Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Comencemos con los desastrosos fics de halloween, esta vez vine preparada, un capítulo por día, siete en total. Se animan? Me encantaría escuchar todas sus teorías al respecto.

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de Isayama Hajime, la historia si es de mi invención.

Advertencias: lenguaje vulgar, palabras altisonantes, en capítulos más avanzados habrá tensión, peleas, gritos, sangre, y voodú. Ya lo saben.

Nota de Autor: Este fic va dedicado con muchísimo amor para Crazy Ackerman, para tí mi reina Lotty Land (ella si sabe hacer fics de Halloween geniales), para Lizzy, para Ana Gabriela Armitage Smith, Seika Saibara, Ed Ramirez, Iaouruk y para todos aquellos amados seres que me tuvieron paciencia y siguieron esperando mi regreso, los amo mucho. Gracias.


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"Ser capaz de olvidar es la base de la cordura. Recordar incesantemente conduce a la obsesión y a la locura."
JACK LONDON

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DÍA UNO, BLANCO

Se despertó con el reflejo del sol golpeando su rostro, sentía el cuerpo pesado y amortiguado, un ligero dolor de cabeza le hizo fruncir el ceño, muy similar a despertar después de una noche de beber mucho alcohol. Su mirada revoloteó por el recinto, tan brillante, tan blanco.

Las puntas de sus dedos hormigueaban y un leve zumbido en sus oídos no le permitía volver a dormirse. Una vez que estuvo consciente de todas las partes de su cuerpo, intentó sentarse. Parecía como si le faltara equilibrio o alguna cosa dentro de su cabeza no estuviera bien atornillada, el cuerpo se le iba atrás o adelante sin que pudiera controlarlo. Le llevó varios minutos poder mantener cierta estabilidad.

Miró al frente y su boca se abrió en franca sorpresa. Un ventanal limpio le daba una vista inmejorable de un mar precioso, de un azul zafiro, las puntas de las olas parecían chispas saltarinas que hubieran sido regadas por el astro rey. Inspiró fuerte y la salinidad del lugar le inundó los pulmones haciéndolo lagrimear de emoción. Se mordió el labio inferior y puso sus pies sobre el suelo.

Apenas intentó ponerse de pie, sintió las piernas frágiles como un ternero que acaba de nacer, y se fue de bruces dos o tres veces, hasta que al fin pudo afirmarse de una pared. Lo bueno es que sentía sus fuerzas regresando, parecía como si se hubiera despertado de una operación con los últimos vestigios de la anestesia abandonando su anatomía.

Estaba desnudo, pero dentro del placar de la habitación había mucha y variada ropa de su talla. Le llevo un tiempo vestirse y calzarse unas zapatillas blancas sin cordones que también encontró en el mismo mueble.

No sabía dónde estaba, ni qué era ese lugar, pero había tiempo de investigar eso, por lo pronto le urgía salir a encontrarse con esa masa enorme de líquido al que toda su vida había intentado conocer, ¿estaba soñando? Se pellizcó la mejilla solo para comprobar que no. Ya más repuesto bajó con cuidado unas escalas que lo llevaron a la planta baja de esa residencia.

No reparó en detalles de decoración, solo miró a uno y otro costado, no había nadie más allí. Salió por la puerta de entrada, bajó otras escalas más, y la brisa cálida del mar a esa hora del día lo recibió como si se tratara de un cálido abrazo. Caminó hasta la orilla, achicando los ojos ante la resolana tan fuerte y no pudo evitar sonreír complacido.

No supo cuánto tiempo estuvo frente a ese majestuoso paisaje, se agachó para tocar la espuma que le entregaba la marea y se sintió dichoso. Recién entonces se percató de unos gritos a su costado derecho, levantó la cabeza y enfocó. ¡Santo cielo, era Eren!

