Los personajes empleados en este escrito pertenecen a J. K. Rowling

CAPITULO 02: NOCTURNE JUBLIEE en DO SOSTENIDO MENOR


-He conocido a alguien.

La mujer encorvada sobre la cocina giró, su rostro pálido y demacrado en expresión amenazante.

-Te he dicho mil veces que no converses con extraños Severus. ¿Es que no entiendes?

-No es una extraña - dijo estirando los bajos de la raída y demasiado grande camisa que llevaba – ella es... no es

La mujer se llevó la muñeca a la frente para retirarse los mechones de graso cabello negro, al hacerlo dejo restos de comida sobre estos.

-No es ¿qué? Entiende de una buena vez, no hablaras con extraños en la calle. Si tu padre se entera – golpeo las manos sobre la encimera de madera hinchada y mohosa, el tintineo del cuchi al golpear hizo estremecer al niño delgado y desarreglado.

-Lo siento madre – el niño de enderezó, mostrando más valor del que su madre había podido mostrar en años, sus pequeños y huesudos hombros marcándose en la ropa. Un nudo atenazo su garganta.

-Ve a leer Severus, puedes tomar los libros de mi baúl, pero si llega tu padre los escondes. Él no debe verte con eso.

-Si, madre – la iluminada sonrisa de su rostro le dio calidez a la cansada mujer, lo vio salir casi corriendo de la vieja cocina. Suspiró. Esa no era la vida que soñó.

Había dormido poco y cuando durmió soñó con su madre y el maldito hechizo, lo había encontrado en anotaciones en un video cuaderno de clases de ella, lo que leyó lo hizo decidirse, tenía 11 años. Para su primer año en Hogwarts y por alguna razón que escapaba de su entendimiento, en lugar de ser más cercano a Lily, parecía que cada día ser alejaba más. Al levantarse de la cama se sintió viejo y gastado. Bien podría tener 150 años ahora, así de gastado se sentía, una vida de máscaras lo había dejado así, sin vida, solo y aun escondiéndose ahora en la máscara del reputado Jefe de Aurores, odiado y respetado a partes iguales. Sabía lo que todos decían a sus espaldas, podían aceptar que diera nuevamente su vida para cuidar el mundo mágico, pero para la sociedad seguía siendo un asesino, así lo decían sus miradas. Suspiro mientras giraba la cabeza para soltar el cuello y enrumbarse a la ducha. Hoy sería un día pesado, necesitaba estar concentrado.

-Anima visita - repasó pausadamente el niño en su mente - madre, como se hace el anima visita.

El plato cayó al suelo con un estridente ruido al romperse, de dos pasos la mujer estaba junto a él y le arranchaba de las manos en viejo cuaderno.

- ¿De dónde sacaste esto? Olvida que lo viste, ¡olvídalo! - gritó frente a su rostro, abanicando el libro junto a él.

-Solo quería saber - susurró el niño con un temblor.

-No – sintió el tierno toque de las manos de su madre, casi nunca lo tocaba así, casi con amor – debes olvidarlo mi niño, eso solo puede traer desgracias a tu vida.

- ¿Como puede ser una desgracia conocer a mi alma gemela? Yo ya la conozco, solo quiero... quiero que ella sepa que soy yo. - había capricho en su voz, eso infundió aún más miedo en la madre.

-Así no es como deben ser las cosas. - suspiro soltando la cara de su hijo, luego tomo una de sus huesudas manos y tiro de él para envolverlo en sus brazos – Es la niña Evans verdad? Escucha mi niño, ni ese hechizo ni ningún otro tendrán el poder para unir a dos personas que no estén destinadas a estar juntas.

-Solo quiero que ella me vea, yo ya sé que es ella.

-Eres muy pequeño para saberlo – lo presiono más entre sus brazos, un moretón de tonos verdes con la forma de los dedos de una mano quedo a la altura de los ojos del niño - una verdadera alma gemela te amara sin importar que, te verá a los ojos y sabrá que eres tú, solo sucederá cuando sea el momento correcto. No puedes alterar el curso de la vida mi niño, eso solo trae penas y desgracias.

-Pero ya nos encontramos madre, ya está conmigo, siempre – se mantenía rígido sin devolver el abrazo de su madre, era lo único que estaba pidiendo, que lo dejara usar lo único bueno que tenía, su magia, para conseguir lo único que lo haría feliz en el mundo. Lily.

-Severus, no se trata solo de ver a tu alma gemela, también debe ser el momento adecuado, - lo soltó para agacharse frente a él y poder mirar directamente a sus ojos casi negros – eres un joven muy listo, sé que entenderás. De que serviría encontrar su alma gemela si ella es aún un bebe, así te muestre el hechizo que te permitirá soñar con tu alma gemela no podrás verla en realidad si no es el momento justo. Esa es la trampa.

-Pero yo ya la vi, es ella, madre. Se aquí - dijo señalando su corazón – que es ella. El cuaderno dice que cuando yo la reconozca en mis sueños, ella también me soñará y podré decirle que soy yo y cuando le ponga el hechizo nos uniremos eternamente.

-Lo sueños tienen el peligro de perderte, si la sueñas y nunca la encuentras, podrías querer dormir para siempre, no eres el primero en buscar a su alma gemela Severus, este hechizo ha causado la caída de grandes magos. Escúchame, por favor, no debes hacerlo. Si tú y esa niña están destinados, se encontrarán en esta vida, sin importar que hagan, se encontrarán y es mejor que la magia fluya como debe y no tratar de alterarla. No sabes cómo será ella cuando sea el momento de encontrarla y puedes cometer graves errores si cierras los ojos al mundo para solo ver los rasgos de tu sueño.

