Al día siguiente me sentía algo mejor, sin embargo, las palabras de la hermanita de Deidara todavía resonaban en mi cabeza como un eco molesto. Era como tener un mosquito en la habitación y que este no parar de picarme.
Quería que me tragara la tierra y no escucharla más, pero por más que le rezara al inframundo no sucedía. Sabía que si no me distraía de inmediato tendría sus palabras en la cabeza por mucho tiempo más y sería difícil librarme de ellas. Para poder cumplir con mi cometido me dispuse a hacer mi rutina diaria.
Siguiendo mi rutina de siempre fui a clases, y en el camino me recogió Deidara. Todavía me sorprendía que pudiera cargarme con lo pequeño que era, y también me asombraba cuánta furia podía acumular su pequeño cuerpo, siempre enojado, siempre furioso por algo. Pero ese era él, y no lo cambiaba por nada, porque irritarlo mientras pedaleaba era gracioso, íbamos cada vez más rápido.
Unos metros más adelante se nos unieron Hidan y Kakuzu, cada uno en su bicicleta. Recorrimos el espacio del pueblo que nos faltaba para llegar al pueblo burlándonos de Deidara para que este vaya más rápido.
Fue un día común y corriente, sin ninguna novedad, y el resto de la semana transcurrió de igual manera. Todo era tranquilo, incluso Sasori lo estaba, aunque ya no me hablaba con tanta confianza como antes y evitaba acercarse a toda costa, seguramente se le pasaría pronto.
La tarde del viernes después de la escuela me encontraba en la casa de Itachi tomando té. Estar en su hogar me resultaba relajante y acogedor.
- Háblame de Konan – Le dije antes de tomar un sorbo de té.
- ¿Qué quieres saber?
- No lo sé, lo que sea.
- ¿Tiene que ver con los sentimientos raros que me comentaste el otro día?
- Sí.
- Creo que Konan te gusta.
- ¿Tú crees?
- Sí, pasas mucho tiempo con ella, hablas de ella todos los días…
Me quedé en silencio sin saber qué decir ante lo que había dicho. Itachi tenía razón, sentía algo por Konan.
- Creo que tienes razón…Debería decirle – Dije después de varios segundos de silencio
- Tal vez debas esperar un poco más, puede ser uno de esos enamoramientos fuga…
- Se lo diré el sábado de la siguiente semana, está decidido- Interrumpí el consejo no tan consejo.
Decidí ignorar todos los consejos de Itachi ¡Esto era amor verdadero! Y como nunca había sentido nada así debía hacer todo para que resulte. Konan era genial, yo no lo era tanto, así que nos podríamos equilibrar muy bien, solo me quedaba rezar para que me acepte con mi rostro deforme y todo.
Mi plan de volverme un chico genial y popular iba sobre ruedas, y no permitiría que nadie me lo quite. Ya hablaba con casi todo el salón y pronto tendría novia. Me faltaba poco para alcanzar la iluminación.
A pesar de que Itachi seguía diciendo que no me precipite, lo ignoré por completo y me marché a casa luego de convencer a Itachi de ayudarme con Konan.
- Voy a ayudarte, pero en serio…no te garantizo que todo salga bien…suerte en tu primer amor, de algo hay que morir en esta vida – Me dijo algo resignado a darme más consejos mientras me marchaba colina abajo en dirección a mi casa.
Al día siguiente era la competencia de Kisame, así que fui con Itachi en bicicleta al colegio. Como era un evento escolar todos íbamos con nuestros uniformes, así que mi deseo de ver a mis amigos con ropa de diario iba a esperar.
Sabía de buena fuente que Sasori no asistiría, así que cualquier posibilidad de post-venganza quedaba descartada, por lo tanto, podía relajarme por completo y divertirme. Aunque el día de hoy no esperaba tener a Konan cerca debido que siempre se la pasaba con Nagato y Yahiko, sabía que hoy iba a salir todo genial.
