Los personajes empleados en este escrito pertenecen a J. K. Rowling


CAPITULO 04: NOCTURNO en E FLAT MAJOR Op 55 no 2


El continuo sonido de golpes secos interrumpía la dulce cadencia de uno de los nocturnos de Chopin que sonaba alto en el departamento, cada tanto se escuchaba un jadeo, aun así, no se cambiaba el tiempo, parecía como el sonido de un compás, metrado y preciso marcado por cada golpe.

Jab. Jab. Swing. Paso atrás. Patada al muslo. Uppercut. Un suave jadeo. Cross. Cross. Barrido. Jab. Jab. Rodillazo lateral. Otro jadeo. Luego una serie sucesiva de golpes de puño directos al saco de box, golpeó y golpeó hasta que sintió que se abrió la carne de sus nudillos. Con un gruñido adolorido dio un último golpe antes de doblarse sobre sí mismo intentando recuperar la respiración.

- ¿Siempre entrenas de esa terrible manera? No parece muy saludable niño.

La mirada fulminante que dirigió al cuadro a través de la amplia sala y las puertas de su oficina hasta el interior hubiera podido prender fuego. Estaba harto, enojado, cansado y sobre todo muy confundido. Lo que menos quería ahora era escuchar a aquel maldito cuadro.

-Llevas una hora ahí y no parece que estés consiguiendo nada, a menos que tu objetivo sea matarte de cansancio.

-Nadie ha pedido su opinión estimada señora. - se pasó la mano vendada por la frente dejando un rastro de sangre mientras intentaba quitar el sudor, estaba en pantaloneta sin camisa ni zapatos, su espalda brillaba perlada por la transpiración causada por el extenuante ejercicio.

-Incluso un profesional no se mantiene en pelea por más de una hora sin un debido descanso Severus. Al menos toma agua – la muchacha en el cuadro lo miraba con reproche – si te matas haciendo eso, nos condenaras a mi Gerard y a mí.

-Agradezco su preocupación por mi salud, sepa que no hay necesidad de la misma, aun ni siquiera he dicho que aceptaré ayudarla a reencontrarse con su otra mitad – con un suave movimiento de mano cerro de golpe la puerta del estudio, suficiente tenía en su cabeza como para aumentarle la absurda necesidad del cuadro de su madre de hacerlo aceptar el legado Prince.

Volvió a pasarse la mano por la cara intentando despejarla cerrando los ojos, al hacerlo la vio. La maldita niña Granger. No era posible. Con renovadas fuerzas se lanzó nuevamente contra el saco de box y desató su frustración en airados golpes de puño, rodillazos, codazos y patadas en lo que casi parecía una coreografía ensayada. Subió el volumen para cubrir el lejano sonido de las palabras del cuadro que se escapaban a través de las paredes de su estudio y el constante jadeo de su propia respiración.


La sanadora Granger se disponía a tomar su descanso en las cámaras de los medimagos en turno en el cuartel de aurores, se suponía que su amado novio le traería la cena, de eso hace como tres horas, al pasar la primera, ella ya había asimilado que el chico no aparecería y salió a comprarse algo de comer. Ahora tantas horas después, cuando ya había colgado la bata y se encontraba lista y dispuesta para descansar una nota en forma de avión entraba por la ventana, la tomó con desgano, no tenía ni las más mínimas ganas de enterarse el porqué de la ausencia de su novio, una vocecita corrigió en su mente diciendo prometido, se sacudió el pensamiento y abrió el papel.

Y ese era Ron diciendo que lo había olvidado, se había entretenido en la madriguera. Increíble, quería sentirse molesta, de verdad quería enojarse y hacerle un escándalo, pero lo cierto era que no tenía fuerzas para eso, si lo verbalizaba podría decir que le daba pereza, si ese era el término. Le daba pereza hacerle cualquier reclamo a su futuro esposo, ese último pensamiento la desanimó más y arrugando el papel lo lanzó hacia el tacho de basura de la esquina, cayó fuera, pero ella ni siquiera lo notó, agarró una de las almohadas y la abrazó como si se tratara del cuerpo de otra persona. Dios no quiera que algún día esa almohada se convirtiera en Ron, fue su ultimo pensamiento antes de hundirse en las profundidades del sueño.

Estaba mortalmente cansado, ahora tendría que aceptar en su mente que debió escuchar al maldito retrato y descansar en lugar de estar estúpidamente golpeando un saco hasta desbaratarlo y volviendo a armarlo toda la jodida noche. Hoy sus ojeras estaban más pronunciadas y sus ojos lucían opacos. Le dolía cada músculo del cuerpo.

Podía haberse tomado una poción pero no, se miró al espejo, vestido y listo para el trabajo, frunció los labios en un gesto fastidiado, tenía que hacer una parada antes de ir a la oficina. Un pedido urgente le llegaba a una librería en Diagon, un manuscrito que tal vez le diera más luces sobre el hechizo que idiotamente se había lanzado hace tantos años. Rotó un poco los hombros intentando en vano calmar sus doloridos músculos y se apareció en un callejón cercano al sitio al que iba. Había caminado un par de manzanas cuando el leve cosquilleo en su cuello le aviso del peligro, agudizó sus sentidos y notó que alguien parecía seguirlo. Vaya mierda de inicio de día, ya era el tercero en secuencia que apestaba desde primera hora, lo normal era que empezaran rutinarios y se pudriera conforme avanzaba el día. Giró bruscamente en una esquina y avanzó otro poco para esconderse entre la delgada grieta entre dos viejas casas, atento para ver a quien fuera que estaba tomándose la molestia de seguirlo.

