Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Holissss, bueno, anteúltimo capítulo y les corté le mambo del lemon, jeje, que maleva soy, pero les prometo que en el siguiente y último se los daré, pero así suavecito porque yolo.

Bueno, disculpen la demora, la última semana del mes siempre es demasiado agotadora en mi trabajo, así que perdonen. mañana les subo el final porque ya lo estoy escribiendo. Este capítulo está más largo porque ya me habían echado bronca en el anterior. Como sea, espero lo disfruten, me dicen cómo creen que va a terminar? Final feliz o final sad? MUAJAJAJA. Los amo, bye!

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de Isayama Hajime, la historia si es de mi invención.

Advertencias: Lenguaje vulgar, palabras altisonantes, en capítulos más avanzados habrá tensión, peleas, gritos, sangre, y voodoo. Ya lo saben.

Nota de Autor: Este fic va dedicado con muchísimo amor para Crazy Ackerman, para tí mi reina Lotty Land (ella si sabe hacer fics de Halloween geniales), para Lizzy, para Ana Gabriela Armitage Smith, Seika Saibara, Ed Ramirez, Iarouk y para todos aquellos amados seres que me tuvieron paciencia y siguieron esperando mi regreso, los amo mucho. Gracias.


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"El hombre siente de tal modo la obsesión de la eternidad que no duda en aceptar

la inmortalidad aun al precio del infierno."

GEORGES BENJAMIN CLEMENCEAU

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DÍA SEIS — MORADO

Nada cambió. Al despertarse seguía ese hueco en el pecho que drenaba toda su felicidad. Miró sus manos, no, no eran suyas. Pálidas, delicadas manos jóvenes, y se mordió el labio inferior mientras ese rostro se mojaba con lágrimas que no le pertenecían.

Se levantó y salió al balcón, ya era de noche y una ventisca fría le arremolinaba el cabello. No podía dejar de pensar en ese chico, Armin. Si lo que Eren decía era cierto… ¿estaba mal tomar el cuerpo de alguien que deseaba morir? Se sintió descompuesto, con ganas de vomitar y se abrazó a sí mismo.

¿Y si lo que decía Eren era una mentira? Porque también existía esa posibilidad, ¿y si el alma de Armin estaba en su cuerpo? Ahora que lo pensaba mejor, ¿su cuerpo se habría quedado sin alma?

Sintió una honda tristeza, su verdadero cuerpo, allá solo, en medio de un montón de aparatos, sin nadie que le sostuviera una mano. Si su cuerpo moría, ¿qué sería de él? ¿Podría seguir viviendo como hasta ahora? Y si sucedía… ¿podría seguir respirando sin que la culpa se le infiltrara en cada célula?

En el peor de los casos, suponiendo que Armin no fuera un suicida, ¿estaba dispuesto a devolverle su cuerpo? Su vista se volvió borrosa por las lágrimas que se agolpaban. Que Dios lo perdonara, si es que existía un Dios para él, porque no quería morir. Se encontraba en medio de una situación siniestra, extraña, bizarra, pero que no había sido culpa suya, ¿o sí?

Sintió los pasos de Eren detrás suyo y se giró para mirarlo, su semblante estaba taciturno, los ojos rojos, sin dudas había estado llorando y sufriendo también. ¿Qué vería Eren cuando lo miraba? ¿Realmente lo estaba mirando a él o a Armin?

Joder, estaba perdiendo la cabeza. Caminó hasta Eren, completamente perdido, asustado y lo abrazó buscando algo a qué aferrarse, su esposo lo abrazó en retorno y le besó la coronilla.

—Quédate conmigo, por favor —le susurró, como si hubiera sido capaz de leer sus pensamientos—. Viviré para hacerte feliz.

—Ni siquiera sabes cuánto tiempo vivirás.

Ambos se sumieron en un silencio desgarrador que era llenado por el repiqueteo de las olas y la brisa que se ponía cada vez más y más agresiva.

—Lo que me quede de vida, estaré siempre a tu lado.

—¿Y luego qué? Si mueres antes, ¿qué haré? ¿Cómo puedo vivir de esta manera? Ya no sé ni lo que soy. Mi familia ya no lo es más, y no puedo tomar una vida que no me pertenece, incluso si esta persona no la desea.

