Una Nueva Clase de Guerra
13 de Noviembre
Ninetales observaba a un lado de Alfa, el cual junto con Beta y otros Kadabra subordinados, contemplaban a un pokemón sentado en frente ellos que presentaba una postura firme y disciplinada. Este era un Arcanine, pero uno diferente a cualquiera.
—Así que... este es uno de los productos del primer lote? —preguntó la Alakazam rascándose la barbilla.
Alfa asintió.
—Así es, Beta. Finalmente la línea de producción de nuestro Señor ha terminado de madurar los primeros clones de su ejército. En donde este lote y los Kadabra y Alakazam entrenados para dirigirlos y darles órdenes se nos han asignado para facilitar nuestras labores de búsqueda del paradero de Jirachi.
Alfa dio un paso al frente y señaló al Arcanine con un dedo a los demás presentes.
—¡Contemplad al soldado perfecto! —proclamó el Alakazam—¡Diseñado para ser perfectamente obediente, sumiso y disciplinado! ¡Requiere comer, dormir y descansar incluso menos que un pokemón cualquiera! ¡Ansían entrar en combate en todo momento, presentan un sentido del dolor disminuido, no sienten miedo, piedad o remordimientos! ¡E incluso cargaran hacia su muerte ciegamente si las órdenes así lo desean! ¡Con un ejército de clones como este, los humanos no tendrán oportunidades contra nosotros! ¡Ahora, repórtese soldado!
—Soy número sesenta y cuatro del primer lote. Soldado del ejército de Uxie y de Ho-Oh—informó este con seriedad y firmeza—. Listo para obedecer órdenes y acabar con mis enemigos.
Los Kadabra presentes comenzaron a aplaudir satisfechos con lo que veían. Pero en medio de ellos, Ninetales lo miraba con desconfianza. De partida, su cuerpo todavía olía a químicos artificiales. Segundo, lo que podía oler como a un aroma propio, era exactamente el mismo al de al menos otros cinco Arcanine más presentes en el campamento. Lo cual la perturbaba enormemente y le dificultaba poder distinguir entre uno y otro. Tercero, desde que los clones de este y otras especies habían llegado, estos se comportaban de una manera completamente extraña y ajena: apenas hablaban, uno nunca podía saber lo que tenían en mente (si es que algo tenían) y si uno le preguntaba algo, respondían siempre con lo justo y necesario con el mismo tono firme y disciplinado. El cual carecía de personalidad y de individualidad propia.
—Señor Alfa... ¿En verdad piensa reemplazarnos con estas cosas artificiales?—preguntó ella.
—¿Reemplazarlos? No de la forma en la que seguro estas pensando, querida—le respondió—. Ustedes han cumplido un rol importantísimo en el cumplimento de la voluntad de nuestro Señor mientras estos clones no estaban todavía listos. Y reclutarlos permitió encontrar tanto a los candidatos con la mejor información genética para producirlos y a las líneas de pokemón que nos faltaban. Además, serán ustedes, los pokemón comunes y corrientes los que heredaran este mundo que Ho-Oh y nuestro amo planean entregarles libre de humanos. En donde estos no son nada más que carne de cañón desechable para que los verdaderos pokemón libres como tú o yo no tengan que morir para poder liberar a este mundo de su inmunda presencia. Es más, son estériles e incapaces de reproducirse o sentir otros deseos que no sean los necesarios para sobrevivir día a día y para luchar. Y en su genoma están programados con un tiempo de vida limitado para que sólo vivan estrictamente lo justo y necesario. En donde una vez que dejen de ser útiles, rápidamente envejecerán y morirán para que dejen de usar espacio y recursos que ya no son necesarios.
Ninetales no podía evitar sentirse horrorizada con lo que oía, incluso si no era capaz de entender del todo los términos extraños que Alfa utilizaba. Le horrorizaba la forma tan casual y con desdén por la vida de otros pokemón que él utilizaba. En donde estos "soldados" eran criados para ser utilizados y desechados como simples cosas ¿No era acaso justamente ese el motivo por el cual ellos se habían rebelado contra los humanos? ¿Para que los humanos dejasen de utilizar a los pokemón como meras cosas para satisfacer sus deseos mezquinos y egoístas? A pesar de ser diferente, ese Arcanine se veía igual a uno cualquiera a primera vista. Por lo que incluso si le parecía extraño y antinatural la forma en la que se comportaba y olía, se sentía en parte apenada por su destino y que la vida que se le había entregado no era algo que ella podía considerar como una plena y digna ¿Acaso no habían otras posibilidad en la vida de aquel Arcanine más que perecer en batalla o envejecer rápido y morir?
—¡Señor Alfa y Señora Beta! ¡Señor Alfa y Señora Beta! —interrumpió una voz, la cual despertó a Ninetales de sus pensamientos.
El pokemón era un Swellow, pero que a diferencia del Arcanine, no era un clon y era uno de los que Ninetales conocía desde que ella se había unido a Alfa y al ejército de Uxie.
—Informe—solicitó Alfa a la vez que el pokemón volador aterrizaba sobre la rama de un árbol cercano.
—¡Se ha confirmado que mismo vehículo enorme utilizado por los humanos durante la batalla contra los Swalot en Pueblo Verdegal está cerca! ¡Debería pasar no muy lejos del campamento en breves instantes!
Tal como dijo el Swellow, acompañado de intensas vibraciones en el suelo podía oírse y sentirse a la distancia el pasar del vehículo al cual el Swellow se refería por la ruta cercana. Lo que hizo que Alfa y Beta se miraran sorprendidos junto con los demás Kadabra.
—¡Ese vehículo se sospecha que pertenece a la misma facción que el grupo que nos arrebató a Jirachi! —exclamó Beta.
—¡Necesitamos darles caza! ¡Ellos deberían saber donde lo han escondido! ¿Qué fuerzas tenemos más al norte? —preguntó Alfa.
—¡Lo más cercano sería Épsilon en el Bosque Prohibido! —respondió la Alakazam—¡Las fuerzas de Delta también están al norte pero mucho más lejos que las de él!
Alfa asintió.
—¡Hay que enviarle un mensaje telepático e informarles acerca de esto! ¡Debemos prepararles una emboscada!
Ya con el comedor a solas, Arthur se encontraba sentado cara a cara frente a Alyssa con los brazos cruzados y mirándola seriamente mientras ella se encontraba con la mirada agachada y con su Magnemite flotando a su lado.
—¿Por qué estás aquí? —preguntó él.
—Yo... quería acompañarte Arthur, pero sabía que tú ni el abuelo me dejarían salir especialmente al no ser una verdadera entrenadora y por tener tan solo un solo pokemón... —respondió ella—Así que mentí diciéndole a Reika y a Hagen de que tenía autorización aunque sea para ayudar en las labores en el Groudon...
Arthur suspiró. El no necesitaba utilizar el aura para darse cuenta de que aquello no era toda la explicación del porqué se había colado en la tripulación del Groudon, pero tampoco quería presionarla excesivamente. Ya que de todas formas, lo que había hecho hecho estaba y no había posibilidad de dar media vuelta atrás.
—Pero mentiste, Alyssa. Le mentiste no solo a Hagen y a Reika, sino que probablemente le mentiste también a tu abuelo, a tu hermano y me hiciste creer que no habías ido a despedirte de mí porque estabas demasiada enojada conmigo. Debería darte vergüenza.
Ella nada más asintió sin decir palabra alguna.
—Ya no hay marcha atrás hasta LaRousse, por lo que de nada sirve seguir peleando por esto—continuó él—. Cómo mínimo eso sí, deberías informarle tanto a Hagen como a Reika de la verdad y posteriormente comunicarte con tu abuelo e informarle de que estás aquí. Ya que probablemente debe de estar muy preocupado y buscándote como loco por todas partes.
Alyssa asintió otra vez.
—Sí, Arthur... eso haré...
Con aquellas palabras, él procedió a levantarse de su asiento.
—Bueno, espero que lo hagas pronto. Y de aquí en adelante, te pido también que nunca abandones el Groudon, que te pongas a salvo en caso que por algún motivo entremos en combate y siempre sigue las órdenes de Hagen, Reika o de alguno de los otros soldados. Ya que estoy seguro de que tu abuelo nunca me perdonaría en caso de que te ocurriera algo. Ahora, si me disculpas, deseo ir a ventilarme a otro lado...
Finalmente, Arthur procedió a abandonar el comedor dejándola sola.