Un instante después apareció un hombre con gabardina negra, caminando a paso apresurado, un ligero atisbo de su rostro le revelo su identidad, era el traficante de animales que había hecho caer una maldita pared sobre él. Un ligero gruñido brotó de su pecho al tiempo que salió de su escondite y se lanzó a embestir al hombre. Con un crujido ambos desaparecieron.

- ¡Qué demonios! - El tipo se encontró tirado en el suelo, alguien lo había empujado y ahora estaba de cara a tierra, ¿tierra?, como demonios estaba soplando tierra si estaban entre los callejones aledaños a Diagon, se levantó tan rápido como pudo para observar el entorno, un maldito bosque y ahí estaba el culpable, lo había seguido lo más sigilosamente que pudo, pero al parecer lo había notado, bueno hasta ahí el factor sorpresa pensó. - ¡Hijo puta! A ver donde me has traído.

Una tétrica sonrisa de medio lado adornó el rostro del jefe de aurores.

-Habla pues, gran imbécil, a que me has traído aquí. - gritó intentando limpiarse el rostro que aún tenía trazas de tierra.

-Tenía la impresión de que era usted quien me seguía, ¿me permite preguntar que necesitaba de mí? - cruzó los brazos sobre el pecho sin mover ni un ápice la expresión de su rostro.

-Si, bueno. No sé si me reconozcas, pero yo fui quien casi te mata ayer, y también soy a quien le hiciste perder miles de galeones en mercancía.

-mercancía – apretó los labios mientras parecía considerar las palabras del otro hombre – y yo que había visto animales, supongo que debo hacerme revisar.

-No creas que me vas a asustar con tu pose ensayada Snape – el tipo se armó en pose de combate, una mano con la varita la otra se metió bajo la gabardina hacia atrás del cinturón que llevaba – ya sé que eres el cuco que usa el Ministerio para asustar a los niños que se portan mal, pero yo ya vi que no es más que una leyenda, el hombre que ayudo a vencer al Señor oscuro, el único capaz de engañarlo y el único mortífago libre. - escupió en dirección a Snape – puras mentiras, no eres sino fachada y si ya casi te mate una vez puedo volver a hacerlo cuando se me venga en gana.

-Interesante.

Parecía que ni el viento osaba mover un solo cabello de su cabeza y un escalofrió recorrió la espalda del contrabandista, aun así, se esforzó por no demostrar su miedo.

-Ahora, explícame cómo vas a hacer para pagarme la mercancía – dijo haciendo énfasis en la palabra – que me hiciste perder y qué me vas a dar a cambio de mi silencio.

Antes de que pudiera notarlo un hechizo de expulsión lo mando volando un par de metros hacia atrás, dando de nalgas contra el piso, el miedo comenzó a corroer su mente al ver que Snape aún seguía sin moverse un solo milímetro. ¿Cómo demonios había hecho eso?

-Así que estas lleno de trucos – dijo levantándose del suelo – pues yo también tengo los míos.

Volvió a meter la mano entre la ropa hacia su espalda y lo vio sacar una esfera del tamaño de una canica de gobstones, entrecerró los ojos intuyendo que tipo de artefacto seria pero no le dio tiempo para mucho cuando el tipo ya había estrellado el vidrio contra el piso rompiéndolo y dejando aparecer ante ellos un enorme perro de tres cabeza, era una cabeza más alto que el maldito parado tras él y sus enormes fauces babosas se abrieron en un portentoso rugido haciendo que Snape asumiera una pose de defensa con la varita lista para el ataque.

El enorme perro inhalaba y exhalaba con fuerza, parecía estarse ubicando y cuando el auror pensó que se lanzaría a atacarlo, el animal giró rápidamente sobre sí mismo y una de sus cabezas alcanzo al desprevenido contrabandista por el brazo y otra cabeza por el pecho, tirando entre si hasta que una los soltó, la fuerza con la que tiraban hizo que el cuerpo del hombre saliera despedido y fuera a dar contra un árbol quedando inconsciente, una sombra de horror cruzo los ojos de Snape. Estaba a punto de aparecerse cuando recordó a qué lugar había traído al condenado contrabandista, Minerva lo mataría y se haría un tartán con su piel si se enteraba que había dejado suelta a esa bestia en medio del bosque del Colegio. Apretó la varita con fuerza entre sus dedos pensado en la ingrata tarea que tendría por delante, ya una vez había recibido la mordida de un perro así, no tenía las más mínimas ganas de repetir la experiencia.

Una vez que olisqueo el cuerpo del hombre, el maldito perro pareció complacido y se giró una vez más hacia Snape, mostrando sus largos y afilados dientes en su hilera de tres cabezas, el mago aplicó todos sus escudos de oclumancia para calmar el miedo, no quería que el animal se envalentonara al olerlo. Ajustó su posición y comenzó a caminar con pasos lentos para rodear al perro y evaluar por completo la situación, siempre sin darle la espalda para evitar un ataque.

Generó un suave arrullo con sus labios, intentando calmar a la bestia. Por lo que valía podía intentar calmarlo con música, con cuidado de no hacer movimientos bruscos apuntó una rama para transformarla en un violín, pero el crujido de la conversión alertó al perro que se lanzó hacia adelante buscando atrapar entre sus fauces al mago que alcanzo a deshacerse em humo y alejarse rodeándolo nuevamente, al hacerlo noto que el cuello del animal llevaba un collar con abundantes runas grabadas, pensó en la utilidad del collar y su curiosidad pudo más, lanzando un hechizo cortante sobre el aparato para intentar retirarlo por si eso era la causa del enojo del perro pero solo recibió el golpe de su hechizo regresado y amplificado que lo llevo a dar de espaldas contra un árbol, sintió la sangre caliente fluir por su frente y hacia el costado de su rostro. Aun con la vista desenfocada alcanzo a lanzar un hechizo de expulsión contra el perro para alejarlo y luego puso a sonar el botado violín para calmarlo.