Se ajustó la larga capa sobre los hombros, debajo llevaba los ribetes plateados en los hombros que lo distinguían como comandante, un puesto que solía tomarse como mero nombre pero que él realmente ejercía, no era hombre de quedarse en el escritorio haciendo papeleo. No, él era el jefe, el comandante y como tal dirigía a sus mejores hombres en cada misión. Las palabras de su madre acerca del error de hacerse ese hechizo golpeaban dentro de su cabeza, podía sentirse pequeño y podía sentir sus brazos rodeándolo. Él no le hizo caso.

Lo realizó en un baño de la escuela antes de que termine el año, confiado de que, en las vacaciones, estando cerca de Lily, ella por fin entendería que eran almas gemelas. El hechizo se sintió cálido sobre su piel y luego un terrible ardor cruzo su pecho, sobre su corazón y hacia su espalda. Quedó inconsciente por quien sabe cuánto tiempo. El hombre ahora se ajustaba frente a un espejo los guantes negros sobre sus manos de piel chamuscada, ultima secuela de la guerra, marcas del veneno de la serpiente que no pudo ser erradicado por las lágrimas del fénix y que casi lo habían hecho tener que amputarlas. Pasó una de las enguantadas manos por su pecho y luego por su espalda, donde sabia empezaba la runa que el hechizo había dejado, hecha como por un hierro candente.

La marca de su idiotez. Cerro los ojos y se concentró en limpiar su mente, ya había estado bueno de recuerdos inútiles, tan inútiles como la maldita runa.

El crujido de la aparición no despertó al cuadro durmiente.

-Jefe, buenos días – el auror alto y atlético que lo asistía salió al paso de su oficina adjunta, siguiendo las largas zancadas del mayor – el equipo alfa está listo para la misión de hoy. Solo hay un detalle jefe, Arteos se reportó enfermo, el sanador en turno constato la situación, al parecer un virus intestinal, el reporte está ya en su escritorio. ¿A quién desea que llame para cubrir su puesto? Están en turno Andrews, Lorrow y Potter – vio al auror encoger un poco los hombros al mencionar el ultimo nombre, sabía lo que se venía si continuaba hablando, pero el endemoniado auror no sabía lo que era guardar información si es que sus deberes decían que debía darla, tenía material de suicida.

– Andrews tiene una semana ingresado al cuerpo de delitos menores, Lorrow ya ha trabajado con nosotros, pero demostró no ser exactamente confiable, me imagino que recordará el incidente de plaza Lions – el profundo ceño fruncido de Snape confirmó lo dicho – y Potter… que tiene experiencia de 2 años, sus superiores dicen que es realmente bueno en combate y adecuadamente sigiloso. Nunca ha trabajado con nosotros, pero es el... más calificado.

El asistente de severus snape tenía cuatro años en el trabajo, era joven y había conseguido el puesto con la influencia de un tío en el ministerio, pero lo había conservado con su propio esfuerzo, había aprendido cada manual de los Aurores y en sus primeros meses aprendió cada manía de su jefe, ¿había sido fácil? De ninguna manera, Snape era un hombre osco y difícil de complacer. Pero había descubierto que lo único que apreciaba el hombre, que era la responsabilidad y el silencio, así se había ganado al Jefe de Aurores, tenía paciencia para escuchar sus gritos cuando estaba muy de malas y entendía que a veces un elogio por un trabajo bien hecho consistía en solo una mirada fría y un asentimiento de cabeza. Esperaba algún día ser como él, cuando entró al cuerpo lo único que quería era conocer a Harry Potter, sabía que aún estaba en la academia, pero pensó que en la posición de asistente del Jefe podría acercarse al chico que vivió, pero en realidad había sido todo lo contrario, si algo detestaba Snape eso era escuchar mencionar el nombre del chico.

Entonces Castor Thomas no conoció a su héroe de la adolescencia, pero comenzó a trabajar con el que se convertiría en el ídolo de su adultez. El primer año había sido como una especie de cachorro tras los pasos de Snape, nervioso y ansioso por complacer, el segundo encontró ya un equilibrio y se volvió una sombra silenciosa del hombre, el tercer ya podía adivinarle el pensamiento, sabía que información necesitaría, que redadas le interesarían y había empezado a convertirse en un espejo del hombre, su novia decía que lo canalizaba a veces y eso en realidad lo hacía asentir tan orgulloso. Mas cuando notó lo mucho que Potter se desvivía por llamar su atención y como Snape pasaba olímpicamente del héroe de guerra. Cuando entró pensó que Snape entrenaría a Potter para sucederlo, pero llegado su cuarto año de trabajo y el segundo de Potter notó que, si el jefe de Aurores estaba entrenando a alguien para sucederlo algún día, ese alguien era él. Ya no era solo su asistente, también era su pareja para entrenar duelo, su sparring de boxeo en el gimnasio y ahora le ensañaba rudimentos de lucha cuerpo a cuerpo cada jueves a la salida del trabajo. Era un puto sueño.

Ahora, pese a que sabía que no le agradaría lo que dijo también sabía que era su deber decírselo, no podía dejar que el comandante eligiera sin saber el verdadero perfil de cada auror en turno, Potter era la mejor opción y el moriría por simplemente haberlo pronunciado, pensó mientras bajaba la mirada hacia las puntas relucientes de las botas de su jefe.

