Los personajes empleados en este escrito pertenecen a J. K. Rowling
CAPITULO 01: NOCTURNE en SI BEMOL MENOR OP. 9 no 1
El revuelo característico de su capa fue lo primero que llamo la atención del joven al final del pasillo del nivel 5 del Ministerio, hacía años que no estaba frente al hombre, desde el momento en que se graduó de Hogwarts, a decir verdad. No estuvo durante la guerra, sus padres, sus hermanos y él, migraron a Francia antes de que la locura estallara. Les agradecía profundamente ese hecho a sus padres, había conocido a tanta gente torturada por los recuerdos de esa guerra. Compañeros de clases que ahora solo eran sombras de lo que fueron. Familias rotas. Y luego estaba su antiguo Jefe de Casa, alto, osco e impertérrito. No parecía humano. Con todo lo que todos sabían de su vida, no entendía como el hombre podía verse tan ¿normal? No ese no era un término que se le pudiera aplicar a él, más bien, tan Snape. Eso era, se veía como él, como el temido profesor de pociones. El mundo había caído y se había levantado a su alrededor y él seguía siendo inmutablemente él.
-Señor Thorne - ahí estaba ese siseo característico, hablaba como si algo siempre fuera mal con el mundo para él. La luz se hizo en su mente, eso era. Había descifrado el secreto de su profesor para estar inalterable después de aquella tan horrible guerra. Su mundo siempre estuvo mal, antes de la guerra, durante ella y ahora, cuando sobre su espalda se asentaba el peso de la seguridad del mundo mágico, su propio mundo seguía estando mal.
-Bienvenido, Jefe de Aurores. Es un gusto recibirlo este día Maestro Snape. - el mago joven tenía un cabello rubio cenizo engominado hacia atrás y una pequeña nariz respingada que combinaba perfectamente con su boca roja de quinceañera, Snape sintió automáticamente desprecio por el chico. Jamás le gustaron las caras bonitas, había descubierto a las malas que siempre ocultaban rostros horribles.
-Al punto Thorne – ah, y ahí estaba el motivo por el que el alto e imponente mago jamás iba al piso 5, al Departamento de Cooperación Mágica Internacional, se necesitaba tacto y diplomacia para todo cuanto se hacía ahí y este mago era la antítesis de esos términos.
-Claro Maestro Snape, por favor sígame – dijo con una sonrisa mientras señalaba el camino a través del pasillo de piso de mármol y paredes blancas, el sitio le casi le provocaba arcadas a Snape, todo era tan blanco y dorado, tan opulento e inútil. No pudo contener una mueca de desprecio cuando el joven se giró y empezó a caminar.
-Espero que no hallamos interrumpido su ocupada agenda con el pedido de su presencia Maestro Snape, pero pensé, - se aclaró la garganta – pensamos, que tendría algún interés en lo que le voy a mostrar.
Abrió una puerta de vidrio que daba a un amplio salón de paredes sobre adornadas en arabescos dorados, sobre un piso de mármol blanco se alzaban docenas de caballetes de madera, cada uno con un banco alto en frente, imaginó que aquí el Ministerio presumía sus bienes, había unos amplios ventanales que dejaban entrar la luz a raudales. Se sentía completamente fuera de tono, su larga capa negra, su apretada levita negra, los guantes negros que ahora llevaba todo el tiempo y su largo cabello negro, la única chispa de color sobre él, o más bien de ausencia de color, era la extrema palidez de su rostro. Como siempre, él era una mancha negra en la dulce y limpia cara del mundo. Apretó los dientes con fastidio. No era un buen día y esto no lo estaba mejorando.
-Esta es nuestra sala de restauración de arte - señaló hacia los caballetes con lienzos cubiertos con telas blancas, Snape pensó en lo imposible que era eso de que ahí se restauraba algo, obviamente a ningún genio del arte le habrían permitido manchar con oleos el prístino piso del salón. Soltó una especie de gruñido bajo como respuesta, no estaba de genio para discutir.
Aquí nos encargamos de restaurar el baluarte de arte plástico que posee el Ministerio, el fondo está compuesto por obras donadas por grandes artistas al Ministerio, también cuadros o esculturas incautadas, otras recuperadas de las malvadas manos de ladrones de arte – con eso Snape hizo otra mueca, eso solo significaba que, si el cuadro era lo bastante bueno o lo bastante caro, al ser robado y recuperado, el Ministerio se lo quedaba para ¨brindar seguridad debida¨ al bien artístico. Él lo sabía y muy bien, eran sus aurores los que hacían las redadas, atrapaban a los ladrones y entregaban el botín a los otros ladrones, el Ministerio. - también entramos en posesión, aunque muy poco ahora, de legados familiares.