Estaba como a una distancia de unos doscientos metros y venía agitando los brazos y corriendo como alma que lleva el diablo. Se puso de pie y levantó una de sus manos para devolver el saludo. Eren, su amado esposo. Recién entonces notó el anillo de oro en su mano, la prueba de la unión y el amor que se juraron ante Dios hacía años atrás.

—¡LEVI, LEVI, LEVIIII!

Con el ímpetu de la carrera que se había echado, al abrazarlo lo tiró de espaldas en la arena y lo atenazó con fuerza, como si tuviera miedo de que fuera a irse volando. Luego de la emoción inicial, tomó el rostro de su amado entre sus manos y se largó a llorar como un niño que se pierde en la multitud, un llanto desgarrador, como si llevara años guardado dentro de su pecho.

—Eren, ya, tranquilo, ¿qué sucede?

—¡Leviiii, mi Leviiii!

En cierto momento se asustó un poco, ¿qué sucedía? ¿Por qué estaba llorando de esa manera? Le llevó un buen rato al hombre calmarse, su cuerpo temblaba, sus ojos no dejaban de humedecerse y apenas era capaz de hilvanar una frase coherente. Lo abrazó acunándolo contra su pecho, su corazón latía febrilmente y al parecer ese sonido terminó de calmar a su marido.

—¿Ya estás mejor?

—Sí, lo siento, me ganó la emoción.

—¿Qué te sucede?

—Te extrañé tanto, solo eso.

—¿Mmm? Pero nos vimos ayer por la tarde.

Eren se quedó mudo y lo miró por largos segundos, hasta que finalmente sonrió y asintió con la cabeza. Su marido lo besó con ímpetu y botó nuevas lágrimas. Levi estaba cada vez más y más desconcertado. Miró a su alrededor y quedó nuevamente hipnotizado por las olas.

—Es tan hermoso —dijo con sentimiento—, ¿cómo fue que llegamos aquí?

—Te estaba preparando una sorpresa, siempre quisiste conocer el mar, aquí lo tienes.

—Sí pero… ¿cómo llegamos aquí? No lo recuerdo, ¿en qué momento viajamos? ¿Bebí mucho ayer?

Apretó los dientes y cerró los ojos ante un flash en su mente, una mesa con una fastuosa cena, velas, copas de vino, una botella cayendo al suelo y estrellándose.

—¿Qué? ¿Qué te pasa? ¿Te sientes mal?

—No, no, solo, me duele un poco la cabeza. ¿Y bien? ¿Cómo hiciste para que vengamos aquí?

Se giró para observar la casa de donde había salido. Una hermosa residencia a pocos metros de la costa. Completamente blanca, de dos pisos, le resultaba vagamente familiar, como si la conociera de antes, ¿pero de dónde? Él jamás había estado en ese lugar antes, ¿tal vez de fotografías, un video?

—¿Tienes hambre? —preguntó Eren sacándolo de sus pensamientos.

Levi notó que efectivamente así era, le dolía el estómago, parecía como si llevara días sin probar bocado, también fue consciente de que estaba sediento, por lo que asintió con energía.

—Bien, entonces vamos a almorzar, tengo muchas cosas para que elijas —contó mientras se paraba y lo ayudaba a ponerse de pie.

Volvió a abrazarlo y besarlo, se sonrieron y entraron tomados de la mano a la preciosa casa.

Levi fue hasta el comedor y tomó asiento. De inmediato Eren le trajo una jarra con jugo fresco de naranjas naturales y bebió tres vasos seguidos casi sin respirar.

—Tómalo con calma, por favor —pidió su marido—. Espera un momento, ya te traigo lo que tengo preparado.

Al poco rato apareció con una olla y un par de bandejas llenas de mariscos cocinados de diversa manera. Le sirvió dos cuencos, uno con arroz y otro con salsa de soja. La comida se veía tan deliciosa, estaba recién preparada, parecía la obra de un chef, a pesar de que no había nadie más que ellos dos en ese lugar.

