3. EL DIA QUE LA SALVÓ
-¿Sabes qué?- le preguntó burlonamente su amigo mientras le daba una palmada en el hombro. Justo cuando se encontraron en aquella plaza donde hacía más de media hora que habían quedado. –Me vas a adorar- le expuso él con su acostumbrada sonrisa brillante.
Pero Takeru rodó los ojos.
-Lo que vayas a decir, no será capaz de salvar el hecho que llevo más de medio hora esperándote- se quejó él mientras se aferraba la bufanda alrededor de su cuello. Hacia frio. No por nada era ya diciembre.
-Nimiedades- le respondió el moreno encogiéndose de hombros. El rubio resopló, viendo el vaho que salió de sus labios. –Ya sé quien es la chica de tus sueños- le dijo de manera teatral Daisuke.
Takeru, sin embargo, no se sorprendió ante aquello. El rubio solo resopló mientras ponía en marcha sus pasos en dirección al bar donde solían ir.
-Yo ya sé quien es- se quejó él, siendo seguido segundos después por el moreno. –Sé donde trabaja…-dijo a media voz. Pero Daisuke negó poniéndose a su lado.
-¡Yo sé más cosas!- le respondió el moreno. Ante aquello Takeru le observó de reojo. –Se ve que es muy amiga de la novia de un compañero del equipo de futbol, de Ken ichijouji. ¿Sabes quién te digo?- le preguntó. Takeru metió sus manos en sus bolsillos.
-¿El de cabellos oscuros?- le preguntó. Daisuke se golpeó las manos.
-Exacto. Entonces el otro día dimos una fiesta los del equipo. Y vino Ken con su novia Miyako, y también vino ella- le explicó Daisuke como si aquello fuera el mayor hallazgo de la historia. El cual, al menos para él, lo era.
-Genial, tiene amigos y sale de fiesta, cualquier cosa para una chica de veinte y tantos años- refunfuñó Takeru. Entonces él se cruzó de brazos sin dejar de caminar. –No lo entiendes Dai. Yo solo quiero poder olvidarme de esa chica y poder volver a dormir una noche entera- se quejó el rubio.
¿Por qué todos parecían empeñados en que se conocieran? ¿En que hablaran? ¿Por qué incluso el destino parecía quererlo?
-No es sólo eso- le dijo el moreno ante el nuevo mal humor de su amigo. Aunque últimamente, y él suponía que era por la falta de sueño, ese solía ser el humor de su amigo rubio. –Hablé con ella- sonrió con su sonrisa pícara.
Takeru detuvo abruptamente su paso ante aquella revelación.
-¿Qué qué?- le preguntó confuso. Su amigo le sonrió burlón. -¿No hablaste de mí… no?- le preguntó sintiendo el pánico subirle por las piernas. Y solo cuando vio a su amigo asentir sintió que perdía el color de su rostro.
Y quiso estrangular al inútil de su mejor amigo.
-Pero oye… solo le dije cosas buenas- se quejó el moreno al sentir la mirada azul asesina clavarse en él. –Además parecía interesada… muy interesada…- ante aquello el moreno le guiñó el ojo al joven rubio.
Sin embargo la reacción de Takeru no fue la que él esperaba. Es más, aquella reacción hizo que la sonrisa se borrara de su rostro.
La expresión de Takeru era de preocupación. Un rostro demasiado serio para la situación. Incluso vio como el rubio se estremecía ligeramente para luego levantar la mirada perdida hacia su derecha.
-Tengo que irme- solo le oyó susurrar antes de verle lanzarse en aquella dirección. Daisuke quiso retenerlo.
-¿Qué? ¡Espera!- le intentó gritar al ver ya como éste corría calle abajo. -¡Solo le dije cosas buenas!
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Takeru apoyó las manos en sus rodillas mientras jadeaba. Había corrido lo más rápido que había podido. Siendo sus pies los que dirigían su camino. Casi siendo inconsciente de las calles que cruzaba o de los coches pitándole al saltarse algún semáforo.
Si recibía alguna multa, sería de ese día.
Luego levantó la mirada azulada hacia el cielo, sintiendo una gota de sudor recorrerle el rostro. Levantó la mirada para darse cuenta de que se encontraba delante de uno de los centros comerciales de la ciudad. El que habían abierto durante la temporada de verano.
