Espía

Aún estaba en etapa de entrenamiento, se había unido al cuerpo de reconocimiento hacía un par de semanas. Su amor por la investigación y la ciencia y su fascinación por esos seres enormes llamados titanes la habían empujado a ello. No se sentía del todo segura mas cada día su fuerza y su resistencia parecían incrementar, cosa que no le venía nada mal en un mundo como aquel. Valía la pena el riesgo, si era para lograr lo que se había propuesto desde que era una niña. Se encontraba en el mercado, comprando algunos alimentos y utensilios para tener de reserva, observando a su alrededor como la gente caminaba apaciblemente sobre las calles empedradas de la ciudad. Familias paseando, niños corriendo por el lugar en medio de sus juegos, parejas caminando tomados de la mano. El atardecer se había hecho presente, mostrando sus colores anaranjados, el cielo estaba despejado casi por completo. Al recibir la bolsa del señor de uno de los puestos, le pagó con algunas monedas de metal y lo saludó con una sonrisa. Pensaba dirigirse devuelta al establecimiento militar cuando, de pronto, vio pasar a alguien conocido.

Pronto, sus ojos se posaron en aquel hombre. Moreno, de mediana edad y de baja estatura pero de porte recio. Lo vio caminar despreocupado, mirando a la nada, seriamente. Rápidamente notó que era del que le habían hablado en su estadía en la base, al parecer todos lo conocían. Era muy famoso entre los soldados. Se encontraba vistiendo su uniforme de colores claros, junto con una expresión sumamente seria en su rostro. "Así que este es el soldado más fuerte de la humanidad" pensó ella, sin sacarle los ojos de encima. No podía negar que se sentía muy intrigada por él. A simple vista, no se veía muy poderoso. Por alguna razón, sintió el impulso de seguirlo, tuvo curiosidad acerca de cómo podía ser el día a día de un tipo como él. De todas maneras, sabía que tenía que ser sigilosa, puesto que se trataba de un superior y aquello podía ser tomado como una falta total de respeto. Aunque ella estuviese usando ropas convencionales, un pantalón de color marrón oscuro junto con una camisa blanca holgada, esto no quitaba el hecho de que era igualmente una soldado.

Así, se escabulló entre las sombras. Él caminaba recto, parecía no tener un rumbo fijo, por lo que la chica dudó acerca de seguir con aquello. Sin embargo, justo antes de rendirse, vio algo que llamó completamente su atención. Al parecer se dirigía a un sitio bastante controversial. Miró la fachada del edificio, al que claramente ella jamás había asistido, y en seguida se dio cuenta de lo que se trataba. Ese lugar era un burdel. De pronto, lo vio darse vuelta de forma lo suficientemente lenta como para darle tiempo para esconderse detrás de un muro. El corazón de la chica se aceleró, mas al volver a mirarlo luego de unos segundos, se sintió tranquila de que él hubiese seguido su camino. Al parecer no la había visto. En el momento en que lo vio cruzar la puerta de ese lugar, corrió con sigilo y se pegó a una de las paredes del lugar. Para no ser vista por el guardia de la entrada, se arrastró hasta doblar, justo debajo de una ventana, la que seguramente daba a una de las habitaciones. Por ello, decidió asomarse a penas, para poder ver qué era lo que estaba ocurriendo allí.

