¡Hola! A pesar de que no pensaba continuar con esta serie de one shots llenos de lujuria uwu acá les traje otro que es un poco distinto a los demás. Se sabe que primero fue Hange soldado y luego Levi, por lo que decidí hacerlo así esta vez. Además, son más jovencitos, ella 23 y él 28, mientras Erwin tiene 32. También aparecen Isabel y Farlan, de 15 y 27 años respectivamente. Espero que les guste :D
Criminal
Algo incrédula, se encontraba dirigiéndose hasta la oficina de su comandante quien la había mandado a llamar con suma urgencia. Hacía semanas que estaba obsesionado con un grupo de chicos del subterráneo que sabían usar el equipo de maniobras como nadie, por lo que imaginaba que se trataba de algo relacionado con eso. Bien sabía que no podía decirle que no sea lo que fuera que le pidiese, así que le restaba escuchar qué era lo que tenía para decirle. Así, la entonces Hange de 23 años, líder de escuadrón debido a su gran desempeño a pesar de su temprana edad, llegó hasta la puerta en donde estaría su superior del otro lado. Al tocarla tres veces, su voz hizo eco en la habitación, atravesando incluso la madera, invitándola a pasar. Así lo hizo, encontrándose con un Erwin apacible, quien yacía sentado frente a su escritorio con ambos brazos apoyados sobre este. Ella solo lo saludó agitando su mano en el aire, puesto que tenía la suficiente confianza con él para ello. También debido a esto, se acercó hasta quedar a su lado, en donde apoyó su cadera contra aquel mueble y lo miró por encima de sus lentes. En seguida, él tomó unos papeles que yacían justo en frente, los cuales tenía preparados para cuando ella apareciera.
-¿Me llamabas, Erwin?
-Así es, tengo una misión para ti.
Antes de que pudiera continuar, ella le quitó esos documentos de la mano de un tirón y se decidió a leerlos. La paciencia no era algo que la caracterizaba. Allí, el dibujo de un identikit le llamó sumamente la atención. A un lado, estaba el nombre de ese individuo y una breve descripción de lo que se sabía de su persona. Levi, a secas. Se trataba de un criminal, ladrón y asesino feroz, el cual se bastaba con una navaja para hacer toda clase de fechorías. Según la información, era de baja estatura, delgado y tenía alrededor de 30 años, quizás un poco menos. Por lo que se sabía, solía andar acompañado de una niña y un chico de su misma edad.
-¿Qué debería hacer yo?
-No lo sabrás si no me dejas terminar. Quiero que vayas al subterráneo y te acerques a él. Mejor dicho, que lo conquistes. Con esta información no nos basta para capturarlo y podría ser de gran ayuda para la Legión.
-No puedes estar hablando en serio…
-Vamos, Hange. Tú eres perfecta para esta tarea. ¿Quién podría resistirse a esos hermosos ojos castaños?
En seguida, él posó su mano sobre el muslo de la joven, acariciándolo de manera lenta y ascendiendo con sus dedos un poco más. En otro momento, aquello hubiera hecho que su corazón diese un vuelco. Hacía tiempo que ellos mantenían una especie de relación bastante clandestina, sin embargo, ella no sabía ya si quería seguir con eso. Se hacía muy difícil mantener algo así, puesto que él era su superior y además, un hombre muy frío. En verdad, estaba un poco cansada de ser simplemente alguien con quien el comandante solía descargar sus frustraciones, para luego seguir como si nada al día siguiente. Por ello, en seguida presionó su muñeca, haciendo que se detuviese.
-¿Me mandas a acostarme con otro tipo y a la vez esperas que esté disponible para ti? No soy tu puta personal.
-Jamás pensé en ti de esa manera. Eres joven todavía, pero igual tienes que saber separar el trabajo de lo demás. Es tu deber como soldado –le respondió, aun sin mover su mano de la pierna de la joven, mirándola fijamente.
-Es mi misión, la completaré. Pero ya no quiero que continuemos con esto. Se terminó.