Cuando llegamos al colegio vi a Konan entre el pequeño tumulto de gente que esperaba el transporte que nos llevaría al lugar de la competencia de Kisame en el pueblo de al lado. Estaba sonriéndole a Yahiko. Me gustaba verla feliz.
El profesor Asuma se encontraba ahí también, Hidan como siempre estaba faltándole el respeto y fastidiándolo, pero el profesor le tenía una paciencia infinita. A veces lo admiraba, soportar a muchos monos adolescentes todos los días debía ser agotador.
Mientras Itachi estacionaba su bicicleta en el lugar designado me puse a observar a toda la gente que se encontraba esperando. Hidan se nos fue acercando para saludar.
- ¿Dónde está Kisame? – Le pregunté a Itachi.
- Partió la noche anterior, tendremos un viaje de dos horas y eso podría fatigarlo si viajaba hoy – Justo terminó de acomodar su bicicleta y nos dispusimos a unirnos a toda la gente.
- Eso tiene sentido, ojalá gane – Le respondí mientras lo seguía.
- Viajar a través del bosque es más rápido – Se quejó nuestro acompañante -Se tarda solo media hora.
- ¿Cómo lo sabes? - Le pregunté con curiosidad.
- Digamos que tengo pasatiempos – Me respondió, pero por alguna razón miraba a Itachi
- Oh, Tobi, no te presentamos a nadie del otro salón, mira, ahí están – Mi primo me señaló a un grupo igual de grande que el nuestro, sabía que lo hacía para cambiar de tema, pero igual hice caso.
Los del otro salón y cursos menores también iban, pero no sabía si lo hacían por obligación o por deseo. Estar cerca a ellos me ponía nervioso porque no los conocía y probablemente tendríamos que ir en el mismo bus, y seguramente querrían…interactuar.
Por suerte para mí, terminamos yendo en buses diferentes. Así que apenas llegaron los tres vehículos que nos llevarían subí a toda velocidad para alejarme de ellos y agarrar un asiento cerca la ventana. Quería ver todo el paisaje puesto que iríamos a un lugar del país del fuego en donde nunca había estado, a un pueblo llamado Eda.
- Estás acostumbrado a viajar, ¿verdad?
Me volteé al ver que Konan se sentaba mi lado, mi corazón iba a explotar ¿Por qué no se sentó con Yahiko o Nagato? Hoy era mi día de suerte.
- Sí, estoy acostumbrado ¿Cómo lo supiste?
- Solo lo presentía.
Delante nuestro estaba Itachi, quién de manera disimulada me guiñó un ojo. Mi corazón se aceleró al sentir el peso de Konan en el asiento de al lado. Aunque toda la semana la pasé conversando con ella, estar juntos en el bus me ponía más contento.
Deidara se sentó al lado de Itachi, aunque no se lo veía muy contento tenían una conversación animada. Todo iba sobre ruedas, como el bus.
Las dos horas de viaje conversé con ella y admiré el paisaje. Aunque de vez en cuando Deidara se daba la vuelta para molestarme, pero terminó quedándose dormido al poco tiempo y no pasó nada más. Pronto los árboles del bosque fueron reemplazados por casas y un templo igual al que había en mi pueblo. Aunque muchas cosas no diferían de Konoha, se notaba que Eda era más grande y, seguramente, próspero económicamente hablando.
Al poco tiempo los buses se estacionaron en lo que parecía ser algo así como un coliseo deportivo. Itachi tuvo que despertar a Deidara mientras todos bajábamos apresuradamente, pero, noté que Kakuzu se quedó atrás, solo, y por un momento creí verlo algo inseguro de bajar. Nunca había visto esa faceta de él, me daba miedo. Pero al final tuvo que unirse al grupo ya que el conductor del bus le dijo que no podía quedarse a esperar a que bajara.
