Genial, le gustaba a la loca. No sabía cómo sentirme al respecto, si halagado, sorprendido, querido, perturbado, o una mezcla extraña de todo. Sin embargo, me resultaba más raro todavía el cómo mi autoestima y confianza habían subido de repente.
Cuando mi padre me vio entrar de vuelta a la casa respondí un poco distraído a todas sus preguntas, pero no le importó mucho más y me dejó subir a mi habitación en paz. Sentía mi cabeza como un globo, flotando entre las nubes de mis pensamientos y los acontecimientos de aquel día.
La vibración de mi teléfono me devolvió a la realidad. Un mensaje de Yahiko preguntándome a qué club entraría al final, que ya todos mis documentos estaban en orden y que necesitaría esta última decisión para el lunes, o sea el día de mañana.
Tobi:
"El club de lectura estaría bien"
Yahiko:
"¿Ninguno más? Puedes repartir tu tiempo entre dos clubes, pero tendrías menos horas en uno y en otro, o salir más tarde en su defecto"
Tobi:
"O sea ¿Una hora en club X y otra hora en club Y?"
Yahiko:
"Exacto"
Entonces a mi mente vinieron dos cosas: Mi amor por las películas de Bruce Lee y el día en el que no pude defender a Deidara. Podía leer y aprender a patear traseros, o por lo menos canillas.
Revolví un poco mi escritorio hasta encontrar los apuntes que me dio Konan a principio de clases. En el folleto manuscrito figuraba un club de Aikido con un tal profesor Minato como encargado. No exactamente el arte marcial que buscaba para ser como mi maestro de las pelis, pero con eso podía hacer algo. Además, el médico me dio luz verde para hacer actividad física la última vez que lo vi, con hablarle al profe de que no podía esforzarme demasiado todo se solucionaba.
Le envié un mensaje a Yahiko.
Tobi:
"El de Aikido me atrae bastante, me inscribiré ahí"
Yahiko:
"Perfecto. Sé que tienes algunas dificultades físicas, así que si tienes algún certificado médico llévalo a clases y se lo mostraremos al profe Minato"
Nunca vi al profesor Minato, pero sabía que él daba la materia de educación física al igual que el profe Guy, pero a otros cursos. Tendría que presentarme de nuevo y me estresaba un poco las primeras impresiones, especialmente en un lugar en donde pasaría bastante tiempo y tendría que formar lazos. Era nuevamente el estudiante cliché de hace unas semanas y notarlo me hacía volver a estremecer, tal vez no había cambiado tanto como pensaba.
Para distraerme y para conocer más a lo que me estaba metiendo le di una última repasada a los apuntes. Los del club de Aikido entrenaban pasado un día en la escuela primaria aprovechando que los niños no pasaban clases en las tardes, para los entrenamientos necesitaría un chándal, zapatos deportivos y nada más. Por otra parte, el de lectura se reunía toda la semana inmediatamente después de clases en la biblioteca, la bibliotecaria era la encargada de manejar las reuniones y las listas de lectura, pero siempre estaba dispuesta a recibir más libros y sugerencias.
Hice mi lista de materiales y armé mi bolso de mensajero con lo que llevaría mañana de acuerdo a esta. Estaba más pesada de lo normal, solo un poco, pero esperaba que no fuera lo suficiente como para que me rompiera a la mitad, pero tal vez si como para usarla de roca para golpear. Me estaba perdiendo en mis fantasías y pensamientos estúpidos.
Entonces me di cuenta que fácilmente me hubiera podido inscribir en el club de origami para estar más cerca de Konan. Me maldije a mí mismo por no haber pensado en eso, pero no había vuelta atrás, y fue el destino el que hizo que olvidara de buscarla en tiempo extracurricular. Tal vez era una señal que me decía que Itachi tenía razón y debía esperar…Nah, era una señal que debía luchar más.
Alegremente me preparé para darme un baño relajante, quería bañarme con música, así que tomé un viejo parlante de bluetooth que guardaba en el primer cajón de mi mesita de noche. Era rojo, pequeño y redondo, tenía un poco de polvo porque no lo había usado desde que llegué a Konoha, pero no demasiado por haberlo tenido guardado todo el tiempo. Después de algunos tantos golpes y reiniciadas logré que el aparato y mi móvil se conectaran, posteriormente me dirigí la otra habitación con todas mis cosas en las manos.