A través del vidrio, logró ver a una joven de cabellos rubios. Llevaba puesto un vestido de color verde esmeralda, ceñido por un corsé en tonos tierra, el cual tenía un escote en su pierna que dejaba ver las botas de caña alta que las cubrían. Era muy bella, se la notaba divertida por su sonrisa, a la vez muy provocativa. Rápidamente, pudo ver que quien estaba con ella era aquel hombre. "El capitán Levi parece tener algunos secretos" pensó, mientras reía en su mente. Aún escondida, logró ver como él se quitaba su abrigo, junto a sus botas y las cintas características de la legión de reconocimiento con parsimonia. Aunque sabía bien lo que iba a ocurrir, por alguna razón no podía evitar seguir observando. De esta manera, lo vio darle una indicación a la mujer mientras se desabrochaba el cinturón. Al mismo tiempo, las mejillas de Hange se colorearon, a la vez que sus ojos se abrían un poco más debido a la sorpresa. La vio colocarse sobre sus rodillas, mientras el capitán tomaba aquel vestido y lo subía de manera suave. Pudo observar claramente el momento en que la penetró, lo que hizo que la soldado apoyase ambas manos sobre la madera que cubría la pared, aún sin poder quitarle la vista de encima a lo que estaba ocurriendo.

Aunque la ventana amortiguase lo sonidos, a esa corta distancia Hange podía oír claramente los gemidos de esa joven, quien se aferraba fuertemente a la sábana que cubría la cama donde ambos se encontraban. Él, por su parte, la había tomado de los cabellos sin dejar de empujar sus caderas hacia ella. El hecho de presenciar ese acto, hizo que la chica que estaba afuera sintiera el calor no solamente en su cara, sino en otra parte de su cuerpo. El cosquilleo se hizo presente, elevando la temperatura de su ser. Al parecer, ella estaba sintiéndose bien, por lo visto aquel soldado sabía lo que hacía. Acto seguido, pudo ver como soltaba sus cabellos para directamente empujar la cabeza de la joven contra la cama con una mano, mientras con la otra presionaba sobre su vestido, atrayéndola hacia él con visible fuerza. Luego, pudo mirar como las piernas de ella temblaron visiblemente, lo cual le indicó que aquello había terminado. Acto seguido, luego de vestirse nuevamente y dejar el dinero que sacó de su bolsillo, vio cómo él se marchaba de allí, sin más. Después de que la joven lo saludase con su mano a la distancia, Hange rápidamente se agachó hasta quedar en cuclillas justo dándole la espalda a la pared. No podía creer lo que acababa de hacer.

Acababa de presenciar a un superior teniendo sexo en un prostíbulo, eso no podía estar bien de ninguna manera. Claramente había violado su intimidad de una manera en la que no sabía si iba a ser perdonada, aun peor siendo que todavía se encontraba en un período de prueba. Sabía que lo que tendría que haber hecho era marcharse de inmediato de allí, mas decidió quedarse, por curiosidad o por lo que fuera. Temía una sanción. De todas maneras, según ella había sido muy sigilosa, por lo que creía no haber sido detectada, lo que era un alivio. Aún sus mejillas se encontraban enrojecidas, aún su cuerpo se sentía extraño. ¿Sería que todo lo que había visto la había excitado? Aquello no podía ser cierto. Sin más remedio, decidió marcharse de allí, ya había tenido suficiente. No obstante, antes de que pudiese dar un paso, sintió una presión sobre su brazo. Rápidamente, se vio arrojada contra esa misma pared. Cuando al fin pudo reaccionar, su sangre se congeló. Frente a ella estaba justamente él. Levi. Se maldijo por su estupidez.

-Me estabas siguiendo, ¿quién te envía? –dijo él, se podía apreciar un tono severo en su voz, su mirada amenazante se clavó en los ojos color café de Hange.

-Nadie… nadie me envía, yo… yo… -titubeó, tratando de encontrar algunas palabras que pudieran justificarla, visiblemente nerviosa.

-¿Qué pasa? Respóndeme –insistió, acercándose un poco más al rostro de la chica.

Al notar la incomodidad de la joven, se detuvo a mirarla, con la intención de hacer que su voluntad se quebrara. Notó rápidamente que no se trataba de una espía ni nadie que tuviese la intención de hacerle daño. Se la veía un poco inexperta, por su apariencia seguramente no tenía nada que ver con la milicia. Lucía como una médica, una científica o quizás una profesora. Por lo menos eso creía. Se detuvo a mirar su cabello castaño atado en una coleta, sus lentes, el tono levemente bronceado de su piel, sus labios. Al sentirse examinada de esa manera, Hange no pudo más que quedarse completamente inmóvil, rogando que se terminase de una vez esa tortura. Acto seguido, él colocó ambas manos a los costados de la cabeza de la chica, apoyándose sobre el muro. Luego, se acercó a su oído, dispuesto a tomar la palabra nuevamente. Sin embargo, el tono que utilizó fue completamente diferente.

