El cuento de la gran Scargot Pudding
"Cuando los diálogos estén entre comillas y las letras estén así son pensamientos"
Cuando los diálogos estén así significan que es un recuerdo o algún evento del pasado
Capitulo Único
Okey, aquí va un fic que no tiene un gran propósito. Solo agregarle un contexto a una de las mejores obras escolares improvisadas de todos los tiempos: ¡La historia de Panaberto Pecopon y Scargot Pudding! XD XD XD
- Aclaración: si bien me apegue mucho a los diálogos del doblaje latino, también tome cosas de la versión japonesa original porque me gustaron e hizo una mezcla entre ambos. Para que entiendan mejor:
Nombres: (original) Scargot Pudding (doblaje) Scargot Prim
(original) Pierre Panacota (doblaje) Pierre Piloncillo
(original) Hannabart Pecopon (doblaje) Panaberto Pecopon
Ya hecha esta aclaración, comiencen a leer...
Erase una vez, en un pacífico reino muy lejano ubicado en algún lugar de Francia, un imponente castillo donde vivían un viejo y severo terrateniente en compañía de su querida hija; una bella y valiente princesa de nombre Scargot Pudding.
Físicamente, la princesa era una hermosa jovencita con piel blanca y suave cual pétalos de una rosa, labios y mejillas rosadas como las de una flor de cerezo florecida y largo cabello negro oscuro como el plumaje de un cuervo.
Pero no solo era bella.
A diferencia de otras damas nobles que solo se preocupaban por las fiestas, joyas, vestidos o como destacar en la alta sociedad, la princesa Scargot era una joven sencilla con un corazón bondadoso que siempre se preocupaba por los demás y buscaba formas de mejorar la vida de los más necesitados. También era inteligente, talentosa en distintas artes, elegante y podía ser tan valiente como cualquier caballero.
Todas estas cualidades eran motivo de admiración y adoración entre los sirvientes del castillo y los aldeanos quienes amaban con fervor a su princesa y le demostraban su infinito respeto cada vez que se paseaba por el pueblo en compañía de sus damas de honor o caminaba por los pasillos de su hogar.
Hermosa, virtuosa y lista. Para quienes la conocían no existía una princesa más perfecta que la señorita Scargot Pudding. Su vida era un sueño hecho realidad para cualquier chica.
O eso se creía hasta que un día, de forma bastante inesperada, la princesa llamo con una impaciencia inusual en ella a su fiel dama de honor, Josefina, para hacerle un inesperado encargo...
– ¡JOSEFINA! ¡JOSEFINA!... ¡¿En Dónde Estás?! – grito, bueno casi, la princesa mientras caminaba de un lado a otro en el salón en un intento por disminuir su angustia.
– A... ¡Aquí estoy señorita Scargot Pudding! ¿Se le ofrece algo? – dijo la doncella de vestido verde y cabello corto mientras entraba con premura al cuarto.
La princesa entonces apartó su abanico del rostro mostrando una expresión seria que confundió a Josefina ya que su señorita siempre lucia alegre y despreocupada...
– Lamento decirte esto... ¡Pero me urge contraer matrimonio! – Anuncio mientras apuntaba a su doncella con su abanico – ¡Necesito que me busques un buen partido!
Dichas estás palabras la princesa giró sobre sus talones y de nuevo cubrió la mitad de su rostro con el abanico, evitando la expresión de desconcierto de Josefina...
– E... Esta bien. – Balbuceo la chica, antes de preguntar con timidez, – Pero... ¿No cree que es algo precipitado?
– ¡NO JOSEFINA! – Bramó la princesa, mostrando otra emoción que nunca se había visto en ella: furia. – ¡¿O acaso no vas a acatar mis órdenes?!
– ¡S-Si! ¡Enseguida se lo buscaré! – Respondió Josefina, quien por los nervios tropezó con la alfombra y cayó al suelo cuando intento salir de la sala corriendo (pero de inmediato se puso de pie).
Ni Josefina, ni la servidumbre del castillo, entendían este cambio de carácter en su siempre dulce y amable princesa. Pero por sobretodo no entendían su pedido...
¿A qué se debía este repentino deseo de contraer matrimonio?... Si bien era cierto que la señorita Scargot Pudding estaba en edad casadera, y su padre (así como el pueblo entero) esperaban con ansias que su querida princesa contrajera matrimonio con un joven digno de ella y diera a luz a un heredero para el clan Prim; en realidad la señorita jamás, hasta aquella tarde, había mencionado o siquiera mostrado interés en la idea de casarse y ser la esposa de alguien.
Sin embargo, nadie hizo preguntas y la nerviosa Josefina obedeció a la orden que le dieron, consiguiendo un excelente pretendiente para su princesa.