-Thomas – su voz recia lo hizo cerrar los ojos a la espera de la reprimenda - vendrás con nosotros.

Abrió los ojos a todo lo que daban, era un auror, claro, y había entrenado obvio y ahora más ya que semanalmente usaba el gimnasio con el jefe, pero ser incluido en una incursión como esa era... simplemente increíble. Procuró esconder su reacción lo más que pudo. Esa era una invitación del Comandante en persona a reforzar las filas del equipo de elite, al que solo entraban los mejores. Se enderezó tan alto como podía e hinchó el pecho.

-Si señor. - chocó el taco de las botas saludando al jefe – iré a prepararme señor.

Snape lo despidió con un asentimiento de cabeza. El chico se alejó trotando rumbo a los casilleros del personal, si tuviera cola, seguro la habría ido agitando como la maldita aspa de un helicóptero. Ante el pasillo vacío se permitió una suave sonrisa de medio lado, el chico era latoso, pero tenía madera para ser de los buenos.

Harry Potter estaba parado en la puerta de la sala de espera de las oficinas de dirección, a esta hora no había nadie aun y en el silencio logró escuchar por completo la plática de Snape y su asistente, solo pudo sentir la ira arder demandante en su cuerpo, él era el más calificado, la mascota del maldito mago lo había dicho y él simplemente lo ignoró y llevaría al cachorro faldero que lo seguía a todos lados. Apretó los puños para tratar de contener su genio, la mascota de Snape estaba tan jodidamente contento cuando salió que ni lo noto parado apoyado en una pared junto a la puerta.

Salió dando un portazo, esperaba que Snape hubiera escuchado el golpe seco y notara que escucho como volvió a dejarlo de lado de manera directa y sin motivo, a grandes pasos y revolviéndose el cabello negro se dirigió al departamento médico, en este momento le vendría bien una charla con su amiga.


Snape se encontraba apoyado tras un grueso muro de piedra viva, respiraba algo agitado y mantenía su varita firmemente presionada en su palma, no veía al resto de la unidad desde algunos minutos, solo escuchaba los gritos y el sonido de hechizo y explosiones. La maldita misión había salido fatal. Iban por un grupo molesto, pero bastante insignificante de traficantes de criaturas mágicas, era un favor para el departamento de regulación, requería de actuar con precisión para evitar enfrentamientos directos, precisión no era el nombre del cachorro que llevó, la culpa atenazó su corazón. Lo había estado entrenando, quiso creer que estaba listo. Se había engañado, solo esperaba que el chico no yaciera muerto en un charco de su propia sangre. Cerró los ojos volviendo a levantar sus escudos de oclumancia, necesitaría toda su capacidad para llevarse por delante a los traficantes y poder llegar a ayudar a su gente, la condenada culpa no servía de nada. El conocido crujido de un muro cediendo lo puso en acción, ¡tenía que haber maldito dragones!

Revestido con un escudo básico avanzó entre los arbustos hacia un agujero en una pared para poder entrar a la mansión, dentro redujo a un mago, atado, envuelto y sin varita le activó encima un traslador que lo envió a los cuarteles donde lo esperarían con los brazos abiertos. El maldito lugar era una porquería de basura, botellas de alcohol y restos de comida, sumado al polvo y las telarañas sobre los derruidos muebles. Una mierda. Envió un hechizo para detectar a las personas dentro, 5 dentro, esperaba que alguno fuera de los suyos. Factor sorpresa y una mierda pensó volando sin escoba por las escaleras ascendiendo hasta la terraza de la vieja casona, en el camino tomó por la túnica a uno de los pestilentes magos para terminar estrellándolo contra la pared al llegar a su destino, la sangre brotó de su cabeza, tomó su varita y lo envió a paseo con otro traslador.

Fue solo un instante, pero sintió la runa arder en su espalda y eso lo desconcentró, no notó el mueble roto que voló por el aire dando de lleno contra él, haciéndolo rodar escaleras abajo, con enojo impulsado por el dolor se lanzó hacia arriba en busca de su cobarde atacante, no había ni mostrado el rostro. Era joven, demasiado diría él, estaba agazapado en la terraza detrás de lo que debía haber sido un asiento de hormigón, la varita en su mano temblaba mientras intentaba lanzarle los hechizos más ridículos. Snape se acercó disfrutando el momento, desviando sus hechizos con pequeños giros de su muñeca, acercándose cada vez más al chico sin pronunciar palabra. Internamente se reprendió por perder el tiempo con eso, pero seguramente después de este momento de pánico, al chico no le quedarían ganas de meterse en líos. Cuando estuvo prácticamente sobre él y notó que había ya mojado los pantalones lo aturdió y lo envió al cuartel, no le había tocado un pelo, pese a lo mucho que le dolía aun el hombro por la caída de las escaleras.

Lo fuerte de la pelea se desarrollaba detrás de la pared que tenía enfrente, donde estaba el patio de la propiedad, donde los imbéciles hacia tenido tres dragones en condiciones deplorables, eran un problema para todos, buenos y malos por igual. Tomando impulso saltó sobre la pared para escalarla hasta una fracción de balcón que aún quedaba en pie, desde ahí pudo ver todo el escenario.