-¿Será que quieres que te haga lo que le hice a ella? –susurró, estando lo suficientemente cerca como para que ella pudiese notar lo cálido de su aliento.

Aquello terminó por perturbarla completamente. Sintió los latidos acelerados de su corazón, al punto de que el golpeteo se hizo insoportable. Debía salir de allí, sino no sabía de lo que ese hombre podía llegar a ser capaz. Aun así, su cuerpo no le respondía como debería. De todas maneras, al notar que la mano del capitán se apoyaba sobre su cintura, ese fue un detonante. Como pudo, golpeó su brazo con todas sus ganas para sacárselo de encima. Al verse libre no pudo más que echarse a correr, no sin antes gritarle.

-¡Suéltame!

Y, de esta forma, se marchó sin mirar atrás, aun sintiendo la vergüenza que esa situación le había provocado. Se sintió una tonta, acababa de hacer algo muy arriesgado y jamás había pensado en las consecuencias de sus actos. Ni siquiera pudo articular una palabra delante de él, a quien reconocía como su superior. Acababa de conocer al soldado más famoso del mundo y lo único que había podido hacer era arruinarlo completamente. Lo único que deseaba era tener éxito en su estadía en las fuerzas militares, para tener los medios y así poder investigar con más libertad. Temía lo peor. Al estar ya muy lejos de allí, se detuvo a tomar un poco de aire, sintiendo que su corazón se le salía del pecho debido a la desesperación con la que había escapado. Unos segundos después, se incorporó como pudo y apreció la noche en todo su esplendor. Pronto, recordó que ya debía estar en el cuartel si no quería tener más problemas, puesto que el horario de sueño era muy estricto allí. Sin más, decidió dirigirse hacia el sitio, rogando que el asunto no pasase a mayores. "Un error lo puede cometer cualquiera, ¿verdad?" pensó.

Al llegar, se escabulló por la puerta de la habitación de mujeres, la cual por alguna razón estaba entreabierta. Entró y se dirigió en puntillas hacia su cama, que estaba en la parte de arriba, por lo que subió la pequeña escalera que se encontraba en uno de los bordes. Una vez allí, velozmente se metió debajo de las sábanas y se cubrió hasta la nariz. Aun no podía borrar de su cabeza aquello que había visto, por más que lo intentase, la imagen del capitán con aquella prostituta parecía repetirse una y otra vez. La manera en que la tomó, sin ningún tipo de ternura, solamente dejándose llevar por la lujuria del momento por alguna extraña razón había provocado algo en su ser que no había podido descifrar. El cabello negro del militar, su expresión de deseo estaban allí, era una imagen que no entendía muy bien por qué se veía muy nítida en su cabeza. ¿Acaso le atraía? No podía ser eso posible, luego de lo grosero que había sido al golpearla contra esa pared sin cuidado. Además, nunca había oído a nadie hablar de él de esa manera, solamente era un soldado poderoso, tampoco podía decir que se tratara de un galán. A esa altura, su cabeza estaba hecha un lío. Quiso dormir, así al despertar podía hacer de cuenta que nada había sucedido. No estaba segura de poder hacerlo, pero lo intentaría.

