Tras la puerta.
Los pecados estaban reunidos junto a varios caballeros, en el sombrero del jabalí celebrando el fin de la guerra y que todos finalmente podrían ser felices, la noche transcurría entre copas y risas, pero para Escanor no era un momento ameno, no desde que su querida hechicera se había levantado de la mesa en compañía del Rey de Camelot y estaban tardado demasiado en regresar.
Nadie más parecía notarlo o más bien fingían no notar dicha ausencia, pero después de unos minutos los celos y el alcohol finalmente lo mueven a actuar, avanzando entre los cuerpos borrachos que bailaban y gritaban se dirige hasta las escaleras de la taberna.
-Oye amigo, ¿tan temprano piensas ir a dormir?- le dice Ban con una jarra de cerveza en la mano.
-No, solo necesito ir al baño, vuelvo enseguida- dice apartándolo y tratando de no llamar más la atención.
Los pasillos de las habitaciones de cada uno de ellos estaban apenas iluminados y comparado con la euforia de abajo, eran tan silenciosos como un cementerio, bueno eso hasta que llegó frente a la habitación de Merlín.
-¿En serio estoy haciendo esto de nuevo?- se dice mientras trata de entender los murmullos en el interior, no parecía nada raro, quizás solo estaban charlando acerca del nuevo poder de Arthur, quizás ese muchacho inútil solo se había pasado de tragos y ella lo estaba cuidando de no hacer un espectáculo, estaba por dar la vuelta hasta que la voz femenina llamó su atención.
-Espera, me duele- se queja la pelinegra y él levanta las cejas para acercarse de nuevo a la madera de la puerta.
-Dijiste que estabas segura de que yo lo hiciera- le responde la voz del joven- Además me acabas de confesar que no es la primera vez.
-Si, pero te dije que fue hace mucho tiempo y era más pequeño- le responde y la cara de Escanor comienza a cambiar de color- Y no lo use mucho, así que se cerró de nuevo.
-Si eso notó, bueno trataré de meterlo otra vez, pero no te muevas.
-Es que eres muy torpe, debes empujarlo todo de una sola vez para no lastimarme tanto.
-Eso estaba haciendo pero tú te quejaste- reclama el peliambar.
-No, lo hacías muy despacio.
El pecado del orgullo se sonroja a más no poder mientras sigue apoyando su oreja en la madera.
¿Pero qué demonios estaban haciendo esos dos? ¿En serio era lo que él pensaba? ¿Ese maldito mocoso y Merlín, estaban...?
-¡Ay!- se queja de nuevo la mujer.
-Deja de moverte o te tendré que amarrar, me haces las cosas más complicadas, solo relájate.
-Lo dices por qué no eres tú.
-Bueno ya qué estamos siendo sinceros, yo también lo he hecho y no duele tanto.
-¿Qué?- le dice Merlín y Escanor piensa lo mismo del otro lado de la puerta.
-Si, me daba curiosidad, pero no me gustó mucho y pensé que te enfadarías.
-Bueno no iba a juzgarte por eso, eres joven estás en tu derecho de experimentar y creo que me hubiera gustado verlo.
-Sabes Meliodas me ayudó esa vez, es más por qué no mejor vas a buscarlo, quizás te duela menos si él lo hace.
Escanor casi tuvo dos infartos junto a la puerta al escuchar esa información, pero quería saber el desenlace así que seguía ahí parado.
-Se lo pregunté, pero hoy está demasiado borracho, esa fue la razón por la que no se lo pedí la primera vez y además me da pena que sea él.
-¿Y qué tal Escanor?
-No, él no puede medir su fuerza de día y de noche no creo que lo logré.
-Bueno ya qué, haremos un último intento, solo cierra los ojos y piensa en otra cosa, lo haré rápido está vez.
-Bien- le responde ella y Escanor, se tensa por la palabras.
-¡Auch!- grita Merlín.
-Listo, ya entró, tranquila.
-¿Estoy sangrando?- le pregunta.
-No, no realmente, solo un poco rojo.
-Pero no lo muevas así- se queja de nuevo.
-Lo siento- dice haciendo una pausa- Bien te daré unos minutos y luego vamos por el otro lado, ya nos tardamos mucho y eso sería sospechoso.
-¿Tiene que ser hoy?
-Pues si, ahora ya empezamos, además de ahora en adelante lo mejor es que los uses para que te acostumbres y ya no te duela, yo estoy dispuesto a ayudarte todos los días.
El ruido de la madera rompiéndose interrumpe la conversación y el pecado del orgullo entra por la puerta con una expresión asesina.
-¿Qué demonios le estás haciendo a Merlín? ¡Maldito degenerado!
El rey y la hechicera lo ven desde el borde de la cama de está, Arthur con un pendiente de oro en su mano y Merlín apoyando su cabeza en las piernas del varón, luciendo la otra pieza en su oreja.
-¿Por qué entras de esa forma?- le reclama ella levantándose molesta.
-Ah… eran unos pendientes… es que yo pensé… es que ustedes… - dice queriendo que la tierra se lo tragué- Olviden que me vieron, iré donde Gowther a borrarme los recuerdos de está noche- termina dando la vuelta mientras Arthur y Merlín se ven extrañados.
Una idea que rondaba mi mente hace unos días, me divertí escribiendo y espero que les guste.