Su nombre era Pierre Piloncillo.
Pertenecía al poderoso clan Panacota y cuando se presentó en el palacio todos estuvieron de acuerdo con que era la pareja perfecta para la heredera del castillo.
Era un joven apuesto y educado. Con impecable cabello castaño y ojos gentiles, que junto con su carácter amable y honesto lo convertían en un auténtico príncipe de cuento de hadas.
La princesa Scargot lo conoció formalmente en la celebración de su cumpleaños número 17 y tras compartir varios bailes y hablar un poco con él quedó bastante satisfecha y pensó que quizás, algún día, podría amarlo...
Al día siguiente ambos jóvenes se comprometieron.
Pierre era dulce y cariñoso con su novia. La colmaba de obsequios y halagos. Era romántico y escuchaba con atención todo lo que decía su prometida. En cuanto a Scargot, ella siempre correspondía a sus atenciones con una sonrisa y una respuesta amable, actuando como la perfecta futura esposa del príncipe del Clan Panacota (tal y como se esperaba de ella).
El día antes de la boda, tras un mes de idílico compromiso, el príncipe y la princesa salieron del paseo al bosque que se conectaba al jardín principal de la mansión para tener una cita. Al llegar a un claro solitario pero hermoso, aislado del mundo exterior, Pierre aprovecho la ocasión para reafirmar los sentimientos que tenía por su amada.
– ¡Oh Scargot! – Dijo Pierre, de forma apasionada. – ¡Eres el sol de mi vida! Mi flor... ¡El néctar que endulza mi vida!
– Me haces muy feliz Pierre Piloncillo. – Respondió Scargot, juntando sus manos, regalandole al joven su sonrisa más alegre. – Quiero decirte que tú también me...
– No, aún no digas nada... ¡Anda corre a mis brazos chiquita mía!
– ¡Pierreee!
– ¡Scargoooot!
La melosa pareja corrió el uno hacia el otro para fundirse en un romántico abrazo que recordarían por el resto de sus vidas.
– ¡ALTO AHÍ!
Pero cuando la pareja estuvo a punto de tocarse, una misteriosa figura cayó del cielo y los separó de golpe en medio de una gran nube de polvo que al disiparse reveló a un apuesto muchacho vestido con ropas extranjeras de un color rojo carmesí, que lo cubría de pies a cabeza, con larga cabellera plateada cual rayos de luna y unas tiernas orejitas de perro en su cabeza.
El desconocido se alzó en toda su estatura en medio de la pareja, gruñendo como si fuera un animal salvaje, mirando encolerizado a Pierre.
– Engendro... Dime ¿Qué es lo que pretendes? – Dijo el extraño, quien a pesar de que no alzó la voz aun así le transmitió a sus palabras un tono peligroso y amenazante.
– Yo... Solo soy... – Musitó Pierre, sin comprender nada.
Scargot al ver la escena de inmediato se puso en pie y corrió hacia el extranjero tomándolo de la manga de su traje...
– ¡No Se Atreva! – ordenó la princesa.
Y si bien esta muestra de coraje ante un extraño obviamente peligroso no sorprendió al príncipe, ya que como se dijo antes una de las cualidades que poseía la princesa Scargot era su gran valentía, sus siguientes palabras si lo hicieron...
–... No quiero que ustedes peleen por mí... ¡Se lo suplico, no le haga nada! – Rogó la princesa, con una expresión lastimera en su rostro.
Y el extranjero, contra todo pronóstico, ni rechazo la cercanía de la princesa, ni reaccionó con violencia a sus palabras, respondiendo a súplica con una extraña familiaridad.
Como si la conociera de toda la vida...
– Oye... ¿Que tienes? ¿Estas loca? – preguntó el muchacho de orejas de perro mirando preocupado, y muy confundido, a la princesa.
Resultaba que, durante más de un año, la princesa Scargot Pudding se había estado viendo en secreto con un joven mitad hombre, mitad bestia, llamado Panaberto Pecopon. Aunque en la superficie parecía un simple extranjero mitad monstruo malhumorado y grosero que siempre buscaba pelea, la princesa pronto se dio cuenta que este no era su verdadero carácter y que debajo de su duro exterior aquel Hanyou (como les decían en Japón a los que, como su amado Panaberto, eran fruto del encuentro entre un humano y un monstruo) poseía un corazón de oro amable y bondadoso lleno de calidez. De hecho mientras más tiempo pasaba con él, más virtudes descubría...
Y sin darse cuenta acabo perdidamente enamorada de aquel extraño, pero adorable, muchacho con orejas de perro.
