Desperté a las seis de la mañana cuando apenas salía el sol. Salí de la cama deslizándome y observé a mi derecha la ventana cubierta por una persiana color crema, y recordé la silueta de la chica, ella podía ver mi sombra durante las noches, tal vez tendría que buscar una nueva, o vestirme en la oscuridad.

Gracias a todos los meses en fisioterapia podía cambiarme de ropa y bajar las escaleras con facilidad, aunque todavía tenía que hacerlo con calma. Hoy día tenía que ir, no solo a hacer los ejercicios, sino también a que me revisen el proceso de sanación, y llegar al centro médico que me atendía era una odisea, ya que se encontraba en la ciudad a 5 horas de aquí.

Tomé un sustancioso desayuno con papá, cargué mi bolsón con un libro, mi mp3 con batería al 100% y con pilas de repuesto en caso de emergencia, mi teléfono completamente cargado y con crédito para usarlo en Whatssenger y así hablar con Itachi o molestar al grupo de la clase del 5-D. Todo listo para mi aventura.

Pero antes de que pudiera decir "cacahuate" alguien tocó el timbre ¿Quién podría ser a las casi 7:00 de la mañana? Me dirigí algo molesto a abrir la puerta, menos mal no me encontraba en pijama, o peor, sin las vendas.

Al abrir la puerta me encontré a ¿¡Hidan con traje y corbata!? Me miraba nervioso, noté que una gota de sudor resbalaba por la parte en la que su sien se encontraba con su cabello bien peinado y lleno de laca, la biblia con detalles dorados que sostenía era estrujada con fuerza por sus manos musculosas. Temblando tanto como su voz me preguntó:

- ¿Quisiera escuchar la palabra de nuestro señor Jesucristo?-

- Eh...no, gracias- cerré la puerta en su cara, fingiendo no conocerle por el bien de los dos.

Testigo de Jehová detectado.

Había visto cosas muy extrañas durante toda mi vida, pero esta se llevaba las palmas. Sabía que tenía que fingir que esto no había pasado por el bien y por la reputación de chico malo de Hidan. No lo comentaría, incluso con Itachi, aunque las ganas de drama no me dolían, ME QUEMABAN.

Me asomé por la ventana que se encontraba cerca la puerta y vi a Hidan con un hombre y una mujer mayores, todos vestidos de manera formal. Asumí que eran sus padres porque la señora llevaba el cabello plateado al igual que mi compañero de clase. Me sentía algo incómodo viendo al chico malo del curso siendo regañado por adultos.

Mi curiosidad fue interrumpida por la voz de mi padre

- Tobi ¿Estás listo? – llevaba mi bolsón cargado en el hombro

- Sí – respondí rápidamente, apartando la mirada de la ventana

- ¿Quién tocó la puerta?

- Eh...un vendedor

- No podemos estar ni una semana en un lugar sin que nos toquen la puerta, están en todos lados – Respondió irritado

Salimos de casa a las 7:00 de la mañana rumbo a tomar el autobús que nos dejaría en la otra parada de transporte, la cual nos llevaría al tren bala al que tendríamos que subirnos para mi consulta con el médico.

Me dieron de alta del hospital hace dos semanas, fue entonces que me mudé a Konoha. Hace apenas una, cuando podía mantenerme en pie y andar sin ayuda, me dieron luz verde para ir a clases y salir de casa para algo más que ir al médico. Aunque, ahora que lo pensaba, el viaje era de cinco horas ¿Por qué antes podía ir allá y no a la escuela? supongo que el doctor tendría sus razones.

El viaje en bus me lo pasé entre durmiendo y escuchando música para ahogar los ronquidos de papá. Una vez terminado el recorrido a las nueve de la mañana, estábamos en una ciudad pequeña cercana a la capital, quedaba una hora de viaje en el otro autobús y otras dos en el tren bala para llegar a tiempo para mi consulta médica. En ese momento extrañaba estar en el hospital sin tener que viajar, pero eso era de cuando no me podía mover o apenas estaba en condiciones para hacerlo.