El joven se paró frente a un cuadro tapado igual que los otros con un paño blanco; de modo que era un cuadro lo que planeaba mostrarle. Aun no decidía que pensar acerca del condenado chico, su cara lo molestaba, pero eso no era extraño, la mayor parte de las caras lo molestaban, era un ex alumno, otro motivo para desagradarle. Pero lo que más lo inquietaba era el hecho de no saber el motivo de fondo de la invitación a acudir a ese piso, quería mostrarle algo, pero ¿Por qué? ¿Qué iba obtener de eso? ¿Alguna especie de chantaje? Tal vez algo que el idiota había creído incriminatorio y ahora quería mostrárselo para sacar partido de él. El odio creció en su pecho, si era eso, el maldito muchacho no sabía en que se estaba metiendo.
-Hay ciertos magos, últimos miembros de antiguas y tradicionales casas que mueren sin herederos y cuyo último deseo es que el Ministerio resguarde el legado de sus familias. Así es como llegó esta pieza a nosotros – el joven miró con agudeza a Snape, no deseaba perderse ni un milímetro de la reacción de su rostro.
-El legado Prince no es de mi interés, señor Thorne. - dije el alto mago dando la vuelta y dispuesto a retirarse, esa era una discusión que ya había tenido con el Ministerio, ellos querían que se hiciera de la herencia de sus abuelos, el no deseaba hacerlo, ellos querían lavar su imagen convirtiéndolo en un rico potentado y él solo deseaba que los maldito bienes Prince se pudrieran como su madre se pudrió junto a Tobías. Su mano se apretó en un puño cuando volvió a escuchar la voz del muchacho, si planeaba sacar algo bueno de esto para sí mismo estaba muy equivocado.
- ¡No Snape, espere un momento! – el chico había gritado olvidando todos los convencionalismos del respeto a la jerarquía, algo muy arraigado en este piso, Snape entrecerró los ojos con interés antes de voltearse lentamente.
- ¿Disculpe? - ¡ah! palidez, siempre adoró causar palidez con una sola palabra en sus estudiantes.
-Yo, me disculpo Maestro Snape, no fue mi intención faltarle el respeto – el chico se acomodaba la túnica con clara incomodidad – solo quería decirle que esto no tiene nada que ver con el legado del Príncipe.
Odiaba esa romantizada manera de llamar al problema de la herencia de su familia materna, claro que era la campaña del Ministerio para volver notable e idealizado el simple hecho de que no quería ni una piedra de la familia que abandonó a su madre y lo dejó vivir su niñez casi en la miseria. El ministro esperaba, a fuerza de gota contra piedra, obligarlo a tomar la herencia y cuando sucediera sería todo un golpe de brillo para el Ministerio. Y claro, obviamente pondrían sus manos en los impuestos sobre la cuantiosa herencia, morían por tomar los galeones de los Prince. Pero si esto no era sobre los Prince ¿Qué era?
-Di lo que tengas que decir - soltó en un tono plano.
-El cuadro no pertenece de ninguna manera a la familia Prince. Forma parte de una colección privada legada al Ministerio hace unos meses, por favor acérquese Maestro Snape – el chico tomo el borde de la tela, lucia como si fuera a mostrar el ultimo monumento a los héroes de guerra. Se veía orgulloso. Snape arrugo el entrecejo y se acercó lo suficiente para que el chico volviera a verse intimidado.
Con un movimiento premeditadamente lento, tiro hacia abajo del paño descubriendo un marco dorado, ricamente labrado y un lienzo con la imagen de una joven dormida, estaba sentada en uno de esos terriblemente recargados sillones estilo Luis algo, el cuadro abarcaba todo el sillón individual, una manta reposaba sobre las piernas recogidas de la joven.
