He aquí una personita muy especial. Espero no se me enojen :)
Dominante
Llevaba días sin verlo. Lo cual se le hacía bastante extraño puesto que hacía un tiempo se habían vuelto inseparables. Si bien cada uno había puesto sus reglas y que el hecho de dedicar su vida enteramente al servicio de la humanidad los había limitado bastante, tenía derecho a saber la verdad acerca de la vida afectiva del otro. Él le había dicho que tenía demasiado trabajo que hacer, mas no estaba del todo segura que así fuera. No sabía por qué pero pensaba en que quizás le sucedía otra cosa. Normalmente su cabeza divagaba en muchos temas a la vez, sin embargo, gracias a eso solo había podido pensar en una sola cosa. Levi. Nunca había estado así de pegada con nadie, cosa que ya llegaba a interrumpir sus tareas y su vida diaria. Necesitaba saber qué pasaba por la mente de ese frío soldado. Si no sabía qué era lo que en realidad lo había tenido tan distante, no podría volver a dormir con tranquilidad. Por ello, decidió seguirlo ese día. Formaban parte de dos escuadrones diferentes. Él tenía a cargo a varios jóvenes de élite con los que salía a realizar sus exploraciones. "Tengo derecho a saber con qué clase de gente se trata, ¿verdad?" pensó, mientras caminaba casualmente por el sitio en donde descansaban las tropas de aquel capitán. Algunos la saludaban al pasar, puesto que ella era una muy reconocida científica y soldado también. Al llegar cerca del recinto que ocupaban ellos, algo llamó su atención. Una chica de corto cabello rubio, de cuerpo pequeño, que había ingresado por el portal.
Siendo que él jamás la había mencionado, sintió que debía investigar por su cuenta. Por ello, decidió acercarse un poco más. Estando allí dentro, los guardias que cuidaban la entrada le dieron la bienvenida. Luego de dedicarles una amable sonrisa, prosiguió a mirar para poder divisar en donde se encontraba esa chica que estaba buscando. El lugar poseía paredes de ladrillo rasado, los pisos eran de una madera oscura muy fina. Varios soldados se encontraban descansando y charlando sobre banalidades dentro, donde había varias mesas rectangulares con asientos incorporados. Finalmente, detrás de una barra, en lo que parecía la zona de la cocina, pudo por fin hallarla. La vio colocar agua hirviendo en una tetera, por lo que se acercó de forma sigilosa. En el instante en que ella se dio vuelta para buscar algunas tazas de la alacena, al no haberla oído para nada, dio un salto y emitió un grito de sorpresa. Por su parte, Hange simplemente le hizo una mueca alegre, mientras cruzaba las manos por detrás de su cuerpo en un gesto simpático. En cuanto la chica se recuperó, al ver la vestimenta de aquella otra mujer, hizo el saludo militar, con un puño sobre su pecho, algo nerviosa todavía por el susto.
-¡Señora! –espetó, manteniendo una postura seria, temiendo cómo podría reaccionar aquella mujer ante su evidente falta de respeto anterior.
-Ah, no te preocupes, no necesitas ser tan formal conmigo. Me llamo Hange Zöe, soy líder de escuadrón. ¿Tú cómo te llamas? –respondió, con amabilidad.
-Soy Petra Ral, formo parte del primer escuadrón de operaciones especiales –respondió, un poco titubeante ante la actitud aparentemente amigable de la otra soldado a quien no conocía.
Inmediatamente, se detuvo a examinarla unos segundos. Su rostro era precioso, no podía negarlo. Luego bajó hasta su figura, la cual le pareció de lo más bella, a pesar de que la ropa militar no dejara apreciarla completamente. Su cintura era pequeña, sus pechos de un tamaño mediano, proporcionado con el resto de su cuerpo. Sin ninguna duda la consideraba muy hermosa. Sin notarlo, había estado observándola muy de cerca de una manera un tanto siniestra para el agrado de Petra. Viendo que lo que estaba haciendo estaba causando cierta incomodidad en la joven, Hange decidió detenerse, para después soltar una estridente risa, confundiendo a la otra un poco más todavía.
-¿Ese té es para Levi, verdad?
-Es para todos mis compañeros también –dijo, un poco apenada, mientras tomaba de manera bastante torpe algunas tazas de la alacena.