Levi sintió que se le llenaba la boca de saliva y comenzó a servirse y masticar con hambre voraz.

—¿No vas a comer? —preguntó a su esposo que parecía más interesado en mirarlo que en comer.

—Sí, claro. ¿Te gusta? ¿Está sabroso?

—Está increíble, me encanta —respondió con sinceridad mientras volvía a llenarse la boca—. ¿Dónde compraste todas estas cosas? Está exquisito.

—Solo compré los ingredientes, todo lo he preparado yo.

Levi frunció un poco el ceño y luego de tragar el bocado que tenía en la boca comenzó a reír de una manera alegre contagiando a su marido.

—No mientas, no es posible que tú hayas hecho todo esto.

—Juro que no estoy mintiendo.

—¡Vamos, amor! ¿Lo dice la persona que puso huevos a hervir sin agua?

Eren sonrió con melancolía y suspiró.

—Tomé clases a escondidas, también quería que fuera una sorpresa. Además estamos a trescientos kilómetros del pueblo más cercano, sería imposible que algún delivery llegara hasta aquí —explicó mientras le acariciaba la mejilla con cariño.

—Sorprendente, de verdad. Nunca pensé que llegaría el día en que fueras bueno para cocinar. Te felicito, creo que ni yo podría lograr estos sabores con toda la experiencia que tengo. Recuérdame felicitar a tu profesor o profesores cuando regresemos.

—Por supuesto, lo haré, mi vida.

Una extraña vibración en la mesa hizo que Levi diera un respingo, miró a todas partes hasta que vio un extraño aparato reluciendo en una esquina de la mesa. Eren lo tomó con naturalidad y lo manipuló mientras él seguía deleitándose con la comida. Luego Eren volvió a dejarlo en su lugar.

—¿Qué es eso?

—¿Esto? Mi celular.

—¿De verdad? Nunca había visto algo como eso antes, ¿dónde están los botones?

—Ahora son así, presionas sobre la pantalla y te salen las letras para elegirlas.

Levi miró a Eren por un largo rato, se sintió un poco perdido. Observó alrededor con mayor atención.

—Amor, ¿cómo me trajiste aquí sin que yo me enterara?

Eren lo miró en silencio un momento, su rostro cambió a una expresión un tanto triste y nuevamente sus ojos se llenaron de lágrimas.

—No sé cómo explicarte lo que sucedió.

—Hey, no me asustes —dijo el más bajo entrelazando los dedos de su mano más cercana con su marido—. ¿Pasó algo malo?

—Será mejor que vayamos poco a poco. Prometo que te explicaré todo, responderé a todas tus dudas, pero decírtelo todo en este momento es un poco… Sería demasiado, podría provocarte un shock.

—Ya, Eren, solo dímelo de una vez, ¿qué sucede?

—Verás… Tuviste un accidente, hace un tiempo —La barbilla del hombre temblaba y se notaba que le costaba mucho hablar al respecto—. Estuviste en coma, parecía que nunca más irías a despertar.

Levi se quedó de piedra ante la explicación, automáticamente perdió el apetito. Eren lo tomó de ambas manos mientras algunas lágrimas volvían a caer de sus preciosos ojos verdes.

—Yo jamás me fui de tu lado, todos los días rezaba, rezaba y rezaba con toda mi fe. Gracias a los contactos de mi padre conseguí que te atendieran los mejores doctores. Diagnóstico tras diagnóstico, todos decían que sería imposible que despertaras.

Se llevó las manos de Levi a su rostro, mojándolo con su llanto  y besó sus nudillos con devoción.

—Jamás, ni por un instante, perdí las esperanzas, sabía que volverías, que no ibas a dejarme solo. Y por eso, durante todo ese tiempo estuve preparando todo cuidadosamente, cada mínimo detalle, quería que cuando despertaras todo fuera perfecto para ti. Eres un milagro.

Levi no encontraba las palabras para soltarlas, estaba como en un trance y Eren lo miró con amor.

