—Todos iremos a casa de Steve. —Susurrando. —Dijo que las amigas de su novia estarían ahí.

Devlin volteo a ver al grupo de chicas que se comenzaban a reunir alrededor de su compañero de clase Steve. Chicos normales haciendo planes normales después de clases. Experiencias que estaba comenzando a entender sería difícil vivirlas.

No era el hecho de pertenecer a su familia, la familia que abrió el paso a la migración alienígena y la conciencia de la existencia misma de esta en la sociedad del siglo XXI. No, no era eso. Kenny no parecía tener problemas con ello para vivir como un chico semi normal y hasta "popular".

Había algo en Devlin que lo hacía diferente al resto. Algo que le hacía imposible encajar del todo con el resto de sus compañeros. La mayoría de las veces ignoraba este hecho, pero en otras ocasiones había una sutil diferencia que no podía dejar pasar y simplemente le cerraba el camino a lo que tanto quería un chico de su edad, pertenecer.

Suspirando no vio otra opción más que ignorar la invitación e ir al mismo lugar al que iba cada viernes desde que tenía memoria. —Sabes que no puedo hoy.

No importaba ver la cara de decepción en la cara de su primo, no es como si tuviera muchas opciones. Aunque la cita de ese día fuera la principal causa de su enojo del día de hoy Devlin realmente necesita llegar lo más pronto posible.

El sonido del claxon de un auto se escuchó a lo lejos, volteo para ver que su madre lo esperaba puntual como cada viernes. Devlin se alejó sin despedirse del grupo de chicos que comenzó a acercarse con su primo. Una vez en el auto lanzo su mochila en la parte trasera y se dejó caer en el asiento del copiloto.

—¿Cómo te fue hoy Dev? - Mientras su madre ponía en marcha el auto, Devlin podía ver a través de la ventana del conductor como unas de las chicas hablaban y reían mientras miraban en su dirección. Unas con burla y otras con miradas más incrédulas que asustadas.

Reconoció a una de ellas. Sarah Mackenzie una compañera de clase que tuvo por casi 6 años. Nunca fue su amiga, pero constantemente llegaba a verla en su destino de los viernes ya que su padre tenía un despacho en el edificio cruzando la calle.

No podía escucharlas, pero podía imaginar el motivo de su risa.

—Bien supongo, lo de siempre.


—Muy bien Devlin, cuéntame ¿Cómo te sentiste esta semana?

—Bien. - De nuevo una respuesta sencilla, se estaba convirtiendo en aficionado de oraciones cada vez más cortas, al menos con algunas personas.

—Se que ha habido algunos cambios en tu rutina diaria. ¿Eso no te genero algún tipo de estrés? ¿Algún cambio en tu mapa mental? "

El sonido de las manecillas del reloj parecía sonar cada vez más fuerte. ¿Acaso era… indecisión?

A Devlin realmente le agradaba la Dr. Borges. La conocía casi de toda la vida. Ella tenía la habilidad de saber exactamente que decir para no hacerlo sentir culpable, de entender sus emociones mejor que él.

Incluso soltar la mierda que había en su cabeza no sonaba tan mal si era ella la interlocutora, además de que no era tan sobreprotectora con su mente como lo eran sus padres.

Era agradable hablar con ella, pero a veces no podía sacarse de la cabeza que si no tenía cuidado todo lo que dijera podría ser usado en su contra. Su psiquiatra de toda la vida era como una doble espía. Sabía que no tenía sentido, pero esa voz en su cabeza a veces sonaba tan fuerte…

—Si se refiere al traslado de mi padre y que ahora este menos tiempo en casa no se preocupe estoy bien con eso. Ese no es el problema de esta semana.

—Bien, entonces. ¿Cuál es?

—Es todo esto, es asfixiante. Se que ya lo habíamos hablado y sé que dije que me dejaba de importar, pero no dejo de pensar que… - Devlin se froto la cara frustrado pensando en tener cuidado en las palabras que escogería a continuación. —No dejo de pensar que esto es muy sospechoso. Ambos lo sabemos, mi familia lo sabe. No he tenido ningún tipo de pensamiento esquizofrénico, psicópata o depresivo como para tener que venir al psiquiatra varias veces al mes. Como para tener que tomar medicamentos todos los días ¡ES ABSURDO!

—Devlin, ¿Estas consiente de que esa falta de pensamientos son el resultado de esos medicamentos y de tus constantes citas conmigo?

—¡PERO NO LAS NECESITO! - Se obligo a respirar y callarse, o al menos bajar la voz, solo estaba demostrando el punto de la Dra. y de todos si seguía así.—No he tenido arranques de locura como dicen que mi padre las tuvo alguna vez, no he absorbido energía que no puedo controlar, mis poderes ni siquiera funciona bien. No entiendo el porqué de tanta precaución.

—Devlin, tus padres hacen esto porque conocen tus… necesidades y saben de primera mano lo que pasa cuando un osmosiano tan joven no cubre con todas esas necesidades. Ellos se preocupan por tu salud mental, tu madre y tu padre quiere que tengas una vida larga y feliz sin todos esos obstáculos que tuvieron que pasar, se preocupan…

—Ahí esta esa palabra de nuevo. No se preocupan, o al menos ya no lo parece. Se siente como si… me tuvieran miedo.

