Kitty Paradise

Por Phoenixmaiden13

Traducción por Alyssa S.


Capítulo 7

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La mayor parte del comienzo del Año Nuevo transcurrió sin mayor incidente. Habían celebrado Año Nuevo en compañía de los Malfoy, Ray y Albert; los hermanos Lestrange habían elegido pasar ese día en citas. Se lo pasaron genial, con una gran cena y un poco de baile. Los gemelos se quedaron dormidos temprano, así que después de que los acostaron, comenzaron a disfrutar en verdad la fiesta. Por supuesto, las consecuencias de aquello lo pagaron al día siguiente.

Los días posteriores a las fiestas la pasaron retirando de la casa todas las decoraciones de Navidad y limpiando el salón de baile donde se llevaría a cabo la fiesta de la boda. Había mucho trabajo que hacer. Sin embargo, por ahora dejaron que los elfos domésticos hicieran su limpieza mientras Harry y Tom hacían los demás pendientes de la lista que Hermione les había preparado. Cuando lo vieron por vez primera, se sintieron un poco molestos. Hermione había planeado todo lo que tenían que hacer desde la T, hasta el momento en que decían "Sí, acepto". Pero ahora se sentían agradecidos por la lista, los mantuvo orientados.

Habían fijado la fecha de la boda para el 22 de abril a las 10 de la mañana. La fiesta comenzaría a las 12 del mediodía hasta… bueno, hasta que todos se fueran. Antes de Navidad, habían elegido las invitaciones y habían definido la lista de invitados, misma que fue enviada a Hermione para que pudiera crearlas. Luego los envió de regreso para ver si les gustaba y, una vez tuvo su aprobación, estuvieron listas para ser enviadas. Tom se había reunido con un funcionario del Ministerio para programar la boda, así que ya todo estaba listo. Ahora, lo siguiente en la lista era algo Harry había estado esperando desde hace mucho: probar pasteles.

—Vamos, gatitos, a su canasta —dijo Harry a sus hijos que saltaban entusiasmados ante la perspectiva de salir.

—Harry, amor, olvidaste algo.

Harry se dio la vuelta al oír la voz de Tom, y vio lo que sostenía. —Jeje. Lo olvidé —dijo tímido, extendiendo su mano.

—Eso veo —comentó Tom mientras colocaba la pequeña botella en su mano—. No quieres volver a quedar embarazado, ¿no?

—Sí quiero —dijo Harry con toda seriedad.

Tom sonrió y se rascó las orejas. —¿Justo ahora?

—…No… —respondió con timidez el menor, balanceándose de lado a lado.

Tom se rió entre dientes y le dio un beso en la frente. —Entonces toma tu poción.

—Okay —soltó, bebiendo la poción azul mientras Tom colocaba a los gatitos en su canasta—Mmm… arándano —dijo, chasqueando los labios—. Regresaremos más tarde, Ray—dijo entregándole la botella vacía—. Protege el fuerte mientras no estamos.

—Lo haré —dijo Ray con una sonrisa.

—¿Tienes todo? —cuestionó Tom mientras ayudaba a Harry a ponerse la chaqueta.

—Sí—dijo, levantando la canasta de los gemelos.

—Entonces vámonos.

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—Aquí, prueba este.

—¿De qué es?

—Chocolate con relleno de plátano—respondió Harry y levantó el tenedor—. ¿Qué piensas?

—Es bueno. —Harry suspiró.

—Eso es lo que dijiste de los últimos cuatro.

—Bueno, ¿qué puedo decir? Todos son deliciosos.

—Eso es verdad —dijo Harry pensativo mientras miraba todos los trozos de pastel que les habían preparado—. No pensé que esto sería tan difícil.

—Tómense su tiempo. Hay mucho de dónde escoger —dijo Melinda, la repostera.

—Ese es el problema—comentó Tom, tomando otro plato—¿Este de qué es?

—Mármol con cerezas.

—¿Cómo está? —preguntó Harry mientras Tom masticaba.

Se encogió de hombros y le ofreció un trozo de su tenedor a Harry.

Harry masticó pensativamente. —Me gusta el bizcocho. Las cerezas…

—No tanto—terminó Tom.

