Aprovechando que (de nuevo...) estoy en un paro universitario. Me dí el tiempo de escribir un nuevo capítulo. Así que puede ser que a lo mejor alcance a escribir otro pronto dependiendo de cuanto dure.


Romance te Puedo Dar

9 de Noviembre

Claudia salió temprano por la mañana de su habitación y comenzó a caminar por el ala del palacio que daba a muchas de las habitaciones en donde residían los huéspedes del palacio del Reino Espejismo tales como ella. Y en medio de su camino, pasó en frente de una puerta entreabierta. Específicamente, era la puerta que daba a la habitación de Arthur.

¿Eh? ¿Por qué está abierta? ¿Se habrá olvidado de cerrarla? —pensó.

Ella comenzó a oír ruidos proveniente del interior, en donde Claudia sabía que normalmente a esta hora, Arthur se encontraba entrenando con Batuo en el bosque cercano. Por lo que se preocupó de que a lo mejor algún desconocido se hubiese colado adentro. Lenta y cuidadosamente, trató de asomarse y ver que sucedía. Pero para su sorpresa y alivio, era Arthur el que efectivamente se encontraba adentro. Y los ruidos que había oído eran porque él se encontraba contando mientras hacía flexiones de brazos sobre el suelo de la habitación a torso desnudo.

—67... 68... 69...

Claudia se sorprendió de haberlo encontrarlo ahí dentro de esa manera y rápidamente se escondió detrás de la puerta.

¡¿Pero qué está haciendo?! ¿Acaso hoy no salió a entrenar?

Ella se quedó así quieta por algunos instantes mientras lo oía contar y flexionar. Pero mientras pasaba el rato, Claudia se sintió tentada a querer contemplar un poco más de su rutina. Así que lentamente comenzó a abrirla de nuevo para asomarse de a poco. En donde efectivamente, Arthur seguía ahí en el suelo calentando y contando.

—75... 76... 77...

Ella comenzó a pensar que probablemente lo que estaba haciendo era incorrecto. Pero a su vez, no podía evitar pensar en lo estimulante que era poder verlo entrenarse con ese cuerpazo musculoso que tenía...

—81... 82... 83... ¿Eh? ¿Hay alguien ahí? —advirtió Arthur desde adentro.

Claudia salió rápidamente de su estupor y volvió a juntar la puerta abochornada de sí misma.

¡¿Pero qué demonios pasa conmigo?! ¡¿Acaso ahora yo soy la pervertida?! —se preguntó a si misma horrorizada. Pensando en lo hipócrita que debía parecer tras la paliza que le había dado a Andrés en el cumpleaños de Brendan.

—Ah... ¿Eres tú, Claudia? No es necesario que te escondas, que con el aura puedo verte detrás —le informó.

Ella se sintió acorralada.

—Este... lo siento Arthur... Vi la puerta abierta, y por la hora pensaba que estabas afuera del palacio entrenando con el señor Batuo y pensé que a lo mejor alguien había entrado para robarte o algo así... —ella le respondió algo tímida.

—Descuida... lo entiendo... Mi sifu decidió darme hoy el día libre, por lo que simplemente estoy calentando un poco después de despertarme. Y de todas formas, estaba planeando ir buscarte para hablar contigo de algo importante. Por lo que si esperas que termine esta serie, te recibo de inmediato... —dijo al parecer sin sospechar de que lo habían estado espiando.

¿Algo importante?... ¿Conmigo?

Ella aguardó por unos breves instantes hasta que terminara.

—98... 99... y 100... Buff... al fin terminé... Espera que ya casi estoy listo.

Tras terminar, Arthur se volvió a poner la parte superior de su túnica de artes marciales y su capa.

—Ok, ya puedes pasar.

Ella abrió la puerta lentamente, con la expresión de un Poochyena con el rabo entre las patas en donde podía ver que Arthur se encontraba sentado sobre su cama.

—Ven, siéntate aquí a mi lado.

Claudia obedeció, aunque un tanto intimidada por la cercanía de la situación después de todo lo que había estado haciendo.

—¿De qué es lo que quieres hablar? —preguntó ella.

Arthur suspiró.

—¿Sabes Claudia? He estado pensando mucho en las cosas que ocurrieron cuando estábamos en la expedición militar y sobre lo que hablamos poco después de llegar al reino. Primero, quiero pedirte perdón por lo que te hice pasar cuando me tiré en contra de esos Metagross aquella vez con el resto de los pokemón cuando querían capturar a Jirachi. Sé que te hice preocuparte demasiado y que te hice daño en el proceso... —dijo refiriendo al ataque de pánico que ella había tenido.

—No, no... en serio... No es necesario que te disculpes Arthur... Lo que ocurrió ahí fue mi culpa y...

—Claudia, sé que cometí una estupidez haciendo eso y que puse en peligro mi propia vida inútilmente... —dijo interrumpiendo— Eso fue mi culpa... Pero además, digo esto por una de las cosas que mencioné cuando hablamos en privado la otra vez: Tu siempre has sido importante para mí, Claudia... Y el hecho de haberte dañado en ese momento me ha estado persiguiendo últimamente... —expresó con tristeza.

Claudia le sonrió compasivamente, y armándose de valor, le tomó de la mano.

—Descuida Arthur... que para mí, tu también has sido muy importante para mí... Ya que por muchos años tampoco tuve amigos aparte de ti y Andrés... Además... ¿Cómo podría guardarte rencor después de que me perdonaras por todo el daño que te hice hace siete años atrás? Tú has sido muy bueno conmigo, Arthur... quizás demasiado... Más bueno de lo que habría sido capaz de imaginar en lo más recóndito de mis propios pensamientos...

Mientras decía esto último, ella comenzó lentamente a acercarse hacia él.

—¿Y sabes?... Yo también he estado pensando mucho a partir del momento en el que me perdonaste aquel día... He estado pensando mucho en ti, Arthur... pensando tanto en lo bueno que has sido y en lo importante e interesante que te has vuelto últimamente... —comenzó a decirle en un tono evidentemente seductor, a la vez que se acercaba más hacia su rostro, lo miraba profundamente a los ojos y acariciaba suavemente una de sus mejillas con su otra mano— Y también he estado pensando... en que tal vez... te estoy comenzando a ver más que como a un simple amigo... sino que posiblemente como algo más...

—Claudia...

Ella retiró su mano de la suya a la vez que se acercaba aún más. Arthur, claramente ruborizado y nervioso, comenzó a echarse hacia atrás sobre la cama. Mientras que ella, se subió encima de esta y comenzó a gatear encima de él. Finalmente, ella se apoyó encima de su cuerpo, abrazándolo con una mano y acariciándole el pelo con la otra.

—Entonces... es muy posible... que me gustas, Arthur... Creo me gustas mucho... —le dijo casi como en un susurro. Con sus labios a escasos centímetros de los suyos.

Ante aquella confesión, él respondió abrazándole lentamente la cintura. Y ella a su vez, descendió su cabeza sobre la suya y lo besó.

Pero entonces, ella despertó y se irguió sobre su cama. Se encontraba en su habitación respirando agitadamente, su corazón le palpitaba demasiado amenazándola con salírsele del pecho y se sentía mojada, sobre todo mojada.

Fue... ¿Acaso todo un sueño?...

