, y tu hermano está condenado... no lo siento.
Ahora era Luffy el que estaba atónito. Mierda, mierda... habían picado. Acababan de encontrarse con el muro del callejón sin salida. Volvían a estar como al principio, sin nada... y corriendo ahora un grave peligro.
-Nos vamos Robin-dijo Crocodile poniéndose en pie y avanzando hacia los muchachos-no tengo ganas de liarme a tiros con Bege porque meta las narices otra vez en mis asuntos...
Robin miró a Crocodile aterrorizada. Luego nuevamente a Zoro, que estaba a su lado. Él quería defenderla, pero sabía que ahora no le tocaba hablar. Ella debía hacerlo sola...
-Nno...
-¿Perdona?-Crocodile aplastó su cigarro en las gambas con rabia contenida-no te he entendido...
-No voy a volver y lo sabes-dijo ella, y su voz ya no tembló. Zoro la miró, fascinado. Ella por fin se estaba alzando, y ya no tenía miedo-te agradezco lo que has hecho por mí, pero ahora deja que ne vaya.
-No hay ni un "por favor"-observó Crocodile, ahora burlón.
-Ya lo sé-respondió Robin con dureza. No iba a suplicarle nada. Nunca.
Luffy debió de sentir que ya había estado demasiado tiempo callado.
-¿La has oído Crocomierda? ¡Déjala en paz! Y ahora por tu culpa estamos en un puto lío-avanzó hacia él insultándole cuando Crocodile puso los ojos en blanco y le sacudió con el garfio en la cara, derribándole.
-¡Luffy!-Sanji y Zoro ayudaron a su amigo a levantarse mientras a él le sangraba la nariz.
-Eres... duro...-dijo Luffy, escupiendo sangre.
-Y tú un necio-respondió Crocodile-ya me he cansado de esto.
De las mesas vecinas se levantaron todos los demás comensales. Resultó que todos eran matones de Crocodile, pertenecientes a su siniestra familia criminal. A la cabeza estaban el señor 1 y el señor 2, que sonriendo les enseñaron a los chicos sus navajas.
-Nno nos harán daño... ¿verdad?-preguntó Nami en un susurro-sería una tontería ir a la cárcel por eso.
-Cariño...-Crocodile sonrió mientras le guiñaba un ojo con complicidad a la pelirroja-es que por eso yo no iría a la cárcel...
Los matones rodearon a los seis chicos. Era tal y como Zoro se temía...
Iban a llevarse a Robin, y a ellos seguramente los harían picadillo.
-"Y una mierda. Yo sí que me he cansado"-pensó el peliverde, y entonces desenfundó la katana. Varios de los matones retrocedieron, asustados, pero Crocodile no lo hizo, fulminando con la mirada al chico.
-Ya te advertí lo que pasaría si volvíamos a cruzarnos...-le dijo levantando su garfio.
-Alguien debió advertirte de lo que te pasaría a tí-respondió Zoro con bravura, y girando la katana en el aire le hizo un corte a Crocodile en el pecho. El mafioso gritó, furioso, mientras sus ayudantes corrían a socorrerle y en ese momento Law le sacudió un puñetazo a otro de sus matones en la cara y echó a correr por la calle. Aprovechando la confusión los demás les imitaron. Uno de los matones estuvo a punto de agarrar a Zoro pero entonces él giró su katana nuevamente y le hizo un profundo corte en el brazo.
-¡JODER! ¡HIJO DE PUTA!-gritó el criminal mientras caía al suelo. Zoro movió la katana en señal de advertencia pero en ese momento Crocodile sacó su pistola y sin pensarlo más disparó.
-¡JODER!-la bala rompió la punta de la katana de Zoro y el chico echó a correr siguiendo a sus amigos. Para dejar atrás a los matones de Crocodile se saltaron un semáforo en rojo y a Sanji estuvieron a punto de atropellarle, aunque afortunadamente el chico fue lo suficientemente ágil como para esquivar el coche a tiempo.
-¿Eres gilipollas?-le gritó el conductor asomándose por la ventanilla. Sanji le hizo un corte de manga mientras continuaba corriendo a toda prisa.
-¿Por dónde, por dónde?-le preguntó el rubio a Luffy y Law que iban corriendo los primeros.
-¡A escondernos!-gritó Law.
-¡A Shinsekawa!-gritó Luffy.
-¿Te has vuelto loco?-gritó Sanji aún más alto que ellos dos-¡Van a matarnos!
Los matones de Crocodile aparecieron detrás suyo y los chicos echaron a correr nuevamente presas del pánico. El señor 1 y el señor 2 les cortaron el paso al torcer la esquina, pero Zoro sacó su katana y el señor 2 se fue corriendo y chillando mientras el 1 recibía un corte en el rostro.
