Kitty Paradise

Por Phoenixmaiden13

Traducción por Alx Selleugra


Capítulo 8

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Estando a solo dos meses de la boda, finalmente llegó el momento de que Harry eligiera su ropa. Lo había pospuesto hasta ese momento porque, para ser franco, odiaba ir de compras, al menos para conseguir cosas para él. Claro, podía comprar infinidad de cosas para sus mellizos, para Tom y para sus amigos, pero para él… simplemente no sabía qué comprar. Por eso pidió la ayuda de sus amigos, las mujeres al menos.

Harry tuvo que rogarle a Dumbledore que le permitiera a Hermione y a Ginny salir un día de la escuela para ayudarlo. Bueno, en realidad no tuvo que rogar para ello, solo tuvo que mirarle con esos tortuosos ojos de gatito para acceder. Esas dos junto a la gran y sofisticada Narcissa Malfoy, su trío de sabias finalmente estaba completo.

Ahora solo tenía un problema del cual preocuparse…

—¿Estás seguro de que estarás bien solo? —cuestionó Harry por tercera vez mientras se colocaba los zapatos.

Tom rodó los ojos. —Estaré bien. Creo que puedo arreglármelas durante unas horas.

—Discúlpame, yo solo… yo… nunca los había dejado solos antes.

—¡Oye! ¿Y yo para qué estoy? —Tom preguntó con una expresión de falso dolor.

Harry sonrió y se levantó. —Sabes de qué hablo —dijo, empujándolo un poco por el pecho y abrazándolo.

Tom correspondió su gesto. —Estaremos bien.

Harry suspiró y retrocedió un paso. —Okay —soltó, tomando su chaqueta de la cama y saliendo por la puerta, sus gatitos correteando frente a él. Los recogió mientras bajaba las escaleras—. ¿Ya tienes todo lo que necesitan? Juguetes, leches, mantas…

Tom lo detuvo cuando llegaron a la parte final de las escaleras. —Estaremos bien, sé lo que estoy haciendo. Además, tendré a Raymond para ayudarme.

Harry miró a sus gatitos que estaban cómodamente sentados en sus brazos, escuchando en silencio a sus padres hablar, antes de regresar sus iris a Tom. —Okay.

—Genial —soltó Tom, envolviendo sus brazos cuidadosamente alrededor de su familia—. Ahora, diviértete mientras estás fuera, y no te preocupes por el dinero. Consiéntete.

—Pero… —Harry quiso replicar, pero Tom le dio un beso casto.

—Sin peros. Tenemos suficiente dinero para ser felices durante mucho tiempo. Derrochar en un traje de boda no va a doler —Cuando vio que Harry aun seguía reacio, agregó—: Y solo puedes casarte una vez.

Harry sonrió y se rindió. —Está bien. Si estás seguro…

—Lo estoy. Ahora, date prisa. Hermione y Ginny están esperando.

Harry asintió y caminó el resto del camino hasta la sala de estar. Hermione saltó de la silla en la que estaba sentada cuando los vio entrar. —¡Aww! Te juro que cada que los veo se vuelven más lindos — dijo efusivamente.

Harry se rio. —¡Lo sé! ¿Acaso no lo son? Y eso que los veo todos los días.

—¿Estás listo? —preguntó emocionada mientras rascaba las orejas de los mellizos.

—Si. Creo que sí—dijo, encogiéndose de hombros y volteó a ver hacia Ginny y Tom.

—Tom—saludó Ginny con una sonrisa.

Tom inclinó la cabeza. —Ginny. Espero que estés bien.

—Bastante con toda la tarea que los profesores siguen marcando—respondió la pelirroja, arrugando la nariz.

Tom se rio. —Recuerdo esos días.

Harry sonrió. Se alegró de que no hubiera resentimientos por ambas partes. Ya fue bastante malo para Ginny descubrir que el chico de sus sueños (sí, lo sabía) era gay, más aún que estaba embarazado y enamorado del peor enemigo de todos los tiempos qué, para colmo, fue el mismo que la había manipulado en su primer año. Cuando Harry llevó a Tom por primera vez a la Madriguera, Ginny no había confiado en él en ningún momento, ella sabía quién y cómo era él; sin embargo, había visto lo diferente que era desde la última vez que lo vio. Poco a poco, la pelirroja empezaba a acostumbrarse a él a pesar de estar un poco nerviosa a su alrededor, pero se estaba volviendo más fácil conforme más trataba con él. Y ahora, estaba tan emocionada como cualquier otro por la boda.

—Deberían irse —comentó Tom mientras miraba el reloj.