Tras darse un tiempo para tranquilizarse, se daba cuenta que todavía era capaz de recordar todo lo que había dicho y hecho en él. Por lo que ella se echó hacia atrás sobre la cama resignada con la verdad.

—No puedo seguir negándolo más... parece que en verdad él me gusta... —ella suspiró— ¿Ahora qué demonios voy a hacer?


Arthur cerró los ojos y se concentró en el aura de sus alrededores. El primer rodillo de madera se balanceó, y Arthur se corrió hacia un costado de un salto evadiéndolo. Casi de inmediato, un segundo rodillo se balanceó también, el cual evadió con otro salto a un costado. Más rodillos amarrados a árboles se balancearon desde varias direcciones, los cuales evadía con destreza realizando toda clase de saltos y piruetas. Finalmente, un último rodillo se balanceó delante suyo. Pero en lugar de evadirlo, Arthur junto las manos a un costado y acumuló energía de aura en ellas.

—¡Ola de chi!

Proyectando las manos hacia adelante, Arthur disparó un rayo de energía de luz dorada resplandeciente. El cual envolvió y desintegró el rodillo de madera por completo antes de que pudiese llegar hacia él.

—Buen trabajo, Arthur. Es suficiente por hoy—proclamó Batuo, el cual se encontraba parado sobre la rama de un árbol cercano antes de bajar de este de un salto.

No muy lejos de los dos, Medicham descendió de la rama de otro árbol. En donde los dos maestros habían estado soltando los rodillos para que Arthur los evadiera.

—Como usted diga, Sifu... —Arthur respondió con una leve reverencia a sus dos maestros.

Los tres procedieron a regresar de vuelta al poblado del Reino Espejismo a partir del bosque en donde entrenaban, en dirección al gimnasio deportivo que utilizaban para los aspectos menores del entrenamiento de Arthur. Particularmente, los que no involucraban explosiones o destellos de luz que podían alertar o perturbar a la población local. Tras terminar de guardar y ordenar sus cosas adentro, los tres se sentaron uno delante del otro.

—Puedo sentir que tienes cosas importantes que decirme en mente ¿De qué es lo que quieres hablar? —preguntó Batuo pudiendo leer en sus emociones que algo perturbaba a Arthur.

—Sifu... deseo preguntarle de una cosa que me han estado preocupando desde hace un buen tiempo... Me pregunto... ¿Cuál es la postura de los Monjes Guardianes acerca de las relaciones sentimentales?

Batuo suspiró. Arthur estaba pasando por una edad en la cual era de esperar de que él se preocupara de aquellas cosas. Batuo alguna vez fue joven, por lo que entendía.

—Seré honesto contigo, Arthur. Si estuvieses oficialmente entrenándote en el Monasterios de los Monjes Guardianes en Shanxi, se te estaría prohibido formar lazos y relaciones sentimentales con sus demás integrantes. Incluso para tratar de evitar esto, el propio monasterio se encuentra dividido en dos instalaciones separadas para hombres y mujeres respectivamente. En donde entrenan, comen, viven y duermen segregados. En donde solamente los maestros y otros monjes o monjas encargados de funciones más domésticas o de mantenimiento tienen el acceso libre entre las dos instalaciones. Se supone que nosotros, los Monjes Guardianes, Arthur. Tal como te he dicho antes, nos entrenamos para liberar nuestros chakras. En donde para poder realizar aquello, debemos liberar nuestros cuerpos y nuestras mentes de todas las ataduras terrenales que nos mantienen unidos al mundo de lo físico, y que nos separan de nuestro lado más espiritual. En donde las ataduras sentimentales se terminan volviendo un obstáculo y un impedimento más para liberar nuestros chakras. Además, el hecho de rechazar las relaciones sentimentales es un acto que realizamos los monjes como una demostración de compromiso y sacrificio por nuestra causa e ideales. En donde hemos jurado servir, proteger y querer al prójimo sin distinciones ni preferencias especiales.

—Ya veo... —se dijo Arthur así mismo preocupado de su situación.

—Pero también, Arthur... debo de ser sincero contigo... A pesar de que estas cosas son ciertas y tuve que vivir bajo estas normas cuando fui un monje del monasterio, yo fui expulsado. Por lo que a pesar de que fui entrenado con sus métodos y enseñanzas, ya no soy reconocido como uno de ellos. Y de la misma forma, tú tampoco lo serías debido a que fuiste entrenado por un hombre que ya nos es considerado como un Monje Guardián. Por esto Arthur, sería injusto e hipócrita de mi parte obligarte a vivir bajo los mismos votos y obligaciones que tuve cuando ahora mismo ni siquiera yo estoy obligado a continuar siguiéndolos. Y si lo he estado haciendo durante todos estos años, es por un tema de decisión personal. Por lo que no te obligaré a tener que seguirlos si no quieres hacerlo. Pero eso sí debes saber una cosa: si decides seguir con una relación sentimental, tendrás que ser consciente y asumir que es muy probable que esta retrasará tu avance en liberar tus chakras, y que hasta es posible que te detenga completamente. Por lo que cuando llegue ese momento, tendrás que decidir si lo más importante para ti es continuar con esa relación, o dejarla atrás para poder continuar liberándolos ¿Queda eso claro?

—Si sifu, lo tengo perfectamente claro.

A pesar de que no era necesariamente la respuesta que más le hubiese gustado. Arthur debía reconocer que Batuo estaba siendo muy sincero y justo con él tomando en cuenta la situación en la cual se encontraba. Y que definitivamente lo que había dicho, era algo que debía tener presente de aquí en adelante.

—¿Alguna otra cosa más, Arthur?

—Sí, sifu... tengo otra cosa más que preguntarle... No crea usted que me he olvidado, ya que todavía me acuerdo de cómo hace tiempo, cuando aún estábamos en la carava en Villa Brumosa, usted mencionó algo acerca de una profecía... Y ahora que soy un monje y no un aprendiz ¿Puede usted decirme de qué se trata? —preguntó Arthur frunciendo levemente el ceño.

Batuo y Medicham parecieron sorprenderse ante aquella pregunta. Como si en verdad esperaban que el tema hubiese quedado de lado con el paso del tiempo.

—Lo lamento mucho, Arthur... Si mencioné aquello en esa ocasión, fue porque hablé más de la cuenta... Solamente a los maestros monje se les permite tener conocimientos acerca de la profecía, y ni siquiera a los monjes recién formados se les permite conocer sus contenidos...

—¿Pero por qué, Sifu? ¿Por qué tanto secreto? ¿Acaso aquella profecía encierra algo peligroso?

El maestro monje negó con la cabeza.

—La profecía en sí no es peligrosa. Es más, es todo lo contrario. El peligro más bien está en el conocimiento de los signos y señales que indican la proximidad de su cumplimiento. Los cuales, en las manos equivocadas, han traído ruina y perdición a muchos. Por eso sus contenidos se mantienen en secreto, para evitar que los hombres y mujeres equivocados aprendan de estos y traten de utilizarlos para su beneficio personal.

—Y si es así... ¿Sería posible que pueda saber de qué trata ésta al menos?

Batuo y Medicham comenzaron a mirarse el uno al otro. En donde Arthur podía sentir que se estaban comunicando telepáticamente. Finalmente, Medicham le asintió.