-Mierda – uno de los enormes dragones había arrinconado en una arboleda a dos de sus hombres, se mantenían como podían bajo un escudo, pero las ramas en llamas pronto caerían sobre ellos y no habría escudo que lo soportara – mierda – volvió a pronunciar en un gruñido, odiaba maltratar animales. Envió un poderoso sectum que abrió el costado de la pierna del dragón haciéndolo voltearse y dejar el espacio para que sus dos aurores salieran de entre las llamas de los árboles quemándose. Con alivio vio las cuerdas tomar al dragón y asegurar las fauces en llamas, otros dos de sus muchachos lo estaban controlando, un segundo dragón yacía más allá en la misma condición. Solo quedaba uno y los malditos traficantes

Escucho el bombarda sin preocuparse, su escudo no sería fácilmente vencido por un hechizo tan sonso, sin embargo, no contó con que lo lanzaran sobre la endeble base del balcón en el que estaba parado, antes de notarlo iba en caída entre los pedazos de piedra, volvió a hacerse humo y se alzó sobre la almena y gozó de la cara de pánico en su gordo y sucio atacante. ¿Que tenían los traficantes de animales con no bañarse? ¿Era acaso alguna condición del gremio apestar a rayos? Rio con gusto de su propio pensamiento al tiempo que gozaba de materializarse a cosa de un metro del suelo de la terraza, caer con un vuelo de la capa y las rodillas ligeramente flexionadas al tiempo que lanzaba un buen Expulso que mando volando al asqueroso hombre. Los publicistas del ministerio abrían matado por capturar ese momento, sabia lo mucho que les gustaba considerarlo su mono de feria institucional, así se sentía a veces, la maldita mascota del ministerio.

Escuchó al hombre rogar piedad, odiaba que cada vez que se acercaba a un infractor, este se meara encima pensando que lo iba a matar. No había matado a nadie hasta ahora en el cumplimiento de su deber como Jefe de Aurores y Comandante. Lo aturdió y lo desapareció con desprecio. Puta vida.

-No será un buen día - pronuncio rotando su hombro para tratar de liberar la tensión y que dejara de hincarle, con gesto desinteresado se sacudió un poco el polvo que tenía sobre la capa y la ropa, luego tuvo que tirarse al piso y rodar ante la llamarada expulsada por sobre la terraza que lanzó el ultimo dragón libre, sabía que sus chicos podrían controlarlo y con confianza bajó a buscar a los hombres restantes, realmente quería regresar al cuartel y revisar que todos sus aurores estuvieran completos y al menos no muy chamuscados.

Bajó con los sentidos alertas la escalera, debían quedar al menos dos tipos por ahí y no tenía ganas de caer en una emboscada. Al descender al primer piso volvió a lanzar un hechizo y noto a dos hombres en una de las habitaciones, apresuró el paso hacia allá, con un movimiento de varita reventó la puerta entrando para encontrar al joven Thomas enfrascado en un fuerte duelo con el que seguramente era el jefe de los traficantes, no se veía tan sucio y su ropa lucia más bien cara, aunque ahora estaba quemada y rota.

Con el siguiente giro de ambos magos pudo notar que la sangre salía profusamente de una herida en la cabeza del chico, maldijo en su mente antes de reventar al traficante contra la pared más cercana, había querido dejar al chico terminarlo, pero noto que no estaba en condiciones, talvez si se hubiera demorado un poco mas no habría alcanzado vivo a Thomas. El chico respiraba fuertemente, su pecho subiendo y bajando acelerado, los ojos vidriosos y la tez pálida por la pérdida de sangre. Aún no había estado listo, pero al menos había sobrevivido, el joven se derrumbó sobre un mueble volteado para tratar de tomar aliento.

-Activa tu traslador, regresa al cuartel y has que te revisen esa cabeza. - no vio ninguna expresión en la cara de Snape pero sabía que lo había defraudado, había tirado al traste toda la misión.

-Pero señor - dijo farfullando aun – no hemos terminado...

-No lo repetiré - dijo Snape con voz acerada y mirando alrededor del sitio, era una maldita biblioteca, aunque ya casi no tenía libros, solo quedaban viejos estantes polvoso y casi derrumbados. Escuchó el grito de los hombres afuera, al parecer el tercer dragón estaba dominado. Al girar la cara un rayo de sol cayó sobre un objeto tirado en el suelo, parecía una piedra, pero brillaba en color dorado, el color de la miel. La runa ardió en su espalda y no pudo evitar acercarse al objeto completamente embobado, algo le decía que era de ella, no podía ser.

Castor hasta eso había recuperado algo de su aliento, aunque ya empezaba a darle vueltas todo, saco un galeón del bolsillo listo para activarlo como su traslador y noto que había perdido un valioso objeto, el pedazo de ámbar cristalizado que la sanadora había puesto en sus manos esta mañana antes de salir del cuartel, cuando fue a contarle que iría a la misión del comandante, ella había dicho que era para la suerte. Bueno había tenido la suerte de salir con vida así que se podía decir que había cumplido su cometido, miró alrededor en un vano intento de encontrar el talismán, pero solo pudo ver al jefe mirando el piso como si hubiera encontrado en el la piedra filosofal, pero era Snape, ya sabría él lo que diablos estaba haciendo. Puso el galeón sobre su pierna y se dispuso a tocarlo con su varita.