—Si.

—No se preocupen, no hay problema—dijo Melinda—. Entonces nada de cerezas.

—No — confirmó Tom.

—Okay —respondió, quitando algunos platos de la mesa y colocándolos en la encimera.

—¿Cuál fue el pastel de nuevo? —preguntó Harry.

—Mármol. ¿Quieres probar de ese tipo?

—Si.

—Muy bien —dijo, señaló algunos—. Todos estos son pasteles de mármol. Hay plátano, natillas, fresas y crema de mantequilla.

—¿Cómo estará la crema de mantequilla? —se preguntó Tom, levantando el plato y tomando un bocado—. Está rico.

—¿Sí? Que tal este. Fresas.

Tom sonrió. —Tú y tus fresas.

Harry solo le devolvió la sonrisa y le dio un mordisco. La expresión del rostro de Harry era puro éxtasis.

—¿Está bueno? — Tom preguntó con una risa.

Harry asintió con entusiasmo y le ofreció el plato. Tom le dio un mordisco y asintió con la cabeza. —Me gusta.

—Creo que tenemos un ganador—comentó Melinda con una sonrisa.

—Si. Creo que sí.

—Genial. Entonces será de mármol y fresa. Ahora todo lo que queda es el diseño.

Resultó que encontrar el diseño correcto era aún más difícil que encontrar el sabor.

—Ugh. ¿Por qué hay tantos? —preguntó Harry mientras pasaba otra página de un gran libro que no tenía más que diseños de pasteles.

—No lo sé. ¿Por qué alguien querría un pastel morado? —Tom preguntó mientras miraba un diseño de pastel en una página.

—Sepa. ¿Les gusta el morado?

—Cada pareja tiene sus propios gustos particulares. Entonces, ¿hay colores específicos que están buscando? —preguntó Melinda.

—Umm, de hecho, sí. Es simple. Rojo y blanco —dijo Harry.

—Está bien, veamos… —soltó Melinda y comenzó a revisar los libros y marcar cada pastel que tenía rojo y blanco.

—¿Todos estos? ¿En serio? —preguntó Harry asombrado cuando terminó.

—Si. El rojo y el blanco son colores muy populares.

—Es cierto —concordó Tom.

—Son bonitos colores—exclamó Harry defendiéndose, pero seguía asombrado por la pila.

—Bueno, comencemos —sonrió Melinda.

Tardaron dos horas en decidirse finalmente por un diseño que les gustó. Había tantos, incluso con los colores que querían ordenar de todos los libros. Terminaron pidiendo un pastel de cuatro capas que tenía la capa inferior más grande y las otras capas se hicieron más pequeñas a medida que subía. Era de mármol con relleno de fresa, de glaseado blanco acompañado de flores rojas decorando el costado. Realmente era hermoso, y no podían esperar a verlo cuando realmente estuviera terminado.

Fue algo bueno que terminaron porque, para ese momento, los gemelos se estaban poniendo de mal humor por haber estado encerrados en la canasta durante tanto tiempo. Se habían entretenido durante un tiempo con algunos de sus juguetes, pero se habían cansado de ellos. Ahora maullaban para que los dejaran salir.

—Sean pacientes, gatitos, casi terminamos —les dijo Harry mientras recogía su canasta.

—Bien, el pago se hace el día de la entrega que será el... —Melinda miró sus papeles—. 22 de abril a las 12 en punto, ¿correcto?

—Sí—confirmó Tom.

—¿Y dónde se debe entregar?

—A esta dirección—dijo Tom entregándole un papel—. Si solo se lo mostrara a la persona que está entregando el pastel, sería genial.

Melinda parecía un poco desconcertada al principio, pero luego miró a Harry y recordó quién era. —¡Oh! Claro, sí, puedo hacer eso.

—Gracias.

—¿Cuándo empezará a hornearlo? —preguntó Harry con curiosidad.

—Por lo general, lo horneamos un par de días antes de la entrega, de esa forma está fresco.

—Eso es mucho tiempo de espera.

—Su pedido aparecerá en nuestro tablero cuando llegue el momento de empezar a hornear —aseguró Melinda, usando su varita para colocarlo en un archivo de pedidos.