—El único conocimiento que se le permite a todos conocer de ella, es que la profecía habla el retorno de los Monjes Guardianes al mundo—contestó Batuo. —Porque durante la era dorada de los Guardianes de Aura, los Guardianes de todo el mundo incluido los monje recorrían la tierra con sus compañeros pokemón con el objetivo de protegerla de cualquier mal que la acechase. Pero tras el fin de esa era, los Guardianes de Aura entraron en un periodo de decadencia que hizo que la mayoría o desapareciese o se recluyeran a sí mismos rompiendo el contacto con el mundo exterior. Los Monjes Guardianes actuaron como estos últimos, cerrando las puertas de su monasterio y aislándose del resto de Shanxi. Lo cual ha continuado así por siglos. Y lo que habla la profecía, es del día en el que los monjes volverán a abrir sus puertas y saldrán de nuevo a realizar su misión como en los días de antaño.

—¿Y a que se debió específicamente que los Monjes Guardianes cerraran sus puertas en primer lugar?

—Eso, Arthur. Es una larga historia. Ya hemos hablado mucho, y estoy seguro de que debes de estar cansado con el entrenamiento de hoy. Pero trataré de resumírtela de la manera más corta posible. Los Monjes Guardianes en el pasado solían aceptar misiones y se ponían bajo las órdenes del Emperador de Shanxi, el gobernante absoluto de toda la nación. Las cuales eran básicamente misiones tales como luchar contra grupos de bandidos peligrosos, piratas, e incluso a veces luchar contra insurrecciones que buscaban desestabilizar a la nación. Pero un día, al Emperador de esa época no le bastó con que los Monjes trabajaran bajo sus órdenes de vez en cuando. Sino que buscó obligar a los monjes a convertirse en una organización gubernamental bajo el control absoluto del Emperador para su uso tanto en la guerra como en la seguridad interna de Shanxi. Los Monjes se negaron, ya que consideraban que sólo manteniendo su independencia eran capaces de seguir realizando su misión, y que ellos no eran los súbditos de ningún soberano en particular. Como te podrás imaginar, al Emperador no le gusto para nada esta respuesta, por lo que decidió empezar a perseguir a los Monjes Guardianes como traidores al imperio, e inició una gran campaña publicitaria para poner a la población en contra de ellos. La cual lamentablemente, funcionó. Entonces los Monjes, entristecidos por el rechazo que recibieron tras siglos de servicios a la nación y a sus habitantes, decidieron cerrar sus puertas y recluirse del mundo exterior de manera indefinida hasta el día de hoy. Y fue solo después de ese momento que el Emperador y los habitantes de Shanxi se dieron cuenta del error que habían cometido, pero que lamentablemente, ya no había marcha atrás. Fue entonces un día que apareció la profecía, la cual describe los signos y señales que describen el día en el que el Monasterio de los Monjes Guardianes abrirá sus puertas de nuevo.

—Y usted sifu... ¿Cree que alguno de esos signos y señales se están cumpliendo con la remoción de los limitadores? ¿Cree usted que los Monjes Guardianes están próximos a regresar al mundo exterior?

—Hasta ahora no puedo estar seguro de ello, Arthur. Aunque es una posibilidad que no puedo descartar. Y aunque fuese así, tampoco me permitiría decírtelo para así poder seguir conservando los detalles de la profecía en secreto.

Por un momento, Arthur deseó protestar. Pero una parte suya, aún respetuosa de su maestro, decidió obedecer y guardar silencio.

—Tienes que aprender a ser más paciente, Arthur. Pero te prometo que todas las respuestas a tus preguntas llegaran a su debido momento. Ahora sí, que tengas un buen día. Nos vemos mañana aquí mismo, a la misma hora antes del amanecer como siempre.

Los tres se levantaron y Arthur se despidió de ellos con una reverencia antes de retirarse.

—Arthur ha progresado a un ritmo impresionante en su entrenamiento en el aura desde que abrió su primer chakra. Ha pasado tan poco tiempo y ya puede utilizar la Ola de Chi... Me pregunto si es alguna clase de señal... —comentó Medicham cuando estaban los dos solos.

—Puede ser, amigo mío. Pero recuerda lo que esta supuesta "remoción de limitadores humanos" nos ha estando afectando y puede ser que a Arthur también. Por lo que es posible que eso en parte explique su progreso —respondió Batuo.

—Pero aún así, Arthur ha estado aprendiendo lo que a nosotros nos tomó semanas o meses en su momento. Eso es simplemente demasiado rápido... y recuerda que Arthur presenta el dragón dorado en su interior...

—Sí... el dragón dorado... Quizás en verdad sea una señal, Medicham... Y si en verdad lo fuese, puede ser que todas las penurias que tuvimos que pasar cuando fui expulsado y tuvimos que abandonar Shanxi terminen valiendo la pena...


Arthur aún se encontraba un tanto frustrado y lleno de dudas mientras caminaba por las calles del poblado de Reino Espejismo. Pero al menos Batuo había comenzado a hablar aunque fuese de a poco acerca de la profecía. Aún así, sentía por algún motivo, su maestro le ocultaba demasiada cosas sobre sí mismo y acerca de los Monjes Guardianes de lo que le gustaría. Por ejemplo, aún no tenía idea porqué Batuo había sido expulsado del Monasterio después de todos estos años. Lo que lo hacía preguntarse a veces si su sifu era en verdad el hombre que aparentaba ser...

—Hola Arthur ¿En qué andas? ¿Ya terminaste con tu entrenamiento de hoy? —preguntó alguien cerca suyo que resultó ser Andrés.

Arthur despertó del estupor de sus propios pensamientos y se fijó que Andrés se la había unido al lado suyo.

—Ah, hola Andrés. Si, ya acabe con mi entrenamiento de hoy y voy de vuelta al palacio ¿Y qué hay de ti?

—Voy al supermercado a comprar algunas cosas que me encargó mi madre. Demonios, parece que el señor Batuo ni siquiera te da los fines de semana libres para descansar ¿Eh?

—Bueno, así está la cosa ahora. Ahora que soy oficialmente un Guardián de Aura y tengo acceso a mis poderes, no puedo darme el lujo de desaprovechar ningún posible día de entrenamiento. Ya que quien sabe, puede ser que en cualquier momento tengamos que volver a salir allá afuera y tengo que estar lo más preparado posible ante cualquier cpsa cuando suceda.

Papá... por favor estate a salvo a donde seas que estés hasta que llegue ahí... —pensó Andrés —Entiendo... pero aun así, Arthur. Siento que igual te mereces un día libre de vez en cuando por todo el esfuerzo que haces.

—Descuida, Andrés. Aunque aprecio tu preocupación, de todas formas esto es algo que simplemente debo hacer. No me queda otra opción.

Entonces Arthur comenzó a fijarse en algo de él.

—¿Qué estas mirando? —preguntó Andrés.

—Nada importante la verdad... Tan sólo estaba viendo si es que aún tenías alguna de las secuelas de la paliza que te dio Claudia en el cumpleaños de Brendan...

—¡Oye, Arthur! ¡No es necesario que me estés recordando eso! ¡Que para mí no fue gracioso! —contestó algo molesto.

—Ya, ya... calma... Tan sólo era una broma... —mencionó Arthur tratando de disculparse.