—Ha pasado mucho tiempo, hay muchas cosas que son diferentes ahora. Seguro que te sientes asustado, pero no te preocupes, amor, estaré contigo todo el tiempo, te ayudaré con todo lo que necesites, lo juro. Yo sería capaz de arrancarme el corazón con tal de que tú estés bien. Te amo, te amo tanto, te amo infinitamente.

—¿Un accidente dices? ¿Cómo pasó? Yo… yo no puedo…

—¿Qué es lo último que recuerdas?

Volvió a apretar los dientes cuando una punzada dolorosa le atravesó las sienes.

—Tranquilo, no te exijas tanto, tenemos todo el tiempo para arreglar las cosas.

—Nuestro aniversario, la… cena…

Eren dejó de llorar, se puso pálido y abrió sus ojos a su máxima capacidad, el agarre de sus manos se volvió en extremo fuerte.

—Hey, me duele —dijo Levi tirando de sus dedos.

—Lo siento, lo siento.

—Cuéntame, por favor, cómo pasó.

—Ya te lo dije, debemos ir despacio, eso dijo el médico. Pero sí, fue la noche en que estábamos celebrando nuestro quinto aniversario. Habías preparado la cena, íbamos a celebrar, tuvimos una discusión estúpida, saliste corriendo y… te atropellaron. No quiero recordar ese día.

—Ah, creo que tienes razón, lo mejor sería que vayamos de a poco, sí. Solo, una última pregunta, ¿cuánto tiempo pasó desde el accidente?

Eren volvió a quedarse callado, sus ojos parecían perdidos.

—Diez años.

Esta vez fue Levi el que sintió que se descomponía, ¿diez años? ¿Había perdido diez años de su vida? Sintió náuseas. ¿Cómo era posible? Se puso de pie.

—¿Dónde está el baño?, necesito ir.

—Por aquí, amor, ¿quieres vomitar?

—No, no, no es eso.

Lo acompañó hasta el lugar que estaba en planta baja. Un recinto decorado con excelente gusto, lleno de azulejos blancos y una boarda negra de piedras al medio. Había una tina enorme, un tragaluz que daba al exterior, el inodoro, el lavamanos, el botiquín de madera. Pero no había espejo.

—¿Qué buscas? —preguntó Eren al ver como Levi miraba a todas partes.

—Un espejo.

—Oh, lo siento, los he retirado todos de la casa.

—¿Eh? ¿Por qué? Quiero verme.

—El doctor ha dicho que no es prudente, al menos los primeros días. Dice que al transcurrir tanto tiempo, puede darte un shock o un ataque de pánico el cambio tan brusco de tu imagen, que puede provocar una disociación de tu personalidad, un trastorno grave, tu salud se está restableciendo, no podemos permitirnos una recaída, las consecuencias serían irreversibles. Oye, confía en mí —dijo para luego abrazarlo con el mayor afecto posible.

Estaba temblando ahora, sintiéndose mucho más perdido que antes.

—Tranquilo, tranquilo, todo estará bien. No entres en pánico. Por eso te dije que era mucho para procesar de un solo trago. ¿Quieres acostarte?

—Sí, sí, por favor —dijo mientras se aferraba a la ropa de su marido, inevitablemente las lágrimas colmaron sus ojos.

¿Cómo era posible que esto estuviera pasando? De pronto ese sueño hermoso y genial se había transformado en una total pesadilla.

Subieron juntos las escaleras, Eren lo acostó sobre su pecho, lo cubrió con el acolchado y lo sostuvo entre sus brazos tratando de calmarlo y transmitirle el mayor afecto posible.

—Mira, lo importante es que has despertado, que estamos juntos. Poco a poco lo iremos superando, estaré aquí siempre que me necesites, amor. No estás solo, te ayudaré en todo, lo juro.