—¿Miedo de que?

—De lo que sea en que me pueda convertir si no me tienen vigilado las 24 horas del día. De lo que podría pensar o hacer si no me tomara mis pastillas hoy. ¡Demonios! A veces siento que las pastillas que me hacen tomar por mi supuesta salud mental son las que atrofian mis poderes y no me permite desarrollarlos mejor. Sería un ganar ganar para ellos. Tendrían un hijo sumiso y además inofensivo.

-… ¿Devlin ha dejado de usar algunos de tus medicamentos?

-No. Pero me gustaría. No dejo de pensar que esto es un sucio plan para contenerme, o que… —Se detuvo un instante y miro hacia otro lado. Devlin odiaba esa sensación de vulnerabilidad en temas como estos porque lo hacían sentir un niño pequeño -… O que incluso es un plan para alejarse poco a poco.

—¿Tiene sentido que tus padres se alejan Dev?

-No. Es decir, ellos son buenos padres. Siempre han buscado la manera de estar cerca de mí a pesar de sus apretadas agendas… Pero el hecho de que mi papá aceptara ese trabajo después de tantos años justo en el momento en que mis poderes comenzaron a hacerse más inestables al punto de que aumentaran mi dosis de antidepresivos y tuviera que volver a usar estos ridículos guantes de protección. Me da la impresión de que se alejó… porque tiene miedo de su propio hijo.

—Se que no he hablado con él de este tema, pero si he tratado con tu padre en diferentes sesiones. No es un secreto para nadie que te ama al igual que tu madre.

—¿Entonces por qué se fue? Es el único osmosiano en la galaxia, el único que en verdad podría entender cómo me siento. Estuvo toda mi niñez cuando era fácil y ahora se va. - Devlin da un largo suspiro. Por una fracción de segundo la racionalidad llega a su mente y procesa mejor la avalancha de emociones que es su cabeza. —Supongo que solo es esa voz en mi cabeza que me dice constantemente que algo está muy mal aquí.

—¿Te tiene sentido paranoico Devlin?

Y sus alertas sonaron. Tal vez dijo más de lo que debía en esta sesión.

Rascándose la nuca busca una manera de salir del problema en que se iba a meter. —Bueno, no lo diría así.


—Te dije que estaba actuando extraño desde hace unas semanas. —Gwendolyn estaba sentada en la sala de espera del consultorio, con su comunicador cerca de su rostro y volteando a ver la puerta cada tantos segundos en la espera de su hijo.

—Estará bien, no es la primera vez que subió un poco su dosis ni será la última. Sabíamos que habría cambios en la pubertad. —Kevin contesto del otro lado de la línea. —Pero supongo que no fue el mejor momento para aceptar este puesto en el proyector.

—Nunca es buen momento para aceptar algo así. Era algo que tenias que hacer. No te llamo para culparte, solo quiero que estés mas al pendiente de él. Nos necesita a los dos ahora más que nunca.

—Ya había pensado en eso. Estoy buscando la forma de estar en casa más tiempo. Necesito que lleves a casa algo por mí.

—Kevin tienes un puesto importante ahora. No tocare nada ilegal.

-¿Qué? No estoy hablando de eso, es un…

Al ver que Devlin entraba a la sala de espera con la Dra. Borges siguiéndole los pasos Gwendolyn no dejo terminar a su esposo. —Te regreso la llamada después, Dev esta aquí.

Gwendolyn vio a su hijo acercándose y se puso de pie. El chico malhumorado que entro hace una hora fue remplazado por uno con una mirada triste y avergonzada. Como si esperara su sentencia o un próximo castigo.

Decidió abordar al chico después en un ambiente menos incómodo. —De nuevo, muchas gracias por su tiempo Doctora.

—Siempre es grato pasar una tarde con Devlin.

—Siempre es grato ganarse 100 dólares la hora. —Si iba a caer esta tarde, al menos podía desahogarse un poco más.

—¡DEVLIN! —Gwendolyn lo miro furiosa y avergonzada. A veces su hijo era tan Kevin.

La Dr. Borges le sonrió honestamente al chico y con una mirada que rayaba entre la gracia y las palabras "¿Es todo lo que puedes decirme?" lo dejo tener esta pequeña victoria. —Descuide, ha pasado una mala semana. ¿Puedo hablar con usted en privado? Hay unos asuntos que debemos hablar.

—Claro. —Gwendolyn le dio un vistazo rápido a su hijo. Rápidamente olvidando su disgusto anterior y dándole una mirada preocupada. —Quédate aquí, volveré en un segundo. —Sacudió su cabello de forma cariñosa y siguió a la Dra. Borges a su oficina.

Devlin vio como las dos mujeres se alejaban. Sabia que la Doctora nunca le diría a su madre nada de lo que conversaban en terapia por más que esta insistiera. Pero cuando lo apartaban de una conversación para hablar de él, Devlin sabía que solo significaba una cosa.

Una nueva dosis.