Mientras agarraba agua en la pequeña tina me dispuse a preparar todo para una experiencia relajante. Tendría una semana agitada por delante, así que más me valía relajarme antes de la tormenta. Doblé mi ropa lo más cuidadosamente que mi torpeza me permitía y me quité las vendas, puse el reproductor de música de mi teléfono en aleatorio rogando que no pusiera nada de Death Metal, finalmente le coloqué al agua un poco de esa sustancia mágica que hace burbujas y puse un pie dentro.
La primera canción que sonó era Slomo de Slowdive. Cerré los ojos, dejándome llevar por los sintetizadores y guitarras. La letra hablaba de lo curioso que es el amor y el hecho de enamorarse. Quería hundirme en el agua y no volver a salir. Pensé en Konan, y en Deidara.
Ella me gustaba, y tenía la certeza que tal vez podría llegar a sentir lo mismo por mí. Era tan amable, tan bondadosa, tan hermosa. Pero por otro lado estaba Deidara, quién no me atraía ya que era un chico, pero temía perder su amistad por seguir a Konan. En ambas situaciones tenía las de perder, tanto si era rechazado como si no.
No quería hablar con mi padre al respecto, él no lo entendería ya que solo estuvo con mamá toda su vida y sé que apenas tendría idea de cómo lidiar con asuntos tan complicados. Tampoco quería hablarle a Itachi, era un tanto patético correr hacia mi primo cada que algo malo sucedía. No quería hablarle a nadie del 5-D, porque sabía que, si le hablaba a la persona equivocada, todos, hasta los maestros, se enterarían.
Pero necesitaba hablarlo, necesitaba sacarlo de mi sistema. No tenía a mamá para ayudarme esta vez, era otra prueba de fuego. Otra vez el destino diciéndome que supere la situación y me haga más independiente.
Un golpe en la puerta me devolvió a la realidad.
- Hijo- detrás de la puerta escuché la voz de mi padre, sonaba desesperado - ¿Cuándo terminas? Necesito usar el baño
- Ya salgo -Levanté la voz, esperando que logre escucharme
- Bueno, date prisa – junto a su voz desesperada sonaban pequeñas pisadas en un solo lugar, como si se estuviera retorciendo.
En unos segundos me jaboné y enjuagué el cuerpo y cabello, todo un record. Fue tan rápido que debería ser un deporte en las olimpiadas, y yo tendría la mayor marca. Me cubrí con la toalla que me llevé y abrí la puerta.
Si no fuera por mis heridas seguramente papá me hubiera dado una patada para que salga del baño, en su lugar solo me empujó fuera y me arrojó a la cara todas las cosas que dejé atrás. Con los dos ojos descubiertos tenía mejores reflejos, así que lo tomé todo en el aire. Me sentía el hombre araña.
Antes de ponerme el pijama quise aprovechar el pequeño subidón de autoestima que tenía y hacer algo inusual. Destapé el espejo de cuerpo entero que tenía en una pared de mi habitación. Dejé caer la toalla que cubría mi cuerpo.
Hacía meses que no veía mi cuerpo desnudo en un espejo, por lo que verlo con un poco más de peso era inusual. Las heridas de mi pecho que antes estaban llenas de costras ahora se encontraban cerradas, mi piel seguía inusualmente pálida, y la marcada espiral que antes llenaba la mitad de mi rostro era menos visible, pero solo un poco, el ojo que siempre andaba cubierto y estaba lleno de sangre ahora se veía igual de blanco que el otro. Supuse que así me vería por el resto de mi vida y tendría que aceptarme tarde o temprano.
Probablemente algunas de mis cicatrices desaparecerían con el tiempo, pero en el fondo sabía que se quedarían, junto a aquellas que tenía por dentro. No quería ponerme filosófico, ni desarrollar una crisis existencial, no justo antes de empezar mi semana agitada. Cubrí mi espejo y fui a buscar un par de calzoncillos para cubrir mis miserias.
La música seguía emanando de mi parlante, sonaba Levitation de Beach House, una canción que me hacía sentir flotante y me calmaba luego de un mal día. Me dejé llevar por ella y me vestí siguiendo su ritmo en una especie de anti striptease grotesco digno de una película experimental de los noventa.