—Quédate conmigo, te lo suplico —Las lágrimas de su esposo mojaron su hombro, mientras lo sostenía cada vez con mayor fuerza—. No voy a pederte otra vez, prefiero morir.

—Basta de hablar de muerte, estoy agotado.

Se separó del agarre de su esposo y caminó hasta la habitación, no quería pensar más, se sentía un poco débil, aunque no tuviera hambre debía tratar de mantener ese cuerpo hasta tomar una decisión definitiva. Agarró una muda de ropa y se dirigió al baño. Llenó la bañera y se metió allí, se concentró en el calor del agua y las sensaciones de ese cuerpo, tan conocidas y a la vez tan diferentes. Solía tomar baños de inmersión bastante calientes, pero al parecer a este cuerpo le afectaba un poco, abrió el grifo de agua fría y echó algunas sales para generar espuma, el aroma a canela y cardamomo lo relajó.

Cerró sus ojos y apoyó la cabeza en la orilla del cerámico blanco. Rercordó el día que conoció a Eren en el cumpleaños de Mikasa. Lo impresionó desde la primera vez, tan atractivo, diferente a todos los hombres que había conocido antes. Le parecía una persona inalcanzable para él, demasiado hermoso, con esa sonrisa seductora que solo él pudo apreciar esa noche. Parecía un sueño.

Conversaron hasta entrada la madrugada, hasta que casi no quedaban invitados, tomando las dos últimas cervezas de la nevera, un poco intoxicados por el alcohol y las flechas de cupido que seguían cayendo y cayendo. Se besaron brevemente y prometieron verse luego, pero al despertar, con una resaca importante, Levi creyó que todo se había dado debido al alcohol, seguro era eso. ¿Cómo sería posible que un hombre tan brillante como una estrella del firmamento se hubiera fijado en la sombra que era él? Agradecía el recuerdo de una noche mágica.

Sin embargo casi se le sale la mandíbula cuando lo vió llegar a su casa dos días después con un ramo de rosas enorme, para invitarlo a salir. Los primeros segundos ni siquiera pudo hablar, ¿realmente le estaba pasando eso? Los primeros meses que salieron tanto él como Mikasa elucubraron las teorías más locas e increíbles, porque ninguno podía creer que ese hombre tuviera intenciones buenas con su persona. Pero no era un sueño, era real. Eren siempre fue honesto.

Al cabo de seis meses formalizaron su situación y Levi se dejó envolver por el amor que sentía, si era una farsa, ya no le importaba, podría vivir con el dolor de perderlo después, disfrutaría el presente sin hacerse más cuestionamientos. Dos fantásticos y maravillosos años de noviazgo, conociéndose más, amándose mejor cada día, hasta que Eren le propuso casamiento una mañana, se cababa de recibir y había conseguido trabajo. "Puedo alquilar una casa, luego ahorraremos y veremos más adelante, no esperemos más, quiero vivir contigo". ¿Cómo decirle que no a su rostro feliz, a sus ojos rebosantes de felicidad y promesas hermosas? Definitivamente era el gran amor de su vida.

La boda fue en una finca, con los amigos más cercanos y los pocos familiares que tenía que cada uno. Nunca había esperado vivir eso alguna vez, fue tan maravilloso y perfecto.

Thank you for loving me (gracias por amarme), de Jon Bon Jovi fue el tema central. Se reproducía en su cabeza mientras recordaba ese dulce baile con ellos dos en sus trajes blancos, los anillos dorados destellando bajo las farolas del lugar, los besos sutiles por estar fente a todos, las palabras susurradas con tanto cuidado y amor, los fuegos artificiales que esa noche explotaron en el cielo negro como un presagio de lo maravillosa que serían sus vidas a partir de entonces.

De joven nunca había soñado con casarse, con enarmorarse con tanta profundidad. Eran polos opuestos y a la vez el complemento que el otro necesitaba, el equilibrio justo. Al menos durante los tres años que siguieron. Pero con el tiempo, las obligaciones, la carrera de Eren, los desafíos de la vida, se fueron alejando paulatinamente a pesar de vivir juntos. Depender tanto de alguien no era sano, los últimos dos años comenzó a convertirse en una persona que desconocía.