Entramos al coliseo, el cual por dentro tenía graderías azules dispuestas alrededor de una piscina olímpica. Me ayudaron a subir y nos colocamos en cuarta fila todos los de mi salón, y en quinta los del otro. Al frente de nosotros se encontraba una pequeña banda compuesta por un par de tambores, un bombo, trompetas y clarinetes, supuse que serían de la otra escuela porque en la mía no teníamos eso hasta donde yo sabía. Aunque aún no tocaban me mantuve expectante de todos sus movimientos.
Unos minutos después las conversaciones tranquilas de estudiantes y profesores se convirtieron en gritos de ánimo cuando de uno de los vestidores salieron todos los chicos y chicas del equipo de natación del colegio de Konoha, todos llevaban las mallas de natación de color azul oscuro con el símbolo del pueblo en blanco en pequeño en la una parte de la pierna derecha. Al poco tiempo salieron los de la otra escuela y los gritos nos ensordecieron.
Todos gritaban y saltaban, excepto Kakuzu, quien continuaba sentado observando fijamente un punto en específico en el público contrario. En el tumulto del otro colegio estaba un grupo que tampoco chillaba ni vitoreaba, estaban más bien viendo hacia aquí ¿Qué estaba sucediendo? ¿Se conocían?
Mi atención se desvió cuando noté a Kisame al instante por ser el más alto y corpulento de todo el equipo, y, según Shiro, el más nalgón, aunque eso no lo sabía decir con exactitud. Cuando giró a vernos movió el brazo para saludarnos y nos mandó un beso. Sentí que Itachi estaba por enloquecer a mi lado.
El himno al País del fuego comenzó y todos los que estaban sentados se pusieron de pie, incluyendo a Kakuzu, que a pesar que no cantaba estaba más quieto que una estatua observando el mismo punto de manera fija. La canción se detuvo y nos volvimos a sentar, y él seguía sin desviar la mirada.
En la parte opuesta donde estaba Kisame, quién se colocaba su gorro de natación, se encontraba el lugar de premiación y un podio donde un señor mayor pequeño estaba escalando para callar a la multitud y empezar a hablar por el micrófono, más tarde pude identificar que era el director Sarutobi de nuestra escuela, nunca lo logré ver hasta ese día. No le presté atención a sus palabras, ni a la del otro jefe de la otra escuela, pero solo sabía que con eso quedaba inaugurada la competencia.
La banda empezó a tocar una canción alegre y los jóvenes nadadores se sentaron en unas sillas de plástico que se encontraban contra una pared. La competencia ya había empezado.
- ¿Cuándo le toca a Kisame? – Le pregunté a Itachi elevando mi voz.
- No lo sé, pero él está en la prueba de resistencia, creo que las de velocidad son primero.
Efectivamente, se llamaron primero a las pruebas de velocidad. Pude notar que los del otro salón vinieron por un compañero suyo llamado Zabuza porque no paraban de gritar su nombre con entusiasmo. El chico no era tan corpulento como Kisame, pero era bastante alto y muy moreno.
En un abrir y cerrar de ojos la prueba de 50 metros estilo libre terminó, con Zabuza con medalla de oro, pero plata y bronce ganadas por el otro colegio, los chicos menores de Konoha llegaron cuarto y quinto lugar por milésimas de segundo.
Se continuaron las pruebas de 50 metros, las cuales no duraban más de un minuto. Libre, espalda, pecho y mariposa eran los estilos que se manejaban. Zabuza estaba en casi todas y en cada una de las que participó se llevó una medalla, ese chico llegaría a las olimpiadas seguramente.
Finalmente llegó la útima prueba, y el colegio de Konoha estaba solo dos medallas por delante de Eda. 200 metros estilo mariposa, Kisame participaba. Nos volvió a saludar antes de colocarse los googles e Itachi enloqueció, gritaba y saltaba tanto que pensé que en cualquier momento iba a expulsar espuma por la boca y desmayarse.
Todos los competidores se colocaron en la plataforma y todo el stadium se calló. Los nadadores se pusieron en posición y una vez sonó la señal saltaron directo al agua. Entonces el público volvió a gritar y aplaudir para dar ánimos.