Bruce se encontraba apoyado contra una muralla contemplando algo en la cubierta de carga con los brazos cruzados y sumidos sumido en sus pensamientos mientras el movimiento del Groudon lo mecía suavemente. Junto con él, habían otros pokemón paseándose por ahí y algunos soldados realizando sus obligaciones .
Sin que se diese cuenta, alguien más se apoyó cerca suyo. Tornando la cabeza hacia el recién llegado, pudo ver que era Rose la cual estaba apoyada con las manos detrás de la cabeza.
—Así pues... ¿Qué es lo que pasa por aquella cabeza, polluelo? —preguntó ella.
Al oír aquel sobrenombre otra vez, Bruce la miró con una mirada fría y dura como un glaciar.
—Pensé que habíamos dejado las cosas claras allá en el Reino Espejismo... —le respondió en un tono similar a su mirada.
La Blaziken soltó unos graznidos equivalente una carcajada en su especie.
—¡Tranquilo Bruce, que tan solo te estoy tomando las plumas! Te ves tan tierno cuando te pones así... —respondió ella tornando la cabeza hacia él.
Bruce movió su mirada hacia el otro lado, negándose a dejarse molestar por ella. Rose regresó su visión al frente por unos instante antes de hablar de nuevo.
—Y... ¿Vas a decirme en que estabas pensado? Tú sabes que no me voy a ir hasta que me lo digas porque...
—...¿Porque siempre que quieres algo lo consigues? —Interrumpió Bruce completando la frase ya familiar para él.
Ella se largó a reír otra vez.
—¡Tú sí que me conoces, Bruce! Bueno, tampoco es algo tan extraño ya que siempre me he considerado un pokemón fácil de entender... Pero hay veces que me gustaría poder conocerte un poco mejor, pero con lo seriote que eres muchas veces es difícil poder hacerlo...
—Estaba mirando a Aggron cuidar de sus huevos—respondió el Blaziken mirando en dirección del pokemón tipo acero.
—¿Oh?
Ella tornó la mirada y efectivamente ahí estaba la Aggron de Brendan. A la cual le habían instalado el nido improvisado que le habían hecho antes de llegar al Reino Espejismo con sus huevos en una esquina de la cubierta de carga. En donde ella se encontraba ordenándolo y asegurándose de que todo estuviese en perfecto orden.
—Verla a ella me trae recuerdos de mi madre... —mencionó entonces.
—Ya veo ¿Cómo era ella? —preguntó Rose.
—¿Recuerdas cuando dije que cuando era un Torchic en el laboratorio del Profesor Birch no me la pasaba bien?
Al asentir ella, él continuó.
—A pesar de todos los problemas que tenía y el cómo consideraba que vivir allí era un infierno, el tiempo que estuve con ella antes de ser separado era los únicos buenos recuerdos que tengo de aquel lugar. Sin importar lo malo que podía ser algunos de esos días, ella siempre estaba ahí para acurrucarme en sus brazos y decirme que todo estaría bien y que yo también podía crecer grande y fuerte...
Rose no pudo evitar esbozar el equivalente a una sonrisa.
—¿Y? ¿Vas a decirme como era tu madre también? ¿O me vas a dejar aquí plantado hablando solo yo de mi pasado?
—¿Mi madre? —preguntó Rose rascándose el costado de su pico—La verdad es que no recuerdo mucho... Seas un polluelo o no, eso no quita el hecho de que hace muchos más años que no la veo a ella que tú... Bueno, de lo poco que me acuerdo eso sí es a ella persiguiéndome por todos lados para que dejase de hacerle travesuras a los demás pokemón del laboratorio, je, je...
Bruce agitó la cabeza levemente. A veces Rose podía ser bastante insufrible en su forma de ser, pero que de todas formas, había que reconocer que su presencia nunca fallaba en animar un día poco emocionante.
Mientras tanto, en la parte superior de la bodega de carga sobre una pasarela se encontraba Claudia apoyada en la baranda espiando la conversación de ambos. Aunque a decir verdad, a la distancia a la que se encontraba se le hacía difícil poder oír lo que decían salvo algunos palabras sueltas. Pero sin importar aquello, incluso dos meses después de que ella y los demás comenzasen a entender a los pokemón, aquel hecho no dejaba de asombrarle y le hacía preguntarse qué clase de temas de conversación tendrían entre ellos.
Ella también notaba como especialmente después de ese combate en el Reino Espejismo, Rose parecía tener un mayor interés por Bruce que antes y lo abordaba más para quitarle su tiempo. En parte aquello podía entenderse debido al hecho de que la línea Blaziken era muy competitiva y él había conseguido vencerla demostrando su dominancia y ganándose su respeto. Pero también le hacía preguntarse si no había algo más en aquello, por lo que consideraba que podía valer la pena preguntarle a Rose más al respecto más tarde.
Claudia comenzó o oír pisadas atrás suyo en la pasarela, tornando la cabeza hacia un costado, vio que el que s aproximaba era Arthur con una cara de no muy buen humor.
—¡Ah, Arthur! Por cómo te ves diría que ya terminaste de hablar con Alyssa ¿Al final supiste porqué se infiltró en el Groudon?
El se detuvo a su lado y se apoyó en la baranda también.
—Es... complicado Claudia... El tema al final es que ella quería acompañarnos a LaRousse también, pero pensaba que su abuelo no se lo iba a permitir por lo que decidir hacerlo a escondidas...
Claudia asintió, preguntándose si a lo mejor algo habría tenido que ver aquella conversación que ella había tenido con Alyssa hace unos cuantos días antes de partir del Reino Espejismo. Pero probablemente era algo demasiado privado y no de su incumbencia como para seguir insistiendo. Pero aún así, ella al menos quería saber algo.
—Oye Arthur... desde hace unos días que quería preguntarte algo...
—¿Qué cosa?
—Bueno, perdóname si esto puede parece extraño... pero me preguntaba qué es lo que piensas de Alyssa...
La pregunta tomó de sorpresa a Arthur.
—¿Eh? ¿Por qué te interesa? —preguntó él.
—Este... nada más preguntaba porque desde que llegué al Reino Espejismo, me parecía que los dos eran bastante unidos... —dijo Claudia un tanto abochornada.
—Ella es... —comenzó a decir tratando de descifrar lo que sentía por ella, en donde incluso él no estaba del todo seguro— Ella una amiga importante sin duda... Pero si lo que estás preguntando en verdad es si es que los dos tenemos algo... La verdad es que no...
—O al menos no aún... —añadió en su mente.
Claudia sintió un alivio inesperado al oír eso, haciéndola soltar un leve suspiro.
—Y si ella es una amiga importante para ti, Arthur... ¿Lo soy yo también? —preguntó entonces preocupada.
Arthur la miró atónito.
—¿Pero qué estás diciendo, Claudia? ¡Por supuesto que eres una amiga importante para mí! ¿Acaso ya no recuerdas la conversación que tuvimos hace un tiempo?
Para hacer más énfasis en lo que decía, Arthur la encaró de frente. Claudia sin entender bien, hizo lo mismo desprendiendo sus manos de la baranda. Entonces, Arthur procedió a extender suavemente sus manos y tomar las suyas. Ella no se resistió, es más, al hacerlo sintió cómo el corazón se le aceleraba.
—Lo que pasó hace siete años quedó en el olvido para mí. Lo importante es que ahora los dos y Andrés estamos por fin de nuevo juntos, y no permitiré que nada nos vuelva a separar...
Entonces él soltó sus manos y ella bajó la mirada asintiendo.
—Pensaba que con lo mucho que le prestabas atención, que a lo mejor yo ya no era tan importante...
—¿Así que era eso? Pues si es así, entonces también debo pedirte una disculpa. Yo también te veía mucho junto con Nick incluso desde el momento que los encontramos en Pueblo Lavacalda. Por lo que pensaba que si a lo mejor estaba mucho tiempo contigo, entonces estaría interfiriendo entre ustedes dos... —reconoció Arthur.
Claudia alzó la mirada y pestañeó.
—¿Pensabas que a lo mejor Nick y yo teníamos algo? ¡Oh, ahora entiendo! —Exclamó dándose cuenta de su error— No... no es así... Nick es un amigo importante que me ha ayudado y acompañado desde que este desastre comenzó... Pero no es que tengamos algo...
Arthur asintió.
—Ya veo... entonces... Para recuperar el tiempo perdido y ahora que dices que hemos hecho poco juntos desde que nos reencontramos, a lo mejor podríamos hacer algo los dos en algún momento...
Pero entonces se dio cuenta que lo que acababa de decir podía tener ciertas implicaciones.
