La escuela no era gran cosa, de hecho, era la más pequeña en la que jamás había estado, pero vacía tal cual estaba, después de haber tocado el timbre, tenía su encanto a pesar que se notaba que le faltaba mantenimiento. Supongo que era el precio a pagar por ser pública y encima en un pueblo pequeño alejado. Yahiko comentó que los alumnos y profesores eran los que trataban de que permanezca en pie a falta de ayuda del gobierno.
Los pasillos eran como cualquier escuela, a excepción que no tenían casilleros a los lados, estos se encontraban cerca la entrada de la institución y eran bastante pequeños. Había un solo patio del tamaño de un campo de fútbol, aparte de llevar los típicos arcos estos llevaban aros para baloncesto.
Yahiko no paraba de hablar, pero yo no estaba escuchando, la verdad no estaba muy interesado en anécdotas del curso, aunque la historia de cuando Itachi casi le saca un ojo a Kisame en un partido de Voleyball sí la escuché y me pareció muy entretenida. Luego de mucho parloteo llegamos al techo de la escuela, me sorprendió que estuviera abierto para alumnos. Ese era el lugar favorito de muchos, pero luego de que hubieran puesto una especie de redes de metal alrededor la gente dejó de acudir ahí, supongo que se escapaban a pesar que era muy alto y daba miedo.
Yahiko me aburría con tanto parloteo, creo que se sabía la historia de la escuela de memoria, así que mientras todos le ponían atención me escabullí rumbo donde Itachi estacionó su bicicleta para esperarle ahí e irnos. Me sentía mal, pero era por el propio bien del presidente de la clase, tenía que saber que su charla aburría, especialmente a los alumnos nuevos.
No tardé en perderme en los pasillos que parecían laberintos. Bajaba, subía escaleras y todo me parecía igual. Cuando estaba a punto de entrar en pánico cuando que escuché dos voces familiares discutiendo. Me oculté detrás de la pared para escuchar.
- Dios…Sasori ¿Cuánto tiempo estuvimos? ¿Dos semanas? ¿Puedes dejar de interesarte por cosas que solo son asunto mío, hm? – Dijo una de las voces, sonaba joven, casi infantil, pero brusca y ronca al mismo tiempo.
- Solo quiero saber- Le respondió calmadamente la otra voz, la cual era aterciopelada, supuse que era la de Sasori - ¿Estás con alguien ahora?
- No es asunto tuyo. Y no, no estoy con nadie. Ya supéralo, hm-
- Tampoco es asunto de quién nos está escuchando detrás de esa pared- Respondió levantando la voz Sasori.
Creí que se referían a mi. Ahora sí había entrado en pánico ¿Qué iba a hacer? Tenía que huir de manera sigilosa. Pero antes que pudiera mover un músculo, alguien ya había tomado con fuerza el cuello de mi camisa, forzándome a darme la vuelta y bajar el cuerpo varios centímetros. Se trataba de Deidara, quién me miraba furioso y con el ceño fruncido.
No iba permitir que en mi primer día me agredieran o me tratasen como saco de boxeo, así que tomé con fuerza sus escuálidas muñecas, con intención de estrujarlas con más fuerza si intentaba hacerme algo. Clavé mi mirada en la suya tratando de intimidarlo…sin mucho éxito, yo era muy malo lidiando con este tipo de conflictos.
- ¿Qué escuchaste? – Me gritó agitándome
- Nada- Balbuceé tratándome de quitar de encima sus manos.
A pesar de su tamaño y de que era delgadísimo, Deidara era bastante fuerte y librarme de él me costaba. Estaba empezando a dejarme sin respiración por su agarre al cuello de mi camisa.
- ¿Primer día de clases y ya estás peleando?-
Del otro lado del pasillo se acercaba la profesora de física con paso firme y visiblemente enojada.
- Yo no empecé – balbuceé – Él… y luego… – Al momento de querer señalarlo, noté que Sasori había desaparecido
- Muy bonito señor Uchiha, usted ya me había causado una buena impresión, pero veo que me equivoqué.- Gruñó con decepción la profesora.
Deidara me soltó, su expresión ya no era desafiante, más bien tenía miedo. Lo solté también.
- Ustedes dos vendrán el sábado en la mañana a pintar la pared sur de la escuela- Se acomodó el traje y anotó algo en su libreta.
