Los personajes empleados en este escrito pertenecen a J. K. Rowling


CAPITULO 03: NOCTURNO en C MENOR B 108


El hombre de ropas oscuras se hallaba cómodamente sentado en una butaca estratégicamente ubicada frente al cuadro, una mano sostenía su rostro la otra jugueteaba con su varita sobre sus piernas abiertas. De cuando en cuando alzaba la mirada hacia su madre durmiente, era casi el momento y estaba casi perdiendo la paciencia, aunque nada en su pose lo indicaba.

Ella le había hablado hoy, después del espantoso lio en la misión de los traficantes y que cayera como un novato bajo una montaña de piedras por desconcentrarse a causa de una estúpida piedra, misma que ahora descansaba segura y salva sobre su escritorio. Se permitió una mueca de inconformidad mientras pensaba en lo irrazonable que había sido proteger con su cuerpo el objeto y como aun debajo de los escombros se las arregló para esconderlo en su bolsillo. No quería siquiera intentar explicar su actuar, ya sabía que no podría, con fastidio se rasco el cuello, sintiéndose momentáneamente incomodo con el alto cuello de su ropa que cubría las cicatrices del ataque de la serpiente.

El leve movimiento de la mujer en el cuadro lo alertó y con cuidado metió su varita en el puño de la levita, planto las manos en ambos brazos del mueble preparándose para una conversación no tan cómoda. En la mesa junto a él una charola con una atractiva botella de whisky, un vaso y un recipiente de hielo, por si la charla lo requería.

-Madre, mucho me temo que tenemos una conversación pendiente. - habló cuando la vio finalmente despertar.

- ¿Por qué lo hiciste, Severus? - el tono seguía siendo el infantil que escuchara el día anterior, pero algo en ella sonaba diferente, lo había llamado por su nombre.

-Lamentablemente para ti, madre, esta vez yo haré las preguntas y tu responderás – permanecía quieto como una estatua moviendo únicamente su boca al hablar. - ¿que tienes que ver con el condenado por realizar magia oscura imperdonable, Gaspard Deburau?

- ¡oh no! Dime que no, el esta, esta... - terminó con un susurro muy bajo mientras se cubría la boca con las manos en expresión horrorizada.

-Muerto, madre. - alzo el vaso de whiskey a la espera de pasar lo que seguramente sería un episodio de llanto. La reacción de la pintura lo hizo entrecerrar los ojos con duda latente.

- ¡Gracias a Merlín! Mil veces bendito, mil veces bendito – dijo sonriendo y enjugándose alguna lagrima – eso significa que aún hay esperanza para nosotros.

-Madre, he tenido un día complicado, muy, muy complicado. Te agradecería por el bien de mis nervios – dijo mientras presionaba el vaso en su mano con furia, pensando en las variadas maneras que podría profanar el cadáver del sujeto en cuestión si es que había hecho algo en contra de su madre o su recuerdo – que me explicaras ¿Qué demonios hizo Deburau contra ti? ¿él te puso en ese cuadro? ¿te obligo de alguna manera?

-Severus, Severus, sigues siendo el mismo, enceguecido por tus propios impulsos, listo para atacar como un toro furioso sin siquiera parar a considerar las consecuencias – sintió el tirón de la tensión nerviosa en el cuello, al recordarse diciéndole las mismas palabras a Potter cuando se entrenaba como Auror. - ¿Cuántos años tienes ahora?

-Demasiados, madre. Como es que estas hoy tan lucida, ayer parecías una niña perdida, ¿Qué clase de hechizo te ata al cuadro? - dijo con sospecha.

La mujer rio un poco, pero su risa sonaba hueca.

-Tu presencia me ayuda, pero no será así por mucho tiempo. - la mano en alto de él la detuvo.

-Explicaras en detalle que tiene contigo el ultimo patriarca Deburau, cuando yo este conforme podrás decirme que es lo que pareces querer que yo haga, en ese momento y no antes. Habla.