—¡O los tres incluido Andrés, por supuesto! —dijo entonces corrigiéndose un tanto abochornado también—¡Tampoco podemos dejarlo a él afuera! ¿No? Quizás aquí en el Groudon no hay mucho que hacer, pero quizás se pueda hacer algo una vez que lleguemos a Ciudad LaRousse...
Claudia entonces esbozó una sonrisa y asintió.
—Está bien, una vez que lleguemos a Ciudad LaRousse salgamos los tres juntos... Por los viejos tiempo ¿no?
Arthur asintió de regreso con su propia sonrisa.
—Sí, por los viejos tiempos...
Los dos se miraron un rato sin saber más que decir, hasta que inesperadamente, se oyó una conmoción debajo de ellos en la cubierta de carga. En donde ambos se apoyaron en la baranda para mirar que era.
—¡No puedo creerlo! ¡Están eclosionando! ¡Al fin están eclosionando! —decía Aggron emocionada junto a su nido. En donde los tres huevos metálicos habían comenzado a resplandecer con luz brillante e hizo que ambos se miraran sorprendidos.
Minutos más tarde, parecía como si toda, o al menos la gran mayoría de la tripulación del Groudon estaba presente en la cubierta de carga aunque sea para preguntar a que se debía tanto alboroto. A un lado del nido, se encontraba Aggron con el equivalente a una sonrisa sosteniendo en sus brazos a tres pequeños Aron recién nacidos.
—¡Mami, mami, mami, mami! —decían los tres sin parar.
—Felicidades, Aggron—dijo Reika en representación de Hagen que debía quedarse en la sala de operaciones—. Ojalá esos tres pequeños crezcan grandes y fuertes.
—¡Pues ya era hora! ¿No? —añadió Brendan emocionado—¡La espera se sintió como si hubiesen sido años a pesar de que en realidad han sido un par de meses!
—¡Ciertamente! ¡Felicidades Aggron! —le siguió Jennifer junto a su Chansey la cual esta última asintió de acuerdo también.
Arthur, el cual se encontraba al lado de Kaiser, procedió a darle unas palmaditas en la espalda.
—Felicidades campeón, al fin eres padre—le dijo.
El Tyranitar sin desprender la vista de sus pequeños, dio un paso al frente y extendió sus brazos.
—¿Puedo verlos?... —preguntó cortésmente.
Los instintos maternales de Aggron se activaron de inmediato, y siguiendo la naturaleza territorial y sobre protectora de su especie, los apretó contra sí misma mirándolo con fiereza. Pero lentamente, reconociéndolo como su pareja y el padre de sus hijos, ella comenzó a extenderlos hacia él a regañadientes.
—Está bien, pero ten cuidado...
Kaiser se acercó y siguiendo las instrucciones de Aggron, los tomó consigo mientras estos lo observaban confundidos.
—Niños, este de ahí es su padre...
Los tres Aron comenzaron a mirarse entre ellos hasta que finalmente sonrieron.
—¡Papi, papi, papi! —comenzaron a exclamar ahora. Derritiendo el corazón de Kaiser y el de todos los presentes.
—Es una lástima que no estaba presente en el momento exacto en el que eclosionaron los huevos... Como asistente del profesor Elm, estoy seguro que a él le habría encantado que hubiese podido registrar ese momento—añadió Nick que de todas formas se encontraba tomando fotos con su cámara.
Max, Norman y El Fantasma también se encontraban observando.
—Después de ver tanta pérdida y destrucción, se hace grato poder ver al fin ver el comienzo de nueva vida—opinó el antiguo líder de gimnasio.
—¡¿No es genial, Timmy?! —preguntó Max.
—Lo es, pero recuerda que estás hablando con El Fantasma ahora—respondió Timmy detrás de su máscara.
Max asintió, un tanto triste de ver que Timmy continuaba con la necesidad de seguir escondiéndose detrás de esa máscara y traje.
Posteriormente, tanto Andrés como Steven procedieron a acercarse.
—¿Podemos examinarlos? —preguntó Andrés—Tan solo queremos asegurarnos que todo esté bien en ellos...
Aggron se puso a la defensiva y comenzó a gruñir hacia ellos. Pero Kaiser, sosteniendo a sus pequeños con un brazo, extendió el otro hacia ella.
—Yo confío en ellos, Aggron... Andrés es amigo de Arthur desde siempre y tiene experiencia como criador, mientras que Steven es un experto en el tipo acero...
De nuevo a regañadientes, finalmente Aggron cedió asintiendo y relajando su postura. Entonces, Kaiser procedió a depositarlos en el suelo mientras Andrés y Steven se acercaban y agachaban delante de ellos.
—Parece que los tres gozan de buena saludad... ¿Tú qué piensas Steven? —preguntó Andrés después de un par de minutos.
—Concuerdo también—respondió el campeón regional mientras levantaba a uno para mirarlo con mayor detalle—. Además, dos de ellos resultan ser machos mientras que uno es una hembra.
Ángela se acercó detrás de Andrés.
—¿Puedo tomar uno? Se ven tan tiernos especialmente con esos ojitos... —preguntó ella.
—Mejor aléjate por el momento ya que las Aggron son madres celosas... —aclaró Andrés mientras Aggron comenzaba a gruñirle ahora a ella.
Épsilon se encontraba observando desde lo alto entre medio de dos cascadas hacia el claro que había un poco más allá de la laguna ubicada debajo de él. Satisfecho de que todo por el momento marchara de acuerdo con el plan. En aquel claro, habían decenas de pokemón del tipo planta y Kadabra de su grupo atendiendo sus asuntos. Mientras que los nuevos clones del ejército de su Señor vigilaban que todo estuviese en orden a pesar del descontento que la presencia de estos generaba en muchos de los pokemón de aquel lugar.
El Bosque Prohibido era una verdadera mina de oro para los planes del Señor Uxie. Ya que en aquel lugar se ubicaba la mayor concentración de pokemón del tipo planta de toda la región y se podía encontrar de cada una de las especies de ese tipo presente en ella. Lo que había permitido extraer grandes cantidades de muestras de material genético y expandir enormemente el repertorio de pokemón del tipo planta disponibles para clonar. Además, el lugar tenía un increíble valor estratégico al estar ubicado en una reserva aislada y cercada por los tontos humanos debido a motivos de conservación. Humanos los cuales sus fuerzas ya se habían hecho cargo por supuesto. Cómo si proteger esta área compensara todo el daño que le causaban al mundo... Finalmente, la interferencia electromagnética presente en la zona facilitaba ocultar su presencia de cualquier grupo humano con tecnología avanzada.
De pronto, el Alakazam sintió una voz en su mente.
—Repórtese, Épsilon.
—Aquí Épsilon ¿Qué es lo que ocurre, Alfa? —respondió el telepáticamente.
—¿Como van las operaciones en el Bosque Prohibido?
—Por el momento todo marcha bien. Mi plan para mantener el control de los habitantes del bosque está funcionando por el momento y las muestras de material genético ya han sido enviadas a la Base Central en Isla Nueva para su incorporación en la base de datos. A su vez, el proyecto de construir una base de operaciones permanente y un centro de clonación en el bosque ha sido aprobado por nuestro Señor, en donde los materiales y las obras de construcción deberían llegar y comenzar pronto.
—Excelente, Épsilon. El Señor Uxie de seguro debe de estar muy orgulloso de ti... Ahora bien, me comunico contigo para informarte que han habidos nuevos avances en la búsqueda de Jirachi.
Esto último intrigó enormemente al Épsilon.
—¿Que has averiguado?
—Mis exploradores avistaron al enorme vehículo reportado por Delta durante la Batalla de Verdegal contra los Swalot. El cual se sospecha que pertenece a la misma facción que el grupo que nos arrebató a Jirachi, se dirige en dirección norte hacia tu posición. Tus órdenes son ahora también interceptar a aquel vehículo cuando pase por el poblado cercano, capturar prisioneros e interrogarlos para que revelen su paradero.
—Interesante... tengo cuentas pendientes que ajustar con ellos...
—Sé de lo mucho que deseas vengarte por las derrotas que nos han inflinjido, Épsilon. Pero tu prioridad ahora es capturar prisioneros e interrogarlos, no matarlos a todos. Ya que de todas maneras ellos morirán tarde o temprano cuando nuestras fuerzas conquisten la región en su totalidad. Por supuesto, tienes permiso de matar en caso de que se resistan y puedes hacer lo que quieras con los prisioneros una vez que dejen de ser útiles.
Aquello último sonó especialmente atractivo para él.
—Oh, descuida Alfa... Obtendrás tu información pero eso no quita que también pueda divertirme un poco... —contestó sonriendo maliciosamente.