El largo cabello negro de la joven estaba recogido sobre uno de sus hombros, lo rodeaba una cinta verde esmeralda, su palidez resaltaba contra el vestido negro que llevaba y contra el tono dorado del terrible mueble, su rostro era delgado y afilado, pero era guapa. No hermosa en el sentido clásico, pero si era guapa. Acercó una mano temblorosa al lienzo y tocó con delicadeza el largo cabello negro, la dama durmiente se removió un poco, pero siguió durmiendo. Un nudo se armó en la garganta del mago. Vio la larga y respingada nariz aristocrática de la adolescente en el lienzo, tan diferente a la de él.
-Dónde – pronuncio con voz hueca.
-La colección Deburau - el joven mago lo miraba fijamente, una expresión satisfecha en su rostro, aunque Snape no la pudo notar concentrado como estaba en su madre pintada en un lienzo mágico. - El último patriarca de la familia, Gaspard Baptiste Deburau falleció hace algunos meses.
-Lo sé, yo encabecé la redada en sus propiedades – no podía pensar, ni tratar de sacar conclusiones de esa información, el porqué de que una pintura de su madre, en la adolescencia, estuviera en casa de un hombre sentenciado por hacer magia oscura altamente peligrosa y prohibida.
-La he encontrado esta semana, sé que la custodia fue entregada hace meses, pero catalogar todo fue demorado, había tantas cosas que...
-No es posible, la revisión que se hizo sobre las posesiones, yo hubiera sabido. - Snape no dejaba de acariciar el lienzo.
- ¡Oh! es que esto no estaba ahí, al parecer el Señor Deburau sacó una bóveda en Gringotts, hace no mucho y ahí estaba, era todo lo que había, imagino que no tuvo tiempo de guardar más cosas. Fue lo último que entro en posesión del Ministerio y por eso recién se lo puedo mostrar.
El pecho de Snape subía y bajaba algo más rápido de lo normal, eso y la manera en que aun tocaba el lienzo era la única muestra de humanidad que estaba dando, sin embargo, era más de lo que se le había visto desde el final de la guerra.
- ¿Por qué no despierta? - susurró, el tono de su voz seguía plano y su mirada parecía vacía, si pudiera apostar, el joven Thorne apostaría a que estaba usan oclumancia para esconder sus reacciones.
-El restaurador intentó infundir nueva magia al lienzo, pero dice que algo no se lo permite, tal vez fue un error en la realización de la pintura, ahora está perdiendo las propiedades mágicas, le falta energía. Según hemos visto solo puede permanecer despierta algo así como una hora al día. - el mago miraba alternadamente de Snape al cuadro, ahora venía lo más difícil. Quería que aceptara la pintura.
-Señor, yo he hablado con mi jefe. El autor no ha firmado más que con unas iniciales, pero hemos revisado los datos del fondo y no corresponden a ningún... eh, conocido. - Snape por fin alejó la vista del lienzo y se enfocó en el joven – y me autorizó entregárselo, aquí no sería exhibido y hay ya tan poca magia en él que pronto será solo una pintura muggle. Si lo desea es suyo.
El joven había agachado la cabeza, eso era vergüenza. Snape nuevamente entrecerró los ojos. ¿Había algo de fondo? Ya no se lo parecía, pero tal vez solo tenía el juicio temporalmente cortado.
- ¿Qué quieres?
-Nada Maestro Snape, solo la encontré, la inscripción llevaba el nombre y bueno, lo asocié por los reportajes y los libros – se calló al ver la manera en que saltaba una vena en su cien –Solo quería hacer algo. No estuve aquí ¿sabe? En la guerra digo. Solo quería hacer algo.
El suave levantar de hombros y dejarlos caer le indicó a Snape que el propio joven no sabía cómo explicarse, claro que era un Slytherin y eso significaba que aun tendría una pequeña deuda con él. Con un asentimiento de cabeza el hombre de gesto osco agradeció.
-Puedo hacérselo llegar a donde usted quiera – el chico miraba a algún punto lejano de las decoradas paredes.
-No será necesario - colocó una mano sobre el cuadro y con un leve murmullo el cuadro desapareció con un crujido. Luego el hombre dio un giro y a su acostumbrado paso apresurado de alejó rumbo a la puerta, lo último que le joven vio fue el revuelo de su túnica al salir. No esperaba un gracias.
Ahí estaba otra vez. Era un sueño, lo sabía. Los tenía desde sus 11 años. Al despertarse jamás los recordaba completos, solo pequeños fragmentos. Y era un maldito tormento. Una suave tonada de música clásica sonaba al fondo. No reconocía la melodía. Siempre había música clásica en esos sueños.