Tragó saliva sin saber muy bien que demonios hacia él allí. Sólo sabía que debía entrar, e ir hacia algún punto exacto de ese edificio. Entonces vio un cartel colocado justo en la entrada. Ese cartel, de fondo rojizo, indicaba que había una exposición en la sala de exposiciones del piso superior. Una exposición de fotografía.
No supo el que lo empujó a dirigirse hacia allí, comprar una entrada y tomar el ascensor hasta el último piso de aquel edificio. Respiró hondo mientras subía solo en el ascensor. No le gustaban los ascensores. No le gustaban los espacios cerrados y pequeños. Así que tomó aire cerrando los ojos.
Cuando la puerta del ascensor se abrió, observó que la última planta estaba básicamente compuesta por dos zonas. Una era un precioso restaurante de paredes acristaladas, la otra, una sala de exposiciones. Ambas compartían el jardín con fuentes falsas y plantas tropicales. El cielo nocturno se podía observar a través de los cristales, mostrando una bonita vista de la ciudad.
Salió del ascensor, pisando el suelo enmoquetado del pasillo, para poder observar la exposición. No podía ver a demasiadas personas. Quizás unas diez contando a los dos coordinadores de la exposición. Se metió las manos en los bolsillos, sin saber bien qué lo había llamado a él allí. Se adentró a la sala de paredes grisáceas cubiertas por fotografías en blanco y negro. Y entonces sus ojos se perdieron en unos ojos rubíes.
Y cuando su estomago se encogió supo que aquel no era solo el lugar donde debía estar, sino también el momento.
Justo en aquel momento se oyó una tremenda explosión. Takeru se volteó confuso hacia el lugar donde se había oído la explosión, que pareció venir del pasillo. Entonces pudo ver el humo entrar en la sala donde estaba él, así como el chillido de los cristales.
Cuando hubo una nueva explosión todo el suelo tembló.
-¿Qué está pasando?- oyó que gritaba un hombre nervioso mientras se aferraba a una de las columnas de la sala. Los dos responsables de la exposición cruzaron una mirada preocupada.
-Atención a todos los clientes. Se ordena la evacuación inmediata del centro- se oyó entonces por los altavoces de la sala. –Repito. Se ordena la evacuación. Por favor, mantengan la calma y evacuen el centro- repitió aquella voz mecánica por los altavoces.
¿Calma? Pensó irónico el rubio al sentir como, tras aquellas palabras, la gente de la sala empezaba a moverse bruscamente hacia la única salida. Y él no iba a quedarse atrás. Sin embargo, antes de hacerlo recorrió con su mirada la sala para perderse en los ojos de aquella chica. Vio como ella le miraba entre confundida, aterrada y, en cierto modo, aliviada de verle allí.
Él quiso tenderle una mano pero entonces hubo una tercera y más grande explosión.
Y en aquel momento no solo el suelo tembló sino que también parte del techo se derrumbó en aquella sala donde estaban ellos.
Takeru retrocedió unos pasos apresurados, y tuvo que cerrar los ojos ante la cantidad de polvo que le cubrió la vista. Sintió que chocaba contra la pared detrás de él y sintió que algo salía volando para rasgarle el rostro y el brazo que había levantado para protegerse. Oyó gritar a la gente de su alrededor, chillidos graves y agudos de todos los presentes. Él quiso hacerlo pero nada salió de su garganta.
Cuando abrió de nuevo los ojos todo estaba oscuro. Las luces se habían apagado, y delante de él todo era una enmaraña de piedras, hierros y cables de electricidad chispeando.
Parpadeó un par de veces mientras sus ojos se acostumbraban a la recién llegada oscuridad. Su mirada recorrió el terreno, vio entonces a uno de los responsables de la exposición siendo ayudado por dos hombres, su pierna parecía haber quedado atrapada bajo los escombros. Detrás de ese grupo, se encontraban unas cinco personas más tumbadas en el suelo, cubiertas de polvo y con algunos rasguños.
En aquel momento, el dirigió su mirada hacia el frente, donde debía estar la chica de ojos castaños.
-Hikari- llamó él aún sin ser capaz de verla. Porque delante de él solo había un boquete en el suelo, incluso la pared de detrás se había también derrumbado.