Sin embargo, al darse cuenta de que a la chica se le estaba dificultando llegar a los recipientes que estaban un poco más profundo en aquel mueble debido a su baja estatura, decidió ayudarla. Con algo de astucia, se acercó mucho a ella por la espalda, casi pegándose a su cuerpo. De esta forma, tomó algunos de los utensillos y los bajó, dejándolos apoyados a un lado de la tetera. Ante esto, las mejillas de la más pequeña se colorearon de manera irremediable. Aún no entendía que pretendía esa mujer desconocida de ella. Sin embargo, le agradeció.
-Dime, ¿qué piensas de él? –indagó, mientras se apoyaba sobre la mesada, dejando que la otra continuase llenando las tazas de té una por una.
-¿De quién?
-¡De Levi! Es un amargado, ¿verdad?
-No… no tengo permitido hablar así de mis superiores…
-Vamos, puedes confiar en mí. Yo soy todo lo contrario a él, no soy histérica de la limpieza, ni tampoco ando pateando a nadie, ni soy mal hablada. Además, me dijeron que cocino excelente.
-Se ve que lo conoce muy bien, líder de escuadrón –le respondió, sonriendo de manera tierna. Esto hizo que Hange se quedase pensando unos segundos.
-La verdad es que sí. ¿Qué me dices tú? ¿Lo conoces bien? Si sabes a lo que me refiero…
De pronto, se vieron interrumpidas por la presencia de alguien, quien se había detenido a observarlas con un tanto de confusión en su mente. Se trataba del mismo capitán. Para Petra fue un alivio, ya que no sabía si podría seguir con ese interrogatorio tan personal al que estaba siendo sometida. Hange, por su parte, solo se limitó a sonreír. De repente, tomó a la otra chica de la cintura y la atrajo hacia su cuerpo. Luego, le acarició el cabello de manera suave, sin dejar de mirar a Levi. Él estaba sumamente intrigado por semejante situación.
-¿Qué mierda haces acá, cuatro ojos? –la enfrentó, aun anonadado ante tal escena.
-Buen día, Hange. ¿Cómo estás, Hange? –se burló, haciendo caso omiso a su pregunta, teniendo aún a aquella joven en sus brazos.
-Deja a Petra tranquila –le dijo, para luego cruzarse de brazos. Seguidamente, se dirigió a la rubia- Tenemos una reunión y solo faltas tú, apúrate.
Luego de reír levemente, Hange por fin soltó a la otra chica para luego despedirse de ella moviendo su mano en el aire. Antes de marcharse, le dedicó una pícara mirada a Levi, a quien todavía le costaba entender de qué iba todo aquello. De esta forma, sin más, desapareció. No obstante, la líder de escuadrón no pensaba rendirse en su tarea.
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-¡Petra! ¡Qué casualidad verte por aquí! –gritó al ver a la joven a lo lejos, mientras tomaba un descanso del entrenamiento diario.
La joven, quien reposaba sobre el pasto, simplemente le dedicó una mueca amable, aunque por dentro se sintiera un poco inquieta. A decir verdad, durante varios días esa mujer había estado persiguiéndola por todos lados, queriendo entrar en confianza, acercándose a ella de una manera un poco extraña. Le agradaba su compañía, mas no sabía por qué por momentos se sentía intranquila con ella. No lograba descifrar qué podía querer con su persona aún. Le hablaba bastante seguido de Levi al principio, sin embargo, últimamente él ya no era tema de conversación entre las dos. Por lo poco que la conocía, podía notar que era una persona muy instruida, una científica de élite y que le gustaba hablar mucho sobre titanes. Petra la solía escuchar muy pacientemente, se le hacía interesante aquello que tenía para contarle. Podría decirse que se habían vuelto amigas, de alguna manera. Por su parte, Hange había descubierto en esa joven, a alguien muy amable y protector. La rubia le prestaba atención, opinaba acerca de los temas que tenía para contarle y siempre la recibía con una sonrisa. A pesar de que en un principio, sus intenciones eran molestar al capitán, en esos momentos eso había pasado a segundo plano.
-Hola, Hange –la saludó, mientras la veía acercarse muy enérgicamente- Ven, siéntate aquí conmigo. Tengo un rato libre.