-Gaspard y yo nos conocemos desde que éramos muy jóvenes, antes de entrar a Hogwarts. Él era el único heredero de la familia Deburau, una muy antigua familia del enclave mágico francés, su padre había empezado a trabajar con el Ministerio, era una especie de embajador – la joven pintada miraba hacia la manta en sus piernas, como si no quisiera ver a los ojos al hombre sentado – yo era la única hija de la Familia Prince, de modo que nuestros padres consideraron pertinente presentarnos y obligarnos a confraternizar, al inicio fue difícil, Gaspard era...

Suspiró y la melancolía en su rostro fue algo que Severus era capaz de reconocer del pasado, muchas veces había visto esa misma expresión en ella.

-No nos llevamos bien ese primer año, ambos éramos niños solamente, el solo quería sus libros y yo solo quería estar sola – soltó una sonrisa triste – cuando entramos al colegio todo cambio, él fue sorteado en Ravenclaw y aunque éramos de diferentes casas, de a poco se convirtió en mi mejor amigo, yo no era la chica más popular exactamente, odiaba ser la heredera Prince, odiaba la manera en que me miraban y como se me acercaban. Él fue un oasis en la tormenta. Eran épocas difíciles, había una guerra, aunque nosotros no entendiéramos y por esa guerra su padre tuvo que salir del país cuando estábamos en nuestro tercer año, como su heredero se lo llevo con él. Sin embargo, jamás dejamos de escribirnos y en las vacaciones de navidad, mi abuelo descubrió nuestra continua correspondencia, dijo que mi lechuza prácticamente estaba muerta del cansancio y en la noche buena me entregó dos cuadernos encantados, dijo que le enviara uno a él y así podríamos escribirnos cuanto quisiéramos sin atentar contra la propiedad Prince al matar a sus lechuzas. Él era muy bueno conmigo, se preocupaba por mí de una manera que mis padres jamás hicieron.

Un sonrojo avergonzado la cubrió, pensando en su propia manera de tratar a su hijo.

-Al terminar el año escolar, el falleció. La familia Deburau vino a presentar sus respetos y Gaspard vino con ellos, yo estaba desconsolada pero su presencia era lo único que me animaba. Nuestros padres no podían estar más complacidos. Pasaron quince días con nosotros, en ese tiempo él nos pintó, sabía que yo tenía miedo a quedar sola, hizo los cuadros y los encanto para que pudiéramos habitar en ellos al morir, dijo que así jamás me dejaría sola.

- ¿Los cuadros?

-Sí, Severus, no estoy completa. Me falta mi otra mitad, soy un díptico – el hombre dejó el vaso de licor en la mesa y se levantó para inspeccionar en detalle el marco, encontrando la muesca de las bisagras que debían unir ese cuadro a otro.

-De modo que es por eso que no se te puede infundir magia, el cuadro no está completo. - dijo pasándose una mano por la barbilla pensativo.

-Traté de explicárselo a ese inútil curador, pero había pasado meses en la bodega sola, estaba confundida y no tenía fuerzas, el muy inoperante me puso un hechizo silenciador y ya no pude hacer.

-La colección del Ministerio es grande, una vez ingresada podría haber pasado a cualquier cuadro e informar tu estado ¿no crees? - dijo volviendo a sentarse en la misma posición y sirviendo un segundo vaso de licor.

-No puedo, hasta que no esté completa ni puedo hacer nada más que estar en mi marco, sin él estoy atada.

-Te desvías madre, aun no me explicas como ese hombre tenía este cuadro. O que tiene que ver con el maldito hechizo