Apretó los puños y, sin saber de donde, sacó las fueras para levantarse y saltar aquel boquete. El joven respiró hondo mientras retrocedía unos pasos para luego saltar aquel agujero que había quedado delante de él. Separándolo de la otra mitad de la habitación.
-¡Cuidado!- oyó que alguien le gritaba. Pero él lo ignoró completamente.
Cuando sus pies se despegaron del suelo, temió no ser capaz de llegar al otro lado. Sin embargo lo consiguió, aunque a duras penas. Rodó por el suelo cuando llegó del otro lado y se levantó con una agilidad que jamás soñó tener. Sintió como el suelo a sus pies se tambaleaba, totalmente inestable. Y sintió un nuevo boquete a su derecha, el cual había estado a punto de pisar, y no había visto debido al humo.
Se asomó hacia ese boquete y su corazón dio un salto al verla a ella a unos cuantos metro dentro de ese boquete, sujetándose a un hierro que sobresalía del cemento roto, evitando una caída mortal.
-¡Aguanta ahí!- le gritó él haciendo que ella levantara la mirada rojiza y clavara sus ojos humedecidos en él.
Y tuvo un deja-vú. Pero esta vez a la inversa. Se vio a él dentro de ese pozo, dentro de ese agujero, y a ella arriba, en la luz, mirándole a él.
-¡Estoy aquí!- le gritó ella agarrándose con fuerza sin saber muy bien si moverse o no. Sintiendo que si hacía un movimiento en falso, ese barra de metal podía soltarse y ella podía caer.
-Aguanto un poco más- le pidió Takeru observando a su alrededor. Viendo la manera en que podía bajar hacia ella. Y buscando la manera en la que podrían volver a subir, si conseguía llegar a ella. Pero luego entendió que necesitaba ayuda recordó a aquellos hombres ayudando al responsable de la exposición. Si iba a por ellos, podría alcanzarla. -Voy a buscar ayuda- le gritó. Sin embargo, el solo hecho de pronunciar esas palabras le hizo abrir los ojos, sorprendido. Y quiso continuarlas.
-Volverás- le interrumpió ella todavía agarrada a ese hierro. –Lo sé- solo le dijo mientras sentía que sus ojos se empañaban.
Takeru asintió ante aquellas palabras y rápidamente saltó de aquel lugar en la búsqueda de aquellos hombres. Retrocedió sus pasos y se apresuró a regresar al otro lado del boquete.
Finalmente los hombres habían conseguido liberar al responsable de la exposición, todo y que su pierna había quedado muy tocada.
-¡Teneis que ayudarme, mi chica… hay una chica colgando!- les gritó él a lo que los hombres asintieron. Ambos se apresuraron a seguirlo, y Takeru no pudo más que suspirar hondo cuando, al regresar, vio que ella seguía allí. –Sujetadme de las piernas, puedo llegar a ella- les explicó él su plan. Los hombres asintieron de manera apresurada.
Entonces él se lanzó al suelo y empezó a descender por el boquete, arrastrándose por encima de aquellas rocas y evitando los hierros que sobresalían.
Hikari no decía nada, su mirada estaba perdida en la persona que iba a rescatarla. Intentando solo mirar los ojos de él. Y evitar mirar hacia abajo.
Sin embargo en aquel momento se oyó un quejido, y Hikari vio que la barra a la cual estaba sujeta parecía a punto de partirse. Ella apretó los dientes.
Y Takeru también lo vio.
-Cuando te diga que te sueltes, suéltate. Tienes que impulsarte hacia arriba- le gritó él. Hikari abrió los ojos ante aquel pedido, totalmente alterada ante aquello.
-¿Qué?- le preguntó sorprendida. Pero un nuevo quejido del hierro llegó a sus oídos.
-Confía en mí- le pidió. Y antes de que fuera consciente, él le pidió que se soltara.
Y ella lo hizo.
Sintió por unos segundos que se dejaba caer al vació, que toda la tierra tiraba de ella, y que su corazón bajaba a sus pies. Pero rápidamente se detuvo en el aire, y sintió que él la agarraba con fuerza del brazo.
El hierro finalmente se soltó y ella oyó el crujido que hizo al caer al suelo, a decenas de metros por debajo de ella.