Todo sucedió al tiempo, el traslador se activó, la sala se empezó a difuminar cuando el estruendo de una explosión reventó la pared junto al jefe envolviéndolo en escombros mientras el maldito no quitaba la mirada del piso. Gritó o al menos creyó que lo hizo, cuando vio la sala de llegada del piso del departamento de aurores, miro alrededor desesperado, aun gritaba. La sanadora y el auror junto a ella se apresuraron a tomarlo pensando que estaba gravemente herido.

-No, debo regresar, debo regresar, el comandante – se estrechó entre los brazos que lo sostenían intentando encontrar en su mente la ubicación de la redada para poder aparecerse ahí, nadie más había visto como el muro se había derrumbado aplastando al hombre, nadie iría a sacarlo.

-Castor, que sucede – la dulce y preocupada voz de la sanadora que tomaba su rostro entre sus manos lo regreso a su cuerpo.

-Snape, el comandante, un muro se derrumbó sobre el cuándo yo me trasladé, lo vi, no lo esquivo, está enterrado en las piedras.

-Maldición! - el auror Harry Potter, de guardia para recibir al grupo cuando volviera apretó con fuerza su varita, ese maldito no podía morirse, no sin haber tenido una conversación decente con él. - donde Thomas, ¿dónde fue?

-La biblioteca – dijo automáticamente para luego notar quien pregunto y abrir inmensos ojos pensando en que, si Snape no estaba muerto, lo estaría al notar que quien acudía a rescatarlo era Harry Potter. - Potter no.

Pero le hablo al aire porque el auror de cabello negro ya había desaparecido.

-Oh mierda

-Tranquilo Castor, si alguien puede dar todo de si para salvar al comandante, ese es Harry – la sanadora intento darle una sonrisa tranquilizadora que se convirtió en una mordida nerviosa de su labio. Ella también estaba muy preocupada por el jefe, en realidad lo estaba desde que el primer alfa herido regreso con dos cautivos y atendió sus quemaduras mientras explicaba el infierno en que se había convertido la vieja casona y que el jefe era el único que estaba peleando dentro porque todos los aurores estaban ocupados intentando controlar a los dragones enloquecidos afuera.

El sitio era un desastre, Harry corrió a todo lo que daban sus piernas mientras veía a las afueras a los otros integrantes del grupo alfa manejar a los dragones y a un par de traficantes más. Atravesó la pared por la misma grieta que usara Snape, se sabía de memoria la distribución de la casa, la había aprendido por si hoy era el día en que podría probarse con ese grupo. Un destello de ira inundó sus ojos mientras corría hacia las puertas colgadas de la biblioteca. Al entrar la polvareda aún no había bajado y el sitio era un horror de piedras y muebles rotos.

-Mierda Snape, no te atrevas a morirte. - con cuidado escarbó un poco por encima hasta que encontró un borde de la capa negra y con la ubicación comenzó a levitar las rocas más grandes que lo cubrían hasta que lo pudo despejar lo suficiente para ver el cuerpo del ex profesor, boca abajo con sangre en su rostro y una mano firmemente cerrada sobre algo, Harry lanzó un hechizo de diagnóstico viendo que en realidad parecía peor de lo que era, igual necesitaría ayuda urgente.

Y entonces cayó en cuenta de un pequeño error en su plan para salvar a Snape, no podía regresar al cuartel porque él no tenía ningún puto galeón traslador. Quiso golpear su cabeza contra alguna de las rocas mientras giraba a Snape de lado para mejorar su pesada respiración. En su mente lo imaginaba diciéndole lo estúpido que era al lanzarse al ataque como un toro embravecido sin mirar siquiera a los lados, cerebro de troll. No tenía esperanza de que si gritaba alguien de afuera pudiera escucharlo porque el ruido de los dragones atrapados se escuchaba incluso dentro de las gruesas paredes de la casa.

Luego el foco se le prendió y comenzó a hurgar en los bolsillos de Snape, claro, él debía tener los malditos trasladores, el movimiento alerto al inconsciente hombre cuyo único pensamiento fue que solo eso le faltaba, en un momento como ese, que Potter apareciera para robarle a un moribundo y con un gruñido imaginado se sumió en la inconsciencia.


Flotaba entre nubes de algodón con la suave música de un Nocturno de fondo, no quería abrir los ojos para no perderse ni un segundo de la sensación de calma que tenía ahora. El dolor estaba completamente fuera de su mente.

Ahí, al fondo, podía escuchar una dulce voz llamándolo. Era ella y por eso él era feliz. Tal vez la maldita misión lo mató y por fin descansaría con su alma gemela. Sonrió. La voz se acercaba y sintió como una delicada mano tocaba su mejilla.

-Despierta mi amor – al abrir los ojos encontró a la mujer de sus sueños, estaban ambos sentados en uno de los sofás de la casa de blanco de sus sueños.

-Hola – dijo él con una sonrisa y colocando su mano sobre la de ella.

-Demoraste mucho en llegar. - joder su voz era hermosa.

-Lo siento, la misión se complicó, pero ya estoy aquí - no podía dejar de sonreírle a la mujer de rizos, por un instante le ganó la frustración, la estaba viendo, pero seguía alcanzando a notar solo ciertos rasgos, no la recordaría al despertar. - ¿Siempre estás aquí?

-Te estoy esperando – respondió dulce, haciendo que su corazón se acelere. Tomo ambas manos de ella entre las suyas y las apretó.

-Te recordare al despertar?

-Tu siempre me recuerdas, solo que prefieres no notarlo - rio y el no pudo más que besar sus manos con vehemencia – te estoy esperando, no demores más.