Compramos unos bocadillos para el camino y los boletos para el siguiente autobús. Volví a aplastar mi trasero en los incómodos y duros asientos, tal vez por eso no tenía nalgas. Papá durmió nuevamente, era todo un experto en roncar e incomodar a la gente.

A eso de las diez de la mañana, cuando estaba devorando mi merienda, recibí un mensaje en Whatssenger de un número que no había guardado antes pero que me resultaba conocido. Al ver la foto de perfil de un Hidan mostrando sus abdominales ya sabía quién era y qué pasaba. Guardé el contacto

"Oye, espero que no le hayas dicho a nadie"

Vi los puntitos moviéndose en la parte inferior de la pantalla, señal de que seguía escribiendo.

"Eso me arruinaría completamente "

Me dispuse a escribirle

"No te preocupes, tu secreto está a salvo con Tobi "

Otra vez los puntitos moviéndose

"Muchas gracias, hermano, te debo una"

Huir del drama tiene sus recompensas. Soy un buen chico.

El resto del viaje le mandé a Itachi fotos bobas de mi padre durmiendo, alguna cosa que encontraba y memes. El paisaje fue cambiando de casas sencillas y negocios pequeños a un espacio algo más rural, hasta que llegamos a la capital, llena de rascacielos, fría y casi sin vegetación.

Mi padre se movía lento, aún estaba mareado de tanto dormir. Caminamos unas cuantas cuadras antes de llegar a la estación, compramos boletos y montamos al tren bala que nos dejaba más cerca al consultorio. Otras dos horas de viaje y mis nalgas eran tan planas como un papel.

Como en el tren apenas se sentía el movimiento aproveché para leer, no podría hacerlo en el bus sin marearme. Papá estaba como siempre durmiendo, pero no roncando, por suerte. En dos horas me terminé algunos capítulos de mi libro y me comí el último chocolate, cuidando mis vendas como siempre. Las puertas se abrieron frente nuestro, ya habíamos llegado.

Mi padre se despertó de golpe y me llevó de la mano fuera del tren y camino al consultorio a través de la húmeda estación llena de gente. Salimos a la superficie y sobre nosotros se erigían grandes rascacielos y ni una sola casa. La ciudad me parecía extremadamente gris, seguramente ya me había acostumbrado a la vida en Konoha.

Tomamos un taxi y llegamos al blanco edificio, el cual nos miraba amenazante. Tragué saliva, nervioso, pero a la vez expectante ¿Qué me diría el médico hoy día?

Estábamos en la sala de espera. Papá leía una revista de ahí y yo seguía con mi libro, con canciones de la banda Mogwai sonando en mis audífonos. Hasta que se asomó la mujer de pelo corto, ojos oscuros y piel pálida que siempre me atendía desde que me internaron por no poder moverme, y nos llamó para la consulta. Primero ella me tomó los signos vitales mientras conversábamos animádamente acerca mis aventuras en Konoha, luego me derivó donde el doctor.

Entré a la oficina del doctor, se encontraba de espaldas viendo a la gran ventana que tenía el cuarto. Se dio la vuelta pocos segundos después de percatarse de nuestra presencia.

- Hola, Obito ¿Cómo te encuentras? – Su voz sonaba tranquilizadora.

- Bien, doctor – Respondí.

- ¿Haz estado haciendo los ejercicios que te mandó el fisioterapeuta?

- Sí, todos los días.

Luego de una ronda de preguntas me pidió sentarme en la camilla que se encontraba contra la pared y que me sacara la camisa y las vendas. Mientras lo hacía observé mi piel que una vez fue oliva en el espejo que había cerca, la falta de rayos hicieron que esta esté pálida, aunque aún se notaban pequeños vestigios de mi color anterior. Mi rostro, el cual no me animé a ver en meses, tenía toda la mitad derecha llena de cicatrices que parecían arrugas e iban en una especie de espiral alrededor de mi ojo derecho, lentamente me dispuse a abrir el izquierdo, el cual mantenía cerrado por su sensibilidad a la luz, la parte que tenía que ser blanca estaba roja, llena de sangre, pero no veía borroso para nada, lo cual según el doctor era casi un milagro. Observé mi cuerpo, dividido por la mitad por una línea donde estuvo la roca que me aplastó hace ya casi un año.