—Oh, eso es genial—dijo Harry—. Y…

—Gracias por tu tiempo—interrumpió Tom, guiando a Harry hacia la puerta antes de que realmente comenzara a habla de más.

—Gracias. Y felicidades por su compromiso.

Se despidieron y volvieron a casa por flú.

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Cuando llegaron a casa, Harry dejó que los gemelos salieran de su canasta y los vio alejarse corriendo, contentos de estar libres.

Tom se rió entre dientes mientras los veía correr. —No perdieron el tiempo para salir.

—No es gracioso —dijo Harry con un suspiro.

—Bueno, tengo algunos pendientes que hacer. Estaré en mi oficina si me necesitas —dijo Tom, besando su frente.

—Está bien, diviértete —le respondió el ojiverde, cambiando a su forma animaga antes de correr tras sus pequeños.

Harry pasó el resto de la tarde jugando con sus gatitos, persiguiéndolos y jugando al escondite. Ahora estaba tratando de encontrarlos para acostarlos a dormir la siesta, cosa que estaba resultando muy difícil.

Estaban escondidos juntos detrás del sofá buscando de una manera u otra de escabullirse de él, aparentemente comunicándose entre sí. Harry se acostó boca abajo y trató de escuchar lo que estaban planeando al otro lado del sofá, pero todo lo que escuchó fue un galimatías en sus oídos. Aunque todos eran gatos, no podía entenderlos; eran gatitos, bebés que aún no habían desarrollado completamente su lenguaje, pero obviamente se entendían entre sí.

Harry solo pudo captar algunas palabras aquí y allá, pero todavía eran un poco confusas. De repente, se dio cuenta de las palabras "mami" y "corre" y se acabó, pero Harry entendió lo que estaban haciendo. El gatito mayor se arrastró hacia adelante y se asomó por un lado para ponerlos en su línea de visión, y luego saltó.

Lo vieron cuando dobló la esquina y se separaron en diferentes direcciones, pero Harry estaba preparado para eso. Esquivó a la izquierda y sujetó a uno de ellos debajo de él y miró hacia dónde iba el otro. Bajó su mirada a Félix que se retorcía debajo de él. «Shh. Tranquilízate Félix. Es hora de la siesta» dijo, recogiéndolo.

Félix maulló lastimeramente mientras lo llevaban escaleras arriba. Harry pudo deducir qué estaba diciendo y respondió: «Sé que estás cansado, así que no digas que no lo estás. Has estado corriendo todo el día. Además, estás bostezando»obviamente Harry tenía razón en su línea de pensamiento porque Félix se quedó en silencio.

Harry llegó a la habitación de los gemelos y colocó a Félix en la canasta, luego bajó las escaleras para buscar a su hermana. Miró alrededor de la cocina y todas las habitaciones principales en los pisos inferiores y no pudo encontrarla. Se sentó un minuto a pensar. «¿A dónde pudo haber ido? Tiene que estar aquí abajo, aun no puede subir las escaleras. Ella no está aquí, tampoco en la sala ni en el comedor…» se levantó y salió de la cocina y volvió a la sala de estar para volver a revisar, luego fue al vestíbulo. «Quizás ella bajó aquí. ¡Rajá! ¡Cariño, ven con mami! ¡Es hora de la siesta!»

Harry caminó por el pasillo oscuro y miró a su alrededor; ahí, las puertas estaban cerradas para que no entraran en nada, por lo que Rajá no podía estar en ninguna de ellas. «¿Dónde estará?... ¡Ja! » exclamó cuando vio al gatito negro saliendo de detrás de una maceta y avanzar más por el pasillo. «¡Te encontré!»

Rajá volteó hacia su espalda, y notó a su madre alcanzándola. «¡Nooo! ¡No siesta!» Lloró, y se lanzó hacia una puerta parcialmente abierta con la esperanza de encontrar un escondite.

Tom levantó la vista de su papeleo cuando escuchó la puerta moverse, pero no había nadie allí. Frunció el ceño levemente y decidió que solo se trataba del viento de la ventana y lo ignoró. Un minuto después saltó, sorprendido cuando sintió que algo se abalanzaba sobre su pierna, e hizo una mueca cuando algo afilado le atravesó los pantalones y le penetró la piel.