Luego de asentir, hizo caso a su amiga y se echó a su lado. Estaban a la sombra de un árbol de gran porte, el cual a esa altura del año tenía todas sus hojas de color verde vibrante. Éstas se meneaban en el aire debido a la suave brisa cálida que corría por el distrito, haciendo que los rayos del sol la atravesasen de manera errante. Aquellos, daban justo en el cabello claro de la más pequeña, los hacían brillar en tonos dorados, lo cual enmarcaba su dulce rostro. Mientras la escuchaba, su mente divagaba únicamente en ello. Al notar lo distraída que estaba la de ojos cafés, Petra rió.
-No me estás escuchando, ¿qué te tiene tan distraída? –le preguntó, inocentemente.
Súbitamente, antes de que pudiese responder, el llamado a los soldados las interrumpió. La rubia se disculpó y le comunicó que ya tendría que irse, a lo que la líder de escuadrón decidió acompañarla hasta el recinto, en donde tendría que volver a colocarse el equipo de maniobras para continuar con su entrenamiento. Ésta aceptó, y así fueron las dos hasta allí. Al ingresar al vestidor en donde se cambiaban las mujeres, siendo que ella era la única soldado de ese escuadrón, Hange tuvo un impulso. En el momento en que Petra iba a despedirse de ella, se vio tomada de ambos brazos con firmeza por la otra. Sorpresivamente, hizo que apoyase su espalda sobre la pared y se pegó a ella. Sin pensárselo demasiado, luego de mirarla unos segundos, la besó dulcemente en los labios. La más pequeña no pudo hacer otra cosa que temblar, sin ser capaz de reaccionar aún debido a aquel contacto tan estrecho. Pronto, ese beso se tornó más ardiente, por lo que simplemente la rubia se limitó a cerrar los ojos. Seguidamente, las manos de Hange descendieron un poco más. Una de ellas la tomó por la cintura, mientras que con la otra presionó sobre la tela por encima de su pecho. Al sentir eso, Petra no pudo pasarlo por alto, por lo que decidió ponerle un freno a aquello por fin. La empujó levemente por los hombros, separándose un poco de ella. Mientras la observaba, la más alta notó que las mejillas de la otra estaban rojas.
-Eres muy hermosa, Petra. Perdóname, tuve el impuso de besarte así de la nada –se disculpó Hange, un tanto avergonzada por lo que acababa de suceder.
-Yo pienso lo mismo de ti pero… la verdad es que me gusta alguien más, lo siento.
-No te preocupes, en serio. Espero que esto no haya arruinado nuestra amistad, en verdad disfruto de tu compañía.
-Para nada. Sigamos siendo amigas, Hange.
Fue un alivio para ella que las cosas terminasen así, puesto que se había encariñado mucho con esa joven tan amable. De esta forma, la abrazó sin ningún tipo de intención, lo cual fue correspondido por la rubia de la misma manera. Sin más, se marchó, dejando a la otra cumplir con sus tareas de soldado. Finalmente, ya no tenía sentido continuar con su cometido, el cual cayó en cuenta que era demasiado infantil de su parte. Petra no parecía tener nada que ver con Levi, más que su relación de líder/subordinado. Además, nunca se había sentido amenazada por otra mujer, no iba a cambiar nada por aquel tipo. Sabía que no valía la pena. Después de todo, gracias a ello había ganado una nueva amiga, era lo único que importaba.
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Más tarde, en ese mismo día, luego de haber terminado su tarea como investigadora, estaba lista para volver a su cuarto. Habiendo terminado de cenar junto a su fiel asistente, Moblit, se despidió de él y decidió volver, caminando tranquilamente por los vacíos pasillos del edificio principal. Tarareando una canción en su cabeza, avanzaba despreocupada por el lugar. De pronto, por estar muy distraída, no pudo ser capaz de ver a quien se había cruzado en su camino. Se trataba del capitán, cosa que la alegró lo suficiente, puesto que hacía ya mucho tiempo en que no habían tenido un rato a solas. Sin embargo, por la expresión en el rostro de aquel, podría jurar que las cosas no estaban del todo bien.
-Oye, cuatro ojos de mierda. Vamos a hablar –espetó, para luego tomarla firmemente por la muñeca.
Haciendo caso omiso ante las quejas de Hange, la arrastró hacia la habitación de ella, abrió la puerta y luego la soltó de manera brusca una vez dentro. La joven, terminó trastabillando y cayendo sobre la cama, riendo ante las acciones de ese pequeño hombre. Era tan poco amable casi todo el tiempo que ya estaba acostumbrada a ese tipo de tratos. Al verla carcajearse de esa manera tan descarada, decidió enfrentarla nuevamente. Estaba a punto de perder la paciencia con esa soldado.
