Cuando llegué a clases al día siguiente, pude ver como Itachi se encontraba en frente del pupitre de Sasori regañándolo. No solo me sorprendía que haya llegado antes que yo, considerando que debía dejar a Sasuke en la primaria primero, sino también que el chico de cabellos de fuego estaba bajando la cabeza mientras mi primo le reclamaba la agresión de ayer.

- Ujujuju, Itachi sacó su vena de papá sobre-protector– Dijo el recién llegado Kisame.

- Pero...creo que Sasori se va a vengar- Le respondí viendo el espectáculo.

- Nah, si lo piensa esta vez me enteraré

- No sé si confiar en ti

- Uy...me ofendes- Respondió fingiendo estar herido.

El timbre sonó, ahogando las voces de toda mi clase, y aunque dudaba que pasaríamos química hoy día igual me fui a sentar, pasando inevitablemente por el lugar de Sasori, quién no se atrevía a hacer contacto visual. No pude evitar notar que Itachi nos vigilaba desde su asiento, clavando sus ojos oscuros en mí y en el recién regañado.

La puerta del salón se abrió violentamente, dejando pasar a un hombre delgado, pálido y con el pelo oscuro muy largo, llevaba puesta una bata blanca que le llegaba a la mitad de sus muslos. Se colocó en frente de la clase, y después de aclararse la garganta dijo:

- Lamento haberme faltado tantos días, estuve internado todo este tiempo en el hospital – Pronunciaba la S de una manera extraña, como si fuera una serpiente – Me comunicaron que tenemos un nuevo alumno, Obito Uchiha ¿Puedes levantar la mano?

Obedecí al maestro y levanté la mano.

- Ah, ahí estás. Bienvenido – Continuó –. Muy bien, hoy día iremos a laboratorio, quiero que se levanten con sus cosas y muy TRANQUILAMENTE, eso va para usted señor Hidan, me sigan al laboratorio.

Hidan obedeció de mala gana, al parecer siempre causaba problemas, como lo sospechaba. La verdad no me sorprendía, de hecho, me imaginaba que era de aquellos que hacían explotar todo a su paso junto a su grupo de amigos revoltosos.

Seguimos al profesor por los pasillos, bajando un piso y doblando un par de veces a la derecha para llegar al laboratorio. El hombre pálido se dispuso a meter la llave por el candado y abrir las puertas.

En entrar al cuarto, pude notar que, a pesar que era bastante pequeño, el laboratorio no parecía diferente al de las otras escuelas a las que ya había asistido, con sus mesas para dos equipadas con lo básico para hacer los ejercicios. Bien, por lo menos algo que conocía.

- Hoy día, por ser primer día de laboratorio, les asignaré pareja para todo el año. Sí, al azar porque me he enterado que últimamente no se han estado llevando bien -El profesor me miró por un mili segundo- Espero que puedan unirse como clase que son, puesto que les falta poco tiempo para ir a la universidad, trabajar o lo que quieran hacer con su vida después de ser bachilleres. Están en la mejor etapa de sus vidas, chicos...

No quise escuchar el discurso sentimentaloide que este profe nos estaba dando, especialmente estando parado junto a toda la gente de mi aula en un rincón a espera que nos asignen lugares.

- Ahora, el momento que han estado esperando – Del bolsillo de su bata de laboratorio sacó un papel, asumo que sería la lista del curso

Itachi, tú vas con...- Pasó sus ojos color ámbar por todos los rostros de mis compañeros- Vas con Shiro

Demonios, yo quería estar con Itachi...bueno siempre me quedaban Konan y Deidara

- Deidara, no irás con Hidan, y como queremos evitar explosiones vas junto a Konan.

Bueno, estar con Hidan o Kisame estaría bien también

- Kisame, controla que Hidan no haga nada raro.

¿Yahiko? ¿Kakuzu?

-Yahiko vas con Kakuzu

Por favor...con Nagato

- Kuro vas con Nagato

Mierda, eso solo podía significar una cosa

- Y, por último, Sasori vas con Obito

La expresión de Sasori no tenía precio, hubiera pagado por verla, pero en otras circunstancias. Estaba seguro que si no fuera porque ahora mismo yo era una momia mi cara estaría más deforme por la expresión de disgusto que tenía bajo todas las capas de tela que me cubrían. Demonios, hasta Itachi me miraba extremadamente sorprendido.