- Pero profe…-protestó Deidara
- Pero nada, los estaré esperando a las 8:30. Y no se diga más – Nos miró a ambos muy molesta – Espero que en lo que queda de la semana no se metan en más problemas.
Se fue, el sonido de sus tacones era amenazador y a partir de hoy día me quedaban claro dos cosas: si escuchaba sus zapatos significaba muerte, y ya sabía cómo se hacía el mantenimiento de la escuela.
- Si dices algo a alguien algo de lo que escuchaste estás muerto- Me amenazó Deidara una vez que la profe estuvo lo suficientemente lejos, evitando mirarme.
- Prometido, palabra de Tobi- levanté la mano derecha en señal de promesa
A los pocos minutos estaba volviendo a casa en la parte trasera de la bicicleta de Itachi, contándole todo.
- La profesora Tsunade suele ser muy dura- Rió Itachi sin dejar de mirar el camino
- Juro que Sasori desapareció- respondí algo molesto
- Sasori es…Sasori. Es un tipo muy extraño.
- ¿Y qué hay de Deidara? – Le pregunté con curiosidad, tendría que pasar todo el sábado con él, así que quería conocerlo un poco más para no equivocarme y ganarme un enemigo.
- Ese tipo es un chistoso. Él y Hidan son Jackass versión adolescente, Kakuzu solo los observa. Tal vez deberías intentar hablar con ellos, son igual de payasos que tú.
- Me temo que me odian…Por lo menos Deidara, por lo que pasó hoy.
- No lo creo, tal vez te guardé rencor unos días o semanas, pero nada grave. Eso sí, no te metas con su arte, porque va a odiarte. Un ataque a lo que hace es peor que un ataque a él.- Me dijo con tono de advertencia.
- Lo tomaré en cuenta…
- Eso y…mañana no podré llevarte a la escuela, a mi madre no le va a gustar que deje que Sasuke vaya solo de nuevo. Lo siento
- No te preocupes, me las arreglaré.
Sasuke era el hermano menor de Itachi, era un niño encantador, siempre pendiente de lo que su hermano hacía. Si tendría que tener un hermanito me gustaría que fuera como él.
Ese día Itachi y yo habíamos quedado en tomar el té y hacer tareas en su casa, la cual quedaba a una calle más arriba que la mía, por lo que subir en bicicleta conmigo montado no era una opción. Subimos a pie la colina que nos llevaba a su hogar, lentamente porque a mi me costaba más que a él.
Al llegar, sus padres nos recibieron en la sala con té verde preparado, la cual con las puertas abiertas daba hacia el jardín, el cual a su vez daba a la calle. La vista era genial ya que el pueblo de Konoha aún tenía mucha vegetación y los habitantes se esforzaban por mantenerlo así. Las sombras que hacían las hojas sobrevivientes al otoño danzaban con el viento de la tarde.
Mientras hacíamos las tareas, me pareció ver a Sasori subiendo montando en una bicicleta roja brillante y perderse entre los árboles. Itachi no pareció percatarse.
- Parece que todos acá se mueven en bicicleta – le comenté.
- Así es – sorbió un poco de su té – Konoha es un pueblo pequeño, por lo que moverse en auto dentro de él no es muy conveniente, llegas igual de rápido que a pie o a bicicleta.-
- Es como si todos aquí tuvieran una
- No todos tienen, pero sí, es muy común ver gente montada en una.
Continuamos haciendo las tareas en silencio, a veces interrumpidos por el sonido de Sasuke y su amigo corriendo por la casa jugando a los ninjas. De vez en cuando nos preguntábamos los resultados que nos salían en los ejercicios de física. Estuvimos así hasta las 7 de la noche, cuando ya habíamos terminado todo.
- Acerca Sasori y Deidara…¿Qué pasó entre ellos? – Esta duda me carcomía
- Digamos que tuvieron una relación extraña – Me respondió mi primo – Creo que duró algo menos de dos semanas…no sé, la mantenían en secreto. Un día los descubrimos tomados de la mano y nuestras sospechas se confirmaron.
Deidara llegó al pueblo como hace dos años, y se llevó bien con Sasori. Tú sabes…ARTISTAS. Pero todos notamos que a veces se quedaban mirándose el uno al otro de maneras muy obvias, por lo que era cuestión de tiempo para que algo pase entre esos dos.