—Sí, deberíamos—acordó Harry poniéndose la chaqueta—. Narcissa nos está esperando en el Caldero Chorreante.

—¡Pues bien! ¡Vamos, vamos! —exclamó Ginny saltando y dirigiéndose a la chimenea donde Hermione se había movido.

Harry levantó a sus gatitos que estaban maullando hacia él. —Se portarán bien con papá mientras no estoy, ¿de acuerdo? —les dijo, dándoles un beso a cada uno en la parte superior de la cabeza antes de colocarlos en el suelo—. Buena suerte —le dijo a Tom para luego darle un profundo beso—La vas a necesitar.

—Gracias—respondió Tom seco cuando Harry y las chicas entraron a la chimenea—. Diviértanse.

—Manda a Hedwig si pasa algo, ella me encontrará.

Tom asintió y levantó a sus gatitos. Suavemente levantó la pata de Félix y la agitó. —Adiós mami.

—Adiós cariño—dijo Harry dulcemente, y con un último beso, desaparecieron entre las llamas verdes.

Poco sabía Tom lo equivocado que iba a estar.

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Cuando finalmente el mundo dejó de girar, Harry se habría caído de bruces si no se hubiera agarrado a algo para frenar su caída… que resultó ser un desconocido. —L-lo siento—tartamudeó Harry mientras dejaba ir al chico, sonrojándose de vergüenza—Odio flú—murmuró para sí mismo mientras se quitaba el hollín de la ropa—. ¡No es gracioso! —siseó a las chicas que intentaban sin éxito reprimir sus risitas.

—Perdona Harry —dijo Hermione, tratando de controlar su respiración—. Es solo que... nunca pareces salir bien, ¿verdad?

—En serio — dijo Ginny, tratando de mantener la cara seria— deberías haber visto la cara de ese tipo cuando lo agarraste—Ella imitó la expresión, ambas carcajeando de risa.

El rubor de Harry aumentó. —JA, JA. Muy gracioso —resopló y miró alrededor de la habitación en penumbra. Al ver la cabeza rubia familiar, se dirigió hacia la mujer en la mesa—. Espero que no hayas estado esperando mucho.

—No, no por mucho tiempo—dijo Narcissa, observándolo. Ella bajó la mirada y tomó su taza de té para tratar de ocultar una sonrisa.

—Oh no—gimió Harry—. ¡No, tú también!

—No me atrevería —dijo Narcissa, sorprendida— pero tengo que admitirlo. Tus entradas siempre son tan... grandiosas.

Su comentario hizo que Hermione y Ginny volvieran a echarse a reír, Narcissa solo se escondió detrás de su taza de té.

Harry movió la cola con molestia. —Me alegro que se estén divirtiendo —comentó seco mientras se cruzaba de brazos e intentaba ignorar a las personas que estaban mirando.

—Oh, Harry. Discúlpanos —dijo Hermione—. Nos detendremos ahora. Lo prometemos —Ginny asintió a su lado con la cabeza.

—Espero que sí. No necesito que la gente me mire más de lo que debería —dijo, agachando sus orejas.

Los ojos de Hermione se ampliaron cuando notó ese detalle, su boca abriéndose en una "o". —¡Orejas! Cierto —murmuró.

Harry asintió. —De todos modos— comenzó, volviéndose hacia Narcissa que se había puesto de pie—. Narcissa, recuerdas a Hermione, ¿no?

—Sí, la recuerdo. ¿Cómo estás Hermione?

—Estoy bien. Emocionada.

—Como todos —dijo con un toque de emoción en su voz.

—Oigan. Yo soy el que se casa, ¿recuerdan? —Harry bromeó—. De todas formas, esta es Ginny Weasley. Ginny, te presento a Narcissa Malfoy.

Narcissa extendió una mano a la pelirroja. —Es un placer conocerla Srta. Weasley.

—El gusto es mío, Sra. Malfoy. Llámeme Ginny. Srta. Weasley suena como si me hubiera metido en problemas.

Narcissa se rió. —Está bien. Entonces, por favor, llámame Narcisa.

Harry sonrió, feliz de que todos se llevaran tan bien. —¿Terminaste con tus pendientes, Narcissa?

—Oh, sí. Todo está completo —sonrió, evaluándolo—. Ahora tenemos que concentrarnos en ti.

—Oh, oh —comentó Harry un poco preocupado.

—Oh no, nada de eso—dijo Narcissa tomando su brazo y guiándolos a la entrada del Callejón Diagon—. ¿Hay algún límite?

Harry abrió la boca para responder.

—Ninguno —respondió Hermione rápidamente. Harry la miró y ella se encogió de hombros—. Él me advirtió.