El canto de los pájaros le indicó que un nuevo día había comenzado. Al oír el sonido de las enormes cortinas de la amplia habitación al abrirse y sentir de lleno los rayos del sol que entraban por la ventana, supo que debía levantarse ya. Los gritos del comandante se oyeron muy estridentes para ella, quien no era para nada una persona diurna, lo cual lo hacía aún más tortuoso. Luego de emitir una sonora queja, se irguió y abrió los ojos de a poco, sintiendo el pinchazo provocado por la luz natural. Realmente había dormido muy poco luego de lo que había ocurrido la noche anterior. Absolutamente desganada, se dispuso a ponerse de pie, para luego recordar que se encontraba demasiado alto para ello. Sin remedio, cayó al suelo, provocando las risas de sus compañeras. Aquello le había dolido, mas no quiso demostrarlo, por lo que ella rió también. El día no podía haber comenzado peor. Sin más, se dispuso a lavar sus dientes y colocarse así su uniforme, para salir a un nuevo día de adoctrinamiento militar.

Durante el entrenamiento, todo pareció transcurrir con normalidad. Si bien aún no era una soldado de élite, se las ingeniaba muy bien en cuanto al equipo de maniobras tridimensionales se tratase. En cuanto al combate cuerpo a cuerpo, no se sentía tan segura, mas no por eso dejaba de luchar. Tenía las intenciones de superarse cuanto pudiera, el objetivo que tenía era muy claro y no deseaba desviarse de ese camino. Todo lo que fuera teoría se le daba muy bien, puesto que la lectura era algo que le fascinaba, por lo que estudiar una gran cantidad de libros era tarea fácil para ella. Si seguía así, lo lograría. Mientras se enfrentaba a un compañero, muy concentrada en quien tenía en frente, algo logró llamar su atención súbitamente. A lo lejos, pudo divisar un rostro que esperaba no ver por lo menos por un buen tiempo. Aquello le heló la sangre. Ahí estaba él, Levi, otra vez en su camino. Bien sabía que podría encontrárselo en cualquier momento, mas no esperaba que tan pronto. Lo vio acercarse al comandante e intercambiar algunas palabras con él, aún sin dejar de mirarla. Seguidamente, su superior pareció verla también y asentir, lo cual la hizo pensar en lo peor. De la nada, sintió un golpe directo en su cara, el cual vino de parte de su compañero, con el que se encontraba batallando aún.

-¡Moblit, maldita sea! –le gritó, colocando una mano sobre su cara, en un gesto de dolor- ¡Eso no fue justo!

-Lo siento, Hange. Te distrajiste un momento y bueno yo-

Antes de que éste pudiera continuar con su disculpa, ella lo tomó por el cuello y le acertó una patada en el tobillo, haciendo que él fuera a parar directo al suelo. De esta forma, le aplicó una traba con ambos brazos, con la intención de dejarlo sin aire por aprovecharse de un segundo de debilidad que había tenido. A decir verdad, ella había hecho exactamente lo mismo, no obstante, no deseaba verse abatida. Él, por su parte, no pudo más que dar algunos manotazos en un fallido intento por quitársela de encima. De todas maneras, aquel acto se vio interrumpido por su superior, a quien vio parado justo frente a ella. En verdad, todavía no entendía lo que estaba ocurriendo.

-Soldado Hange Zöe. Descanse, la buscan adentro.

Rápidamente, soltó a su contrincante, quien tosió de forma irremediable para luego recuperar un poco el aire. Luego, ella se incorporó e hizo el característico saludo militar, con el puño derecho en su corazón.

-Comandante. ¿Puedo preguntar para qué soy requerida?

-Limítese a obedecer, soldado.

Todo aquello le resultó sumamente extraño. ¿Para qué querría ese tipo hablar con ella? Lo mínimo que se esperaba era una sanción, pero por parte de su superior. ¿Sería que quizás él tenía miedo de que hablase con alguien acerca de lo que había visto? ¿Tal vez era casado? A pesar de que quisiera ocultarlo, nuevamente los nervios invadieron todo su cuerpo. De todas maneras, decidió hacer lo que le decían e ingresar al recinto en donde estaban los altos mandos. Tal como lo esperaba, ese hombre estaba ahí parado, esperándola con los brazos cruzados.