-Te mataré por esto chico-le dijo él, amenazante.
-¡Sí!-el señor 2 iba a sacar su pistola pero Luffy le lanzó la tapa de un cubo de basura y lo derribó. Después siguieron corriendo por las callejuelas de Logetown zigageando para esquivarlos y se metieron en un mercado. Empujando a la gente lograron apartarse, o eso creían porque entonces se encontraron con otro obstáculo inesperado.
-¡Quedáis detenidos! ¡No os movais!-el capitán Smoker apareció como salido de la nada flaqueado por tres de sus policías. Los chicos dieron un respingo al verle. Seguramente acababa de darles alcance.
-Me cago en la puta...-dijo Law llevándose las manos a la cabeza. Pero Luffy tiró de él y de Nami y los metió en otro callejón.
-¡Corred, rápido!-dijo. Entre tanta gente era más difícil que la policía les echase el guante.
Saltando puestos de comida del mercadillo y esquivando a los vendedores ambulantes Luffy, Nami y Law se fueron por la izquierda mientras Zoro, Robin y Sanji se veían obligados a torcer a la derecha por donde uno de los policías los estaba esperando. Zoro no dudó en sacar la katana para defenderse y al hacerlo la gente se asustó y echó a correr. Una señora gorda se calló encima del policía y ellos pudieron escapar gracias a ese golpe de suerte.
-¡Guarda esa mierda, no puedes atacar a un policía!-le gritó Sanji a Zoro, exasperado.
-¡Claro que puedo!-respondió él embravecido. Estaba muy nervioso. Nunca debería haber permitido aquel viaje, habían depositado todas sus esperanzas en ello... ¿Cómo se suponía que iban a escapar ahora de aquel percal?
Los agentes de policía hablaron por sus comunicadores con el capitán Smoker.
-No les vemos... peinaremos el mercado-informaron.
-Bien-gruñó el capitán-Akainu no va a estar nada contento... me cago en la puta... cerrad las salidas de la ciudad... poned puestos de vigilancia...
-Estamos muertos...-jadeó Law mientras echaba un vistazo a la calle. La policía estaba entrando en los bares y tiendas para ver si los encontraba.
Ellos se habían escondido en un piso cercano que cuya dueña, una abuelita indefensa, estaba durmiendo la siesta. Habían escalado por el balcón y ahora espiaban desde allí.
-Qué raro... Usuff no me ha escrito nada sobre Akainu...-Luffy pasó la pantalla de su móvil, preocupado-tenemos que encontrar a los otros...
-Si les hacen algo...-susurró Nami, acongojada. La sola idea de pensar que a Zoro, Sanji o Robin pudiera pasarles algo grave la hacía sentir mareos.
-Aunque les encontremos de poco nos va a servir...-musitó Law-conozco a estos polis, seguro que nos han cerrado las salidas de la ciudad... no podremos regresar a Shinse, ni de coña.
-Claro que podemos-dijo Luffy, contrariado-¡Ace está en peligro! ¡Tenemos que salvarlo!
-¿Cómo?-Law negó con la cabeza, consternado. El moreno siempre había servido de guía a Luffy como su protector y amigo de su hermano. Pero ahora Law era incapaz de darle ningún consejo sabio. Se había quedado sin ideas. Y Nami también.
-Es imposible que escapemos de aquí Luffy...-dijo la pelirroja notando como el corazón la palpitaba con fuerza-nadie va a ayudarnos...
Luffy la miró y para sorpresa (y alivio de ella) sonrió.
-Te equivocas. Sé quién nos ayudará-dijo, convencido-para eso están los amigos...
-Agggh...-Zoro echó la cabeza hacia atrás mientras intentaba pensar algo. Había parado de correr tras unos intensos minutos de huída. A su lado Sanji y Robin jadeaban agotados. Él aún podía aguantar gracias a su entrenamiento extremo pero sabía que tras un día tan cansado como aquel sus amigos estaban al límite de las fuerzas... Las fuerzas fallarían, y entonces todo se habría acabado.
-Ahora lo entiendo...-la fría voz de Crocodile los sobresaltó. Zoro echó mano a su katana, pero el seño le apuntaron a la cabeza. Se quedó quieto. Nunca le habían puntado con un arma... empezaba a temerse que aquel fuera a ser el final.
-No...-Sanji intentó proteger a Robin poniéndose delante, pero ella no iba a dejar que le hicieran daño a su novio. Adelantándose se encaró con Crocodile.