-¡Ahora, arriba!- gritó Takeru tomando con fuerza el brazo de Hikari con sus dos manos. Le había pedido que se soltara al ver que el hierro no aguantaría. Y que si ella se impulsaba un poco él podría agarrarla.
Solo pudo sentir alivio cuando notó el tirón de los hombres en sus piernas y sintió que volvía a recorrer el camino para finalmente llegar de nuevo a la inestable superficie. Ya fuera del agujero.
Sintió entonces como Hikari se lanzaba y se abrazaba a él. Y ella notó el temblor de su cuerpo y como su corazón latía velozmente.
Y cuando ella levantó la mirada, con el rostro cubierto de polvo, para preguntarle mil cosas él negó con la cabeza, aferrándola.
-Ya, no me preguntes… no tengo ni idea… de qué hago aquí, ni de cómo… -empezó a hablar él nervioso. –Pero… aquí estoy.
-Ya aclarareis todo después, ahora tenemos que irnos de aquí- habló uno de los hombres, el que llevaba una barba con tonalidad rojiza. Takeru asintió y tomó la mano de Hikari. Ambos se levantaron apresuradamente y ella empezó a seguirlo.
Recorrieron de nuevo el camino que había hecho Takeru, saltando por el boquete, yendo hacia la entrada de la sala, donde seguía habiendo al responsable de la exposición todavía herido.
-Las escaleras de emergencia- gritó uno de los hombres mientras, junto a su compañero, tomaban del hombro al herido. Rápidamente el grupo se dirigió hacia esa dirección, entre la nube de polvo y chillido de electricidad que seguía habiendo en el ambiente.
Llegaron a la puerta de las escaleras de emergencia, la cual tuvieron que abrir a golpes ya que parecía haberse quedado atascada. Cuando la abrieron, una nueva nube de polvo les sorprendió. Pero no solo eso, sino también una enorme cantidad de humo.
-¡Parece un incendio en el piso inferior!- gritó uno de los hombres, el que no llevaba barba. –Pero parece que no está en las escaleras.
-Es nuestra única forma de bajar- sentenció el otro, y Takeru estrechó el agarre alrededor de la mano de la chica. Ella le devolvió el gesto. -¡Vamos!
Y así el quinteto bajó rápidamente las escaleras, mientras iban esquivando tanto las piedras como los destrozos que la explosión había causado.
Empezaron a oír el ruido de sirenas, a la vez que el humo se iba haciendo cada vez más intenso. Y cada vez les picaba más la garganta y los ojos.
A Takeru le parecieron años los que tardaron en descender los tres pisos, para finalmente llegar a la planta inferior. Abrieron la puerta de emergencia, solo para verse envueltos en una nueva sala. Se dieron cuenta de que aquella escalera no debía ser de emergencias, ya que no habían dado al exterior. Ambos jóvenes oyeron maldecir a los dos hombres, quienes apuraron su paso.
Aumentó el calor , y todos pudieron ver las llamas empezar a aparecer a lo lejos de la sala. Luego se oyó otra leve explosión, y parte del techo que quedaba a su derecha se derrumbó. Takeru tiró de Hikari, apartándola de las rocas que cayeron del suelo.
-¡Esto va a derrumbarse!- apremió uno de ella mientras tosía. Takeru se cubrió la boca con la parte alta del jersey, intentando así evitar el humo.
Y entonces, a unos pocos metros, empezaron a ver la luz del exterior. Oyeron el suspiro de los hombres y empezaron a apretar su paso.
Pero al mismo tiempo que ellos hicieron aquello, las explosiones de los cables sin protección fueron mayores, y se desencadenó una violenta sacudida en todo el edificio. Y Takeru, al desviar su mirada hacia la izquierda, no pudo evitar ver a una niña que le recordó terriblemente a su ahijada. La niña estaba sola, llorando, aferrada a lo que parecían los restos de un banco de madera.
Volvió su mirada hacia los ojos rubíes, hacia la chica de sus sueños.
-Espérame fuera- solo pudo decirle ante la confusa mirada de ella.
Antes de que Hikari pudiera decir algo. Él se separó de ella. Y en aquel momento todo volvió a temblar, y ahora parte del techo cayó de nuevo encima de ellos. Takeru sintió un fuerte empujón y cayó de espaldas. Cuando levantó la mirada, un nuevo muro de escombros se levantaba entre él y el grupo al cual había pertenecido.