Una vez que se calmó toda la conmoción causada por el nacimiento de los hijos de Aggron, Alyssa había procedido a dirigirse a la sala de operaciones del Groudon para contarle la verdad a Hagen. El cual al igual que Arthur, había procedido a regañarla por su insensatez y le ordenó rápidamente a ponerse en contacto con su abuelo.
Tras aquella reprimenda, Alyssa salió de la sala y fue en dirección al camarote que compartía con otras tres mujeres soldado para intentar ponerse en contacto con su abuelo. Pero durante el camino, pasó delante de la entrada a los baños de mujeres y vio salir a Katrina, la cual llevaba rostro bastante descompuesto.
—¿Katrina, te encuentras bien? —preguntó Alyssa.
—¿Eh? Ah, hola Alyssa... Escuché por ahí que te la habías apañado en subirte al Groudon sin permiso...
Ella asintió aún avergonzada.
—Pero descuida, que no pienso interrogarte acerca de todos los detalles que ahora mismo que no me siento muy bien... —continuó.
—¿Qué pasa? Luces muy mal, Katrina...
—No lo sé, han pasado unas cuantas horas desde que partimos en el Groudon y de pronto comencé a sentir unas enormes náuseas y deseos de vomitar... Ahora cómo ves recién acabo de terminar de evacuar...
Alysson se estremeció un poco al oír esto.
—Vaya, que mal... ¿No has ido a la enfermería para que te revisen? —preguntó.
—¿Eh? ¿Para qué? De seguro que es tan solo un mareo debido al meneo del Groudon cuando se mueve... Pero a lo mejor me pasó por ahí más tarde aunque sea para ver si puedo conseguirme algún medicamento contra el mareo...
La adolescente asintió.
—Entiendo, ojalá sea solo eso y que te recuperes...
Katrina asintió de regreso.
—Gracias... Creo que me iré a descansar al comedor un rato mientras tanto... —contesto ella mientras comenzaba a irse de ahí. Pero al par de pasos, ella se detuvo de golpe.
—Oh, no... no otra vez... —dijo Katrina mientras se cubría la boca con las manos y corría a encerrarse al baño otra vez, dejando a Alyssa preocupada.
—¿Será en realidad eso solo un simple mareo? —se preguntaba.
Dejando a Katrina atender tranquilamente sus necesidades, Alyssa se dirigió finalmente a su camarote y se sentó en su cama. Posteriormente, ella examinó el Pokéglov en su mano izquierda y recordando las instrucciones que Arthur le había dicho, trató de llamar a su abuelo. Pero para su sorpresa, un mensaje apareció.
"Sin señal."
—¿Eh?
Ella trató de llamar otra vez.
"Sin señal."
—¿Pero qué ocurre? ¿Acaso habré echado a perder esta cosa sin querer?... —se preguntó preocupado consciente de que al ser una chica proveniente de una aldea perdida en las montañas no conocía mucho acerca de tecnología moderna.
—Señor, tenemos problemas—Informó un operador—. Una extraña interferencia está bloqueando nuestras comunicaciones y sensores. Estamos completamente ciegos, mudos y sordos del mundo exterior.
Hagen, sentado en su puesto en la sala de operaciones, escuchaba preocupado.
—¿Qué estará ocurriendo?... —se decía a sí mismo.
—¿Ordenes mayor? ¿Seguimos adelante? —preguntó Jacuzzi por medio de un comunicador desde la cabina del piloto. Pero incluso la señal del comunicador sonaba distorsionada y entrecortada por la misteriosa interferencia —El siguiente poblado en nuestro itinerario está un poco más adelante, incluso puedo verlo a la distancia.
—Continuemos avanzado, pero manténganse en alerta—respondió Hagen por su comunicador—. Puede ser que esta sea una interferencia local y que desparezca cuando salgamos de su zona de influencia.
—Entendido, mayor. Proseguimos con el plan de viaje.
Con aquellas palabras, el Groudon procedió a entrar al poblado.
La puerta de la cabina del piloto del Groudon se abrió y por ella procedieron a entraron Batuo y Medicham.
—Siento algo extraño en el aire y tensión entre la tripulación... ¿Ocurre algo? —preguntó Batuo al conductor.
—Entramos en una zona con una extraña interferencia electromagnética que ha bloqueado nuestras comunicaciones y sensores—respondió Jacuzzi al maestro monje—. Pero no se preocupe, una vez que salgamos y nos alejemos del poblado, de seguro que esta debería desaparecer...
Al volante del Groudon y mirando con cuidado a través del vidrio blindado, el profesor Jacuzzi dirigió al vehículo de grandes proporciones por la calle principal. Todo marchaba bien sin ningún problema, hasta que sorpresivamente, vio como un edificio al parecer se había derrumbado hacia un costado de la calle bloqueando el paso por esta y forzando al Groudon a detenerse.
—Oh, qué mala suerte... Parece que habrá que dar un rodeo para poder salir de aquí... —musitó el científico.
Mirando preocupados, Batuo y Medicham procedieron a irse de la cabina. Pero sorpresivamente, los sentidos en el aura de ambos sintieron algo que los hizo detenerse en seco.
—¡Debemos largarnos de aquí de inmediato! —exclamó Batuo—¡Es una trampa!
Tras decir esto, desde los callejones, ventanas y tejados de los edificios aledaños comenzaron a emerger pokemón y comenzaron a disparar proyectiles al Groudon, los cuales impactaban contra el grueso blindaje haciendo vibrar su interior.
—¡¿Qué está ocurriendo afuera?! —preguntó Hagen por el comunicador de la cabina.
Batuo tomó el comunicador de Jacuzzi.
—¡Soy yo Batuo en la cabina junto con el profesor Jacuzzi! ¡Nos atacan pokemón salvajes!
—¡¿Qué?!
Dentro de la sala de operaciones, Hagen sin dudar abrió un canal de comunicación con todos los altavoces del Groudon.
—¡Aquí el Comandante a toda la tripulación! ¡Alerta roja, estamos bajo ataque! ¡Repito, estamos bajo ataque! ¡Todos a sus puestos de combate!
Inmediatamente, sirenas comenzaron a sonar por los altavoces y todo el mundo comenzó a movilizarse.
—¡Teniente Reika, te dejo a cargo del mando de las operaciones de defensa! —informó él también.
—¡Sí, Comandante! —contestó ella saludando y salió de inmediato de la sala.
Arthur, el cual había sentido a los pokemón al mismo tiempo que Batuo, corría en dirección a la cubierta de carga cuando se encontró con él y con Medicham en el camino.
—¡Sifu!
Acercándose hacia su antiguo discípulo, el maestro monje empujó dos objetos contra su pecho para que los sostuviese: eran un par de espadas enfundadas, las mismas dos que solía ocupar Batuo.
—¡Asegúrate de no perder estas, Arthur! ¡Que no tengo una reserva infinita de ellas!
Arthur asintió, recordando con vergüenza el cómo había perdido sus armas originales durante la batalla contra los Metagross antes de regresar al Reino Espejismo y se ató las fundas contra su cuerpo. Por su parte, Batuo en su lugar llevaba un par de sables tradicionales de Shanxi.
—¡Ahora, a las pasarelas exteriores! —exclamó Medicham.
—¿No vamos a la cubierta de carga? —preguntó Arthur.
—¡Podemos hacer más efecto con nuestras habilidades si atacamos desde arriba! ¡La cubierta de carga ya va estar suficientemente defendida! —contestó Batuo.
Entonces con gesto afirmativo, los tres monjes se dirigieron a aquel lugar.
Dentro de la cubierta de carga, la mayoría de los soldados del Groudon tomaban y cargaban sus armas colocándose en posiciones defensivas preestablecidas. Andrés armado con un fusil de asalto esperaba junto con algunos soldados detrás de sacos de arena junto con Boss y Jack a la espera. Nick, Claudia, Brendan, Steven y El Fantasma esperaban cubiertos también armados con pistolas a la vez que sus pokemón y los pokemón de Arthur esperaban al enemigo. Norman armado con un arma también se encontraba presente junto con su Slaking, Slakoth y Vigoroth, el cual había asumido el mando de los pokemón de Max tras haberlo obligado a refugiarse al camarote que compartían los dos.
Respecto a las defensas Ángela que había estado practicando en el Reino Espejismo, su Espeon, los Metagross de Claudia y Steven, Gardevoir y Gallade creaban y mantenían barreras psíquicas para proteger a todo el mundo en la cubierta.