Al menos habría valido la pena si es que le hubiese podido ver las tetas a Ángela.. pero ni siquiera eso pasó... —pensó Andrés decepcionado.

Pero casi de inmediato, asustado, Andrés se fijó en Arthur el cual parecía estar distraído con algo.

—¿Eh, qué pasa? —preguntó.

—¡No es nada, no es nada! Tan sólo me pareció ver algo...

Andrés suspiró aliviado por dentro.

Parece que Arthur por fin ha aprendido a no leerle la mente a la gente por accidente... Quien sabe lo que me habría dicho si hubiese leído aquello...

— Bueno, el supermercado está en esa dirección y yo voy al palacio, así que nos vemos.

—Está bien, nos vemos Arthur.

Andrés continuó en dirección al supermercado y prosiguió a hacer sus compras. Y mientras lo hacía, podía alcanzar a oír los cotilleos de la gente en medio de los pasillos de este.

—¿Has visto como han subido los precios de ciertas cosas? —le dijo una señora a otra.

—¡Sí, es una barbaridad! ¡Según he oído, hay problemas en el abastecimiento de algunos productos que sólo se pueden conseguir afuera! —le respondió esta a la primera.

Parece ser que el Reino Espejismo tampoco puede escapar de las consecuencias de la globalización y del fantasma del desabastecimiento... —pensó Andrés —Me pregunto por cuánto tiempo más podremos sobrevivir aquí aislados del mundo exterior...

Tras salir del supermercado con sus compras, Andrés procedió a regresar al palacio también. Pero en medio del camino, vio que Ángela. La cual parecía estar observando los escaparates de una tienda de ropa. No estaba por ningún lugar a la vista, pero Andrés podía imaginar que en alguna parte estaba Lucario observándolo y vigilando a Ángela.

—Hola Ángela ¿Acaso saliste de compras?

—Oh, hola Andrés. Si, digamos que sí... Aún tengo algo de dinero de lo que me dieron mis padres cuando decidí quedarme en Hoenn después de la Conferencia Colosalia, y estaba pensando en comprarme algo de ropa nueva ya que estoy harta de llevar la misma de siempre desde la remoción de los limitadores...

Andrés sonrió, aliviado de que por lo visto Ángela hubiese vuelto a la normalidad tras el trauma con su Swanna en la expedición militar, y que ahora estuviese saliendo afuera a hacer cosas típicas de chicas.

—¿Y estás viendo algo en particular?

—Bueno, estaba mirando un blusa como esa... —dijo Ángela señalando a algo detrás del escaparate —Aunque no sé si compararla ya que tampoco quiero gastar demasiado del dinero que tengo... —expresó pensativa.

Andrés se inclinó hacia el escaparate y vio un maniquí vestido con una blusa azul. La cual lucía bastante bonita. Pero cuando se fijó en el precio...

—Vaya... para ser una simple blusa es bastante cara...

—Sí... he oído que con los problemas de desabastecimiento que han habido últimamente en el reino, ciertos productos como la ropa han subido bastante... Qué mal... me gustaría tenerla pero no sé si mejor debería ahorrar para otra cosa...

Andrés se fijó que Ángela se encontraba tanto triste como indecisa. Y a su vez, pensó en lo mucho que no le gustaba verla así, no después de todo lo que le había costado a ella salir de su depresión.

—Bueno... quizás con el dinero que tengo y con un poco del vuelto de las compras que fui a hacer... A lo mejor podría comprarla...

—¡¿En verdad lo harías?! ¡Oh, sí lo hicieras estaría muy agradecida! —contestó ella emocionada de súbito.

—¡Está bien, está bien! Pero cálmate... ¿Vale?

Los dos entraron a la tienda, y minutos más tarde los dos salieron a la calle con Ángela llevando una bolsa con su blusa nueva. Andrés había tenido que gastar gran parte de sus propios ahorros y parte del vuelto de su madre. Por lo que de alguna forma tendría encontrar una excusa para decirle a ella lo que pasó con el dinero. Aunque a su vez, pensando en lo triste que Ángela había parecido para luego emocionarse de súbito con su propuesta. Se preguntaba si a lo mejor ella lo había manipulado para hacerlo comprar eso...

—Gracias Andrés... eso fue muy dulce de tu parte...

Entonces ella se inclinó hacia él y de manera coqueta lo besó en la mejilla. Haciéndolo ponerse colorado como una baya Tamate.

—¡Adiós, Andrés!... ¡Y gracias! —aprovechó de decir finalmente antes de irse corriendo y perderse en medio de la multitud.

Bueno... manipulación o no... parece que valió la pena... Quizás no tanto como lo que habría conseguido en el cumpleaños de Brendan si todo hubiese salido bien... pero igual valió la pena... —concluyó.


Claudia caminaba por el palacio, aunque esta vez sí en el mundo real, cuando pasó al lado de un patio interno de este. En donde pudo ver que sentada sobre una banca, se encontraba Alyssa trabajando en algo entre sus manos. Sintiendo curiosidad, trató de acercarse un poco y ver lo que hacía sin llamar su atención.

—¿Eh, quién está ahí? Ah, eres tú, Claudia.

—Hola Alyssa. Te vi a lo lejos y me pregunté qué estabas haciendo.

—Ya veo, ven, siéntate a mi lado si quieres observar. Estoy bordando.

—¿Bordando?

Claudia se acercó un poco más y vio que efectivamente ella estaba utilizando una aguja e hilos de diferentes colores para bordar un paño con motivos florales. Y tras dudarlo por unos breves instantes, decidió sentarse a su lado.

—A mí me gusta bordar para pasar el rato... ¿Sabes tú también bordar, Claudia? —preguntó Alyssa.

—¿Bordar, yo? No en realidad... Debo admitir que con suerte sé coser un botón en caso de una emergencia...

—Oh.. es una lástima... —contestó ella un tanto desilusionada mientras seguía con su trabajo— Si supieras bordar a lo mejor te podría haber enseñado algunas cosas...

Claudia miró con más detenimiento el diseño del bordado a medias. Parecía ser bastante bonito, lo que demostraba el talento y habilidad de ella.

—Nah, no te preocupes por ello, Alyssa... Y aunque pudieses enseñarme... no creo que serviría... Nunca fue de mi gusto hacer estas cosas "femeninas" cuando era pequeña, y mi motricidad fina nunca fue muy buena...

—Oh, vamos... Dices que por lo menos puedes coser un botón ¿Verdad? Eso ya es al menos algo. Ten, comienza por enhebrar esta aguja.

Entonces Alyssa le pasó a Claudia hilo y aguja. Ella los sostuvo e intentó enhebrarla. Su primer intento fracasó, el segundo también. Claudia siguió intentándolo varias veces más, pero nunca conseguía enhebrar la aguja, lo que la frustraba enormemente. Cuando por fin pareció conseguirlo, le falló el pulso y de nuevo se le separaron. Esa fue la gota que rebalsó el vaso.

—¡Es inútil, no puedo hacer esto! —exclamó frustrada soltando los dos objetos y llevándose las manos a la cara sollozando—¡Nunca he podido hacer bien estas cosas de mujeres y nunca podré hacerlo! ¡Los de Ciudad Petalia tenían razón cuando me decían que no era más que una bruta marimacho!