A pesar de todo el músculo que recuperé y gané gracias a los ejercicios de fisioterapia no podía dejar de lamentar el estado deplorable en el que me encontraba. Antes yo era un muchacho muy delgado, parecía slenderman, ahora era un poco más corpulento gracias a la actividad física a la que me sometía, pero prefería ser como era antes a que tener mi físico destrozado como ahora.

El doctor me revisó las cicatrices, me examinó de arriba abajo, y luego de estar algunos segundos pensando en silencio me derivó entonces al ala de fisioterapia con un papel escrito en egipcio antiguo, o sea, letra de médico. A pesar que ya estaba vestido aún estaba sin las vendas, por eso evitaba ver mi reflejo en las ventanas o en cualquier cosa que reflejara.

El fisioterapeuta me revisó otra vez e me hizo levantar pesas primero pequeñas, cuyo peso apenas sentía, hasta unas que pesaban hasta un kilo. Luego llegó la hora de la motricidad fina, lo que más me costaba, llevé pequeñas canicas de un lugar a otro de manera torpe al principio, pero luego me fui acostumbrando. Revisó mi andar y mis articulaciones.

- Espero que estés consciente de que esa cojera que tienes no se quitará – Me dijo – Se puede tratar y se hará menos notorio a medida que avances con el tratamiento, pero no se quitará del todo.

Ya puedes pasar educación física, pero no te excedas y evita el sol como te dijo el doctor. Si vas a hacer algún deporte de alto impacto o artes marciales no te esfuerces. Eso es todo, continúa haciendo los ejercicios que te mandé y nos veremos en dos semanas.

- ¿Puedo manejar bicicleta? – Le dije ilusionado

Mi padre rió bajito

- Eso lo veremos en un mes, sigue el tratamiento y capaz hasta puedas estar sin vendas. Recuerda, si haces ejercicio hazlo suave y no te esfuerces- Me despidió con una palmada en la espalda

Antes de salir la enfermera volvió a vendarme el rostro mientras me hacía recuerdo de evitar el sol. Por suerte estábamos en otoño y los días permanecían nublados o con poca luz solar, no sé que hubiera pasado si fuese verano.

El trayecto en taxi fue el más feliz que tuve, podía moverme más, no mucho, pero era una gran avance. Me emocionaba fantasear con jugar un partido de fútbol con Itachi o correr por ahí como un pony. Me puse más contento cuando hicimos una parada para comer antes de subir al tren bala.

Al mismo tiempo no quería que mis compañeros de clase me viesen el rostro, no aún, ni Itachi lo había visto. Me daba tristeza ver la mitad de mi cara, y más mi ojo lleno de sangre. Mi cuerpo estaba hecho trizas.

El camino a casa lo pasé durmiendo y mi padre despierto. La verdad fue relajante, menos para mi cuerpo, que ya se sentía rígido. Pronto ya me encontraba en el último bus que teníamos que tomar para ir al pueblo de Konoha, abriendo Whatssenger desde mi teléfono. Oleada de mensajes en el grupo de la clase del 5-D.

💣:

"Soy gay

No, no es broma"

Bueno ¿Quién sería el del nombre de usuario emoji bomba?

🏊 ️Kisame🏊 ️:

"Bueno Dei, no es por ofender, pero todos ya lo sabíamos, pero pretendíamos no saberlo para no incomodarte"

Guardé los números de Deidara y de Kisame en mi teléfono, mientras los demás hablaban iría ampliando mi lista de contactos si lograba reconocer a alguien.

Deidara:

"..."