A mitad de camino de embestir el animal se paró, abrió las tres enormes bocas pero esta vez sin rugido y se hecho al piso enrollándose sobre sí mismo listo para tomar una merecida siesta.

Snape, aun sangrante y con la espalda arrimada contra el árbol con el que se golpeó, soltó un fuerte suspiro de cansancio, empezaba a pensar que ya no estaba para esos trotes. Con expresión de dolor se levantó del suelo, apoyándose en una rama para luego lanzar un hechizo de diagnóstico y verificar si el otro hombre aun continuaba con vida. Con un cierto disgusto notó que sí.

Tiró del hombre hasta ubicarlo junto al enorme perro, deteniéndose solo un instante a repasar las runas en el collar del animal, entendiendo un poco cuál era su utilidad, luego llamó con un encanto al violín que aun sonaba y con un crujido fuerte todos desaparecieron del bosque.


-Te digo que lo premió, no sé qué tiene con el chucho, pero resulta que, en lugar de despedirlo por cagar una misión tan fácil, lo premió. - un Harry ceñudo se encontraba sentado con los brazos cruzados sobre el pecho en actitud completamente petulante, frente a él, una de las mesas de la cafetería del departamento de aurores, un plato de fruta picada y su amiga escuchando con oídos condescendientes.

-No lo llames así Harry, es mi amigo. - ella parecía no afectarse por el mal humor de su mejor amigo y continuaba comiendo un tazón de avena con frutas.

-Pues vaya amistades que tienes Mione, además, eso no quita que sea un lamebotas y que Snape este imbécilmente convencido por él, ¿crees que lo halla hechizado? Amortentia o algo así- dijo rascándose la barbilla con expresión pensativa.

- ¿Es en serio Harry? - una cucharada llena se quedó a medio camino de su boca mientras lo miraba entre perpleja y divertida.

-Bueno ya, quizá no amortentia, pero no me vas a decir que no es extraño que no lo halla mandado a casa de una buena patada en el trasero.

-Lo que sucedió no fue culpa de Cástor, lo sabes, fue un problema de mala información.

- ¡Bah! Lo que pasó es que no estaba a la altura del grupo. - dijo haciendo un mohín y cruzando de nuevo los brazos.

-Harry, come tu fruta – dijo la chica con su tono más maternal y una mirada un poco reprobatoria.

-No sé qué tiene el tipo que todos lo defienden, en serio es molesto- dijo tomando el tenedor y apuñalando la fruta.

-Esa pobre manzana no tiene la culpa de que Cástor no te agrade.

-Si bueno, igual hoy haré otro intento, me parare fuera de su oficina hasta que acepte verme. - dijo masticando con gusto el pedazo de manzana.

-Y ¿si pruebas a dejarlo en paz un par de meses? Digo, solo por hacer algo diferente, - la chica le sonreía, pero sabía que había un trasfondo de seriedad en sus palabras. Estaba a punto de responderle con una larga diatriba del porque debía insistir cuando las varitas de ambos de iluminaron, indicando el uso de la sala de llegada de los equipos de aurores. - ¿había algún equipo fuera?

-No que yo sepa – dijo la medimaga ya en camino hacia el sitio e invocando su maletín de emergencias por si era necesario.

-Por la gran...

-Potter – escucho el siseo de Snape y se tragó el insulto que estuvo a punto de soltar, aunque la verdad no entendía como el hombre podía estar tan tranquilo junto a una bestia como esa, se había sentido de vuelta a sus once años, en busca de la piedra filosofal con sus dos amigos mientras se creía perseguido por su oscuro profesor de pociones.

La expresión de incredulidad de Hermione tras él le indico que al menos no era el único con sensación de dejavu. Sacudió la cabeza para despejarse y concentrarse en lo que en realidad pasaba, vio al hombre ensangrentado junto a Snape. Otro auror de turno llegó golpeando la espalda de Harry por detrás al no alcanzar a detenerse a tiempo.

-ustedes, tontín y tontón, lleven a este tipo a registrar y fichar.

Hermione caminó detrás de Harry y su compañero, sus ojos ámbar pegados al comandante, las manos le picaban por revisar el corte en su frente, lo vio alzar la mano en dirección a ella, deteniéndola con el solo gesto.

-No. Yo lo revise y su vida no está en peligro, lo ficharán y revisarán antes de que reciba cualquier tratamiento médico. Y ustedes, - dijo señalando a los dos aurores - cuidado con unas esferas transparentes que lleva encima, no les agradará romperlas. Envíen personal de Criaturas, avísenles la situación.

La mirada negra se volvió al enorme perro durmiente y al violín que continuaba tocado junto a este. Harry y Lorrow, el otro auror, levitaron al hombre herido, Hermione pudo ver la mirada ansiosa que el chico le dirigió a Snape, ella se movió para llamar su atención y giró la cabeza de lado a lado para indicarle lo más discretamente que no era el momento de pedidos o preguntas. EL chico salió en silencio.

La respiración de las tres cabezas sonaba como un resuello en el silencio de la sala, no sería así por mucho tiempo, pronto llegarían otros aurores curiosos y luego el personal del departamento de Criaturas. Hermione se quedó parada mirando al oscuro mago que se había volteado y caminaba lentamente alrededor del perro como inspeccionandolo. La capa negra se arrastraba un poco tras él, el sonido de sus botas de piel de dragón sobre el piso de mármol era casi hipnótico y la chica se encontró avanzando paso a paso hasta acercarse lentamente a ambas increíbles fieras. Lo vio agacharse tras las cabezas como buscando algo, pero sin tocar nada aún.

