Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Bue, capítulo final. Ya varias personitas se venían oliendo la posibilidad de que esto ocurriera, como siempre quise cambiar la versión solo para decir: Noooo, se equivocaron. Pero no pude, este es el final que había planeado desde un principio y tratar de cambiarlo sería forzar demasiado las cosas y no.

El cabrón de Fanfiction no sé qué le pasa, no se pueden leer los capítulos nuevos desde la página web, pero si descargan la aplicación en el celular (Fanfiction . net, así deben buscar en Play Store -sin los espacios-, los que usan iPhone no sé como será), entonces les aparece el capítulo sin problemas. Como sea, tienen la alternativa de leerlo en AO3 también.

Espero les guste este final, y desde ya muchas gracias por acompañarme en esta travesía! LOS AMO, LOS AMO, LOS SUPER MEGA ARCHI AMOOOO, se vemos!

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de Isayama Hajime, la historia si es de mi invención.

Advertencias: Lenguaje vulgar, palabras altisonantes, en capítulos más avanzados habrá tensión, peleas, gritos, sangre, y voodoo. Ya lo saben.

Nota de Autor: Este fic va dedicado con muchísimo amor para Crazy Ackerman, para tí mi reina Lotty Land (ella si sabe hacer fics de Halloween geniales), para Lizzy, para Ana Gabriela Armitage Smith, Seika Saibara, Ed Ramirez, Iarouk y para todos aquellos amados seres que me tuvieron paciencia y siguieron esperando mi regreso, los amo mucho. Gracias.


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"No seas codicioso, no pugnes por estar en primera fila, haz gala de moderación y humildad,

si no, te alcanzará la fustigadora mano del Destino, que corta las cabezas de los engreídos."

RYSZARD KAPUSCINSKI

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DÍA SIETE - FINAL - NEGRO

Levi abrazó a su marido mientras rodaban en ese mar interno de sábanas, caricias y cabellos despeinados. Sonrió feliz cuando Eren pegó sus labios a la concha de su oreja para susurrarle las cosas más atrevidas y deseables, sintió que se ruborizaba hasta por dentro del cuerpo.

¿Cuándo había sido la última vez que se había sentido así de adolescente, enamorado, nuevo? No lo recordaba, aquel pasado del que provenía, aquellos años compartidos se sentían tan lejanos, como el vientre materno que es abandonado al nacer, tenían un extraño aroma a algo añorable, cálido y hermoso, pero al que uno no podía regresar. ¿Y para qué lo haría? Si aquí lo tenía todo. Todo el amor, la salud, las ganas de vivir, la juventud y los besos, no se cansaba de besar y ser besado, las sonrisas, las esperanzas, el mar frente a su ventana.

AQUÍ, LO TENÍA TODO.

Suspiró pesado cuando le besaron el vientre y cerró los ojos para disfrutar de como sus dedos se enredaban en los cabellos semi largos de su marido, juntos estaban trazando nuevos descubrimientos, bautizando montículos de músculos, clavando banderas en territorios inexplorados, forjando un mundo a su manera, doblando el destino a su favor. Habían encontrado la intersección, el punto de fuga, el área gris que nadie se había atrevido a usar antes, aquel espacio irresoluto donde podía volver a encontrarse y al fin recuperar una existencia juntos.

Levi largó una escueta risa vibrante y se quedó sorprendido de que el sonido fuera tan desagradable, seguro le llevaría un tiempo acostumbrarse a ciertas cosas de este nuevo cuerpo. Acarició la espalda de Eren y decidió que mejor era disfrutar de ese tacto maravilloso, de lo mucho que había extrañado esa cercanía entre ellos. Buscó la boca de su marido y lo besó desesperado, notando que le costaba encontrar un ritmo equilibrado, en fin, tiempo al tiempo.

—¿Quieres hacerlo? —preguntó Eren, aunque sus manos hace rato que estaban desperdigadas por todos lados estimulando a Levi de todas las formas posibles.

—Mmm, sí, pero, ah... no sé, cómo, eh...

—Seré gentil, pero solo por esta vez. ¿Te sientes bien?

—Estoy excitado, si eso es lo que quieres saber.