De esta manera, de un manotazo se lo quitó de encima de forma poco amable. Por más que se tratase del rey de los muros, ella no se doblegaría ante nadie. Notando su reacción y entendiendo sus palabras completamente, lejos de enojarse, él comprendió y la dejó en paz. Solo se limitó a dedicarle una sonrisa suave, ya que no podría amarla y sabía que una mujer tan valiosa no se merecía eso. Así, la dejó ir, encomendándole esa tarea y confiando en que ella la completaría en tiempo y forma. Bien sabía que era muy capaz. Hange era única, de eso tampoco tenía dudas. Al día siguiente, estaba lista para partir en búsqueda de ese joven. Esperaba que el dibujo fuese realmente descriptivo, puesto que sino no sería capaz de encontrarlo en una ciudad tan grande y peligrosa. Aun así, no tenía miedo, puesto que el entrenamiento militar le serviría como defensa, además de que ella era muy fuerte de por sí. Sin embargo, al momento de ver la ropa que tendría que utilizar, la cual yacía encima de su cama con una nota, sintió un odio muy profundo hacia su comandante por ello. Se trataba de una camisa blanca, junto con un corsé negro acordonado y una falda larga de color terracota. Para completar el atuendo, había unas botas marrones de caña alta con algo de tacón. A regañadientes, decidió ponérselo ya que tampoco tenía otra vestimenta más que la militar o la de laboratorio, la cual estaba bastante deteriorada. Algo incómoda, estando lista, tomó el dibujo de ese a quien tenía que encontrar y se lo guardó, para luego salir y cerrar la puerta tras de sí. Estaba decidida.
En poco tiempo, cabalgó hasta las escaleras de la entrada a ese pequeño mundo aparte dentro de las murallas. Tenía bastantes dudas, pero lo único que podía hacer era seguir avanzando, cumpliendo con su deber. De esta forma, descendió de su caballo, ordenándole volver a su establo por su cuenta y luego de tomar un poco de aire, se acercó al portal. Allí, mostró una insignia militar que le había facilitado Erwin, por lo cual los guardias la dejaron pasar rápidamente. Estando allí, era momento de bajar por los interminables escalones grisáceos que la llevarían a ese abismo. Todo era muy oscuro allí, incluso casi no ingresaba la luz del sol por lo que era capaz de ver. A medida que descendía, la oscuridad se hacía más profunda, cubriendo todo a su alrededor. Gracias a la luz artificial, alcanzaba a ver los rostros demacrados de los que allí vivían, así como también los cuerpos esqueléticos y las expresiones de tristeza profunda. Era un mundo completamente diferente, incluso peor de lo que hubiese imaginado. Habiendo llegado a la base, se decidió a recorrer las calles interiores en busca de su objetivo, mientras trataba de blanquear su mente ya que no podía hacer nada para ayudar a esa gente en su posición. Todo estaba muy sucio, el hedor era casi insoportable, la basura reinaba sobre las veredas rotas. En seguida, pensó en las condiciones en las que vivían esas personas y sintió pena por ellos. Mientras continuaba indagando con la mirada todas las caras que pasaban a su alrededor, pronto logró divisar a alguien similar a la descripción que había obtenido. Él coincidía totalmente, por lo que creyó haberlo encontrado. Debía jugárselo todo y tratar de acercarse, puesto que no sabía si volvería a tener una oportunidad igual. Sin embargo, algo inesperado sucedió.
En la dirección contraria a la que ese joven se dirigía, logró divisar a una mujer que estaba siendo molestada por varios tipos que se veían sumamente rudos. Ante los ojos de todos los demás quienes ni siquiera se inmutaban, parecían tener intenciones de abusar de ella además de robarle, por lo que no pudo pasarlo por alto. Además, sus gritos eran desesperados, por lo que supo que en verdad necesitaba ayuda. Lo demás podía esperar. De esta forma, se dirigió hasta allí a toda velocidad y, luego de un salto, le propició una patada voladora a uno de ellos. Cuando este cayó al suelo, los otros quisieron abalanzarse sobre ella a los golpes, los cuales logró esquivar con bastante facilidad. En medio de la confusión esa chica logró escapar, agradeciéndole en silencio antes de marcharse. De pronto, una idea cruzó por su cabeza. Sorpresivamente para esos delincuentes, se echó a correr en la otra dirección, riéndose de ellos descaradamente. Sin titubear y presos de la ira, estos decidieron perseguirla, queriendo hacerla pagar por lo que había hecho. El plan estaba saliendo justo como esperaba. En pocos minutos, logró divisar a ese a quien buscaba en un principio caminando tranquilamente, lo cual fue un alivio al no perderlo de vista. Por esto, aceleró un poco más el paso hasta chocar contra él, haciéndolo trastabillar y cayendo hacia el suelo de manera aparatosa. Una vez en el piso, Hange se colocó en una pose que intentaba ser tierna, llevando su mano a su rostro. Con algo de timidez fingida, lo observó por debajo de sus lentes.
-Oye, ¿estás bien? –le preguntó él, tendiéndole una mano para asistirla.
Ella en seguida la tomó, para luego apretarla con desesperación. Esto llamó la atención de ese joven, quien la miró algo intrigado debido a su cambio de actitud. Detrás de ella, aparecieron esos tres delincuentes, dispuestos a tomar revancha.
-¡Por favor, ayúdame! ¡Quieren robarme!