La calidez del cuerpo de Eren lo fue tranquilizando despacio, pronto la somnolencia lo atacó y se dejó arrastrar. Se sentía increíblemente agotado, tal vez ese breve despertar le había insumido demasiadas energías. A pesar de las novedades y de esa realidad tan distorsionada que se le presentaba, de alguna manera se sentía seguro, allí entre los fornidos brazos de su marido. Después de todo Eren había estado a su lado todos esos años, esperando y creyendo en él, no tenía motivos para desconfiar o sentirse dudoso. Si tenía a Eren a su lado, con seguridad podría superar esto.

Cuando menos acordó estaba profundamente dormido.

Eren lo despertó a las horas, besándole el rostro y refregando su espalda con cariño. Levi suspiró varias veces antes de despabilarse del todo. Esta vez se sentía más fuerte, más estable. Cuando miró por el ventanal el sol ya se había ocultado, quedaban apenas las últimas estelas naranjas que iban perdiéndose en el horizonte.

Caminó hasta el balcón que había detrás de las mamparas de vidrio, abrió una de las puertas corredizas y salió al exterior. Sin el sol presente la temperatura había bajado bastante, pero ese aire fresco, nuevo, salado, que lo despeinaba y lo envolvía, se sentía increíblemente bien.

El mar completamente azul comenzaba a mezclarse con el cielo hasta el punto que uno no podía definir donde terminaba uno y donde empezaba el otro. Evocaba un fuerte sentimiento de paz. Se sorprendió cuando sintió que depositaban un poncho sobre sus hombros, era Eren.

—Lo siento, no quise asustarte.

—No lo hiciste, solo, me sorprendí un poco.

Recién entonces notó que su voz sonaba más ronca de lo habitual, bueno, sería lógico si sus cuerdas vocales llevaban casi una década sin ser utilizadas, ¿no?

—Estaba preparando la cena, hice pastas caseras, sé que te gustan mucho —dijo su marido dejando un beso en su frente.

—Es… es un poco extraño y a la vez reconfortante —dijo mientras lo observaba—. Nunca fuiste demasiado romántico.

—He guardado besos y mimos durante diez años, deja que pueda liberarlos al fin —contestó observándolo con el mayor amor posible.

Cenaron de nuevo en el comedor, Eren tenía la intención de que pudieran hacerlo afuera, incluso había sacado una pequeña mesa redonda a la galería, pero el viento estaba demasiado fuerte y hacía frío. Tal vez el siguiente día estuviera mejor.

—¿Estás bien? —preguntó Eren mientras servía el postre, una especie de crema espesa con frutillas en su mejor punto de maduración—. Estás muy callado.

—Supongo que aún estoy asimilando todo esto, es muy… No tengo palabras para describirlo. ¿Mi familia lo sabe? ¿Nuestros amigos?

—No, aún no he hablado con ellos, lo haremos a su tiempo. Primero debes acostumbrarte, reponer tu salud adecuadamente.

—Claro.

Jugaron al ajedrez, era algo que él disfrutaba mucho hacer, pero recordaba que en sus últimos años de matrimonio apenas si tenían tiempo. Eren era arquitecto y estaba enfocado en grandes proyectos con empresas de renombre, mientras que él trabajaba en una empresa de turismo vendiendo paquetes de vacaciones y tiempos compartidos en otros países. Hubo semanas que apenas llegaron a verse debido a sus obligaciones.

Realmente parecía estar viviendo alguna especie de realidad paralela. Recordaba vagamente tirarse en su cama junto a sus dos gatos siameses, mientras bebía, bebía y bebía, y extrañaba la presencia de su marido que trabajaba demasiado. ¿Cuántas veces había pedido que el tiempo se detuviera para volver a tener esa cercanía, para volver a compartir como antes?

En el fondo de su corazón había una pequeña culpabilidad latente, como si algún genio maligno se hubiera encargado de cumplirle ese deseo y a la vez lo hubiera castigado por ser tan egoísta.

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By Luna de Acero.