Echó hacia atrás la silla y miró los ojos azul verdoso de uno de sus gatitos. Rajá le maulló y trató de saltar hacia él, pero ella era demasiado pequeña. Parecía estar suplicándole, pero él no sabía por qué.

Tom obtuvo su respuesta cuando un gato negro más grande con ojos verdes entró y miró a su alrededor. Al ver a su gatito rebelde, Harry avanzó hacia ella. Rajá aplanó las orejas y, al ver que no iba a recibir ninguna ayuda de su padre, intentó sisearle a su madre.

Harry siseó al gatito más pequeño, congelándola y haciendo que se encoja en su lugar cuando su madre se acercó. Trató de convencerlo con su mirada especial de gatito, pero Harry la ignoró y tomó a Rajá por el cuello con los dientes. Ella comenzó a removerse para liberarse, pero Harry gruñó a modo de advertencia, y ella se quedó flácida en sumisión.

La risa de Tom siguió a Harry hacia la puerta mientras se llevaba a su gatito.

Harry subió las escaleras con cuidado e ignoró los maullidos suplicantes de su hija, diciéndole lo mismo que le dijo a su hermano. Llegó a la guardería y se dirigió a la canasta ampliada en la esquina del piso. Empujó la manta que lo cubría a un lado y entró, encontrándose a Félix corría en círculos tratando de encontrar una salida.

Harry hacía mucho que había colocado hechizos y protecciones en la canasta para asegurarse de que sus gatitos no pudieran escapar, por lo que su búsqueda fue inútil. Félix detuvo su carrera cuando vio a su hermana y se abalanzó sobre ella tan pronto la soltaron.

Lucharon un poco hasta que Harry los obligó a separarse y acostarse. Lo hicieron de mala gana, y con la misma actitud se sometieron a los cuidados de su madre. No obstante, ronronearon de alegría ante la atención y, finalmente, sus ojos se cerraron, quedándose dormidos para una muy necesaria siesta.

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Harry finalmente dejó el cuarto de sus bebés cuando estuvo seguro de que los mellizos estuvieron completamente dormidos, y regresó a la oficina de Tom.

Tom levantó su mirada cuando Harry entró y lo vio desaparecer debajo de su escritorio. No se movió, pero miró a su escritorio como si pudiera verlo a través de la madera; preguntándose qué estaría haciendo el pequeño descarado ahora.

Debajo del escritorio, Harry volvió a su forma humana y pensó qué tipo de truco podría hacerle al ex-Señor Oscuro, pero al mirar las piernas abiertas frente a él, tuvo otra idea.

Vacilando por un breve momento, se inclinó y tocó la entrepierna vestida de Tom. Sintiendo que este se tensaba sobre él, Harry sonrió y, sintiéndose más atrevido, alcanzó la cremallera, la bajó y desabrochó el botón, revelando los bóxeres azules que había detrás. Con suavidad frotó el miembro endurecido a través de la tela, provocando un gemido bajo del hombre. El moreno sacó el pene ahora completamente erecto y lo acarició con amor.

Tom volvió a gemir, y se reclinó en su silla lo suficiente para poder ver lo que estaba haciendo Harry. El moreno menor lo miró, sus ojos brillaban llenos de lujuria. —Los gemelos están dormidos—ronroneó Harry.

—¿Lo están? —preguntó, levantando distraídamente su varita y apuntando a la puerta, cerrándola y bloqueándola e incluyendo un encantamiento silenciador un momento después por precaución.

—Mmm hum—murmuró Harry, haciendo una pausa en sus caricias. Miró pensativamente la reluciente erección frente a él antes de inclinarse hacia adelante y lamer la punta.

Tom jadeó y se enderezó en su asiento. —Harry—susurró sin aliento—. No tienes que…

—Lo sé— respondió el menor que había decidido que le gustaba el sabor de su pareja. Por lo tanto, se inclinó aún más para lamerlo una y otra vez.

Tom se reclinó en su silla y vio como Harry procedía a lamerlo como si fuera una paleta. Pronto, el moreno se cansó de esa tarea tan simple y se inclinó aún más, llevándose la longitud a la boca.