Para lograr avanzar al nadar uno no va y flota inmediatamente, sino que se impulsa aun estando bajo el agua unos metros para poder alcanzar mayor velocidad al momento de emerger. Noté esa técnica al ver a tanta gente nadar en un día, y todos los nadadores de esta prueba lo hacían bien y contenían la respiración bastante más que los de otras categorías.
Kisame se encontraba en tercer lugar por poco, lo sobrepasaban dos del otro colegio y detrás suyo se encontraban sus compañeros de Konoha. Todo parecía perdido cuando de repente, en la última vuelta, los del equipo contrario fueron rebasados por los nuestros, como si hubieran esperado al último momento para sacar fuerzas.
La multitud enloqueció aún más.
Gracias a Kisame y sus compañeros, Konoha pudo mantener su victoria, y es así que terminamos ganando por cinco medallas. El público estaba loco, principalmente Itachi, que en cualquier momento iban a ponerle una camisa de fuerza. Sin embargo, Kakuzu seguía comportándose más extraño de lo normal y eso me ponía en alerta.
Luego de la ceremonia de premiación se nos dio una hora para poder descansar antes de viajar, así que todos nos dispersamos. Deidara y Hidan desaparecieron, los gemelos se fueron a no sé dónde, e Itachi, Yahiko, Nagato, Konan y yo decidimos explorar los alrededores del stadium y buscar dulces que no había en Konoha. Gracias al cielo nos alejamos, porque ver a Kakuzu como estaba me ponía los pelos de punta.
A unos pasos del coliseo encontramos un pequeño combini y al ingresar fuimos directo a la sección de dulces. Tenía algo de dinero ahorrado para este día, seguramente encontraría cosas geniales.
- Miren estos, dice que saben a cebolla- Dijo Yahiko levantando un empaque color naranja para mostrárnoslo, eran una especie de dulces con formas raras.
- Qué asco ¡Cómpralo! – Le respondió Nagato
- ¿Creen que a Kisame le gusten las gomitas en forma de tiburón? – Nos preguntó Itachi
- Yo creo que sí – Le respondí mientras escudriñaba entre todos los paquetes– Mira, Konan, estos dulces parecen papel – Le tendí el paquete
- Me los llevo -Tomó el paquete de mis manos y revisó el precio.
Estuvimos como diez minutos decidiendo qué comprar, viendo cuánto dinero teníamos y tratando de recordar qué cosas podíamos comprar en Konoha y cuáles no. Esta clase de momentos, aunque parecían desastrosos, era de la clase que uno contaba a sus amigos universitarios o compañeros de trabajo una vez que uno salía del colegio, así que sabía que lo recordaría.
Konan compró los dulces-papel y Yahiko los caramelos cebolla y otros más con sabores asquerosos, no sé con qué propósito, pero se lo veía muy contento. Nagato terminó llevándose varios de sabor frutilla de diferentes marcas, Itachi finalmente se decantó por comprarle las gomitas con forma de tiburón a Kisame, mientras que yo me decidí por unos cerebros que llevaban relleno dulce dentro.
Esperamos a Kisame saliera de los vestidores, y cuando salió Itachi fue el primero en abrazarlo para felicitarlo por su medalla de oro. Esos dos eran bastante unidos.
Más tarde nos encontrábamos en el parquecito que se encontraba frente al pequeño estadio engullendo el dulce botín del combini, a excepción de Yahiko, que se guardaba sus asquerosos caramelos para una ocasión especial.
- Gracias por venir, muchachos – Dijo Kisame con la boca llena de tiburoncitos de goma.
- No nos lo hubiéramos perdido por nada del mundo-Respondió Itachi
- Felicidades por el oro – Le dijo Yahiko
- Muchas gracias, me hacen sonrojar – Rió
Sin darnos cuenta la hora pasó y teníamos que dirigirnos al bus. Sin embargo, Konan se percató que dejó su suéter en alguna parte de las graderías del estadio, así que mientras todos mis compañeros se acomodaban di media vuelta para buscar el abrigo. Dudaba que alguien lo hubiera levantado, por lo que fui confiado en encontrarlo.