💙 .origami💙:

"Pase lo que pase nosotros siempre te apoyaremos 💙"

Hermano de Kuro:

"Eres uno de nosotros después de todo, jamás te rechazaríamos"

Hermano de Shiro:

"🏳️ 🌈"

Hidan:

"Yo ya sabía antes, pero te vuelvo a decir que no importa lo que seas siempre serás nuestro amigo"

Sobrecarga de dulzura, no quise leer más y cerré la aplicación para dedicarme a escuchar música hasta quedarme dormido o sin batería, lo que ocurriera primero. Al parecer me quedé sin pila mientras descansaba porque desperté con los audífonos puestos pero sin sonido. Ya habíamos llegado a Konoha.

Exhaustos, papá y yo nos dirigimos a casa y tomamos una siesta cada uno en uno de los sofá de nuestra sala, para luego despertar y cenar juntos como todas las noches. Sopa instantánea, su especialidad.

El resto del día transcurrió sin novedad excepto que Itachi me envió un mensaje invitándome mañana a una noche de películas donde también estaría Kisame, y que podía llevar a alguien que le interesase. Eso último no estaba tan seguro de hacer pero probablemente invitaría a Hidan si no tenía asuntos con los testigos o a Konan o Nagato o Yahiko. Tal vez terminaría sin invitar a nadie. En fin, tendría todo el horario de clases y parte de la tarde para decidirme.

Me fui a dormir después de hacer los ejercicios que me indicó el fisioterapeuta. Nuevamente me preguntaba acerca la chica de al lado ¿Hermana de Deidara? ¿El mismo Deidara? Hablándo de él ¿Qué le habría impulsado a salir tan repentinamente del armario? ¿Mañana lloverá? Misterios misteriosos.

Esa noche no soñé nada, pero desperté con los pies en la almohada. Nuevamente la rutina: comer, vestirse, asearse, salir y rezar para que alguien me recoja. Pero lo último no pasó y llegué solo a clases. No es que me afecte, pero se veía...triste.

Al entrar al 5-D el primero en saludarme fue Hidan, lo cual me pareció raro, pero no tanto sabíendo que yo tenía en mi poder un secreto suyo. Saludé a los demás a medida que los veía o entraban a clases detrás mio. Justo antes de que tocara el timbre Itachi me sonrió desde su pupitre, como diciéndome que estaba contento que me esté adaptando.

Pasamos historia y esta vez sí tomé apuntes, incluso participé una vez para sorpresa de mis compañeros y del profesor. En el primer receso estuve con Itachi y Kisame fuera del aula comentando ciertas cosas.

- Solo falta Sasori- Dijo Kisame algo esperanzado, visiblemente conteniendo lágrimas de emoción.

- Dale tiempo, Sasori es un tipo más reservado- contestó Itachi.

- Lo sé, pero es que él también necesita salir del closet - Kisame agitó sus puños en el aire.

- No lo presiones.

- No lo hago, es solo que se sintió algo herido cuando Deidara nos dijo eso a todos por el grupo del curso.

- No entiendo por qué.

- Tú sabes cuan raro es el cabeza de ketchup. Aun así voy a apoyarlo en todo, necesita compañía.

- Me preocupa que alguien le hable del "asunto" a otras personas – intervine en la conversación – No sé cuán amigable sea Konoha con asuntos de este tipo...

- Tobi tiene razón – mi primo me apoyó – Pero si algo pasa todos nosotros vamos a ayudarlos.

- Tocan a uno nos tocan a todos – Dijo el chico de casi dos metros con determinación mientras el timbre de fin de receso ahogaba su grito de guerra.

Mientras pasábamos física la profesora Tsunade no nos quitaba la vista de encima a mi y a Deidara, a pesar que no hacíamos nada. De hecho cuando terminé los ejercicios antes que nadie me miró con recelo. Eso solo significaba que había perdido su confianza.

Mientras estaba en mi pupitre, pensando en la inmortalidad del cangrejo, un papelito plegado aterrizó justo en mi libreta. Vi a mi alrededor y encontré al autor. Hidan, quién me miraba con una sonrisa que exponía sus blancos y afilados colmillos, me hacía un gesto para que abra el papel, el cual rezaba:

"Hey, quieres ir a pasar el tiempo conmigo, Kakuzu y Deidara después de clases? ;)"

Lo miré mostrándole el pulgar en alto, a lo que el chico me respondió ampliando su sonrisa, si se podía ampliar más. Creo que tenía un amigo.

