Digimon y sus personajes blablabla, no pertenecer.

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BORSCH & PIROSHKÍ

Ni fue consciente de cuando la revolución se había colado en su hogar. La escuchó cuando ya la tenía en frente: gesticulando. Se quitó esas gafas, que su vista le obligaba a llevar desde hacía algunos años, para enfocarla mejor y también para entender lo que decía, como si con esa acción mejorara su oído y la dicción de su nerviosa amiga. Retiró a un lado la tablet e hizo una mueca a esta para que tomara asiento, a lo que ella se negó rotundamente. Incluso pareció indignada de que Sora se lo propusiera. Esta sonrió con tranquilidad.

—¿Qué te altera tanto Miyako?

—¡¿No escuchaste, Sora?!, ¡se han casado!, ¡casado!

Consiguió perturbarla, pero todavía no llegaba a entender la magnitud del mensaje.

—¿Quienes?

—¿Quiénes van a ser?, ¡nuestros hijos!

—¿Hijos?

—¡Hijos!

Sora se levantó con la mano en el corazón.

—¿Mi Tsukino?

—¡Y mi Yoshi! —terminó Miyako, imitando el dramático gesto de su amiga.

Por fin Miyako percibió una notoria reacción en Sora: abriendo al máximo los ojos y empezando a deambular sin sentido, (aunque sí tenía sentido), mientras ella seguía todos sus pasos y prácticamente sus acciones.

—¿Cuándo?

—No lo sé.

—¿Dónde?

—No lo sé.

—¿Cómo?

—No lo sé.

—¿Testigos?

—No lo sé.

—¿Por qué?

—¡No lo sé!

Y tras interrogatorio tan infructífero ambas mujeres ya estaban camino al hogar que sus benjamines compartían desde hacía varios años.

—¿Estoy condenada a que mis hijas se casen sin decírmelo? —cuestionaba Sora abatida, entrando al auto.

—Al menos tú pudiste ser una madrina de ensueño con Yuu-chan. Mi esperanza para ello era Yoshi, ¡y ya ves! —despotricó Miyako arrancando.

—¿Tu esperanza Yoshi?, ¡es un psicópata!

—¡No hables así de mi Yoshi! —Alterada, Miyako dio un volantazo.

—Mi Tsukino es peor que se ha casado con él —murmuró Sora con preocupación. No por el casamiento de su hija sino por su vida dentro de ese auto.

—Visto así...

Con Miyako ya un poco más calmada, aunque eso no conllevaba respetar el límite de velocidad permitido, las dos mujeres llegaron a su destino. Al salir, Miyako pidió a Sora que respiraran juntas para placar sus nervios y no parecer unas madres histéricas. Sora lo hizo, aunque sus nervios se debiesen más al Thelma y Louise que acababa de protagonizar junto a su amiga que al inesperado matrimonio de su hija.

—Bien, adelante. —Miyako fue a llamar pero su amiga la detuvo mostrándole unas llaves—. ¿Tienes llaves?

—Tsuki-chan me las dio —dijo restándole importancia. En realidad tenía llaves de las viviendas de todos sus hijos. Viendo el triste rostro de su amiga, Sora le animó con una sonrisa—. Luego te hago una copia.

Entraron al pequeño apartamento. Se descalzaron y todavía nadie salió a recibirles. Al llegar a la sala encontraron al hijo tumbado en el sofá con unas gafas de realidad virtual y moviendo al aire sus manos enguantadas también en la realidad virtual. Sentada en la mesita baja estaba la hija, comiendo una tarrina de helado. Esta fue la que se percató de su presencia.

—¡Mamá!, ¿ha pasado algo?

El grito de su esposa alertó al hijo, que levantó lo justo las gafas.

—¿Qué hace aquí la histérica de tu madre?

Sora se sobresaltó, mientras el hijo fue levantado del sofá de la oreja. Era Miyako, obviamente, la responsable de esa acción.

—Habla con más respeto a Sora-san.

—Ya veo que también está la histérica de mi madre.

Gritó sobreactuado al sentir un tirón en la otra oreja. Obviamente fue Sora la responsable.

—Habla con más respeto a tu madre.

La esposa rio con la cuchara en la boca. El esposo se quitó las gafas y los guantes para poder dirigir abiertamente una mirada de odio a aquellas mujeres, las cuales no le dieron opción porque ya se hallaban ante Tsukino.

—Cariño, ¿es verdad eso de que te has casado? —preguntó Sora.

La esposa asintió con normalidad.

—¡Yoshi! —demandó Miyako una explicación. El esposo se frotó las orejas resoplando, dando la ignorada por respuesta.

Sora miró a su amiga con nerviosismo. Sus hijos no se sentían ni un ápice culpables por ocultarles o más bien no compartirles tan importante acontecimiento. Lo volvió a intentar con su pequeña. Acarició su cabello pelirrojo teniendo la tentación de recolocarle ese lacito que hacía años que ya no llevaba.

—¿Cuándo, cariño?

—Hace una semana o así, ¿no Yoshi?

El esposo volvió a bufar y Miyako arremetió con un cojín por no poder estrujar su pescuezo.

