Al llegar a casa evité mostrar emoción alguna para que mi padre no preguntara nada. Solo subí a mi habitación y me quedé ahí escuchando música, haciendo las tareas para la semana y de vez en cuando enviando mensajes. Así, hasta que anocheció.

Solo bajé para cenar, no le conté mucho de lo sucedido a papá, solo las partes positivas del viaje. Quería que el resto de ese día fuera lo más normal y rutinario posible para olvidarme de todo.

Aquella noche apenas dormí, ni siquiera vendé mi rostro después de bañarme. Aún sentía la adrenalina en mi sangre. Ni cuando le contaba a Itachi lo ocurrido por mensajes dejaba de sentir que tenía que prepararme para pelear y proteger a Deidara de aquellos matones.

No paraba de pensar en Deidara, cómo estaba él, cómo había llegado a casa, qué le habría dicho su abuelo al verlo mal. Pero no me animaba a hablarle, no ahora que necesitaba espacio. Lo conocía lo suficiente como para saber que buscar contactarle no era la mejor idea.

Aún pensaba en quiénes eran los sujetos de Eda y como todos parecían conocerlos ¿Cómo si eran de diferentes pueblos? ¿Qué estaba pasando que yo no sabía?

Dormí mal, en mis sueños no paraba de repetirse la escena que vi esa tarde. Era la misma pesadilla una y otra vez, se repetía en bucle. No podía soportarlo.

Deidara. Charco de agua. Manchas de sangre. Deidara. Charco de agua. Manchas de sangre.

Abrí los ojos a las 4 de la mañana y no volví a dormir más. Me quedé mirando fijamente el techo de mi habitación hasta que se hizo de día. Un sentimiento de soledad e impotencia me invadían, cada que algo sucedía solo podía quedarme como espectador. Así fue con Deidara, así fue con mamá ¿Por qué tenía que ser siempre así? ¿Por qué soy yo el que tiene que quedarse mirando mientras los demás hacen las cosas? ¿Por qué yo debo quedarme postrado mientras los demás viven?

Solo perdí un poco más de medio año de mi vida, y eso me hacía afortunado dado al accidente que tuve. Ser un adolescente y estar consciente de la propia mortalidad de uno no es muy agradable. Quisiera estar como mis compañeros de curso, siempre alegres, siempre activos, hacer estupideces sin limitarme por el mal estado de mi cuerpo, sin estar consciente de la fragilidad de mi vida y que puedo perderla en cualquier momento y por cualquier tontería.

Seis de la mañana, la siguiente semana debía ir a la capital para mi revisión, así que estar despierto un domingo a esta hora no tenía utilidad, pero se me había hecho un hábito madrugar.

Papá aún dormía, así que bajé las escaleras de manera sigilosa. Preparé el desayuno para ambos, comí mi parte y volví a subir después de lavar los platos.

Lavé mi rostro prestando atención a todos los surcos que habitaban en mi piel, comprendí que esta era mi carta de presentación ahora. Tenía que aprender a convivir en paz con mis cicatrices, aprender a vivir con ellas, aprender a amarlas y dejar que formen parte de mi sin resistirme a su presencia. Terminé vendándome nuevamente, no aguantaba verme y tenía que estar así por órdenes del médico.

Volví a mi habitación, papá aún dormía. Revisé mi teléfono. Tenía un par de mensajes de un número que no había guardado.

Número desconocido:

"Necesitamos vernos, estaré en Ichiraku con los demás"

"Te esperamos a las tres de la tarde"

No llevaba foto ni estado en su perfil de Whatssenger, pero estaba en el grupo de la clase del 5-D, así que supuse que con "los demás" se refería a todos los compañeros del salón. Seguramente era alguien de confianza, pero no podía saber quién, ya que caí en cuenta que no había guardado muchos números de ese grupo.

Ya tenía guardados a Itachi, Hidan y Kisame antes así que me dispuse a guardar los más obvios

💙 .origami💙 No era otra que Konan

"Hermano de Kuro" era Shiro

"Hermano de Shiro" era Kuro

Los números que tenían fotos de perfil de ellos mismos como de Yahiko y Nagato fueron fáciles.