-Granger – el inesperado sonido de su voz casi la hace soltar el maletín que colgaba de su brazo.

-comandante – dijo con voz ahogada, él ni siquiera había volteado a verla al hablarle.

-Según recuerdo usted tenía algún talento con las runas antiguas.

-ah, si – dijo entre incomoda y sorprendida, acaso eso era ¿una especie de cumplido velado?

-acérquese y mire esto, dígame para que cree que sirven – se reincorporo a toda su altura y se alejó un par de pasos cruzando las manos tras su espalda, sus ojos negros clavados en la joven.

-La línea de abajo parece una especie de conjuro repelente y mmmm – dijo después de una breve inspección, procurando no verse tan nerviosa como se sentía - este parece un conjuro de... dimensión, para crecer. Si, es eso. Una modificación de tamaño usando la magia interna del objeto, ya no es muy usado porque existen ya hechizos mucho mejores que permiten hacer crecer algo sin quitarle parte de su magia y...

Se detuvo antes de continuar su perorata y terminar siendo avergonzada por el hombre, miró el piso un momento y luego otra idea cruzo por su cabeza, esas runas estaban hechas para objetos y ese definitivamente no era un objeto, lo que aquella runa debía estarle haciendo al núcleo mágico de la criatura era definitivamente crueldad. Se agachó de inmediato junto al perro y levitando un poco las cabezas empezó a intentar girar el collar para poder ver el broche.

-Granger que demonios cree que está haciendo – dijo Snape poniendo una mano sobre su hombro, pero la retiró de inmediato al notar lo que había hecho, lo que menos quería era tocar a la joven. - levántese de inmediato antes de que eso despierte y le arranque un brazo.

-No – dijo con voz segura – hay que quitárselo, cuanto antes mejor, esto le está haciendo daño.

-Granger que se levante le dije – claro que él también lo había notado, esas runas en seres vivos podrían estar drenando magia para cumplir con su cometido, pero no por eso iba a arriesgarse a una mordida como ella parecía estar dispuesta a hacer.

-Señor por favor – ella alzó sus ambarinos ojos llenos de súplica hacia él, al instante sintió como todas sus barreras caían en pedazos, ahora entendía porque se había mantenido tan lejos como le era humanamente posible desde que la chica ingresó al cuerpo de aurores, esa mirada siempre lo había llenado de una sensación extraña desde la época de colegio, una mezcla de ternura, instinto de protección y muchas veces, vergüenza por sus propias acciones. Mierda. - esto lo está lastimando.

-Apártese y déjeme ver – dijo con su siseo característico al tiempo que se agachaba junto a ella – vigile las tres malditas cabezas y si se despierta, átelo, le aseguro que será preferible que pase unos minutos atados a que usted o yo tengamos que atendernos una mordida de este animal.

Encontró el cierre del collar, pero no era ninguna hebilla sino un candado mágico, volvió a sisear molesto y Hermione solo pudo pensar en lo mucho que sonaba como una serpiente cuando hacia ese tipo de sonidos y sonrió.

-Deme una de sus vinchas – demando extendiendo la mano hacia ella.

- ¿Qué?

-Vincha, Granger, horquilla o como sea que la llame – dijo mirándola casi con fastidio, al tiempo que la joven se apresuraba a quitarse una de los montones que llevaba para controlar su alocado cabello.

-Tenga señor - el hombre tomo el pequeño artilugio metálico que le daba y no pudo evitar prendarse dos segundos del rizo de cabello castaño que se soltó cayendo junto a la frente de la chica, la boca se le secó en un instante, se giró de inmediato evitando seguir viendo a la condenada chiquilla. Mierda.

-Granger, cuando le diga ya, lance un alohomora sobre el candado y prepárese porque probablemente nos tirara hacia atrás y atención porque si el animal se despierta podremos estar en verdaderos problemas – la chica lo miró una vez más, notando la manera en que su boca se curvaba y bajó por su firme barbilla, cuello y se detuvo un momento en la forma en que la capa se había arremolinado sobre sus brazos, sintiendo casi una imperiosa necesidad se acercar su mano y estirar la capa. Procuró no volver a distraerse, el hombre era capaz de despedirla si no era capaz de lanzar un hechizo básico en el momento correcto. Lo vio manipular la pequeña horquilla entre sus dedos como torciéndola y luego meterla en el hueco del candado.

-Lista granger, cuando le diga ya.

-Lista. - dijo apuntando con su varita justo al punto donde la horquilla estaba hincada, escuchó el sonido de pasos acercándose.

-Ya – trono la voz del hombre.

-Alohomora – dijo al tiempo que sintió como el hechizo le era devuelto impulsándola hacia atrás, procuro no apartar la vista del perro durmiente.

El collar cayó con el repiqueteo del metal y de fondo sonó la exhalación de sorpresa de quienes entraron al ver al animal y a las dos personas en el piso, dos segundos después las dimensiones del animal se empezaron a reducir a una fracción de su tamaño inicial, dejando tal vez un poco más grande que un labrador muggle. Parecía solo un cachorro, aunque estaba demasiado flaco, y había zonas donde parecía haber perdido el pelaje, era un despojo del enorme y feroz animal con el que habían estado tratando. Pareció querer alzar un poco una de las cabezas como despertándose, pero volvió a caer pesadamente en el suelo, el pobre estaba demasiado agotado.