Efectivamente lo encontré, se encontraba en el mismo lugar donde nos habíamos sentado para poyar a Kisame. Subir me tomó tiempo, pero logré agarrar el suéter morado de mi amiga sin tener ningún accidente.
Mientras me bajaba de las graderías pude escuchar un pequeño alboroto que provenía de los vestidores, y como el curioso que soy decidí ir a ver qué sucedía. En este momento solo podía dejarme llevar por el impulso de idiotez, todo el tiempo en el que estuve en Konoha me controlé, pero hoy quería hacer de todo, estaba en un nuevo lugar.
Atravesé el umbral sigilosamente, escuchando con más claridad lo que eran risas y algunos quejidos. Me colgué el suéter de Konan en el hombro, y me asomé lentamente para ver qué sucedía mientras mi ojo se acostumbraba la oscuridad.
Dándome la espalda se encontraban cuatro muchachos, pude saber que eran de la otra escuela por el uniforme que llevaban. Tenían todos peinados muy similares con todo el pelo lleno de laca y en forma de tupé al estilo chico malo. El cuarteto reía a carcajadas, pero, había una quinta persona que no pude ver, pero cuya voz quejosa me sonaba familiar.
- Acaba de una vez con el joto, Kenta- Decía uno de ellos entre risas
- Mira cómo se arrastra – Rió otro
- Todos ustedes…son…unos cobardes -Dijo la persona que no podía ver, sonaba como si estuviera herida.
Entonces, cuando uno de los enormes tipos se hizo a un lado pude notar tendida boca abajo en el piso a una persona sumamente pequeña al lado de ellos, sus cabellos dorados estaban revueltos y toda su ropa estaba mojada por el agua del piso de los vestidores. Era Deidara.
En ese momento el impulso de idiotez se desvaneció y sentí una furia que no había sentido en mucho tiempo. Deseaba con todas mis fuerzas agarrar a todos y cada uno de esos sujetos por el cuello y retorcerlos, quitarles los ojos, matarlos a golpes, quería lastimarlos y que nunca más pudieran levantarse.
- Hey, ustedes -Les levanté la voz desde donde estaba, firme como un soldado, tratando de parecer más grande.
En ese momento no pensé de manera racional, no se me pasó por la mente que en las condiciones en las que estaba cualquiera de ellos podía romperme como un palillo. Solo quería hacerle caso a mis impulsos y mis ganas de violencia.
Los cuatro se dieron la vuelta al mismo tiempo, dejando a Deidara al descubierto. Pude notar algunas gotas de sangre en su uniforme, tenía algunas huellas de zapato sobre el cuerpo y estaba muy sucio. Mi furia incrementó más.
- ¿Tú qué, momia? – me dijo uno de ellos mirándome de arriba abajo, intrigado.
- Seguro te cubres la cara por ser feo – Dijo otro.
- Métete en tus asuntos, feo – Continuó otro.
- Lo que hagan con él es asunto mío – no podía creer la voz profunda que salió de mi boca tapada por vendas, ni lo que estaba haciendo, nunca me había arriesgado por alguien así.
- To…bi ¿Qué…estás haciendo…? - Me dijo Deidara con voz débil.
Todos se interesaron en mí y dejaron de lado a mi amigo. El más grande de ellos dio un paso adelante y levantó una ceja mientras me escaneaba con la mirada.
- ¿Qué? ¿Eres su novio? ¿Qué nos vas a hacer? ¿Intentarás salvar a tu bella, bestia?
A continuación de uno de los bolsillos de la chaqueta de su uniforme sacó una navaja y me apuntó con ella. Me miró de manera desafiante, como invitándome a enfrentarle. La sangre me empezó a hervir, quería saltarle encima y quitarle esa cara de confianza que tenía.
- Kenta, ya es suficiente – Dijo una voz extremadamente profunda y segura detrás de mí, justo cuando estaba decidido a enfrentarme a ese tipo.