There's a place I want to take you
When the unknown will surround you
Me encontraba en cama, tapado hasta la nariz. Me había olvidado colocarme las vendas, pero no me importaba. A pesar de estar consciente que tenía alguna herida por dentro, me encontraba en paz, a pesar que mi aspecto no volvería a ser el mismo, me sentía bien y lo aceptaba más que ayer. Estaba comenzando a sanar y ya empezaba a dar mi primer paso.
There's a place I want to take you
Me quedé dormido sin apagar mi parlante ni teléfono. Gracias a que estuvieron funcionando toda la noche se quedaron sin batería y ello provocó que a la mañana siguiente mi alarma no sonara, dejándome así tarde para la escuela.
Entré en pánico, no tenía ni la cara vendada y seguía en pijama. Me vendé como sea, y me vestí como pude, tomé mi bolsón y pasé de largo el desayuno que papá con tanto esmero me había preparado, solo recogí el tupper que contenía mi almuerzo del día ya que no tenía tiempo para detenerme a comer. No fue sino hasta estar un paso fuera de mi casa que me di cuenta que iba al colegio sin zapatos, así que tuve que volver para colocármelos.
Afuera llovía, por lo que el agua dejó todo el camino enlodado y resbaloso. No quise volver a buscar mi chubasquero, era muy tarde, además solo debía bajar con cuidado, pero rápido para llegar a tiempo y en Konoha había bastantes lugares con techo para cubrirme mientras caminaba, no me mojaría mucho.
Di un paso y resbalé un par de metros como si estuviera surfeando estilo terrestre, podría bajar así todo el camino y recuperar algunos minutos. Di un resbalón más y avancé en modo surf de la pobreza una larga distancia en un segundo, tanto que fue suficiente como para llegar a la zona de asfalto que le pertenecía a la parte comercial del pueblo, pero justo al llegar al final perdí el equilibrio y me caí de espaldas, ensuciando así la camisa blanca de mi uniforme.
Me levanté, esperando que nadie haya visto nada y me dirigí hacía la escuela lo más rápido que mi cuerpo adolorido me permitía. Llegué a la institución justo cuando el portero cerraba las puertas y sonaba el timbre de entrada a clases. Lo había logrado, podía relajarme, pero solo un poco, porque quedaba llegar a la clase del 5-D antes que el profesor Jiraiya.
No sé cómo, pero el destino se apiadó de mi y logré encontrar mi clase justo a tiempo, coordinando con el sonido de un rayo, que hacía acto de presencia mientras me encontraba en el marco de la puerta, como si fuera Frankenstein celebrando que está vivo.
Mis compañeros me miraban estupefactos. Cualquier conversación que hubo cuando llegué se había apagado como si fueran fuego y mi llegada un soplido. Es así que se me ocurrió ver mi reflejo en el cristal de la ventana que se encontraba en frente de la puerta de entrada del salón.
Gracias a todos los dioses mis vendas seguían ahí, un tanto húmedas, pero limpias y ajustadas, ya tenía la técnica perfeccionada. El problema era el resto de mi ropa, mi camisa blanca estaba tan mojada que ya se hacía transparente, además, si bien no vi mi espalda podía sentir el lodo que tenía, el cual se iba extendiendo hasta mi trasero. Mis zapatos de vestir y los dobladillos de mis pantalones negros ahora eran marrones. Estaba hecho un desastre y no me extrañaba la sorpresa de mis compañeros.
Justo antes que alguien se pudiera parar a ver qué me había pasado entró el profesor de historia, quién también abrió un poco la boca al verme y me mandó al baño para que pudiera limpiarme. Itachi se ofreció su ayuda y fue detrás de mí una vez que le dieron permiso.
- Así que por eso no respondías mis mensajes- Mientras le contaba todo, Itachi secaba mis cuadernos bajo el secador de manos del baño
Todos los cuadernos que llevaba en mi bolso estaban entre mojados y húmedos, así que usábamos el secador de manos para ver si los rescatábamos. Tuve que cambiar mi uniforme por el chándal que llevaba, así aproveché para lavar mi camisa en el lavamanos y deshacerme de la mancha de lodo que ya parecía otra cosa. Colgué mi ropa mojada por encima de la puerta de una de las casetas, recordando que ahora siempre debía asegurarme que hubiera papel higiénico antes de entrar.