Me quedaba el número que tenía una muñeca de foto de perfil y un emoji de escorpión como nombre usuario, y el que me envió el mensaje, el cual no tenía ni foto de perfil ni estado y se llamaba "-". Solo faltaban Sasori y Kakuzu, pero no me quería arriesgar de guardar mal un contacto porque luego me olvidaría de cambiarlo, ya me conozco.

Así que decidí mandarle un mensaje

Tobi:

"¿Quién eres?

Número desconocido:

"Soy Kakuzu, guarda mi contacto"

Vaya, no me lo esperaba. Kakuzu hablándome y pidiendo vernos. Algo urgente y seguramente con tenía que ver con lo que pasó ayer.

A la hora de almorzar pedí permiso para sali. Papá me lo concedió muy contento porque "ya tenía amigos, y ya me estaba integrando", y me dio algo de dinero porque uno no va a Ichiraku solo a ver como otras personas comen Ramen, no, uno va a degustarlo y ser feliz.

- En mis años mozos atendía un chico llamado Teuchi, me pregunto cómo estará. Su ramen era el mejor en todo Konoha, espero no haya cambiado su receta, solía ir seguido.

- Ya te contaré cuando vaya

- Te daré un dinero extra para que me traigas un poco. Tanto trabajo y preocupaciones no me dejan disfrutar de mi pueblo

- Podemos caminar por ahí uno de estos días para que veas como está todo

- Nada me gustaría más. Nací y crecí aquí. Me gustaría morir también aquí.

- Aún falta mucho para eso.

- Eso siempre dice uno, hasta que se ve al espejo y nota que en un parpadeo ya cumplió cincuenta años. En unos años más tú serás el que me lleve al hospital a que me revisen – rio.

Nuevamente me di cuenta de la fragilidad de la vida, de mi propia mortalidad. Ya iban dos veces en un día. No era agradable.

Lavar los platos durante una crisis existencial me resultaba extraño. Mi reflejo deformándose con cada onda producida por los platos que metía al agua era como ver mi yo interior. Deforme, cambiante, inestable.

Subí a mi habitación luego de lavar los trastes. Falling Ashes de Slowdive me acompañó en mi mp3 mientras esperaba a que fuera hora de salir. Iba con mi humor de esos instantes.

Me quedé dormido. Nuevamente el mismo sueño.

Deidara. Charco de agua. Manchas de sangre. Deidara. Charco de agua. Manchas de sangre. Deidara. Charco de agua. Manchas de sangre.

Basta

Desperté a las 14:45. Estaba lloviendo y una suave y húmeda brisa se colaba por mi ventana, acariciando la piel que no llevaba cubierta. Aún entumecido por el sueño alisté un chubasquero color negro y unas botas para la lluvia para después salir a la calle. Toda nuestra calle estaba lodosa ya que era solamente tierra sin asfalto, me era un poco costoso caminar.

Me detuve frente a casa de Deidara, dejando que las gotas de lluvia se deslicen por mi chubasquero. Traté de ver si había algún movimiento, si él también venía conmigo a la misteriosa reunión. Quería verlo, preguntarle cómo estaba. Pero no hubo ninguna señal de vida más que las cortinas del segundo moviéndose gracias a la brisa otoñal. Continué mi camino, de vez en cuando volteando con la esperanza de que salga. Pero no ocurrió

Ichiraku no era un local muy grande, por fuera tenía unas cuantas telas las cuales llevaban pintados caracteres en color rojo que unidos rezaban el nombre del lugar. Por dentro había una larga mesa con unos cuantos taburetes para sentarse y detrás estaban esperando clientes un hombre de mediana edad y una chica.

- Bienvenido a Ichiraku ¿Qué deseas servirte? - me saludó el hombre con una gran sonrisa una vez que entré.

- Estoy esperando a alguien – Le respondí - ¿Puedo tomar asiento?