—¡Oh, genial! —Narcissa dijo alegre.

—¿Dónde empezamos? —preguntó Ginny.

—Bueno, hay un pequeño lugar en la esquina de…

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Unas horas más tarde, el cuarteto estaba sentado en un pequeño restaurante del que Harry nunca había oído hablar, y en una parte del Callejón Diagon donde jamás había estado, llamado Lucielle's. Estaba agotado, y había gastado mucho más de lo que sabía que debería haber gastado. Pero se estaba divirtiendo.

—¡Uf! No puedo más —se quejó, dejándose caer en su silla—. Me han tocado y pinchado en tantos lugares que ni siquiera es divertido.

—¿No estás acostumbrado a que te toqueteen y pinchen? —preguntó Ginny por lo bajo.

—¡Ginny! —Harry exclamó sentándose derecho en su silla, sonrojándose con fuerza.

Ginny se encogió de hombros inocentemente y bebió un sorbo de su bebida sin mirarlo, sonriendo abiertamente mientras los demás se reían.

—De todos modos—dijo Harry aclarándose la garganta—, ¿qué hacemos ahora? Siento que hemos entrado en todas las tiendas de aquí.

—Eso es porque lo hicimos— dijo Narcissa—. Tendremos que ir a Altair Way.

—¿Dónde está eso? —preguntó Harry confundido.

—Al otro lado de Londres.

—Oh… eh. No lo sabía.

—Harry, en serio. ¿No lees? El Callejón Diagon no es el único mercado mágico —resopló Hermione.

—Es claro que no—dijo Harry.

—Incluso yo sabía eso—comentó Ginny rápido.

—Oh, muchas gracias —respondió seco— ¿Creen que estará allí?

—Probablemente—dijo Narcissa, tomando un sorbo de té—. Si no, iremos a otro lado.

Harry se reclinó en su silla con un suspiro. —No pensé que sería tan difícil.

—No siempre lo encontrarás en el primer lugar que visites, Harry —reprendió Narcissa gentilmente.

—Además— agregó Ginny— no ha sido un desperdicio total. Conseguimos todos esos accesorios y encontramos los vestidos de dama de honor qué, por cierto, están para morirse.

Hermione asintió. —Solo tenemos que hacer que los demás que van a estar en la fiesta lo pongan a su medida y estarán listos. Habrá que mandarles una lechuza a todos sobre eso —dijo haciendo una nota en una libreta que tenía consigo.

Harry asintió. Eso era cierto, encontrar los vestidos de dama de honor era bastante fácil al igual que encontrar los accesorios para combinarlos, pero ya eran más de las doce y aún no había encontrado el traje adecuado. Estaba empezando a preocuparse de que nunca lo encontraría.

—Bueno, ¿ya terminamos? —preguntó Hermione poniendo su servilleta en su plato.

—Eso parece—dijo Narcissa llamando al mesero. Pagaron la comida, se pusieron de pie con rigidez y abandonaron el local.

—Entonces, ¿vamos a Altair Way? —preguntó Harry.

—Si. A diferencia de aquí, tienen más variedad. Seguramente tendrán una variedad de atuendos para bodas masculinas. Deberíamos encontrar algo allí.

—Espero que sí.

—Ahora tómense de las manos y los apareceré ahí.

Los otros tres menores hicieron lo que pidió la Malfoy mayor, y se fueron a su próximo destino.

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Altair Way resultó ser bastante más pequeño que Diagon Alley, pero ciertamente tenía muchas selecciones. Especialmente los de la variedad de "clase alta". No era de extrañar que Narcissa lo conociera tan bien.

Todas las pequeñas tiendas vendían principalmente ropa y artículos para el hogar, con restaurantes aquí y allá. Los cuatro se divirtieron viendo todas las ropas de moda y probándoselas de vez en cuando, solo por el gusto de hacerlo. Fue en la quinta parada donde encontraron lo que buscaban.

En el momento en que Harry lo vio en el anaquel, supo que era el indicado. Era un hermoso juego de 2 piezas que le quedaba perfectamente (con algunos ajustes aquí y allá). Era un poco femenino, pero no demasiado, de modo que conservaba al menos algo de su dignidad.

Después de haber encontrado el atuendo y de haberlo ajustado, los cuatro fueron a algunas tiendas más para encontrar algunos accesorios para complementarlo. Una vez hecho esto, era hora de volver a casa. Después de un día tan largo, Harry no podía esperar a ver a sus gatitos y abrazar a Tom en el sofá.