- ¿Que le hizo al pobre animal? - gritó Harry que era parte de los que habían entrado. El hombre pareció no escucharlo, se levantó del suelo y recompuso su ropa.

-Él lo salvó - pronuncio Hermione tomando a su amigo del brazo para calmarlo – el collar tenía unas runas de crecimiento que se alimentaban de su núcleo mágico. Él se lo quitó.

-Señores, parece que necesita atención urgente. - dijo el mago mirando a los otros cuatro hombres que habían entrado, ninguno era de sus aurores así que solo podían ser de Criaturas – espero hallan verificado si el sujeto llevaba más animales encima, lo transportaba en una esfera, seguro querrán revisarlos por más objetos como ese collar.

Los hombres automáticamente movieron sus cabezas en señal afirmativa y se apuraron a revisar al perro mientras Snape se pasaba distraídamente la mano por el corte en la frente, la sangre aun húmeda, se giró y camino a pasos largos hacia la salida, antes de desaparecer del sitio y sin voltear habló.

-Granger, conmigo y traiga su maletín - los ojos de Hermione se abrieron a todo lo que daban mientras todos se voltearon a observarla, Harry era el más perplejo.

-¿Mione? - dijo señalando a la puerta con expresión confundida.

-Tengo que irme Harry, luego conversamos – dijo saliendo casi trotando del área y alcanzando a divisar en la distancia del pasillo la ondeante capa del hombre.


La oficina del hombre era tan austera como siempre, aunque claro, ella no había tenido la oportunidad de entrar aquí muchas veces, solo una en realidad; el día que la entrevistó para formalizar su ingreso al área médica del cuerpo de aurores. Todo seguía igual, las repisas con viejos tomos, el amplio escritorio de color negro con dos sillas en frente, una chimenea con una mesa de centro y un par se sillones. No había adornos, ni títulos, ni placas en las paredes. Solo libros y un armario enorme con ambas puertas cerradas.

Ella lo miró parada a una distancia prudencial de dos pasos mientras el hombre se quitaba la capa y la levitaba hacia el armario que había visto antes, debajo llevaba la casaca negra de doble hilera vertical de botones dorados que relucían y sobre los hombros los ribetes bordados en hilo de plata que anunciaban su rango en el departamento, las mangas largas se cerraban sobre unos guantes negros de piel que parecían hechos a medida. Su mirada lo recorrió a través de cada botón desde el que mantenía firme el cuello alto y hacia abajo, pensando en lo bien que le iba el uniforme lleno de botones de los aurores, seguramente el de cinturones cruzados no le vendría tan bien. La reluciente insignia redonda dorada con el símbolo ministerial se hallaba a la altura de la hebilla del cinturón.

Y su mirada siguió bajando hacia los pantalones de lana negro de campaña, con bolsillos superpuestos laterales y las botas de caña larga que le llegaban casi a una cuarta por debajo de la rodilla, lucían relucientes, seguro usaba algún tipo de hechizo en ellas porque no podrían verse tan limpias después de su pequeña excursión de la mañana. Al llegar ahí se asustó al pensar que podría haber notado el intenso escrutinio al que lo sometió y se sonrojó profusamente negándose a alzar nuevamente la mirada.

-Granger venga aquí - el hombre estaba parado junto a su escritorio, las manos firmemente presionadas detrás de la espalda, había notado la manera en que su mirada lo recorrió cuando se quitó la capa y no pudo evitar erguir más lo hombros e hinchar un poco el pecho, ya sabía que no era la musculosa mole que a ella le gustaba, pero al menos no quería parecer un desgarbado delgaducho. Ella alzó el sonrojado rostro al llamarla y casi lo hace sonreír ante ella, pero se contuvo a tiempo, seguro la chica saldría corriendo si lo llegaba a ver reír. Se acerco a él con lentitud y se imaginó como se sentía el enorme chucho con el que había tratado abajo, al que todo el mundo se acercaba de esa misma manera.

-comandante – la voz de la chica sonaba algo estrangulada, no había perdido el sonrojo al estar a un par de palmos de distancia de él.

-La cortada – pronuncio casi escupiendo las palabras

-Eh, si claro – la chica dejó el bolso en el escritorio y rebuscó sacando ungüentos y vendas entre otras cosas antes de volver a girarse hacia el hombre, hallándolo imponentemente alto frente a ella – bien yo – hizo un intento de llegar a la frente del hombre, pero noto que hacerle cualquier curación desde ahí iba a resultar realmente complicado, no es que no alcanzara, pero definitivamente sería más cómodo y rápido si él no fuera tan innecesariamente alto. - creo que sería mejor si se sienta señor.

El hombre dio media vuelta y retiró la silla de su escritorio para proceder a sentarse, ella se acercó con todas su cosas, con cuidado tomo el rostro de él y lo giró para poder ver bien la cortada, lo vio hacer una mueca al girar el cuello y llevarse la mano a la garganta para soltar el botón del cuello y el siguiente de abajo abriendo un poco la casaca para acomodarse mejor, estaba tan cerca, olía deliciosamente a una mezcla de hierbas y algo muy masculino que no pudo evitar que su lengua se asomara levemente entre sus labios como buscando paladear el sabor del aire alrededor de él.

-Así está mejor – dijo ella tratando de recuperar su compostura y empezó a limpiar la sangre seca del rostro viendo al hombre relajarse y cerrar esos profundos ojos negros y estirando las largas piernas. Esperaba no causarle dolor. Lo limpió y desinfectó para poder ver mejor el corte, parecía profundo así que procedió a colocar el ungüento, la voz del hombre casi la hace tirar el pomo sobre su prominente nariz.