- Adelante, no quisiera que te resfríes bajo esa lluvia ¿Eres nuevo en el pueblo? Nunca te había visto

- Voy aquí un poco menos de un mes, recién voy asistiendo a la escuela hace dos semanas.

- Oh, con razón. Yo conozco a todos aquí en Konoha, porque todos son mis clientes – rio – Incluso conocí a mi esposa aquí mismo

- ¿Desde hace cuánto tiene este local?

- Desde hace como 27 años

- ¿De casualidad es usted Teuchi?

- El mismo ¿Cómo lo supiste?

- Mi padre me habló de usted, dice que hace el mejor Ramen

- Veo que tengo mi reputación – rio orgulloso - ¿Quién es tu padre, jovencito?

- Madara Uchiha

- ¿Madara está de vuelta? Esto lo deben saber todos. Toda la gente de aquí del pueblo le tenía esperanza a ese muchacho, mira que heredar la empresa de seguridad Uchiha. ¡Eso lo tenía viajando a todo lado! ¿Quién iba a pensar que entre tanto viaje iba a tener un hijo? A todo esto ¿Cuál es tu nombre?

- Soy Obito

Detrás mío aparecieron Kakuzu junto a Konan, esta última clavó sus luceros color ámbar en mi único ojo, provocándome un vuelco en el corazón. Parecía aliviada de haberme encontrado.

- Tobi, pide para llevar, debemos irnos. – Me dijo con voz amable

- Volveré – me despedí de Teuchi, dejando que los recién llegados me lleven con ellos.

Me guiaron fuera del local a la parte trasera, donde el pueblo y el bosque se encontraban. Los árboles frondosos se levantaban como queriendo alcanzar el cielo nublado y a medida que nos adentrábamos en sus dominios estos se juntaban más, como queriendo resguardarse de la civilización.

Después de cinco minutos de silenciosa caminata bajo la lluvia nos detuvimos en un claro, donde el resto de chicos del 5-D se encontraban conversando. Para decepción mía, Deidara no se encontraba.

Una vez que estuvimos cerca de los muchachos estos abrieron el círculo en el que se encontraban para incluirnos. Todos nos quedamos en silencio, observándonos, esperando a que alguien tomara la iniciativa para hablar.

- Debemos contarte algo – Hidan rompió el silencio – Todo este tiempo te lo mantuvimos en secreto a petición de Itachi

Clavé mi mirada en el mencionado, pero él la evadió

- Demonios ¿¡Por dónde empiezo!? ¡Ayúdenme! – Gritó Hidan en desesperación, buscando ayuda entre todos los presentes.

Nagato dio un paso al frente en dirección hacia mí. El paraguas negro que tenía cubriéndolo de la lluvia le dificultaba moverse entre el pequeño tumulto de gente. Su ropa, demasiado grande para él, lo hacía ver más menudo y delgado, lo cual me hacía recuerdo a Deidara. Me vino un sabor agrio a la boca.

- Tobi ¿Te has dado cuenta que no hay bullying aquí?

La pregunta de Nagato me tomó por sorpresa. Era cierto, en todo el tiempo que estuve en Konoha no escuché ni vi a nadie excluyendo a otros o riñas, más que la mía y la de Sasori, la cual se solucionó en un par de días.

- Responde – La voz suave de Nagato sonaba un poco autoritaria

- N...no – Logré tartamudear

- Eso es porque hemos ideado un sistema que permite a los estudiantes sacar todo su estrés sin necesidad de desquitarse con otros. Uno donde nadie sale lastimado...a menos que ellos quieran.

Cada luna llena los estudiantes nos reuníamos en el bosque frontera con Eda para deshacernos de todo el estrés del colegio de la mejor manera: Peleando. A estas reuniones las llamábamos Akatsuki, porque la primera vez que armamos un evento la luna se veía roja, y porque nos quedamos hasta el amanecer.

- O sea, tenían un club de la pelea – Le interrumpí

- Eh...básicamente – Me respondió un tanto nervioso

- Ya... ¿Tiene eso algo que ver con Eda?