Me di la vuelta era ¡¿Kakuzu!? ¿Cuándo había llegado ahí? ¿Esa era su voz? Era la primera vez que la escuchaba, y me sorprendía cuan fuerte era aun cuando el barbijo tapaba su boca ¿Cómo sabía el nombre de estos tipos?
- Kakuzu ¿Qué pasa? ¿Te has suavizado? ¿Ahora estás de parte de los putos? – Le dijo Kenta sin bajar la navaja.
- Kenta, baja esa navaja – Le respondió sin siquiera inmutarse, muy tranquilo, pero firme al mismo tiempo.
- ¿O qué?
Kakuzu permaneció inmóvil y solo le miro a los ojos. Su presencia era tan intimidante que, aun estando desarmado, sentía que él era el que mandaba en esta habitación. Kenta se puso nervioso, bajó la navaja y se fue seguido por toda la pandilla, quienes chocaron sus hombros de manera agresiva conmigo al marcharse.
- Obito, ve por Deidara - Me ordenó con voz serena, pero firme a la vez, como si le estuviera dando órdenes a un subordinado.
Obedecí inmediatamente y corrí hacia Deidara. Poco o nada me importó el estado de mi cuerpo y lo levanté en brazos.
- ¿Qué…haces, idiota? Yo…puedo solo- Me dijo entre débiles intentos de liberarse de mí.
Ignoré sus protestas por completo, al igual que mi dolor en todo al cuerpo al cargarlo en ese momento, y seguí a Kakuzu a través de los vestidores. Sabía que no debía preguntar nada, por lo menos no en ese momento, y es que tenía muchas interrogantes, pero ahora no era tiempo.
Cuando salimos de los vestidores nos percatamos que todo el salón nos buscaba, y cuando nos notaron Hidan fue el primero en correr hacia nosotros y tomar a Deidara en sus brazos a pesar de las protestas de este. Itachi, Kisame y Konan fueron conmigo y me empezaron a inundar con preguntas y a decirme lo preocupados que estaban por nosotros.
- Se los diré mañana, muchachos…ahora mismo no estoy muy de humor para hablar sobre lo ocurrido…por cierto, Konan, aquí está tu sueter. -Les dije tratando de calmar sus ansias de saber.
- Oh…gracias, lo había olvidado – Dijo mientras lo tomaba de mis manos.
Kakuzu se mantenía serio, sin decir ninguna palabra, pero yo sabía que estaba alerta, y en cierta manera ya empecé a darme cuenta del porqué de su comportamiento extraño. Solamente me preguntaba como conocía a los muchachos de Eda y por qué estos le tenían respeto o miedo, más aún ¿Cómo sabían de la orientación sexual de Deidara?
Cuando nos subimos al bus decidí que lo mejor era estar con ellos a pesar de que sabía que Konan estaba dispuesta a sentarse a mi lado de nuevo. Encargarme del bienestar de Deidara ahora era prioridad.
Nos sentamos en la parte trasera del bus, Deidara se encontraba mirando a la ventana, yo a su lado y delante nuestro Hidan y Kakuzu. El chico de cabellos de oro no nos dirigía la palabra ni nos veía, solo estaba ahí, observando el pueblo.
- ¿¡Por qué demonios te separaste!? – Le reclamó Hidan una vez que el bus empezó a marchar, se levantó ligeramente de su asiento para poder ver mejor el rostro.
Kakuzu solo lo miro por el rabillo del ojo, y eso fue suficiente para Hidan para saber que debía guardar la compostura y sentarse. Continuamos mirando unos segundos a Deidara y noté que toda su ropa aún seguía sucia, tanto por tierra como por sangre.
Reprimí mis ganas de llorar de rabia que tenía, no soportaba verlo en ese estado. Coloqué mi mano en su hombro y él la hizo a un lado sin voltear a verme. Entendí entonces que a pesar que quería animarlo ese no era el momento.