-Gaspard volvió a irse con su padre y seguimos comunicándonos por los cuadernos y alguna ocasional visita. Cuando estábamos en sexto año me dijo que al terminar sus estudios regresaría y pediría mi mano formalmente, yo fui tan feliz. Pero mis padres lo fueron aún más cuando se enteraron y eso me desagradaba, yo era para ellos una moneda de cambio más que una hija, que nos amaramos era algo sin importancia para ellos, lo único que importaba era unir nuestros apellidos y crear una nueva importante familia sangre pura. Su felicidad plantó la duda en mí. Y busque algo que me confirmara que él era el hombre de mi vida, investigue en la biblioteca de mi abuelo y encontré el anima visita. No había mucha información y yo solo... me lance a ello. Lo hice antes de que el año acabara porque quería estar segura antes de decirle que sí. Cuando soñé la primera vez no recordé mucho, pensé que lo había hecho mal, pero conforme el momento de su venida se acercaba, recordé más de los sueños. Vi un cabello negro como el ala de un cuervo. ¡Negro! Y él era rubio. Y su nariz, estaba desviada, era fea y en nada parecida a la fina y alargada nariz de mi Gaspard. Yo solo supuse que no era él. Le pedí que no viniera, le dije que era un error. Rompí su corazón. Mis padres estaban furiosos, pero pensaron que era cosa de la edad que se me pasaría - estrujaba entre sus manos la manta – empecé a salir al mundo muggle, descubrí que, si en el mundo mágico solo podía ser la señora de una casa, entre los muggles podía ser lo que yo quisiera, podría conseguir un trabajo y ganar mi propio dinero, dejar por fin a mis padres. A escondidas entre a una escuela para ser secretarias, ahí había también unos talleres donde se formaban obreros y un día conocí a tu padre. Cuando lo vi... solo pude pensar que era él, que por fin había venido por mí. No lo había soñado más, pero lo asocie con la idea de que era un muggle y por eso jamás podría soñarme y hacer el encanto para unirnos. Lo deje todo por él, ciega de amor deseado. Creyendo que solo debía esperar para que mis sueños se hicieran realidad.

-Pero no era él ¿verdad?

-No – dijo agachando la cabeza – cuando naciste Gaspard apareció en nuestra puerta, estaba tan delgado y lucía tan triste, me asuste, su hermosa nariz estaba hecha un desastre, se había roto el tabique y lo había arreglado a las malas tantas veces que estaba irreparablemente dañado. No quise aceptarlo, algo me decía que había cometido un error, pero no quise creerlo. Dijo que había ido solo a saber si yo era feliz, que, si yo era feliz, él lo sería por mí. Le dije que sí y desapareció. Un vecino le contó a tu padre que un hombre bien vestido había venido, él enfureció y me golpeó. Fue la primera vez. Debí tomarte y regresar con mis padres en ese momento. Debí buscar a Gaspard, debí hacer algo.

El llanto amargo del retrato le recordó los peores episodios de su maltrecha infancia. Con fastidio alzo el resto del whisky y sirvió otro vaso.

-Yo no volví a saber de él. Cuando tú ya estudiabas lo soñé, era el, estaba tan mayor como yo, avejentado y aunque el color de su cabello era diferente, era él. Quise tomarte y huir a buscarlo, sabía que él nos recibiría y nos protegería de Tobías, pero no pude siquiera conjurar un patronus decente, ya no quedaba alegría en mi vida, no podía encontrarlo. Pensé en esperar, esperar a que tu crecieras, entonces podrías hacer algo, buscarlo por mí. Pero el tiempo no me alcanzó.

-Él te mató.

-Yo me maté, Severus. Al quedarme. Al ser tan ciega y creer que la magia resolvería todo. Gaspard supo de mi muerte y activo el encanto. Me trajo aquí y tal como lo prometió se quedó conmigo.

-Era eso lo que hacía ¿verdad? La magia de sangre que hacía en sus terrenos, me pareció que era un intento de recrear la Piedra de la Resurrección. - se levantó molesto y de un tirón se desabrochó el cuello de la túnica y la camisa.

-Le dije que era inútil, pero él quería intentarlo, quería darnos algo de tiempo, el tiempo que jamás tuvimos.

-No solo fue inútil. Eso lo orillo a la muerte, cuando lo encontramos no estaba en sí, enloquecido es el término que emplearon. Si hubiera aguantado habría terminado en la Janus Tickey de San Mungo. - suspiró - ¿Qué hay con el cabello? Cuando fuimos por él era negro, tanto como el mío.