Así, sin pensárselo demasiado, él sacó una navaja y amenazó a esos que querían atacar a la joven. Mirando bien a su alrededor, logró ver que a su lado estaban una chica pelirroja y un muchacho de cabello rubio, lo cual coincidía con la descripción que había obtenido. Al verlos y poder reconocerlos, esos tipos salieron corriendo despavoridos de donde habían venido. Luego de saber que ella se encontraba fuera de peligro, decidieron marcharse mas Hange debía detenerlos. No podía dejarlos escapar, mucho menos a él.
-¡Esperen! Yo… no tengo a donde ir… por favor, ¿podría quedarme con ustedes?
-No –contestó él, cortante.
-¡Di que sí, hermano mayor! Con ella podría hablar cosas de chicas, deja que venga con nosotros –le imploró la pequeña pelirroja, juntando sus manos por delante de su cuerpo en una súplica.
Aunque él realmente casi nunca entendía el razonamiento de esa adolescente, luego de mirar de reojo al muchacho quien no parecía oponerse a la idea, decidió dar un suspiro y asentir. Ante esto, ella festejó y abrazó a la otra joven efusivamente, lo cual a pesar de haberla tomado por sorpresa en un principio hizo que la correspondiera en seguida con una sonrisa. Mientras el joven rubio le sonreía al otro como intentando que no se exasperara, decidieron llevarla a su hogar con el propósito de no dejarla sola en la calle, siendo un lugar tan peligroso. Una vez allí, al atreverse a preguntar sus nombres, se enteró que en verdad él era Levi, lo cual fue realmente un alivio. Los otros dos, se llamaban Isabel Magnolia y Farlan Church. Los tres vivían en una casa pequeña pero acogedora e increíblemente pulcra, en comparación con la suciedad que reinaba en aquella oscura ciudad. En poco tiempo, pudo inducir que se trataba de una familia bastante disfuncional pero que se protegían de manera mutua y se llevaban muy bien. En esos momentos, él no se veía como el matón que Erwin le había dicho que era, lo cual la hizo dudar bastante de la información con la que contaba, a pesar del miedo que tuvieron esos tipos de él. De todas maneras, no podía confiarse. Su misión era averiguar todo acerca de ese joven, lo cual debía cumplir para mantener su nivel. A decir verdad, no tenía mucha idea de cómo debía actuar para parecer femenina y conquistarlo, aquella no era para nada su área, sumado a que tampoco tenía demasiado interés en él. Tendría que improvisar y confiar en su instinto, ya que Erwin seguía siendo su comandante después de todo. Debía obedecer, estuviese de acuerdo o no. Con eso en mente, después de tomar un poco de aire, decidió dar el primer paso.
-Me salvaste, Levi. ¿Cómo podría agradecértelo?
-No es para tanto –respondió él, de la misma manera distante en la que se había dirigido a ella en un principio.
-¡Eres tan fuerte y genial!
-Deja eso.
-Sé bueno, Levi –le reclamó Farlan.
Contrariamente a esa actitud despectiva que estaba teniendo con ella, Hange no pensaba rendirse. De forma veloz, se pegó a él y lo tomó del brazo, estrujándolo de forma en que pudiese sentir sus pechos por encima de la tela. Así, le sonrió y, aunque algo temerosa por no saber qué reacción tendría, no pensaba cesar. Como respuesta, el joven la miró intrigado y algo reacio ante ese contacto. Por esto, se zafó como pudo y luego de chasquear su lengua en señal de disgusto, se marchó hacia su habitación. Ante esto, sus amigos le pidieron disculpas en su nombre, algo avergonzados ante la poca delicadeza en el actuar de ese criminal. En palabras de sus amigos, Levi no se caracterizaba por ser una persona sociable ni mucho menos expresiva, algo que le dificultaría bastante la tarea a la soldado. Por lo tanto, ella había decidido permanecer con ellos durante un tiempo, si así se lo permitían, con el objetivo de poder cumplir con su tarea de la mejor manera en que pudiese. Si bien no creía en su propio aspecto, confiaba en su intuición y en su carisma, los cuales le habían ayudado mucho durante su vida, por lo que buscaría quebrar esa barrera de alguna manera. Por el momento, podría sacar alguna información de aquellos dos, quienes parecían mucho más amigables. Con el correr de los días, no le costó demasiado estrechar lazos con ellos, sobre todo con la pequeña, quien había comenzado a llamarla hermana mayor, al igual que a aquel quien permanecía un poco más alejado. Sin embargo, a pesar de eso, logró averiguar que era un fanático acérrimo de la limpieza, además de amante del té negro y experto en el uso de armas blancas. También, sus habilidades con el equipo de maniobras robado eran excelentes, siendo auto didacta.