-¿A qué vino eso? ¿Tantas ganas tenías de verme que me arrastraste de esta forma? –inquirió ella, apoyando sus manos por detrás de su cuerpo, mirándolo por encima de sus anteojos.
-No te hagas la graciosa –le contestó, cerrando la puerta tras de sí. Luego, se acercó a ella y se sentó a su lado- Te vi besando a mi subordinada, ¿qué quieres lograr con eso?
-¿Nos viste?
-Estaba la puerta abierta, yo pasé por ahí y las vi. Ahora responde.
De solo mirarlo, podía notar lo molesto que él estaba. Aquello le resultó interesante, puesto que no lograba comprender del todo qué era lo que le irritaba de esa situación. Quizás sus sospechas eran ciertas después de todo, y él realmente tenía algo con Petra. A pesar de que no estuviese completamente a favor de que ese fuese el caso, no pensaba quedarse con la duda tampoco. A decir verdad, tenía algo planeado para cuando él se dignase a aparecer.
-¿Y qué si lo hice? ¿Acaso estás celoso de que a ella le guste más yo que tú? –le cuestionó, acercándose un poco más a él, mientras sonreía de manera sarcástica.
-¿Qué? No la metas a ella en esto. Te lo estoy preguntando en serio, cuatro ojos.
Rápidamente, Hange se puso de rodillas sobre el colchón y le dio un empujón a Levi, quien cayó de espaldas sobre este. Sin dudarlo, se colocó sobre él y lo besó de manera apasionada, mordiendo sus labios en el proceso. Ante tal confusión, el capitán se limitó a corresponderla. No podía negar que extrañaba un poco tener ese tipo de contacto con ella. Sigilosa, Hange decidió aprovechar ese instante debilidad por parte de él y actuó de forma veloz. Tomó las dos manos del soldado y las pegó contra el respaldo de la cama. Seguido de eso, el hombre pudo oír el sonido de una traba de metal cerrándose. En un intento por zafarse, pudo notar que algo en sus muñecas se lo impedía. Por ello, subió un poco la vista, encontrándose con unos gruesos grilletes de acero. Aquella maldita lo había apresado.
-Esta es mi venganza por haberme dejado olvidada todos estos días.
Luego de volver a sonreír, se aferró a la camisa blanca del capitán, para seguidamente arrancarle todos los botones de un tirón. Esto le fastidió a sobremanera, mas en esa posición no había mucho que pudiese hacer. Por ello, emitió un sonido de molestia, mientras desviaba la mirada a un lado. Al observar esa reacción en él, decidió separarse un momento, únicamente para quitarse la prenda que cubría su torso y luego arrojarla a un lado. Después, quiso continuar con su cometido. Volvió a pegarse a él, más precisamente a su cuello, para luego lamerlo suavemente. Como ese soldado parecía inmutable aún, decidió ir un poco más allá, clavando sus dientes sin miramientos sobre su piel, con la suficiente presión como para dejar una marca bastante visible. Esto terminó por crispar los nervios del capitán.
-No hagas eso, maldita. Déjate de juegos y suéltame de una vez.
-Si sigues insultándome va a ser peor…
Sin dejar de mirarlo, se alejó y volvió a ponerse de pie. De manera sugerente, se quitó las prendas que aún cubrían su cuerpo, siendo observada por Levi, quien en esos momentos no parecía tan enojado por esa situación. Por último, dejó sus lentes sobre la mesa que yacía al lado de la cama y se le subió encima nuevamente. Gateó hacia él de forma sensual y acercó sus caderas hacia el rostro de quien aún no le quitaba los ojos de encima.
-¿Éste es mi castigo? –bromeó, ya que si había algo que le gustaba mucho hacer era lograr que ella acabara únicamente usando su lengua. Hange lo sabía muy bien.
-Parece que todavía tienes muchas ganas de hablar.