Lo único que no lavé con agua fueron mis zapatos de vestir, podía estropearlos, así que solamente los sacudí un poco para deshacerme de todo el lodo que pudiera. Los dejé reposando en el suelo.
Afuera seguía lloviendo a cántaros ¿Cómo se me ocurrió pensar que no llovía demasiado? Debía haber vuelto por el chubasquero. Me maldije a mí mismo.
- ¿Crees que si dejo mi ropa aquí colgada le suceda algo? - Le pregunté a Itachi
- Sí, es material para ponerse creativos. Usemos el secador antes de irnos y te la llevas
Descolgué mi ropa y la exprimí lo más que pude antes de pasársela para que la colocara debajo el secador, el cuál luego de varios minutos funcionando sin parar ya parecía querer su jubilación. Itachi apretó el botón para ponerlo en funcionamiento por chorrocienta vez, el aparato hizo un sonido extraño y soltó el humo más negro que vi en mi vida.
Nos miramos el uno al otro con desesperación, tomamos mis cosas y nos fuimos de vuelta al salón disimuladamente rápido, tratando de mantenernos inexpresivos para que nadie notara que matamos al secador de manos. No sabíamos si reír, entrar en pánico o llorar por haberle dejado un aparato menos a nuestro colegio, que ya de por si le faltaban recursos.
Entramos al salón justo cuando el profesor terminaba de recapitular la lección anterior, algo de la guerra civil que ocurrió en el país del fuego y no sé qué más. Entramos al aula de manera sigilosa, procurando no distraer a nadie y nos sentamos cada uno en nuestros respectivos asientos para comenzar la clase.
En un descanso de cinco minutos Shiro hizo un comentario acerca de por qué llevaba mi ropa mojada colgando del respaldo de mi asiento, que me estaba mojando la ropa seca. Así de uno de los pequeños armarios empotrados que se encontraban al fondo de la habitación Hidan sacó la silla más destrozada que vi alguna vez.
A una de sus patas le faltaba un pedazo, como si alguien le hubiera dado un mordisco, por eso apenas se mantenía en pie y al momento de colocarla Hidan tuvo que hacer malabares para que se parara correctamente. Soltaba un poco de aserrín de varias partes, como si las termitas se hubieran dado un festín con ella. La parte del asiento no existía y la guarnición tenía aspecto que en cualquier momento cedería. Aún así colgué mi camisa y pantalones en ella y parecía que no se caería.
- Bueno, la vieja Betsy tuvo uso al final- Comentó Sasori, con su típico tono malicioso
- Y ustedes se querían deshacer de ella – Les dijo Yahiko a Konan y Nagato
- Esa iba a ser tu silla, Obito, de no ser porque a alguien se le ocurrió la brillante idea de adquirir una extra justo antes de que entraras– Konan se lanzaba flores sin disimulo, pero no podía culparla, salvó mi trasero, literalmente.
La vieja Betsy emitió un quejido y las patas se doblaron ligeramente, giró lentamente sobre su propio eje y ahí se quedó, como escultura de arte moderno. Todos suspiramos de alivio al ver que no terminó de romperse.
El profesor volvió con su tecito en mano un par de minutos después y continuó con su materia. Las clases de historia eran muy divertidas, estaban plagadas de bromas y alguno que otro chiste doble sentido que a veces nos costaba entender por lo rebuscados que eran. Pero por alguna extraña razón, Nagato parecía entender todo a la primera y siempre era el primero en reírse.
Ese lluvioso primer receso fui a pelear por comida a la cafetería, a ver si lograba agarrar algo bueno para desayunar. Ahí caí en cuenta que como no solía explorar el instituto muchas personas me veían por primera vez, así que me cedían su lugar en la fila pensando que era inválido o por susto, cualquiera de las dos servía, porque obtuve un buen jugo de manzana con un gran sándwich de huevo.
Al subir las escaleras de vuelta al curso me encontré con Deidara, quien me miraba nuevamente con la cara color rojo-furia/rojo-vergüenza. Aún llevaba el flequillo peinado al lado opuesto donde solía recogerlo, y la bandita de su mejilla era diferente a la del otro día.