-Cuando nos separamos, él se lanzó a viajar por el mundo, su padre le consiguió un puesto de diplomático en África, ahí contrajo algún tipo de enfermedad mágica que dañó su cabello.

-Lo dañó - un filo rencoroso se le escapo en la voz, jamás se sentía tan insuficiente como cuando hablaba con su madre.

-Así no era él. Dijo que era remediable pero como te había visto, pensó que al menos así en sus sueños tu podrías ser suyo, por eso lo conservó.

-Es toda una tragicomedia madre, ahora dime, donde está el otro cuadro, porque eso es lo que deseas de mi ¿verdad?

-Así es – la vio alzar el rostro anguloso orgullosa – necesito que me unas a mi otra mitad, debes activar el encanto para que él aparezca y una vez unidos ya no desapareceré.

-Supongo que no es lo peor que me han pedido. De ser necesario comprare el cuadro, todo sea por ti madre – dijo con una sonrisa cínica – dime entonces ¿Dónde está el cuadro?

-No necesitas comprarlo, ya debería ser tuyo. Solo debes activarlo – la ceja de Snape se alzó en intriga y la idea que cruzo por su cabeza no le gustó para nada.

- ¿mío?

-Si debe ser tuyo, forma parte de todas las cosas que deje al huir, a menos que las hallan botado como basura deberían seguir en casa de mis padres, que ahora es tuya.

El sonido del cristal rompiéndose interrumpió a la mujer en la pintura.

-Continuaremos esta conversación otro día. - abrió y cerró la mano permitiendo que la sangre de las cortadas corriera libremente.

-El tiempo se agota – grito la mujer mientras el oscuro mago salía del despacho cerrando la puerta tras de sí con un portazo.


La oficina del jefe del Departamento médico del cuartes de Aurores era tan cálida como siempre, había algo en el medimago rechoncho que siempre la hacía sentir segura. Él era todo bondad, con sus anteojos redondos y su eterna corbata de moño. Hermione sonrió al entrar y encontrarlo como siempre enterrado en papeles.

-Sanadora Granger, bienvenida. Toma asiento – dijo indicándole la silla frente a él. - cuéntame, ¿cómo están nuestros muchachos del Alfa? ¿Sobrevivirán a su orgullo herido o crees que sucumban a él?

La chica sonrió ampliamente mientras se apoyaba sobre la pila de papeles frente a ella.

-Bueno al menos la mayoría sobrevivirá, aunque las ceja de Viridian nunca volverán a ser las mismas – dijo con una sonrisa traviesa la chica.

-Oh Sanador Granger, no puedo creer eso de ti – dijo el hombre con fingido acento de reproche – como puedes hacerle eso a un compañero auror.

-Yo no le hice nada, el fuego de dragón es una cosa complicada, no tiene nada que ver con que no acepte un no por respuesta, además hice un juramento, no podría faltar a eso solo por un troglodita como Viridian. - se estremeció recordando al moreno y alto mago que parecía haber hecho de salir con ella su meta de vida, él y su terrible aliento y sus aún más terribles modales.

-Pero mi niña, te aseguro que ese juramento no impide nada, sino me crees pregúntale a Arteos y su mechón de pelo verde tras la oreja, lleva unos buenos 20 años con él. - termino con una risa profunda que le sonrojo las mejillas mientras sus ojos se volvían líneas rectas rematadas en arrugas de esas que se producen por la continua felicidad.

-Bueno, yo no he admitido nada – dijo la joven igual de jovial.

-Entonces debo suponer que no hay en camino una boda que te haga llevar el apellido Viridian, es una pena, imagina a sus hijos. Con el cuerpo del padre y el cerebro de la madre. Seguramente el comandante encontraría difícil conservar su puesto por mucho tiempo más – la expresión de asco de la chica lo hizo volver a reír.

-Bueno, tal vez boda si haya. La madre de Ron quiere que pongamos fecha. - diciendo eso dejo caer su frente sobre la pila de papeles.