Dejó que Narcissa llevara su traje y las otras cosas que había comprado para que Tom no lo viera antes de la boda; y se dirigió por flú a la Madriguera con Ginny y Hermione. Allí se relajó y conversó un rato con la Sra. Weasley sobre su agotador día hasta que Hermione y Ginny regresaron a Hogwarts, y solo entonces, se fue a casa por flú.

—¡Estoy en casa! —anunció mientras salía de la chimenea. Al no ver a nadie allí, frunció el ceño. Esta no era exactamente la bienvenida que esperaba—¿Tom? —llamó, buscándolo en la cocina y en la sala; nada. «¿Quizás estén arriba?» pensó, y se dirigió hacia allí. De camino a la escalera, una figura más adelante corría por el pasillo—. ¡Ray!

La figura se congeló en el cruce de los pasillos y lentamente giró. —¡Harry! —Ray chilló—. Volviste.

—Sí, ya estoy aquí—Harry dijo lentamente, sabiendo que algo estaba pasando—. ¿Dónde está Tom?

—Um... bueno, él está… uh… él… eh…

—Raymond—dijo una voz procedente del pasillo de la izquierda. Ray vio venir a Tom y trató de hacerle un gesto para que no dijera nada, pero fue en vano—. ¿Los encontraste?

Harry escuchó la voz de Tom y giró hacia a la esquina justo en frente de él. —¿Encontrar a quién?

Tom se congeló al ver a Harry allí. —¡Harry! ¡Ya regresaste!

Harry frunció el ceño y lo miró de arriba abajo, observando su aspecto desaliñado, luego miró a Ray en un estado similar. —¿Qué está pasando?

—¡Nada! —Ray soltó, un poco demasiado rápido.

Harry lo miró interrogante, luego se volvió hacia Tom. —¿Qué está pasando? —repitió.

—Bueno... —Tom comenzó a pensar rápidamente—. ¿Recuerdas cuando dijiste que cuidar de a los mellizos no iba a ser fácil?

—Sí… —dijo Harry con lentitud, preguntándose a dónde iba esto. Tom dejó escapar una risa forzada, y continuó:

—Pues tenías razón. No lo fue. No sé cómo lo haces todos los días. Quiero decir, se meten en todo...

—Al grano —gruñó Harry, ya teniendo una sensación de hundimiento en su estómago.

Tom echó un vistazo a la creciente ira de Harry y levantó las manos en un gesto pacificador. —Harry, amor, no te enojes-

—¡Escúpelo, Tom! —Harry escupió—. ¡Y tú quédate allí! —le dijo a Ray que había estado tratando de escabullirse. Este se detuvo donde estaba y bajó su mirada al suelo.

Tom contuvo la respiración por un minuto, antes de soltar. —Solo miré hacia otro lado por un segundo…

Los ojos de Harry se agrandaron y el pelaje de su cola y orejas se erizaron. —¡Los perdiste! —gritó.

Tom hizo una mueca. —No los perdí. Simplemente... no... sé... dónde están.

—¡No puedo creerlo! —Harry gritó, quitándolo fuera de su camino y comenzando a buscar a sus gatitos—. ¡Te dejo a solas con ellos por unas horas y los pierdes!

Tom no dijo nada, no había nada que pudiera decir.

—¿Dónde fueron la última vez?

—La sala de juegos—respondió de inmediato, para no enojar a Harry más de lo que ya lo había hecho.

—¿En el segundo piso? —Harry cuestionó.

—Sí, pero ya buscamos en todas partes. No están allí.

—Probablemente aprendieron a bajar aquí como yo—murmuró Harry para sí, pero subió las escaleras de todos modos para buscarlos él mismo—. ¡Rajá! ¡Félix! ¿Dónde están? ¡Vengan con mami!

Continuaron buscando por toda la casa, prácticamente destrozándola. Harry estaba al borde de las lágrimas mientras buscaba frenéticamente cada habitación cualquier señal de sus gatitos.

—Rajá, Félix. Esto no es gracioso. ¡Salgan ahora! —gritó Harry.

—¿Encontraste algo? —Tom le preguntó a Ray cuando venía de otra habitación. Ray negó con la cabeza.

—Nada.

—¡Oh Dios! —Harry gritó, jalando sus orejas.

Tom suavemente puso una mano sobre el brazo de Harry. —Perdona.

Harry apartó su brazo y lo miró enojado. —No quiero escucharlo. ¡Encuéntralos!

—¿Dónde? Ya buscamos en todas partes —preguntó Ray con impotencia.

—Tienen que estar en algún lugar— dijo Harry caminando en círculos, tratando de pensar en un lugar donde no habían mirado.