—Oh, Claudia... no digas eso... Estoy segura que eso no es verdad... —le dijo Alyssa preocupada e intentando consolarla.

—¡Tú no entiendes Alyssa! ¡Tú no tuviste que pasar por lo mismo que yo! ¡Cuando era pequeña, las demás niñas y sus madres siempre se reían de mí porque no era capaz de hacer esta clase de cosas! Por eso mismo nunca tuve amigas mujeres a esa edad, y tan solo me llevaba bien con los chicos porque sólo sabía hacer bien las mismas cosas que hacían ellos...

—Claudia... me entristece tanto oír eso... Es una lástima que las mujeres de Ciudad Petalia no te hayan podido apreciarte por los otros talentos y habilidades que pudieras tener... Porque me imagino que existe cosas que sabes hacer bien ¿Verdad?

Claudia tomó una Poké Ball vacía que guardaba en uno de sus bolsillos y se la quedó mirando.

—Creo que una de las pocas cosas que sé hacer de las que en verdad me hacía sentir orgullosa era la de entrenar y combatir bien con pokemón... Ya que al menos pude conseguir las ocho medallas de la región y participar en la Conferencia Colosalia hace varios años atrás...

—¿Ves? Yo tengo un Magnemite por ejemplo, pero dudo hubiese tenido la capacidad y la voluntad de irme de mi villa a recorrer la región e intentar ganar medallas de gimnasio.

—¿Pero de qué me sirve eso ahora?... Con la remoción de los limitadores, se ha vuelto imposible ser entrenador pokemón y ahora no sirve absolutamente de nada... —Claudia respondió de regreso deprimida mientras volvía a guardar la Poké Ball.

Alyssa trató de pensar en algo que pudiese ayudar a mejorar la situación. Hasta que finalmente tuvo una idea.

—¿Y qué hay de cantar? Escuché de Arthur que cantas bien y que durante la expedición miliar cantaste una canción bien bonita...

—¿Cantar? —preguntó Claudia rascándose la barbilla— Bueno... sí... Admito que varias personas a lo largo del tiempo me han dicho que tengo talento para el canto... Pero nunca fue algo que le dediqué demasiado atención porque difícilmente mis juegos con Arthur y Andrés involucraban cantar cuando éramos pequeños. Ni fue algo que en verdad utilicé cuando me convertí en entrenadora...

—¡Pero me imagino que a muchas otras chicas les encantaría poder cantar bien como tú y simplemente no tienen el talento! Además, pienso que muchas personas lo considerarían como algo muy femenino.

Claudia comenzó a pensar. A lo mejor el hecho de que ella pudiese cantar bien se le podría considerar como algo femenino que tenía, pero Alyssa la superaba con creces en un montón de otros ámbitos. En donde ella no sólo era ciertamente bonita, amable y cariñosa. Si no que por lo que había oído, era también una muy buena cocinera, una excelente ama de casa y talentosa en toda esta clase de habilidades artísticas que involucraban cosas tales como coser, tejer o bordar. Junto con los rumores que oía acerca de ella y Arthur, Claudia parecía entender el porqué a lo mejor Arthur parecía estar tan interesado y atraído por ella... ¡Si Alyssa era prácticamente el modelo de una esposa perfecta! Los cuales eran cosas que Claudia consideraba que nunca, nunca iba a poder tener. Y que por lo tanto, sus posibilidades de poder llamar la atención de Arthur eran inexistentes...

—¿Qué sucede Claudia? Pareces muy pensativa... Si tienes algún problema puedes decírmelo...

¡¿Y cómo rayos quieres que te explique esto específicamente a ti?! Si fuera a otra persona sería mucho más fácil...

Claudia trató de pensar en cómo hablar de aquello sin revelarle a Alyssa sus verdaderas intenciones.

—Hay veces que ni siquiera sé si mis propios amigos me aprecian mucho por lo poco femenina que soy en comparación con otras chicas... Ni siquiera amigos de mi infancia tales como Arthur o Andrés...

—Bueno... en mi caso no puedo hablar de lo que opina Andrés. Pero sí de lo que me ha dicho Arthur al respecto ¿Y sabes? Arthur suele hablar bastante de ti... quizás demasiado para mi gusto... —en donde a esto último, a Claudia le pareció oír a Alyssa decirlo en un tono que le sonó extrañamente frío para venir de ella.

¿Eh?

—Arthur me ha contado la historia de la amistad que ustedes tres tenían cuando eran pequeños y sobre el incidente de hace siete años atrás. En donde incluso a pesar de estar enojado, te seguía teniendo en alta estima. En donde honestamente no entiendo cómo era capaz de hacerlo... y más aún en cómo fue capaz de reconciliarse contigo... Porque pienso que probablemente si él hubiese sido alguien distinto, no habría sido tan fácil para ti salirte con la tuya... —continuó Alyssa hablando con ese tono frío que a Claudia le estaba comenzando a poner los pelos de punta.

Ella parece estar enojada... ¿Conmigo?

—Y a veces me pregunto por qué él parece preocuparse tanto por ti cuando yo he estado mucho más tiempo con él antes de que tú aparecieres... no es justo... —Entonces Alyssa pareció de despertar de alguna clase de estupor —¡Uy, lo siento! ¡Parece que sin darme cuenta comencé a pensar en voz alta! ¡Perdón! —dijo ella tratando de disculparse e intentando regresar a un tono dulce de nuevo— En fin... el tema es que a pesar de todo, al menos Arthur te sigue considerando como una amiga importante... —sentenció antes de seguir con su bordado, como queriendo evitar el tema.

¿Pero qué fue lo que pasó con ella en ese momento? Parecía estar... celosa o algo así...


Mientras ocurría la conversación entre las dos, sobre un balcón que daba al mismo patio había un pokemón que las estaba espiando. Uno que lo había estado haciendo desde hace un buen tiempo y parecía estar emocionada por lo que veía.

—Bien... por fin las encuentro juntas y completamente solas... —se dijo Lucy así misma —¡Tan solo encuentro el momento apropiado para bajar y me aseguraré que ninguna de las dos vuelvan a interferir con mi Arthur! —exclamó la Lanturn soltando un par de chispas de su apéndice eléctrico de la pura emoción.

—Lucy... ¿Acaso estás tramando algo? —dijo una voz atrás suya. Una voz que hizo que se le helara la sangre a ella y quedase petrificada como una piedra.

Lucy lentamente comenzó a darse vuelta, confirmando que efectivamente el que estaba detrás era el propio Arthur. El cual la estaba mirando feo, muy feo...

—Oh... hola, Arthur... ¿Qué estás haciendo aquí?... —preguntó ella nerviosa.

—¡Vengo de regreso de mi entrenamiento al palacio, y tras entrar fui capaz de sentir el aura de Claudia, el de Alyssa y el tuyo cerca! ¡No creas que no me he dado cuenta de lo mucho que las has estado siguiendo desde que regresamos al Reino Espejismo! ¡Y tampoco creas que puedes esconderme tus intenciones ya que puedo sentirlas por medio del aura!

—No, Arthur... En verdad no es lo que crees... —trató de defenderse Lucy.