-¿Puedo salir a robar con ustedes? –le preguntó la joven.
-No, nos retrasarías –respondió Levi.
-¡Hermano mayor!
Contrario a las quejas de la menor del grupo, él se mantuvo tajante en su decisión. Por su parte, Hange no protestó puesto que lo más seguro es que notarían su experiencia si la veían en acción, por lo que aceptó sin chistar. Habiéndose marchado, por alguna razón tuvo el impulso de sorprenderlos con una cena elaborada, algo que no solía hacer a menudo por falta de tiempo. Ellos en poco tiempo se habían vuelto cercanos, incluso podía considerarlos amigos, puesto que estrechar lazos con las personas no era algo que le costase. Luego de sonreír para sí misma, fue al mercado y compró algunas verduras así como también algo de carne, lo cual utilizaría para su preparación. Mientras cortaba algunas zanahorias y las echaba en una olla, en sus pensamientos apareció la imagen de Levi. Si bien él parecía frío, conociéndolo mejor supo que en realidad aquello era una mera barrera de defensa. Por la forma en la que trataba a esos chicos, podía asegurar que los cuidaba como a nadie y se preocupaba por ellos cual si en verdad fuese su hermano mayor. Incluso con ella, con quien a pesar de mantener una cierta distancia, se preocupaba por su bienestar a pesar de haberla conocido hacía apenas unos días. Sin embargo, contrario a todos sus esfuerzos, no había podido conseguir que le prestase atención tal como quería Erwin. De todas maneras, ella lo esperaba, puesto que no se consideraba una mujer bella y desde un principio pensó que todo eso era una mala idea. Al terminar de colocar todos los ingredientes a hervir, lavó sus manos y se decidió a revisar un poco antes de que ellos llegaran.
Hange pensaba que si no podría sacar provecho directamente de él, seguramente algo podría encontrar en su hogar que pudiera usar para su informe. Era consciente de que eso no estaba bien, pero siguiendo órdenes de los altos mandos, no le quedaba otra opción. Mientras revisaba algunos cajones en la habitación de Levi, desde adentro de un libro viejo, un dibujo cayó al suelo. Luego de dejarlo a un lado, se agachó y lo tomó de una esquina, encontrándose con la imagen de una mujer de cabello negro muy sonriente. Era muy hermosa y poseía un rostro amable, lleno de vida, el cual fue plasmado en un bosquejo increíblemente realista. Mirándola mejor, se parecía mucho a Levi. Quizás sería su hermana o su madre, no podría decirlo, pero por como la conservaba, podría inducir que había sido alguien muy significativo en su vida. De pronto, el sonido de la cerradura y de voces fuera de la casa la alarmó, por lo que torpemente dejó la imagen en donde estaba y salió de allí a toda velocidad. Al llegar a la cocina, tomó un cucharón y simuló estar revolviendo la preparación justo a tiempo en que ellos ingresaron. En seguida, Isabel se acercó a su lado de manera divertida, mientras cerraba los ojos y dejaba que su nariz percibiera los aromas.
-¿Qué es eso que huele tan bien, hermana mayor? –le preguntó Isabel, muy curiosa.
-Me tomé el atrevimiento de prepararles la cena, espero que les guste.
-Te agradezco mucho, Hange –continuó Farlan- Levi me obliga a cocinar desde que nos conocemos porque a él no le gusta.
-¡También nos obliga a limpiar! Es tan fanático de la limpieza como de dar órdenes, en realidad él no hace demasiado.
-¿Van a seguir criticándome en mi cara, pedazos de escoria? –preguntó, un poco en serio, un poco en broma. Ante esto, la joven no pudo evitar estallar de la risa.
Al verla reír tan alevosamente, esos dos se acoplaron de la misma manera, llenando de risas la acogedora habitación. Por su parte, Levi simplemente sonrió, resignado ante el hecho de que esas personas no tenían remedio. Luego, se acercó hasta Hange, quien acababa de recuperar la compostura. Así, colocó su mano sobre su hombro, haciendo que centrara su atención en él.
-Gracias, Hange.