En el segundo receso Sasori le hablaba a Kisame, quién se había movido al pupitre vacío de Nagato, delante de Deidara, que tampoco estaba. Preferí no escuchar la conversación, ya tenía demasiado con el asunto de la ex pareja.

Le comenté a Itachi que me iría con Hidan y los demás luego de clases. Él estaba emocionado, porque "ya me estaba integrando y haciendo parte de la clase". Sentido de pertenencia. Era algo que yo no sentía desde hace mucho tiempo por estar siempre mudándome, y francamente dudaba sentirlo alguna vez, por lo menos no durante lo que iba del año.

Una vez que sonó el timbre para entrar a clase de cívica empezó el aburrimiento extremo, de vez en cuando el profesor Iruka tenía que hacer una pausa para regañarme porque no paraba de hacer el tonto o gastarle bromas a Deidara, no era mi culpa que el tipo se irritase de manera tan graciosa y que tuviera que molestarle para hacer llevadera la hora. Los demás tampoco podían atender la lección por mi culpa, cada cosa que hacía llamaba la atención de todos al mismo tiempo, puedo jurar que si parpadeaba de manera más rápida o lenta de lo normal todos lo iban a notar.

Al finalizar la clase para que podamos almorzar el profesor salió hecho una furia. No sé si llamar esto misión cumplida, pero incordiar profesores siempre fue mi especialidad y con cada día que pasaba tomaba más confianza para hacerlo. Creo que mi viejo papel del payaso de la clase me perseguía incluso en Konoha, donde quería cambiar mi enfoque y ser un tipo más serio.

El almuerzo lo pasé en la azotea con todo el curso, en ninguna escuela donde estuve la abrían para los estudiantes. Habían como tres conversaciones al mismo tiempo y no podía seguir ninguna, así que me limité a engullir la comida que me traje de casa. De vez en cuando escuchaba fragmentos sin sentido como "La reunión es a las 9, es luna llena" o "Kisame te pareces tanto a un armario que Deidara saldrá de ti en cualquier momento". Mis compañeros podían ser extraños cuando querían.

Sonó el tiembre y nos tocaba química, pero el profesor seguía sin venir, así que Tsunade entró y nos mandó a casa, provocando que las cejas de Hidan bailaran al verme, como diciéndome "ya es hora". Quería hacer que las mías hicieran lo mismo pero como solo tenía una visible se vería extraño, como ver a un cíclope guiñar. A todo esto ¿Cómo guiñaban los cíclopes?

Me despedí de Itachi mientras me acercaba a Hidan, quién armaba su mochila a la velocidad del sonido. Seguidamente llegó el par de amigos son quienes se supone pasaría el tiempo.

- Tobi irá con nosotros – Exclamó Hidan mientras los cuatro nos dirigíamos a donde las bicicletas se estacionaban.

Pude percibir una mueca de disgusto en el rostro de Deidara, aunque solo duró un milisegundo. Kakuzu...era Kakuzu.

La bicicleta de Hidan era una chopper negra, de esas que los chicos malos de las pelis de los 80's usaban, con espaldar de cuero y todo. La de Deidara era una BMX color verde olivo, esas que se ocupan para hacer acrobacias, y Kakuzu ocupaba al igual que Itachi una de touring, solo que la de él era blanca. Todas llevaban el colgante de la nubecita roja en alguna parte ¿Tradición de la clase del 5-D? ¿Qué era? ¿Debería preguntar?

Kakuzu terminó llevándome en el rack trasero de su bicicleta. Seguimos el camino de pavimento sin desviarnos y tomando cada vez más velocidad, pero una vez que llegamos a una zona donde empezaba el bosque los chicos se desviaron y se adentraron en él. Noté que en medio de los árboles y el pasto se había formado un delgado hilo de tierra, seguramente iban muy seguido por esta ruta.