- ¿Cómo te encuentras? - Traté de romper el hielo, no me agradaba que nos quedáramos mirándonos sin más
- Bien, hn- Tartamudeó un poco
- ¿Cómo te fue en casa cuando…tú sabes?
- Ah – el rojo de su rostro desapareció – Mi abuelo se molestó un poco, pero nada más
- Lamento todo lo que pasó, no pude defenderte.
- No es tu culpa – desvió un poco la mirada – No debí haberme separado del grupo
- Tampoco la tuya, deberías poder caminar por donde quieras sin miedo – me sorprendí a mi mismo siendo elocuente por primera vez en mi vida
Nuevamente Deidara tenía el rostro teñido con ese rojo incierto, pero me sonrió, y me asusté. Era raro no verlo con el ceño fruncido.
- Por cierto, ya no es necesario que me respondas, sé lo que sientes, y me basta con tener tu amistad – Me dijo finalmente
- Oh – Me quedé de piedra, no sabía qué decirle
- No es necesario que me digas nada, hn- rio, como adivinando qué pasaba por mi mente- Me gusta todo tal y como está.
Bajó las escaleras rumbo a la cafetería, pasando a mi lado. Sus cabellos dorados flotaban en el aire con cada peldaño que pisaba. Me di la vuelta para tener una mejor vista de su pelo y cuando el chico dobló una esquina volví a la realidad.
Tomé mi desayuno en el aula y mi estómago sintió alivio. Ya podía sentir mis energías renovadas para continuar con las siguientes clases. Itachi y Kisame estuvieron conmigo en todo momento, siempre bromeando con todas las cosas que pasaban, como que Kuro y Shiro evitaban acercarse a Hidan y a Kakuzu desde el incidente del sábado.
En el transcurso de la mañana todos los clubes al aire libre se cancelaron ya que la lluvia no daba señales que iba a detenerse. Era una pena, quería pasar artes marciales por primera vez, pero ya podría pasar la primera clase en un par de días.
Me encontraba en la última clase, la de química. El profesor con voz de serpiente recogía trabajos, una vez que recogió el de Sasori y yo sonrió con suficiencia antes de guardarlo en su archivador amarillo. Quizá tenerlo de compañero de laboratorio no era tan malo después de todo.
Sasori no entendía mis bromas ni mis referencias a la cultura pop, solo quería que triture, que pese y no sé qué. Yo hacía el trabajo sucio mientras él anotaba y se quedaba mirando el matraz. Eso sí, no me tenía confianza al momento de trabajar con fuego porque "seguro se te pegó algo de Hidan y Deidara, no quiero explotar nada". Quizá tenía razón.
Nuevamente nos dieron un trabajo en grupo, lo cual significaba que nuevamente tendría que reunirme con Sasori, este último se encontraba algo apurado ya que él era el encargado del club de arte y tenía que preparar todo. Así que solo me tendió un papel arrancado de su cuaderno con su número de teléfono escrito con rotulador rojo, parecía una carta escrita con sangre por un psicópata. Una vez que tocó el timbre, él y Deidara salieron corriendo.
Konan se ofreció a llevarme a la biblioteca, por si tenía miedo. En realidad, no lo tenía, pero obviamente dejaría que me llevara, quería pasar más tiempo con ella, aunque sea un poco.
Le conté el por qué llevaba mi uniforme lleno de barro, ella no paraba de reírse de mis desgracias, pero no podía culparla, hasta a mi me parecía gracioso mirándolo en retrospectiva. Escuchar su risa me llenaba el alma.
Konan me explicó que los clubes tenían un profesor y un estudiante a cargo, este último solía ser uno de último año. Cuando se acercaba el aniversario del colegio se organiza una feria, mostrando las especialidades de todos u organizando juegos, se suele invitar a los pueblos vecinos y con esto se recaudan fondos para la escuela.
Caminamos unos cuantos pasillos más hasta llegar a mi destino. Despedirse de ella en la puerta de la biblioteca me dolió, pero solo un poquito, ya que el club de arte y el de origami, que tenían actividades juntos, se encontraban a dos aulas de distancia. La vi entrar a su aula y me adentré a la mía.