Y abrió los ojos, su respiración agitada. Se encontraba en una camilla creía, del departamento médico del cuartel. Suspiró. El recordaba sus manos, y lo suaves que se habían sentido entre las suyas tan ásperas. Se sentó colgando los pies de la camilla, era la primera vez que estaba en esa posición, siempre prefería curar sus heridas solo, no tenía ganas de tener un sanador esculcando en cada cicatriz y haciendo odiosas preguntas. Suficiente había tenido cuando se recuperaba del veneno de Nagini.

Corrió la cortina, miró en todas direcciones y no había nadie. La sala entera estaba vacía, pero entonces ¿dónde estaban sus aurores? un nudo en su cuello amenazó con asfixiarlo, no podía haber perdido a todos sus hombres en una redada tan sencilla. Bajó de la camilla y caminó lento, probando su propio cuerpo. En una esquina había un pequeño escritorio y junto a este una percha con una bata, seguro del sanador en turno, con una mueca vio el nombre bordado en el bolsillo con el logo del cuerpo de aurores; Sanador Granger. Algo en esa chica siempre lo incomodaba, giró la cabeza de un lado a otro hasta que sintió tronar su cuello, después de todo no estaba tan mal, no entendía porque lo habían llevado a la jodida enfermería. Tomando aire para enfrentar lo inevitable se concentró y con un crujido se apareció en su oficina.


Hermione Jean Granger, sanadora junior del departamento médico del Cuerpo de Aurores regresó a la sala de atención con dos cafés en las manos, dejaría uno junto a la camilla del Comandante con hechizo de calentamiento y el otro lo tomaría ella, lo necesitaba. Jodida mañana complicada.

Ver a Harry desaparecer en busca de rescatar al Jefe no fue divertido, ella confiaba en la opinión de Snape y si él decía que Harry no debía estar en esas misiones, así debía ser. Sin embargo, sabía que Castor no hubiera podido ir, apenas se mantenía en pie por el agotamiento y la pérdida de sangre. Un vacío se le formaba en el estómago cada que pensaba en el Jefe de Aurores enterrado bajo una montaña de piedras. Había asistido a su jefe suturando y realizando hechizos de cicatrización en los 4 aurores que llegaron heridos, de todos el peor había sido Castor, que no solo lucia enfermo, también abatido. Un cambio tremendo ante el jovial y emocionado muchacho que la había ido a ver al ala médica esa mañana, todo risas y puños en alto contándole como el Jefe le había dicho que asistiría al Equipo Alfa con él.

La emoción había sido contagiosa y le había deseado suerte, pero no se había contenido ahí, lanzó un encanto de protección en un pisa papeles de ámbar que solía tener en su escritorio y se lo dio, para la suerte le dijo. Castor era un buen chico y era quien la mantenía al día de todo cuanto hacia el Jefe de Aurores, ella nunca lo veía. Era un hombre huraño y esquivo, había dicho en una ocasión que ya había tenido suficiente de ellos tres, y Hermione no se sentía con ganas de secundar a Harry en su campaña de incordiar al hombre con su permanente intento de hacer amistad. Oh claro, a ella le habría encantado ser su amiga, probablemente estaba en su lista deseos de navidad de cada año, pero sabía que era imposible.

Entonces estaba Castor Thomas, un joven un par de años mayor que ella pero que vivía y respiraba por Snape, al ser su asistente, él se encargaba de los registros de los aurores que se reportaban enfermos o que sufrían heridas en campo, así lo había llegado a conocer y luego también a su novia Hanna que trabajaba en Regulación en otro piso. Eran compañeros de viernes o bueno, lo eran cuando ella no tenía turno, Castor no tenía entrenamiento con Snape o Hanna no tenía papeleo atrasado. Últimamente no se habían visto mucho.

Lo mejor era que el tema favorito de conversación de Castor era el comandante, lo que hacía, lo que decía, incluso como se movía. Hermione sospechaba que en el fondo el chico había convertido en su figura paterna a Snape, le había contado que su padre no pasaba mucho tiempo con ellos, los viajes de negocios se lo impedían, así que prácticamente había crecido sin una figura masculina a la que imitar. A ella, su situación siempre le recordaba la de Harry, que parecía buscar lo mismo y de ahí la aversión que ambos jóvenes se tenían o bueno, que Harry tenía con Castor. Simplemente no lo soportaba.

Esa mañana cuando Castor salió prácticamente dando brincos de su sala, un lúgubre Harry entró. Estaba de un humor de perros, lo decía su increíblemente alborotado cabello.

- ¿De turno hoy Hermi? - dijo dejándose caer en la silla frente a su escritorio.

-Si, el Sanador Higgins me dejo a cargo de recibir al Alfa y hacerles las curaciones si es que las llegan a necesitar. ¿Estás bien?

-No. Ya lo sabes, ¿verdad? El cachorro de Snape te lo vino a contar encantado ¿no? A presumir de como las influencias de su tío le alcanzan incluso para entrar a los Alfas. - dijo con odio mientras arrugaba una hoja y la lanzaba al cesto de la basura – Debí dedicarme al Quidditch, esto es una pérdida de tiempo, él jamás me dará una oportunidad.

-Castor no vino a presumir nada y lo sabes, estaba emocionado como es obvio y te aseguro que no fue por su tío que el Comandante lo lleva, sabes que lo ha estado preparando, le enseña todo el tiempo.