Eren parecía desesperado por escalar en la empresa para la que trabajaba, en ganar más y más dinero, nada parecía suficiente. Había tratado de hablar con él, de decirle que no necesitaban tanto, que lo que de verdad les vendría bien era pasar más tiempo juntos, como antes. Pero cada vez que abordaban el tema terminaban discutiendo, Levi decidió tragarse sus palabras y ahogarlas con alcohol. Probabablemente era el principio del fin.

¿Y ahora qué era? ¿Era el principio o era el fin?

Abrió sus ojos y se quedó mirando como goteaba el caño de agua sobre la bañera. Sintió los pasos de Eren por el pasillo y como golpeaba levemente a la puerta.

—¿Estás bien?

—Sí.

—¿Necesitas ayuda?

—No.

—Hice la cena.

No le respondió.

—Te esperaré en el comedor, si necesitas algo, solo llámame.

Sí, necesitaba volver el tiempo atrás, diez años para ser más precisos, pero eso no se podía hacer, ¿o si?

A los veinte minutos se estuvo uniendo a Eren, le puso un plato humeante de puré y bistec, pero no tenía hambre, su estómago se cerraba y se revolvía inquieto. Movió con desgano el contenido del pato con el tenedor y se sobresaltó cuando su esposo quiso tomar su mano. Se miraron desconcertados y Eren agachó la cabeza, como un perro que comete una falta.

—No me tengas miedo —le pidió el más alto con la voz disminuída.

—No lo hago solo… me sorprendiste, eso es todo.

—Dime qué debo hacer, Levi, pensé que estar juntos sería suficiente, para mí lo es.

—No sé que esperas que te diga.

—¿Me sigues amando?

Levi levantó la cabeza y se miraron un largo rato, mentir no era una opción.

—Nunca dejé de hacerlo —respondió Levi sintiendo que nuevamente los sentimientos lo sobrepasaban.

—Entonces… solo sigamos adelante, hemos pasado este infierno juntos, debe haber aolgún paraiso para nosotros, al menos así me siento al verte.

—¿Realmente me ves a mi?

Eren abrió sus ojos y se puso muy nervioso.

—¡Por supuesto que si! Te reconocería en cualquier momento y en cualquier lugar. Tienes una forma de mirarme que… nunca, nunca he sentido con otra persona.

—Entonces, ¿lo habías intentado antes? ¿Buscar otra relación?

Eren frunció su rostro en una expresión de dolor y agachó la cabeza, parecía a punto de largarse a llorar de nuevo.

—Todos querían que lo intentara, yo… nunca pude, tocar a otros se me hacía horrible. Ellos arreglaron dos citas, nunca pasó de una cena, lo juro.

Levi no podía culparlo, no es como si se hubiera ido de vacaciones, no había estado por diez largos años, sin embargo le dolió. ¿Y qué hubiera pasado si Eren lo hubiera logrado, si se hubiera enamorado de otro? Él hubiera sido desconectado sin compasión, hubiera sido despojado de la poca vida que le quedaba. Al fin y al cabo su existencia era insignificante, que triste. ¿Qué había hecho con su vida? La había desperdiciado, bebiendo y dejándose arrastrar por la autocompasión, no había logrado nada memorable, si hubiera muerto y a estas alturas ya nadie lo recordaría, se mordió el labio inferior y apretó sus puños sintiendo el dolor filtrándose en su pecho.

—Levi, mírame. No hay nadie más que yo pueda amar, debes creerme, solo tú, solo por ti, yo haría absolutamente cualquier cosa. Te amo, te amo —tomó su mano más cercana y la abrió para besar su palma con intenso cariño—. Créeme, por favor.

—Yo… no quiero morir, no quiero que el mundo me olvide.

—No lo harás, ahora tienes esta oportunidad, al fin tenemos esta posibilidad.

—Júrame que dices la verdad, Eren, júrame que Armin quería suicidarse —soltó con la voz quebrada y la barbilla temblando, con esa voz aguda y chillona que era suya y no.