—¡Deja de mentirme, Lucy! ¡¿Cuántas veces voy a tener decírtelo?! ¡Entiendo que sientas celos por mí, y que antes te la pasaras electrocutando a fans molestosas durante la Conferencia Colosalia! ¡Pero por lo menos antes de la remoción de los limitadores no les hacías daño de verdad! ¡Ahora puedes matarlas fácilmente! ¡¿Acaso no puedes entender eso?!

—Pero...

—¡Sin peros! ¡Estoy cansado y aburrido de tu comportamiento, Lucy! ¡Esas dos chicas que están abajo son muy importantes para mí! Y si llegara a enterarme de que les hiciste daño... Juro, Lucy... ¡Juro que te voy a odiar por siempre! ¡¿Lo entiendes?! ¡Por siempre!

La Lanturn, impactada, comenzó a sollozar ante aquellas palabras.

—¡Y para que veas que estoy hablando en serio, te voy a castigar! ¡A partir de hoy ya no dormirás más conmigo como siempre! ¡Si no que dormirás ya sea en tu Poké Ball como el resto del equipo, o en el piso en su defecto! ¡¿Me entendiste?!

Ahora sí que Lucy ya no pudo contenerse más, por lo que se largó a llorar mientras se iba del balcón dejando a Arthur solo.

Lo lamento, Lucy... pero es necesario que haga esto para que así madures... No puedo permitir que por tus celos pongas en peligro la vida de la gente que me importa...


Ya había anochecido cuando Timmy Grimm decidió salir a caminar por el palacio. Pero a diferencia de siempre, se armó de valor para salir sin su traje de el Fantasma. Pero debido a que todavía se sentía intimidado de hacerlo, prefirió salir de noche donde menos gente pudiese verlo mientras se acostumbraba. En donde en medio de su caminata nocturna, echó un vistazo por una ventana y pudo ver las luces del poblado de el Reino Espejismo a través de ella.

—¿Timmy? ¿Eres tú? —preguntó alguien.

Timmy se tornó hacia la persona sintiéndose expuesto. Pero para su alivio, se dio cuenta que la persona era Jennifer. La cual estaba en camino para irse a dormir.

—Oh... Jennifer... eres tú...

—¡Timmy! ¡Estás caminando por el palacio sin tu traje! ¡Felicidades, estoy muy orgullosa de ti! —le contestó ella alegre.

—Este... ¡Sí!... Últimamente he estado pensando en lo que me dijo Max en el cumpleaños de Brendan... —respondió rascándose la cabeza un tanto tímido— Así que decidí empezar a salir afuera más a menudo sin el traje...

—¡Muy bien, Timmy! ¡Estás haciendo un gran progreso! Entonces de aquí en adelante queda por ver si eres capaz de comenzar a salir sin él durante el día ¡Pero no te preocupes! Que para eso podemos empezar de a poco...

—Buenas noches, Jennifer ¿Con quién hablas? —preguntó alguien.

Los dos se sobresaltaron al darse cuenta que alguien más venía, el cual era efectivamente Brendan.

—Oh, hola Brendan... Iba de regreso a mi cuarto cuando en el camino me encontré y me puse a hablar con Timmy...

—¿Timmy? ¿Quién es Timmy? —preguntó Brendan acercándose para examinarlo mejor —¡Ah, pero si no es el señor Fantasma de la Ópera! ¿Qué estás haciendo aquí sin tu traje?

—Yo... bueno... ¡Simplemente decidí salir sin él porque se me dio la gana! —respondió Timmy.

—Oh... ¡Por qué se te dio la gana! —contestó Brendan en un tono burlón— ¡Y ahora seguro que estás aquí para poder coquetear con Jennifer mientras no estoy! ¡¿O si no porque estarías aquí solo con ella a altas horas de la noche?!

—¡¿Qué?! ¡No!... No estaba haciendo nada de eso... ¡Lo juro! —Dijo Timmy defendiéndose aunque retrocediendo un par de pasos, intimidado por el tono agresivo de Brendan.

—¡Así que el señor Fantasma no tiene agallas para defenderse sin su traje! ¡Qué patético! —le exclamó Brendan mientras se le acercaba y le daba un pequeño empujón a Timmy. Haciéndole perder brevemente el equilibrio y haciendo que Jennifer se interpusiera entre ambos.

—¡Brendan! ¡¿Pero qué demonios te pasa?! ¡No estábamos haciendo ninguna cosa así y tu vienes a armar pelea!

—¿Saben? No se preocupen, que creo que mejor me voy de regreso a mi habitación para evitar ser un problema...

—¡Espera Timmyy! —exclamó Jennifer hacia él, pero lamentablemente ya se había ido— ¡Brendan, eres un idiota! ¡Timmy había salido por primera vez de su habitación sin su traje, y ahora tú vienes y lo arruinas todo! —le gritó a Brendan enojada.

Brendan, el cual hasta ahora nunca había visto a Jennifer en verdad enfadada, se sobresaltó considerablemente.

—Pero Jennifer...

—¡No, estoy harta que te comportes como un matón cada vez que estoy cerca de Timmy! ¡El pobre es un chico lleno de problemas y tan sólo quiero ayudarlo a superarlos! ¡No entiendo por qué te debes comportar tan celoso conmigo! ¡Yo no te pertenezco, Brendan! ¡Y si quiero ayudar a Timmy en sus problemas, es problema mío y tú no te puedes entrometer! —ella soltó un bufido— ¡¿Y sabes qué más?! ¡No quiero verte más por hoy ya que eres un estúpido matón, enojón y celoso! —declaró antes de marcharse malhumorada de regreso a su habitación.

—¡Espera Jennifer! Yo...

Pero con lo impactado que había quedado ante las palabras de Jennifer, ella ya había doblado una esquina y se perdió de vista. Brendan comenzó a reflexionar, y se dio cuenta que efectivamente el siempre se enojaba y se ponía de mal humor cuando veía al Fantasma o a los dos juntos.

¿Qué me pasa?... ¿Por qué es que me pongo así cada vez que los veo?... ¿Acaso Jennifer tiene razón y en verdad estoy celoso?... —se preguntó a sí mismo.

Ya de madrugada, Arthur se encontraba durmiendo en su habitación. Y tal como le había prohibido, Lucy se encontraba durmiendo sobre la alfombra de la habitación. Lo cual prefería a tener dormir en su propia Poké Ball incluso si es que esta era mucho menos cómoda. En medio de la noche, ella se despertó, aún triste de ya no poder dormir junto a su amo.

No tengo oportunidad contra ellas... Yo soy un pokemón y ella son humanas... No hay nada que pueda hacer para ganarme el amor de Arthur... E incluso si fuese así... tampoco podríamos vivir juntos ya que ni siquiera puedo pararme en dos piernas y caminar...

Mientras divagaba en sus pensamientos, Lucy comenzó a percatarse que por algún motivo, comenzaba a emanar luz proveniente del balcón de la habitación. La cual se filtraba a través de las cortinas de la entrada de vidrio de este. Extrañada, Lucy se levantó y se dirigió ahí para investigar. La puerta deslizable de vidrio se encontraba parcialmente abierta. Por lo que ella pudo meter su hocico por la abertura y abrirse paso a través de ella.