—Si algo no te gusta, solo dímelo y me detendré, ¿ok?

—De acuerdo.

Eren llevó dos de sus dedos a los labios de Levi quien abrió la boca y procedió a lubricarlos lo mejor que pudo. Miraba de tanto en tanto a su esposo quien tenía esa expresión de absoluto deseo en los ojos, ¡cuánto la había extrañado! Dejó que se escurriera entre sus piernas, succionando y haciéndolo gozar en niveles conocidos y a la vez completamente diferentes. Era como conducir un auto recién sacado de una agencia, la emoción de tomar el volante, poner los cambios y acelerar a un destino que uno presume que es bueno. La emoción le devoraba las extremidades, la adrenalina le burbujeaba en la garganta y se iba expandiendo a cada rincón, el éxtasis trepaba por su columna y le encendía cada terminal nerviosa logrando que su libido se abriera como los pétalos de una flor que se abre al mundo por primera vez.

Sonrió confiado, sintiéndose más y más seguro.

—Pensé, mmm, que lo habíamos perdido —susurró refregó su espalda por las sábanas y sonrió.

—Solo extraviamos el camino por un breve lapso de tiempo.

—Te amo, Eren. Si existe algo como las almas destinadas nosotros cumplimos todos los requisitos...

Una llovizna suave comenzó a escurrirse contra el ventanal de la habitación, el agua se deshilachaba en pequeños surcos que parecían acariciar el vidrio, acoplándose al momento candente que se llevaba a cabo adentro del recinto.

—¡Ugh!

La primera embestida se sintió un poco dolorosa, pero justamente era el dolor el que le daba ese toque realista. Si nacer era difícil, renacer aún más, siempre se necesita un poco de sufrimiento para sentirnos vivos, vivir es una mezcla entre calvario y paraíso, Levi aceptaba todo aquello que el contrato exigiera, la recompensa de estar con el amor de su vida era el objetivo que se tragaba todos los daños colaterales, los absolvía por completo.

Esos dedos menos poderosos que los anteriores, tuvieron la fuerza suficiente para incrustarse en la perfecta espalda de su esposo, compartieron el suplicio unos segundos antes de caer dentro del vórtice que los llevaba al gozo más intenso.

Su cuerpo cedió, entre rebeldías esporádicas, contradictorias, para al fin entregarse, doblegarse y albergarlo lo necesario para sentirse uno, otra vez. Giraron y Levi quedó sentado sobre las deliciosas caderas de su marido, era su turno de manejar las riendas de la pasión. Onduló su cintura sincronizado con el primer relámpago de la noche. Eren quedó obnubilado, su antiguo dios dominándolo a su antojo, tomó una de sus manos y beso la blanca palma con obsesiva determinación, sentía su corazón ardiendo enardecido, renovó esa insana ambición de volverse su esclavo para siempre. La felicidad tenía sabor a capricho.

Empujó sus caderas una vez que encontraron el compás perfecto para ambos, sus manos patinaron por el contorno del torso ajeno, como si estuviera moldeando una figura de arcilla, esculpiendo su propia estatua para adorar y volverse fanático. Lo había soñado, lo había añorado tantas veces, la oportunidad de amarlo y sentirse amado por él. Haciendo galantería de su fuerza natural se incorporó, sentándose en la cama y abrazando a su deidad, una que solo él podía idolatrar.

No existía nada en el mundo que fuera más importante, ni siquiera su propia vida.

Levi gimió de una manera extraña, sofocado por las sensaciones, por el incipiente orgasmo que amenazaba con atacarlo y desarmarlo en cualquier instante, un nuevo relámpago lo llenó de destellos blancos, se estremeció como si lo hubiera atravesado, mientras boqueaba tratando de conseguir un poco de oxígeno. Se sacudió de nuevo tirando salvajemente del cabello de su esposo, mientras su entrepierna explotaba en pequeños chorros calientes de cremosa satisfacción.

Eren le besó el pecho, lamió sus tetillas y mordisqueó a gusto, mientras perdía la cordura al sentir como su entrada lo apretaba fuerte y de manera intermitente. Se dejó arrastrar, una llamarada de locura quemándole las entrañas, huyendo de su cuerpo a través del semen pegajoso y tibio que buscaba llenar esa cavidad exquisita. Echó atrás la cabeza y liberó su garganta en un susurro oscuro, lacerante y pesado.