-La madre del señor Weasley, - repitió lentamente – ¿no crees que esa es una decisión que deberían tomar ustedes y no Molly?

-Si bueno, en realidad ya lo habíamos hablado hace mucho, tanto que ya ni me acordaba, solo lo aplazamos porque ambos queríamos hacer una carrera, luego yo tenía mis prácticas y el debió decidir ir a ayudar a su hermano en el negocio y luego yo entre a trabajar, así se fue aplazando – hablo con desgano.

-No suenas como una novia emocionada Hermione – el tono paternal del medimago le llegaba al corazón, le recordaba tanto a su padre.

-Si lo estoy, es solo que... no sé, ha pasado tanto tiempo, ya no somos los mismo, yo no lo soy al menos y ayer me dijo que su madre quería que pusiéramos fecha a la boda mientras comía una hamburguesa, con una cerveza en la otra mano y viendo un partido de un deporte muggle. No fue así como imagine que sucedería. Sé que es Ronald, que siempre ha sido así de bruto, pero – alzo los hombros en gesto desganado – supongo que creí que con el tiempo cambiaría.

-Entiendo. Solo te queda niña, sentarte y reflexionar ¿es eso lo que quieres para tu vida? ¿puedes imaginarte tu vida sin el señor Weasley? Si después de pensarlo mucho las respuestas son si y no, cásate, si es al revés mejor conversen. No querrás encontrarte en unos años compartiendo tu vida con un hombre que no respetes por lo menos. Y hablando de respeto – dijo enderezándose en su silla y dejando de lado el tono paterno – las felicitaciones están de forma creo yo, usted Sanadora junior Granger hizo un magnífico trabajo manejando la crisis de las alfas.

El sonrojo de la chica no se hizo esperar.

-Gracias jefe.

-No debes agradecer, solo te digo la verdad, es un consenso entre los seniors, manejaste muy bien a la situación, dirigiste mejor de lo que se podía esperar de un Junior y debo aceptar que me gusto que me mandaras – dijo sonriendo – estamos tan acostumbrado a llevar el peso sobre nuestros hombros que por una vez solo dedicarnos a seguir ordenes fue refrescante. Hiciste lo que debías, sin querer hacer todo el trabajo tu sola, delegando, ayudando donde podías y lo principal, como sanador a cargo tomaste al toro por los cuernos y llevaste tu sola al paciente más difícil y más importante

-Oh yo, si bueno, en realidad tuve ayuda, mucha ayuda – dijo incorporándose en la silla y recordando al durmiente comandante del Alfa.

-Si, es cierto y ahí radica parte de tu buena actuación, supiste delegar y escuchar consejos. Lo hiciste tan bien que el Jefe no ha dicho una sola palabra. - la expresión intrigada de ella robo otra risa al sanador mayor, - claro es que desde que tu entraste no habíamos tenido la insigne visita del hombre, había saltado frente a un imperdonable, su escudo fue lo suficiente para salvarlo de morir, pero no para dejarlo durmiendo como un bebe, cuando lo trasladaron aquí, el sanador en turno no pudo evitar ponerle una bata de atención.

El suspiro horrorizado de la joven le dijo que entendía a la perfección el mal camino de aquel otro sanador.

-Me imagino que era necesario – dijo con un susurro.

-No, no lo era, una ronda de hechizos de diagnóstico con su uniforme puesto hubiera arrojado el mismo resultado que con la bata, el hombre estaba bien pero agotado, el sanador no pudo evitar su curiosidad, quiso ver las cicatrices de las que todos cuchichean.

- ¿las cicatrices? ¿Lo hizo por ver las cicatrices? - estaba claramente horrorizada.

-Por eso, por alguna especie de venganza de su viejo profesor. Por intentar subir de estatus. Elije el motivo que quieras. El punto es que lo hizo, y no puedes decirle a un hombre que por años ha podido curarse a sí mismo que era necesario desnudarlo mientras estaba inconsciente. - se rasco el cuello con incomodidad – fue un momento muy difícil, como te imaginarás el sanador en cuestión dejo de laborar aquí, se salvó por los pelos de una maldición. Solo lo consiguió al hacer un juramento inquebrantable de no revelar nada. Por eso imaginamos que podría llegar a haber otro incidente en esta ocasión.