No sé más…no soy muy amigo como para que me cuenten sus cosas, yo solo te cuento lo que vi y lo que me contaron. Creo que Kisame y Sasori hablan bastante, tal vez él te pueda contar más, no me contó mucho a mi porque tampoco me interesa lo que hagan o no hagan esos dos. Eso sí, sé discreto si vas a preguntar, pero tampoco preguntes de manera directa, y menos a Deidara, se va a molestar mucho.-
Yo soy un tipo muy estúpido, muy curioso y me meto en problemas muy a menudo, pero no era tan idiota como para meterme con alguien como Deidara, parecía del tipo agresivo. Además no quería tener ningún enemigo.
- Pasando a otros asuntos- Interrumpió mis pensamientos Itachi - ¿Hay alguien que te haya llamado la tención?- me lanzó una mirada pícara.
- Oh, no de esa manera- Respondí algo incómodo. – La única chica que vi era Konan, y no me tomes a mal, es genial, pero no la conozco tanto como para me "llame la atención"- dibujé comillas con los dedos.
- Cierto, olvidé que solo hablaste con gente de la clase – Rió Itachi.
Continuamos hablando hasta las 7:30 cuando me fui a casa. Ya había anochecido y seguramente papá me esperaba para cenar. Él solía llegar a esa hora todos los días. Antes, cuando no podía moverme, lo esperaba con ansias, pero ahora me tenía que esperar a mi.
Cuando llegué él estaba en efecto esperándome en el porche de la casa. Luego de un cálido abrazo de parte suya entramos a comer la sopa instantánea que solía comprar al por mayor cada que íbamos a la ciudad.
Nuestra conversación no tenía silencios. Le conté todo, bueno, casi todo, omití el incidente con Deidara, su relación con Sasori, y el hecho que estaba castigado, en lugar de eso le dije que el sábado en la mañana saldría con mis amigos y volvería a casa para el almuerzo. Estaba alegre que ya tuviera un grupito en poco tiempo. Según él, la vida en un pequeño pueblo me hacía bien.
El resto del día transcurrió con normalidad. Vi la serie de ninjas adolescentes con la que estaba obsesionado, y cuando terminó la comenté con Itachi vía mensajes de texto. Me bañé con ayuda de mi padre, siempre evitando verme al espejo porque no quería espantarme con las heridas de mi rostro sin vendas.
En mi cuarto, bajo el cobijo de la oscuridad y de las vendas me costaba dormir. Mi primer día fue emocionante, pero también un desastre. Tenía claro que un problema mío era el hecho de que formar vínculos me asustaba bastante. Me propuse una meta: me haría amigo de toda la gente de la clase, tendría un confidente que no fuera familiar mío y me haría popular. Eso último era muy anti-yo, pero quería hacerlo, necesitaba un cambio ahora que ya podía caminar, aunque cojeando, y que podía relacionarme con gente de mi edad. Quién sabe lo que podría pasar, capaz y hasta me conseguía una novia…Bueno, no, me cuesta no reír ¿Yo con novia? La tuve…en Kinder, pero no creo que cuente.
Terminé durmiendo luego de reflexionar por varios minutos sobre la inmortalidad del pepino. Esa noche mi sueño me recordó algo que prefería olvidar.
Nos encontrábamos en la última ciudad en la que vivíamos antes de mudarnos a Konoha. Esa lluviosa noche mi padre tenía una reunión con alguien de la empresa Uchiha, y toda la familia subía en auto por la carretera que cruzaba por la colina donde se encontraba la casa del señor.
Apenas se veía el camino y mis padres discutían. Yo prefería no escucharlos, por lo que en mi MP3 Avenged Sevenfold sonaba más alto que mis problemas.
- Madara. Piensa en Obito – Llegué a escuchar a mi madre por encima de la canción que sonaba en mis audífonos – Él necesita ser un adolescente normal, tener un grupo de amigos y sin viajar. Podemos movernos a Konoha de nuevo y quedarnos, sé que tú lo extrañas, yo lo extraño. Hasta puedo trabajar yo también, sé que con este trabajo no es necesario que lo haga, pero te vas a matar a este paso.
Un estruendo más fuerte que la música que escuchaba calló la discusión de mis padres, a continuación miles de rocas cayeron encima de nosotros. Aplastando a mi madre por completo y la mitad de mi cuerpo.
Mi padre salió con apenas un par de fracturas, y jamás dejó de culparse por la muerte de mi madre y por el estado en el que me encontraba. Cuando me dieron de alta del hospital nos mudamos a Konoha, y desde ese día mi padre me atendió junto a mi primo Itachi.