—¡Le-Levi, Levi!

Disfrutaron del nirvana para luego descender rápidamente y quedar revueltos y tirados sobre la cama, enredados, completos, satisfechos momentáneamente por haber devorado tal banquete excelso.

Levi quedó sobre el cuerpo sudado y agitado de su marido, escuchando el repiqueteo de las gotas, los latidos de su corazón, ambos parecían arrullarlo, inducirlo a un sueño reparador e inevitable. Bostezó con fuerza, disfrutó de como Eren le hacía caricias en la espalda con la yema de sus dedos.

—Esto fue genial —dijo al cabo de unos minutos, volviendo a bostezar, los párpados pesándole, las pestañas batiéndose más y más lento.

—¿Repetimos?

Levi sonrió al darse cuenta de la manera tan pícara en que Eren había formulado esa pequeña pero interesante pregunta. Sin embargo estaba hecho polvo, qué irónico.

—Mañana, ahora me siento muy... cansado. Este cuerpo al parecer no está preparado para tanto amor.

—Bueno, tendremos que entrenarlo apropiadamente —dijo mientras le palmeaba el trasero juguetonamente—. ¿Un baño?

Levi no llegó a contestarle, estaba tan a gusto, se sentía tan feliz, que no quería moverse de ahí para nada. Después de todo lo acontecido, nadie iba a morir por no tomar un baño después de hacer el amor. Cerró los ojos y se durmió profundamente.

Eren le corrió algunos mechones de cabello con delicadeza y sonrió enternecido al notar que su pareja estaba plácidamente dormida sobre su cuerpo. Mantuvo la postura bastante tiempo, pero sería mejor salir de su interior antes de que los fluidos se secaran del todo y se convirtiera en un gran desastre. Se giró lentamente, tratando de no incomodar a Levi y lo puso sobre la cama. Se levantó despacio y tomó un par de toallas, trajo agua tibia de la cocina en un cuenco y con tranquilidad lavó y limpió el cuerpo de su esposo. En el pasado había tenido que hacer eso un par de veces, se sentía como un ritual íntimo y hermoso.

Lamentó no poder cambiar las sábanas cuando terminó la faena, pero decidió dejarlo para el siguiente día. Tomó una ducha rápida y regresó a la habitación. Se acostó desnudo y fresco y atrajo el cuerpo de su amante contra el suyo. bendita tormenta que mantenía el lugar fresco, ideal para descansar acurrucados como dos tórtolos en un nido.

—Te amo, mi amor —susurró enamorado y besó ligeramente los labios hinchados y abusados de su esposo, luego lo acompañó al mundo de los sueños.

Eren tuvo un sueño extraño. Levi y él estaban sentados sobre un extenso e infinito pasto verde, todo estaba iluminado de cálidos colores pastel, como si un sol invisible los acunara. Se deleitó observando a su marido, no en un cuerpo diferente, sino con el de antes. Se veía tan hermoso, aunque tenía una expresión indescifrable, entre melancólica y triste. Sus miradas se cruzaron y Levi le habló, pero no lograba escuchar sus palabras, como cuando se enmudece con un control remoto a un televisor.

—Amor, no entiendo, no te escucho, ¿qué...?

Los ojos de su marido se llenaron de lágrimas que empezaron a caer una tras otra, le tomó las manos y se sintieron frías, adustas.

—¿Levi?

Comenzó a desvanecerse como cenizas que son sopladas por la brisa de una tarde otoñal, Eren apretó aún más sus manos y se deshicieron entre sus dedos, volátiles pétalos que se desparramaron por todas partes. La angustia y la desesperación lo inundaron y trató de juntarlos sin éxito, se le escapaban por todas partes, desparramándose por el pasto, mientras se alejaban en todas direcciones.

—¡LEVIIII!