La mujer frente a él lo llamaba, como demonios podía verla tan claro y ser incapaz de describirla, no lo sabía. La magia de los sueños suponía. Pero él sabía quién era, aunque no debería seguir viéndola en sueños. Ella estaba muerta, no podía mirarlo con ojos de amor, aunque jamás lo había visto con ojos de amor estando viva. Era ella. Solo que a veces... no, debía ser ella.
Estaba en una sala, un mueble mullido y ella. Era su casa. Ella lo llamaba. No escuchaba su voz, pero ella lo llamaba. Era un sueño.
Se despertó sobresaltado, hacía dos años del ultimo sueño. Pensó que por fin habían terminado, pero al parecer se equivocó. Pasó sus manos por la cara, intentando despejar las neblinas del sueño. Casi por costumbre intentó recordar los detalles de la mujer, nada. Solo recordaba su nariz, pequeña, delicada, sería capaz de dibujarla. Y luego nada. Con el pasar de los años había ganado detalles. Cuando tuvo su primer sueño lo único que recordó era el recuerdo de un susurro, sin forma, sin detalle, como el susurro del viento fresco en una tarde calurosa.
Luego ya no soñó. Pensó que lo había hecho mal. El recuerdo lo hizo llevar su mano a su pecho.
Quiso soñarla cuando la perdió, quiso que ella pudiera conectarse y poder así decirle que era él, su destino, que lo sentía tanto, que estaba tan arrepentido. Pero nada. La soñó un año después de graduarse, era un aprendiz, su maestro era un cabrón, su vida seguía siendo terrible pero ahora era alguien entre los más influyentes y la soñó. Fue la primera vez que la vio, fue feliz, no sabía cómo describirla, pero la vio y era hermosa, ¿quién más podría ser sino Lily? No la recordaba, pero debía ser ella. Y al despertar un detalle. El color de su piel, lo más cercano que podía usar para describirla era sonrosada, como un durazno maduro. Deseó que esta vez ella también lo hubiera soñado, que supiera que era él y dejara plantado al imbécil de Potter. Como gozaría cuando supiera que lo había dejado por él. Por Snivellus.
Pero ella no lo dejó, ella no lo soñó. Luego vino la profecía y aunque le rogo al cabron al que seguía no la salvó. Y su vida se acabó. Y la tuvo pálida y fría entre sus brazos, pero no la soñó. La había perdido para siempre. Aun así, le prometió su vida.
Ella regresó, antes de que cumpliera diez años al servicio de Dumbledore y la escuela, cuando el hijo de Potter y de ella apareció. Ahora había una casa, de paredes blancas y cortinas blancas, él estaba en el medio del blanco puro la primera vez que vio su casa. Ella estaba ahí, lo saludaba y había amor en sus palabras. Había un ventanal que daba al exterior, un exterior blanco y el aire entraba y mecía su cabello perfecto. Al despertar, era eso, suaves rizos, ella tenía rizos ¿Color? Ni idea. Pero eran rizos, y Lily no tenía rizos. Luego se consoló pensando que tal vez si hubiera vivido hasta esa edad ella habría tenido rizos. Lily, su Lily. Su vida seguía siendo de ella, los sueños lo indicaban, habían vuelto ahora que el niño había llegado.
El sueño se repitió esporádicamente a lo largo de los años, su piel, el susurro de su presencia, sus rizos suaves flotando al viento. Tuvo un nuevo detalle cuando mató a su mentor, esa noche mil veces maldita, la soñó. Ella lo abrazó y al despertar solo recordó la calidez de su abrazo. Fue la primera vez que la tocó en sueños.
Se sentó en la cama y convoco un vaso con agua. Aun llevaba toda la maldita ropa puesta, como es que se había dormido así. Pasó los dedos entre su cabello intentando recuperar la cordura.
La había soñado también antes de la guerra y pensó que era su llamado. Que por fin ella sabía que él era su destino y vendría a llevárselo. El tiempo se agotaba, su sueño fue corto pero intenso, una cabeceada mientras estaba sentado al sillón de Director del colegio. Al despertar lloró, para liberar tensión, porque ella estaba muerta y su vida era una mierda. Recordó el color en sus ojos, el tono de la miel recién recolectada. Una opresión agarrotó su corazón, no podía ser. Lily tenía los ojos verdes más hermosos del mundo, pero esos ojos, ese tono dorado no podía ser, ¿sería que ella tendría ahora motas doradas en sus ojos si viviera?