Sentí a Kakuzu temblar a mi lado

- Un día – Nagato continuó el relato- descubrimos que unos chicos en Eda tuvieron una idea similar a la nuestra, pero ellos en vez de pelear realizaban carreras de bicicletas y hacían acrobacias en rampas improvisadas. Un poco de adrenalina y salir de la rutina va bien, así que Eda y Konoha se reunían cada luna llena para hacer ambas actividades en el bosque.

Sin embargo, parecía que a otro grupo de Eda no le agradaba que nos reuniéramos ambos pueblos, así que fueron a una reunión a amenazarnos. La cosa se salió de control y apuñalaron a Yahiko

Este último se subió la camiseta un poco, revelando una cicatriz que subía de la parte izquierda de su estómago hasta sus costillas.

La policía no pudo hacer nada cuando denunciamos. Tenían coartada, y amenazaron a todos los chicos de Eda con los que nos reunimos para que estos no hablen. Además, las fuerzas de la ley poco o nada hacen en lugares tan alejados como este.

- Tienen a Eda a sus pies, pero al parecer no se puede hacer nada ya que son cuidadosos en no dejar pruebas y tienen a la gente amenazada – continuó Yahiko – Son como unos pequeños Yakuza.

- ¿y qué onda con ellos? ¿Por qué andan metiéndose donde no los llaman? – Interrumpí

- Por alguna razón que no conocemos, no querían que Eda y Konoha se junten, así que luego de que fuimos amenazados y lo de Yahiko ya nadie quiso ir hacer nada más. Más tarde descubrimos que esos sujetos eran parte de una pandilla que se dedicaba a realizar delitos menores allá, como robos a tiendas, hasta microtráfico. Incluso estuvieron en un correccional, pero nunca supimos por qué.

- Eso ¿Hace cuánto pasó? – Pregunté

- Alguien está más curioso de lo normal – Canturreó Yahiko – Hace como...Un año antes de que Kakuzu se mudara aquí...mmmm. Hace tres años más o menos.

- Aún seguimos reuniéndonos, pero no con Eda...no por el momento. Nos limitamos a correr en las bicis y tratar de hacer acrobacias – habló Kisame – Ya no peleamos porque muchas personas no se sienten capaces de golpear a gente que conocen.

- Ahora nos reunimos en el bosque de Konoha, cerca el vertedero – dijo Hidan – Pero rara vez hay más gente además de nosotros, yo creo que por eso nuestro nombre de calle pasó a ser Akatsuki

- Me sorprende que los adultos no se hayan enterado – Les dije

- Sabemos cómo guardar secretos, no como otros – Hidan se volteó a Kuro y a Shiro

- Fue un desliz – Dijo Shiro

- No pensábamos que el buen Akihiro hablaría, lo sentimos – Dijo Kuro

- ¿Ya todos están enterados? – Pregunté

- Algunas personas no saben guardar secretos – Me dijo Kuro, no sabía a quién estaba indirecteando.

Me continuaron hablando de la historia de Akatsuki. Cómo poco a poco se fueron uniendo personas, pero luego del incidente mencionado solamente ellos, los del 5-D asistían a manejar bicis o agarrarse a puños, lo que surgiera. Finalmente me dejaron ir, no sin antes advertirme de no hablar de su "club", especialmente con gente mayor, ya que estos podrían intervenir y meter en problemas al colegio por ser estudiantes.

Volví a Ichiraku junto con Itachi sin decir ni una sola palabra, lo notaba muy incómodo. Entendía por qué, me estuvo guardando un secreto, que me lo revelaran otras personas no era muy bonito que digamos.

Ambos nos pedimos ramen con puerco y comimos en silencio. Hasta que abrí mi bocota.

- ¿Por qué no querías que sepa nada?

- Tenía miedo que quisieras unirte y te sucediera algo- Respondió sin verme

- Tú sabes que soy tonto e impudente, y hasta un tanto impulsivo, pero no como para unirme al club de las madrizas

Itachi rio por primera vez en toda la tarde, era una risa diferente, como de alivio.