De esta manera, se posicionó justo encima de la boca del capitán, mientras lo tomaba del pelo y lo acercaba hacia ella de manera ruda. Quería, por lo menos una vez, ser capaz de dominarlo. La idea de tenerlo a su merced le encantaba. Ante el primer contacto de su lengua sobre esa zona, Hange arqueó su espalda instintivamente. A medida que él recorría, deteniéndose en cada punto de forma estratégica, la respiración agitada de la joven lo incitaba a continuar. Ella, por su parte, comenzó a moverse de forma enérgica, estrechando todavía más el contacto con su vulva. En el instante en el que sintió un suave roce en su clítoris, como una caricia, un gemido sonoro cruzó por sus labios. Al oírla, Levi continuó dando leves golpeteos en ese lugar, notando lo mucho que comenzó a temblar la joven. En cuestión de segundos, él sintió cómo ella se venía en su boca, mientras con su mano lo jalaba del cabello y sus piernas se retorcían a los lados de su cabeza. Después de recuperar un poco el aliento, lo soltó y volvió a dedicarle una mirada cargada de malicia.
-¿Le haces estas cosas a Petra también? ¿Sus gritos son más dulces que los míos? –murmuró, mientras pasaba sus manos por su piel, en su rostro se podía apreciar claramente sus deseos de continuar.
-No puedo creerlo, ¿en serio piensas que Petra y yo-
Cortando con su discurso antes de que pudiera terminar, le tapó la boca con una mano, mientras con la otra le hacía un gesto para que guardase silencio. El capitán se encontraba visiblemente consternado, aquello lo había tomado por sorpresa. No podía creer lo que estaba oyendo. No obstante, sentir una presión sobre su entrepierna, aún cubierta por la ropa militar, le impidió seguir excusándose. En seguida, ella lo despojó de sus vestiduras y tomó su miembro, para luego comenzar con un masaje lento. Descendió un poco más, posicionándose entre las piernas de éste, aún sin detener lo que había comenzado. Él se removió un poco, lo que provocó que las esposas chocasen entre sí, generando un sonido estridente. Seguidamente, la joven lo atrapó con sus labios, descendiendo y volviendo a subir por él de manera continuada. Lo sentía latir en su boca, su piel estaba caliente, se había vuelto muy grande. No siendo capaz de utilizar sus manos, Levi movió sus piernas y se elevó levemente hacia ella. En verdad lo estaba disfrutando. Por ello, Hange supo que era el momento indicado y se detuvo de manera súbita. No quería doblegarse, en verdad deseaba llevar a cabo su pequeña venganza. Así, volvió a erguirse sobre él, esta vez cambiando de posición y poniendo en juego un poco de la imaginación que cargaba hacía tiempo. Decidió darle la espalda, de manera en que él fuese capaz de ver todo lo que pensaba hacer a continuación. Levi se mantuvo expectante.
Sin apartarle la mirada de encima, tomó nuevamente el miembro del capitán y se lo introdujo de manera pausada, no sin antes gemir dulcemente en el proceso. Quería que él reaccionara, aunque los grilletes se lo impidiesen, y que sufriera por no poder hacer nada ante lo que ella realizaba. Al haberlo metido por completo, decidió continuar de la misma manera, sabiendo que Levi hubiese sido mucho más rudo. Era su turno de poner las reglas.
-Yo lo hago mejor que ella, ¿verdad Levi? –insistió, mientras apoyaba sus manos sobre las piernas del capitán. Él todavía no había negado el asunto.
Otra vez había hecho alusión a aquello. El hombre en verdad no entendía el porqué de su obsesión, pero ya estaba logrando alterarlo a sobremanera. Sin embargo, tenerla allí, actuando por su cuenta, siendo capaz de ver como entraba y salía de su interior, realmente le quitaba el aliento. La forma tortuosamente lenta en la que lo hacía, le generaba una excitación aún mayor. Sumado a esto, no poder moverse ni tocarla como quería, también le generaba una cierta ansiedad. Si eso era lo que ella quería, lo había logrado.
-¿Me prefieres a mí? Dímelo.
De repente, su paciencia terminó por agotarse. Sorpresivamente para Hange, se vio de cara al colchón antes de que pudiese reaccionar, con una mano la cual presionaba su cabeza sin ningún cuidado contra éste. Levi se había soltado. Sin que pudiese oponer resistencia, sintió como era penetrada por completo sin ningún tipo de cuidado. Así, estando sobre sus manos y sus rodillas, él se movió de manera violenta sobre ella. La soldado todavía no entendía lo que había sucedido.