—¡Lo juro! —respondió de inmediato, con determinación, se puso de pie y corrió hasta el lavadero, lo sintió manipular la puerta del sótano y los ruidos de sus pies bajando las escalas, luego volvió a subir y volvió junto a él.

Estiró su mano sosteniendo un sobre. Levi lo recibió y lo abrio con lentitud, sacó su contenido y leyó en silencio. Era un testimonio desgarrador, de una persona que no soportaba la soledad de haber perdido a todos sus seres queridos, sus ojos botaron lágrimas mientras el papel temblaba entre sus dedos. No se podía fingir esa angustia que destilaban cada una de las palabras depositadas allí. No pudo terminar de leer. Cerró sus ojos y resopló desconsolado. Eren lo abrazó desde la espalda, la calidez de su cuerpo transmitiéndose hacia el suyo.

—Quédate conmigo, por favor. Lo haré bien esta vez, lo prometo.

—Quisiera… escuchar nuestra canción una vez más —le pidió bajito y Eren lo soltó un momento para manipular su celular.

Al cabo de unos segundos comenzó a escuchar esa hermosa melodía, que impresionante era la tecnología de esos días. Eren extendió su mano y se la ofreció, no pudo resisitir las ganas de tomársela y la aceptó. Su esposo tiró de él y lo apretó contra su cuerpo, moviéndose al compás de la música, como evocando ese momento tan especial de sus pasados.

"Está bien", pensó Levi mientras apoyaba su cabeza en los fornidos pectorales de su marido, "lo aceptaré, porque quiero vivir, porque quiero respirar, porque tengo tanto por experimentar. No importa como llegamos hasta este momento, nada puede hacerme dudar de su amor, aunque roce la locura. Después de todo el amor viene con un combo de demencia a veces. No quiero negarme, tal vez es el destino y después de todo le estamos haciendo un favor a este joven. No me arrepentiré, no lo haré".

Se miraron en cierto momento, ya sin lágrimas que volvieran borrosas sus imágenes y Eren le sonrió con devoción, Levi se puso en puntas de pie y unió sus labios en un beso cargado de afecto, fue como una descarga eléctrica que hizo revivir todos sus sentimientos, que los hizo crecer como la tormenta a las olas del mar, el poder del amor acunándolos en un remolino de sensaciones renovadas.

—Te amo, Eren, te amo y me quedaré contigo, no quiero que nada nos vuelva a separar, ni siquiera la muerte.

Su esposo lo abrazó contento, con una expresión de triunfo imposible de ocultar.

—Jamás volveré a alejarme de ti, mi amor, nunca más volverás a sentirte solo, lo juro. Dedicaré mi vida entera a ti, soy tan feliz, tan feliz.

—Bastardo loco, gracias por amarme.

Volvieron a besarse, esta vez con mayor soltura, con más determinación.

—Uf, quisiera afeitarme —dijo Levi cuando dejaron de besarse, mientras se tocaba el rostro.

—Puedo hacerlo por ti.

—Tendrías… ¿un espejo? Quisiera hacerlo yo mismo, por favor.

Eren se alejó un poco y asintió sin muchas ganas. Tomó la llave del auto y salió. Levi se sentó frente a la comida y cortó algunos bocados, necesitaba aplacar su hambre, fortalecerse.

Después de cenar Eren lo acompañó al baño. Llevó una silla y él se sentó en el váter y Eren al frente sosteniéndo un espejo redondo de tamaño mediano. Se quedó mirando su reflejo un largo rato. Tenía una barba incipiente creciéndole alrededor de la boca y a los costados de su mandíbula. Su verdadero cuerpo nunca había sido muy velludo, esto era algo nuevo. Su cabello estaba corto y oscuro, pero sus cejas, pestañas y barba eran completamente rubias. Tocó algunos mechones y acercó su rostro al vidrio.

—Oh, yo, bueno, lo teñí —admitió Eren un poco avergonzado.