-Yo jamás haría eso, ni siquiera he escuchado a nadie cotillear acerca de las cicatrices del Comandante.

-Los hubierais detenido lo sé, por eso no lo hacen frente a ti. Pero nuestro misterioso Jefe despierta mucha curiosidad entre todo el edificio. En todo caso Hermione te manejaste estupendamente. Te felicito, en nombre mío y de los demás sanadores. No dudo que pronto recibirás las buenas nuevas y pasaras a formar parte de las filas de los Sanadores Senior. Te lo mereces sobradamente hija.

-No sé qué responder – dijo ella bajando la vista para que no se notaran las lágrimas que se le querían escapar – Gracias Sanador Higgins.

-No hay de qué. Ahora vete que tengo una cita en unos segundos, ya siento sus pasos acercarse. ¿Estos son los reportes del Alfa verdad? - dijo señalando las carpetas que ella había traído – bien, espero que tu amigo Cástor este mejor, ese corte en la frente estaba bastante feo. Ahora ve, niña. Ve.

Le hizo señas para que saliera y Hermione se levantó sonriendo de lado mientras se retiraba.

-Y Hermione – dijo llamando su atención antes de que terminara de cerrar la puerta – no te olvides que debes pensar mucho antes de aceptar casarte con la señora Weasley, oh perdón, con el señor Weasley – dijo riendo para tapar el serio trasfondo de su comentario, la jovencita en realidad le agradaba, no quería verla pasar por un mal matrimonio, no es que el chico fuera malo, era solo que no los veía como si fueran madera para un largo matrimonio, les faltaba algo, chispa tal vez.

No podía haber empezado mejor el día pensó ella al caminar por los pasillos del ala médica, las palabras de su jefe la habían alentado, estaba encantada con la idea de ser un Senior tan pronto y a mitad de sus felices pensamientos vio la túnica ondear en la distancia. Sintió como los colores se le subieron al rostro y metió las manos en los bolsillos de la bata intentando esconder la cabeza entre los hombros, no había manera de evitar el encuentro. Mierda.

El hombre era imponente por decir lo menos, su larga zancada, la punta de su varita asomando entre sus dedos, el eterno ceño fruncido y su condenada túnica ondeando tras él. Era demasiado dramático al moverse para ser cierto. Lo observo a través de sus pestañas mientras fingía mirar al piso. Los latidos de su corazón desbocado la estaban dejando casi sorda.

Al pasar junto a ella la rozó levemente y sintió el pinchazo de la electricidad, maldita estática en los lugares cerrados, seguro que sin eso no habría notado su presencia.

-Granger – pronuncio a modo de saludo mientras pasaba raudo junto a ella, no había alcanzado ni a ver sus ojos, solo pudo escuchar esa sedosa voz y sentir aquel olor a especias que siempre lo había caracterizado.

-Comandante – alcanzo a prenunciar sin saber si él la había escuchado o si pensaba que era un mal educada que ni sabía saludar, su pecho subía y bajaba mientras se quedaba parada viéndolo desaparecer tras la puerta de la oficina de su jefe. Tomó una bocanada de aire para recuperarse, se sentí como si hubiera corrido un maratón. Condenado Snape y su condenada túnica ondeante. Se giró y continúo caminado intentando volver a relajarse.

-Higgins, ¿tiene los informes? - el hombre entro sin siquiera saludar y se plantó directamente frente al escritorio frente al sanador que lo miraba con ojos entrecerrados.

-Buen día, comandante ¿está usted bien? Luce algo sonrojado – dijo con tono sorprendido que fue respondido con una mueca de incomodidad.

-Estoy bien, gracias y buen día para usted también, Sanador Higgins. Ahora – pronuncio lento mientras se pasaba la mano distraídamente por el brazo, la zona donde había tocado accidentalmente a Granger - ¿tiene los informes?