-Claro, si es su chucho faldero, como no le va a enseñar, encantado de cómo lo ve como si fuera un dios. Imbécil – dio una patada sobre el costado del escritorio – sabes que Arteos lo hizo por mi ¿verdad? Dijo que era una misión sencilla, que incluso no debía corresponder a ellos, pero como era un favor al Departamento de cuidado de criaturas, el comandante había decidido que irían para dar una mejor imagen. Entonces dijo que le vendría bien un día de descanso y que con el personal en turno no habría de otra para Snape que llevarme. ¿Y qué hace él? Se lleva al arrastrado de Thomas.

-No puedes hablar así de Castor, él te aprecia mucho Harry y le gustaría ser tu amigo. - Hermione se levantó a sacar los expedientes de los 10 integrantes del Alfa. - además es injusto que lo acuses de usar influencias cuando eres tú quien las está usando. Arteos fue tu instructor y te aprecia, por eso se auto intoxico, para crearte una plaza en el Alfa. A mí me suena a tráfico de influencias ¿no crees?

-No es así, él sabe que lo merezco y tú también. Hasta el maldito Snape lo sabe y por eso no me da la cara, no acepta ni mis pedidos de audiencia – dijo apoyando el rostro sobre una mano en el escritorio de la sanadora – Estoy mejor preparado que el cachorro excitado de Thomas.

-No le digas así Harry. - su voz tenía un tono maternal.

-Me estoy hartando Hermi, no entiendo porque no quiere saber nada de mí. Se supone que tiro como 18 años de su vida cuidándome, casi muere por salvarme y ahora no me quiere ver ni en pintura. Es un idiota y su mascota también.

-Suenas como un niño caprichoso Harry, tal vez sea eso lo que a él no le agrada, ¿has pensado en que puede ser muy doloroso para el verte? ¿recordar a tu madre? Aun puedo escuchar cómo te dijo que lo miraras cuando estaba muriendo. No creo que el desee vivir con el recuerdo permanente de cómo no pudo tener a la mujer que amaba dando vueltas a su alrededor o peor teniendo conversaciones del pasado.

-Merezco saber algo más de mi mamá, sé que mi papá no fue... vamos que era un cabrón. Pero yo no le hice nada

-Pero prefieres curar tu curiosidad que permitirle el descanso de los recuerdos. Si de verdad lo apreciaras Harry lo dejarías en paz. No es la primera vez que te lo digo. - se levantó y colocó una mano sobre el hombro de su amigo en apoyo.

-Como sea. - soltó resignado.

-Vamos Harry, hay que ir al salón de llegadas, ya deben haberse ido y si era una misión tan sencilla deben estar regresando en cualquier momento y no querrás no estar ahí. Además es mi primer turno recibiendo al Alfa, no quiero perderme nada de la acción.

-Está bien. Oye y Ron como esta, no he sabido de él en quince días.

Pero la mañana no fue sencilla y el Alfa no llego pronto y cuando llegó, tenían un hombro dislocado, un brazo roto, una contusión cerebral y muchas, muchas quemaduras. Y fue peor cuando Harry cayó en el salón con un polvoso y ensangrentado Snape entre sus brazos. Hermione sintió por un instante el desespero de la casa de los gritos y sus manos comenzaron a temblar.

-Hermi, está bien. Se ve peor de lo que es, ahora ayúdame.- entre los dos lo levitaron mientras el resto del personal médico que había llamado ella, incluido su jefe de departamento se encargaban del resto de heridos.

Una revisión, unas pociones y unos hechizos de limpieza después, el hombre lucía bastante bien acostado en la camilla, parecía como si durmiera. Por indicación de Castor la sala había sido completamente despejada para darle privacidad al Comandante. Harry se había ido para ayudar a procesar a todos los traficantes dejando a Hermione con el desmayado hombre, su lacio cabello negro se extendía como un charco sobre la almohada blanca de la camilla. ¿Era normal que lo viera con tanto gusto? Seguro no. La joven lanzo un suspiro y lentamente se acercó a la camilla, cerrando tras ella la cortina, se estremeció, ese solo gesto se había sentido... pecaminoso.

Se sonrojó furiosamente, feliz de que no hubiera nadie que la viera actuar como colegiala a su veinti tantos.

Tomó el pulso del hombre solo por hacer algo, sus terminaciones nerviosas estaban por completo fuera de sí, sentía casi electricidad al tocarlo. Un mechón negro errante se había escapado y se encontraba pegado a su pálida mejilla. Se mordió el labio con nerviosismo, bueno nadie la estaba viendo, no haría ningún mal. Con una media sonrisa traviesa acaricio la mejilla haciendo que el malvado cabello cayera hacia la almohada, su piel se sentía caliente y tersa al tacto, no pudo evitar detenerse en el gesto más de lo debido.

-Hola – el balbuceo del hombre la asusto tanto que dio un salto hacia atrás, saliendo espantada de la cortina, su corazón latiendo acelerado. Cerró los ojos preparándose para ser blanco de la furia de Snape, un latido, dos y tres después, nada. Abrió primero un ojo lentamente esperando verlo de pie frente a ella con su acostumbrada pose de brazos cruzados y mirada petulante. Pero nada, solo la cortina de tono celeste colgaba inmutable. Haciendo acopio de valor retiró la cortina lo suficiente para dar una pequeña mirada y lo vio, aun acostado en la misma exacta posición donde estaba antes de hablar. Carraspeo un poco para componerse y soltó la cortina, no sabía que demonio se le había metido para tocarlo de esa manera. Sacudió la cabeza con desespero y decidió que le hacía falta su café, eso debía ser, ausencia de cafeína en el cuerpo, por eso se estaba comportando tan extraño. Dio dos pasos hacia atrás sin voltearse, casi esperaba que el hombre surgiera de la cortina, pero esta ni se movió, giro en redondo quitándose la bata y la lanzo sobre el perchero para luego salir a paso apresurado de la sala.