En seguida las mejillas de la joven se colorearon, ya que sin saber muy bien por qué, la mirada amable que él le había dedicado sumado a que era la primera vez que lo oía llamarla por su nombre, provocó algo en ella. Por ello, le devolvió la sonrisa y prosiguió a invitarlos a todos a que se sentasen a la mesa a esperar a que la comida estuviese lista. Mientras finalizaba, él se había dedicado a mirar su espalda al mismo tiempo que los demás charlaban tranquilamente. Divagando en su mente, no pudo evitar pensar en lo amable y alegre que era ella. En poco tiempo, logró revolucionar su vida de una manera muy especial. Hange definitivamente era un ser humano muy particular, la cual lograba ver a través de las personas. Además de eso, era muy linda y no podía negarlo y por más distancia que quisiera poner entre los dos le era imposible no pensarlo. Se le estaba haciendo cada vez más difícil rechazarla, lo cual no lo hacía porque no le gustase sino porque no estaba seguro de sus intenciones. Por más que quisiera, ser desconfiado era parte de su naturaleza. A esa distancia, su cabello ondulado se veía muy suave, incluso aunque fingiera burlarse de ella por eso, sus lentes la hacían ver incluso más bonita. Esto sumado a que las mujeres altas eran su debilidad, algo que no pensaba confesárselo. En el momento en que Farlan e Isabel notaron la manera en la que la observaba, desvió hacia los dos una mirada sumamente severa, lo cual los hizo callar al instante. Aquello fue un alivio. De esta manera, cenaron muy apaciblemente. A decir verdad, hacía muchos años que no probaba una comida tan deliciosa.
De esta manera, transcurrieron unos días más. Su estadía se había alargado más de debido, por lo cual debía regresar lo más pronto posible si no quería perder su puesto en el ejército. Sin embargo, aún no había logrado lo que se le había requerido, lo cual la preocupaba bastante. Fueron incontables las veces que ese delincuente la ignoró, por lo que había perdido un poco las esperanzas de que algo sucediera. Lo que también le preocupaba era que en verdad estaba teniendo ganas de que las cosas pasaran, por alguna razón. Quizás reforzado por la convivencia o por la actitud de chico malo que él tenía todo el tiempo, pero había logrado cautivarla por mucho que le pesara. Incluso había logrado olvidar completamente al comandante, algo que no creía que fuese posible en tan poco tiempo. Esa tarde, la había pasado haciendo algunas compras, tal como varias veces anteriores puesto que se había tomado el trabajo de cocinar para ellos y eso se había hecho habitual. No le molestaba para nada, incluso podría decirse que lo disfrutaba al recibir elogios y agradecimiento de parte de esas personas. De todas formas, era consciente de que eso se terminaría pronto, por lo que quiso hacerlo lo mejor posible mientras durara. Así, mientras atravesaba la puerta de entrada y dejaba las bolsas sobre la mesa, notó que nadie respondió su saludo. Al parecer, no había nadie en casa. Por ello, sin más, atravesó la cocina hasta su habitación, a la vez que tarareaba una canción muy despreocupada. Al llegar, se dejó caer sobre la cama, suspirando pesadamente. Después, procedió a quitarse las botas, las cuales le molestaban bastante debido a su tacón. Hasta ese momento había creído estar sola, hasta que oyó la puerta cerrarse, lo cual la alarmó tanto que se incorporó como resorte y emitió un fuerte grito. Allí estaba Levi, quien fue quien había hecho aquello con sigilo, mirándola de forma rigurosa.
-¡Me asustaste! ¿Dónde están Farlan e Isabel?
-Ellos se fueron, no volverán pronto. Creo que tú y yo tenemos algo pendiente, ¿verdad? Sí que fuiste insistente… –le dijo, mientras se sentaba en una silla que quedaba justo frente a la cama, a lo que ella tragó saliva. Sabía exactamente a lo que se refería.
-¿Estás seguro? –le preguntó, titubeando un poco.
-Quítate la ropa.
Eso sonó como una orden, lo cual la sorprendió a sobremanera debido a la frialdad con la que se expresó hacia ella. Sin embargo, bien sabía que no podía negarse, no después de ser la que había incitado a que aquello por fin ocurriese. Tenía una misión y debía cumplirla, como soldado era su obligación. Aunque se sintiera sumamente incómoda delante de ese hombre tan peligroso, si no lo hacía tendría que aceptar que había fallado. Continuaría fingiendo estar completamente loca por él y, para eso, debía acatar. A pesar de lo rojo de sus mejillas, comenzó por desatar su corsé, lo cual a decir verdad la alivió bastante, para luego desabotonar su camisa clara, con los dedos bastante temblorosos. Todo esto, ante la mirada de ese matón, quien permanecía sentado sobre su silla mientras apoyaba su cabeza sobre el dorso de su mano. No se atrevía a mirarlo pero juraría que tenía una expresión sumamente aburrida. Ella jamás se había considerado bonita, ni mucho menos sensual, por lo que no tenía idea qué era lo que él podría haber visto en ella para pedirle algo semejante de repente. De todas maneras, decidió continuar hasta lograr descubrir su torso de la última prenda que lo cubría. Sin esperar más y hacerlo más tortuoso, desató su falda larga y esta cayó irremediablemente al suelo y con ello, su ropa interior. Mientras se cubría con un brazo sobre sus pechos, decidió mirarlo otra vez. Ante esto, él le indicó que se acostase sobre la cama que estaba a un lado. Ella, sin emitir una palabra, así lo hizo.