De manera similar, aunque Panaberto inicialmente trato con hostilidad a la princesa, desconfiando de ella por su pasado, la amabilidad y terquedad de Scargot lograron derrumbar las barreras del joven mitad bestia y poco a poco, sentimientos de cariño por la dulce princesa comenzaron a florecer en su corazón, mostrándose más amable y protector con ella.
Así, lo que al principio comenzó como una curiosa amistad, se convirtió en un apasionado romance cuando los dos reconocieron sus sentimientos el uno por el otro. Por fin habían encontrado a sus almas gemelas.
Scargot era feliz pero en secreto una parte de ella sufría debido a que pensaba que su amor por Panaberto nunca sería aceptado por el pueblo o por su padre...
Y sus suposiciones resultaron estar en lo correcto.
Cuando su padre descubrió a través de un sirviente que su única hija y heredera se estaba reuniendo en el bosque con un sucio híbrido (como el lo llamaba) de inmediato le prohibió Scargot que nunca más lo volviera a ver o de lo contrario se encargaría de eliminarlo de su vida para siempre.
Con el corazón roto, la desconsolada princesa prometió entre lágrimas que nunca más volvería a verse con Panaberto y que, a cambio de que no le hiciera daño, se comprometería con un hombre "adecuado" (por eso la repentina orden a Josefina de que le buscará un esposo).
Para no ponerlo en peligro, Scargot decidió no despedirse (en parte porque le destrozaba el alma reunirse con él para solo decirle "adiós") y no se había vuelto a ver con su amado desde aquel día en que hizo aquella horrible promesa con su padre.
Pero en ningún momento se le ocurrió que sus decisiones darían pie a esta situación..
– ¡Se lo suplico Panaberto Pecopon! – Imploro la princesa Scargot, apartando la mirada de ambos jóvenes por la vergüenza de sus acciones... – Yo soy quien tiene la culpa... ¡Por eso no lo lastimé! – Entonces su mirada se posó en su prometido; – ¡Pierre, por favor huye! ¡No quiero que te involucres en esto!
Pero la princesa subestimó el enamoramiento del príncipe por ella. Ya que este (debido a que no tenia idea de lo que ocurría) al ver a ese joven de apariencia extraña tan cerca de su prometida sintió los celos hervir su sangre y se negó al pedido de Scargot...
– ¡NO! ¡JAMÁS ME IRÉ DE AQUÍ! – Bramó Pierre con decisión, para luego mirar desafiante al extranjero. – ¡APARTATE DE MI QUERIDA SCARGOT!
El pánico invadió el cuerpo de la princesa... Esto no estaba resultando para nada bien...
– ¡Quita tus sucias manos de mi princesa, Panaberto! ¡Te reto a un duelo para decidir quién de los dos se quedará con Scargot! – Al mismo tiempo que decía estas palabras, Pierre desenvaino su espada y apuntó a Panaberto.
Pero lejos de intimidarse, Pecopon, que durante todo el tiempo que el príncipe habló estuvo observándolo con desinterés (y hasta un poco de aburrimiento), respondió al desafío con un confiado...
– ¡Perfecto!
...para a continuación sacar también su propia espada la cual era más poderosa y magnífica que la de su rival (cuya arma parecía un insignificante juguete al lado de esta).
Por otro lado, la princesa estaba aterrada "¿Por qué tiene que pasar esto?" se preguntaba en su mente una y otra vez. Ella solo había querido proteger a su verdadero amor y ahora el inocente Pierre moriría por su ineptitud.
Desesperada, la princesa Scargot le rezó al cielo por un milagro que detuviera aquel duelo tonto que estaba por ocurrir. Y justo en ese momento, la tierra comenzó a temblar... ¿Un terremoto?
Entonces del suelo surgió una enorme criatura redonda de piel verde con rayas negras, dientes humanos, y enormes colmillos filosos que curiosamente parecía una sandía...
– ¡¿Un Monstruo?! – exclamó la princesa Scargot, incrédula.
– Ah, con que estaba escondido en este lugar... – Fue la tranquila reacción de Panaberto.
Entonces la princesa Scargot recordó que la primera vez que se conocieron, Panaberto dijo que la razón por la que había venido a las tierras de su padre era porque estaba siguiendo el rastro de un peligroso monstruo llamado "Cabeza de Sandía" el cual se alimenta de las emociones negativas de las personas y si se lo dejaba suelto por mucho tiempo podría volverse muy peligroso.
Y aquí estaba (después de todo no había mentido).
– Hmp! Dejaremos nuestro duelo para después. – dijo Pierre concentrándose en el monstruo.
Panaberto contuvo una risita... – Tienes suerte. – fue su respuesta.
Sin más, Pierre comenzó a correr hacia "Cabeza de Sandía" con la espada en alto gritando con todas sus fuerzas...