- Debo tenerte más confianza

- Entiendo que no la hayas tenido a la primera, tan solo mira al idiota que tienes por primo – me apunté a mí mismo – Pero bastaba con decirme "Tobi no" ...aunque no...

- Basta – Rio

La mejor parte de un conflicto es la reconciliación.

- ¿Qué haremos con Deidara ahora? – Le pregunté una vez que ambos terminamos de reír

- Mantenerlo alejado de ellos

- No vendrán aquí para vengarse ¿Verdad?

- No lo creo, pero hay que mantenernos atentos, por si acaso...son impredecibles

- Tengo miedo que intenten algo

- Escuché que les hiciste frente – levantó las cejas

- Eh...sí, pero el que verdaderamente salvó la situación fue Kakuzu

- Bueno, eso ya es más sorprendente ¿Les sacó el dedo del medio?

- No...habló

- Eso es todavía más sorprendente

Antes de abandonar el lugar pedí un ramen para llevar y tomamos el camino de siempre para volver a casa, ya estaba oscureciendo y llovía cada vez más fuerte. Al pasar no había movimiento alguno donde Deidara, así que entré tranquilo a mi hogar mientras Itachi se dirigía al suyo.

En casa me quité el chubasquero y lo colgué en la percha que se encontraba en la puerta de mi casa, dejé las botas para la lluvia sobre el felpudo y le di la comida a mi papá mientras este saltaba como niño chico para luego dirigirme a ver mi programa de siempre. El capítulo de hoy de la serie de ninjas adolescentes que siempre veía trataba de la protagonista femenina declarando sus sentimientos al protagonista masculino.

Como siempre era tradición, comenté el capítulo con Itachi vía Whatssenger, a ninguno nos convencía el ship, es más, lo veíamos forzado, pero quedaba ver que respondía el prota en el siguiente capítulo. Era bueno tener un primo en tu mismo fandom.

Ni bien ya me alistaba para subir y bañarme alguien tocó el timbre, y como papá no se encontraba cerca di media vuelta y fui de mala gana a atender ¿Quién sería? ¿Qué querría? Abrí la puerta con desgano y me encontré con algo inesperado.

Deidara en chubasquero amarillo muy grande para su tamaño.

El chico tenía el flequillo peinado para el otro lado, escondiendo un ojo en tinta, llevaba una bandita en una mejilla y se notaba que tenía el labio reventado. Ningún moretón o herida más a la vista, pero con eso me bastaba para querer llorar, no aguantaba verlo en ese estado, es más, me sorprendía verlo de pie y bien, o sería que proyectaba mi debilidad a otros.

En el colegio siempre estaba ahí, siendo grande, divirtiéndose y siendo valiente, pero ahora era pequeño, frágil y hasta me daban ganas de protegerlo a pesar de saber que era más fuerte que yo.

- Hey, hola, pasa – me hice a un lado para que entre

- No, hn – Gruñó, su voz sonaba extraña -Esto será rápido

- Bueno, entonces dime de una vez para que no te resfríes, está lloviendo fuerte.

- Me resultas un sujeto molesto, me irritas y siempre me andas molestando

- Dime algo que no sepa

- Me gustas

- Ok, eso no sabía

- No te lo digo porque hoy me "salvaste", no lo tomes así, me interesas desde que nos castigaron y ya no podía callarme más.

- Ya...

- Entonces, espero tu respuesta, cuando quieras... y ya, adiós, hm – se dio media vuelta y desapareció en la lluvia.

- Adiós

Cerré la puerta a mis espaldas, sin saber qué hacer. Un chico se me había declarado, y este chico era nada más y nada menos que el chico al cuál me gustaba molestar ¿Cómo debía sentirme al respecto? ¿Qué debía hacer?

- ¿Quién era, hijo? - Mi padre apareció de la nada

- Eh...nada, un vendedor de...historias de terror

- Vaya, qué inusual

- Muy inusual...me iré a alistar, buenas noches, pa'

- Buenas noches – Se despidió algo extrañado

¿Qué estaba sucediendo?