—Son tan pequeños que podrían estar en cualquier parte.

Tom se pasó los dedos por el cabello. —Tenemos que seguir buscando. Si tan solo dejaran un rastro…

Harry se detuvo de repente y sus ojos se agrandaron. —¿Por qué no…?

—¿Qué? —Ray y Tom preguntaron, pero Harry no respondió. En cambio, se agachó y se convirtió en su forma animaga.

Harry olfateó el suelo para encontrar el aroma más fresco de sus gatitos. Su nariz lo llevó por el pasillo, a través de la cocina y hasta la biblioteca. Ahora que estaba allí, sabía exactamente dónde estaban. Se transformó y corrió por el laberinto de libros hasta la parte de atrás, donde había dado a luz siete meses atrás. Cuando los tres doblaron la esquina, vieron los dos pequeños bultos acurrucados uno contra el otro, profundamente dormidos.

Harry dejó escapar un sonido de alivio cuando los vio y corrió hacia ellos. —Oh, gracias a Dios.

Los mellizos escucharon los pasos y abrieron sus ojos azul verdoso, parpadeando adormilados. Al ver quién era, saltaron, se pusieron de pie y corrieron hacia su madre.

Harry se arrodilló y tomó a sus gatitos en sus brazos, llorando y besando sus cabecitas peludas. —¡No vuelvan a hacer eso nunca más! — los regañó mientras le lamían la cara de felicidad.

Tom redujo la velocidad cuando dio la vuelta a la esquina y vio a sus extraviados hijos. Suspiró aliviado, se deslizó por la pared y se sentó con la cara entre sus manos. Rajá se liberó del agarre de Harry y corrió hacia su padre, donde él la levantó y la abrazó.

Harry miró a Tom y sintió que su ira se apaciguaba un poco. Tom había estado tan asustado como él y Harry no había ayudado en nada. Se acercó y se sentó junto a Tom contra la pared y apoyó la cabeza en su hombro.

Tom miró los cansados ojos verdes de Harry que buscaban perdón. Él sonrió y lo besó en la frente. —Lo siento.

Harry negó con la cabeza. —No fue culpa tuya. Se escapan todo el tiempo. Simplemente entré en pánico.

—Tenías todo el derecho. Yo los perdí. Pero te juro que solo miré hacia otro lado por un milisegundo y, cuando volteé… —Tom se calló.

—¿Que estabas haciendo? —preguntó Harry.

—Los estaba preparando para su siesta. Creo que estaba... recogiendo algo. Y cuando volteé a verlos, ya no estaban allí.

Eso tenía sentido; siempre corrían cuando era la hora de la siesta, así que Harry no podía culpar a nadie. Incluso él les había perdido la pista por unos momentos. —¿Dónde estabas, Ray?

—Fui a buscar su canasta, así podrían estar más cerca de nosotros, ya sabes —respondió Ray— Cuando regresé, Tom los estaba buscando por la habitación. Estuvimos bien toda la mañana hasta ese momento…

—Ya veo…

—Parece que soy un mal padre—dijo Tom en voz baja.

—No, no lo eres —argumentó Harry—. Ellos hacen eso, especialmente cuando es hora de su siesta. Se pondrán histéricos y huirán hacia alguna parte. Me vuelven loco.

—Creo que necesitan collares—bromeó Ray.

—Más bien hechizos de rastreo —murmuró Tom.

—Y así, si vuelven a escapar, podemos encontrarlos fácilmente—dijo Ray.

—De hecho, en realidad es una buena idea —dijo Harry—, pero no les pondremos un collar. Eso solo los hace parecer mascotas… Ya lo resolveré.

Tom asintió. —Suena bien. No todo el mundo tiene tu nariz—dijo, tocando la nariz de Harry.

Harry sonrió levemente. —Eso es cierto —suspiró y cerró los ojos—. Debería ser más fácil cuando vuelvan a cambiar. No podrán moverse y serán más ruidosos.

—Preferiría sin duda que sean más grandes y ruidosos que los pequeños e imperceptibles que son ahora, especialmente después de hoy. Me asustaron muchísimo — dijo Tom.

—A mí también —dijo Harry suavemente acariciando su brazo. Miró a los gatitos que dormían ligeramente en sus brazos como si nada hubiera pasado—. Llevemos a estos dos a la cama.

—Buena idea. Pon un candado en su canasta ya que estás en eso —dijo Ray en broma.

—Oh, eso ya lo hice desde hace mucho—respondió Harry haciendo que Ray riera.

Se levantaron y salieron de la biblioteca, cansados pero aliviados de haber encontrado a los mellizos sanos y salvos.