-¿Me buscaba, señor? –inquirió, con un dejo de desdén. Por más inquieta que se sintiese, no pensaba demostrarlo de ninguna manera.

-Sígueme.

Por más que no se sintiera totalmente segura de hacer caso a aquella orden, sabía que tal vez no le quedaba otra opción. Decidió enfrentar aquel problema y caminar detrás del capitán, sin saber muy bien a dónde se dirigían. Súbitamente, él se detuvo frente a una puerta de madera, la cual abrió con una llave que tenía en la mano. Luego la miró y asintió con la cabeza, gesto que la chica interpretó como señal para que se adentrara en la habitación. Así lo hizo y después, vio como él cerraba tras de sí y dejaba descansar la llave sobre un mueble algo desgastado que yacía a un lado. Allí dentro, la joven vio que el lugar constaba de un escritorio y dos sillas colocadas en los extremos, una frente a otra. Sobre éste, había algunos papeles junto a una pluma y algo de tinta. Sin saber muy bien qué hacer, ella decidió sentarse sobre uno de los asientos, por lo que él la siguió e hizo lo mismo del otro lado. De esta forma, podrían hablar por fin.

-¿Me vas a decir cuál es el castigo por lo que hice de una vez?

-¿Castigo? No, no es mi estilo.

Esto la desconcertó completamente. ¿Qué era lo que él pretendía? El hecho de no lograr comprender las intenciones de ese hombre hacía que su sangre hirviera. La estaba demorando, Hange no tenía tiempo para perder y todo esto sabía que, de alguna manera, iba a perjudicarla. Aunque no pudiera hacer nada, puesto que conocía muy bien el sistema rígido con el que se manejaban los cuarteles, la bronca seguía allí, latente.

-Quiero que me digas exactamente lo que viste. Con detalles –dijo él, inesperadamente. Eso la tomó por sorpresa.

-¿Qué?

-No te hagas la desentendida, cuatro ojos. Ya me oíste.

-Disculpa, pero mi nombre es Hange.

-Lo sé. Pero es más fácil para mí recordarte así.

Esto la hizo titubear, tuvo miedo de que sus palabras pudiesen ser usadas en su contra. No sabía bien que responder, sumado a que rememorar esas cosas la hacían avergonzarse. Describirlo con detalles parecía una tarea imposible, su rostro enrojeció sin remedio. Y eso que aún no había emitido ni una palabra sobre el asunto.

-Te vi… te vi teniendo sexo con esa prostituta –respondió por fin, sin poder verlo a los ojos.

-¿Solo eso? ¿Qué tanto viste? –inquirió otra vez, mientras se cruzaba de piernas y apoyaba su espalda por completo contra la silla.

-Todo… lo siento, no debería haberlo hecho.

-¿Y te gustó?

Definitivamente no podía creer lo que acababa de oír. Lo miró con asombro, aun sintiendo su cara arder debido a la vergüenza. Ese tipo estaba jugando con ella y no podía permitirlo. A su vez, sabía que no podía hacer demasiado en su posición. Aquello podría considerarse acoso sexual, bien lo sabía. El enojo hacia él crecía, mas no pensaba demostrarle lo alterada que estaba. Lo vio sonreír levemente, con algo de malicia, lo cual no pudo pasar por alto. Sin embargo, no podía negar que algo en ello la cautivaba. Solamente, no quería rendirse.

-No estoy exigida a responder una cosa así.

-Sí lo estás. Es una orden.

Tal como sospechó, era esa clase de juego. Ya no pudo disimular el disgusto, en su cara se podía ver claramente su enojo. Ello hizo que Levi asintiera, sin quitar esa mueca de superioridad que cargaba. Había provocado una reacción en Hange, que era lo que había tratado de hacer desde la primera vez que la había visto. Sin embargo, eso no pareció amedrentarla, pues se dispuso a responder.

-¿Qué esperas que te conteste? –lo desafió, apoyando sus brazos sobre el escritorio con parsimonia.