Se despertó agitado, transpirado y respirando entre cortadamente, le llevó unos minutos ser consciente de que había sido un sueño, ¿un sueño? No, una cruel pesadilla. giró su cabeza y Levi seguía allí durmiendo a su lado, incluso roncaba de una manera sutil, haciendo un suave y dulce sonido. Sus manos temblaban y agarró el acolchado para calmarse un poco. Joder, que mierda sentir eso. Acarició la cabeza de su marido y le besó la frente evitando despertarlo.

Miró hacia el ventanal, el cielo lucía ahora completamente despejado, el mar calmo, el horizonte pintándose de rosas y naranjas, cediendo ante el inminente paso del astro rey. Inspiró y exhaló varias veces hasta sentirse más tranquilo. Se levantó, se vistió tratando de no hacer ruido y bajó para preparar un gran desayuno. La idea era despertar a su amado y llevarle el mismo a la cama. Tal vez luego de un café pudieran volver a amarse. Tarareó contento, y al girarse notó su celular sobre la mesa. Dejó las tostadas haciéndose en el horno y se acercó, estaba apagado, de seguro se le había terminado la batería.

Buscó el cargador y lo conectó. Sacó el tocino del fuego y procedió a cortar varias naranjas para hacer un jugo natural. Trató de recordar hasta el más mínimo detalle de todas aquellas cosas que le gustaban a su esposo. Salió afuera, donde tenía algunas macetas con margaritas, cortó algunas y con ellas adornó la bandeja. Se tomo su tiempo para acomodar las cosas, hasta que estuvo completamente satisfecho. Para entonces el sol ya estaba alumbrando con fuerza. Miró el reloj de la cocina, ocho de la mañana, perfecto.

Subió las escalas hasta la habitación, dejó la bandeja en la mesita del costado y para entonces Levi se estaba revolviendo en la cama, gruñendo como un gato molesto, remoloneando por no querer despertarse. Sonrió ante la imagen y se acercó, tiró de las sábanas para destapar la parte superior de su torso y le comenzó a besar la espalda con cariño.

—Ya, despierta amor, tengo muchos planes para nosotros hoy. Anda, te preparé tostadas francesas, tus favoritas.

—Mmm... me, me explota la cabeza —dijo el otro con la voz rota y algo agrietada.

—Te traeré una pastilla para el dolor, ya vuelvo.

Bajó las escalas silbando contento. Buscó en el botiquín y sacó una aspirina, luego volvió a la cocina a buscar su celular, para entonces con seguridad ya tendría más de la mitad de la carga, quería poner el tema de ellos, ¿cómo no se le había ocurrido antes? Lo podría haber despertado con esa música.

Prendió el celular y mientras subía las escaleras el aparato comenzó a sonar con un sinfín de mensajes y llamadas perdidas. Se detuvo al llegar arriba, un fuerte escalofrío se apoderó de su anatomía. Llamadas de Mikasa, Reiner y otros. No se atrevió a mirar los mensajes. A un paso de abrir la puerta de la habitación una nueva llamada de Reiner ingresó, atendió.

—¡EREN! ¡Por Jesucristo! Te estuve llamando toda la puta noche, ¿qué mierda te sucedió? —Eren sintió como si sus cuerdas vocales se le hubieran congelado—. ¿Me escuchas? ¡No vayas a cortarme, carajo! Esto es un jodido infierno, necesito que te tomes el primer vuelo a Rose que consigas. Yo... no sé, no sé como decirte esto, si estás de pie... sería mejor que te sentaras, ¿me estás escuchando? ¡Eren!

—Sí.

—Tu pariente, Mikasa, también intentó contactarte, todos en realidad. Lo siento mucho, Eren, de verdad lo siento. Hicieron absolutamente todo lo posible pero, Levi, él... lo siento.

Abrió la puerta del cuarto, dejó de escuchar lo que su abogado le estaba diciendo. El otro estaba despierto, sentado y agarrándose la cabeza, lo miró completamente cansado.

—¿Eren? ¿Qué sucedió? Uff, me duele todo el cuerpo, parece como si me hubieran golpeado entre varios, ¿Eren?

—No está, no...

—¿Por qué estoy desnudo? Eren, ¿qué pasó aquí? ¿Acaso... bebimos? Dios mío, no recuerdo nada, mi cabeza se siente pesada, ¿qué día es hoy?