- ¿Cuándo estará mejor?

-Bien, es un poco profundo, le dejare puesta una gasa...

-No cargare encintada la cabeza como si me estuviera muriendo – dijo entre dientes, rogando en su mente que no lo hiciera arrepentir de haberle pedido ayuda con eso.

-Oh no, señor, será más como una bandita, solo que más abultada y no tendrá que llevarla por mucho tiempo, para la tarde podrá quitarla y la herida abra desaparecido por completo, ni siquiera le dejara cicatriz – dijo viendo las variadas marcas algo más pálidas que su piel que adornaban diversos puntos de su rostro, visibles solo si estaba así de cerca, jamás lo había notado antes, él era un hombre que había sido muy lastimado.

-Ya – en toda la corta conversación no había abierto los ojos, no desea sentirse alelado viéndola de tan cerca, por momentos era capaz de sentir el roce de su aliento sobre él, receta para la desgracia.

-Señor. - pronunció con algo de inseguridad. La respuesta fue un murmullo como un ronroneo. - al hacerse esta herida ¿se golpeó el cuerpo?

- ¿Por qué? - respondió con los dientes apretados.

-Podría ser que necesite algún desinflamatorio, la cortada es profunda, el golpe debió ser fuerte y vi que – tragó grueso – hizo un gesto de dolor cuando giré su rostro, puede tener alguna contractura en el cuello, podría ponerle algo que lo aliviaría. Si así lo quiere.

Oh mierda, mierda, mierda, mierda. ¿Esa era ella ofreciéndole un masaje? Que se lo llevaran los demonios, como podría decir que no y no arrepentirse el resto de su vida. - no me sacaré la casaca solo para alimentar su curiosidad, Sanador Granger.

-No es por curiosidad, comandante. - dijo algo indignada - Solo quería ayudarlo y no necesitaría sacarse nada, solo hacer la cabeza un poco hacia adelante y le pondría el ungüento, será solo una pasada. La herida ya está.

Lo observó estar con los ojos cerrados y con la frente arrugada en expresión pensativa, estaba tan cerca de él que quiso alisar las arrugas con sus dedos, casi le picaban las manos por hacerlo.

-Como quiera – pronunció lentamente y casi silaba por silaba mientras echaba la cabeza hacia adelante sin abrir los ojos y casi dando contra ella que alcanzó a retroceder a tiempo.

Aprovechó para sacar el ungüento y con un leve susurro embebió en este un encantamiento de calor que ayudaría aún más a relajar los músculos, pondría una pasada por el cuello y le dejaría lo demás para que pudiera usarlo cuando quisiera. Las manos le temblaban un poco y su corazón estaba desbocado cuando finalmente apartó el cabello negro y puso sus manos sobre su cuello, tal como le prometió fue solo una pasada, bueno dos, sobre la parte posterior de su cuello.

- ¿Puede hacer la cabeza hacia atrás de nuevo? - dijo aun dudosa de su reacción. El hombre se movió.

Volvió a meter las manos entre su cabello y entre el cuello alto de la casaca, desviándose suavemente hacia los hombros por debajo de la camisa que llevaba debajo, contuvo un suspiro al sentir la piel cálida, trato de mantenerse lo más impersonal y profesional que pudiera pero no pudo evitar desviar la mirada, mientras aun masajeaba sus hombros, hacia su rostro de piel pálida y los ojos cerrados con largas pestañas negras, lucía tan relajado, casi había desaparecido cualquier línea de expresión de sus rasgos. La suave respiración del hombre y el movimiento de los ojos bajo sus parpados le indicó que se había dormido y profundamente. Lentamente retiró sus manos de él mientras se mordía con suavidad el labio. Él lucia perfectamente adorable.

Dio dos pasos hacia atrás alejándose de él procurando hacer el menor ruido posible, con un pase de su varita todo lo de su maletín quedo recogido, verificó de vista que la gasa en su frente estuviera bien puesta y se alejó dejando el pomo del ungüento sobre el escritorio. Que tan cansado podía estar el hombre para dormirse de esa manera ante la sencilla aplicación de una crema.

Le dio una última mirada antes de echar un hechizo silenciador a la puerta para poder abrirla y cerrarla sin hacer ruido. No pudo evitar sonreír ante la imagen del hombre durmiente, cerró la puerta casi con pesar de tener que irse. Ya afuera tomó un papel del escritorio de Cástor y lo transformó en un colgante de "no molestar" que colgó de la manija de la puerta, al menos procuraría facilitarle algo de descanso.


Otra vez la misma puerta blanca de siempre, la empujó por inercia, ya sabía quién lo esperaba del otro lado, caminó algo apresurado buscándola con la mirada y llegó a la sala donde ella siempre estaba, pero ahora no había rastro. Se paró en el centro de la habitación con la frente arrugada de la preocupación, podía ver las cortinas mecerse por el viento y consideró salir y buscarla en el jardín. Unas suaves manos taparon sus ojos antes de que se decidiera a caminar.

- ¿Quién soy? - le hablo con voz divertida, esa hermosa voz que acababa de escuchar en su oficina, aunque no con ese tono de juguetona alegría.

-El amor de mi vida – respondió ronco.

-Si, pero no, debes decir mi nombre – dijo volviendo a reír, el respondió riendo también.

-Alma gemela – dijo colocando sus mansos sobre las de ella.

-No, no, no. Debes decir mi nombre o no te soltaré.

-Quién te dijo que quiero que me sueltes, amor mío.

-Entonces si no dices mi nombre, no te dejare verme nunca más. - dijo recostándose sobre la espalda amplia del hombre.