-Quiero que lo admitas. No te creas que no noté cómo me mirabas, cuatro ojos.

Otra vez la volvió a llamar así. Toda esa situación estaba sacándola de las casillas. Eso, sumado al hecho de que asumía cosas como esas sin saber absolutamente nada sobre su persona. Eso no podía estar bien de ninguna forma. De todas maneras, no podía negar que algo de lo que había visto había generado cosas que creía haber olvidado sentir. Aunque solo fuera algo físico, algo en su ser se había despertado por más que quisiera ocultarlo. Solo le molestaba el hecho de que ese tipo se aprovechara de su estatus para incomodarla.

-Estás equivocado. Solo tuve curiosidad, nada más.

-Se reconocer las cosas cuando las veo –le respondió, para luego dar un leve suspiro y descruzar las piernas otra vez- Ahora vas a chupármela. Y no porque yo te lo ordene, esta vez no tienes ninguna obligación, sino porque quieres hacerlo.

Al oír aquello, su corazón dio un vuelco. Levi parecía hablar en serio, por lo que sus latidos se aceleraron todavía más. Tragó saliva y se dedicó a mirarlo seriamente. Por más que quisiese mantenerse en una actitud reservada, no distinguía lo que los ojos del capitán percibían. Él había notado todo aquello que estaba experimentando la chica, sus expresiones eran sumamente transparentes. En realidad, su intención era ponerla a prueba, como una especie de escarmiento por estarlo siguiendo de una manera tan poco sigilosa. Además, por supuesto que le había parecido atractiva y, por lo que alcanzó a ver del entrenamiento, también bastante prometedora como soldado. Aquella característica se le hacía irresistible en una persona. Contrario a lo que podría haber esperado, Hange se puso de pie y caminó directamente hacia él. Sin dejar de observarlo, aún con un leve tono rosado en su rostro, se arrodillo justo delante de Levi. Sin titubear esta vez, se dispuso a desprender el cinturón de cuero marrón del soldado.

No sabía por qué lo habría hecho, simplemente lo quiso así. Tampoco fue por miedo ni por darle la razón, cosa que no le importaba en lo más mínimo. Algo dentro de ella le dijo que tomase ese impulso y así lo hizo. Lo despojó de sus vestiduras, con un poco de nerviosismo aún para luego tomar el miembro palpitante de Levi en sus manos. Sintiendo la mirada de aquel soldado clavada en ella, lo único que atinó a hacer fue cerrar los ojos y dejarse llevar. Con su lengua, Hange lo rozó levemente, pudiendo sentir lo cálido del contacto. Lo recorrió como una suave caricia por completo, de forma lenta pero continuada. Sin esperar más, lo rodeó con sus labios haciendo una presión muy leve, ayudándose con su saliva. Por su parte, el capitán simplemente se había limitado a observar, ella en verdad era muy cuidadosa y se estaba esforzando mucho por alguna razón. El vaivén comenzó como algo pausado, mas poco a poco fue volviéndose veloz y prolongado. Hange dejó que su boca hiciese un poco más de presión, notando como ello hacía que Levi tensara un poco sus muslos, indicándole que aquello estaba surtiendo efecto en su ser. Esto logró que se sintiera sumamente satisfecha.

-Suficiente, cuatro ojos –dijo, súbitamente, haciendo que ella se detuviera- Ponte de pie.