Llegamos a una especie de vertedero en medio del bosque y estacionaron sus bicicletas cerca una puerta de automóvil que yacía olvidada entre la naturaleza y la basura. Noté que habían unas cuantas ruedas de camión agrupadas cerca a lo que parecía ser una choza abandonada, la cual estaba llena de graffiti. El lugar me alteraba un poco ¿Estabamos totalmente solos? ¿Era seguro?

- Hey Tobi, relax, venimos aquí todo el tiempo, no pasa nada- Parecía que Hidan leía mis pensamientos.

Me invitó a sentarme en una de las ruedas de camión, terminé hundiéndome, quedando con los pies por encima la cabeza. Pude escuchar como Deidara, que hasta ahora no había dicho ninguna palabra, reía por lo bajo. Logré acomodarme, no era tan malo una vez que encontrabas la posición perfecta.

Kakuzu sacó de su maletín unas cuantas latas de soda, me tendió una sabor a naranja. Separé un poco las vendas que estaban por encima mis labios y junto a los demás me dispuse a beberla, a pesar que era otoño hacía algo de calor. Me preguntaba si venían aquí siempre después de clases, eso explicaría por qué desaparecían antes que todos al sonar el timbre de la salida, esta era como un especie de santuario para ellos.

A pesar que Itachi siempre se jactaba de lo unido que era su curso y que todos andaban con todos, lo cual en parte era verdad ya que nunca había visto alumnos tan unidos, me di cuenta que se dividía en grupitos y este era uno de esos. No es que fuera malo, es más, es lo más normal del mundo, es solo que me parecía chistoso que mi primo dijera una cosa y los hechos otra.

Noté como Deidara sacaba de su bolso de mensajero algo envuelto en periódico, tenía una extraña mueca de emoción en su rostro. Desenvolvió el paquete, revelando muchas pequeñas esculturas de animales que llevaban mechas como de velas sobresaliendo de alguna parte.

- Llegó la mejor parte, hm- Deidara estaba sumamente emocionado – Es hora del arte.

A continuación sacó un encendedor de otro bolsillo de su bolso y se puso de pie, seguido por Hidan y Kakuzu y finalmente por mi. Tomó una de las esculturas, prendió la mecha y la lanzó por encima de nuestras cabezas, a los pocos segundos explotó, lanzando sus pedazos de arcilla blanca por todos lados.

Mientras la arcilla caía sobre nosotros como copos de nieve Hidan chillaba de la emoción, podía jurar que sus ojos de color púrpura brillaban, mientras que Kakuzu sin ninguna expresión perceptible aplaudía el espectáculo, yo solo veía atentamente. Deidara repitió la operación hasta que se quedó sin más esculturas, parecía gustarle que lo vieran.

- ¿Qué hora es? – Interrumpió Hidan repentinamente

Kakuzu le mostró tres dedos

- Mierda, la oración, digo, la novela. Kakuzu, acompáñame, necesito que vean que estuve con una medianamente buena influencia.

- Me ofendes – Gruñó Deidara

Kakuzu bufó mientras levantaba su bicicleta y se montaba en ella. Hidan hizo lo mismo, no sin antes despedirse de nosotros, y ambos sujetos se fueron a toda velocidad por el mismo camino por el que vinimos.

Ahora estaba a solas con Deidara, y, francamente, me incomodaba menos que cuando estábamos castigados, pero aún así sentía que el chico podía cortarme el cuello si lo hacía enojar, al mismo tiempo que tenía la necesidad de molestarlo. Fuera impulso de idiotez.

- Esas esculturas...¿Las hiciste tú?- Dije por fin, armándome de valor.

- Eh, sí, hm- Me respondió sin moverse de su lugar.

- Son bastante buenas ¿Por qué explotarlas?

- Porque al ser efímeras aumenta su valor artístico.

- Explícate.