- Nada de peros- Se adelantó a decir el profesor antes de que alguien pudiera reclamar.

Luego de que nos hayan asignado asientos comenzó la clase. Sasori evitaba dirigirme la palabra a menos que fuera para darme órdenes. "Vierte la cosa verde aquí, muele esto, lleva aquello" Ya me hartaba, además no entendía un demonio ¿A quién le interesaba si el propileno era navegable?

- Muy bien, la tarea para la siguiente semana es esta – Dijo el profesor una vez que terminó de repartir una fotocopia por pareja -Recuerden que deben hacerla con su pareja, pueden reunirse en los recreos o en la casa de alguno.

Perfecto, lo que faltaba, tendría que ver a Sasori más tiempo de lo que mi estómago podría soportar. Más tarde le pediría consejos a Kisame de cómo lidiar con él, pero ahora lo único que quería hacer era alejarme lo más posible del chico cabeza de ketchup. Por eso cuando tocó el timbre que le daba el fin a las clases salí corriendo como alma que lleva el diablo.

Dejé mis cosas en nuestra aula del día a día, y justo cuando iba a irme apareció Sasori en el umbral de la puerta. A pesar que su expresión era serena no pude evitar sentirme amenazado por su presencia.

- Hagamos la tarea hoy día, así estaremos libres el resto de la semana. Ven a mi casa a eso de las 6:30, me quedaré después de clases para preparar el club de arte para la próxima semana.

- No conozco tu casa ¿Me darías un croquis o algo?

Sasori extrajo un cuaderno de su mochila para arrancarle una hoja y dibujar algo encima con un lapicero rojo.

- Sé que vives cerca de Deidara, así que usaré su casa como punto de referencia.

¿Por qué sentía que me estaba indirecteando o algo? ¿Cómo sabía que vivía cerca Deidara siendo que me mudé a Konoha hace menos de un mes?

- No te será muy difícil encontrar mi casa -Me tendió el papel – Konoha es muy pequeña.

Sin decirme más, Sasori dejó sus cosas en su mesa y se fue del aula para disfrutar del primer receso. Me quedé viendo como salía, pero mi corazón dio un ¿vuelco? cuando entró Konan ¿Por qué?

- Hola Obito – Me dijo sonriendo desde su mesa, mientras colocaba sus cosas en esta

- Hola, Konan – Mi propia voz me sonaba ridícula en estos momentos

- Lamento todo lo que tuviste que pasar con Sasori ¿Quisieras que hable con él por ti?

- No, no. No te molestes, por favor

- Adivinaré... ¿Este es un asunto entre él y tú?

- Eh...

- Ustedes los chicos nunca permiten que alguien los ayude, son muy orgullosos

Lo que Konan no sabía es que Itachi ya había intervenido, pero no le conté nada de eso porque no era mi intención quedar como un tonto en frente de ella. Desde ayer que tenía sentimientos raros, tal vez debería hablarlo con mi primo, él era un profesional en los asuntos de ese tipo.

Me quedé hablando con Konan hasta que tocó el timbre que daba paso a la clase de física, la verdad sentía bastante paz estando cerca suyo, al contrario de cuando estaba con Deidara, que sentía que todo mi mundo explotaría en cualquier momento ¿Eso era bueno o malo? No lo sabía en ese momento, pero tenerlo de amigo estaba bien.

- NOOOO – Chilló Kisame ahogándose de la risa – Eres el tipo más desafortunado que conozco

El segundo receso y la azotea estaban siendo arruinados por Kisame y sus burlas por estar con Sasori de pareja en química y haber sido asignado para ayudarlo en física en la clase anterior por la profesora Tsunade debido que el cerebro de cereza no podía resolver bien un simple ejercicio. Por si fuera poco, esta noche debía ir a su casa porque el señorito iba a estar ocupado preparando cosas para el club de arte. Era verdad que ahora Obito Uchiha era el chico más desafortunado de toda la escuela, no, de toda Konoha, o peor, de todo el país del fuego.