-Quiero que te toques para mí.
Ante esto, ella tragó saliva otra vez. En verdad aun no entendía el porqué de ese cambio de actitud por parte de él, pero aquello pasaba todos los límites. Sin embargo, luego de haberle hecho creer que estaba enamora de él, debía continuar con su actuación. Con muchísima vergüenza, comenzó a acariciar su vulva con sus dedos aún bastante temerosa. La manera en que él la miraba había cambiado, puesto que parecía ponerle más atención, lo cual no la ayudaba para nada. En la mente de Levi, verla de esa manera estaba logrando excitarlo demasiado. Por más que esto no se reflejase en su rostro, su cuerpo ardía. Estaba probándola, él sabía que Hange mentía, solo que no estaba seguro de qué beneficio sacaría ella de todo esto. Claramente no era una mujer inocente, ni tampoco parecía no saber defenderse sola, por lo que el hecho de que fuese buscando su ayuda de esa manera le hacía pensar que algo había detrás de su actitud. Además, a pesar de que parecía algo desconforme con lo que le había ordenado, lo estaba haciendo de todos modos, lo cual lo hacía sospechar un poco más. De todas maneras, realmente quería ver hasta donde era capaz de llegar con esa farsa. Presionarla de esa manera hacía que se sintiera aún más incitado, por lo que no pensaba detenerse.
-Abre las piernas, quiero verte bien –le pidió, manteniéndose en su lugar- No quiero que te detengas hasta que termines.
De esta manera, ella apoyó una mano detrás de su cuerpo para sostenerse y subió sus pies sobre el acolchado, manteniéndose como se le había requerido. Aunque en un principio la situación le hubiese resultado por demás incómoda, ya no se sentía tan apenada. No sabía si era el hecho de que él la estuviese observando o que estuviera estimulándose de esa manera, pero su cuerpo estaba sintiéndose más ligero. El tono de voz que él utilizaba a pesar de sonar autoritario, también era bastante sugerente. Sin querer, un leve suspiro escapó de sus labios al momento de introducir uno de sus dedos aunque todavía de forma superficial, por lo que se limitó a ladear su cabeza, haciendo que sus lentes se deslizasen por su nariz a penas. Esto no pasó desapercibido por aquel criminal.
-No te contengas, quiero oírte –continuó ordenándole- Mételos más profundo.
Sin cuestionarse más nada, así lo hizo, lo que logró que emitiera un jadeo un poco más sonoro. Ya no era necesario fingir, lo estaba disfrutando tanto como él, no podía ni quería negarlo más. Por ello, mientras introducía y volvía a sacar sus dedos de su interior de manera lenta, le dedicó una mirada muy lujuriosa. Él simplemente sonrió con malicia, mientras sentía su miembro completamente erecto debajo de sus pantalones. La imagen de Hange masturbándose tan descaradamente frente a él hizo que eso fuera posible.
-Eso es, buena chica.
-¿Vas a… quedarte ahí… solo mirándome? –le preguntó, visiblemente agitada, en voz baja.
-Sí. A menos que me hagas cambiar de idea.
Pronto, todo su ser tembló, lo que hizo que estrujase la manta debajo de ella. Ya le era imposible frenar el movimiento de sus dedos, lo cual le generaba espasmos cada vez más continuados y hacía que gimiese sin control. Luego de unos segundos más, no pudo evitar cerrar sus piernas instintivamente y echar su cabeza hacia atrás, mientras sentía latir sobre sus dedos todo su mojado interior. Cuando el temblor cesó, aún sin aliento, volvió a mirarlo. Al verla allí de esa forma, con su rostro enrojecido y su piel al descubierto, completamente a su merced, supo que ya no había razón para contenerse más. En verdad había seguido sus instrucciones al pie de la letra, por lo que pensó que podría darle la recompensa que aparentemente ella deseaba. Así, dio unos pasos más y se inclinó hacia la joven, tomándola del cuello para luego besar sus labios con mucha pasión. De esta forma, la sintió aferrarse a su chaleco mientras cerraba sus ojos y se dejaba llevar por ese deseo irrefrenable que crecía en su ser.
-¿Quieres que siga? Dilo apropiadamente.
-Sí…
-Vamos, quiero que me lo pidas.