-Déjanos ir. Por favor-ahora sí suplicaba. Eso le gustaba al señor de la mafia. Le gustaba oír suplicar... nunca oiría suficientes súplicas como para sentirse satisfecho.
-No voy a hacerlo. Tú te vienes. Y ellos se van-dijo. Con "se van" quería decir de este mundo, claro. El señor 2 rió malvadamente mientras apuntaba con su arma al pecho de Zoro.
-Va a ser una pena... perder a un chico tan especial...-dijo el señor 2 pestañeando dulcemente mientras miraba a Zoro con lujuria. Él le ignoró.
-Cómo decía, ahora entiendo por qué te enamoraste de él-dijo Crocodile-tú tenías razón Robin, no es como los demás. Es...
"¿Valiente...?-Zoro miró a Crocodile con fiereza. Si iba a morir, moriría luchando.
-Es bueno. De verdad-dijo el mafioso. Zoro le miró asombrado, y Robin también. A Crocodile le molestó su estupor así que volvió a concentrarse en lo verdaderamente importante-...seguro que le vas a recordar con cariño...
-¡No!-pidió Robin desesperada-¡No, por favor, no le hagas daño! ¡Déjanos ir, por favor, déjanos...! No lo hagas...
Lloró. Y entonces para Zoro todo lo demás dejó de tener importancia. Verla así hizo que se le revolvieran las entrañas. Los ojos de Robin estaban enrojecidos y las lagrimas brotaban de ellos mientras un intenso dolor se reflejaba en el delicado rostro de la joven. Que bella era... como la quería...
-No... no... mírame Robin... por favor, no...-pidió él, acercándose a ella. Crocodile los miró con el rostro ensombrecido. Como le estaban recordando... a sí mismo.
Zoro cogió las mejillas de Robin y la besó. Ella le miró angustiada pero él la besó nuevamente, varias veces. La amaba. Joder, ella era lo mejor que le había pasado en toda su vida. Una luz cálida y clara, inesperada pero ahora imprescindible, en medio de las tinieblas de su soledad. Si iba a morir no sería luchando... sería en sus labios...
-Te quiero... tú lo dijiste... te quiero... y estaremos juntos.. pase lo que pase...-dijo Zoro con los ojos annegados-no llores... te amo..
Robin abrazó a Zoro mientras se serenaba.
Entonces, volviéndose hacia Crocodile enfrentó su mirada con la de él. Crocodile vio una vez más la pureza en los ojos de Robin, y tuvo que desviar sus propios ojos, incapaz de soportarla. Como le impresionaba...
-No le mates... sé lo que quieres. Y... y lo haré. Pero no le mates-le pidió la joven.
-¡NO!-gritó Zoro, desconsolado-¡No lo hagas!
A su lado, Sanji también estaba paralizado. El rubio miraba a los dos amantes, desconsolado, buscando una manera de ayudarlos... pero no se le ocurría nada... solo podía contemplar aquella escena tan sobrecogido como los demás.
-¿Aceptarías... despues de todo?-Crocodile miró a Robin y esta vez no había crueldad ni burla, si no la más absoluta sorpresa... ¿ella sería capaz de aceptarle a él por salvar a ese chico? O más bien, la pregunta más importante, era si él sería capaz de obligarla a llegar a ese punto, solo por su propio deseo... ¿lo era...? ¿Podía ser tan cruel?
Claro que sí.
-¿Vendrás conmigo... y aceptarás mis votos?-le preguntó Crocodile a Robin en un susurro. Ella apretó la mano de Zoro mientras temblaba, conmovida.
-Es la única forma...-le preguntó con un hilo de voz. La cabezada que dio Crocodile fue más una sentencia que un asentimiento. Robin tragó saliva, mientras se secaba las lágrimas. Un intenso silencio se había hecho en aquella callejuela... Zoro ya no escuchaba nada, salvo los latidos de su propio corazón.
Un corazón que nunca podría dejar de latir por Robin.
-Sí... acepto-dijo ella finalmente-pero por favor... déjalos en paz... no los hagas daño...
Crocodile miró al señor 1 y al 2, que aunque lo disimulaban también se habían emocionado. Ellos la conocían desde niña, como su jefe. Aquello era duro de ver, incluso para aquellos descorazonados bastardos.
-Sea...-aceptó el jefe mafioso finalmente, ofreciéndola su mano-entonces vámonos... tenemos que hacer un largo viaje...
-¡No!-Zoro quiso ir hacia ella pero el señor 1 le metió un fuerte derechazo en el estómago. Zoro iba a contratacar, pero Robin le detuvo.