Aun sin entender por qué razón le había pedido que parara, hizo caso a sus palabras. Pronto, vio como él le quitaba su chaqueta militar, todavía sin moverse de su silla. Tomó una bota y la desprendió, luego la otra. Siguió por los pantalones claros de la joven, lo cual le provocó un escalofrío leve. No sabía bien por qué, pero no había querido detenerlo. Por ello, él decidió seguir, tomándola del brazo para acercarla. Comprendiéndolo al instante, se colocó sobre él, tomándolo de los hombros para no perder el equilibrio. Al tenerlo así de cerca, en una posición semejante, Hange no pudo evitar temblar de forma leve. Algo en el semblante de Levi la hacía sentir tan intranquila como igualmente que intrigada y atraída. Jamás había estado en una situación semejante con un hombre desconocido, ni siquiera sabía por qué no le había puesto un freno a la situación hacía rato. En el instante en que sintió como él le desprendía los botones de la camisa uno a uno, emitió un leve quejido. Al terminar de descubrir el torso de la soldado, dejando sus piel enteramente al descubierto, Levi se detuvo.

-Es mi turno de hacerte sentir bien.

Al sentir el contacto de los labios del capitán sobre su cuello, su piel se erizó al instante. Mientras, con sus manos presionaba y acariciaba con poca suavidad los pechos de la soldado, provocando todo tipo de sensaciones en ella. El roce era intenso, lo cual provocaba leves espasmos en su cuerpo que le resultaban imposibles de controlar. Sumado a esto, podía sentir sobre su ropa interior la presión del duro miembro de Levi. Aquello estimulaba irremediablemente su clítoris, haciendo que jadeos leves escapasen de su boca. Él no pudo evitar notar esto, lo que le hizo saber que el momento había llegado. De manera rápida, pasó su mano por debajo del cuerpo de la joven y tomó la tela que aún la cubría para hacerla a un lado. Luego, con su otro brazo la rodeó por la cintura, con la intención de acercarla aún más. Al irse adentrando en ella de manera lenta, pudo apreciar que lo mojada que estaba hacía que no necesitase de tanta suavidad. Había conseguido aquello que buscaba, otra vez.

-Capitán… -susurró, aferrándose a la espalda de éste.

-Dime Levi.

En el instante en que logró estar completamente dentro, notó el temblor en las piernas de Hange, y lo dulce que se había vuelto su voz al gemir de forma sonora. Ella sintió su cuerpo contraerse, dejándose llevar por el calor del contacto con aquel soldado. Sin que pudiese evitarlo, se elevó un poco para luego moverse hacia él otra vez, generando un pasmoso vaivén, mientras que lograba mirarlo a los ojos. Por ello, pudo notar en lo afilado de su mirada, lo extasiado que se sentía. Su expresión había cambiado por completo a lo que era normalmente. Las caricias en su espalda hacían que la electricidad se hiciese presente y la recorriese entera. Levi, por su parte, dejó que ella continuase por su cuenta, con la intención de que se diera placer de esa forma tanto como quisiera. En esa posición, pudo seguir succionando y lamiendo sus pechos un poco más. Repentinamente, el capitán la sintió tensarse mientras en su entrepierna pudo notar la humedad que emanaba de su ser. Luego de soltar un fuerte jadeo, supo que ella se había venido. El hecho de poder observar el rostro de la joven mientras eso sucedía, hizo elevar un poco más su fogosidad.

De manera sorpresiva para ella, el soldado la tomó por las piernas firmemente, aún sin separarse de su cuerpo. Así, la alzó y caminó hasta la pared que estaba libre a un lado. Hange se aferró a él como pudo, temiendo caerse, notando lo realmente fuerte que era ese hombre tan pequeño, hasta sentir el contacto del material frío del muro contra sus hombros. A decir verdad, era la primera vez que alguien la levantaba de esa manera, siendo una mujer relativamente alta. Sin embargo, ya no pudo seguir pensando en algo tan banal como eso en aquella situación. Una vez allí, aún de pie, la penetró sin cuidado aumentando la velocidad y la profundidad a cada segundo. Esto hizo que la voz de la joven se descontrolase, no pudiendo preocuparse por si alguna persona pasaba por ese lugar. A decir verdad, eso al capitán le importaba poco.

-Mírame. Quiero ver la expresión de tu cara cuando termine dentro de ti.