- Por cierto ¿Irán a mi competencia este sábado? Es en el pueblo vecino, habrá un bus que llevará a todos – Kisame nos movió las cejas a Itachi y a mi. Agradecí internamente el rápido cambio de tema.

Ahora tenía sentido porque el profe Guy no nos había castigado para este sábado.

- Sabes que nunca faltaríamos – Dijo Itachi

- Yo recién me entero, pero voy, no lo dudes – Traté de guiñarle el ojo...seguramente me veía raro

- Acerca, Sasori...Averigüé como lo hizo – Itachi le dio un sorbo al zumo de piña en caja que sostenía en una mano.

- ¿¡Cómo!?- Preguntamos Kisame y yo al unísono

- Pues esta mañana mientras hablaba con él...

- Mientras lo amedrentabas – Corrigió Kisame.

- ...Me reveló que fabricó una especie de laxante, como el genio de la química que es, lo puso en tu jugo el primer recreo cuando te fuiste, y el segundo recreo cerró dos casetas y se llevó el papel de una.

- Maravillosa jugada- Dijo Kisame frotando su barbilla

Itachi y yo intentamos amedrentar a Kisame con la mirada, pero el timbre nos interrumpió. Y nos dirigimos al salón para pasar matemáticas.

El almuerzo tampoco lo pasé muy bien, ya que Hidan, Deidara y hasta Kakuzu se burlaron del hecho que ahora debía estar pegado a Sasori por el resto del año en química. No importaba que la comida que me preparé la noche anterior estaba mucho mejor que las plastas que me estuve preparando todo este tiempo, lo cual significaba que mis skills de cocina mejoraban. Estaba enojado con el cabeza de ketchup, con los profesores, conmigo, con el mundo, con todo.

Al terminar la escuela, ya en mi hogar, decidí relajarme, dejando los quehaceres para después, ya los haría cuando vuelva de terminar la tarea en casa de Sasori. Ya eran las 6:20, ya era hora de ir. Viendo el mapa que me dio, pude notar que vivía justamente la que estaba al lado de la de Itachi, la ventanas locas. Bien, tendría muchas cosas que preguntar.

Subí a pie hasta su casa y observé la ventana del segundo piso antes de tocar la puerta, estaba cerrada. Inmediatamente me abrió una señora mayor cuyo pelo morado iba camino a plateado ¿Todos vivían con sus abuelos aquí?

- Buenas noches – Saludé amablemente - ¿Se encuentra Sasori?

- Por favor, pasa- La anciana se hizo a un lado – Ahora mismo debería estar con sus muñecos, déjame ver si sigue ocupado.

La casa de Sasori estaba llena de adornos y tapetes tejidos a mano, todas las paredes llevaban papel tapiz del mismo color que el té verde. Una mesa bajita de madera oscura se encontraba en medio de la sala y un niño de pelo corto rojo de la edad de Sasuke se encontraba dibujando algo con crayones.

Mientras me quitaba los zapatos para ingresar a la vivienda, la anciana desapareció por una puerta que llevaba del salón a otro lado de la casa que desconocía. Me acerqué al niño que dibujaba sobre la mesa.

- Hola – Le saludé.

- Hola – Me respondió tímidamente dejando de dibujar, le llamaban la atención mis vendas, se notaba, pero por suerte no me preguntó nada.

- ¿Cómo te llamas?

- Gaara... ¿Tú?

- Obito. Tienes un dibujo muy bonito ahí.

- ¿Eres amigo de mi hermano?

- Solo soy su compañero...

- Sasori es un chico muy raro, debe ser la adolescencia. Yo no quiero ser adolescente, son extraños, adquieren pasatiempos más raros y están enojados todo el tiempo. Yo quiero ser un niño para siempre y seguir jugando con mi arena.

Al contrario de Sasuke y Naruto, Gaara era un niño dulce y tranquilo, hasta podía conversar mejor que ellos, quienes cada dos oraciones cambiaban de tema y se ponían a correr en círculos. Incluso me agradaba más que Sasori, su extraño hermano mayor.

- Sasori se encuentra en el cobertizo de atrás – La anciana apareció de la nada, interrumpiendo mi charla con Gaara y me mostró que detrás la puerta por la cual desapareció había un jardín y una especie de cobertizo.