Mientras tanto afuera, pokemón de Épsilon en los edificios seguían atacando al Groudon intentando obligar a sus ocupantes a mostrarse. Mientras que una fuerza mayor ubicada delante de la compuerta de la cubierta de carga procedía a atacarla incesantemente
—¡Sigan atacando! ¡Debemos generar una brecha! —decía un Alakazam dirigiendo a varios Kadabra.
Entonces, vio como lentamente la compuerta de la cubierta comenzaba a abrirse lentamente.
—¡Tomaron la carnada! ¡Prepárense para avanzar! ¡Ataquen y capturen prisioneros!
Pero antes de que la compuerta se hubiese abierto por completo, sintió algo desde arriba con sus poderes. El Alakazam alzó la cabeza y observó a un Dragonite y a un Salamence que caían en picada desde el cielo.
—¡Ataque aéreo! ¡Prepárense para el impacto! —ordenó.
Él y los demás Alakazam y Kadabra del grupo de ataque desplegaron barreras psíquicas, entonces Flammie y Bahamut procedieron a abrir sus bocas y torrentes de Dragoaliento emergieran de sus bocas. Realizando ambos una pasada completa por la calle. El fuego mágico se esparció entre los atacantes, adhiriéndose y quemando las barreras lentamente como napalm y filtrándose entre las brechas entre ellas. De inmediato, varios pokemón comenzaron a arder en llamas haciéndolos aullar de dolor.
—¡Mantengan la formación! ¡Mantengan la formación! ¡Que los pokemón voladores persigan a esos dos tipo dragón! ¡Que los equipos antiaéreos abran fuego para intentar derribarlos!
Mientras el Alakazam líder intentaba mantener el orden, los defensores aprovecharon la distracción para terminar de desplegarse. En la pasarela superior aparecieron soldados tomando el control de las ametralladoras pesadas y lanzagranadas instaladas ahí, francotiradores incluyendo Álex y Katrina armados con fusiles de precisión tomaron posiciones, mientras Leonard y el Claydon de Steven desplegaban barreras para protegerlos. La compuerta de la cubierta de carga terminó de abrirse completamente, en donde decenas de hombres armados y pokemón esperaban desde el interior apuntándolos.
Reika en medio de todos los defensores y con su radio en mano, dio la orden.
—¡Abran fuego!
De inmediato, una tormenta de plomo, granadas y proyectiles de ataques de pokemón se abalanzó sobre los atacantes y diezmaron a los que no habían alcanzado a preparase en una vorágine de explosiones, sangre y miembros mutilados. Pero los clones del ejército de Uxie y los Kadabra instruidos para dirigirlos mantuvieron el orden y la disciplina. Estos últimos terminaron de desplegar sus barreras psíquicas y estas comenzaron a amortiguar los ataques de los defensores.
—¡Por el Señor Uxie! ¡Avancen!
Con un clamor de gritos y bramidos de decenas de especies, los atacantes comenzaron su carga protegiéndose detrás de sus barreras. Los ataques de los defensores rebotaban sobre estas, pero algunos conseguían filtrarse en medio de los espacios, o eran lo suficientemente intensos y persistentes como para destruirlas y dejar indefensos a sus ocupantes ocasionar así bajas. A su vez, los Kadabra ocasionalmente abrían espacios en sus barreras para que los pokemón a cargo de ellos pudiesen disparar proyectiles mientras intentaban avanzar a distancia cuerpo a cuerpo en un intento de capturar prisioneros. En el cielo, pokemón voladores y refugiados en los edificios aledaños intentaban atacar a Flammie, a Bahamut y a los defensores en las pasarelas. En donde estos últimos trataban de utilizar sus ametralladoras pesadas como baterías antiaéreas improvisadas, derribando de vez en cuando a varios Swellow, Pelipper, Skarmory y otras especies en el proceso.
Mientras tanto, los defensores eran impactados por ataques de pokemón que eran amortiguados por las barreras psíquicas de ellos a la vez que los soldados y pokemón disparaban entre los espacios entre ellas para luego refugiarse detrás de estas. Cuando había una baja entre los soldados, los heridos eran llevados rápidamente para ser atendidos por Gardvoir o Lucario en la cubierta usando Pulso Cura o por Gallade y Chansey en las pasarelas. Dejándolos en otro sitio en caso de una baja fatal.
Cuando los atacantes de Épsilon se acercaron lo suficiente, Bruce, Rose, el Slaking y el Vigoroth de Norman, dos Metagross del grupo y otros más, saltaron de sus parapetos y cargaron para entrar en el combate a corto alcance. El choque entre las dos fuerzas fue descomunal, especialmente por la presencia de tres pokemón pseudo-legendarios en el grupo y la de un Slaking con su increíble fuerza. Con un salto y de un solo puñetazo, Bruce desintegró la barrera de un Kadabra utilizando Demolición y lo tomó por el cuello.
—¡Tus barreras son inútiles contra mí! —exclamó el Blaziken. Y antes de que este usase sus poderes psíquicos intentando despedazarlo para zafarse, Bruce apretó su agarre y aplastó su frágil cuello matándolo instantáneamente.
Arrojando el cuerpo hacia un costado, Bruce envió lejos a un Breloom ardiendo en llamas con una Patada Ígnea y aplastó de un pisotón la espalda un Mightyena que se escudaban detrás de él. Cerca de él, Rose también destruía la barrera de otro Kadabra con Demolición y asesinaba a los pokemón bajo su protección. El Slaking de Norman utilizó Machada y haciendo girar sus brazos golpeaba y enviaba por las aires a sus oponentes debido a su fuerza descomunal, mientras que los Metagross aplastaban a sus enemigos con la increíble fuerza de su línea o los despedazaban con sus poderes psíquicos. Mientras que a cada momento que algún enemigo se distraía demasiado, era impactado por una bala o la explosión de una granada.
Finalmente, por las pasarelas exteriores emergieron Batuo, Medicham y Arthur. Los cuales mirándose y asintiendo, chocaron los palmas de sus manos.
—¡Primera Puerta! —exclamaron.
Una ráfaga de aire comprimido se expandió alrededor de ellos
—¡Por Paoxi! ¡A la carga! —exclamó Batuo después.
Los tres saltaron por la baranda con potencia sobrehumana de sus cuerpos ahora empoderados por el aura y cada uno se agarró ya sea de un balcón o una pasarela del edificio más cercano a ellos. Entonces empuñando un sable, una espada o un Psicocorte en una mano y afirmándose con la otra, procedieron a apuñalar o cortar a los pokemón en estas que no esperaban encontrarse con el enemigo cara a cara. Ya con los pies en el edificio propiamente tal, procedieron a escalar con presteza el costado de este limpiándolo de presencia hostil en su camino hasta que finalmente llegaron al tejado.
Los pokemón del tejado los vieron inmediatamente y comenzaron a disparar contra los intrusos, incluyendo un Sceptile utilizando Bala Semilla, un Azumarril usando Pistola Agua y un Torkoal con Ascuas. Los tres monjes invocaron barreras de aura en frente de ellos y los ataques rebotaron o fueron desviados sin efecto contra ellas. Aprovechando el humo de las Ascuas, ellos avanzaron como un relámpago con sus armas desenfundadas. El Sceptile trató de interceptar a Arthur con un ataque de Hoja Aguda hacia adelante pero él se agachó velozmente y apuñaló con una espada su vientre. El Sceptile cayó de rodillas y alzándose, Arthur acabó con el con un tajo limpio al cuello con su otra espada. El Azumarril saltó e intentó golpear a Batuo con Demolición, pero este se apartó a un costado con destreza y con un tajo cruzado rebanó su espalda seguido de un remate con la punta de ambos sables a la columna una vez en el suelo. El Torkoal intentó incinerar a Medicham ahora con Lanzallamas pero antes de realizar su ataque, Medicham apareció delante de este agachado, y alzando su rodilla golpeó con todas sus fuerzas con una Patada Salto Alta. La cual quebró su cuello, aplastó su cráneo y lo envió de espaldas hacia atrás muerto.
—¡Necesitamos continuar limpiando los edificios! —dijo Medicham—¡Continuemos con el piso de abajo!
Batuo y Arthur asintieron. Entonces guardaron sus armas y tomándose del borde del edificio que daba hacia la calle, los tres se zambulleron por las ventanas del piso inferior al interior de este y procedieron a continuar la operación de limpieza de este.
En el interior de la cubierta de carga, Reika disparaba su fusil de asalto y daba órdenes a sus hombres, a los entrenadores y a los pokemón.