-No lo hagas... por favor... todo saldrá bien... tú lo has dicho-le recordó ella mientras forzaba una sonrisa intentando tranquilizarle.
Zoro se detuvo lentamente mientras se zambullía en sus ojos azules una vez más.
-Al final nos enamoramos... tenías que ser tú-dijo mirándola nuevamente. Su pelo, sus ojos... aquella sonrisa... Robin. Simplemente quería fundirse en su cuerpo y quedarse así para siempre.
-Snif... ya te dije que no suele salirme bien...-susurró ella mientras Crocodile la apretaba de la mano. Zoro sonrió, pese a que ahora él también estaba llorando.
-Es suficiente. Vamos-a un gesto de Crocodile sus sicarios golpearon con la culata de su pistola al peliverde y a Sanji, dejándolos inconscientes en aquel oculto lugar. Robin ahogó un grito al ver caer a Zoro pero no pudo hacer nada. Crocodile se la llevó a rastras hasta su lamborghini y la metió dentro sin más contemplaciones.
-Te advertí lo que podía pasar-dijo el mafioso con voz ronca-ahora los dos tenemos el corazón roto... ahora los dos nos hemos condenado... pero tenemos un acuerdo... ¿lo cumplirás?
Robin miró hacia la calle por donde acababan de dejar a Zoro mientras los ojos le ardían al igual que el corazón. Debía protegerle.
-Ssí... lo haré...
Crocodile estudió su rostro, y decidió que era sincera. Subiéndose él también en el coche seguido del señor 2 cerró la puerta fuertemente, y enseguida arrancaron y se fueron de allí.
Robin giró una última vez la cabeza hacia la ciudad. Zoro todavía no se habría despertado. Sabía que al hacerlo vendrían la desesperación y el dolor. Sabía por lo que iba a pasar... pero también sabía que él la buscaría, que no descansaría hasta encontrarla, ella estaba segura de eso...
Ahora sabía que había alguien que todas las noches pensaría en ella... y que en algún lugar de aquel frío mundo, ella tenía un hueco esperándola en su corazón. Y pese al dolor que la apuñalaba mortalmente en esos momentos, Robin sonrió. Ella podía haberle salvado a él, pero sin duda también él la había salvado a ella.
-¡Lleváis una hora entera buscándolos! ¡Encontradlos, joder!-le gritó el capitán Smoker a sus hombres por radio. Ellos gruñeron mientras seguían registrándolo todo. Ni rastro de una solo de aquellos seis chicos...
Los coches de policía se habían movilizado a las principales salidas de Logetown. Estaban parando coches y los caminos que llevaban al bosque estaban cerrados. De igual forma varias lanchas del cuerpo surcaban la playa por si los fugitivos adolescentes intentaban una huída por mar.
La gente había notado estos cambios y se habían asomado desde sus casas. Muchos se acercaban a preguntar que era lo que pasaba. En general reinaba la confusión, por lo que Smoker y los suyos estaban especialmente alerta. No podían permitirse tener un desliz. Aquellos desvergonzados muchachos fugitivos serían detenidos, no iban a volver a burlarlos.
Pero no contaban con lo que estaba a punto de pasar. Porque una vez más el sombrero de paja Luffy y sus chicos tenían un plan tan inesperado e improbable que nadie más lo habría podido llegar a pensar.
-¿Estamos listas perras?-canturreó Ivankov mientras detrás de él se alineaban todos los travestis de la discoteca Okama, llenos de flores y guirnaldas. Eran ya casi las seis de la tarde y empezaba a refrescar. No era un mal momento para un buen desfile. Sobre todo si ofrecía el toque excesivo y burlesco que a Ivankov le solía gustar... y si además servía como tapadera para nuestros amigos.
-Y uno, y dos... y...-chilló Ivankov: del garaje del Okama salió una enorme carroza con forma de pavo real rosa sobre la que bailaban los okamas. Normalmente la utilizaban en el desfile de carnaval, en febrero, pero ahora necesitaban improvisar y la habían preparado en un momento.
-¡SIIIIII! ¡Gay fest! ¡Feliz día del orgullo reinasss!-cantó Ivankov poniéndose en lo más alto de la carroza mientras una lluvia de pétalos de rosa le cubrían a él y a su séquito. La música comenzó a sonar en los altavoces de la carroza mientras los travestis tiraban confetis y caramelos a la gente que, pasmada, se iban apiñando a los lados de la acera para contemplarlos. Ivankov saludaba como si fuese de la realeza mientras meneaba sus gruesas nalgas operadas, enfundadas una vez más en látex negro.
-¡Feliz día Logetown! ¡Cantad con nosotros y pintemos juntos un arco iris de color!