—Jo… —Tom cerró los ojos con fuerza y apretó los dientes cuando la boca de Harry lo envolvió por completo. Agarró el reposabrazos con tanta fuerza que sus nudillos se tornaron blancos mientras su otra mano encontraba su camino en el cabello de Harry, en un esfuerzo por ganar al menos una pizca de control sobre sí mismo. Le habían dado mamadas en el pasado, hace mucho tiempo por personas dispuestas a complacerlo por su aceptación; sin embargo, con Harry era completamente diferente, era mucho más placentero. Era bastante erótico que Harry estuviera de rodillas chupándolo, pero que su pareja estuviera ronroneando al mismo tiempo, lo hacía todo aún más excitante. Tampoco ayudó que la lengua que estaba envuelta alrededor de su pene tuviera la textura de un felino… Lo estaba volviendo loco.

Los ojos verdes se elevaron, y se encontraron con la mirada de Tom. Por lo general, sus azules iris estaban salpicados de rojo, pero ahora estaban tornados de un rojo intenso, signo que Tom estaba excitado. Sin apartar su mirar, Harry lo llevó hasta el fondo de su garganta y comenzó a succionar. Los ojos de Tom se agrandaron un poco antes de entrecerrarse de placer, soltando unos suaves resoplidos entre sus labios entreabiertos. Harry le dio una sonrisa alrededor del miembro en su boca antes de hundir sus afilados dientes delanteros en la carne.

Tom dio otra bocanada fuerte y apretó su agarre sobre el cabello de Harry. Vio como Harry alternaba entre mover la cabeza hacia arriba y abajo y tragarlo profundamente, haciéndole sentir un inmenso placer. Demasiado pronto, sintió el familiar calor reunirse en su vientre. —Harry ... —siseó en advertencia, pero el moreno solo tarareó algo inentendible y eso fue todo. Tom se corrió con fuerza en la boca expectante de Harry, aferrándose con fuerza de su silla y del cabello de Harry mientras pasaba por la fuerte sensación. Lo soltó cuando Harry se apartó, con arcadas ante la repentina ráfaga de líquido.

—¿Estás bien? —preguntó con voz ronca.

Harry asintió y Tom solo pudo ver como su garganta se movía mientras tragaba el espeso líquido. Cuando terminó, se lamió los labios para intentar atrapar cualquier cosa que se le escapó, pero Tom pudo ver las gotas de semen que se habían filtrado.

Cuando Tom logró controlar su respiración, se reclinó en su silla y miró el rostro ansioso de Harry. —¿Estás seguro de que fue tu primera vez?

—Sí—respondió Harry, luego bajó las orejas—. ¿Estuvo bien?

Tom empujó su silla hacia atrás y levantó a Harry para que estuviera a horcajadas sobre su regazo. —¿Tú que crees? —preguntó, acercándose a su rostro para lamer el exceso de líquido de su barbilla.

Harry se sonrojó y abrió la boca para responder, pero Tom aprovechó los labios entreabiertos para deslizar su lengua dentro. Harry agachó sus orejas y ronroneó mientras Tom exploraba su boca. Pero tan pronto como comenzó, se detuvo, y de repente Harry se encontró con el pecho sobre el escritorio y con Tom presionándolo desde atrás.

—Has sido un gatito muy travieso—dijo Tom con voz ronca en su oreja gatuna antes de tomar la punta y chuparla con la boca.

—¿L-Lo fui? —Harry gimió derritiéndose en el escritorio cuando su oído fue tocado. Un jadeó soltó cuando la mano de Tom se abrió camino entre sus piernas y agarró su erección a través de sus jeans, haciéndolo soltar un lastimero maullido.

Tom se rió entre dientes ante su reacción y empujó al menor más contra la mesa, derramando papeles por todos lados. Desabrochó sus pantalones y los bajó junto a su ropa interior, dejándolos agrupados alrededor de los pies de Harry. Sin perder tiempo, Tom se lubricó los dedos con un hechizo y empujó dos de ellos hacia la entrada de Harry.