-Este juego ya no me está gustando – dijo serio – ahora destapa mis ojos niña y deja que te abrace como se debe, luego podré besarte y si tengo suerte te arrastraré a nuestra cama.

-No, porque no quieres decir mi nombre. - ahora sonaba engreída. - hoy no habrá suerte para ti oficial.

-Estas aquí, solo por eso ya tengo suerte – se giró rápidamente, pero si abrir los ojos provocándole un grito a la chica y abrazándola por la cintura para pegarle a él.

-Dijiste que estabas en camino, ¿porque aún no llegas? - su voz ahora sonaba triste.

-No es tan sencillo. Debes soñarme primero. - ella otra vez tenía sus manos cubriendo sus ojos y el dejó caer la cabeza hasta apoyar su frente en la de ella.

-Yo siempre te sueño. Eres tú quien no quiere aceptarlo.

-Hermione - susurró el hombre y sintió como sus manos dejaron de tapar sus ojos y pudo verla por fin, tan radiante y hermosa frente a él, con esa profunda mirada de amor en sus ojos.

-No demores más.

Completamente sobresaltado se despertó casi a punto de caer de la silla por el movimiento brusco, estaba aún en su maldita oficina, el olor de las hierbas de lo que sea que ella le había puesto lo rodeaba. Su mirada abarcó la oficina completa notando que la sanadora se había ido. Se pasó ambas manos por la cara intentando despejarse. No era posible, seguro era solo porque lo había estado curando, no podía ser ella. Se levantó y de una patada alejó la silla. No podía ser ella. Su pecho subía y bajaba con su fuerte respiración angustiada. No podía ser ella, no debía ser ella. Si era ella, todo estaba perdido porque ella, ya tenía a alguien a quien amaba y en su vida no había espacio para el amargado y taciturno hombre que era Severus Snape.

-Mierda – susurró mientras pasaba las manos por sus hombros recordando el toque de ella, ahora que lo notaba sus hombros y cuello hace siglos que no se sentían tan bien y entonces lo vio, ella le había dejado la mezcla de ungüento, seguro suponiendo que necesitaría más. Se acercó al escritorio y lo tomó destapándolo, olía a hierbas. Lo cerró y volvió a acercar el pomo a su nariz y sintió el tenue aroma floral de ella. Suspiró mientras apoyaba el cuerpo contra el escritorio. Mierda, era ella.


Caminaba con prisa por los pasillos, lo único que deseaba erra llegar a su escritorio, correr la cortina e intentar recuperar su cordura, no sabía que se le había metido al cuerpo para hacer lo que había hecho, nada más y nada menos que con el Jefe del departamento de aurores en persona. Una mano sobre su brazo la detuvo en su huida.

-Hermione, me puedes explicar qué diablos fue todo eso - Harry definitivamente no estaba de mejor humor.

- ¿De qué hablas? - dijo intentando esquivar el tema.

- ¿es en serio? ¿de qué hablo? No sé, ¿de qué será? Tal vez, digo yo, se me ocurre, que sea de ti y Snape yendo a meterse a su oficina, que dices ¿puede que sea de eso?

-No te va bien el sarcasmo Harry. - dijo la chica cruzándose de brazos

-Y a ti no te va bien la hipocresía, me dijiste que no lo busque y ahora ¿resulta que eres su amiga?

- ¿Su amiga? De que rayos hablas – comenzó a notar a los aurores y el resto del personal que iba y venía por ahí y lo que menos quería era que alguien medio escuchara algo y crearan alguna especie de chisme. Tomó del brazo a Harry y tiró de él hasta meterlo a un armario de cosas de limpieza.

-En serio Hermione, tantas ganas de congraciarte con él tenías que ibas a pasar ¿por encima de mi?

-Encima de ti – la chica hizo un gesto desesperado con las manos – estas llevando esto muy lejos Harry, necesitas controlarte.

-Tú necesitas controlarte – dijo Harry enojado.

-Soy el medimago de turno Harry y él estaba herido, ¿Qué esperabas? ¿Qué te pidiera ti que cures la cortada de su rostro?

-Vamos Hermione, eso no te lo crees ni tú, llevamos aquí dos años y jamás hemos visto a Snape atenderse en la enfermería, es más, dijiste que no lo habías visto desde que ingresamos y ahora resultan que están juntos salvando un perrito de la calle y luego ¿se van a su oficina? ¿Para q lo cures? ¿Después de una vida entera curándose solo de cosas mucho peores que un rasguño en la frente?

-Me pidió que cure su maldita cortada Harry, no estuvimos ahí haciéndonos confesiones de nuestras vidas. Es Snape, Harry. ¿Qué crees? que, porque salvamos un perrito, como dices, ¿nos volvimos íntimos amigos? Es Snape.

Harry la miró un poco más calmado, pero aun algo enojado. - no entiendo porque te pidió ir a su oficina, he hecho de todo por entrar ahí y jamás me lo permite.

-Si bueno, yo jamás lo he intentado siquiera y hoy recibí una gélida invitación que sonó más como una orden, así que, ¿porque no pruebas a hacer eso?, simplemente deja de intentarlo. - dijo la chica ya exasperada, su amigo podía ser muy inteligente, muy maduro para unas cosas y luego un completo niño para otras.

El chico se rascó la cabeza alborotándose más el cabello, una manía que no había perdido con los años. Resopló y dejó caer la cabeza.

-Lo siento

-Si bueno yo también, si llego a saber que te pones así le digo que necesito ayuda para curar una cortada y te llevo conmigo para que al menos nos mande a los dos con viento fresco – terminó casi riendo – aunque seguro me despediría por inoperante, ya sabes, no poder curar una herida sin asistencia de mi amigo.