-Claro, claro. Hermione acababa de traerlos, por favor tome asiento y revisémoslos.

El día había seguido su curso y pudo revisar a cada auror del Alfa en el gimnasio para verificar los resultados de los medimagos, el único aun con licencia era su asistente y eso le peso más, haciéndolo entregarse al entrenamiento con sus hombres de manera casi fiera, al final del día estaba tan agotado que solo pudo balarse y caer rendido sobre su cama, sin fuerzas para nada más que dormir.


Estaba frente a una puerta de madera oscura, con un bello labrado geométrico, con cuidado toco la superficie y esta cedió ante la presencia de su mano, abriéndose ampliamente y dejándolo ver el interior luminoso de la casa, el amplio recibidor decorado con gusto, los pisos de mármol, sonrió un poco al ver que ahora era gris. Así estaba mejor, nunca le había gustado el piso blanco.

Camino con parsimonia, mirando detenidamente de lado a lado, el sitio le era conocido sin llegar a saber de dónde. Pasó junto a una escalera imperial que daba al salón principal sin encontrar a nadie. Caminó hasta encontrar una puerta que llamo su atención, al entrar por ella se encontró en una biblioteca, extensa y bellamente decorada. Al fondo una chimenea y un mueble dando la espalda a él, veía sus salvajes rizos sobresalir del respaldo. Ella estaba ahí y por saberlo apuro sus pasos.

-Hola – dijo con voz gruesa y haciendo su mueca más parecida a una sonrisa.

-Hola tú. Ya te estabas demorando. - la mujer dejo el libro que leía sobre su regazo y extendió la mano hacia él, invitándolo a sentarse junto a ella.

-Lo lamento, llegue y no te encontraba, tu casa es muy grande – dijo abochornado sintiéndose un poco menos.

-Ah, pero esta es tu casa, mi amor. Sabes que no sería capaz de vivir aquí, todo es tan...

-Decadente – completo él pasando sus dedos suavemente, dibujando figuras invisibles sobre las manos de ella.

-Sí, creo que ese es el término. Me gusta más nuestra casa, aunque esta biblioteca si es un sueño. - dijo riendo.

-Nuestra casa – repitió lento él mientras ella alzaba una las manos grandes del hombre y la apoyaba sobre su mejilla.

-Te estoy esperando, mi amor. ¿Vendrás pronto?

-Estoy en camino - soltó juntando su frente a la de ella y sonriendo.

Al despertarse, sus palpitaciones estaban a todo lo que daba su corazón. Estaba asustado. Ese no podía ser uno de sus sueños, se restregó los ojos intentando apartar el resto de somnolencia. Esa tarde había tomado la maldita poción para ocultar la runa, eso debía ser. La poción y los eventos del día alteraron lo sueños. Su alma gemela era Lily. Nunca jamás, ni en este mundo ni en cualquier otro, su alma gemela podría ser Granger. Solo de pensar en su nombre le trajo una sensación de calidez al pecho. No. No. No. Sacudió la cabeza hasta que le dolió. Nunca. Jamás. En absoluto. De ningún puto modo.


Holi

Bla, bla, bla, mi cabeza habla mucho en este fic, espero que no este resultando cansón. Espero la verdad que les guste y no duden en dejar un review de aliento.

Dinas´moon: hey que bueno encontrarte aca y mejor aun que te gustara. Para el próximo cao volveremos a ver a Harry en su fase mas caprichosa y bueno aquí ya tuviste la historia del retrato, spero te gustara. Gracias como siempre por dejar tu comentario

Yetsave: Gracias y que bueno que se asi, y si tienes razón en que no es culpa de Harry, pero hay que aceptar que el chico es un poco latoso y siempre he creido que tiene un poco del egoísmo de su padre y aquí esta dejando ver ese rasgo. Cástor es un alma inocente de dios, demasiado puro para pertenecer a este mundo jajajajja adoro la manera que venera a Snape, vendría a ser algo como seria yo en su lugar jajajajaj.

Saludos

KAD