Lo que vio en el balcón la dejó completamente boquiabierta: delante de ella en el balcón, había una especie de orbe que emanaba luz plateada resplandeciente y que levitaba sobre el suelo un tanto más arriba de ella. El cual era algo que lucía mágico y completamente fuera de este mundo. Lucy no sabía cómo responder o actuar ante aquella cosa, pero de pronto el orbe misterioso se movió y bajó a ras del piso a un nivel más acorde con su altura. De pronto, sintió como si de alguna manera, el orbe la estuviese invitando a acercarse y a tocarlo. Era una sensación irresistible, por lo que Lucy no pudo evitar hacerlo. En donde mientras más se acercaba a este, más sentía como si todos sus sueños se pudiesen hacer realidad si lo hacía.

Finalmente, Lucy tocó el orbe plateado con su hocico, trasmitiéndole una sensación cálida por todo su cuerpo. Entonces, el orbe pareció deshacerse en un montón de partículas de luz, las cuales comenzaron caer sobre ella y empezaron a meterse dentro de su cuerpo. Casi al instante, Lucy comenzó a sentirse extraña y su cuerpo empezó a irradiar luz semejante al de la evolución. En donde sentía que su cuerpo comenzaba a transformarse.

¿Qué es lo que me pasa? ¿Acaso estoy evolucionando de nuevo?

Cuando terminó el extraño fenómeno, el orbe misterioso había desaparecido por completo. En donde sólo ella se encontraba en balcón en medio de la oscuridad de la noche del Reino Espejismo. Lucy se preguntó que le había sucedido, y trató de observar su cuerpo para ver en qué se había transformado. En donde para su más completo asombro, se dio cuenta que en vez de aletas frontales, tenía brazos y manos. Y en lugar de una aleta en la parte de atrás... ¡Tenía dos piernas y pies! La luz de la luna resplandecía esa noche, por lo que también pudo ver que su piel azul era ahora blanca y suave. Lucy se palpó el rostro con sus nuevas manos, y pudo notar que aparte de dos ojos más pequeños, no tenía hocico y en su lugar tenía una nariz y una boca bien definidas.

¿Qué me ha ocurrido? ¿Acaso me he convertido?... ¿En una humana?

Sus ojos se abrieron de asombro ante aquella realización.

—¡Me he convertido en una humana! —exclamó asombrada sin poder creerlo.

Lucy se levantó del suelo y corrió de inmediato adentro de la habitación en dirección a un espejo de pared que había. Ella debía de ver de inmediato su nuevo cuerpo ¿Conservaría sus mismos ojos rojos o serían diferentes? ¿Cómo se vería su nuevo pelo y de qué color sería? Eran muchas las interrogantes que tenía. Pero de inmediato cuando terminara de verse... ¡Iría a despertar a Arthur para darle las buenas noticias y decirle que por fin podría ser suya!

Pero cuando por fin alcanzó el espejo, se dio cuenta que no podía ver su reflejo. En donde era como si no estuviese ahí. Extrañada, comenzó a mirar de arriba hacia abajo. En donde en el fondo pudo ver que había algo. Ella se agachó para mirarlo con más detenimiento, y se dio cuenta que era su cuerpo de Lanturn que la miraba.

¿Qué pasa aquí? ¿No se supone que me acabo de convertir en una humana? ¿Entonces por qué me veo como una Lanturn?

Entonces, sintió como su cuerpo comenzaba a encogerse y a volverse pequeño de nuevo. Vio que sus brazos, manos y piernas se acortaban, sus dedos desaparecían y volvían a convertirse en aletas, y su piel volvía a ponerse de color azul.

—¡No! ¡Por favor, no! —comenzó a implorarle al espejo —¡Quiero convertirme en humana, no quiero ser más un pokemón! ¡Quiero ser una humana para así poder ser una compañera idea para Arthur! Por favor... déjame quedarme así... No quiero convertirme otra vez en una Lanturn...

Entonces Lucy despertó de un sobresalto. En donde aún se hallaba sobre la alfombra y lejos del espejo. Se levantó rápidamente y corrió directo hacia él. En donde para su pesar, pudo comprobar que efectivamente, aún seguía siendo una Lanturn.

Nunca seré una humana... y siempre seré un pokemón...

Ante aquella conclusión ineludible, Lucy comenzó a sollozar. Saltando de un mueble a otro, Lucy fue capaz de doblar la manija y abrir la puerta de entrada, procediendo a salir a llorar al pasillo.


—¿Estás realmente segura de que quieres seguir haciendo esto? —preguntó Lucario.

—¿Por qué no? —respondió la Gardevoir de Max. —Es divertido y me permite aprender algo más acerca de cómo viven los humanos. Además, no es necesario que ninguno más sepa de esto.

Por muy extraño que pudiese sonar. Los dos se encontraban practicando vals por un balcón al final de un pasillo del palacio.

—Si tu hermano se entera de esto, posiblemente no se lo tome muy bien...

—No te preocupes por mi hermano, Lucario. Gallade no tiene porque andar metiéndose dentro de mis asuntos y decirme que hacer...

Lucario suspiró mientras seguían bailando. Ni siquiera él tenía muy claro el porqué había accedido a hacer esto. Recordaba cómo había visto a Gardevoir sentirse interesada por el vals cuando estuvieron vigilando a sus respectivos amos durante la gala que había sido hace dos mese atrás. Y cuando él le había dicho que se sabía los pasos de memoria de ver a su antiguo amo, el padre de Ángela, participando en alguna que otra fiesta.

Pero Lucario nunca pensó que tras su regreso de la expedición militar, Gardevoir le preguntaría en serio si es que él le podía enseñase a bailar vals a ella. Es más, no sólo consideraba que sería extremadamente vergonzoso para los dos si los descubrían. Si no que todos, especialmente los pokemón, lo mirarían extrañados por la diferencia de edad que tenían. Ya que técnicamente bajo estándares humanos, Gardevoir sería una jovencita que con suerte estaría cumpliendo la mayoría edad mientras que él sería equivalente a un hombre de más o menos mediana edad que al menos le ganaba por veinte años.

En donde quien sabe, a lo mejor era aquel aire de inocencia juvenil que emanaba ella lo que lo había convencido de aceptar su capricho. O quizás porque se había forjado una especie conexión entre los dos durante la noche de la gala al haber estado vigilando juntos a sus respectivos amos. O era una combinación de ambas cosas y otras más de las cuales Lucario no era consciente en ese momento. Lo importante era que a partir de ese entonces, los dos se habían estado juntando cada ciertas noches a altas horas en la madrugada para que él pudiese enseñarle a bailar a Gardevoir.

—Muy bien. Parece que con esto último te habría enseñado todo lo que sé... —confirmó Lucario tras detenerse.

—¡Muchas gracias, Lucario! Aprecio mucho que te hayas dedicado el tiempo de enseñarme incluso si no era necesario que lo hicieras... —contestó ella.

Entonces Lucario tornó la cabeza rápidamente hacia el pasillo y frunció el seño.

—Puedo sentir que alguien viene... debería irme antes que nos vean... —dijo él mientras rápidamente saltaba del balcón hacia el tejado del palacio.

—Está bien... adiós Lucario... —contestó ella mientras lo despedía con la mano a la vez que desaparecía en medio de la oscuridad.

Entonces Gardevoir se tornó en dirección al pasillo y trató de fijarse en quién venía. Y cuando se acercó lo suficiente, pudo ver que era otro pokemón.