—No... esto... No, está pasando de nuevo.

Los ojos de Eren comenzaron a nublarse, mientras sentía que le faltaba respirar. Caminó tambaleándose hasta el ventanal y lo abrió para salir al balcón. Entonces pudo escuchar nuevamente la voz de Reiner.

—... difícil para ti, lo sé, pero ahora necesito que regreses, hay que firmar un montón de cosas, sé que Levi quería donar sus órganos pero los médicos dicen que sus órganos estaban demasiado dañados. Luego hablaremos mejor, ¿estás con alguien? Mira, anoche pasó algo muy... no sé, extraño, pero creo que necesitas saberlo. A eso de las tres de la mañana Levi... despertó, yo estaba al lado de su cama, tal vez estuvo así por una hora más o menos. Fue un gran alboroto de médicos y enfermeras, no me moví de su lado, de eso puedes estar seguro, así que estoy completamente seguro que hicieron todo lo que tenían que hacer. Sus ojos revoloteaban en todas direcciones y parecía querer hablar o decir algo, y bueno, ya sabes que por la traqueotomía sus cuerdas vocales estaban muy lastimadas. Parecía como si quisiera decir algo, le tomé la mano, no sé si podía entenderme, pero te mencioné, le dije que siempre estuviste esperándolo, que hiciste todo lo posible... él... lloró, asentía apenas con su cabeza, que era todo lo que podía mover y luego... Su corazón ya no pudo resistir, trataron de reanimarlo mucho, mucho tiempo, yo se los exigía a los gritos, pero... lo siento, Eren. Lo siento mucho.

El celular cayó de sus manos y se estrelló conta el suelo. Regresó a la habitación donde Armin temblaba envuelto en las sábanas como una monja dentro de un hábito. Lo supo apenas se miraron a los ojos, Levi no estaba allí.

—Eren, por favor, dime qué sucedió. E-estoy a-asustado.

—Hoy es lunes, el séptimo día —fue todo lo que dijo antes de salir del cuarto.

—¿Eren?

Bajó las escalas descalzo, salió de la casa y caminó por la playa hasta la orilla. Se quedó de pie un buen rato mientas las olas le mojaban los pies y la botamanga del pantalón. No quería pensar más, no servía de nada.

—Papa Legba... me la jugaste, ¿no fue suficiente la mitad de mi vida? Bien...

Comenzó a caminar y a internarse en ese mar que se sentía cada vez más y más frío, aterradoramente desolador.


—x—x—x—x—x—

Levi se había dormido sobre el pecho de su adorado marido, parecía como si hubiera una especie de río que lo arrastraba a las profundidades de una espantosa oscuridad, aunque intentara aferrarse, no había nada que pudiera agarrar. Era como flotar, pero a la vez caer por un drenaje, una sensación desagradable y penosa.

Gritaba sin voz, lo llamaba incontables veces, pero sabía que no podía escucharlo, ni siquiera él mismo podía. De pronto cayó al vacío, o esa fue la sensación porque en realidad no había nada a su alrededor, solo oscuridad, sintió que rebotaba en una superficie algo tiesa. No podía moverse, era como si su cuerpo pesara mil toneladas.

Comenzó como una sensación muy sutil y vaga, hasta volverse cada vez más nítida. No sentía sus piernas, solo hasta las rodillas, sus manos estaban entumecidas, le costaba respirar, era como si el aire le ingresara por una pequeñísima rendija de su boca, su nariz se sentía inservible. Luego el dolor, primero muy leve, pero fue escalando hasta hacerse sentir por todas partes, como si un lago de hormigas rojas le estuviera agujereando la espalda, la cintura y los muslos, nunca le había sucedido de quemarse con ácido, pero estaba seguro que se sentiría así, parecía que se hubiera acostado sobre ácido clorhídrico y se le estuviera desarmando el cuerpo.

Intentó abrir sus ojos con todas sus fuerzas, pero no podía, algo tenia en la boca que le impedía cerrarla, ¿un tubo? Algo se le metía por la boca, instalándose profundo hasta sus entrañas. Todo dolía tanto que se estaba volviendo loco. En cierto momento la luz lo invadió, fue como si le hubieran apretado el cerebro haciéndole trizas los sesos.