Se levanto del todo de la cama y con paso lento y cansado el Jefe del Departamento de Aurores se movió hasta el baño en su habitación, la sabana negra cayó al piso, derramada como un charco de sangre. Todo en su vida era negro y sangre ¿Cómo pudo alguna vez aspirar al blanco puro de su casa? Gruño mientras se estregaba los ojos. Se desnudó en su baño y fue un alivio meterse en el agua tibia de la ducha, relajó su cuerpo. Apoyando las manos contra una de las paredes y dejo ahí descansar su frente.
Cuando dormía la fiebre del veneno que el fénix no pudo erradicar quiso soñarla, tener algo más. Pero era lo mismo y sus ojos dorados lo atormentaron, lo había hecho todo por ella. Porque entonces solo ahora veía que no era ella, pero no podía ser, no había nadie más para el que Lily. Y deseo olvidarla y jamás haber hecho el maldito hechizo y jamás soñarla. Un día, mientras se recuperaba, solo dejó de soñarla.
Cuatro años después, era un mago respetado o temido, le daba igual, seguía cargando al mundo en sus hombros, pero tal vez la vida ya no era tanto una mierda. Y la soñó. Al día siguiente recordó sus manos, esas delicadas manos que habían tocado su rostro en sueños y lo habían acercado a ella. ¿Lo había besado? No lo recordaba, solo recordaba sus manos. Luego vacío. Como su vida, vacío.
Habían pasado dos malditos años y hoy volvía aparecer. Quizá era por haber encontrado aquel cuadro de su madre. Ahora colgaba tras su escritorio en el pequeño despacho en casa que tenía. Hoy era su nariz, se esforzó y recordó diminutas pecas, Lily tenía pecas. Ese pensamiento lo consoló, aparto la punzante idea tras su mente de que esa no era la nariz de Lily.
Salió del baño con la toalla enrollada en su cintura, su cuerpo todo músculos magros, jamás tendría el tipo de cuerpo musculado de deportista que gustaba a las mujeres, su cabello seguía siendo un desastre grasoso y su nariz aún era demasiado grande para su cara. Suspiro mientras pasaba de nuevo la mano por su pecho. Jamás sería perfecto. Movió la varita y puso en acción el viejo tocadiscos, la música del piano llenó el departamento.
En su casa siempre había música clásica, no recordaba que a Lily le gustara, ya daba igual. Él había repetido las tonadas de sus sueños hasta que encontró un disco muggle que contenía una. Nocturnos. Chopin.
Su pecho se hincho y se vació.
Caminó hacia la estancia, le apetecía beber un whisky, le apetecía servirlo y ver como el dorado liquido llenaba el vaso. Dorado como sus ojos. Caminó directo al bar y se sirvió. Dos hielos y se dirigió al ventanal que dominaba la estancia, había escogido ese departamento en Londres solo por ese ventanal, le recordaba al de su casa en los sueños. El despacho estaba perfectamente ubicado, dos enormes puertas corredizas de madera que al abrirla lo dejaban ver desde el escritorio de caoba, la vista de la ciudad a través de ese ventanal. Podía abrir las puertas cuando deseaba recordarla y cerrarlas cuando la melancolía lo hartaba. Se paró frente al ventanal viendo las luces de Londres al anochecer, esta era una noche despejada.
-Oh mi niño pero que te has hecho – el clamor dolido lo asusto en varios niveles, había estado tan relajado e inmerso en su contemplación que no notó el movimiento en el cuadro, las puertas abiertas del despacho lo enmarcaban sobre su escritorio. La mujer pintada miraba horrorizada, su mano cubriendo su boca.
-Bienvenida madre. - su voz ronca encubrió la vergüenza que le causaba que su propia madre lo encontrara físicamente desagradable. Alzo el vaso de licor en su dirección a modo de saludo.
- ¿Madre? - la voz cantarina de una adolescente no se parecía en nada a la voz filosa y acerada de la madre que el conoció, claro que ella no se veía como un aristocrático ángel en ese momento. Era el despojo humano de una mujer sin la menor alegría en su vida. - yo no... ¿soy tu madre? Eres muy mayor.
Suspiró audiblemente, eso no era lo que había esperado.
-Tal parece te pintaron mucho antes de que me tuvieras. - con un movimiento de varita reemplazo la toalla anudada por sus sueltos pantalones negros de dormir, no se molestó con una camisa. Era solo una pintura.