Oír eso, sumado al tono de voz extremadamente sensual que él utilizó, logró que su temperatura se elevase aún más. Su cuerpo se sacudía al no haberse recuperado del todo del orgasmo que había tenido hacía unos segundos, lo cual hacía que su interior se encontrara empapado y palpitante, siendo el choque de sus pieles inevitable. Sin poder resistirlo más, Levi se dejó llevar por las sensaciones y sintió como por su cuerpo una incipiente electricidad se concentraba en su pelvis. No se contuvo más y cumplió exactamente con ello que había prometido a Hange, dejando ir todo aquello que cargaba, presionando con fuerza las piernas de la soldado, pegándose un poco más contra la pared y ahogando un jadeo en sus labios. Ella, por su parte, pudo sentir como ese líquido tibio resbalaba por sus piernas, mientras sentía su entrepierna latir aun rodeando la virilidad del capitán. De esta manera, él se retiró y la bajó con suavidad, todavía manteniéndose cerca de ella. Al recuperarse un poco, la joven decidió mirarlo, mientras sus brazos lo rodeaban por los hombros, como sin querer dejarlo ir.

Luego de darse cuenta de lo que estaba haciendo, Hange decidió soltarlo de golpe e incorporarse completamente. Sentía que estaba tomándose demasiadas atribuciones con alguien de los altos rangos a quien ni siquiera conocía del todo bien, el hecho de que hubiera ocurrido aquello entre los dos no cambiaba nada. Rápidamente, Levi notó esto, por lo que se alejó un poco, aun estando frente a ella. En medio del acto, no había notado que las gafas de la joven estaban desacomodadas, al igual que su cabello castaño, por lo que, sin pensarlo se propuso a arreglarlo. Luego de correr unos mechones de la cara de la soldado, pudo ver nuevamente el rostro algo confundido de ella. Nunca imaginó que ese hombre pudiese ser así de amable.

-Bien, puedes vestirte –le dijo, para luego acomodarse sus ropas, mientras se dirigía a su asiento nuevamente.

Haciendo caso a sus palabras, la joven abotonó su camisa y procedió a colocarse los pantalones nuevamente. Mientras se colocaba las botas, pudo notar la mirada fija de aquel hombre sobre ella, examinándola sin ningún tipo de reparo. Él de alguna manera parecía disfrutar de hacerla sentir incómoda, o por lo menos eso pensaba, mas de todas formas decidió no enfrentarlo más. Lo que acababan de hacer superaba todo aquello que podría haber imaginado. En verdad no se arrepentía, pero tampoco podría estar segura de que aquello no le trajese consecuencias negativas en un futuro. Aun podía sentir su cuerpo adormecido, sus piernas temblorosas le dificultaban la tarea de arreglarse de nuevo. Jamás pensó que podría llegar a ocurrir algo como eso cuando se topó con él la primera vez. De todas maneras, lo único que deseaba en esos momentos era aclarar su mente, puesto que lo más seguro era que él supiera hacerle esa clase de cosas a otras chicas del pelotón y que lo que acababa de pasar no significase nada. En el momento en que terminó de acomodar su equipo, sin más, estuvo dispuesta a marcharse. Sin embargo, la voz del capitán la detuvo.

-Mañana tengo una reunión importante. Quiero que me acompañes. Te espero aquí cuando termines el entrenamiento.

-¿Es una orden? –inquirió, casi sin poder creer lo que había oído.

-Sabes la respuesta, cuatro ojos. Ahora, puedes retirarte.

Esta vez, a pesar de haber sido llamada de esa forma, solo rió. Comenzaba a entender que clase de persona era aquel soldado. A su vez, él parecía comprender lo mismo de ella. Antes de retirarse, dio unos pasos en dirección hacia él y se apoyó sobre el escritorio, justo frente a Levi. Luego, le guiño un ojo de manera divertida y le dedicó una gran sonrisa.

-Hasta mañana, Levi.

De esta manera, se marchó y cerró la puerta tras de sí. Esta vez, quien sonrió fue el capitán.

Fin