—Por el momento estamos aguantando bastante bien a pesar de las bajas que estamos recibiendo... —pensaba la teniente—Pero aquí hay algo extraño, los pokemón enemigos parecen mucho más organizados, feroces y difíciles de intimidar a pesar de nuestro enorme poder de fuego... ¡Hasta pareciera que están utilizando tácticas militares avanzadas!
Las paredes del Groudon retumbaban por los impactes de los atacantes ubicados a los costados de este. En donde Reika desconfiada de cuánto castigo podría aguantar el blindaje antes de que abriesen una brecha.
—¡Necesitamos repelerlos hacia afuera y asegurar el perímetro del Groudon antes de que debiliten demasiado el blindaje! ¡Cuando dé la orden, procedan a avanzar y a salir hacia el exterior cuando el ataque se debilite y los enemigos en los edificios sean eliminados! —ella ordenó.
Mientras tanto afuera, el clon de un Shiftry se acercó al Alakazam líder.
—Señor, estamos sufriendo muchas bajas. El enemigo está mejor preparado y armado de lo que esperábamos y probablemente tardaremos mucho en abrir una brecha en el blindaje del vehículo ¿Órdenes? —preguntó en un nivel de calma y autocontrol normalmente imposible para un pokemón en aquella situación.
El líder gruñó.
—¡Cambio de planes, preparen un ataque aéreo! ¡Nuestra prioridad es atrapar prisioneros y no seguir malgastando nuestras fuerzas que necesitamos para mantener el control del Bosque Prohibido! ¡Los engañaremos con una falsa retirada y de ahí entonces atacaremos y posteriormente nos retiraremos!
—¡Sí, señor! —
Tras un par de minutos, Reika contempló el cómo la ofensiva enemiga parecía aflojar y comenzaba a retroceder.
—¡Teniente, los pokemón en los edificios parecen estar retirándose! —informó un soldado de las pasarelas por su radio—¡Parece que el ataque de esos tres consiguió intimidarlos!
—¡Muy bien todos, prepárense para avanzar! ¡Que los pokemón tipo psíquico alcen y muevan las barreras junto con nosotros y prepárense para barrer el perímetro primero de la entrada de la cubierta de carga y luego de todo el Groudon!... ¡Ahora, muévanse todos!
A su orden, los soldados, entrenadores y pokemón salieron de sus posiciones defensivas y comenzaron a salir en dirección al exterior con los pokemón al frente en el combate cuerpo a cuerpo cubriendo su avance. Lentamente, los defensores salieron a la calle.
—¡Lo conseguimos, están retrocediendo! —exclamó Claudia disparando su arma detrás de una barrera psíquica contra la masa enemiga delante de ellos
—¡Eso parece! —añadió Nick disparando con la suya también —Pero no lo sé, hay algo que no me gusta de todo esto...
Mientras tanto, por un balcón del edificio que limpiaban emergieron Batuo, Arthur y Medicham que miraban hacia la calles. En donde podían ver el cómo por las puertas y ventanas de los pisos inferiores los pokemón enemigos escapaban o se largaban a volar junto con los atacantes de la fuerza principal
—¡Parece que hemos ganado! —exclamó Arthur animado.
Bauto miró hacia el Groudon.
—¡No tan rápido! ¡Siento algo que se aproxima! —informó el maestro monje.
Los defensores del Groudon comenzaron a esparcirse más para abarcar más terreno alrededor de la entrada a este, abriendo fuego contra los pokemón que se retiraban lentamente.
—¡Teniente Reika! ¡Mire! —informó un soldado cerca suyo.
Ella miró en dirección a donde apuntaba el soldado y a la izquierda de ellos surcando los cielos podía verse una formación de pokemón voladores. Eran Skarmory, decenas de ellos y volaban en su dirección en picada.
—¿Nos atrajeron afuera a propósito?... —pensó ella preocupada, pero de inmediato reaccionó—¡Abran fuego! ¡Derriben a esos Skarmory antes de que se acerquen!
A la orden, las ametralladoras pesadas de las pasarelas abrieron fuego junto a vario de los fusileros y de los pokemón. Varios Skarmory cayeron ante el fuego anti-aéreo intenso pero el resto maniobraba y lo evadía a la vez que continuaban acercándose. Finalmente, la parvada consiguió llegar a donde el grupo e intentó comenzar a reducir a varios.
—¡Asegúrense de que tiren sus armas! ¡Usen a varios si es necesarios para llevárselos! ¡Mantengan ocupados a los pokemón!—se decían entre ellos.
Nick trataba de sacudirse los Skarmory los que lo arañaban y picoteaban tratando de tomarlo por las extremidades.
—¡Lárguense de aquí! ¡Déjenme en paz! — exclamaba.
Entonces abrió fuego en varias direcciones con su pistola, en donde un disparo suertudo dio de lleno a uno de los Skarmory que cayó herido al suelo. Entonces con más libertad de movimiento, empuñó su arma con mayor firmeza y derribó a dos Skarmory más que lo rodeaban y el último se alejó dándose cuenta de lo fútil que era la situación.
A su lado, Claudia apuntó con su arma a un Skarmory y abrió fuego dos veces . Los dos disparon dieron de lleno y el Skarmory cayó muerto, pero al dispararla a un segundo, el disparó erró y el arma se quedó sin munición.
—¡Mierda! —ella exclamó tratando de zafarse con los brazos de los Skarmory que ahora se le tiraban encima.
—¡No! ¡Suéltenla malditos! —dijo Nick intentando apuntar con su arma temeroso de herir sin querer a ella.
El abrió fuego con cuidado y dio en un Skarmary que cayó herido pero su arma también se descargó. Al ver que también se había quedado sin munición, arrojó el arma contra ellas y posteriormente trataba de golpearlo con los brazos.
—¡Suéltenla, suéltenla ahora mismo! —pero los golpes no hacían gran efecto debido al recubrimiento metálico de estos y con el aleteo de los Skarmory una pluma metálica hizo un corte significativo en su brazo, haciéndolo retroceder con un quejido de dolor.
—¡Nick, Rose! ¡Ayuda! —ella exclamaba asustada.
Rose incineró a un Skarmary que intentaba acosarla con un Lanzallamas cuando oyó los gritos de su ama. Deteniéndose en seco, comenzó a correr en dirección hacia ella preocupada.
—¿Qué sucede? —preguntó Bruce uniéndosele.
—¡Claudia está en problemas! —explicó ella.
Reika vio a tres Skarmory que se dirigían hacia ella, ella apuntó y con tres ráfagas precisas de su fusil de asalto cayeron los tres.
—¡Teniente! ¡¿Qué está ocurriendo afuera?! —preguntó Hagen por la radio.
Ella tomó su radio.
—¡Nos atacaron desde el aire mientras intentábamos asegurar el perímetro del Groudon! ¡Necesitamos refuerzos! —informó ella.
—¡Entendido! ¡Les enviaré el resto de los tripulantes hacia afuera! ¡Resista!
Tras terminar de hablar, de manera inesperada un Skarmory descendió detrás de ella y la empujó con fuerza, haciéndola caer el suelo y soltar tanto la radio como su fusil. Con un quejido ella trató de levantarse lo más rápido posible. Pero antes de poder conseguirlo, cuatro Skarmory descendieron sobre ella y la tomaron de las extremidades.
—¡No! ¡Suéltenme! —ella gritó tratando de resistirse.
—¡¿Teniente?! ¡¿Qué acaba de ocurrir?! ¡Responda por favor! —decía Hagen preocupado por la radio ahora en el suelo.
Bruce y Rose continuaron corriendo, pudiendo ver como grupos de Skarmory echaban vuelo llevándose a algunas personas.
—¡Suéltenme criaturas miserables! —decía Brendan mientras era llevado por sus dos brazos por un par de Skarmory.
—¡Brendan! —exclamó Jennifer asomándose desde la baranda del Groudon junto a su Chansey.
—¡Suéltenme! ¡Déjenme en paz! —gritaba también Norman intentando resistirse el cual también comenzaba a ser llevado por ellos
Junto a Jennifer, apreció Max también.
—¡Papá! ¡No! ¡Por favor no se lo lleven! —decía horrorizado y al borde de las lágrimas de ver cómo era separado del último miembro de su familia que le quedaba.
De una de las entradas a las pasarela, Hagen emergió armado junto con unos cuantos hombres más de la sala de comunicaciones.
—¡Aléjense! ¡Es demasiado peligroso estar aquí! —ordenó el comandante mientras intentaba abrir fuego contra los Skarmory y un par de soldados se llevaban a los dos jóvenes al interior a la fuerza.