—¿Dónde?

—En el registro civil.

—¿Cómo?

—Rellenamos un formulario.

—¿Testigos?

—Mi hermano y su hermano.

—¡Mi Yuu-chan! —Se llevó Sora la mano al corazón dramáticamente.

—¡Y mi O-kun! —La imitó Miyako.

Se miraron horrorizadas.

—¡Y no me lo dijo! —exclamaron al unísono.

Los esposo se miraron. Ella encogió los hombros sin entender. Él entrecerró los ojos con desprecio.

De nuevo Sora captó su atención. El interrogatorio aún no había finalizado.

—¿Por qué?

—Sora, ¿qué pregunta es esa?, porque se quieren —respondió Miyako.

Sora no quedó convencida y bien hacía, porque su niña, su pequeña niña que ya era esposa, tomó una cucharada de helado con parsimonia.

—Mi hermana y su hermana nos recomendaron que era lo mejor para el bebé.

—¡Mi Ai-chan!

—¡Y mi Mina-chan!

Se miraron horrorizadas hasta que por sus gestos fueron entendiendo la una en la otra que al fin habían procesado todas sus palabras. Se voltearon a la esposa.

—¡¿Estás embarazada?! —gritaron al unísono.

El esposo se apartó con las manos cubriéndose los oídos, mientras la esposa asentía con tranquilidad.

—¿Cómo?

Tsukino compartió una mirada extraña con su esposo que optó por hacerse el desentendido. Sora enrojeció al ser consciente de su pregunta. Desistió en su interrogatorio esta vez y se concentró en su amiga, que palpitaba excitada en busca de algo que estrujar. Lo encontró al fin en las manos de Sora pero no las estrujo; las agarró, la miró y vio en su mirada la misma ilusión que ella sentía.

—¡Seremos abuelas!, ¡del mismo nieto!

—Nieta, es niña —apuntó la futura madre.

—¡Niña! —gritaron las mujeres, abrazándose emocionadas.

Viendo ese espectáculo, la futura madre volteó al futuro padre.

—¡Lo ves!, ¡te dije que les haría ilusión!

El futuro padre resoplaba hastiado.

—De madres histéricas a abuelas histéricas.

Tras esos minutos de delirio, las mujeres todavía pegadas de sus manos, y sin intención de soltarse en un buen tiempo, sonrieron orgullosas a sus hijos. Sora se adelantó a su pequeña.

—¿Y estás bien, cariño?, ¿necesitas algo?

—¿No querrás darme una de esas charlas incómodas como cuando tuve la menstruación, verdad? —musitó apurada.

Sora tragó nerviosa y más por la risa contenida de su amiga. La hermandad de compartir nieta ya parecía un lejano recuerdo.

—¿Tú no tuviste incómodas charlas con tus hijos? —cuestionó.

—Claro que no, Sora —despachó Miyako con superioridad—. Yo he sido una madre moderna. Amiga de mis hijos, en su misma onda…

—Se encargó Ken, ¿cierto?

—Me ponía tan nerviosa que tartamudeaba y me trababa y decía tonterías como eso de la onda que acabo de decir —justificó Miyako, retomando su hermandad con Sora simbolizada por su unión de manos.

Sora le regaló una tierna sonrisa, cuando el futuro padre rompió la atmósfera.

—Creo que ya se pueden marchar, ¿no? Volved cuando nazca la cosa esa y necesitemos que alguien se ocupe de ella —dijo señalando el vientre de su esposa como si le diera repelús.

Ambas mujeres le tiraron de cada oreja.

—¡No hables así de tu futura hija!

Y la futura madre estalló en carcajadas, dejando al fin el helado a un lado y yendo al encuentro de sus madres.

—Mamá, siento haberte dejado al margen, pero cuento contigo, ¿verdad?

Al borde de las lágrimas, Sora abrazó a su pequeña niña.

—Claro que sí, mi pequeña defensora de la justicia.

Sin poder remediar su llanto, Miyako estrujó a su amado hijo que no opuso resistencia porque sabía que era empresa inútil cuando de su madre se trataba.

—Mi pequeño con delirios de kaiser que va a ser papá.

Cuando marcharon, todavía no habían asimilado del todo la noticia. Habían ido para reclamar un puesto de madrinas en un casamiento no autorizado y regresaban con una futura nieta. Iban a ser abuelas. ¡Abuelas de la misma nieta!

—Sora, ¿eres consciente?, esa niña tendrá tus genes y mis genes, ¿no es increíble? —habló Miyako, abarcando el cielo con el brazo.

Sora imitó su gesto desde el otro lado, encontrando la mano de su amiga a la mitad. La entrelazó. El cielo que ambas surcaban y les unía.

—Y también tendrá los genes de Yamato y Ken-kun —musitó incrédula.

—Bingo —dijo Miyako como si pudiera contemplar la perfección en aquel destello de luz que se escapaba entre sus dedos.

Gritó al ser consciente. Se abrazaron nuevamente. Sonrieron entre lágrimas emocionadas.

—Esto merece una celebración —propuso Sora.

Miyako sintió que le había leído la mente.

—Borsch…

—¡Y Piroshkí!

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