Al final del turno estaba rendida, con la poca fuerza que le quedaba se metió al flu para ir a su departamento. Solo para encontrar su televisor encendido en un canal de deportes. No estaba de ánimo, con un gruñido camino hacia la habitación.

-Hola guapa – al pasar hacia el área de dormitorio lo encontró, la recibió en la puerta de la cocina con una cerveza en la mano y una hamburguesa en la otra, le dio un beso en el costado de la frente que tuvo que limpiarse con discreción para quitar el rastro de grasa que le dejo – luces fatal, ¿día cansado?

-Ya lo creo, hubo una redada a primera hora que no salió del todo bien.

-Mmmmm – el murmullo mientras masticaba asqueo un poco a la chica – y quien va a ser el sujeto sin empleo por eso.

-No creo que vaya a pasar, fue una redada de los alfas, el comandante los dirigía así que no creo que hubiera algún error de ellos.

-Ah claro es que Snape es perfecto ¿no? - dijo tirándose sobre el sillón de la sala frente al televisor encendido. - como el hijo de puta es el que despide solo faltaría que se despidiera a sí mismo.

-Ron por favor. No hables así, el incidente fue grave incluso para él. - la chica soltó el moño de su cabello y se acercó a la barra de desayuno de la cocina para sentarse a pelar una naranja que tomo de la cesta que ahí había.

-Y ¿se murió? - dijo dando otra mordida a su hamburguesa. Ron no había perdonado aun a Snape por reprobarlo en el examen de ingreso al cuerpo de aurores, sabía que estaba mejor ahora ayudando a dirigir otra sucursal de sortilegios Weasley pero el terco chico jamás lo aceptaría.

-No puedes decirlo en serio Ron – dijo dejando caer el cuchillo encima de la barra. - si es una broma es de muy mal gusto.

-Anda Mione, ni que hubiera dicho ¨ojalá se muera¨ además, sé que los sueños no se cumplen. - dijo riéndose de su propia gracia, pero sin notar que dejo un sabor amargo en su novia al notar que, para él, estar juntos, de ningún modo había sido un sueño, la chica suspiró, para ella lo había sido un tiempo, pero ¿ahora?

Ron accionó el botón del volumen del televisor de Hermione y la narración de un partido de americano se escuchó por todo el departamento.

-Ah sí, Mione, ¿recuerdas lo del compromiso? Mamá me ha hecho el comentario de que ya es hora, ya sabes, lo hablamos hace tiempo y dijimos pronto lo haremos y ya han pasado como ¿Qué? ¿Cuatro años? Lo que sea, entonces mamá dice que ya es hora y que hay que poner una fecha y preparar esas cosas de mujeres. - el chico se alzó la cerveza con dos dedos – entonces ya que el otro mes es tu cumpleaños que te parece si lo hacemos ahí, así aprovechamos la fiesta y no tenemos que hacer una de compromiso, ya sabes cómo es mama con esas cosas.

-si supongo que está bien – Hermione murmuro, pero su murmullo se perdió en el alto sonido del televisor mientras Ron volvía a enfrascarse en el futbol, de pronto ella notó que ya no tenía ganas de comer, de modo que así era la pedida de matrimonio, se pasó la mano por el tenso cuello, tal vez en algunos años les contaría esa historia a sus hijos y todos reirían pensando en lo gracioso que era su papá.

Se apretó el puente de la nariz intentando sentir algo al respecto de comprometerse con Ron, quiso formar en su mente la imagen de ellos dos, ya mayores, con dos o tres hijos en la mesa de la cena de acción de gracias y contando la divertida historia de cómo mamá y papá se comprometieron. Pero no vio nada, cuando por fin pudo hacerse una imagen de ese futuro, no vio cabezas pelirrojas y a su pecoso esposo, ya mayor. Vio chicos delgados de cabello negro azabache y ojos profundos, la mano que tomaba la suya no era en definitiva la grande y tosca mano de Ron, era una mano de delgados y largos dedos de pianista que parecían marcados por el fuego. Abrió los ojos de golpe. Seguro era algo de alguno de sus libros, o de algún libro que leyera hace tiempo porque no recordaba conocer a nadie cuyas manos se vieran así, esa mezcla de fuerza, suavidad y marcas de terrible dolor. Sacudió la cabeza alejando el pensamiento y se acercó al librero de la sala para tomar el libro más grueso y tedioso de hechizos de sanación para magia negra, no más novelas románticas antes de dormir o terminaría enloqueciendo como el Quijote.

Una sonrisa se formó en sus labios al recordar sin querer a la única persona que seguro entendería ese chiste. Ella había visto una vez los enormes volúmenes encuadernado en cuero con letras doradas en el lomo, en un estante en su oficina. Snape.


Holi

Un cap nuevo y espero ya vean por donde van las cosas. Espero les guste, no duden en dejar un feliz y alegre review.

Serena Stons: gracias que bueno que te gustara y que se te hiciera interesante, ya me contaras que tal esta segunda parte. Gracias por comentar.

Saludos

KAD