Ángela se encontraba de rodillas con las manos en la cabeza temblando de miedo. Alrededor de ella, cuatro Skarmory pateaban y arañaban una serie de barreras psíquicas que ella había creado para protegerse de ellos.
—Por favor... váyanse... déjenme en paz—musitaba temblorosamente.
Entonces una serie de ráfagas de disparos y explosiones de esferas de aura se oyeron alrededor de ella. Y de un momento a otro los Skarmory estaban muertos. Junto a ella, Andrés y Lucario aparecieron.
—¡Señorita Ángela! —exclamó Lucario.
—¡Ángela! ¡¿Estás bien?! —preguntó el chico preocupado.
Ella deshizo las barrera y se arrojó sobre sus brazos.
—Si... estoy bien... —dijo la rubia sollozando—Estaba tan asustada de que me llevasen...
—¡Claudia! —exclamó Nick impotente, lleno de cortes y rasmilladuras mientras veía como los Skarmory empezaban a alzar el vuelo con ella.
—¡Nick! —gritaba ella.
—¡Claudia, espera! ¡Voy en camino! —dijo Rose mientras corría en persecución de los Skarmory que se la llevaban junto con Bruce.
Los Skarmory empezaron a elevarse cada vez más alto y más lejos, pero Rose se negaba a dejar de que se llevasen a la que no era solo su ama, sino que también su mejor amiga. A la distancia a la que se encontraba ahora, perdiéndose a la distancia, parecía ya inalcanzable.
—¡Claudia!
Entonces en un intento desesperado, Rose se agachó. Y acumulando gran cantidad de energía en sus piernas, saltó. Ella saltó muy alto, increíblemente alto. Tan alto que parecía como si la Blaziken pudiese volar. En donde esto se debía gracias a las increíbles habilidades de su línea que le permitía dar grandes saltos que podían superar los treinta pisos de altura. Rose comenzó a ver como Claudia se encontraba cada vez más cerca, tan cerca que podía verla a ella conseguir zafarse un poco y extender un brazo hacia ella.
—¡Rose! —exclamó feliz de verla.
Rose extendió su mano intentando alcanzarla y tomarla consigo para arrancarla de sus captores. La distancia se acortaba cada vez más y parecía que lo iba a conseguir. Pero de pronto, comenzó a ver como su mano se acercaba cada vez más lento, hasta el punto en que esta se detuvo completamente y en su lugar comenzó a retroceder.
—¡ROSE! —dijo otra vez pero ahora con horror.
Rose, estupefacta, comenzó a caer hacia atrás sin poder creer lo que veía. Había fallado, le había fallado a Claudia y ahora estaba fuera de su alcance. Había fracasado como su pokemón y una vida sin Claudia no era una vida que valía la pena seguir viviendo. Rose bajó su mano y resignada, ella comenzó a caer de espaldas en dirección al suelo.
—¡Rose! —murmuró Bruce preocupado mientras la veía caer.
Bruce corrió hacia ella y entonces se agachó extendiendo sus brazos. Finalmente, la Blaziken terminó de caer y él la recibió en ellos amortiguando su caída. Ella extendió un brazo hacia el cielo y soltó un potente alarido que se oyó en todas direcciones.
—¡CLAUDIA!
A un lado de ellos encima de un edificio, Arthur terminó de dar un salto entre dos de estos. Viendo hacia el cielo, él se dio cuenta que estaba fuera de su alcance también
—No... no puede ser... —musitó él derrotado y cayendo de rodillas—La he perdido... la he perdido otra vez... —Sintiéndose más débil, Arthur cayó hacia adelante sosteniéndose con su brazos sobre el suelo y comenzó a sollozar—Claudia...
Detrás de él, Batuo y Medicham finalmente consiguieron alcanzarlo y comenzaron a acercarse a él.
—¡Comandante! —exclamó Reika, la cual era llevada boca abajo de sus extremidades por los Skarmory y podía verlo en la pasarela.
—¡Reika! —respondió él con una voz y expresión en su rostro que exudaban tanto horror como desesperación—¡Voy a ir por ti! ¡Lo juro! ¡Esto no se quedará así! ¡REIKA!
Su gritó también se oyó a la distancia, mientras la formación de Skarmory con sus prisioneros volaba en dirección al Bosque Prohibido.
Una hora úes dentro del Groudon, todo el mundo se encontraba reunido en el comedor. A pesar de que en teoría habían ganado y repelido a la fuerza que los había atacado, el aire que se respiraba adentro era lúgubre y con sensación a derrota.
—Cinco muertos y once heridos... Seis pudieron recuperarse rápidamente gracias a las habilidades curativas de nuestros pokemón mientras que los demás cinco deben todavía descansar y recuperarse en la enfermería... Y además de todo esto... cuatro de los nuestros hecho prisioneros incluida mi segunda al mando... —pensaba Hagen.
—¿Y ahora qué?... —preguntó un soldado triste.
Hagen se alzó de su asiento.
—¿Pues qué otra cosa soldados? ¡A rescatarlos por supuestos! ¡Los soldados del Reino Espejismo no dejan a los suyos detrás! —respondió él con determinación apretando un puño.
Ante esto, tanto Nick como Arthur y Andrés se levantaron asintiendo.
—¡Así es! ¡No vamos a permitir que ellos hagan lo que quieran con nuestros amigos y con Claudia! —dijo Nick de acuerdo, el cual tenía sus heridas ya sanadas gracias a los pokemón.
—¡Tanto Claudia como Brendan y Norman han sido nuestros amigos desde hace muchos años, por lo que no nos iremos sin ellos! —añadió Arthur.
—Claudia ha sido una amiga importante para nosotros dos desde que hemos sido pequeños y la Teniente Reika ha estado con nosotros tanto en las buenas como en las malas... ¡Ni loco pienso abandonarlos! —sentenció Andrés.
—¿Pero por qué motivo se los habrán llevado? —preguntó Álex—¿Por qué no simplemente tratar de matarnos a todos y punto?
—Creo que yo podría dar una posible explicación... —intervino Steven—Comandante ¿Recuerda a los pokemón que nos atacaban y que querían que les entregásemos a Jirachi? Pienso que son ellos mismos.
La explicación tenía sentido, pensaba Hagen. Ya que sus fuerzas presentaban una gran cantidad de Kadabra y unos cuantos Alakazam al igual que ellos. Aunque los pokemón que dirigían parecían diferentes y sus tácticas mucho más refinadas y sofisticadas que la vez anterior. Por lo que posiblemente estaban aprendiendo de sus experiencias anteriores.
—Entonces... los prisioneros deben ser para interrogarlos acerca del paradero de Jirachi... Y de nuestro reino—concluyó él.
Steven asintió.
—Lo mismo pienso yo.
—Acerca de los pokemón que nos atacaron... —añadió Andrés— Parecían más feroces y disciplinados a los que nos hemos enfrentado anteriormente... ¿A qué se deberá?
—En la enfermería nuestros médicos están actualmente practicando autopsias en algunos de los cuerpos que hemos recogido. Los resultados de aquellos procedimientos no estarán listos hasta dentro de unas cuantas horas, pero eso sí, se ha podido observar que algunos de los pokemón lucen diferentes a lo usual. Por ejemplo, en algunos casos especialmente entre pokemón que carecen de pelaje, la piel de estos presentan extrañas manchas de un color más oscuro que el resto del cuerpo.
—Manchas más oscuras? Qué extraño... —pensaba Andrés, que al ser perteneciente a una familia de criadores conocía acerca de variaciones de color entre pokemón pero no de este tipo.
—Pero por el momento aquella no debería ser nuestra preocupación, si no que rescatar a nuestros prisioneros—aclaró el Comandante—. No solo están en peligro, si no que si obtienen la información que desean, hasta nuestro hogar podría estarlo. Arthur, Nick, sé que ustedes probablemente desean unirse a la expedición de rescate y que no tomarán un no como respuesta. Pero confío en ustedes y la ayuda de los pokemón de ustedes de seguro será útil por lo que dejaré que vengan. Andrés, me imagino que tu también quieres venir—Andrés asintió—. Reika hablaba bien de ti de regreso en LaRousse, por lo me imagino que tú también puedes hacerlo.
Batuo y Medicham también se alzaron.
—Con todo respeto, Comandante. Como monjes que somos, no podemos permitirnos abandonar a un camarada cuando necesita ayuda—informó Batuo asintiendo en dirección a Arthur.
Hagen asintió de regreso.