"Don't go for second best baby
Put your love to the test
You know, you know, you've got to
Make him express how he feels
And maybe then you'll know your love is real"
-¿Pero qué cojones...?-el capitán Smoker se volvió para ver con sorpresa el pintoresco desfile que se acercaba por la avenida principal bloqueandole el paso a sus coches-¡Me cago en la puta! ¿Es que se han vuelto locos? ¿Qué están haciendo?
-¡Yuhuuuu!-Ivankov pataleó montado en la cabeza del pavo real mientras dos tíos enormes vestidos de esclavos egipcios le abanicaban con plumas rosas-¡Feliz día del travestí! ¡Okama way!
-¿Qué...?-Smoker se acercó al desfile al que cada vez se estaban uniendo más personas. Poniéndose las manos sobre la boca comenzó a bocear a Ivankov-¡Detén este desfile ahora mismo! ¡Tenemos que circular por esta calle!
-¡No puedes detener el ritmo baby!-Ivankov tiró de una palanca y de las alas del pavo real brotaron chorros de champán que le cayeron en la boca a la gente. A Smoker casi le pisotea una alocada multitud atraída por el posesivo espíritu fiestero de Ivankov. Estaba atardeciendo, y la cosa prometía mucha juerga.
-¡Os vamos a multar! ¡Deteneos ahora mismo!-ordenó Smoker que explotaba de rabia. Intentó subirse a la carroza para hablar con Ivankov pero entonces los okamas le capturaron y le cubrieron el pelo con guirnaldas de flores. Smoker escupió furioso mientras a su alrededor los travestís cantaban y se besaban sin ninguna vergüenza.
De repente se le ocurrió algo. Era mucha coincidencia que se estuviera montando aquel jaleo justo ahora...
-Intentáis protegerlos...¿eh? pues no va a colar-dijo el capitán con una desagradable sonrisa. Cogió el comunicador y llamó a gritos a sus compañeros-¡Aquí ahora mismo!
-¡Hay que detener esa carroza!
Siguiendo las órdenes de Smoker cinco agentes de policía subieron al pavo real e intentaron pararlo mientras los travestís les besaban y cubrían con guirnaldas. Entre aquella marea creciente de personas los agentes no podían escuchar las instrucciones de su capitán y fueron incapaces de cumplir sus órdenes. El desfile okama continuaba, y todos los policías concentraron sus fuerzas en acabar con él.
Era lo que Luffy esperaba. El chico del sombrero de paja espiaba el desfile desde una furgoneta de reparto del Capone.
-Gracias por ayudarnos...-le dijo el chico del sombrero de paja a Buggy y Alvida, que estaban a su lado. Con ayuda de ellos Luffy se había reencontrado con Zoro y Sanji y había podido preparar su plan contactando con el Capone y con Ivankov.
-De nada chico... que tengas mucha suerte...-le dijo Alvida con una dulce sonrisa en sus rojos labios.
-Sí... véncele-le dijo Buggy. Luffy asintió con solemnidad. Detrás de él sus otros compañeros esperaban, preocupados.
Nami miró a Zoro, quién tenía una herida sangrante en la cabeza y parecía muy afectado. Cruzado de brazos en la parte más oscura de la furgoneta, el espadachín solo podía pensar en Robin. "¿Dónde estás? ¿A dónde te ha llevado?".
-Entonces...-preguntó Nami con el corazón en un puño-¿no hay forma de que ella...?
-No...-susurró Zoro con voz ronca. Las palabras eran muy dolorosas de pronunciar, le rajabaron los labios al decirlo-se ha ido... se ha ido...
Nami miró a Sanji que también parecía muy afectado y no había hablado desde que se habían reencontrado, y luego a Law. El moreno negó con la cabeza. "No podemos hacer nada"-pareció decirle. Nami sintió como las lágrimas asomaban a sus ojos al entenderlo. Robin se había ido... y era muy posible que quizás ella nunca volviese a verla.
"No puede ser...-pensó la pelirroja que aún podía ver a la perfección el rostro de su mejor amiga sonriendola como la primera vez-esto NO puede terminar así... de ninguna forma... de ninguna forma".
-¿Listo Luffy?-el Capone y su chófer, Rinaldo, esperaban a que los chicos se colocasen en la parte trasera de su furgón de reparto de comida. De momento el plan iba bien: la policía que vigilaba las salidas de Logetown había tenido que movilizarse para detener el desfile de la calle mayor. Pero aunque Smoker estaba concentrado en Ivankov y sus princesas cabía la posibilidad de que los parasen para registrarlos. Allí el Capone se estaba jugando su reputación por los chicos, pero como él solía decir: "todo por la famiglia". Le echaría una mano a su buen amigo Luffy por esta vez. Recordándolo más tarde Zoro tuvo que reconocer que aquel había sido un acto extraordinariamente generoso, pero si había alguien capaz de sacar algo bueno del viejo Capone ese era sin duda Luffy.