- Cuando sabes que algo estará ahí por siempre no lo aprecias, porque sabes que nunca se irá. Sin embargo – los ojos de Deidara comenzaron a brillar – cuando algo es efímero lo disfrutas cada momento que puedes, lo aprecias cada segundo.

El arte es así, constantemente destruyéndose y reinventándose, evolucionando y cambiando, y esa inestabilidad e incertidumbre es lo que lo hace hermoso. El arte es cambio, es destrucción...es una explosión porque la forma que adopta no será para siempre.

Nunca había visto a Deidara tan emocionado por algo, verlo con el ceño fruncido ya era natural para mi, y por eso un momento como este donde no tenía cara de molestia se había vuelto extraño, hasta daba miedo. En parte era mi culpa el hecho de que no podía verlo con otra expresión, pero es que molestarlo era muy divertido

De repente recordé que debía llevar a alguien para la noche de películas en la casa de Itachi. Tenía a un posible candidato en frente, además tenía casi los mismos intereses que nosotros, así que ¿Por qué no preguntarle?

- Hoy día Itachi tendrá en casa una noche de películas y me dijo que invite a alguien ¿Quieres ir? También estará Kisame.

- ¿Noche de películas en lunes? – Respondió algo extrañado – Ustedes si que son raros, pero voy, Kisame e Itachi son geniales ¿Dónde es su casa, hm?

- Cerca de nosotros, a una calle, voy por ti a las siete para indicarte el camino.

- Hecho.

La bicicleta de Deidara no llevaba rack trasero para poder yo montarme, además era demasiado pequeño para llevarme, pero aún así me dijo que que colocara los pies en una especie de tubos que llevaban sus ruedas traseras. Fui parado y sosteniéndome de sus hombros todo el camino, y sorprendéntemente el chico me llevó sin ningún problema hasta mi casa.

En casa me dispuse a hacer tarea a toda velocidad, me cambié el uniforme después de sacudir toda la tierra que llevaba encima. Para cuando ya había terminado de hacer todos mis quehaceres del hogar, como lavar los platos y barrer, ya eran las siete.

Salí de casa para dar veinte pasos y ubicarme en el porche de la casa color verde que era de Deidara, estaba su bicicleta estacionada ahí y algunos muñecos y peluches desparramados en el piso de madera ¿Tendría hermanos pequeños? Toqué la puerta y esperé.

Me abrió un señor sumamente pequeño de pelo blanco y largo en las secciones donde su cabeza no se había quedado calva, su larga barba y bigote junto a sus espesas cejas le daban la apariencia que me enseñaría kung-fu o me diría algo sabio que me cambiaría la vida. Me miró, expectante.

- Eh...¿Está Deidara?- Logré decir con algo de timidez en mi voz.

- Espera un momento- Dijo don voz rasposa.

Se dio la vuelta y caminó de puntitas, se movía como flotando, cerró la puerta con suavidad y todo quedó en silencio unos segundos. Al cabo de un momento pude escuchar un grito que provenía de adentro la casa.

- QUE SEA GAY NO QUIERE DECIR QUE ME GUSTEN TODOS LOS HOMBRES, ABUELO.

La puerta se abrió y de adentro la casa salió dando un portazo Deidara hecho una furia. No sabía si esperar a que se calmara o intentar calmarlo yo mismo, cualquiera de los dos parecía mala idea.

- ¿Y bien? ¿Vamos, hm?

- Sí, yo...te guío- Le dije tartamudeando

Caminamos unos minutos en silencio, a cada paso que dábamos se hacía más incómodo. Quería conversar, pero tenía que ser muy cuidadoso...

- ¿Tú familia también lo sabe? – Bien Tobi, eres un campeón, hacer referencia a su salida del armario, fantástico.

- Sí, estaba harto de vivir una farsa, hm- Me respondió sin dejar de ver adelante con algo de orgullo en su voz, pero a la vez ligeramente irritado.

Vi a mi izquierda, una casa antes de la de Itachi, como se cerraba de golpe la ventana del segundo piso de su vecino, podía jurar que había alguien mirándonos desde ahí ¿Habrían señoras chismosas en el barrio?