El moreno jadeó y se movió contra aquellos apéndices cuando lo penetraron, y los sintió abrirse en tijeras. Maulló de placer cuando su próstata fue rozada repetidamente, notando entonces la presión de un tercer dedo en su interior, estirándolo más. Harry clavó sus garras en el elegante escritorio de caoba mientras Tom continuaba follándolo con los dedos.

—Sí, lo fuiste. Entrando aquí y haciendo todo eso... Fuiste muy malo.

Harry asintió rápido con su cabeza. —He sido un mal, mal gatito. Debería ser castigado.

Tom retiró los dedos y acarició de su propia erección tensa. —¿Castigado? Hmm, tienes razón. Deberías ser… —alineó su pene con la entrada de Harry— castigado —terminó, metiéndose lo más profundo que pudo.

Harry gritó y clavó sus garras más profundo en la madera, arrastrándolas por lo largo en su búsqueda de aferrarse a algo mientras Tom seguía embistiéndolo una y otra vez, dejando atrás el sonido del choque de sus pieles. —¡Oh Dios! —Harry jadeó—. Más duro, Tom.

—Ah, ah. ¿Qué decías? —Tom bromeó suavemente en su oído.

—¡Por favor! ¡Oh, por favor, más duro!

—Bueno, como desees —dijo Tom con voz ronca, golpeando en el interior de su amante con más fuerza.

Terminó demasiado pronto. Harry dejó escapar un último grito antes de que se corriera sobre el escritorio de Tom, su interior estrujando con fuerza el miembro en su interior, llevándolo al límite con él.

—¿Ya? —Tom jadeó detrás de él.

—Tú también viniste—se defendió Harry.

—Es cierto—murmuró Tom besando su cuello sudoroso.

Harry suspiró feliz, y se dejó caer perezosamente sobre el escritorio mientras saboreaba la sensación de la polla de Tom en su interior. —No lo sé. Hay algo en ser follado sobre el escritorio que lo hace muy candente.

Tom dejó escapar una risa entrecortada contra su cuello. —Supongo que deberíamos repetir esto más seguido.

—Definitivamente—respondió Harry. Trazó los rasguños en el escritorio que había hecho con el dedo—Lo siento.

—¿Por qué? —preguntó Tom.

—Arruiné tu escritorio.

Tom miró por encima del hombro de Harry a los arañazos que cubrían la mitad superior de su costoso escritorio. —Está bien. No me gustaba de todas formas.

—¿Y ahora? —preguntó Harry en broma.

—Ahora me gusta—dijo Tom—. En cierto modo le queda, ¿no crees?

—Ahora te estás burlando de mí—hizo un puchero Harry.

—No lo estoy haciendo.

—Sí lo estás.

—No. Es la verdad. Ahora tiene buenos recuerdos. Además, ya lo había estropeado.

—¿Cómo?

—Derramé tinta sobre él. Nunca se quitó.

—Ooooh. Arruinaste tu hermoso escritorio.

—Oye. Mira lo que hiciste.

—Pero dijiste que eran buenos recuerdos.

—Ahora tú eres quien se está burlando de mí.

Harry sonrió y volteó un poco su cabeza hacia atrás para poder verlo. —Creo que nos complementamos.

—Supongo que sí—dijo Tom, luego sonrió—. En más de un sentido.

Harry se rió. —Estás sucio.

—Creo que necesito una ducha entonces— dijo Tom y comenzó a separarse de Harry.

Harry, no queriendo eso, se apoyó en el borde del escritorio y se empujó hacia atrás provocando que Tom cayera en su silla con Harry en su regazo. Ambos gimieron cuando la acción hizo que Tom se hundiera más en él.

—¿Por qué fue eso? —Tom preguntó con voz ronca.

—Aún no—dijo Harry a modo de explicación, doblando las piernas en la silla y agarró los reposabrazos. Tom entendió la indirecta y se agarró de las caderas para que no cayera hacia adelante y Harry comenzó a montarlo de espaldas en su silla.

—Vaya, vaya. Cómo que estamos muy animados hoy—bromeó Tom.

—Cállate. Estoy caliente—jadeó Harry.

—Eso veo, pero no me quejo.

—No pensé que lo harías.