- ¿Porque lo hiciste? - volvía a tener la expresión de extrema tristeza.
-Yo no te pinte madre. - con un último sorbo desapareció el dorado licor.
- ¡No! ¿Porque te hiciste eso? Si soy tu madre debí decírtelo, debí advertirte, prohibirlo.
El poco color que el licor había puesto en la cara de Snape desapareció. Su mano voló a su espalda y sintió la piel alzada donde se supone debía estar lisa, probablemente el único lugar de su cuerpo que no debía mostrar ningún tipo de cicatriz y sin embargo ahí estaba, sobresaliendo, seguro furiosamente sonrojada. Volteó hacia el vidrio del ventanal y alcanzo a ver la sombra de su espalda y el trazo de la maldita runa. No había tomado la poción en meses. No había tenido un motivo, no había un alma que tuviera el derecho a ver la espalda desnuda de Severus Snape.
-No es nada – dijo invocando una camisa y colocándosela.
-Mi niño, eso será tu ruina, solo enloquecerás. ¡Oh Dios como pude! Sabiendo lo que hacía como pude mostrarte como hacerlo – se derrumbó contra el brazo del mueble en el que descansaba y cubrió su rostro con la manta que la tapaba.
-No lo hiciste, madre. Yo lo encontré. Te aseguro que me advertiste cuanto pudiste y yo no escuche. - con un giro de su varita el vaso volvía a estar lleno – No enloqueceré, la llevo desde hace 33 años. Te aseguro madre que he soportado cosas peores. Tal vez sea porque la encontré y ella murió.
-No es posible, mi niño. No. Debí decírtelo, debí contarte.
-No puedes contarme nada que no sepa ya. Esta muerta y aun la sueño, ahora es un alivio y no un tormento.
-Eso no es posible, no puedes seguirla soñando si ella está muerta. ¿La has visto? ¿La recuerdas?
-Solo ciertas cosas, pero sé que es ella. Esta muerta – el firme agarre de sus manos en el vaso amenazaba seriamente con romperlo, no sabía en qué momento, pero había caminado y ahora estaba al pie del retrato.
-No, no está muerta, no la has visto, no es el momento aún. Por eso no debiste, por eso era peligroso. Debí decírtelo – el retrato lloraba y en su expresión desgraciada pudo encontrar el rostro de la madre que conoció. - Solo te llevara a la locura, no es un hechizo, es una maldición. La maldición que acabo con mi vida y ahora acabará con la tuya. Yo no lo entendí, no lo sabía. Mi pobre, pobre Gaspard. Fui tan tonta.
-Gasp... ¿de qué hablas madre? ¿Recuerdas tu vida? - se acercó para tocar el frio lienzo.
-Él me puso aquí, para no enloquecer. Yo no sabía, cuando lo supe era muy tarde, fue su cabello, él era rubio, fue su nariz, era larga y perfecta. No debía ser así. Fui tan tonta. Mi pobre Gaspard. - su voz se fue apagando mientras su cuerpo se reacomodaba a su posición inicial, la que tenía esa tarde cuando se la mostraron por primera vez y cayó en un sueño profundo.
-¡Madre! Madre que estás diciendo, despierta. ¡Necesito saber! - el grito imperioso del hombre sirvió de poco, el retrato dormía profundamente.
Con un gruñido dolorido el hombre tiró el vaso contra la pared rompiéndolo en pequeños pedazos.
Holi
Vale, que iba a avanzar el fic que me queda en curso antes de lanzarme a algo nuevo y aun estoy un poco de luto por terminar Diferentes Realidades, pero esta mañana mientras cortaba las verduras y escuchaba los nocturnos de Chopin tuve una epifanía y literalmente vi esto. No pude aguantar las ganas y me senté a escribir. Acomoda algunas de las pequeñas ideas que he guardado para fics desde hace algun tiempo, eran fragmentos sueltos y de repente se alinearon en esta historia, no pude evitar escribirlo. Que extension tendrá? Deben ser 10 capitulos xq 10 Nocturnos tiene el video que estaba poniendo. Cada cap es un nocturno. Será angustioso, triste, romantico o desenfadado? No lo se. Pero se que así inicia y se como terminará. Ya llenaremos los vacios intermedios.
Entonces... les gusta?
Saludos
KAD