Llegamos a la casa de Itachi y golpeé la puerta, a los pocos segundos me abrió mi primo, llevaba un delantal y al pequeño Sasuke colgado de su espalda.

- Cariño, ya llegué, y traje una barbie para el niño – Saludé con tono de voz burlón señalando al rubio de ojos azules que me acompañaba

Recibí un golpe en el estómado por parte de Deidara y una mirada de desaprobación por parte de Itachi.

- Creo que no quieres palomitas- Bufó mi primo.

Nos invitó a entrar de mala gana, seguidamente Deidara y yo nos dirigimos a la sala de estar, donde estaba Kisame agarrando por el tobillo al niño rubio amigo de Sasuke. La casa tenía un olor agradable a palomitas.

- Kisame, suelta a Naruto- Itachi entró a la sala con un bowl de palomitas en las manos y sin el delantal. Sasuke lo seguía de cerca.

- Pero si es divertido...-Kisame bajó con suavidad a Naruto, que una vez en el piso corrió donde Sasuke y salieron rápidamente de la habitación

- Esos dos tienen toda la energía del mundo – Dijo Itachi mientras cerraba la puerta de la sala y apagaba las luces

La película que vimos era una de esas asquerosas que dan morbo. Engullíamos las palomitas con caras de asco por todas las vísceras que veíamos, siempre quejándonos de toda la sangre y excremento, pero viendo con entusiasmo de todas maneras.

A eso de las nueve de la noche nos despedimos de la familia de Itachi, y Deidara y yo bajábamos a pie hasta nuestros hogares mientras Kisame se iba por otra calle a donde fuera que vivía, nuevamente vi la ventana del segundo piso de misma casa de antes cerrarse de golpe ¿Nos estaban observando?

Dejé a Deidara en su casa y fui a la mia aún cuestionándome por los ruidos de la ventana cerrándose de golpe. Me preguntaba quien vivía ahí, ya que casi toda la gente de mi clase vivía cerca mio no me sorprendería que fuera alguien que conozco.

Llegué a casa, mi padre me esperaba sentado en el sofá viendo las noticias de la noche. Le conté todo acerca la película asquerosa a pesar que amenazó con lanzarme un almohada del sillón si seguía contándole más detalles. La relación con mi padre era buena a pesar de todo, aunque tratábamos de no hablar de mamá, nos ponía extremadamente tristes.

Finalmente, luego de hacer mis ejercicios y de darme un baño con ayuda de mi padre, me fui a dormir emocionado porque al día siguiente tenía mi primera clase de educación física. Podría correr, aunque con moderación, y eso me parecía genial. Mi último pensamiento antes de caer en los brazos de morfeo fue probarme el chandal que usaría mañana en la mañana.

Volví a despertar con los pies en la almohada y sin soñar nada. Seguí mi rutina de antes de ir a clases: vestirme, comer y asearme, y salir de casa. Bajando el camino de tierra me encontré con Yahiko montado en su bicicleta de ruta, y me llevó a la escuela en un abrir y cerrar de ojos. No parecía muy emocionado por hacer más ejercicio además de manejar bicicleta.

Nos encontramos en el patio de la escuela con todos nuestros compañeros, listos para pasar educación física. Me atrevo a decir que yo era el único emocionado. Incluso los gemelos, que parecían ser los más hiperactivos se mostraban desganados, pero aún así se me acercaron para hablarme con cara de tener otras intenciones.

- Creo que te buscan- Me dijo Shiro, con su inconfundible voz juguetona

- Y creo que no está muy contento...- Lo siguió Kuro con su voz siniestra y señaló a alguien detrás de mi.

Me di la vuelta para ver de quién se trataba. Era Sasori, su rostro estaba tan rojo como su cabello, sus puños estaban cerrados con tanta fuerza que sus nudillos se tornaban blancos, me miraba furioso. Si no había explotado ya de ira, seguramente estaba apunto de hacerlo, y yo era el motivo por alguna razón que desconocía.