Al pasar el umbral pude comprobar que el efecto yo era único varón. Las encargadas del club eran una mujer de más o menos 20 años, de estatura media, muy delgada, su pelo rubio platinado y desaliñado estaba recogido, llevaba puestas unas gafas redondas con el cristal tan grueso que apenas y podía ver sus ojos, su nombre era Shiho, la bibliotecaria. La otra era una chica del curso paralelo al mío, el pelo color rosa, casi rojo, le llegaba a la espalda, llevaba un sombrero tejido blanco y negro, era muy bajita y de mal carácter, su nombre, Tayuya, quién también estaba en el club de música.
Detrás de todos los libreros de la biblioteca se encontraba el lugar de reuniones, eran unas cuantas sillas plegables dispuestas en círculo y una mesa larga contra la pared. Este sería nuestro cuartel el resto de la gestión.
Nos sentamos cada uno en una silla, y nuevamente tuve que presentarme, pero lo hice con mayor seguridad, eran pocas personas, todo saldría bien. Me puse de pie y hablé con la voz más cálida y animada que pude.
- Hola, soy Obito Uchiha, pero pueden llamarme Tobi. Estoy en último año en el 5-D. Encantado de conocerlas – Lo lograste, Tobi, eres el amo.
Las chicas me miraban sonrientes, algo hice bien, supongo. Tayuya no hacía ninguna expresión, pero supuse que capaz y era un Kakuzu femenino, no me preocupé.
Ya que yo era el único miembro nuevo me contaron como eran las actividades del club. Leíamos un capítulo al día y luego lo comentábamos y analizábamos, luego hacíamos un resumen de este de alguna manera creativa (dibujos, resumirlo en cinco frases, memes, canciones etc.) finalmente, quedábamos en cuantas páginas leeríamos para el día siguiente.
El libro de ese día era 1984, de George Orwell. Tayuya se fue al club de música una vez terminado el primer capítulo y empezamos con el resumen y análisis colectivo. Aporté mucho con la parte de chistes, tanto que tuvieron que callarme para darle oportunidad a las demás. Me sentía a gusto haciendo bromas sin sentido.
Al terminar la hora todas las chicas eran mis amigas, algunas se colgaban de mis brazos con suavidad por temor a romperme. Si el club era el pueblo, yo era su caudillo. Nunca en la vida me había sentido tan seguro de mi mismo, me sentía un superhéroe.
Mientras salía de la biblioteca, observé a lo lejos a Hidan. Llevaba puesto un traje renacentista, lechuguilla y todo, y un cráneo humano bajo el brazo. Seguramente salía del club de teatro. Se acercó corriendo una vez que me vio.
- Señor- Me hizo una reverencia, su voz sonaba…renacentista– Vuestro cochero se ha ido
- ¿Eh? – me quedé pensando unos segundos - ¿Itachi se fue?
- En efecto – Su voz me inquietaba, pero me daba risa al mismo tiempo
- ¿Qué se supone que eres? - Le pregunté riendo
- Soy Hidamlet- posó mirando dramáticamente al cráneo que llevaba – Sígueme la corriente
Beber o no beber SODA, esa es la cuestión. ¿Cuál es más digna acción de Tobi, sufrir los tiros penetrantes de la fortuna injusta al caminar solo a casa, u oponer los brazos a este torrente de calamidades llamado no beber soda, y darlas fin con atrevida resistencia? Morir es dormir. ¿No más?
- ¿Quieres que vaya a tomar refrescos contigo? - Pregunté, intentando entender qué quería decirme
Hidan se me quedó mirando con desaprobación, capté la indirecta.
- ¿Quién podría tolerar tanta opresión, sudando, gimiendo bajo el peso de una vida molesta sin soda?- Respondí, recordando un fragmento de cierta obra de teatro.
- ¿Eso es un sí? – Hidanmlet salió de personaje, confundido
- Sí – Asentí
- Os ruego, entonces, me esperéis, pues debo cambiarme estos ropajes, puesto que me ruborizaría llevarlos puestos al ir a adquirir nuestro brebaje. Os propongo recoger a nuestros dos fieles caballeros para realizar tal hazaña.
Esperé como cinco minutos, Hidan volvió con Kakuzu. Esperamos a Deidara unos diez minutos más para que saliera del club, le tocaba limpiar ese día. Ahora estábamos todos reunidos, en un día lluvioso, listos para tomar soda.