Levi miró sus ojos, o mejor dicho esos ojos. Era tan surrealista, aún no podía acostumbrarse del todo a lo que estaba sucediendo. Ojos grandes, azules, más redondos y vivaces, piel sin arrugas o marcas, ¿cuántos años se supone que tenía? ¿Veintitrés? Labios más rellenos y rosados, agarró la espuma para barba y la colocó, pero cuando tomó la máquina de afeitar sus manos temblaron.

—Deja, lo haré yo —pidió Eren y decidió aceptar su ayuda.

Se quedó quieto y callado mientras Eren se encargada de su rostro. Lavó los restos con agua tibia y luego volvió a mirarse, no podía dejar de hacerlo. Eren le quitó el espejo.

—Ya, debes darte tiempo, debe ser difícil para ti.

—Sí, lo es. Es un poco melnacólico… saber que no volveré a tener mi cuerpo, lo extraño.

—Lo de afuera no importa, mientras seas tú —trató de animarlo Eren y se acercó para besarlo.

—Supongo… Aunque ahora estoy más lindo —dijo con una sonrisa algo rota.

—No digas eso, siempre me pareciste tan apuesto, no hay nadie tan lindo.

—¿Estás diciendo que ahora soy feo?

—¡No, no, no es eso, es solo, solo, eh!

Levi comenzó a reír al poner a su esposo en un aprieto y Eren solo suspiró para refregarse el rostro.

—Pero mira nada más, te buscaste un chico super joven y con cara de niña, que pervertido.

—¡No tienes cara de niña! Y no es como si lo hubiera buscado solo se… se dio…

Levi se puso serio, era ahora o nunca y necesitaba saber.

—Eren, tú, ¿qué relación tenías con Armin? Dime la verdad.

Su esposo agachó la cabeza, se puso rojo y se rascó la nuca, no debería haber preguntado, pero era una duda que necesitaba exterminar, era como una espina molestando e infectándolo todo.

—Lo conocí aquí en África, de verdad él no… no me gustaba. Pero éramos los unicos extranjeros provenientes de Rose y se me pegó, lo sabía que a él… yo le gustaba mucho. Notaba crecer su interés día a día, estabamos trabajando juntos en un proyecto, aunque yo estaba buscando, bueno, realizar el ritual, ya sabes, así que tal vez le hice creer que me interesaba un poco. Estaba desesperado. Lo encontré llorando una tarde en uno de los alones donde armábamos los planes de un puente y un edificio que íbamos a construir. Él es, era geólogo y solía quedarse trabajando hasta que todos nos íbamos. Le acerqué un café y escuché su historia, su depresión, su dolor, y sé que sonará desalmado pero yo… me di cuenta que era una gran oportunidad. Lo invité a que me acompañara un par de días y lo traje aquí.

Levi estaba perplejo, escuchando la confesión de Eren, se notaba que áun le afectaba, se refregaba los dedos y tragaba en seco de tanto en tanto.

—Sé que me apreoveché de él, que tal vez pensó que yo le correspondería, sin embargo fui honesto de una manera brutal, le dije que no estaba buscando pareja, le conté nuestra historia, todo, de principio a fin, le dije que no me interesaba como potencial pareja, que yo no podía amar a otra persona, que lo había invitado por lástima.

El más bajo quedó en shock, a pesar de que en cierta manera le alegraba que nada hubiera pasado entre ese chico y Eren, lo cierto era que su esposo lo había manipulado a su antojo. Armin se encontraba vulnerable, alimentó sus esperanzas para luego estrellarlas y hacerlo sentir más y más miserable. Era un hecho.

—Soy consciente de que le dolieron mis palabras, ¡Dios! No puedo evitar sentirme culpable por esto, pero no estoy arrepentido en lo más mínimo, él ya había escrito esa carta y había decidio suicidarse sin éxito el año pasado, me contó que tomó pastillas a poco de fallecer sus padres y estuvo internado un par de semanas. Tal vez fui un catalizador, pero de ninguna manera yo lo empujé a esa decisión, aunque no traté de que lo evitara tampoco. Me contó que quería morir, pero que era demasiado cobarde para dar ese paso, entonces… le dije que yo lo ayudaría. Que no le dolería, que tomara unas pastillas para dormir y yo depositaría su cuerpo en el mar, que lo ayudaría a librarse del dolor, y él… él lo aceptó.