A decir verdad, ella ya tenía suficiente luego de haber hecho semejante cosa ante los ojos de ese joven. Pero, aunque quisiera hacer lo que le estaba demandando, él estaba ejerciendo bastante fuerza sobre su cuello, por lo que se le dificultaba emitir una respuesta clara. Contrariamente a lo que hubiese imaginado, eso le agradaba, por lo que solo lo dejó seguir. Mientras colocaba una mano sobre la que él estaba utilizando para ahorcarla, miró hacia arriba para encontrarse con esos afilados ojos grises. Aunque fuese con su último aliento, realmente quería que su deseo se hiciese realidad, por lo que continuó.
-Cógeme.
Luego de esa petición, la cual sonó casi como una súplica, Levi ya no pudo hacer otra cosa. Así, aun sin soltar su cuello, la arrojó de espaldas a la cama. Seguidamente, dejó que sus dedos recorrieran la piel tibia de la joven, presionando sus pechos, los cuales había deseado tocar desde que la había visto por primera vez. Al masajearlos, notó que eran tan suaves y calientes como los imaginaba. Además, al ser pequeños, eran muy sensitivos. La expresión en el rostro de Hange la delataba, mientras su dulce voz deleitaba sus oídos. Sin esperar más, se posicionó entre sus piernas y las tomó con ambas manos. Después de besar el interior de sus muslos y dedicarle una mirada furtiva, fue acercándose a su entrepierna ante la mirada expectante de ella. Al sentir el primer roce contra su vulva, la joven volvió a arquear su espalda, esta vez enredando sus dedos en el cabello negro de ese criminal. Así, la lengua de Levi la recorrió entera, haciéndola retorcerse debido a la electrizante sensación que esto le provocaba. Mientras continuaba, él se desprendió el cinturón y descubrió su miembro de la tela que lo tapaba, deseoso por poder cumplir con aquello que ella le reclamaba. Así, se incorporó sobre sus rodillas y lo guió hasta ella, rozándola con muchas ganas en el proceso. En el momento en que comenzó a adentrarse en ella, la tomó por las caderas y dejó que éste resbalara en su interior hasta alcanzarla por completo. Sin darse cuenta, ya no podía detenerse, tampoco hacerlo con suavidad. Debido a esta rudeza, ella tampoco pudo parar de gritar. Era igualmente tortuoso como placentero, lo cual era una dicotomía que agitaba profundamente su ser.
-Levi… me duele… -susurró, en un suspiro.
-Tú lo quisiste así, ¿te arrepientes?
Haciendo caso omiso a la pregunta, puesto que ya no podía emitir ni una palabra, en un movimiento desesperado lo atrajo hacia ella. De esta manera, lo abrazó por el cuello y cerró sus ojos, mientras descansaba su mentón en el hombro de quien estaba haciéndola sucumbir en esos momentos. Debido a esto, él no se detuvo, sino que continuó dejándose llevar por esa sensación irrefrenable. Al mismo tiempo que el choque de sus pieles hacía eco en la habitación, mordió el cuello de Hange con la intención de marcarlo y de llenarse de su fragancia, lo cual lo enloquecía un poco más con el correr de los minutos. La molestia que ella había sentido en un principio había desaparecido, puesto que la cercanía la tranquilizó, incluso el hecho de sentir el peso del cuerpo de Levi sobre el suyo hacía que el contacto fuese más satisfactorio. Poder oír su respiración contra su oído y saber que a él le estaba gustando aquello tanto como a ella elevaba un poco más el calor en su interior. Nuevamente, la sensación de cálida en su bajo vientre la hizo temblar debajo de él, logrando que clavase sus uñas en la espalda de Levi de manera inconsciente. Dejando que su cuerpo actuase por su cuenta, enredó sus piernas alrededor de él, atrayéndolo un poco más y gimiendo sin control. Habiendo notado la manera sumamente deliciosa en que ella lo apretaba y como latía, estando muy cerca de terminar, el joven continuó con aquello hasta que no pudo más. Así, se retiró completamente de ella y se incorporó, atrayéndola para que hiciese lo mismo.
-Ven aquí –la llamó a la orilla de la cama, a lo que ella acató- Quiero que continúes con tu boca.
Lejos de negarse, Hange con mucho gusto se arrastró hasta quedar sentada justo frente a él. De esta forma, tomó su miembro con una mano y comenzó a lamerlo sin ninguna clase de pudor. Al sentirlo enredar su cabello castaño y atraerla con bastante fuerza hacia él, decidió atraparlo en sus labios y acelerar un poco más el vaivén. El joven también se retorcía y suspiraba pesadamente estando de pie, lo cual le indicaba que en poco tiempo aquello terminaría. Aunque debido al tamaño se le estaba dificultando la tarea, la joven no pensaba rendirse.
-Eso es. No quiero que dejes escapar ni una gota. Ya sabes que no me gusta el desorden.