Sin dudarlo un momento más, él se volteó hacia la niña que seguía llorando. La pequeña de cabellos rubios que le recordaba a Aiko. Llegó a su lado, solo para ver sus ojos enrojecidos de color castaño y, sin que ella fuera realmente consciente, la tomó del brazo y se la subió a la espalda.
Cuando la tuvo en la espalda, dirigió una rápida mirada a su alrededor, y solo vio escombros y fuego. Pero esta vez parecía que sus pies ya no sabían donde ir. Esta vez, ya el destino no parecía ser el que guiara sus pasos.
Resopló.
El camino recto estaba bloqueado por unos escombros. La salida más próxima también. Solo le quedaba uno de los pasillos laterales. Rápidamente el joven fue en esa dirección, con la niña llorando a sus espaldas.
Sintió calor detrás de él y apresuró el paso. Observó el techo de aquel pasillo, casi intacto y aliviado vio la señal de salida de emergencia. Se apresuró a seguirla.
No podía estar a muchos metros de ella. Se imaginó la disposición del edificio, se imaginó la otra salida por la cual habían ido sus compañeros, y esa nueva salida debía estar cerca. Finalmente vio una puerta con el letrero de salida de emergencia.
Quiso correr hacia ella cuando oyó un nuevo golpe y parte del techo volvió a derrumbarse, esta vez casi encima de él. Retrocedió unos pasos para evitar las piedras, se apartó de aquello y cerró los ojos, cubriendo también a la niña que tenía a su espalda.
-Maldición- soltó cuando volvió a abrirlos y vio que, de nuevo, el paso se había bloqueado. Su última salida, bloqueada.
Oyó de nuevo el sollozo de la niña. Apretó los puños. Quizás no serían capaces de salir de allí.
No… todavía no podía rendirse.
Observó entonces un pequeño hueco en las rocas del montón que cubrían la salida. Vio que podía apartar algunas de aquellas rocas, hacer aquel boquete justo al lado de la pared más grande. Al menos, para que pasase un niño.
Se lanzó a aquello, sintiendo como cada vez el calor a sus espaldas era más inmenso. Sintió sus uñas desgarrarse al hundirse de nuevo en la tierra y en el polvo de las rocas. Soltó un quejido cuando una pequeña roca cayó encima de uno de sus dedos al apartar una mayor. Pero el agujero cada vez se hacía más grande.
-¡Vamos!- gritó dándose ánimos. Y tras aquello, finalmente, una roca que había intentando mover cedió y el agujero pegado a la pared se hizo más evidente. Y en aquella oscuridad iluminada por el letrero de salida de emergencia y el fuego a sus espaldas, finalmente mostró la luz del exterior.
Al menos para la niña.
-¡Vamos ven!- le gritó a ella que seguía llorando a sus espaldas. La tomó del brazo y la empujó hacia el agujero. –Tienes que irte. Pasa por aquí y abre la puerta del final. ¡Saldrás de aquí!- le prometió él empujándola.
Pero ella pareció negarse, aterrada. La vio observar de nuevo el agujero. Luego volvió su mirada hacia él.
-¿Y tú?- le preguntó con voz llorosa. Él intentó tranquilizarla.
-Ve a por ayuda. Estaré aquí- solo pudo decirle. Y la niña tragó saliva y asintió.
Él no supo que sintió cuando la vio desaparecer a través del agujero que había hecho para ella. No supo si fue miedo al quedare completamente solo. Si fue desesperación al verse de nuevo en la oscuridad de un pozo. O si fue esperanza al creer que ella volvería. Como ya le había pasado antes.
Se sentó en el suelo, sintiendo calor y escozor en los ojos. Sentía dolor en su rostro y cuando se llevó la mano a él notó la sangre que llevaba desde la primera explosión.
Se había olvidado de aquello. Cuando se había perdido en los ojos rojizos de ella. En los ojos rubíes.
¿Fue por eso? ¿Por eso vino aquí?
Sin darse cuenta, el humo empezó a colarse cada vez más en aquel pasillo. Sintió de nuevo el techo temblar, sintió piedras caer sobre él. Y no supo cuanto tiempo había pasado desde que la niña se fue.
Pero todo empezó a volverse oscuro. Sobretodo, tras la última explosión. Y ya no supo nada más.