Levi sintió escalofríos a lo largo de su cuerpo, fue conciente entonces de toda la obsesión de su esposo y de todo su desquicio, era aterrador y a la vez fascinante.

—Suficiente, no quiero escuchar más —pidió Levi para refugiarse entre sus brazos.

Había un sinfín de voces de alerta y alarma desparramándose dentro suyo, pero decidió ignorarlas todas. Aquí no había espacio para la moral o el arrepentimiento, ya habían pasado la marca de no retorno hacía rato. Tal como le dijera Eren antes, lo hecho, hecho estaba y no se podía deshacer. No se atormentaría más.

Ya eran más de las cuatro de la mañana y decidieron volver al cuarto. Antes de acostarse, Levi desvistió a su marido, necesitaba su calor, sus besos, necesitaba perderse en el deseo y nublar el clamor de su consciencia. Había elegido, iba a vivir y no se volvería a cuestionar nunca más si eso estaba bien o mal. No era su culpa.

Eren lo desnudó también y lo rcostó con tranquilidad sobre la cama, atento a las reacciones, a cada expresión de Levi. Tal vez era el cuerpo de Armin, pero esa energía, esa forma de mirar, esa alma ahí encerrada era Levi, SU Levi, su marido, el que había aceptado quedarse a su lado, nada más importaba. Después de diez años, volvía a sentirlo, volvía a amarlo con la fuerza de los huracanes y no existía demonio o dios que pudiera volver a separarlos.

Solo necesitaba llegar al lunes, faltaban menos de veinticuatro horas y todo estaría terminado, todo seguiría su curso finalmente. Si el alma de Levi podía sobrevivir siete días en ese cuerpo, nada volvería a cambiar, estaban a un paso de formar un nuevo camino, una nueva vida, y después del lunes autorizaría a que desconectaran el cuerpo de Levi. Agradecía tanto que hubiera resistido hasta ahora. Luego de esa semana, una vez que el corazón del antiguo cuerpo dejara de latir, Levi viviría para siempre en el cuerpo de Armin.

Lo besó con renovadas fuerzas, cerró sus ojos y tal vez se sintiera ligeramente diferente, pero las caricias de Levi, esa forma de amar que era únicamente suya estaba ahí, intacta. Su esposo demostrántole a cada minuto el abrasador deseo que sentía por él. Quiso llorar de la emoción, no existía sentimiento mejor en el mundo.

Escuchó a su celular sonando escaleras abajo, pero no le prestó atención, ¿acaso existía algo mejor que estar entre los brazos de la persona que más amaba? Finalmente, después de diez años, después de las confesiones y las lágrimas, Levi lo había aceptado de nuevo, había aceptado esta excepcional oportunidad.

—Mi amor, mi amor —suspiró pesado mientras le devoraba las clavículas y lo acariciaba por todas partes—. ¡Levi!

Lo miró desesperado, con la respiración agitada, a pesar de todo necesitaba escucharlo, si lo escuchaba podía morir al otro día y en paz, pero necesitaba escucharlo.

—¿Qué sucede, amor?

—Dime, tú… ¿me perdonas? Por todo lo que pasó, por lo que te hice, por mi culpa-

Levi puso sus dedos sobre la boca de su marido y le sonrió con calidez.

—Detente, no vuelvas a decir eso. No volveremos a culparnos más, solo sigamos adelante, juntos.

—Pero yo… por favor —suplicó apoyando su frente en su torso desnudo, Levi acarició sus achocolatados cabellos.

—Si lo necesitas, lo haré, te perdono, Eren, te perdono. Solo ámame y nunca dejes de hacerlo.

Eren levantó la cabeza, no pudo evitar que sus ojos se llenaran de gratitud, Levi era el ser más hermoso del planeta, lo había perdonado, al fin sentía que toda la culpa y el dolor salían de su cuerpo con una fuerza abrumadora, se sentía tan feliz que era capaqz de explotar.

Tomó su rostro con delizadeza entre sus manos y lo besó más enamorado que en el pasado.

Todo iba a estar bien de ahora más, todo.

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By Luna de Acero.-