Desperté con lágrimas en los ojos unos segundos antes que mi despertador sonara. Ya era hora de ir a clases.
Tenía un desayuno ya hecho como el día anterior, pero no tenía a Itachi para llevarme. Me apresuré para salir de casa y bajar con cuidado de mi casa hasta la zona de asfalto. Me encontré a Kisame manejando una bicicleta montañera color azul marino.
- Uy ¿A quién tenemos aquí? ¿Te llevo? – Se detuvo frente a mi.
- Muchas gracias – Respondí entusiasta mientras me subía al rack trasero.
Noté que al igual que Itachi llevaba un llavero con una nube roja ¿Sería algún llavero de mejores amigos o algo así? A los pocos segundos se nos unieron Yahiko, en una bicicleta de ruta, de esas que alcanzan grandes velocidades en el pavimento, y Konan con las mejillas rosas del cansancio llevando a Nagato en una bicicleta estilo dutch.
- Nagato aún no sabe manejar una bicicleta – Jadeó con las mejillas rosadas Konan al ver que los miraba con curiosidad.
- Hola – Saludó suavemente el chico de pelo rojo.
Al llegar a la escuela nos encontramos a Itachi estacionando su bicicleta, los demás hicieron lo mismo. Nos dirigimos a clases y el día transcurrió sin novedades.
Descubrí una cafetería de la cual me perdí por haberme escapado de Yahiko y su charla. Era bastante pequeña y poner un pie ahí me hacía dar calor. Era un lugar hermético y sofocante.
Al parecer perderse en la escuela era muy poco común, por lo que ya podría considerarme un idiota de primera. Recorrer los pasillos junto a Itachi y Kisame era muy sencillo, parecían maestros en ubicarse en el espacio.
Esta vez almorzamos en la azotea, fue una experiencia agradable. Hice algunas bromas para ganarme la simpatía de mis compañeros, al principio con dificultad, pero una vez que empecé no podía dejar de hacerlo. El impulso de idiotez.
Parecía que todos se habían olvidado que yo era el nuevo, porque todo, a excepción de la clase de química (que aún no habíamos pasado por la ausencia del profesor) transcurrió con normalidad y sin ser yo el centro de atención. Obviamente no pasé educación física, no estaba en condiciones de correr ni nada. La clase de arte me resultó aburrida porque fue pura teoría, pero la de la próxima semana iba a estar mejor porque sería práctica, incluso me dijeron que debía prestarle atención a Sasori o a Deidara porque era un verdadero placer verlos en acción.
Al final del día volví junto a Itachi, teníamos una conversación animada de todo lo ocurrido. Como Shiro le había dado accidentalmente una patada en la ingle a Nagato en educación física, la espectacular caída de Kakuzu en el receso, y como Konan se quedó dormida en plena clase. A pesar de todo no podía quitarme de la cabeza el hecho de que estaba castigado.
El ir a la escuela no fue mucho problema durante toda la semana porque a veces me encontraba con alguien dispuesto a llevarme, como Kisame, Yahiko e incluso una vez Kakuzu, quien no me habló ni para preguntarme si quería ayuda para ir a la escuela ni en todo el camino. Eso sí, noté que todos llevaban el llavero de nube roja en su bicicleta, pero no me armaba de valor para preguntar.
La semana transcurrió tranquila, sin muchos percances, yo tratando de desinhibirme gastando bromas a otras personas, todos riéndose conmigo o de mi. Lo normal. Hasta que el viernes por la noche recordé que a la mañana siguiente me tendría que relacionar con la única persona con la cual casi no había hablado en la semana: Deidara. Hasta Hidan y Sasori que se veían de lo más hostiles se habían reído conmigo y de mi, pero él parecía un poco más distante. Ese día sería mi oportunidad para hablarle.
El día llegó y nos encontrábamos ambos a las 8 de la mañana en la puerta de la escuela. Deidara llevaba una sudadera color verde, pantalones color marrón y sandalias. Más tarde nos llevaron a la pared sur, no nos habíamos hablado en ningún momento.
La pared sur estaba llena de graffiti, dibujos obscenos, declaraciones de amor y hasta porquería lanzada. Nuestra misión era limpiar y repintar. Finalmente nos dejaron solos con trapos, agua, pintura y brochas de diferentes tamaños.