Me incorporé y me despedí de Gaara. Me dirigí al cobertizo un poco dubitativo, esperando que nada me salte encima o pisar alguna trampa o aspirar gas venenoso. Estamos hablando de Sasori, no me juzgues, grandulón lector de fanfics.

Toqué la puerta de metal con el dorso de la mano y casi inmediatamente escuché un "adelante" de adentro el cuarto. Empujé la puerta lentamente.

El cobertizo estaba lleno de muñecos de madera colgados de todas las paredes, algunos restos de proyectos desechados se encontraban en una esquina. Al centro había un escritorio macizo donde Sasori se encontraba tejiendo con las manos a una gran velocidad, su brazo ortopédico se mantenía inmóvil mientras que el sano se movía de una manera que no podía seguirlo con mi único ojo. Debajo de la mesa se encontraba su mochila oscura, con el maniquí que vi antes encima y todos los bolsillos abiertos.

Un muñeco me captó la atención inmediatamente, llevaba la melena larga y rubia, sus rasgos tallados eran muy finos, su piel clara fue pintada con mucho esmero y sus ojos eran azules. Definitivamente era Deidara, pero ¿Por qué estaba en una esquina como si lo hubieran arrojado?

- Espérame un momento, por favor – dijo con voz inexpresiva sin dejar de tejer – Estoy a punto de terminar.

Me acerqué al muñeco con apariencia de Deidara. Se notaba que había sido hecho con mucha dedicación, como si planeara regalarlo. Quería tomarlo en mis manos, pero sabía que Sasori se molestaría si lo tocaba sin su permiso, así que lo dejé ahí a pesar que sentía que me rogaba levantarlo.

- Lindos muñecos – Rompí el hielo, por fin.

- Gracias, un cumplido es raro viniendo de ti, considerando lo que te hice.

- Lo pasado que quede en el pasado.

- He terminado de tejer, hagamos la tarea – Sasori retiro la trenza recién tejida de la mesa y la colgó de un clavo que sobresalía de una de las paredes. A continuación, extrajo de su mochila las hojas que el maestro de química nos dio y me invitó a sentarme en el taburete que se encontraba a su lado.

Terminamos para las ocho de la noche, la tarea era bastante complicada, pero, como Itachi me dijo esta mañana, Sasori era un genio de la química. Me explicó algunas cosas que mi primo no pudo en todo el tiempo que me estuvo enseñando en casa, aunque tenía menos paciencia que él.

- Mira, debo disculparme por todo lo ocurrido – me dijo, mirándome a los ojos – No he actuado bien estos días, espero me disculpes por todo lo ocurrido.

Me quedé en silencio, yo sabía que Sasori era un tipo rencoroso, así esto no me lo esperaba. Además, me estaba pidiendo disculpas antes de exigírmelas, lo cual era más extraño aún.

- Te disculpo -Dije por fin - Yo espero me disculpes por... lo que sea que hice para molestarte.

- Oh...no eres consciente... - Su tono de voz era como de arrepentimiento.

- ¿Consciente de qué?

- Mira...lo que te voy a contar es un asunto complicado para mi.

A menos que hayas estado bajo una roca todo este tiempo, sabrás que Deidara y yo estuvimos en una relación. No duró mucho, pero significó bastante para mi. No quiero ahondar en muchos detalles, pero al verte caminando con él la otra noche sentí que algo en mi explotó ¡Y no está bien! Él y yo no estamos juntos desde hace algún tiempo, incluso yo terminé con él por el bien de ambos, si quiere tenerte de pareja no tengo por qué intervenir

- Espera, espera, espera. Deidara y yo no somos pareja. Ni siquiera soy gay

- ¿Ni siquiera bisexual?

- No hasta donde yo sé

- Creo que mi gaydar está fallando

- ¿Tu gayqué?

- Oh, nada. Solo olvídalo. Todo esto fue un mal entendido, debería estar pidiendo perdón de rodillas

- Por favor, no.