Al oír aquello, sin detenerse en su tarea, subió la mirada hasta encontrarse con el rostro sumamente extasiado de Levi. No supo por qué pero el hecho de que se lo pidiese de esa manera la encendió aún más. Sin embargo, no sabía si sería capaz. De todas maneras, cuando él la tomó del cabello con un poco más de violencia todavía y la acercó más hasta casi alcanzar su garganta, irremediablemente sintió ese líquido tibio sobre su lengua, a lo que solo atinó a cerrar sus ojos. Era demasiado, le estaba siendo difícil no derramarlo.
-Ahora trágatelo –dijo, para luego tomar su mentón- Abre, quiero ver que lo hayas hecho.
Tratando de no pensar demasiado, así lo hizo. Mientras lo sentía resbalar por su garganta, volvió a abrir sus ojos para encontrarse otra vez con la mirada fija de Levi sobre ella. Haciendo caso a sus palabras, separó sus labios y le mostró su lengua, enseñándole que aquello que le había pedido había sido realizado. Ante esto, él rió levemente y acarició su mejilla, feliz de que se hubiese hecho su voluntad. Después, se dirigió hacia sus labios, los cuales rozó con la yema de los dedos. Mientras ella permanecía inmóvil, introdujo uno de ellos en su boca con la intención de que ella lo lamiera tal como lo había hecho hacía unos momentos. Sin dejar de observarlo, así lo hizo. Cuando quería, ella podía ser increíblemente sensual, aunque todavía no fuese consciente de ello. Pronto, Levi sintió unas ganas terribles de continuar con lo que habían comenzado. Por lo tanto, de manera sorpresiva, volvió a arrojarla allí otra vez y se colocó encima de ella. Antes de que pudiese emitir una queja, el joven la besó otra vez, algo que no esperaba de alguien tan pulcro como él después de lo que acababa de hacer. Antes de que pudiese notarlo, se vio nuevamente en los brazos de ese joven, jadeando con desespero, presa de una intensa lujuria. Definitivamente, él era increíble. Luego de aquello, exhausta, se dejó caer sobre el pecho de Levi, quien la recibió bastante agotado también. A decir verdad, después de lo ocurrido, ya no tenía ganas de seguir con esa farsa. Estaba mintiéndole y, por más delincuente que fuese, él no se lo merecía. Pese a todos los prejuicios que había tenido, le había demostrado ser una persona con un gran corazón con aquellos a quienes quería. Mientras se dejaba acariciar el cabello por ese criminal, quiso hablar.
-Levi, necesito confesarte algo.
-¿Qué? ¿Que eres soldado?
Al oírlo, no pudo evitar incorporarse de un salto, absolutamente anonadada. Él se limitó a mirarla de manera inexpresiva, a decir verdad llamó más su atención la manera en la que rebotaron sus pechos que lo que estaba tratando comunicarle.
-¡¿Cómo?! ¿Hace cuánto que lo sabes? ¿Por qué no me dijiste nada?
-Vi tu insignia un día que estaba ordenando tu habitación. Eres muy descuidada, cuatro ojos. Además siempre supe que algo escondías.
-Parece que no puedo engañarte. El comandante me envió para obtener información sobre ti, solamente sigo órdenes. Pero voy a decirle que mi misión falló y no pude conseguir nada, no tienes de qué preocuparte. Eres libre, dejaré de molestarte.
De esta forma, besó la mejilla del joven con dulzura y se separó de él, para después tomar su vestimenta que yacía aun regada en el suelo. Un poco sorprendido la vio cambiarse, siguiendo cada uno de sus movimientos. Al terminar, ella atinó a marcharse, mas Levi la detuvo.
-No te vayas –le pidió, levantándose de la cama por fin.
-Debo hacerlo, es mi trabajo. Te prometo que esta no va a ser la última vez que nos veamos.
Entendiendo por fin, la dejó marcharse, aunque con un poco de melancolía. Ella era una persona muy especial, de esas que marcan la existencia de los demás cuando se cruzan en su camino. Definitivamente la extrañaría, pero confiaba en que sus mundos se conectarían en un futuro nuevamente. Justo antes de cruzar la puerta, Hange se volteó a verlo una vez más.
-Hasta luego, Levi.
Así, se fue, cerrando la puerta tras de sí. En la soledad de su habitación, él sonrió, esperando que aquello sucediera en otro momento. La buscaría, quizás no en ese mismo instante, pero más adelante seguro la encontraría. Cuando llegaran Farlan e Isabel, les diría que ella había encontrado su camino por fin y que no debían preocuparse. Ellos entenderían. A pesar de ello, muy en lo profundo de su corazón, deseaba que eso pasase lo más pronto posible.
-Nos veremos, Hange.
Fin
Con ese guiño al capítulo 132 que nos rompió el corazón ahora sí, me despido. ¡Nos leemos!