-Andiamo...-el Capone cerró la puerta y arrancó su furgoneta. Antes de hacerlo fulminó con la mirada a Law, que había intentado pasar desapercibido-tú y yo aún tenemos una conversacione pendiente, traficante...
-Je...-Law forzó una sonrisa mientras miraba a Nami apurado. Ella recordó como el Capone ya les había preguntado otra vez por el muchacho. Seguramente había estado vendiendo la droga en el territorio del Capone sin su permiso.
BRRRRRR. El furgón del restaurante del Capone Bege arrancó y se metió por una callejuela colindante en dirección contraria hasta desviarse a la salida sur de la ciudad. Allí había un peaje de policía que estaban parando a algunos coches. Llegaba el momento decisivo...
-¡Questo è buono!-exclamó el Capone alzando sus brazos triunfante al ver que podían salir de Logetown sin que los policías les dijesen nada. Había demasiados coches y demasiada confusión, y los dos agentes sin refuerzos no daban para más. Gracias a la maniobra de distracción de Ivankov, Luffy y sus amigos pudieron escapar de Logetown con discreción y sin más percances. Pero aquello no había sido ninguna victoria...
-Tenemos que encontrarla... ¿dijeron a dónde iba?-le preguntó Luffy a Zoro poniéndole las manos en los hombros para recomfortarlo. Él negó con la cabeza.
-No, no dijeron nada-dijo con la voz ronca-y no podemos ayudarla, al menos ahora. Tenemos que volver al Reformatorio y encontrar esa puta piedra, para ayudar a tu hermano.
Luffy arrugó la frente preocupado.
-Pero Zoro, Robin...
-Conocía los riesgos-le cortó él con dureza-oye, no pasa nada, ¿vale? No... no le va a pasar nada... voy a encontrarla... pero antes... acabemos con esto. Es lo que ella quiere...
Luffy miró a Zoro con seriedad mientras Nami, Law y Sanji esperaban, en tensión. El ambiente estaba realmente cargado. Todo el optimismo y la esperanza de aquella mañana los había abandonado para no volver.
-Zoro... yo no quería esto-dijo Luffy finalmente. Su voz sonó rota, y Zoro viéndole supo que lo sentía de verdad. Luffy se sentía culpable por lo sucedido. Ojalá él pudiera haberlos protegido a todos...
-Oye, no pasa nada-repuso Zoro algo menos arisco-no ha sido culpa tuya... ese cabrón de Crocodile nos engañó... pero vamos a arreglarlo... lo arreglaremos todo.
-Sí...-Luffy asintió lentamente-vamos a arreglarlo.
La furgoneta frenó bruscamente y ellos dieron un brinco en el interior de la misma. Segundos después el Capone abría las puertas y les indicaba que salieran, nervioso.
-Polizia...-les susurró, preocupado- están parando coches en el peaje de la carretera di la montagnia... ¿Qué hacemos...?
Luffy miró al resto de sus amigos. Ninguno supo qué decir, salvo Law que se encogió de hombros.
-Sigamos a pie... si a la ida hemos podido...-murmuró el moreno. Luffy asintió.
-Seguiremos nuestro camino...-dijo mientras estrechaba la mano de Bege con solemnidad-muchas gracias por tu ayuda... Ace te lo agradecerá también.
-Ay... ten mucho cuidado Luffy... y mucha suerte también-le dijo el Capone Bege al chico, conmovido. Se despidió de los demás con una elegante reverencia (volvió a fulminar con su mirada a Law) y después se marchó de allí de nuevo en su furgoneta, dejándolos sumidos en un silencio incómodo. Los chicos se miraron con preocupación.
-¿Ahora qué hacemos?-preguntó Sanji que hasta entonces había permanecido en silencio, meditando todo lo que había pasado.
-Ya lo hemos dicho-dijo Luffy secamente-volver a Shinsekawa y recuperar el foneglifo. Así podremos demostrar que mentía Akainu.
-¡Maldita sea Luffy, ¿no lo ves?!-saltó Sanji, sin poder contener más su frustración-¡no tenemos ninguna posibilidad de conseguirlo! ¡Akainu tendrá esa mierda oculta en otro sitio, no conseguiremos nada y nos atrapará a todos! ¡Hemos fracasado!