– ¡TOMA ESTO MONSTRUO!
... pero la princesa ya no iba a poner al príncipe en peligro. No si podía evitarlo...
– ¡PECOPON, HAZ ALGO AHORA! – gritó Scargot.
– No es necesario que me lo digas bien... – dijo Panaberto y agitó su espada...– ¡VIENTO CORTANTE!
Una fuerza destructiva surgió de la espada y arrasó con "Cabeza de Sandía" sin dejar ni un solo rastro de su existencia.
Maravillada por el logro de su amado, la princesa Scargot casi se desmaya mientras lloraba lágrimas de alivio...
Pierre, en cambio, se quedó de pie estupefacto, observando las secuelas que el "viento cortante" había dejado en el suelo tras acabar con el monstruo, boquiabierto por el poder que poseía su rival.
– ¡Ja! Qué tal ¿eh? – Presumió Pecopon.
Y en ese momento de extraño silencio, la princesa Scargot decidió tomar una decisión que debió haber hecho desde el principio...
– Huyamos Pecopon. – dijo la princesa aferrándose a la manga del traje de su amado.
– ¿Eh?
– Se lo suplico, lleveme en sus brazos y huyamos de aquí. – Scargot entonces señaló el cielo sobre ellos. – ¡Quiero que usted y yo demos un paseo por las nubes!
- Entonces... – dijo Kagome, colocando su títere de mano de Scargot Pudding en la espalda del títere de mano de Inuyasha/Panaberto mientras simulaba una escena de vuelo moviendo ambos juguetes delante de un fondo azul con nubes de algodón cargado por Yuka y Ayumi... – El apuesto Panaberto Pecopon tomo en brazos a su amada con ternura y se la llevó lejos de su padre, el castillo y todos aquellos que se oponían a su romance.
... De esa forma niños, Scargot Pudding pudo renunciar a los momentos de amargura para ser una mujer muy feliz al lado de su verdadero amor. Fin. -
Al instante, aplausos y gritos de alegría se hicieron presentes en el público infantil de preescolares que había estado escuchando la historia y viendo los títeres con atención desde que la Higurashi inicio la narración de la obra.
El ruido llegó a tal punto que la maestra, quien había estado viendo la obra de las colegialas desde su escritorio, se puso en pie y llamo al orden varias veces hasta que los niños se calmaron e hicieron silencio.
Kagome, que tenía en ambas manos un títere de Inuyasha y otro de Scargot Pudding, Eri, con un títere de Pierre en su mano derecha y una muñeca disfrazada de Josefina en su mano izquierda, Yuka y Ayumi, quienes sostenían un teatro improvisado hecho con pintura, papel de colores y una caja de cartón, hicieron una leve reverencia antes de retirarse del salón en medio de una segunda ovación infantil bastante satisfechas con ellas mismas.
Resulta que la obra de Eri protagonizada por Hojo y Kagome, con la participación sorpresa de su novio, había sido tan exitosa en el festival escolar que el director de una guardería cercana les pregunto si podrían hacer una actuación especial para sus alumnos.
Eri acepto encantada pero debido a que Kagome había prácticamente cambiado toda la historia que le tomo tres noches desarrollar al incluir, sin consultarle, a su novio y darle un final menos trágico a Scargot, no tuvo más opción que esperar a que su amiga regresará a la escuela para pedirle (obligarla) a escribir un nuevo guión que plasmara lo que se vio en la obra y también explicara la historia de Scargot Pudding con el chico de kimono rojo.
Como el novio de Kagome estaba fuera de la ciudad, y el era único que tenía el teléfono del sujeto de Hollywood que le prestó los efectos especiales que uso para interpretar a Panaberto, no tuvieron otra opción que contar la obra de otra manera y ya que el público principal eran niños pequeños Ayumi sugirió que usarán marionetas.
Y así es como finaliza la historia de la gran Scargot Pudding y Panaberto Pecopon. Una historia de amor tan épica como su creación misma...
FIN
Bien, ¿Que les pareció? XD Dejen Reviews
Personalmente estoy bastante satisfecha de como quedó este fic ya que esta es la primera historia que escribo y subo desde mi teléfono. Es que la pantalla de mi computadora (que ya estaba por fallecer) murió y a raíz de eso, aunque suene un poco extraño, perdí la inspiración para escribir (en parte, porque ahí tenía muchos fics casi terminados que no alcance a terminar y salvar T_T) y eso (junto con mi perfeccionismo) provocaron que durante toda la cuarentena mis ganas de escribir estuvieran por los suelos.
De todas las historias que he estado intentando escribir en el teléfono, está es la primera que logró completar. Todavía extraño la computadora, pero por ahora voy a tener que acostumbrarme a escribir aqui.