—Por supuesto, las habilidades de ustedes dos han sido invaluables. De seguro que serán extremadamente útiles para el cumplimiento de esta misión. Ahora bien... ¿Alguien no tendrá una posible explicación del extraño fenómeno que está interfiriendo con nuestros sensores y comunicaciones? ¿O conoce el bosque a donde los prisioneros fueron llevados?—preguntó él mirando alrededor suyo.
Inesperadamente, entre todos fue Max el que se levantó alzando una mano.
—¡Yo sé, Comandante Hagen! —exclamó el niño con un tono muy decidido—¡Yo viaje por esta zona hace tiempo junto con Ash, Brock y mi hermana!
—Tranquilo Max, sé que debes estar pasando por un momento difícil, pero no tiene por qué gritar. Ahora dime qué es lo que sabes.
Max asintió.
—El lugar al que se lo llevaron es un sitio conocido como el Bosque Prohibido. Se llama así porque es una reserva natural para pokemón del tipo planta en donde está prohibido la entrada para humanos.
—¿Y respecto a la interferencia?
—Sobre la causa exacta no lo sé. Pero conocí a los guardabosques y estos nos dijeron que se debía a una extraña interferencia electromagnética en la zona.
—¿Interferencia electromagnética? Ya veo... Muchas gracias por la información, Max.
—¡Espere Comandante, quiero decir algo más! ¡También quiero unirme a la misión de rescate!
—¡Eso quedo completamente descartado! —exclamó Hagen— ¡Por mucho que estés preocupado por tu padre, esta misión va a ser muy peligrosa y no es un lugar para un niño!
—¡Quizás sea solo un niño, pero tengo pokemón poderosos que pueden protegerme! ¡Además, yo he estado dentro del Bosque Prohibido antes y los conozco también! ¡Por lo que estoy seguro que si voy con ustedes podría tratar de convencerlos para que nos ayuden!
—¿Y cómo sabes si los pokemón del bosque no están aliados con los Alakazam que quieren a Jirachi? —preguntó el Comandante.
El negó con la cabeza.
—¡No! ¡Estoy seguro que no están aliados con ellos! ¡Quizás los que nos atacaron solo se están ocultando en el bosque o los están obligando a ayudarlos! ¡Además, estoy cansado de que se lleven a mi familia lejos de mí! ¡Por lo que dejaré de llorar e iré a rescatar a mi padre!
—Max... —musitó Gardevoir preocupada detrás de él y lo abrazó.
Batuo se encontraba recordando acerca de cómo Max presentaba un potencial oculto para utilizar aura que había visto en él cuando estaban en el Reino Espejismo. Hasta que finalmente, decidió hablar.
—Si me disculpa Comandante—comenzó a decir—. Max será solo un niño, pero ciertamente la ayuda de sus pokemón podría ser útil para nosotros y sus vínculos con los pokemón del bosque podría permitirnos obtener una salida diplomática o al menos ayuda de parte de estos.
Hagen arqueó una ceja mientras que Arthur lo miró extrañado.
—¿Así que usted está de acuerdo, señor Batuo?
Él asintió.
—Si así lo prefiere, yo me haré responsable de cualquier cosa que pueda sucederle.
—¡Señor Batuo! ¡Muchas gracias! —exclamó Max alegre.
El Comandante suspiró.
—Está bien... pero será usted el que tenga que rendirle cuentas a Norman en caso de que ocurra algo... Y bien... ¿Hay alguien más que por algún motivo quiera ir?
También sorpresivamente, fue El Fantasma el que alzó la mano.
—¿Fantasma? —se preguntó Jennifer extrañada.
—¿Y tú por qué quieres arriesgar tu vida en una misión tan peligrosa como esta? —preguntó Hagen intrigado tomando asiento otra vez
—Me explico—comenzó a decir—. Es porque se han llevado a Brendan. Quizás no me lleve bien con él y consideró que es un idiota. Pero para Jennifer él es alguien importante, por lo que para mí aquello es motivo suficiente como para ir a rescatarlo.
—Oh... ¿Así que quieres hacerlo por ella? ¡Qué tierno y valiente eres! —comenzó a decirle sarcásticamente, pero posteriormente se inclinó hacia adelante mirándolo con seriedad—Si en verdad tienes tantas agallas para hacerlo... entonces hazlo sin llevar esa estúpida máscara...
—Sin... ¿La máscara? —preguntó Timmy preocupado.
Hagen asintió.
—Sin la máscara—confirmó—. Un hombre de verdad no necesita de máscaras para esconderse y enfrentarse a los problemas del mundo para proteger a los seres que aprecia...
—Timmy... no tienes por qué hacer esto... —dijo Jennifer preocupada por él.
Timmy la miró a ella primero y posteriormente a Hagen.
—Está bien... —dijo quitándose el sombrero y con voz temblorosa— Lo haré... sin la máscara...
Entonces tomó su máscara y se la quitó, revelando su cabello castaño y ojos oscuros. En donde tras cerrar los ojos por unos breves instantes lo abrió mirando con gran determinación a Hagen. El se largó a reír.
—¡Vaya, vaya! ¡Parece que este joven por fin encontró las pelotas que se le habían perdido! —Tras tranquilizarse, Hagen continuó la palabra— Me estas comenzando a caer bien, muchacho. Por lo que he decidido que puedes acompañarnos. Pero recuerda que a diferencia de Max, si algo te ocurre a ti no será más que exclusivamente tu responsabilidad ¿Entendido?
Timmy asintió.
—Entendido...
Hagen asintió satisfecho y se levantó aplaudiendo dos veces con las manos.
—¡Bueno todos, entonces está decidido! ¡Yo y cuatro hombres viajaremos al Bosque Prohibido junto con Arthur, Nick, Andrés, el Señor Batuo, Max, Timmy y sus pokemón! ¡Partiremos cuando termine de anochecer para utilizar la oscuridad en nuestra ventaja, por lo que tienes hasta ese entonces para preparase! ¡Se levanta la sesión!
A la salida del comedor, Arthur, Nick, Andrés y Max se encontraron con los pokemón de Claudia, Brendan y Norman.
—¡Escuchamos todo lo que hablaron adentro! ¿Van a ir a rescatarlos, cierto? ¡Tienen que llevarnos a nosotros también! —dijo Rose en representación de los pokemón de Claudia.
—¡Exacto, no podemos quedarnos con los brazos cruzados después de haberles fallado! —añadió el Marshtomp de Brendan en representación de los suyos.
—Slaking... ¿Estás seguro que quieres ir conmigo? —preguntó Max.
El imponente y fuerte pokemón asintió.
—Tú eres su hijo y heredero, Max... Yo y mis otros hermanos estamos contigo y te acompañaremos hasta el final...—respondió.
Los cuatro entrenadores se miraron entre ellos y finalmente asintieron.
Cerca del anochecer, los participantes en la misión de rescate prepararon su equipo, cargaron sus armas o les sacaron filo de acuerdo al caso. Cuando se preparaban para salir del Groudon, algunas personas se les acercaron.
—Timmy... ten cuidado ¿Vale? —mencionó Jennifer el cual asintió de vuelta.
—No te preocupes, traeré de a Brendan de vuelta... —contestó.
—¡Si, ten cuido! —le dijo Ángela a Andrés—¡Yo no voy a estar allá para protegerte con mis barreras o mis poderes! ¡Así que asegúrate de regresar a salvo! ¿Entendido?
Andrés extendió los brazos a los costados portando una gran sonrisa y un uniforme y equipo completo de campaña.
—¡Por supuesto, Ángela! ¡Todo va a salir bien!
Arthur, el cual llevaba un traje de infiltración militar oscuro al igual el que había utilizado junto con su nuevas espadas, se encontraba en frente de Alyssa.
—Así que vas a ir... —dijo ella.
—Por supuesto, ellos son amigos importantes. No puedo dejarlos así como así...—contestó él.
—Mejor dicho... lo estás haciendo en realidad por ella... ¿No es cierto? —pensó ella.
En su mirada había una intensa y profunda llama. Arthur había perdido a Claudia por siete largos años, por lo que estaba decidido a no perderla ningún minuto más. Finalmente Alyssa respondió.
—Tan solo regresa por favor... —contestó resignada con un suspiro.
Arthur asintió.
—Lo haré...
Nick más alejado de los otros y llevando un uniforme también, miraba por la compuerta abierta de la bodega de carga hacia el exterior.
—Espérame Claudia... Que voy a por ti... —pensaba él con gran determinación.
Desde afuera entró Hagen con su equipo junto a Batuo y a Max llevando su fusil de asalto al hombro.
—¿Por que tardan tanto? —preguntó el comandante—¡Una larga noche nos espera!