-¡¿Y qué se supone que tengo que hacer?!-saltó Luffy, más furioso todavía-¡¿Olvidarme de todo y dejarle morir?! ¡No tenemos otra opción!
Sanji le dio una patada a una piedra mientras cerca de ellos pasaba otro coche por aquella resquebrajada carretera.
-Ese es el problema, no tenemos más opciones... joder... joder...-el rubio se sentó a un lado del camino y le dio la espalda a Luffy, furioso. El chico del sombrero de paja le miró también enfadado. Entendía lo que le pasaba a Sanji. Sabía lo que le había pedido, y lo que esperaba de todos los demás. Pero con el rubio, sospechaba que era algo más... hacía tiempo que estaba distante.
-Sanji...-Nami miró a su amigo preocupada-Luffy nos necesita... somos nakamas...
Sanji murmuró una palabrota en voz baja. Nami le miró, llorando por la rabia.
-Robin se ha sacrificado por nosotros...-dijo la pelirroja apretando los puños-¡y yo estoy dispuesta a hacerlo también si es necesario! ¡Y Zoro! ¡Y Law! Y... y Luffy...
Sanji se volvió y la miró, desconsolado. Ella tenía razón, no estaba siendo justo... joder, como la quería. Y sin embargo ella ahora estaba muy lejos, al igual que Luffy.
Tenían todas las de perder, Sanji estaba seguro de que esta vez no había victoria posible. El rubio se echó el cabello a un lado mientras maldecía en su mente.
¿Perder importaba acaso? Nami tenía razón. Estaban juntos en esto... y si iban a caer, caerían todos. Juntos. Como la tripulación de nakamas que eran, como los hermanos de distintas familias, incomprendidos y repudiados, que habían encontrado el amor y la amistad los unos en los otros en aquel reformatorio maldito donde los habían encerrado. Sanji había comprendido por fin, y le parecía tan terrible como maravilloso, que nunca se encontraría tan feliz y tan amado como se había sentido entre sus amigos de Shinsekawa. Aquellos días de alegría y juegos no iban a volver... el grupo ya se había roto, quizás nunca volvería a ser igual, no volverían a estar todos... Pero aún les quedaba una batalla... una última victoria. Si la conseguían quizás después de todo su vida sí valdría la pena, en contra de lo que él solía creer.
Se levantó lentamente. Todos le miraron conteniendo la respiración. Zoro sonreía. Sabía lo que su amigo cejas raras estaba pensando. Le conocía más de lo que él se pensaba.
-Yo también... por Ace... y por Robin-dijo el chico con fiereza, y sus nakamas sonrieron emocionados. Nami le dio la mano y juntos se internaron en el bosque. Les quedaban unas horas de larga caminata y ya se había hecho de noche... pero juntos, la llama que ardía en sus corazones los iluminaría para seguir la senda acertada hacia su destino.
Lloviznaba. Pero la tormenta aún no se había desatado, tal y como dictaba el pronóstico de Nami. Eran las diez y tras una hora y media de andar los chicos tuvieron que detenerse porque el bosque estaba totalmente sumido en la oscuridad y ellos muy cansados.
-Queda un bocadillo...-les informó Nami sacando de la mochila la última de sus provisiones.
-No lo quiero-dijo Zoro secamente.
-Ni yo-añadió Law.
-Cómetelo tú Nami, lo necesitas más que nosotros-dijo Sanji caballerosamente.
-Todos tenemos derecho a una cena. Lo partiremos-decidió Nami deshaciendo el bocadillo. Aunque al dividirlo entre cinco quedaba pequeño a todos les supo a gloria. Con eso sería suficiente para reponer fuerzas y seguir adelante.
-¿Qué vamos a hacer?-preguntó Law mientras Sanji conseguía encender una pequeña hoguera con ayuda de su mechero-si queremos registrar ese pasadizo necesitamos las llaves...
-No vamos a hacer eso-dijo Luffy con calma. El fuego iluminó su rostro, embravecido-me enfrentaré a Akainu... y le haré decir la verdad.
-No puedes hacer eso...-Nami negó con la cabeza-lo mejor es que pensemos en algo ahora... si llegamos por la noche podemos intentar colarnos y buscar información en su despacho...
-La policía vigila las puertas, va a ser muy difícil-dijo Law haciendo una mueca.
-No, conseguiremos entrar sin problemas-replicó Luffy tranquilamente-tengo un plan...
-¿Otro? ¿Y qué papel jugamos nosotros?-preguntó Law contemplando al chico intranquilo. Luffy sonrió.
-Vais a ayudarme... mientras yo distraigo a Akainu vosotros robaréis las llaves y encontraréis el foneglifo...