Tom dejó escapar una risa ronca. —Por supuesto que no.

—Dios, esto se siente bien—gimió Harry echando la cabeza hacia atrás, luego retomó la conversación que estaban teniendo antes—. ¿Qué sigue en nuestra lista?

—¿Qué? —cuestionó Tom, con la mente completamente en blanco mientras veía cómo su polla entraba y salía de la entrada caliente y apretada de su amante.

—La lista, Tom, la lista. Concéntrate —Harry se rió ligeramente.

—Oh. Uh... creo que casi hemos terminado con todo. Solo falta la vajilla y lo que nos vamos a poner.

—¿Eh, solo eso? —Ante la confirmación de Tom, Harry se sentó pensativo mientras se mecía—. Eso no debería ser demasiado difícil.

—Eso es lo que pensamos sobre el pastel.

—Mmm... pastel.

Tom soltó una risa que terminó en un gemido mientras le decía a su pareja: —Te juro que vas a ser mi muerte.

—Quizás —respondió Harry, sonriendo— estás envejeciendo. ¿Crees que puedes seguirme el ritmo?

—No me provoques, gatito —gruñó Tom en su oído.

—Te estoy provocando —dijo Harry descaradamente, volviéndose a empalar en la polla de Tom para enfatizar.

—Realmente lo estás pidiendo—dijo Tom, moviendo una mano y agarrando el pene descuidado de Harry, rodeándolo en su puño, pero sin hacer ademán de algún otro movimiento.

—Sí—jadeó Harry, balanceándose, moviéndose contra la mano de Tom antes de repetir su movimiento—. ¿Hay alguien vivo ahí? — preguntó después de unos minutos mirando detrás de él donde Tom había estado en silencio; la única señal de que estaba allí era la respiración agitada y la polla en su culo.

Tom solo se rió entre dientes y apretó su agarre alrededor de la polla de Harry mientras se deslizaba en su agarre. Harry dejó escapar un pequeño grito ahogado de placer y aceleró el paso, balanceándose con entusiasmo. —¿Te gustó eso? —Harry asintió—. Así de apretado estás—le susurró al oído, enviando pequeños escalofríos por la columna de Harry.

Harry gimió en voz alta y colocó sus manos sobre el escritorio frente a él para tener más soporte. Sintió a Tom reclinarse en su silla y sonrió. —¿Disfrutando de la vista?

Tom deslizó su otra mano sobre los suaves montículos dorados y los separó para ver mejor. —Mucho—ronroneó. Estaba amando cada minuto de esto. La forma en que los músculos de la espalda de Harry se tensaron y luego se relajaron mientras se movía sobre él, la forma en que su cola seguía curvándose sobre sí misma mientras el placer sacudía su cuerpo y especialmente la forma en que su polla entraba y salía fácilmente de aquel estrecho calor, desapareciendo por completo en él solo para volver a salir húmedo y más duro que nunca.

Harry mantuvo el mismo ritmo por un tiempo hasta que el familiar calor en sus entrañas lo instó a ir más rápido. —Vamos—se dijo para sí, impulsándose de tal modo que estuvo rebotando en el regazo de Tom. La mano de Tom comenzó a moverse con él a la misma velocidad, ayudándolo a acercarse al borde.

Muy pronto, el moreno su espalda arqueó, rociando su semilla en la mano que lo sostenía; gimiendo el nombre de su amante a viva voz. Tom se aferró al cuerpo del menor como si su vida dependiera de ello cuando su orgasmo lo golpeó lo suficientemente fuerte como para levantarlo de la silla, liberando todo lo que tenía en el cuerpo dispuesto de Harry.

Harry suspiró feliz y parpadeó rápidamente para tratar de aclarar las repentinas estrellas que habían aparecido en su visión. Se relajó contra Tom e inclinó la cabeza hacia atrás por encima del hombro con los ojos cerrados. —Eso fue… —se detuvo, incapaz de pronunciar ni una palabra.

—Increíble—terminó Tom por él y Harry asintió. El mayor giró levemente la cabeza y lo besó en la nariz—. Deberíamos hacer esto más seguido —comentó como si nada.

Harry se rió. —Quizás lo hagamos.