Cuando pudo enfocar notó rostros extraños, gente corriendo de un lado al otro, barullo, las voces se multiplicaban y se sintió aterrorizado, ¿qué demonios estaba sucediendo por todos los cielos? Quería gritar, llorar, quejarse, pero nada funcionaba en absoluto. "¡Eren, Eren, Eren! ¡¿Dónde estás?!", su mente era un caos. Gente desconocida y tenebrosa le hablaba, pero no entendía lo que decían, que alguien le explicara que estaba pasando.

Un hombre grande, rubio, con cara de tragedia se le acercó y le habló con calma, fue el único al que pudo entender.

—Soy Reiner, Levi, no te preocupes, estamos aquí para ayudarte, no intentes nada, los médicos harán su trabajo...

¿Médicos? ¡Que diablos! ¿Otra vez había tenido un accidente? ¿Dónde estaba Eren?

—Has estado en coma durante mucho tiempo, ya no teníamos esperanzas, pero finalmente despertaste. Ya llamé a Eren, viene en camino, tu tranquilo, están estabilizán- ¡Oye! ¡No, no, no toques eso! El marido está en camino, ¿qué? ¡Iré con ustedes! No me importa donde lo lleven, iré también, no pueden sacarlo de mi vista.

Al parecer ese hombre estaba hablando con otros, necesitaba calmarse, Eren de seguro vendría. Entonces... entonces... estaba en... ¿en dónde? Eso era... oh. Una chispa de lucidez le aguijoneó la cabeza, había vuelto, había regresado a su cuerpo original, ¿porqué?

Todo dolía, especialmente al medio del pecho donde parecía que se le estaba agrietando el cuerpo, ¡qué alguien lo ayudara! De pronto comenzó a experimentar una sensación de alivio, era como si su verdadero cuerpo comenzara a apagarse y a la vez esto provocaba que se desconectara del espantoso dolor. Cuando parecía que se alejaba de todo ese infierno, múltiples agujas se le clavaban en el torso, lo atravesaban por todas partes, no podía verlas, pero las sentía, entonces volvía a ser consciente de su cuerpo, ese receptáculo enfermo, mutilado, destrozado, convaleciente.

Su consciencia se perdía y regresaba, una y otra vez y en cada oportunidad con menos fuerza. Hasta que finalmente se hundió de nuevo en la oscuridad, un océano de tinieblas amables y calmas, un lugar donde el dolor de su cuerpo no podía alcanzarlo.

Rodó por esa nebulosa existencial hasta que fue depositado sobre hierva fresca. Abrió sus ojos para encontrarse con una especie de llanura de pasto verde, luz clara y tranquila por doquier. Ya no sufría, ya no sentía miedo. Se sentó y se quedó ahí admirando el paisaje surrealista que se le presentaba, era como estar en el fondo del mar, o eso se le figuró.

Cuando se giró encontró a Eren que estaba sentado a su lado, ¡al fin!

—¡Eren! —trató de tocarlo pero no podía, era como si estuvieran separados por alguna especie de pared invisible—. ¡Eren, mírame! ¿Eren?

Finalmente su marido lo observó, pero no podía escuchar lo que decía.

—Eren, creo que no funcionó. No, no funcionó.

Asombrosamente cuando su marido intentó agarrar sus manos pudo sentir su tacto, un cálido, agradable contacto. Entonces lo entendió del todo. La tristeza lo embargó por completo.

—Este es el final... Ahora entiendo todo.

Se sentía liviano, como si estuviera a punto de echarse a volar. Era tan triste, pero al mismo tiempo experimentaba un alivio fuera de este mundo.

—Tal vez, la próxima lo hagamos mejor. Gracias por intentarlo...

Su ser se desintegró volviendo al principio de su creación, las esquirlas de su existencia se esparcieron por toda la eternidad.

A veces el amor más grande puede transformarse en la muerte más trágica, no siempre podemos cumplir nuestros deseos y ser felices con el resultado, especialmente cuando hay dioses que se divierten jugando con nuestras esperanzas...

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By Luna de Acero.-