-Lo veo difícil-Law se rascó la perilla pensativo.
-Lo veo posible-Zoro acarició el filo de su katana, ahora estropeado por el impacto de la bala de Crocodile. El maldito Crocodile... si lo tuviera delante ahora...
-Voy a intentar trazar una ruta para llegar a Shinsekawa por el bosque... ya que nos buscarán en la carretera y los caminos-dijo Nami encendiendo su teléfono móvil-descansad un rato mientras tanto...
-Nami, no hace falta...-Luffy fue a hablar con ella mientras los otros tres chicos se quedaban en silencio. Sanji miró a Zoro que observaba su katana y pensaba en Robin, angustiado. Sabía que seguramente ella también estaría pensando en él. Estaba muy preocupado...
-Siento lo de antes...-Sanji agachó la cabeza-no fui justo con Luffy ni contigo... Robin ha sido muy valiente... pero aún podemos arreglarlo.
-En cuanto esto acabe iré a por ella-dijo Zoro con tono decidido.
-Seguro que la encuentras tío-le animó Law dándole una palmada-ella estaba hecha para tí.
-Gracias...-Zoro miró la crepitante llama mientras seguía pensando en Robin.
Todo aquello era un maremoto de emociones. Ira, miedo, frustración... esperanza. La esperanza era sin duda la peor de las cosas que sentía. No era prudente sentirla. Porque se estaba empezando a temer, y era algo que cada vez crecía más en su interior, que efectivamente podía no salir airoso de aquella aventura. La última vez que el secreto de Akainu peligró había muerto aquella chica... perfectamente él, Luffy y sus amigos podían correr su misma suerte, si no tenían cuidado. Quién sabía cómo podía acabar aquello...
"NO tengo miedo"-Zoro pasó un dedo por el filo de Ryuma. Hoy había rajado a un par de enemigos, incluído a Crocodile en el pecho. Y aún reservaba más para Akainu y Kizaru... con esa espada, terminaría con ellos.
En ese momento algo le sobresaltó: unas fuertes luces provenientes de la carretera iluminaron el bosque.
-¡Ya está aquí! ¿Ves?-Luffy acababa de explicárselo a Nami. Hacía una hora le había escrito un mensaje, y él ya estaba aquí para recogerles.
-No puede ser...-Sanji miró atónito el autobús de Shinsekawa, que abriéndoles las puertas les recibía como un viejo amigo. Y por él se asomaba Brook, con el cabello más alborotado que nunca y aún en pijama.
-¿Alguien ha pedido un autobús noctámbulo? ¡Todos a bordo, que la noche es joven! ¡Yohohohohohoho!-rió el profesor haciéndoles señas para que entraran.
-¡Ja ja ja ja!-Law rió, incapaz de creer la suerte que estaban teniendo-¿cómo has conseguido sacarlo?
-Cuando Luffy me dijo dónde estabais cogí las llaves del garaje y saqué el autobús-explicó Brook muy orgulloso de sí mismo-soy uno de los pocos profes que tienen una llave de acceso a la verja de salida. ¡Akainu no contaba con que me volvería to loco y os ayudaría, YOHOHOHOHO!
-¡Gracias!-Luffy le dio un fuerte abrazo a Brook y luego fue a sentarse detrás suyo-¡Brook, llévanos de vuelta a casa! Vamos a terminar con esto de una vez...
-A sus órdenes capitán...-Brook cerró las puertas con todos los chicos dentro y después piso el acelerador, girando el autobús de forma brutal y tomando la carretera de la montaña.
-Ayyy...-Nami se abrochó el cinturón mientras miraba a Luffy preocupada-¿y ahora que vamos a hacer...?
Luffy sonrió mientras escribía en su móvil.
-Luchar...-dijo. Esperaba que Usuff, Chopper y Franky leyesen su mensaje pronto.
~Luffy: Volvemos ya chicos, estar prepardos y decisle a los q creais q nos quieran ayiudar q lo esten tanbien. Vamos a vencer a akainu. Le vamos a ganar! !
¡Voy a ser el rey del Reformatorio!
Emoción emoción, se acerca el gran final... ¿conseguirá Luffy vencer a Akainu y salvar a su hermano? ¿Se resolverá por fin todo el misterio?
¿Y qué será de Robin, ahora que Crocodile se la ha llevado? Su despedida con Zoro fue lo que más me costó escribir. En fin, un abrazo y mucha energía positiva a todos ¡espero que lo pasaseis bien leyendo, por fa dejadme reviews con vuestra opinión, tengo muchas ganas de conocerla!