-¡¿Cómo te soltaste?! –le pregunto, con la voz entrecortada, apenas siendo capaz de hablar debido a la fiereza con la que estaba siendo tratada.
-Sé dislocarme el dedo, no te olvides que yo era un criminal y escapé mil veces de la policía. Me subestimaste demasiado, cuatro ojos.
Lógicamente, Hange se sintió una idiota por no haber pensado en aquello. Por más que lo intentara, ese tipo siempre terminaba teniendo un as bajo la manga. No obstante, si era capaz de hacer eso, quería decir que podría haberse desatado en cualquier momento. A pesar de ello, no podía seguir pensando en esa posición. Ya no podía controlar su voz a esa altura, así como tampoco su cuerpo. Pronto, Levi la tomó del cabello, atrayéndola hacia él aún sin bajar ni un poco el ritmo. Luego de observar una expresión lujuriosa en el rostro de la joven, decidió responderle por fin.
-Me hartaste, ¿en serio piensas que podría hacerle estas cosas a otra? –preguntó, retóricamente, ante la mirada atónita de Hange.
Sin poder esperar por más tiempo, Levi dejó que se derramase todo aquello que cargaba durante los días en que no había podido pasar un tiempo a solas con esa demente, justo dentro de ella. El cuerpo de la líder de escuadrón se sacudió, no siendo capaz de controlarlo más. Luego de unos segundos, él se dejó caer, rendido a su lado, mientras terminaba de quitarse las esposas y las dejaba sobre el escritorio de Hange. Ella, algo intrigada aún por lo que le acababa de confesar el capitán, decidió apoyar su cabeza en el pecho de éste. Seguidamente, él la abrazó. Aun sin decir nada, la joven permaneció mirándolo.
-¿Vas a decirme qué te llevó a pensar que yo me cogí a Petra?
-Es que… estuviste distante toda la semana, yo pensé que estabas ocupado conociendo a otra.
-Vamos, tiene que haber una razón mejor.
-Y luego vi a esa chica. ¡Era tan linda! Pensé que quizás…
-Jamás pensé en ella de esa forma. Es una mocosa y es mi subordinada. En cambio, tú la besaste, parecía que me quisieras dar celos, ¿no debería ser yo el enojado?
Al dialogar con él, pudo notar lo equivocada que había estado. En verdad no tenía ni una razón válida para pensar que él estuviese con otra mujer. Se dio cuenta que todo era producto de su imaginación, la cual había estado divagando demasiado. Pronto, se sintió muy avergonzada. No solo había hecho muchas conjeturas sin ningún fundamento, sino que había involucrado a una persona inocente y la había estado acosando durante días. Realmente, había actuado de una forma muy inmadura.
-Lo siento, Levi. No sé por qué lo hice… además, debo confesar que Petra me rechazó.
A pesar de no responder a aquello, puesto que ya no tenía importancia, el capitán acarició el rostro de la joven de manera dulce. Después, depositó un beso en sus labios, mientras acomodaba un poco el alborotado cabello castaño.
-¿Alguna vez te cuestioné algo sobre el mocoso idiota que anda atrás de ti todo el tiempo?
-¿Moblit? –rió, ante la forma despectiva en la que ese tipo se refería a ese chico a quien tanto apreciaba- Es mi buen asistente, nada más que eso.
-Eso es porque confío en ti, Hange.
Ante esto, la soldado no pudo más que sonreír. Si quería, Levi podía ser muy tierno a su manera, aunque eso fuese raro de ver. Aquello hacía que sus demostraciones de afecto fuesen más valorables para ella. Pronto, la joven pasó su mano por el cuello y cerró un poco más su abrazo, disfrutando de las caricias y la compañía de ese hombre. Podría quedarse de esa manera por siempre si así lo quisiese.
-Quiero que te quede claro que eres mía.
De esta forma, las dudas simplemente se disiparon en la mente de Hange. A pesar de que no le gustaba demasiado esa expresión, puesto que no era ningún objeto para pertenecerle a nadie, viniendo de él podía llegar a aceptarlo. De repente, ella recordó algo que había llamado mucho su atención. Era un detalle que no podía pasar por alto.
-Si quisieras, hubieras podido escapar de esas esposas. ¿Por qué no lo hiciste?
-Es que la vista era increíble. Cuando quieres puedes ser atractiva, cuatro ojos de mierda.
-¡Levi!
Fin
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