Cuando nos dispusimos a limpiar me propuse hablarle al ser humano de cabellos dorados que tenía al lado.
- Oye, tu sabes que mi nombre es Obito, pero me dicen Tobi ¿Tú tienes algún sobrenombre o quieres que te llame de alguna manera?- Le dije de la manera más amigable posible.
- Su majestad- Respondió cortante sin dejar de limpiar.
Bueno, público difícil. Ya vendrían más y mejores oportunidades. Como la acababa de ocurrir, Deidara era tan pequeño que no podía alcanzar los lugares más altos de la pared, por lo que verlo saltar era gracioso.
- Permíteme- limpié la zona que él quería alcanzar, pensando que le estaba haciendo un favor
Me miró con el ceño fruncido y la cara roja, no sabía decir si era rojo-vergüenza o rojo-furia ¿Por qué me resultaba tan difícil leer a la gente?
Terminamos de limpiar y pintar para el medio día y la profesora Tsunade nos mandó a casa. Era un alivio, estar con Deidara me hacía sentir nervioso, como si me fuera a saltar al cuello en cualquier momento.
Cuando nos íbamos, descubrí que él vivía al lado mío, y aunque me sentía aún temeroso por su agresividad decidimos irnos juntos. Casi no hablábamos, por lo que hablarle de arte me pareció buena idea para romper el hielo.
- Y…me dijeron que eres artista- Me costó hacer salir las palabras de mi boca.
- Eh – Levantó la mirada en dirección a mi rostro – Sí, sí lo soy. Soy escultor, también manejo acuarelas, hm.
Esta vez no era hostil, lo lograste Tobi.
- ¿Tú haces algo en particular? – Me preguntó, curioso.
- No realmente, es decir, me gusta dibujar, pero no soy para nada bueno. También me interesa la física y la lectura.
- ¿Te gustan los cómics verdad? ¿Cuál es tu favorito?
- Pues me gusta bastante todo lo que tenga que ver los x-men y con sandman.
La conversación siguió hasta que lo dejé en la puerta de su casa. Nos gustaba la misma música, los mismos videojuegos y series, los mismos libros y cómics. Era…raro, y hasta me daba miedo.
En casa ya me sentía demasiado perturbado como para hablar, por lo que me mantuve en silencio. Pero le conté todo a Itachi, le mandé un audio de dos minutos de duración por Whatssenger, hablando de manera atropellada.
A continuación otro audio de dos minutos de parte de Itachi tratando de calmar mi asco y desesperación. Terminó agregándome al grupo de Whatssenger de la clase del 5-D, donde al parecer mi llegada provocó un silencio incómodo, hasta que alguien preguntó "¿Quién es?", mi primo le respondió "Es Tobi".
Me dispuse a espiar perfiles ajenos, con cuidado de no llamarles al tocar el icono de llamada gracias a mi torpeza al manejar pantallas táctiles. Me sentía más chismoso y metiche de lo normal, o sea, yo era un curioso por naturaleza, jamás negaré esa parte de mi, es solo que ver perfiles ya era demasiado.
En fin, mi travesía para adivinar quién era quién empezaba.
Primer perfil: Foto de perfil de una grulla origami de tonos azules, su estado era un corazón azul. Konan.
Segundo perfil: La foto de una explosión no me decía nada. Su estado era "el arte es una explosión". Probablemente Deidara, pero también podría haber sido Sasori, me habían comentado que también era un artista.
Tercer perfil: No sabía si era Kuro o Shiro, en su estado "soy Kuro". Me confundía más al ver uno con la misma foto y un "soy Shiro".
Cuarto: No foto, no estado. Dejémoslo para después.
Muchos de los perfiles tenían fotos de sus respectivos dueños, así supe cual era el de Kisame, el de Yahiko, el de Hidan y el de Nagato. Pero había uno que llevaba la cara de una muñeca espeluznante en primerísimo primer plano que preferí no consultar por el absurdo temor de que se empezara a mover, así que quedaba en anónimo. Por supuesto tenía guardado el número de mi primo.
Había pasado con éxito mi primera semana en clases. Tenía unos cuantos amigos aparte de Itachi, me incluyeron en el grupo de Whatssenger de la clase, alguno que otro drama, solo faltaba que me quitasen las vendas para ser oficialmente un típico adolescente. Ansiaba ir en bicicleta a la escuela, pasar educación física, y formar mi propio club de la pelea, tal vez eso no, pero debo admitir que no era una mala idea del todo.