- Yo…solo me separé del grupo, necesitaba estar solo…eso es todo – Dijo Deidara en un hilo de voz varios minutos después, manteniéndose en la misma posición – Solo quería alejarme de todos unos momentos…entonces ellos me encontraron y me arrastraron a los vestuarios.
Hidan lo miraba desconcertado, mientras tanto, Kakuzu no paraba de observar a los gemelos, quienes estaban notablemente nerviosos unos asientos más delante de nosotros. Algo tenían que ver para que los esté observando. El ambiente del bus era tenso, a pesar que el resto del salón se enfocaban en sus propios asuntos, se notaba que solo fingían demencia.
Así pasaron dos horas, y Deidara solo se movió para hacerme a un lado y correr fuera del bus. Fui detrás de él lo más rápido que pude, apartando de mi camino a toda aquella persona que se atravesara en mi camino.
Logré salir del bus justo cuando Deidara alcanzaba su bicicleta y se iba pedaleando con gran rapidez. Me dispuse a seguirlo lo más rápido que podía, pero justo cuando iba a tomar impulso, sentí una mano en mi hombro. Era Kakuzu, que por alguna razón no quería que siguiera a Deidara.
- Es mejor que lo dejes solo – Dijo Hidan recién llegando – No es muy charlador en ese estado. Más bien, deberíamos hacernos cargo de otro asunto – Dirigió su mirada a los gemelos, quienes recién salían del bus y de una manera torpe trataban de escabullirse.
Nos dirigimos a ellos con paso firme y los acorralamos contra una pared de la escuela, alejada de la vista de todos. Estábamos dispuestos a enfrentarnos a ellos, pero antes de que podamos hablar ellos ya nos estaban diciendo todo.
- Solo le contamos a una persona, no pensamos que el rumor se iba a extender a Eda- Dijo el de voz chistosa, Shiro.
- Lo sentimos mucho- La voz siniestra de Kuro daba más miedo cuando rogaba.
Hidan se arremangó las mangas y tomó a ambos por el cuello de las camisas, levantándolos un poco hacia su rostro. Su mirada cambio de escepticismo a ira a medida que los escuchaba rogar para no los golpeen.
- ¡¿A quién le dijeron!?- Gritó agitándolos con fuerza
- A Akihiro, solamente a él – Dijeron ambos al unísono con voz quebrada
- ¡Akihiro vive en Eda, idiotas! – Los arrojó hacia atrás, provocando que se golpearan las espaldas contra la pared – Seguramente le fue a contar a Kenta y a toda su pandilla – Se crujió los nudillos – Ahora debemos buscarlo y hacerle pagar.
Kakuzu, que a este momento permanecía inmutable, tembló ligeramente al escuchar el nombre de Kenta ¿Le tenía miedo él? ¿Él que hace algunas horas le ordenaba bajar su navaja estando desarmado? ¿Qué historia tenían esos dos? Además ¿Cómo conocían al tal Akihiro si era de Eda? ¿Tenía algo de relación con el "pasatiempo" de Hidan?
Quería preguntar, quería despejarme las dudas, pero sabía que hoy no era el momento adecuado. Ni siquiera mi impulso de idiotez se hizo presente para hacerme hablar estupideces.
Dejamos a los gemelos en paz antes de que la gente se pregunte qué estaba pasando. Kakuzu me llevó a casa sin volver a hablar, pero su silencio era diferente, como si tuviera muchas cosas en la cabeza.
Hey, Creepend acá. ¡Este capítulo me tomó más de lo usual, pero prometo que se los compensaré! Muchas gracias a todos los que me leen, especialmente a Patrick, que es mi beta reader. Como siempre, si ven este fanfic desde Ao3 o fanfiction, pueden encontrar la ilustración del cap en tumbrl o wattpad. Gracias a SweetAlphaChild, Adru67, Misamisasan58, Tito-luna16 y a locaconeja por andar siempre comentando mis capítulos, se les agradece. Siempre los leo, no duden de eso.