Estar en la casa de Sasori no fue tan malo después de todo. Bromeamos un poco acerca los profesores, hasta de nuestra pelea. Me alegraba que ya fuéramos amigos, o algo así. Terminé yéndome poco después, no quería que papá se preocupara, a pesar que le dejé una notita en el refrigerador y todo.

La cena en casa era lo de siempre: Sopa instantánea y ya, especialidad de papá. Me daba ganas de pedirle la cena como otro quehacer más para mí, pero sabía que cocinar cuando llegaba del trabajo era su manera de sentirse útil.

Cuando papá trabajaba en la empresa de la familia, mamá no tenía por qué hacerlo, así que se encargaba de la casa y de mí. Ella era mi confidente, la única que tenía ya que nos mudábamos cada dos por tres.

Cuando murió me sentí desamparado, era muy dependiente de ella para todo. Vivir en Konoha sin ella se volvió como mi salto a la independencia, como una caída libre sin paracaidas. A pesar que trataba de no tenerla en mis pensamientos, no había día en la que no la extrañase.

Con mi madre en la mente, subí a mi habitación, le pedí a mi padre que no me ayudar a subir las gradas, pero él insistió en quedarse cerca por si acaso. Cuando logré llegar arriba sin ayuda, quería bailar de la emoción, pero estaba demasiado cansado para hacerlo, en lugar de eso me di la vuelta para mostrarle el pulgar en alto a papá.

Tomé un baño yo solo, para despejarme un poco, y esta vez me forcé a ver mi rostro sin vendas y familiarizarme con él, pronto tendría que deshacerme de ellas y estar preparado era prioridad. Parte de mi "entrenamiento" sería hacer mis ejercicios al aire libre con la cara descubierta, ya que era de noche no habría sol que me molestara.

Salí al altillo y empecé los ejercicios, distraído por la luz de la luna. Las últimas hojas de los árboles se desprendían con el ligero viento que hacía, el cual me iba relajando cuando lo sentía en la piel de mi rostro. Un grito sumamente agudo me asustó, desconcentrándome.

- ¡Hombre guapo!

En la terraza de Deidara se encontraba una niña de la edad de Sasuke chillando, era sumamente delgada y llevaba su pelo negro en una media melena. Me apuntaba con el dedo y sonreía mientras abría con asombro sus ojitos. Asumí que era la chica cuya silueta veía todas las noches.

- ¡Kurotsuchi! Deja de hacer escándalo – Era la voz de Deidara que se iba acercando.

Entonces me di cuenta de algo muy importante: No llevaba las vendas, y no quería que nadie descubriera lo deforme que era mi rostro, especialmente un compañero de clases a quien veía todos los días. Vamos Tobi, una solución rápida, yo sé que la tienes.

Di la espalda justo a tiempo antes de que Deidara saliera a agarrar a la niña que saltaba como chimpancé apuntándome mientras chillaba "hombre guapo" una y otra vez. Asumí que era su hermana pequeña, ya que recordaba que en el porche de su casa había algunos juguetes.

- ¿Tobi? Lo siento, tengo un mono como hermana- Me dijo el chico rubio cuando vio a quién apuntaba la pequeña mona que asumo sujetaba entre sus brazos.

- Eh, sí, no te preocupes...

- ¿Estás bien?

- Sí, sí, eh...debo volver...tengo...las tostadas en el horno. Buenas noches.

- Vale, buenas noches.

Aun dándoles la espalda entré a mi habitación, la cual por suerte tenía las persianas bajadas. No quería que nadie viera mi rostro, absolutamente nadie.

Me tumbé en la cama, aun escuchando a la hermanita de Deidara chillando afuera. Estaba seguro que me decía guapo solo para molestarme, los niños son crueles.

De la mesita de noche que se encontraba a mi derecha saqué nuevas vendas y cubrí mi rostro. Tal vez no estaba listo para mostrarme al mundo después de todo.

¿Qué onda microondas? Espero les haya gustado el capítulo de hoy, como siempre, si leen este fanfic desde Ao3 o fanfiction pueden encontrar mi ilustración en wattpad o en mi tumblr. El dibujo de este mes me costó demasiado, ya que soy un asco dibujando perspectivas y objetos inanimados en general.

Espero lo hayan disfrutado, y recuerden, la heterosexualidad es frágil.