Parte de mi plan de ser un adolescente normal era buscar algún club escolar normal, común y corriente donde pasar mis ratos libres y algún fin de semana, así que repasé unos apuntes que me dio Konan acerca el tema. Su letra era hermosa, incluso cada apunte tenía un foto de los miembros en plena actividad, pero le ponía demasiado glitter y decoración a todo, por lo que mis manos eran cada vez más brillantes a medida que tocaba el papel. Habían algunas actividades que me parecían geniales como el club de lectura o el club de fotografía. Tal vez me uniría al primero, me interesaba bastante.
Fui explorando más y más los clubes y noté algunas cosas diferentes en la gente de mi clase, por lo que supuse que las fotos serían de mucho tiempo antes de que yo apareciera. Encontré una foto de Shiro, Kuro y Nagato en el club de jardinería, parecían bastante felices llenos de tierra y cargando macetas. En el club de origami mi salvadora Konan, en oratoria Yahiko, Kakuzu el único miembro del club de finanzas (no sé si me sorprendía menos que el fuera el único o que fuera precisamente ahí donde lo encontrara), Hidan en teatro, Itachi en fútbol, Kisame en natación.
Pasando las páginas llenas de glitter llegué al club de arte y noté cosas en la fotografía que adornaba los apuntes de mi amiga. No solo que el pelo de Deidara, que ahora le llegaba hasta debajo las axilas, estaba más corto, sino que también Sasori se encontraba observándolo en el fondo del lugar donde fue tomada la imagen. Nunca lo había visto mirar a alguien así, de hecho no lo creía capaz de hacer muchas expresiones.
Al parecer los sentimientos de Sasori por Deidara venían de hace algún tiempo, y eran más fuertes de lo que pensaba. Pero aún me preguntaba ¿Por qué terminó él la relación?
La verdad los asuntos amorosos no se me daban bien, yo solo había tenido una novia…en kínder. La relación terminó cuando ella me jaló el cabello y se comió mis crayones. Su nombre era Rin o algo así, no lamenté mucho nuestra ruptura.
Luego de mucho pensar sobre todos los niños que conocí en cada ciudad que visitaba me dispuse a hacer las tareas para la semana, sin mucho éxito porque estaba aún con la mente en aquellos recuerdos de la niñez, cuando los dramas del día a día eran lejanos. Probablemente cuando sea mayor recuerde esta escena, cuando los impuestos de la vida adulta se encontraban lejos.
A veces me pregunto qué haré cuando salga a la vida real ¿Iré a la universidad? ¿A cuál? ¿Qué terminaré estudiando? Aún me faltaba un año, bueno medio, para decidir. Pero lo más probable es que trabaje en la empresa de la familia, la cual seguramente será heredada por Itachi una vez sea lo suficientemente mayor, yo soy un chico muy suave como para ser responsable de algo así.
Pero ser suave a veces tiene beneficios, tal vez si le hubiera hecho frente a Deidara tendría un castigo peor. No me preocupaba, el chico parecía haberse calmado. Ya era hora de descansar para mi, así que me dirigí a mi habitación subiendo las escaleras con ayuda de papá, subirlas era más difícil que bajarlas, lo mismo con la colina en la que vivíamos.
Era una noche esplendida, así que la terraza era un buen lugar en ese momento para realizar los ejercicios que me mandó el fisioterapeuta para hacer pasado un día. La luna llena iluminaba las hojas de los árboles que rodeaban al pueblo. El camino de tierra que conectaba todas casas de mi zona residencial se veía iluminado por los rayos lunares, así que podía distinguir pisadas de personas y animales junto a rastros de ruedas de bicicletas.
Una vez terminé mis ejercicios me iluminó la parte izquierda del rostro una luz artificial. Giré la cabeza para ver que una habitación de la casa de Deidara se había iluminado y distinguir una pequeña silueta femenina detrás la cortina. Inmediatamente la chica dio media vuelta para desaparecer tan rápido como había aparecido y la oscuridad volvió, dejándome intrigado por saber quién era y qué hacía.
No podía quedarme pensando mucho tiempo, al día siguiente tenía que ir a la ciudad para ser examinado por mi médico y el camino sería largo y tedioso. No quería trasnocharme.
Apagué la luz de mi habitación y cubrí mi cuerpo con mis sábanas ¿La chica que se encontraba al lado de mi casa me vería como silueta sin identidad también?