-Se que me puse algo loco Mione, de verdad lo siento, es solo que me desespera, parece que siempre se vuelve abierto con todo el mundo menos conmigo, digo, se lleva de maravillas con los integrantes del Alfa, luego apadrina a Cástor y ahora te vuelve su medimago personal y yo, yo sigo sentado...

Hermione notó la tristeza en su voz y se acercó a abrazarlo.

-Sigo sentado bajo la maldita escalera esperando que algo increíble pase y que resulte que si tengo alguien que de verdad quiera cuidar de mí. - terminó al tiempo que le devolvía el abrazo – sé que ya no soy un niño y que no necesito que alguien me cuide, pero ahora que ya no están Remus ni Sirius, siento que él es todo lo que me queda.

-Nos tienes a todos Harry, somos tus amigos y nos preocupamos por ti, y a él, dale tiempo y algo de espacio, tal vez a la larga te acepte de a poco. Pero deja de encimarte a él, es obvio que es el tipo de persona que odia eso – y se sintió, ahora sí, realmente hipócrita al aconsejarle eso después de haberse casi tirado encima de él en esa oficina, escondió la cara en la túnica de auror de Harry para que este no pudiera ver su sonrojo.


-Entonces hermanito, ¿cómo planeas hacer la gran pregunta? - ambos gemelos estaban apoyados sobre el mostrador en el que su hermano menor atendía a los clientes de la tienda, parecían altamente interesados en el futuro romántico de este.

- ¿Cuál será el gran gesto para ponerte el laso al cuello? - dijo George haciendo la mueca del ahorcado con su corbata.

-Si, ya, lo haremos el día de la cena del cumple de Mione.

-Ya y ¿qué harás? - soltó Fred girándose hacia Ron.

- ¿Muchas flores? - dijo el otro.

- ¿Fuegos artificiales con la pregunta? - Fred soltó chispas de la varita.

-Lo puedes escribir con hadas, podemos ayudarte con eso. - con las manos George imito hadas volando frente a la cara de Ron que lo manoteó.

-O con libros levitando, eso seguro le gustaría - dijo Fred sentándose sobre el mostrador.

-Puedes hacerlo cantando, tenemos los dulces para que te escuches como todo un pajarillo cantor.

-Podrías escribir la pregunta con chocolates, las mujeres aman el chocolate.

-Los mimos mágicos también son buenos para eso. - soltó George haciendo el movimiento del mimo encapsulado

Hablaban en rápida sucesión, Ron casi no podía seguirles el ritmo mirando del uno al otro.

-Bueno en realidad planeaba, ya saben, pararme al final de la cena y decirles que nos vamos a casar y ya – dijo levantando los hombros, no veía el motivo para hacer tanto por algo que ya estaba definido.

- ¿Qué? - Fred lucia completamente incrédulo.

-Dime que es broma – George lucia casi asqueado.

El pelirrojo menor los miro con cara de no entender.

-No puede ser cierto

-Hay más romance en un gusarapo que en él, definitivamente. - dijo Fred al tiempo que George se apoyaba sobre sus piernas.

-Hey, gracias hermano. Solo creemos que no hay motivo para armar un escándalo, no es como si todos no lo supieran ya.

- ¿Eso piensa ella? - dijo un gemelo viéndose desconfiado

- ¿Hermione?

-No, la abuela. Obvio que Hermione. - respondió el otro gemelo.

-Bueno, no sé, supongo. Ya le dije que mama dice que ya es momento de casarnos y ella dijo que bueno, así que para que hacer preguntas y flores y todas esas cosas.

-Porque a las chicas les gusta. - Fred hizo una mueca de asco

-Y si la amas quieres hacer algo que le guste. - George respondió haciendo un corazón con las manos.

-Ya – respondió el chico con desgana mientras se pasaba la gran mano por el cuello.

-Porque ¿la amas verdad? - pregunto uno.

-Sí, claro – dijo con voz baja.

-Prueba a decirlo con algo más de convicción hermanito. - dijo el otro.

-Sí, ya, es solo que... no sé. - dijo alzando la mirada hacia el techo – es solo que a veces es todo tan...

- tan ¿qué? - preguntaron los dos al tiempo.

-Aburrido creo. - terminó Ron con voz fatalista.


Holi

Me atrase para publicar lo se, surgieron cosas estas semanas pero como compensación este cap es algo mas largo y espero que les guste, ya va tomando forma y nuestro necio caballero empieza a aceptar la realidad, espero se animen a dejar un comentario.

Yetsave: Holaaaa y si yo también creo que Harry es un gran chico, solo que considero que tendría derecho a ser caprichoso acerca de su relación con la única persona que podría tener un vinculo con sus padres, mas si esa persona parece no querer dejarlo acercarse, por eso se comporta asi, es con Snape como un niño que necesita atención de su padre. Si Molly es un poco metiche y a Ron le faltan un poco de pantalones jeje.

Dinas´moon: que bueno que te guste, si, ahce tiempo que tenai guardada esta trama de Eileen y también tenia la de los sueño, luego juntarlas fue muy fácil, no sabia si iba a gustar pero parece que no esta mal y bueno ahora ya acepto que es ella y solo queda ver que va a hacer con eso y que hará Hermione ahora. Gracias por comentar y espero que sigas dejando tus coment.

Noxllar: Ah caramba! Gracias por eso y que bueno que te gusten tanto y no dudes en dejar mas comentarios, me hacen taaaaan feliz.

Saludos

KAD