—¿Lucy, eres tú?

—Oh... hola Gardevoir... Qué extraño es verte despierta a tan altas horas de la noche... —ella contestó.

Gardevoir notó que al parecer a Lucy no le interesaba preguntarle el porqué ella estaba aquí. A su vez, podía ver que ella estaba sumamente triste y deprimida por algo.

—¿Qué es lo que pasa, Lucy? Te ves muy triste...

Lucy se recostó de barriga sobre el balcón.

—No sé si quiero hablar de ello...

—¿Tuviste un mal sueño?

—Se podría decir que sí...

—¿Y qué ocurría en él?

Lucy la miró con el rabillo del ojo.

—¿Tú amas a tu entrenador, Gardevoir?

—¿Que si amo a Max? ¡Por supuesto!

La Lanturn entonces comenzó a observar a Gardevoir con envidia.

—Suertuda...

—¿A qué te refieres?

—Digo suertuda porque a pesar de que eres un pokemon, tienes un cuerpo suficientemente parecido al de un humano en comparación con el mío...

—¿Y por qué eso es tan importante para ti?

Lucy la observó de nuevo antes de seguir mirando hacia el frente.

—Porque estoy enamorada de mi entrenador...

Entonces Lucy procedió a contarle a Gardevoir el extraño sueño que había tenido hace un rato después de que Arthur la hubiera castigado por sus celos excesivo. En donde para su conveniencia, le había omitido que sus ataques de celos involucraba querer atacar con descargas eléctricas a las chicas humanas que le caían mal.

—Ya veo... Entiendo que ames mucho a tu entrenador, Lucy... ¿Pero por qué lo haces de esta manera tan obsesiva hasta el punto que fantaseas con la idea de convertirte en una humana?

—Lo hago porque Arthur lo es todo para mí... —mencionó ella recordando el pasado— Cuando yo era una Chinchou, solía vivir con el resto de mi cardumen en el océano. Pero un día, una corriente marina nos sorprendió a todos y me separó del grupo. Cuando recuperé el control de mi misma, traté de encontrarlos de nuevo pero me fue imposible. Por días vague intentando encontrarlos. En los cuales apenas comí y dormí, desesperada no poder encontrarlos y quedarme sola para siempre... Hasta que un día, debido a lo debilitada que estaba, perdí el conocimiento y quedé a la deriva a merced de las corrientes. Cuando desperté, me encontré varada en la costa. En donde me sentí tan sola y miserable que simplemente me eché a morir para ahí que cualquier cosa acabase conmigo... Fue entonces poco después de eso, que Arthur apareció junto con sus amigos y me encontraron...

—Entonces así fue como lo conociste.

La Lanturn asintió.

—Arthur me llevó a un Centro Pokemón en donde fue que me cuidaron hasta que me recuperase. Ahí fue donde Arthur me preguntó si deseaba volver a la vida salvaje, o si quería ser su pokemón ya que le faltaba uno en su grupo de seis. Al final acepté su propuesta, porque consideré que ya me sería imposible regresar con mi antiguo cardumen. Entonces para mi Arthur ha sido más importante que me ha pasado en la vida, ya que no solamente me encontró y rescató cuando más lo necesitaba, sino que también me dio un nombre y una nueva familia para que nunca más volviese a sentir sola...

—Creo que en parte te entiendo Lucy... a mi Max también me rescató cuando estuve enferma y separada de mi familia...

—¡Por supuesto que no podrías entenderme completamente, Gardevoir! —respondió Lucy frustrada —¡No creas que no he oído las historias y los rumores que corren alrededor de ustedes las Gardevoirs y sus entrenadores, especialmente si estos son hombres! ¡Al menos ustedes tienen cuerpos lo suficientemente parecido al de los humanos como para hacer ese tipo cosas! ¡Para ti solamente bastaría con esperar que Max creciera un poco más a diferencia mía!

—¿Rumores, que clase de rumores? —Gardevoir no pareció darse cuenta ya que llevaba poco tiempo siendo el pokemón de Max, hasta que pareció recordar ciertas historias que había oído recientemente acerca de su especie. Lo que hizo que ella se horrorizara ante lo que Lucy estaba insinuando —¡Pero Lucy! ¡¿Cómo es que piensas ese tipo de cosas?! ¡Lo que yo siento por Max es muy diferente a eso! ¡Max perdió a su madre hace poco tiempo y yo también! Por lo que podría decirse que nuestra relación es más bien platónica... Más semejante a la que tiene una madre con su hijo que otra cosa...

Lucy se dio cuenta de la enorme barbaridad que había dicho y se sintió avergonzada.

—Lo siento, Gardevoir... Parece que con lo frustrada que estaba no pude contenerme...

—Está bien, Lucy... Creo que puedo ver a que te referías con ello y sobre cómo te sientes frustrada con tu anatomía respecto a la humana... Pero debes aprender y aceptar, Lucy, que irremediablemente eres un pokemón. Y que un humano como Arthur de por sí siempre preferirá primero a alguien de su propia especie que al de otra. Ya que mientras no lo hagas, nunca vas a poder ser feliz contigo misma. Lo otro Lucy, es que nada te impide a que sigas amando a Arthur. Es sólo que el amor que sientes por él debe de ser y manifestarse de manera diferente. Ya que uno no necesariamente debe de demostrar su amor de manera romántica para demostrarle a otro que uno lo ama. Tú también puedes demostrarle tu amor y aprecio a Arthur de diferentes maneras. Por ejemplo, ahora que Arthur te necesita como su pokemon para protegerlo, busca cuidarlo a él con todas tus fuerzas del peligro del mismo modo que lo hago con Max. O incluso, busca proteger y cuidar las mismas cosas e individuos que el ama y aprecia también. Ya que pienso que deben de existir muy pocas otras demostraciones de amor verdadero superiores a esas dos en este mundo. Y por último, por lo que creo estar entendiendo, si lo que sientes también es una gran necesidad de querer satisfacer aquella "ansia" o "impulso" con alguien. Lo único que te puedo recomendar es que busques una compañía más compatible y cercana a la de tu grupo huevo...

Lucy se sintió aún más avergonzada de oír aquello último.

—Descuida Gardevoir... que si mencioné lo de las historias sobre otras de tu especie y sus entrenadores... Era más bien para hacer énfasis en los diferentes grados de cercanía que podían aspirar a alcanzar ciertas especies de pokemón con ellos en comparación con otras... No tanto de que yo estuviese obsesionada o ansiosa con hacer algo así...

La Lanturn suspiró aliviada de haber poder sacarse aquel peso de encima con alguien.

—Gracias por la conversación, Gardevoir. Y también perdona si fui mal educada...

—Está bien, te perdono Lucy. Si tienes cualquier otro problema, no dudes en consultarme.

Lucy asintió y procedió a retirarse del balcón de regreso a la habitación de Arthur, dejando a Gardevoir sola. Y ya que habían estado hablando del tema, Gardevoir comenzó a preguntarse cuáles eran las posibles combinaciones de especies que existían para el grupo huevo de su propia línea evolutiva con los pokemón de su mismo u otros grupos. Por supuesto, nada más que por mera curiosidad...


Al que sepa qué era el orbe misterioso, le regalo una galleta.